La ley del Señor es perfecta,
un descanso para el alma.
El testimonio del Señor es veraz,
instruye al ignorante.
Los preceptos del Señor son rectos,
alegría para el corazón.
El mandamiento del Señor es transparente,
es luz para los ojos.
El temor del Señor es puro
Los decretos del Señor son verdaderos
e igualmente justos.
Son más preciosos que el oro,
más que el oro fino.
Más dulces que la miel
de un panal que destila.
Con ellos, también se instruye tu servidor,
y guardarlos es de gran provecho.
¿Quién puede conocer sus propios errores?
¡Perdóname las faltas ocultas!
Preserva a tu siervo de la arrogancia,
para que nunca me domine:
así seré perfecto,
inocente del gran pecado.
Que te agraden las palabras de mi boca,
y el meditar de mi corazón
llegue a tu presencia,
Señor, roca mía, redentor mío.
Dios te bendiga mi estimada Señora.
Un año mas de vida y de poder estar en este foro.
Y una gran disculpa por todos los momentos dificiles que los he hecho pasar.