Excelente; por la Gracia de Dios.
Los elegidos, los llenos de Gracia, se fueron prácticamente considerando que Dios
les debía hacer ese milagro, y se olvidaron de ser agradecidos, en cambio el extranjero, ese que no conocía al Altísimo, ese sin prejuicios religiosos, volvió maravillado a dar las gracias. Y recibió más:
recibió la redención de El Mesías. No recibimos muchas veces, porque no damos a cambio. No somos agradecidos.
Ello me recuerda la Parábola del Fariseo y del Publicano, el primero orgulloso de cumplir la Ley, se olvidaba que ante EL todos somos pecadores e iguales, en cambio el publicano, en un gesto de humillación dobló sus rodillas, y reconoció su miseria:
ser pecador, e indigno de Dios.
Esto debe mantenernos en alerta constante, el que crea estar de pie tenga cuidado de no caer (1Co 10:12).
Agradar a Dios no depende de sentirse bien con uno mismo, sino de estar agradecido de Dios, saberse indigno y corresponderle como quien recibe regalos:
Una gracia inmerecida.
El pueblo de Dios seguros de una Ley, que fué envilecida por siglos de soberbia rabínica, terminó siendo piedra de tropiezo para reconocer al Mesías tan esperado, y fueron los extranjeros, los ciegos, los que vieron claramente a un Salvador desechar al pueblo prometido y hacerse universalmente aceptado.
Una lección de humildad sin duda alguna.
¿Cuantas veces despreciamos a aquel hermano pequeño reciente en la fé?
¿A aquel que aparentemente no tiene la experiencia y la sabiduria nuestra?
"No tiene nada que enseñarme"
A veces un niño puede darnos un mensaje de eDios, por eso hay que estar atentos, y no desdeñar las profecías, la seguridad que ofrece la teología muchas veces es un estorbo para captar las insinuaciones del Espíritu.
1Tesalonicenses 5:18-21
En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros.
No extingáis el Espíritu;no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno.
Sean bendecidos.