TESTIMONIO de:
Gustavo
(De CRISTIANOS UNIDOS)
Nací
en el seno de una familia Católica, y de mis padres recibí
excelentes principios morales y religiosos que me enseñaron
a ser temeroso de Dios. Al igual que la mayoría de los
católicos toda mi infancia y buena parte de mi adolescencia
transcurrieron sin conocer “mi religión” más
allá de lo que aprendí en casa y lo que aprendía
en la, misma Iglesia cada domingo.
Así
paso el tiempo hasta que siendo universitario hubo una época
en mi vida donde particularmente me sentí solo e incomprendido,
esto sucedió entre mis 19 y 20 años de edad. En
ese entonces sucedieron algunas cosas que me hicieron sentir muy
mal, recuerdo entre otras, que tenia problemas en la universidad
y que había discutido con mis padres y no tenía
a alguien en quien confiar, así que en mi criterio, consideré
que lo mejor que podía hacer, era quitarme la vida. Sin
embargo en virtud que esta decisión era muy drástica
e importante, antes de hacerlo le hice un reclamo a Dios. Estando
solo en la intimidad de mi habitación recuerdo que le dije
algo que se salía de todos los patrones que en mi vida
habían sido establecidos en lo que a la comunicación
con Dios se refiere, ya que hasta ese entonces cuando lo hacía,
seguía la rutina de rezar alguna linda oración prefabricada
antes de cualquier petición, por lo que ese día
quizá por tratarse de mi estado de animo solo acerté
a decirle, “Dios, si es que en verdad existes, muéstrame
cual es el camino, porque no creo que quitarme la vida sea el
camino correcto para mi vida”. En ese instante escuché
una voz en mi interior que con mucha claridad me dijo: “la
Biblia esta en tu buró, léela y ahí encontrarás
el camino”. Eso fue todo, verifique y efectivamente había
ahí una Biblia que mi hermana mayor olvidó en mi
departamento, se trataba de un ejemplar de la Biblia Católica
de Jerusalén.
Así
que comencé a leerla con avidez, capítulo tras capítulo,
y conforme iba leyendo iba descubriendo las maravillas de Dios
para mi vida. Y esto me hizo apegarme más a la religión
que hasta entonces profesaba, comencé a analizar las lecturas
bíblicas que se hacen en esa Iglesia en cada misa y a escuchar
con interés los sermones del sacerdote, estudié
la historia de la religión católica y sus fundamentos
de fe, y defendí con vehemencia esa “religión”,
pues “coincidentemente” por aquellos días se
cruzaron en mi camino diferentes tipos de “protestantes”
con los que me gustaba discutir aspectos religiosos y de fe defendiendo
a la Iglesia Católica y a la virgen de Guadalupe de la
que fui fiel devoto y con quien mantuve una serie de compromisos.
Sin embargo
conforme iba leyendo más y más la Biblia, Descubrí
que la forma en que yo había sido instruido desde mi infancia
para adorar a Dios y que yo ahora defendía, no era la que
Dios aceptaba, me sorprendió descubrir que las imágenes
que yo consideraba como divinas no eran tal, más aún
descubrí que Dios las prohibe, descubrí que Jesucristo
murió por mí, y que la salvación es gratuita
es un don de Dios, descubrí que no tenía que hacer
más nada que aceptar a Jesucristo como mi salvador, y que
Él de ese momento en adelante llevaría mis cargas,
descubrí que la oración debe salir del corazón
y no usar repeticiones que son vanas, descubrí que el único
camino para llegar al Padre es Jesucristo mismo, y también
que el Dios Todopoderoso no da su gloria a nadie más, y
que tampoco necesita ayudantes, que los Santos hombres de Dios,
son personas buenas y cuya vida aunque pudo ser ejemplar, de ninguna
manera pueden hacer nada por mí, y lo más importante,
descubrí que Dios no me necesita, soy yo quien necesita
de Dios y Él abre sus brazos amorosos no solo para mí,
sino a todos los que proceden al arrepentimiento y le aceptaban
como Salvador y Señor.
Dado lo
anterior decidí dejar mis costumbres religiosas pasadas
y busqué una Iglesia diferente donde se predicara la sana
doctrina acorde a lo que yo había leído en la Escritura
Sagrada. Esto sucedió hace a finales de 1980.
Desde
entonces y hasta la fecha he recibido ricas bendiciones entre
las cuales están mi amada esposa y mis dos hijos, también
he atravesado por algunas pruebas, he sido tentado varias veces,
he cometido aciertos y muchos errores en mi vida como cristiano,
y he sido restaurado también, de ninguna manera creo haber
alcanzado el estado perfecto como cristiano, sino que prosigo
a la meta al llamamiento supremo de Cristo Jesús.
En resumen
puedo decir que a lo largo de mi vida cristiana he recibido grandes
muestras del amor Divino y ricas bendiciones de Dios.
En Cristo
Jesús Señor Nuestro
Gustavo