Predica para no ser escuchado
Estas citas bíblicas que suenan tristes para muchos quizá absurdas, me llenan, me fortalecen, quiera el Señor encontrar un corazón dispuesto donde den su fruto.
Isaias 50:4-9
El Señor Yahvé me ha dado lengua dócil, que sabe decir al cansado palabras de aliento. Temprano, temprano despierta mi oído para escuchar, igual que los discípulos.
El Señor Yahvé me ha abierto el oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás.
Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos.
Pues que Yahvé habría de ayudarme para que no fuese insultado, por eso puse mi cara como el pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado.
Cerca está el que me justifica: ¿quién disputará conmigo? Presentémonos juntos: ¿quién es mi demandante?, ¡que se llegue a mí!
He aquí que el Señor Yahvé me ayuda: ¿quién me condenará? Pues todos ellos como un vestido se gastarán, la polilla se los comerá.
Ezequiel 2:1-10;3:1-11
Me dijo: "Hijo de hombre, ponte en pie, que voy a hablarte."
Me invadió el espíritu mientras me hablaba y me puso en pie; y oí al que me hablaba.
Me dijo: "Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, nación rebelde, que se han rebelado contra mí. Ellos y sus padres se rebelaron contra mí hasta el día de hoy.
Los hijos son de dura cerviz y corazón obstinado; a ellos te envío para decirles: Así dice el señor Yahvé.
Y ellos, escuchen o no escuchen, ya que son casa rebelde, sabrán que había un profeta en medio de ellos.
Y tú, hijo de hombre, no les tengas miedo ni a ellos ni a lo que digan, no temas aunque te rodeen amenazantes y te veas sentado sobre escorpiones. No tengas miedo de lo que digan, ni te asustes de ellos, porque son una casa rebelde.
Les comunicarás mis palabras, escuchen o no escuchen, porque son una casa rebelde.
"Y tú, hijo de hombre, escucha lo que voy a decirte, no seas rebelde como esa casa rebelde. Abre la boca y come lo que te voy a dar."
Yo miré: vi una mano tendida hacia mí, que sostenía un libro enrollado.
Lo desenrolló ante mí: estaba escrito por el anverso y por el reverso; había escrito: "Lamentaciones, gemidos y ayes."
Y me dijo: "Hijo de hombre, come lo que se te ofrece, come este rollo y ve luego a hablar a la casa de Israel."
Yo abrí mi boca y él me hizo comer el rollo,
y me dijo: "Hijo de hombre, aliméntate y sáciate de este rollo que yo te doy." Lo comí y fue en mi boca dulce como la miel. (Ap 10:8-11)
Entonces me dijo: "Hijo de hombre, ve a la casa de Israel y háblales con mis palabras.
Pues no eres enviado a un pueblo de habla oscura y de lengua difícil, sino a la casa de Israel;
no a pueblos numerosos, de habla oscura y lengua difícil, cuyas palabras no entenderías. Por cierto, si te enviara a ellos, te escucharían.
Pero la casa de Israel no querrá escucharte a ti, porque no está dispuesta a escucharme a mí, ya que toda la casa de Israel es de dura cerviz y corazón obstinado.
Mira, yo endurezco tu rostro como el de ellos, y tu frente tan dura como la suya; yo he hecho tu frente como el diamante, que es más duro que la roca. No les temas, no tengas miedo de ellos, porque son una casa rebelde."
Luego me dijo: "Hijo de hombre, todas las palabras que yo te dirija, guárdalas en tu corazón y escúchalas atentamente;
anda, ve donde los deportados, a los hijos de tu pueblo; les hablarás y les dirás: "Así dice el Señor Yahvé", escuchen o no escuchen."
El Evangelio no se mide en números la Gloria está en servir al Señor.
Saludos
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