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Testimonios - Valiosos testimonios de hermanos y hermanas Sección de Testimonios

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Antiguo 08/06/07, 17:19:02
Avatar de LANZA DE DIOS
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LANZA DE DIOS Miembro va por buen camino
Predeterminado Tuberculosis Pulmonar

El siguiente testimonio pertenece al desaparecido Sacerdote Católico Emiliano Tardif. El Padre Tardif, para los que no lo sepan, fue una de las principales figuras del movimiento renovador carismático dentro de la Iglesia Católica.
Lo que ustedes están a punto de leer narra el momento en el que Emiliano Tardif tuvo un encuentro con Jesús de una forma tal que cambió su vida para siempre. Desde ese día para el Padre Tardif solo existió un amor verdadero en la tierra: JESUCRISTO. De él hablaba, por él trabajaba y por propagar el mensaje de amor y salvación de EL MAESTRO, agotó su vida y todas sus energías.
Me inclino a creer que ahora en el cielo está recibiendo el maravilloso premio que Jesucristo prometió a sus amigos cuando dijo: “Al que me proclame ante la gente de esta tierra, Yo lo proclamaré ante DIOS y los ángeles en el cielo”.
Si desean saber mas del ministerio del Padre Emiliano Tardif, les recomiendo que lean el libro JESÚS ESTá VIVO, el cual es 100 % cristo céntrico.




TUBERCULOSIS PULMONAR




En 1973, yo era provincial de mi Congregación, Misioneros del Sagrado Corazón, en la República Dominicana. Había trabajado mucho, abusando de mi salud en los diez y seis años que tenía como misionero en el país. Pasé mucho tiempo en actividades materiales, construyendo iglesias, edificando seminarios, centros de promoción humana, de catequesis, etc. Siempre estaba buscando dinero para edificar casas y para dar alimento a nuestros seminaristas.
El Señor me permitió vivir todo ese activismo y, por el exceso de trabajo, caí enfermo. El 14 de junio de ese año en una asamblea del Movimiento Familiar Cristiano me sentí mal, muy mal. Tuvieron que llevarme inmediatamente al Centro Médico Nacional. Estaba tan grave que pensaba que no podría pasar la noche. Creí realmente que me iba a morir pronto. Muchas veces había meditado sobre la muerte. Había predicado sobre ella, pero nunca había hecho el ensayo de morirme, y esto no me gustó.
Los médicos me hicieron análisis muy detenidos, detectándome tuberculosis pulmonar aguda. Al ver que estaba tan enfermo pensé volver a mi país, Québec, Canadá, donde nací y vive mi familia. Pero estaba tan delicado que no podía hacerlo entonces. Tuve que esperar quince días bajo tratamiento, con reconstituyentes, para realizar el viaje.
En Canadá me internaron en un Centro Médico especializado donde los médicos me volvieron a examinar, pues querían estar bien seguros de cuál era mi enfermedad. El mes de julio se lo pasaron haciendo análisis, biopsias, radiografías, etc.
Después de todos estos estudios, confirmaron de manera científica que la tuberculosis pulmonar aguda había lesionado gravemente los dos pulmones. Para animarme un poco me dijeron que tal vez después de un año de tratamiento y reposo podría volver a mi casa.
Un día recibí dos visitas muy peculiares. Primero llegó el sacerdote director de RND (Revista Notre Dame) quien me pidió permiso para tomarme una fotografía para un artículo sobre “como vivir con su enfermedad”.
Aún él no se despedía cuando entraron cinco seglares de un grupo de oración de la Renovación Carismática. En República Dominicana me había burlado mucho de la Renovación Carismática, afirmando que América Latina no necesitaba don de lenguas sino promoción humana, y ahora ellos venían a orar desinteresadamente por mí.
Estas visitas tenían dos enfoques totalmente diferentes: El primero para aceptar la enfermedad. El segundo para recobrar la salud.
Como sacerdote misionero pensé que no era edificante rechazar la oración. Pero, sinceramente, la acepté más por educación que por convicción. No creía que una simple oración pudiera conseguirme la salud.
Ellos me dijeron muy convencidos:
- Vamos a hacer lo que dice el Evangelio: Impondran las manos sobre los enfermos y estos quedarán sanos. Así que oremos y el Señor te va a sanar.
Acto seguido se acercaron todos a la mecedora donde yo estaba sentado y me impusieron las manos. Yo nunca había visto algo semejante y no me gustó. Me sentí ridículo debajo de sus manos y me daba pena por la gente que pasaba afuera y se asomaba por la puerta que había quedado abierta.
Entonces interrumpí la oración y les propuse:
- Si quieren vamos a cerrar la puerta…
- Sí, padre, cómo no… - respondieron.
Cerraron la puerta, pero ya Jesús había entrado. Durante la oración yo sentí un fuerte calor en mis pulmones. Pensé que era otro ataque de tuberculosis y que me iba a morir.
Pero era el calor del amor de Jesús que me estaba tocando, y sanando mis pulmones enfermos. Durante la oración hubo una profecía. El Señor me decía: “Yo haré de ti un testigo de mi amor” Jesús vivo estaba dando vida, no solo a mis pulmones sino a mi sacerdocio y a todo mi ser.
A los tres o cuatro días me sentía perfectamente bien.
Tenía apetito, dormía bien y no había dolor alguno. Los médicos estaban preparados para comenzar inmediatamente el tratamiento. Sin embargo, ningún medicamento les respondía de acuerdo a mi supuesta enfermedad. Entonces mandaron traer unas inyecciones especiales para gentes cuyo organismo no es normal, pero tampoco hubo reacción alguna.
Yo me sentía bien y quería regresar a casa pero ellos me obligaron a pasar el mes de agosto en el hospital buscando por todos lados la tuberculosis que se les había escapado y no podían encontrar.
Al final del mes, después de muchos experimentos, el médico responsable me dijo:

- Padre, vuelva a su casa. Usted está perfectamente, pero esto va en contra de todas nuestras teorías médicas. No sabemos lo que ha pasado.

Luego, encogiendo los hombros, añadió:

- Padre, usted es un caso único en este hospital.
- En mi Congregación también –le respondí riendo.

Salí del hospital sin recetas, medicinas ni inyecciones. Me fui a casa pesando solo 110 libras (50 kilos). El hospital que me iba a curar de tuberculosis me estaba matando de hambre.
Quince días después apareció el número 8 de la Revista “Notre Dame”. En la página cinco estaba mi fotografía del hospital: sentado en la célebre mecedora, con sondas, cara triste y mirada pensativa. Debajo de la fotografía decía: “El enfermo debe aprender a vivir con su enfermedad, acostumbrarse a las alusiones veladas, a las preguntas indiscretas… y a los amigos que ya no volverán a mirarlo de la misma manera”.
Pero mi salud echo a perder su número.
El Señor me había sanado. Ciertamente mi fe era muy pequeña, tal vez del tamaño de un grano de mostaza, pero Dios era tan grande que no había dependido de mi pequeñez.
Así es nuestro Dios. Si estuviera condicionado a nosotros, no sería Dios.
De esa manera yo recibí en carne propia la primera y fundamental enseñanza para el ministerio de curación: El Señor nos sana con la fe que tenemos. No nos pide más, sólo eso.
El 15 de septiembre asistí a la primera reunión de oración carismática en mi vida. Ni sabía lo que era eso, pero fui, puesto que me había curado y las personas que habían orado por mi me pidieron que diera el testimonio de mi curación.
Comencé a trabajar un poco ese mes de septiembre y le escribí a mi superior para que el año que yo debía estar hospitalizado me permitiera pasarlo estudiando la Renovación Carismática en Canadá y Estados Unidos. Me dio permiso y fui a los centros más importantes de Québec, Pittsburg, Notre Dame Y Arizona.
Recuerdo que estaba en Los Ángeles celebrando Misa con mi sobrina y un amigo. Después de leer el evangelio en francés quise comentarlo, pero pasó algo muy curioso: sentí como que la mejilla se me adormecía y comencé a hablar algo que no entendía. No era francés, ni inglés, ni español.
Cuando terminé de hablar, exclamé sorprendido:

- No me digan que voy a recibir el don de lenguas…
- Eso es lo que tu ya recibiste, tío – respondió mi sobrina-. Tu estabas hablando en lenguas.

Tanto que yo me había burlado del don de lenguas y el Señor me lo regaló en el momento en que iba a predicar. Así descubrí ese don tan hermoso del Señor”


¿ Opiniones ?

Que Dios los bendiga y hasta pronto.


Atentamente:


Lanza de Dios
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Antiguo 18/06/07, 21:14:13
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melquiades Miembro va por buen camino
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Lanza de Dios, con mucha atencion lei tu contribucion y como cirujano toracico bien entrenado en el tratamiento de la tuberculosis, me atrevo a comentar, ya que tu lo has pedido.
Es precisamente en 1973 cuando la mayor partede los sanatorios de tuberculosos fuero cerrados en la mayor parte del mundo, precisamente el año que tu citas. Yo no quiero restarle ningun merito a tu fe ni al trabajo de Dios, pero quiero dejar bien claro de que el hecho de que te curaras en una forma tan dramatica, fue porque tu te beneficiaste de la venida de dos drogas contra la tubereculosis lo cual hizo posible el tratamiento de miles de pacientes como tu y la clausura de los sanatorios. Yo me entrene en el segundo sanatorio mas grande del mundo (1500 pacientes), el cual fuel clausuraro en ese entonces. La cura milagrosa que tu citas es el trabajo de el hombre en la tierra con los recursos que Dios le pone a su disposicion, ya sea en materia prima a en la inteligencia. Es por eso por lo que debemos de dar las gracias a Dios.
Me alegra leer un testimonio como el tuyo, y me alegra que estes bien. A principios de 1960 cuando yo me entrene en ese hospital, yo vi verdaderas tragedias causadas por esa enfermedad. Nunca me hubiera imaginado que 10 años mas tarde, esa gran extension de tierra que cubria el sanatorio se converetiria en un parque, y que mucha gente no sabe nada de los que paso ahi solo hace unos años atras.
Saludos
Melquiades
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Antiguo 19/06/07, 13:55:20
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Empezado por melquiades Ver Mensaje
Lanza de Dios, con mucha atencion lei tu contribucion y como cirujano toracico bien entrenado en el tratamiento de la tuberculosis, me atrevo a comentar, ya que tu lo has pedido.
Es precisamente en 1973 cuando la mayor partede los sanatorios de tuberculosos fuero cerrados en la mayor parte del mundo, precisamente el año que tu citas. Yo no quiero restarle ningun merito a tu fe ni al trabajo de Dios, pero quiero dejar bien claro de que el hecho de que te curaras en una forma tan dramatica, fue porque tu te beneficiaste de la venida de dos drogas contra la tubereculosis lo cual hizo posible el tratamiento de miles de pacientes como tu y la clausura de los sanatorios. Yo me entrene en el segundo sanatorio mas grande del mundo (1500 pacientes), el cual fuel clausuraro en ese entonces. La cura milagrosa que tu citas es el trabajo de el hombre en la tierra con los recursos que Dios le pone a su disposicion, ya sea en materia prima a en la inteligencia. Es por eso por lo que debemos de dar las gracias a Dios.
Me alegra leer un testimonio como el tuyo, y me alegra que estes bien. A principios de 1960 cuando yo me entrene en ese hospital, yo vi verdaderas tragedias causadas por esa enfermedad. Nunca me hubiera imaginado que 10 años mas tarde, esa gran extension de tierra que cubria el sanatorio se converetiria en un parque, y que mucha gente no sabe nada de los que paso ahi solo hace unos años atras.
Saludos
Melquiades
No amigo, el testimonio lo publiqué yo pero NO lo viví yo. Ese testimonio es del Sacerdote Católico Emiliano, el fué el que se enfermó de TB en 1973, y de acuerdo a su propio testimonio, Jesucristo le devolvió la salud.
No tengo motivos para cuestionar a Emiliano Tardiff (QEPD) en cuanto a su testimonio, pero bueno, solo Dios sabe si lo que el relata ocurrió en verdad.
De todos modos gracias por su comentario, soy Ingeniero y créame, conozco de enfermedades, y se que la TB es una enfermedad casi mortal, especialmente en estos tiempos en que está regresando gracias al SIDA.
Bendiciones y hasta pronto.

Atentamente:

Lanza de Dios
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Antiguo 21/06/07, 13:02:07
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Lanza de Dios, perdon por pasar por alto el hecho de que lo que escribiste es un testimonio de una tercera persona; el Padre Tardiff. De todas maneras mi comentario es el mismo ya fueras tu o una tercera persona quien lo vivio. Yo puedo ver como una persona con el fervor religioso de un Padre, pueda pensar primero en la intervencion directa de Dios, ante una cura tan dramatica como lo que paso cuando estas dos drogas contra la tuberculosis fuero usadas. Segun tu, no puedes questionar el testimonio del Padre Tardiff, y esta bien. yo solo quiero ilustrar con este ejemplo, de que muchos de los llamados milagros, tienen explicacion cientifica, cuando menos este caso. En lo personal reconosco que en algunas ocaciones he salido de apuros en una forma que me parecio milagrosa, y no tengo ninguna explicacion cientifica o racional para ello, y soy el primero en decir gracias a Dios, cada ves que recuerdo, lo cual es frecuentemente.
Saludos
Melqiades
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