Foro Cristiano y  Comunidad Cristianos Unidos  en Yeshuanet.com  

Retroceder   Foro Cristiano y Comunidad Cristianos Unidos en Yeshuanet.com > Comentarios y Discusiones Generales > Poesías y reflexiones cristianas

Poesías y reflexiones cristianas Comparte tus poesias, pensamientos o canciones a Dios.

Respuesta
 
LinkBack Herramientas Desplegado
  #26 (permalink)  
Antiguo 20/09/07, 18:34:06
hgo hgo no está en línea
Gran Miembro Yeshua
: Anchura de corazon y sabiduria como Salomon (1 Reyes 4:29) : (+500 posts)
 
Fecha de Ingreso: ene 2005
Mensajes: 789
hgo Miembro va por buen camino
Contactar con hgo a través de Yahoo
Predeterminado Filadelfia y Laodicea

Filadelfia y Laodicea
Filadelfia y Laodicea son dos iglesias representativas de dos sectores de la cristiandad. Aunque son dos sectores claramente diferenciables, uno surge del otro, y es la deformación de él.
Watchman Nee
FILADELFIA (Apocalipsis 3:7-13)
"Fileo” significa “amar”, y “adelfos” significa “hermano”. Filadelfia es “amor fraternal”.
De las siete iglesias (de Apocalipsis capítulos 2 y 3), sólo dos iglesias escapan la reprensión, y de éstas, sólo una, Filadelfia, es totalmente aprobada y alabada.
¿Cuál es la característica de Filadelfia? “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre” (Ap.3:8). Lo que caracteriza a Sardis es una lucha con la muerte. Porque, la iglesia de Sardis estaba mezclada con el mundo, y necesitaba luchar para vivir y empezar de nuevo cada vez. Pero Filafelfia es el amor fraternal. Aquí hay un retorno al amor de los hermanos. Ya no es el mundo, porque cada uno es un hermano. No tiene necesidad de luchar para librarse de la muerte y las cosas de la muerte que tienden a adherirse. Filadelfia es simplemente una restauración a la posición original de los hermanos delante de Dios, en que todo es amor.
Como Sardis salió de Tiatira, lo mismo Filadelfia sale de Sardis. La iglesia Protestante sale de la Iglesia Catolicorromana. No podemos señalar qué grupo es el llamado Filadelfia, pero es bien evidente que es un nuevo movimiento del Espíritu Santo. Este nuevo movimiento levanta la gente de la muerte de Sardis y los coloca en la posición del amor de los hermanos; en otras palabras, en la posición del cuerpo en que sólo se reconoce la comunión que es del amor. Esto es Filadelfia.
Guarda la Palabra
Filadelfia posee dos características especiales: una, que ha guardado la Palabra del Señor. Aquí hay un grupo de personas que han sido llevadas por Dios para aprender la manera de conservar la Palabra del Señor. Dios abre su Palabra a ellos de modo que puedan entenderla. No hay ningún credo en medio de ellos, sólo la Palabra de Dios. No hay doctrina, sólo la Palabra. No hay tradición, sólo la Palabra. No hay oportunidad para la opinión del hombre, sólo la Palabra de Dios. Después de los apóstoles, ésta es la primera iglesia a la cual alaba el Señor, porque ahora un grupo de personas ha regresado por completo a la Palabra del Señor. Para ellos no hay otra autoridad que la del Señor, no hay enseñanza, ni credo que sea de ningún valor.
Es posible que haya personas que puedan predicar y entender la doctrina y con todo no conozcan la Biblia. Es posible aprender un credo y aceptarlo sin conocer la Palabra de Dios. ¿Suena extraño esto? Si la iglesia necesitara un credo, el Señor se lo habría dado. Hoy, la gente analiza la Biblia y de ella sacan un credo. La Biblia es infinita en su naturaleza, pero el credo es definido. La Biblia es compleja, pero el credo es simple. Un credo puede ser entendido por una persona sencilla, pero las complejidades de la Biblia sólo son inteligibles para cierto número de personas, porque se requiere cierta condición para entenderla. La Biblia no puede ser comprendida a menos que el lector tenga vida y singularidad de ojo delante del Señor, pero un credo puede ser entendido por cualquiera que tenga una mente clara tan pronto como lo lee.
Las personas pueden pensar que el camino es demasiado estrecho; así que procuran ensancharlo con miras a que entre más gente. Pero, los de Filadelfia rechazan los credos; simplemente regresan a la Palabra de Dios. “Has guardado mi Palabra”, dice el Señor. En toda la historia de la iglesia, sólo en la era de Filadelfia la Palabra de Dios ha sido tan bien entendida. Sólo en Filadelfia la Palabra de Dios tiene el lugar justo. En otros tiempos, la gente aceptaba credos y tradiciones, pero la iglesia de Filadelfia no acepta nada más que la Palabra de Dios. Andan conforme a la Palabra de Dios. A lo largo de la historia de la iglesia nunca ha habido tantos ministros de la Palabra de Dios como en Filadelfia.
No niega Su nombre
“No has negado mi nombre”, dice el Señor. Esto también es un rasgo especial de Filadelfia. En el curso de una historia tan larga, en la iglesia, el nombre del Señor Jesús ha pasado a ser el último nombre usado. La gente presta más atención al nombre de los hombres – quizá al de Pedro o de otro de los apóstoles. O los cristianos pueden tener alguna otra preferencia suya como doctrina o nacionalidad para su nombre. Estos muchos nombres dividen completamente a los hijos de Dios. Parece como si el único nombre, el nombre del Señor Jesús, no fuera suficiente para separarnos del mundo.
Si alguno te pregunta, “¿quién eres?” y tú contestas, “soy un cristiano”, el que interroga no va a quedar satisfecho. Insistirá en conocer qué clase de cristiano eres. Recuerdo que, cuando estaba en el extranjero una vez me preguntaron qué era. “Soy cristiano”. La persona replicó: “Esto no basta”.
El mismo Señor considera que su nombre es más que suficiente para sus hijos. Pero, sólo en Filadelfia es considerado suficiente su nombre. No hay necesidad de muchos nombres, porque los nombres separan. ¡Su nombre basta! Recuerda, el Señor se considera muy afectado por esta cuestión.
Los vencedores de Filadelfia
Muchos hermanos me preguntan: “¿Qué es lo que vencen los vencedores de Filadelfia?” ¿Te das cuenta de la dificultad aquí? Los vencedores de Efeso, naturalmente, han vencido la tendencia a olvidarse del primer amor; los vencedores de Esmirna han vencido la amenaza externa de muerte; los vencedores de Pérgamo han vencido la servidumbre y tentación del mundo; los vencedores de Tiatira han vencido las enseñanzas de la mujer; los vencedores de Sardis han vencido la muerte espiritual; y los vencedores de Laodicea han de vencer la condición de tibieza y el engaño del orgullo.
Pero, ¿qué es lo que han de vencer los vencedores de Filadelfia? Como el Señor está complicado con todo lo que han hecho (de las siete cartas, ésta es la única que muestra la aceptación completa del Señor), ¿qué otra cosa necesitan vencer? Todo ha sido aceptado, todo está bien. Filadelfia es una iglesia según el mismo corazón del Señor. Con todo, a esta iglesia el Señor todavía les da la promesa al que venza. ¿Qué es lo que ha de vencer? Parece que no hay nada que necesite ser vencido de modo especial, porque parece que no hay ningún problema.
Sin embargo, el Señor da su advertencia aquí: “Mira que vengo pronto, retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (3:11). Esta es la única advertencia en la carta a los de Filadelfia. Los de Filadelfia tienen que ser cuidadosos en retener de modo firme lo que tienen. En esto tienen que vencer. En otras palabras, no deben perder aquello que ya tienen. No cambiarlo o alterarlo. Guardar lo que tienen y no dejarlo caer. Este es el único aviso a Filadelfia. El Señor tiene un requerimiento: sólo guardar lo que tienen. No tienes que hacer nada más, pero has de seguir haciendo lo que ya has venido haciendo. Has visto la bendición de Dios en lo que has hecho. Ahora has de seguir de la misma manera.

LAODICEA (Apocalipsis 3:14-22)
De las siete iglesias, cinco son reprendidas, hay una a la que no se reprocha nada, y una sola es aprobada por completo. La iglesia que es completamente aprobada es Filadelfia. La iglesia Catolicorromana, la iglesia Protestante y Filadelfia, todas ellas continúan hasta la segunda venida del Señor. Si Sardis salió de Tiatira, y Filadelfia salió de Sardis, luego, Laodicea salió de Filadelfia. ¿No ves cómo la una engendra a la otra?
El problema que tenemos ahora es: si Filadelfia falla, pasará a ser Laodicea. No creas que Laodicea es la iglesia Protestante, porque ésta está representada por Sardis. La iglesia Protestante hoy sólo puede ser Sardis; nunca puede ser Laodicea. Se requiere la caída de Filadelfia para pasar a ser Laodicea. Sardis es una mejoría sobre Tiatira. Sale de Tiatira y es un avance. Filadelfia sale de Sardis y es también un avance. Laodicea viene de Filadelfia y es un retroceso. Todas estas cuatro iglesias siguen hasta la segunda venida del Señor Jesús.
La pérdida del amor fraternal
Laodicea es una Filadelfia mutilada o deformada. Una vez se ha perdido el amor fraternal, inmediatamente toman la dirección los derechos y opiniones de las personas. Este es el significado de la palabra “Laodicea”. Era el nombre de una ciudad, que fue llamada según el nombre (Laodios) de la esposa de un príncipe romano. El príncipe cambió el nombre de Laodicea, que en griego significa “las opiniones o derechos de la gente”.
Cuando falla Filadelfia, el énfasis pasa a ser más sobre las “personas” que sobre los “hermanos”, más sobre los “derechos de las personas” que sobre el “amor fraternal”. El amor se transforma en derechos u opiniones. Cuando el amor fraternal es una cosa viva, los derechos de las personas son una cosa muerta; pero cuando el amor fraternal desaparece (y la religión del cuerpo con su comunidad de vida también desaparecerá), las opiniones de las personas empiezan a prevalecer. La mentalidad del Señor no interesa a nadie; las cosas son resueltas por la opinión de la mayoría. Filadelfia ha caído en Laodicea.
Orgullo espiritual
“Yo conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!” (3:15). Este es el carácter de Laodicea. “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (3:17). Esto es lo que es Laodicea. Aunque no es frío ni caliente, está lleno de orgullo espiritual delante del Señor. El decir: “Soy rica”, debería ser bastante; pero Laodicea hace énfasis sobre ello con “me he enriquecido”; luego, aún esto es reforzado con “y de ninguna cosa tengo necesidad”. Pero, el Señor ve la cosa de modo diferente, porque replica: “Tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”. ¿De dónde le viene este orgullo espiritual? Indudablemente está basado en su historia pasada. En un tiempo, los de Laodicea eran ricos; de modo que ahora se imaginan que todavía lo son. Un tiempo, el Señor les mostraba misericordia; ahora ellos recuerdan su historia pasada, aunque ya no están en contacto con la realidad de ella.
En la iglesia Protestante de hoy, uno raramente encuentra a nadie que se jacte de sus riquezas espirituales. He conocido a muchos líderes de la iglesia Protestante, tanto en China como en el extranjero. Su opinión en general era: “Nos quedamos cortos, no somos lo que deberíamos ser”. No he encontrado aún a un hombre que fuera orgulloso en Sardis. Pero, los que eran antes de Filadelfia, los que en un tiempo guardaban la Palabra de Dios y no negaban su nombre, pero que ahora han perdido la vida abundante, estos son los que se jactan. Recuerdan su historia pasada, aunque ahora hayan perdido su vida pasada. Recuerdan cómo se enriquecieron y no les faltaba nada; pero ahora son pobres y ciegos. De veras os digo que sólo la Filadelfia caída, la Filadelfia que ha perdido su vida y poder puede enorgullecerse de sus riquezas.
Aprender a ser humildes
Por tanto, hermanos y hermanas, si deseamos continuar en el curso de Filadelfia, hemos de aprender a ser humildes ante el Señor. Algunas veces he oído a hermanos que decían: “La bendición del Señor está en medio de nosotros”. Reconozco la verdad de ello, pero con todo siento que necesitamos ejercer una precaución extrema para decir esto, para que, sin darnos cuenta, no exudemos un aroma laodiceano. Si un día nos inclinamos a decir que somos ricos y que nos hemos enriquecido y no nos falta nada, estamos muy cerca de Laodicea.
Recuerda, no hay nada que no sea recibido. Incluso si las personas que te rodean son todas pobres, todavía no necesitas saber que eres rico. Los que viven delante del Señor no son conscientes de su riqueza. Los que vienen de la presencia del Señor son ricos, pero, a pesar de ello, no se dan cuenta de sus riquezas. Que Dios tenga misericordia de nosotros para que podamos aprender a vivir de tal modo delante del Señor que, siendo ricos, no sepamos nada de nuestras riquezas. Es mejor que Moisés no sepa que su rostro resplandece, porque, si lo sabe, puede convertirse en Laodicea. Si lo sabe, puede terminar en la tibieza. Los de Laodicea lo saben todo, pero nada de ellos es real delante de Dios. Si profesamos tenerlo todo, pero nada puede inducirnos a renunciar a nuestra vida; si recordamos nuestra gloria pasada, pero olvidamos nuestra condición presente delante de Dios; entonces el pasado era ciertamente Filadelfia, pero ¡ay! El presente es sin duda Laodicea.
Cuidado con el orgullo
Deberíamos aprender a mantenernos en la posición de Filadelfia. Guardar la Palabra del Señor y no negar su nombre. Permanecer en el terreno de la hermandad, no de los nombres. No ser orgullosos. En el momento en que eres orgulloso, pasas a ser Laodicea. Ya no eres Filadelfia. Hermanos y hermanas, ¿por qué camino estáis andando? Que Dios dé gracia a sus hijos para que puedan andar por el camino derecho de la iglesia.
El curso a seguir por la iglesia que ha sido designado por el Señor es Filadelfia. El camino del Señor para nosotros es sólo uno: Filadelfia. Anda en él. Ten cuidado de no caer en el orgullo. La mayor de las tentaciones para los de Filadelfia es el orgullo: “¡Soy mejor que tú! ¡Mi verdad es más clara y más amplia que la tuya! Sólo yo tengo el nombre del Señor. ¡No soy como tú que tienes otros nombres!”. El orgullo nos hundirá en Laodicea. Los que siguen al Señor no tienen nada de qué puedan estar orgullosos. El Señor escupirá de su boca a los orgullosos. ¡Que el Señor tenga misericordia! ¡Os advierto que no pronunciéis palabras arrogantes! Vivid en la presencia de Dios y absteneos de decir palabras jactanciosas. Viviendo constantemente en la presencia de Dios, no veremos nuestras riquezas. Por tanto no seremos orgullosos.
¡Jesús es el Señor!
LA IGLESIA EN ARMENIA
Este es un extracto del capítulo “El curso a seguir por la iglesia”, del libro Consejos sobre la vida cristiana, CLIE.
__________________
"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee

La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins

Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
Ian Thomas
Responder Con Cita
  #27 (permalink)  
Antiguo 21/09/07, 19:08:30
hgo hgo no está en línea
Gran Miembro Yeshua
: Anchura de corazon y sabiduria como Salomon (1 Reyes 4:29) : (+500 posts)
 
Fecha de Ingreso: ene 2005
Mensajes: 789
hgo Miembro va por buen camino
Contactar con hgo a través de Yahoo
Predeterminado Hacia la práctica de la oración

Hacia la práctica de la oración
Watchman Nee
El ejercicio eficaz de la oración requiere del cumplimiento de ciertos requisitos tanto espirituales como prácticos. Todo creyente debe atenderlos desde el principio de la vida cristiana; si los descuida, corre el riesgo de no llevar fruto. He aquí una enseñanza básica y eminentemente práctica sobre la oración.
Un derecho básico
Los creyentes tienen un derecho básico mientras están en la tierra hoy y es que sus oraciones sean contestadas. Cuando la persona es regenerada, Dios le concede el derecho de pedir y de recibir respuesta. En Juan 16 dice que Dios responde cuando le pedimos en el nombre del Señor, para que nuestro gozo sea cumplido; y si oramos sin cesar, nuestra vida cristiana estará llena de gozo.
Si oramos sin cesar y Dios no nos contesta o si hemos sido cristianos por años y Dios a duras penas nos escucha o nunca nos responde, algo muy serio está pasando. Si hemos sido creyentes por tres o cinco años sin recibir respuesta a nuestra oración, somos cristianos extremadamente ineficaces. Aunque somos hijos de Dios, nuestras oraciones no son respondidas. Esto jamás debe suceder.
Todo creyente debe recibir de Dios respuesta a sus oraciones, pues tal experiencia es básica. Si Dios no nos ha contestado la oración por mucho tiempo, esto indica que algo se ha interpuesto entre Él y nosotros.
Nos gustaría preguntarle a cada creyente: ¿Ha aprendido usted a orar? ¿Ha contestado Dios su oración? Estamos equivocados si dejamos oraciones sin respuesta, porque las oraciones no son palabras al viento, puesto que se ofrecen para ser contestadas. Si usted ha creído en Dios, Él debe contestarle.
La oración puede considerarse el tema más profundo y a la vez el más sencillo. Es tan insondable que algunos nunca han orado como es debido a pesar de haber oído acerca de la oración toda su vida. Muchos hijos de Dios tienen el sentir de que jamás aprendieron a orar. Sin embargo, la oración es algo tan sencillo que tan pronto una persona cree en el Señor puede empezar a orar, y sus oraciones son contestadas. Si usted tiene un buen comienzo en su vida cristiana, siempre recibirá respuesta a sus oraciones.
Condiciones para que Dios nos conteste
Pedir
Todas nuestras oraciones deben ser peticiones genuinas delante de Dios. Después de que un hermano fue salvo, oraba todos los días hasta que un día una hermana le preguntó: “¿Ha escuchado Dios alguna vez tu oración?” Esto lo sorprendió, pues para él la oración era simplemente oración, y no veía razón para preocuparse si era contestada o no. Desde entonces, cada vez que oraba, le pedía a Dios que contestara su oración. Empezó a hacer memoria de cuántas oraciones no habían sido respondidas, y descubrió que sus oraciones eran vagas y sin meta.
Si oramos sin esperar respuesta, como si fuese un ritual, no obtendremos respuesta. El Señor dice: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mt.7:7). Él quiere saber lo que uno quiere y pide específicamente. Sólo así Él se lo podrá dar. Esto es lo significa “Buscad” y “Llamad”. Si su padre le pide cierta medicina, usted va a la farmacia y pide el medicamento exacto. Si no hemos recibido algo de Dios es porque no pedimos específicamente. El obstáculo está de nuestro lado, no en el de Dios.
El creyente debe aprender a orar con un objetivo concreto. “No tenéis, porque no pedís” (Stgo.4:2). Muchos oran sin pedir. No debemos levantarnos en la reuniones a orar por 20 minutos o media hora sin saber ni lo que decimos ni lo que queremos. Debemos aprender a ser específicos en la oración y saber cuándo Dios contesta nuestra oraciones y cuándo no.
No pedir mal
Hay una segunda condición al orar y es que no debemos pedir mal. “Pedís, y no recibís, porque pedís mal” (Stgo.4:3). No debemos orar sin dirección y sin control, ni pedir mal o descuidadamente ni pedir cosas innecesarias o que agraden a nuestra carne, ya que si lo hacemos, nuestras oraciones serán vanas.
Pedir mal significa solicitar más de lo que uno necesita o puede contener. Si uno se halla en una necesidad seria, está bien que pida a Dios que la resuelva, pero si no tiene ninguna necesidad, y pide cosas a Dios, está pidiendo mal. Sólo se debe pedir de acuerdo con la capacidad y necesidad de cada uno.
Quitar de en medio los pecados
Algunos no reciben respuesta a sus oraciones debido a que algún pecado se interpone entre ellos y Dios. El salmo 66:18 dice: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado.” Si una persona está consciente de ciertos pecados y no está dispuesta a dejarlos, el Señor no le contestará las oraciones que haga. El Señor puede compadecerse de nuestra debilidad, pero no permitirá que abriguemos iniquidad en nuestro corazón.
En Proverbios 28:13 dice: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.” Uno debe confesar los pecados y también pedir al Señor ser librado de ellos.
Creer
Por el lado positivo, la condición indispensable para que nuestra oración halle respuesta es la fe, ya que sin ésta la oración es ineficaz. “Todo cuanto pidiereis en oración, creed que lo recibisteis ya, y lo tendréis” (Mr.11:24.V.M.). Aquí no dice: “Creed que lo recibiréis”, sino “que lo recibisteis ya”. Creer es tener la certeza de que Dios ya respondió nuestra oración, y no la convicción de que Dios responderá nuestra oración. La fe genuina se expresa con la expresión hecho está, y con agradecer a Dios por haber respondido nuestra oración.
En el evangelio de Marcos encontramos algunos ejemplos de fe. Vemos en él tres expresiones que aluden de modo especial a la oración.
a) El poder del Señor: Dios puede. En Marcos 9:21-23 se ve el caso de un padre que intercede por su hijo enfermo, quien le dice al Señor: “Si puedes hacer algo ... ayúdanos”. El Señor le respondió con sus mismas palabras: “Si puedes creer, al que cree todo lo es posible.” El asunto no dependía de si el Señor podía, sino de si el hombre creía. Cuando el hombres está en dificultades, duda mucho y se le hace difícil creer en el poder de Dios. El Señor Jesús reprendió al padre por dudar del poder de Dios. Cuando los hijos de Dios oran deben decir: “¡Señor, tú puedes!” En nuestra oración necesitamos saber que “Dios puede” y que nada es imposible para el Señor.
b) La voluntad de Dios: Dios quiere. En Marcos 1:41 el Señor dice a un leproso: “Quiero, sé limpio.” Aquí nos planteamos la interrogante de si Dios desea hacer algo, no si Él puede. Si Dios no desea sanar, la grandeza de su poder no tendrá efecto en nosotros. La primera pregunta que hay que hacer es si Dios puede, y la segunda es si El quiere. En este caso, el Señor, lleno de compasión, tocó al leproso (la lepra era una enfermedad inmunda según la ley de Moisés) y lo sanó. “Dios puede” y también “Dios quiere”.
c) La acción del Señor: Dios la realizó. En Marcos 11:24 dice que Dios ya efectuó algo. La fe no es creer que Dios puede hacer algo y que lo hará, sino creer que Él ya lo hizo. Cuando la fe es perfecta, no sólo dirá “Dios puede” y “Dios quiere”, sino también “Dios ya lo hizo”.
Los creyentes deben aprender a orar en dos etapas. En la primera deben orar hasta recibir la promesa, la palabra específica de Dios para ellos. Todas las oraciones comienzan por pedirle al Señor algo y pueden continuar por un período de quizás tres o cinco años. Es necesario seguir pidiendo. Algunas oraciones son contestadas inmediatamente, mientras que otras se tardan años, y es entonces cuando se debe perseverar. La segunda etapa se extiende desde el momento en que se recibe la promesa, la palabra específica de Dios, hasta que la promesa se cumple. En esta segunda etapa no se pide, sino que se ofrece alabanza, hasta que la palabra se haya cumplido. Este es el secreto de la oración.
En la primera etapa uno avanza en la oración desde no tener nada hasta recibir fe, y en la segunda uno avanza en la alabanza desde que recibe la fe hasta palpar la realidad de lo pedido.
Si hacemos esto, recibiremos lo que pedimos, y la oración será una herramienta poderosa en nuestras manos.
Perseverar en el pedir
Otro aspecto que requiere mucha atención en cuanto a la oración es que debemos perseverar y nunca desmayar (Lc. 18:1). Ya que algunas oraciones requieren perseverancia, debemos orar hasta que la oración agote al Señor y lo obligue a contestar. En Marcos 11 se nos dice que debemos orar hasta que tengamos fe, y en Lucas 18 se nos dice que debemos pedir al Señor hasta que Él se vea obligado a contestar. Estas dos clases de fe son diferentes, pero no son contradictorias.
Muchas oraciones son oraciones sin sustancia. Una persona puede orar por uno o dos días, pero después de tres meses se olvida por completo del asunto; otros piden algo una vez y no lo solicitan por segunda vez, lo cual muestra que no están interesados en recibir lo que piden. Cuente las veces que ha hecho la misma oración más de dos, tres, cinco o diez veces. Si usted ya olvidó sus oraciones, ¿cómo puede esperar que Dios las recuerde? Si usted no tiene interés en cierta petición, ¿cómo puede esperar que a Dios le interese escuchar? La verdad es que usted no tiene el deseo de recibir lo que está pidiendo. Una persona orará persistentemente sólo si tiene una verdadera necesidad, y sólo cuando es presionado por circunstancias difíciles. En tales casos, esa persona perseverará por mucho tiempo, y no dejará de orar. Le dirá al Señor: “¡Señor! No dejaré de orar hasta que me respondas.”
Si usted quiere pedir algo y verdaderamente lo desea, debe molestar a Dios y pedirle con insistencia hasta que lo oiga. Al hacer esto, Dios no tiene otra alternativa que contestarle, ya que usted lo ha forzado a actuar.
La práctica de la oración
Cada creyente debe hacer una libreta de oración cada año para anotar en ella sus oraciones, como si se tratara de un libro de contabilidad. Cada página debe tener cuatro columnas. En la primera anotará la fecha en la cual empezó a orar por algo; en la segunda, el objeto por el cual ora; en la tercera, la fecha en la cual recibe respuesta a la oración; y en la cuarta, debe dejar constancia de la manera en que Dios contestó la oración. Entonces, el creyente se dará cuenta cuántas cosas ha pedido, cuántas el Señor ha respondido, y cuántas están pendientes.
La ventaja de anotar toda esta información en un solo cuaderno es que nos muestra si Dios contesta nuestras oraciones o no, porque cuando Dios se detiene, debe de haber alguna razón para que esto suceda.
Es bueno que los creyentes tengan celo al servir al Señor, pero tal servicio es inútil si sus oraciones no reciben respuesta.
En cierta ocasión un hermano anotó los nombres de 140 personas y oró pidiendo que fuesen salvas. Algunas personas fueron salvas el mismo día. Después de año y medio, sólo dos de ellas no habían sido salvas. Este es un excelente modelo para nosotros.
Respecto de la oración, usted no puede ser negligente por ningún motivo. Debe aprender desde el principio a ser estricto en este asunto y debe ser serio ante Dios. Una vez que comience, no se detenga hasta que obtenga la respuesta.
Al usar su cuaderno de oración, note que algunas oraciones necesitan oración continua, y otras sólo una vez a la semana. Este horario depende del número de peticiones que tenga anotadas en el libro. Igual que los hombres organizan su agenda de actividades, también nosotros debemos administrar nuestro tiempo de oración.
Las oraciones en que pide luz, vida y gracia y dones para la iglesia, son oraciones que se dirigen a temas generales, no es necesario clasificarlas con nuestras oraciones específicas. Debemos orar diariamente por estas grandes cosas.
Cuando un hombre cree en el Señor, debe aprender a orar sin cesar. Debe aprender bien la lección de la oración antes de tener un conocimiento profundo de Dios y llevar fruto en abundancia.
¡Jesús es el Señor!
LA IGLESIA EN ARMENIA
__________________
"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee

La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins

Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
Ian Thomas
Responder Con Cita
  #28 (permalink)  
Antiguo 24/09/07, 09:32:05
hgo hgo no está en línea
Gran Miembro Yeshua
: Anchura de corazon y sabiduria como Salomon (1 Reyes 4:29) : (+500 posts)
 
Fecha de Ingreso: ene 2005
Mensajes: 789
hgo Miembro va por buen camino
Contactar con hgo a través de Yahoo
Predeterminado La belleza de la consagración

La belleza de la consagración
La consagración consiste en que Dios nos concede el honor de servirle.
Watchman Nee

Lecturas: Ex. 28:40-43; Lv. 8:18-28; Rom. 6:13, 16, 19; 12:1-3; 1 Co. 6:19-20; 2 Co. 5:14-15.
La consagración es el resultado de una comprensión adecuada de lo que es la salvación. Si una persona considera su fe en el Señor Jesús como un favor al Señor, y su fe en Dios como una cortesía hacia Él, será inútil hablarle sobre la consagración. Si alguien piensa así, no ha tenido un buen comienzo en la fe cristiana y, por ende, es imposible esperar que se consagre.
La enseñanza sobre la consagración se encuentra tanto en el Antiguo Testamento (Éxodo 28 y 29, y Levítico 8), como en el Nuevo (Romanos 6 y 12).
Aunque la consagración es la primera experiencia básica de nuestro servicio a Dios, no encontramos muchas enseñanzas que provengan directamente de la Palabra de Dios. Necesitamos estudiar las porciones mencionadas, para entender el significado de la consagración.
En 2ª Corintios 5:14-15 se nos muestra claramente que el poder constreñidor del amor del Señor es la base para que los hijos de Dios se consagren. Según el idioma original, la palabra constreñir significa rodear de tal forma a la persona que ella no puede escapar. Él nos ha atrapado en su amor, y no tenemos alternativa. Nadie puede consagrarse a no ser que sienta amor por el Señor. Pero después que el amor está, la consagración será la consecuencia inevitable.
Pero la consagración no sólo se basa en el amor del Señor por nosotros, sino también en el derecho que él tiene sobre nosotros (1ª Cor. 6:19-20). Nuestro Señor dio su vida por nosotros como rescate, adquiriéndonos así de nuevo. El Señor nos compró y nos redimió; por eso voluntariamente le cedemos nuestra libertad. Para los cristianos de hoy la idea de ser comprado por precio tal vez no sea claramente comprendida. Pero para los corintios, era perfectamente claro. En aquel tiempo existían los mercados humanos, donde se remataban esclavos. Pablo usa esa metáfora para mostrarnos lo que nuestro Señor hizo por nosotros. Él pagó un gran precio: su propia vida, y nos rescató. Y hoy, debido a esta obra redentora, renunciamos a nuestros derechos y perdemos nuestra soberanía.
Por un lado, por causa del amor, escogemos servirlo; por otro lado, por su derecho, nosotros no somos nuestros. Servimos al Señor porque él nos ama, y lo seguimos porque él tiene un derecho sobre nosotros. Este amor y este derecho obtenido en la redención nos constriñen a darnos al Señor.
Una base para la consagración es el derecho legal, y la otra es el amor agradecido. La consagración está así basada tanto en el amor que sobrepasa el sentimiento humano como en el derecho, de acuerdo a la ley. Por esas dos razones, nada nos resta sino pertenecer al Señor.
El verdadero significado de la consagración
Ser constreñidos por el amor del Señor o reconocer su derecho legal no constituye todavía la consagración. Después de ser constreñido por su amor y reconocer su derecho sobre uno, debe dar otro paso, que lo llevará a una nueva posición.
Debido a que el Señor nos constriñe y nos compra, nos apartamos de ciertas cosas y vivimos por él y para él. Esto es la consagración. «Consagración» se puede traducir como «recibir el servicio santo», el oficio de servir al Señor. Esto es como prometerle al Señor: «Hoy me separo de todo para servirte, porque tú me amas.»
Suponga que usted compra un esclavo y lo lleva a casa. Al llegar a la puerta, el hombre, arrodillado, le dice: «Amo, tú me compraste. Desde hoy, con placer, atenderé tus palabras». Para usted, haberlo comprado es una cosa, pero el hecho de que él se arrodille a sus pies proclamando el deseo de servirlo, es algo completamente distinto. Porque usted lo compró, él reconoce su derecho; mas porque usted lo amó, aún siendo él quien es, él se declara enteramente suyo. Solamente eso es consagración. Consagración es más que el ver Su amor y más que saber que él nos compró: es la acción que sigue al amor y a la compra.
Las personas consagradas
Al leer Éxodo 28:1-2, 4 y 29:1, 4, 9-10, vemos que la consagración es algo muy especial. Israel fue la nación escogida por Dios (Ex. 19:5-6), pero no llegó a ser una nación consagrada. Las tribus de Israel eran doce, pero no todas recibieron el servicio santo: sólo la tribu de Leví (Núm. 3:11-13); sin embargo, no toda la tribu de Leví estaba consagrada, ya que entre los levitas sólo se asignó el servicio santo a la casa de Aarón. Si alguien que no pertenecía a esta casa se acercaba, moría (Núm. 18:7).
Gracias a Dios, hoy somos miembros de esa casa. Todo aquel que cree en el Señor es miembro de esta familia. Todo aquel que ha sido salvo por gracia es sacerdote (Ap. 1:5-6). Debemos recordar que sólo pueden consagrarse aquellos que son escogidos por Dios como sacerdotes. Así que, Dios nos ha escogido para ser sacerdotes por ser miembros de esta casa, y por eso estamos calificados para consagrarnos.
El hombre no se consagra porque haya escogido a Dios, sino porque Dios, quien es el único que escoge, lo ha llamado. Aquellos que piensan que le hacen un favor a Dios al dejarlo todo, son extranjeros y no se han consagrado. Debemos darnos cuenta de que nuestro servicio a Dios no es un favor que le hacemos a él ni una expresión de bondad para con él. Tampoco es un asunto de ofrecernos a la obra de Dios, sino que Dios ha sido benevolente con nosotros dándonos el honor y el privilegio. Dice en la Biblia que los sacerdotes del Antiguo Testamento vestían dos piezas de ropa, una para honra y otra para hermosura. (Ex. 28:2). En la consagración, Dios nos viste con honra y hermosura. Es el llamado que Dios nos hace a su servicio. Si nos gloriamos por algo, debemos gloriarnos en nuestro maravilloso Señor.
Para el Señor no hay nada especial en tener siervos como nosotros, pero para nosotros lo más maravilloso es tener al Señor. La consagración consiste en que Dios nos concede el honor de servirle. Debemos postrarnos ante él y decir: «Gracias, Señor, porque tengo parte en tu servicio. Gracias, porque entre tantas personas que hay en este mundo, me has escogido a mí como parte de este servicio.» La consagración es un honor, no un sacrificio. Es cierto que necesitaremos sacrificar algo, pero no existe conciencia de eso. La consagración está llena de sentido de honra y no de conciencia de sacrificio.

El camino de la consagración
En Levítico 8:14-28 se nos muestra el camino hacia la consagración.
a) La ofrenda por el pecado.
Para recibir el servicio santo de Dios, es decir, para consagrarse a Dios, primero tiene que hacerse propiciación por el pecado. Sólo una persona que es salva y pertenece al Señor, puede consagrarse. La base de la consagración es la ofrenda por el pecado.
b) El holocausto.
Examinemos Levítico 8:18-28 muy cuidadosamente. Aquí tenemos dos carneros: un carnero se ofrecía como holocausto, y otro como ofrenda de consagración. Esto hacía que Aarón fuera apto para servir a Dios.
¿Qué es el holocausto? El holocausto es una ofrenda que debe ser completamente consumida por fuego; por lo tanto, el sacerdote no podía comer su carne. El problema de nuestro pecado se soluciona con la ofrenda por el pecado, pero el holocausto hace que Dios nos acepte. El Señor Jesús llevó nuestros pecados en la cruz. Esto se refiere a su obra como la ofrenda por el pecado. Al mismo tiempo, mientras el Señor Jesús estaba en la cruz, el velo fue rasgado, y se nos abrió así el camino al Lugar Santísimo. Esta es su obra como holocausto. La ofrenda por el pecado y el holocausto empiezan en el mismo lugar, pero conducen a dos lugares distintos. Ambos empiezan donde se encuentra el pecador.
La ofrenda por el pecado se detiene en la propiciación por el pecado, mientras que el holocausto hace al pecador acepto ante Dios en el Amado. Por tanto, es más importante que la ofrenda por el pecado. El holocausto es el agradable aroma del Señor Jesús ante Dios, que hace que Dios lo acepte. Cuando lo ofrecemos a Él ante Dios, nosotros también somos aceptados. No sólo somos perdonados mediante la ofrenda por el pecado, sino que también somos aceptados mediante el Señor Jesús.

c) La ofrenda de la consagración.
1. La aspersión de la sangre. Después de que el primer carnero era inmolado, se sacrificaba otro. Con la sangre de éste se untaba el lóbulo de la oreja derecha, el pulgar de la mano derecha y el pulgar del pie derecho de Aarón y sus hijos. Esto significa que como Dios nos ha aceptado en Cristo, debemos saber que la sangre aplicada en nuestra oreja, nuestras manos y nuestros pies nos aparta para Dios. Debemos declarar que nuestras orejas, nuestras manos y nuestros pies pertenecen por entero a Dios. Debido a la redención, nuestras orejas, cuya función es oír, deben escuchar a Dios; nuestras manos, hechas para trabajar, deben ahora laborar para Dios; nuestros pies ahora deben caminar para Dios. Nuestros miembros fueron comprados por el Señor, de modo que todos le pertenecen a él.
La sangre es la señal de la posesión y el símbolo del amor. El «precio» que se menciona en 1ª Corintios 6, y el «amor» de 2 Corintios 5 se refieren a esta sangre. Debido a la sangre, el amor y el derecho de propiedad, nuestro ser ya no nos pertenece.
2. La ofrenda mecida. Después de que se rociaba la sangre, se presentaba la ofrenda mecida. Debemos recordar que el segundo carnero había sido sacrificado y su sangre había sido untada en la oreja, en la mano y en el pie. Esto todavía no es consagración, pero es la base de la misma. La aspersión de la sangre es simplemente una confesión de amor y una proclamación de los derechos, lo cual nos hace aptos para consagrarnos; sin embargo, la verdadera consagración viene después de todo eso.
Después de que el segundo carnero era sacrificado y su sangre era rociada, se sacaban la grosura y la espaldilla derecha, y del canastillo de los panes sin levadura se tomaba una torta sin levadura, una torta de pan de aceite y una hojaldre. Todo esto tipifica los dos aspectos del Señor Jesús. La espaldilla es la parte fuerte y nos muestra el aspecto divino del Señor; la grosura es rica y tipifica el aspecto de la gloria de Dios; y el pan, el cual viene de la vida vegetal, muestra su humanidad. Él es el hombre perfecto, sin levadura y sin mancha, y está lleno del aceite de la unción, del Espíritu Santo; y, como hojaldre, su naturaleza, los sentimientos de su corazón y su vista espiritual son finas, delicadas, frágiles y llenas de dulzura y compasión. Todo esto fue puesto en las manos de Aarón, quien lo tomó y lo meció delante de Dios, y después lo quemó junto con el holocausto. Esto es la consagración.
La palabra hebrea traducida consagración significa «tener las manos llenas». Las manos de Aarón estaban vacías, pero se llenaron al tomar todas estas cosas. Aarón se llenó del Señor: en esto consiste la consagración.
Entonces, ¿qué es la consagración? Dios escogió a los hijos de Aarón para que le sirvieran como sacerdotes; aún así, Aarón no podía acercarse libremente; primero tenía que presentar una ofrenda por sus pecados para ser aceptado en Cristo. Sus manos (las cuales significan trabajar) tenían que ser llenas de Cristo; así que, él no debía tener más que a Cristo; sólo entonces se llevaba a cabo la consagración. ¿Qué es la consagración? Pablo nos lo dice en Rom.12:1.
Necesitamos ver ante el Señor que en esta vida sólo podemos seguir un camino: servir a Dios. Para poder hacerlo, tenemos que presentar todo nuestro ser a él. Desde el momento que lo hagamos, nuestro oído escuchará al Señor, nuestras manos trabajarán para él y nuestros pies correrán por él. Nos hemos consagrado totalmente a él como una ofrenda o un sacrificio; por consiguiente, nuestras dos manos, llenas de Cristo, lo exaltarán y lo expresarán. Cuando hayamos hecho esto, Dios dirá: «Esto es la consagración.»
La consagración significa que hemos tocado el amor de Dios y hemos reconocido su derecho. Debido a esto, podemos acercarnos a Dios para implorarle el privilegio de servirle. Debemos decir: «Oh Dios, soy tuyo; me has comprado. Antes yo estaba debajo de tu mesa esperando comer de las migajas que cayeran, pero desde este momento quiero servirte. Hoy tomo la decisión de servirte. Tú me has aceptado, ¿puedes concederme también una pequeña porción en esta gran tarea de servirte? Ten misericordia de mí y permíteme tomar parte en tu servicio. Al conceder la salvación a muchos, Tú no pasaste de largo ni me rechazaste. Tú me salvaste; dame por lo tanto, una parte entre los muchos que te sirven, no me rechaces.»
Así es como usted se presenta ante el Señor. Cuando usted se presenta a él en esta forma, obtiene la consagración. A esto se refiere Romanos 12 cuando dice que presentemos nuestros cuerpos. En Romanos 6 se menciona la consagración de los miembros. Esto es semejante a la aspersión de la sangre en las orejas, manos y pies. Romanos 12 menciona la consagración de todo el cuerpo, lo cual significa que ambas manos son llenas de Cristo. Podemos apreciar aquí una perfecta concordancia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

El propósito de la consagración
El objetivo de la consagración no es convertirnos en predicadores de Dios ni en obreros suyos, sino servir a Dios. En el idioma original, la palabra servicio significa «esperar en...». El objetivo de la consagración es esperar en Dios y moverse a hacer lo que él quiere, y cuando así lo dispone.
Todo nuestro tiempo es de Dios, y cada uno de nosotros debe esperarle. La obra de cada uno es flexible y debemos aprender a esperarle. Presentamos nuestros cuerpos para servir a Dios.
En el momento que una persona se consagra, debe comprender que lo más importante es lo que Dios requiera. El trabajo puede variar, pero el tiempo invertido sigue siendo el mismo: toda nuestra vida. Tan luego un doctor en medicina se hace cristiano, la medicina pasa del primer al segundo lugar. Lo mismo sucede con el ingeniero. La exigencia del Señor tiene prioridad: servir al Señor se torna en el mayor servicio. Nosotros, los que servimos a Dios, no podemos esperar ser prósperos en el mundo, pues estas dos cosas son contrarias.
La consagración no es lo mucho que uno da de sí mismo al Señor, sino ser aceptado por Dios y recibir el honor de servirlo. Y el fruto de la consagración es la santidad.
No debemos rogar a otros que se consagren; en lugar de ello, debemos decirles que el camino está abierto para que lo hagan. La consagración no depende de nuestra voluntad, pues proviene de la abundancia de la gracia de Dios. Tener el derecho de servir a Dios es el mayor honor de nuestra vida.

Compendiado de "Lecciones básicas sobre aspectos prácticos de la vida cristiana".
¡Jesús es el Señor!
LA IGLESIA EN ARMENIA
__________________
"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee

La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins

Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
Ian Thomas
Responder Con Cita
  #29 (permalink)  
Antiguo 26/09/07, 20:47:42
hgo hgo no está en línea
Gran Miembro Yeshua
: Anchura de corazon y sabiduria como Salomon (1 Reyes 4:29) : (+500 posts)
 
Fecha de Ingreso: ene 2005
Mensajes: 789
hgo Miembro va por buen camino
Contactar con hgo a través de Yahoo
Predeterminado La comunión del cuerpo

La comunión del cuerpo
El cuerpo de Cristo es la base de la comunión de la Iglesia.
Watchman Nee
Cristo, la Iglesia y el Cuerpo (Ef.5:29-30)
En el Antiguo Testamento Dios nos muestra cómo él tomó una costilla de Adán y formó a Eva. Eva salió de Adán, o, para usar otra expresión, Eva era Adán. De modo similar, si preguntamos qué es la Iglesia, la respuesta será que ella salió de Cristo. Así como Dios formó a Eva con aquello que él tomó de Adán, así él forma la iglesia con lo que es tomado de Cristo. Cristo no nos ha dado sólo de su poder, gracia, naturaleza y voluntad, sino también de su propio cuerpo. Él nos ha dado de sus huesos y de su carne. Él ha dado de sí mismo a nosotros, así como Adán dio su costilla a Eva.
La Biblia nos dice que Cristo es la cabeza de la iglesia, y la iglesia es el cuerpo de Cristo. Individualmente, cada cristiano es un miembro del cuerpo de Cristo, pues cada uno salió de él.
Una cosa que debemos observar de manera especial es que el cuerpo de Cristo está en la tierra, a pesar de no formar parte de ella. Es celestial, aunque está en la tierra. No piense que el cuerpo de Cristo está en el cielo. Cuando Pablo persiguió a la iglesia, el Señor Jesús lo desafió en el camino a Damasco, diciendo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues». La palabra del Señor aquí es realmente maravillosa. Él no dice: «Saulo, Saulo, ¿por qué persigues a mis discípulos?», sino «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Él no preguntó: «Saulo, Saulo, ¿por qué persigues mi pueblo?», o «¿Por qué persigues mi iglesia?» Él simplemente dijo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?».
De esa forma le fue revelado a Pablo que la iglesia y Cristo son uno. La unidad entre la iglesia y Cristo es de tal naturaleza que perseguir a la iglesia es perseguir a Cristo. Además de eso, el incidente en la entrada de Damasco indica que el cuerpo de Cristo es algo en la tierra. Si estuviese en el cielo, no podría ser perseguido. Sin embargo hoy, la iglesia en la tierra es el cuerpo de Cristo, por eso Saulo puede perseguir a la iglesia.
Muchos sostienen que la manifestación del cuerpo es un acontecimiento celestial, siendo así, esa manifestación tiene que esperar hasta que todos lleguemos al cielo. Si ese fuese el caso, entonces Saulo no podría haber perseguido al Señor. Todavía el cuerpo de Cristo está en la tierra; por eso Saulo puede perseguirlo.
Ya que la iglesia es el cuerpo de Cristo en la tierra, ella debe ser manifestada aquí. A pesar de que la Cabeza está en el cielo y el cuerpo sobre la tierra, ambos son uno. Tanto el que está en el cielo como la que está en la tierra son uno. Por consiguiente, la persecución a la iglesia es la persecución al Señor; perseguir al cuerpo es perseguir a la Cabeza. La unión es tan perfecta que no puede ser separada.
Las personas pueden preguntar: «¿Cómo podría el cuerpo de Cristo haber estado en la tierra durante la época de Pablo? Durante estos dos mil años, desde aquel tiempo hasta el presente, multitudes han sido salvadas y agregadas al cuerpo de Cristo. ¿Cómo entonces podía ser la Iglesia ser el cuerpo de Cristo en tal período inicial».
J.B. Stoney, un hermano muy espiritual y grandemente usado por Dios en el siglo XIX, tenía una ilustración muy buena. Él decía que la iglesia es como un pequeño pájaro. Cuando él rompe por primera vez la cáscara del huevo, ya es un pájaro, a pesar de que sus plumas tendrán todavía que crecer. Más tarde, cuando el pájaro se torna adulto, todavía es llamado pájaro. No le es negado el nombre de pájaro cuando sus plumas todavía no han crecido. Las plumas crecen lentamente de adentro hacia fuera; ellas no son implantadas desde afuera. Todo el crecimiento viene de adentro hasta que el pequeño pájaro llega a ser adulto. Y esa es la manera como la Iglesia existe en la tierra. A pesar de que en los días de Pablo ella estaba recién comenzando, aun así era el cuerpo de Cristo. Así también, en el día de hoy, ella ha crecido mucho, pero nada externo debe ser agregado a ella. Todo el crecimiento viene de adentro.
A pesar de que el número de los salvados en la iglesia todavía está lejos de ser completado, con todo, la iglesia es perfecta por dentro. Aquello que está dentro de ella necesita ser completamente desarrollado, esto es, Cristo debe ser manifestado desde adentro. Por lo tanto, la iglesia hoy, así como la iglesia de ayer y de mañana, es el cuerpo de Cristo. Dios no salva a las personas y las agrega a la iglesia externamente; antes, el cuerpo de Cristo crece continuamente desde adentro, a partir de la Cabeza.
La iglesia no es nada más sino aquello que procede de Cristo. Ella proviene de la cabeza que está en el cielo, mas ella habita hoy en la tierra. Ella es un cuerpo. Así como un pequeño pájaro, ella necesita crecer hasta que alcance la madurez completa. La iglesia, entonces, es una misma cosa desde el principio hasta el fin.
La Biblia nos muestra que la base de la iglesia es el cuerpo de Cristo. Todo lo que no está fundamentado en el cuerpo de Cristo, no es la iglesia. La Palabra de Dios reconoce sólo una iglesia – el cuerpo de Cristo. No importa por qué razón o cuán aparentemente bíblico pueda parecer, si alguna cosa no está basada en el cuerpo de Cristo, no puede ser reconocida como iglesia. Cuando la influencia del protestantismo llegó a su auge en Europa, además de las iglesias nacionales, muchos grupos divergentes y muchas denominaciones surgieron. Durante aquel período, iglesias establecidas por hombres crecieron como brotes de bambú después de una lluvia fresca en primavera. Ellos escaparon de la esclavitud de la Iglesia Católica Romana y huyeron a la libertad de las iglesias protestantes. Ellos imaginaban que tenían la libertad de establecer iglesias. Pero, ¿realmente aquellas iglesias que establecían estaban fundamentadas en el principio del cuerpo?
Es imperativo que podamos ver con precisión delante de Dios lo que es la iglesia. Ella es el cuerpo de Cristo. Cualquier cosa que sea menor que el cuerpo de Cristo no puede ser usada como base de la iglesia. Por ejemplo, nosotros en Shangai tenemos una iglesia porque hemos aprendido a permanecer en el fundamento del cuerpo y a recibir a todos los miembros del cuerpo de Cristo para la comunión. Solamente tenemos una condición para recibir a los hermanos y hermanas en la iglesia aquí, y ella es que pertenezcan al cuerpo de Cristo, que estén en el cuerpo. Solamente eso justifica que seamos una iglesia.
Una vez que hay una iglesia aquí en Shangai, suponga que llegue el día cuando algunos hermanos disientan de ciertas doctrinas o sientan que algunas verdades sustentadas por la iglesia son erróneas. ¿Tienen ellos derecho de fundar otra iglesia? No, pues no tienen ningún fundamento para eso. La base de la iglesia es el cuerpo de Cristo. Fundar una iglesia a fin de mantener una verdad no es justificación suficiente. Si la iglesia en Shangai no es el cuerpo de Cristo, entonces aquellos hermanos pueden establecer una iglesia. Mas si ella lo fuere, entonces ellos deben continuar y tener comunión allí. No son libres para establecer otra.
Suponga que otros hermanos declaren que no están tan preocupados con las doctrinas bíblicas ni con la interpretación de las mismas, ni siquiera en suplir de alimento espiritual a aquellos que se reúnen. ¿Puede ellos formar otra iglesia en base a esa motivación excelente que es la de proveer alimento espiritual a los hijos de Dios? No, otras sociedades pueden ser establecidas por voluntad humana, pero no una iglesia. Ellos pueden organizar un trabajo cristiano, una escuela dominical o una sociedad santa, pero no pueden instituir una iglesia. El proveer alimento espiritual no es base suficiente para formar una iglesia. Hay solamente una base para que la iglesia pueda ser establecida, y esta es, cuando todos los hijos de Dios son incluidos.
En otras palabras, la iglesia debe tomar el cuerpo de Cristo como su unidad. Si otras personas fallan en reunirse sobre la base de esa unidad; si otras personas fallan en reunirse sobre la base de esa unidad, la responsabilidad es de ellas; pero una iglesia no puede tener otra condición a no ser pertenecer al cuerpo. El cuerpo es, por lo tanto, la única condición. La iglesia debe ser tan amplia como el cuerpo; no puede ser menor que el cuerpo. Todos los que pertenecen a Cristo son del cuerpo y están incluidos en la iglesia, ninguno de ellos puede ser rechazado.
Según la Biblia, la iglesia de Cristo es el cuerpo de Cristo, y el cuerpo de Cristo es la iglesia de Cristo. Ni siquiera la doctrina puede ser usada como justificación para fundar una iglesia. La santidad es importante, pues sin santidad nadie puede ver a Dios. La fe es muy necesaria, pues por la fe somos justificados. Sin embargo, ni la santidad ni la fe pueden servir de motivo para el establecimiento de una iglesia, porque la iglesia es el cuerpo de Cristo. Ella no es el conjunto de aquellos que creen en la doctrina de la santidad, ni es una asamblea de aquellos que defienden la justificación por la fe.
Ciertamente, la nacionalidad no puede ser la base de la iglesia, como en el caso de la iglesia luterana de Alemania, o de la iglesia anglicana en Inglaterra. Después que Dios reveló a Martín Lutero la verdad de la justificación por la fe, él fue un instrumento para respaldar el movimiento protestante. Sin embargo, eso no le dio a él ni a sus seguidores el derecho de establecer una iglesia nacional. Si hubiera sólo diez cristianos hoy basados en el fundamento del cuerpo de Cristo, ellos tienen el derecho de formar una iglesia. Pero Alemania, con sus millones de cristianos, no puede organizar una iglesia. Sólo por el hecho de tener tan gran número de personas no es motivo suficiente para el establecimiento de una iglesia nacional.
La base de la iglesia, por lo tanto, es el cuerpo de Cristo en la localidad. No está basada en la doctrina o en la nación, en el alimento espiritual o en la interpretación bíblica. Dondequiera que podamos ir, debemos estar claros de esa posición – la iglesia es el cuerpo de Cristo. Si una iglesia local es formada sobre esa base, no es sectaria.
Si algunos hermanos y hermanas tienen visiones e interpretaciones diferentes de las suyas y, por lo tanto, insisten en reunirse separadamente, la base de ellos está equivocada. Por causa de que las suyas son el cuerpo de Cristo, usted tiene el fundamento correcto. Ellos no tienen fundamento, pues el de ellos está basado en visiones e interpretaciones. Entre las así llamadas por el mundo, solamente aquellas que defienden el cuerpo de Cristo son iglesias. El resto no tienen base suficiente para ser consideradas iglesias.
Si los hijos de Dios viesen claramente que el cuerpo es la única base de la iglesia, ellos no se dividirían en sectas. Puede haber una iglesia con solamente tres o cinco personas, pero puede no estar correcto establecer una con cien o mil personas. Estamos convencidos de que la iglesia tiene solamente una base, la de manifestar plenamente el cuerpo de Cristo. No nos reunimos en ninguna otra posición que no sea la del cuerpo de Cristo.
Yo realmente espero que los creyentes puedan ver que dondequiera que un grupo en una cierta localidad excede o está más acá del cuerpo de Cristo, ese grupo no puede ser reconocido como una iglesia. El grupo que excede el cuerpo de Cristo es aquel que recibe personas que no pertenecen al cuerpo; él acepta no creyentes. Tales grupos se tornan una mezcla y pierden la posición de una iglesia. Por otro lado, cualquier grupo que reduce el cuerpo de Cristo es aquel que restringe su comunión. Puede ser un grupo de santidad, o un grupo del séptimo día o un grupo bautista. Tales grupos restringen el cuerpo de Cristo más de lo que deberían; ellos tampoco tienen base suficiente para ser reconocidos como una iglesia.
La unidad de la iglesia en el Espíritu Santo (1 Co. 12:12-13)
Decir que la iglesia procede de Cristo toca la cuestión del origen de la iglesia. Todos los cristianos tienen nueva vida. La vida de Cristo ha sido multiplicada en decenas de millares, y millares de millares de cristianos. El capítulo 12 de Juan nos muestra cómo un grano de trigo cae en tierra, muere y produce muchos granos. Todos los granos participan de la vida del primer grano. Uno se convierte en muchos granos y todos vienen de uno solo.
Hemos visto cómo un grano puede convertirse en muchos granos, pero ¿cómo pueden los muchos granos volver a ser uno? Las Escrituras nos muestran que la formación del cuerpo de Cristo es el trabajo del Espíritu Santo. ¿Cómo es realizada esta obra por el Espíritu Santo? Él lo hace bautizando muchos granos en uno solo. De Cristo proceden decenas de millares y millares de millares de cristianos. Esos millares y millares de cristianos son bautizados en un solo cuerpo en el Espíritu. Tal es la enseñanza básica de 1 Corintios 12:12-13. Usando otra metáfora, podemos decir que todos somos como piedras talladas de una misma roca y cimentadas juntas por el Espíritu Santo formando un todo.
El cuerpo de Cristo posee dos principios básicos: primero, a menos que proceda de Cristo, no es el cuerpo de Cristo. Segundo, a menos que haya obra del Espíritu Santo, no es el cuerpo de Cristo. Debemos ser bautizados en el Espíritu Santo y ser llenos del Espíritu Santo para que así seamos unidos en un cuerpo. Decir que la Iglesia comienza en Pentecostés es correcto; decir que ella comienza en casa de Cornelio, también es correcto; pues tanto judíos como gentiles han sido bautizados en un solo cuerpo. Primero recibimos la vida del Señor, la cual está en el Espíritu Santo, a fin de tornarnos en un solo cuerpo. Cada uno de los que conoce al Señor conoce este cuerpo. Si las personas andan según el Espíritu Santo, están plenamente conscientes de que los hijos de Dios son un cuerpo. El cuerpo físico tiene muchos miembros, pero la cabeza, a través del sistema nervioso, controla todos los miembros. De esta forma, la Cabeza de la Iglesia une los muchos miembros en un solo cuerpo a través del Espíritu Santo.
El cuerpo, la base de la comunión (1ª Co. 12:12)
La iglesia procede de Cristo y por medio de la operación del Espíritu Santo se torna en un cuerpo. Todos los miembros son colocados juntos y coordinados unos con otros en el Espíritu Santo. Así, la comunión o comunicación de los cristianos se produce en el contexto del cuerpo. En otras palabras, la base para la comunión cristiana es el cuerpo.
Somos miembros unos de otros y somos un solo cuerpo. Naturalmente nuestra comunión está basada en el cuerpo de Cristo. No hay otra relación para la comunión fuera de esta verdad de que todos somos miembros del cuerpo de Cristo. Ni todos nosotros somos judíos o griegos, libres o esclavos. No podemos basar nuestra comunión en ninguna de estas relaciones; por eso el cuerpo es la única base de nuestra comunión.
Ninguna otra relación puede ser reconocida como comunión cristiana. Cualquier comunión, reunión o grupo que no esté basada en el cuerpo de Cristo no es aceptable. Hoy hay un gran número de así llamadas «comunidades cristianas», pero ellas pueden no estar fundadas sobre la base de ser miembros unos de otros en el cuerpo. Ellas pueden basar la comunión en un ritual (como la inmersión), en una doctrina (como la justificación por la fe), en una forma de gobierno (como la episcopal), en el nombre de una persona (como los wesleyanos), en un cierto sistema (como el congregacional), o en un cierto movimiento (como el pentecostal).
Muchas de las así llamadas comunidades cristianas no tienen un fundamento correcto delante de Dios. Los hijos de Dios tienen que comprender que la iglesia es el cuerpo de Cristo, y en este cuerpo un miembro es la unidad menor. La comunión de todos los miembros está basada en el cuerpo y nada más. Tal base de comunión identifica un grupo como una comunidad cristiana. Por causa de que usted y yo somos miembros del cuerpo de Cristo, podemos tener comunión. Esta comunión de un miembro con otro es basada en la unidad del cuerpo. Porque compartimos de la misma vida del cuerpo y somos bautizados en el mismo Espíritu Santo, somos capaces de tener comunión unos con otros. Nuestra comunión no puede existir sobre ninguna otra base.
Cualquier comunión que no sea la del cuerpo, es sectaria y divisoria. Si mis brazos y piernas tuviesen que organizar un club de miembros largos y mantuviesen comunión sobre la base de los saludos, ¡tal comunión sería exactamente errónea!
Déjeme repetirlo: la comunión que no está basada en el cuerpo no es una comunión cristiana. No podemos aceptar ninguna comunión que sea diferente de la del cuerpo, y más que eso, debemos rechazarla categóricamente. Mantener nuestra comunión cristiana significa que ella no debe ser menor que el cuerpo de Cristo.
Finalmente, reuniendo todos estos pensamientos con respecto al cuerpo de Cristo, es nuestro deseo que se pueda ver delante de Dios que el cuerpo de Cristo es la base de la comunión de la iglesia en esta tierra. Ponga cuidado con cualquier comunión que no sea la del cuerpo. Esta comunión no puede ser mayor que el cuerpo por incluir incrédulos, ni menor que el cuerpo por excluir creyentes. Debemos mantener, en el mundo, el testimonio de que hay un cuerpo. Que el Señor nos muestre su gracia.
Fragmento de «El cuerpo de Cristo», en Amaos unos a otros.
¡Jesús es el Señor!
LA IGLESIA EN ARMENIA
__________________
"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee

La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins

Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
Ian Thomas
Responder Con Cita
  #30 (permalink)  
Antiguo 28/09/07, 02:22:00
hgo hgo no está en línea
Gran Miembro Yeshua
: Anchura de corazon y sabiduria como Salomon (1 Reyes 4:29) : (+500 posts)
 
Fecha de Ingreso: ene 2005
Mensajes: 789
hgo Miembro va por buen camino
Contactar con hgo a través de Yahoo
Predeterminado La corriente del Espíritu

La corriente del Espíritu
Al estudiar la historia de la iglesia podemos observar las huellas de Dios. Su caminar ha sido incesante, su propósito ha avanzado, y constantemente está escogiendo personas con quienes avanzar en ese propósito.
Watchman Nee (1903-1972)
Si nos remontamos a los movimientos de Dios a lo largo de la historia del hombre, podemos ver el fluir de la actividad divina transmitiéndose de generación en generación; y podemos verlo en esta generación — todavía ininterrumpido, todavía regularmente progresivo.
Tiempo atrás, quedé profundamente impresionado meditando sobre unos escritos de Wesley. Dios hizo cosas tan poderosas por su intermedio que se duda si los efectos de su obra podrían ser igualados hoy; pero el hecho es que Dios ha seguido avanzando desde los días de Wesley. El fluir del Espíritu va siempre adelante. La corriente del Espíritu es siempre más profunda.
Aquí hay un principio digno de ser notado. Si usted en su día y su generación responde totalmente a los requerimientos de Dios, usted encontrará que es llevado hacia adelante en la corriente de Su propósito. En cambio, si usted se aferra al pasado, queriendo que Dios haga como Él hizo antes; deseando que Él repita algo que en su estimación es de alto valor espiritual, usted se encontrará fuera de la corriente de sus movimientos. Ser un Lutero en el siglo XVI era una cosa buena, pero ser un Lutero en el siglo XX no supliría la necesidad. Ser un Wesley era de gran valor para el Señor en el siglo XVIII, pero ello sería inadecuado en el siglo XX. Cada instrumento que Dios levanta tiene una función específica, y su contribución a la Iglesia suple la necesidad de cada hora; pero no serviría para edificarla en una etapa posterior de su desarrollo.
Lamentablemente, muchas personas no logran reconocer el fluir progresivo de la corriente viva a lo largo de la historia de la Iglesia. Nosotros que estamos sobre la tierra hoy día hemos heredado la enorme riqueza de los santos que ya han hecho su contribución. Nosotros no podemos sobrestimar la grandeza de nuestra herencia, y tampoco podemos ser suficientemente agradecidos a Dios por ello. Pero si hoy usted intenta ser un Lutero o un Wesley, usted será un fracaso total. Usted quedará corto en el propósito de Dios para esta generación, porque estará volviendo hacia atrás, mientras la corriente del Espíritu fluye regularmente hacia adelante. La tendencia entera de la Biblia, de Génesis a Apocalipsis, es una tendencia a ir hacia adelante. De principio a fin, el registro bíblico es un desdoblamiento progresivo de los movimientos de Dios.
De Hechos a Hebreos
Una vez un hermano me preguntó sobre el significado de la epístola a los Hebreos. Le pregunté si él había notado alguna diferencia significativa entre aquel libro y el libro de los Hechos. Aun en el libro de los Hechos se advierte claramente la naturaleza progresiva de la actividad divina; pero la revelación a través de la epístola a los Hebreos muestra un mayor avance todavía en el desdoblamiento del propósito de Dios. El avance espiritual en Hechos es evidente, según el programa mostrado claramente en el primer capítulo: «En Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.» De Judea la corriente fluyó hasta Samaria; pero habiendo alcanzado Samaria ella no se detuvo allí; sino que fluyó hasta Roma, y tuvo como destino lo último de la tierra.
Aunque nosotros podamos mirar el avance regular del propósito divino a lo largo del libro de Hechos, todavía hacia el final del libro encontramos que el concepto “cristiano” no ha sido completamente clarificado. Sin embargo, cuando leemos la epístola a los Hebreos vemos que el cristiano ya ha salido de una etapa de transición y su personalidad ha llegado a ser totalmente definida. En los Hechos, él es tanto judío como cristiano. Él tiene comunión con otros cristianos fuera del templo; sin embargo, todavía visita el templo. Pero cuando venimos al libro de Hebreos encontramos que él no es más judío y cristiano; es simplemente cristiano. Y él nunca más se encuentra con sus amigos cristianos a veces dentro del templo, y a veces fuera del templo. Lo que él podía hacer cuando el Espíritu recién había sido derramado en Jerusalén, no lo puede hacer ahora que la corriente del Espíritu está yendo hacia adelante a los finales de la tierra. En Hebreos encontramos que el cristiano ha abandonado el templo por «el verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre», y ha abandonado los muchos sacrificios por la “única ofrenda» por la cual el creyente es hecho “perfecto para siempre.»
En Hechos leemos que Pablo entró en el templo para hacer un voto. No concluyamos tan rápidamente que él estuvo equivocado. No nos atrevemos a aplicar el último estándar de Dios para sus santos en cada época, porque el movimiento de Dios hacia su última meta es progresivo. Lo que se requiere de usted y de mí hoy no es que logremos ese último estándar, sino que nuestra medida corresponda a la etapa alcanzada en el desarrollo del propósito divino en el tiempo presente. Usted y yo debemos ser hallados en el punto en que la corriente del Espíritu ha llegado en el día de hoy –no la etapa alcanzada en alguna fecha del pasado, ni la etapa que alcanzará en alguna fecha futura. Estuvo bien para Pablo purificarse en el templo conforme al Antiguo Pacto; pero lo que estuvo bien en ese tiempo habría estado errado más tarde. Por lo tanto, el escritor de Hebreos explica que la realización del propósito de Dios en establecer el Nuevo Pacto consistió en la abolición completa del antiguo orden, al cual los creyentes judíos se aferraron tan tenazmente. Una vez que el Antiguo Pacto hubo servido al propósito de Dios tuvo que ceder su lugar al Nuevo.
El libro de los Hechos es progresivo de principio a fin, y cuando el registro se cierra con el capítulo 28, el movimiento del Espíritu no cesa; la corriente sigue fluyendo a través de las generaciones venideras, y todo el tiempo Dios continúa levantando instrumentos que harán la contribución específica necesaria en la etapa específica que el Espíritu ha alcanzado en Su poderoso movimiento hacia adelante.
Dios persigue un propósito
En el Antiguo Testamento vemos que en cualquier lugar donde la bondad de Dios se posó allí no hubo esterilidad. Dios tuvo el propósito de tener una «simiente»; para que en ninguna generación él sufriera la ruptura de la línea genealógica, porque para asegurar Su propósito necesitó la perpetuación de aquella simiente. Por esta razón dependemos de nuestros antepasados espirituales. Pero no sólo tenemos que aceptar la herencia que nos viene de ellos; tenemos la solemne responsabilidad de pasarla a otros. La pregunta hoy no es: ¿Fluirá la corriente del Espíritu en nuestra generación?, sino: ¿Estaremos usted y yo en esa corriente? Si no logramos cumplir los requerimientos del propósito de Dios para este tiempo presente, Él encontrará otros que suplan Su necesidad. ¿Dónde está el sello del Espíritu hoy? ¿Dónde está la autoridad espiritual hoy? ¿Está con nosotros o no? Sólo si tenemos la autoridad del Espíritu seremos hallados en esa corriente que avanza hacia adelante.
Explorando la historia mundial y la historia de la Iglesia vemos los caminos de Dios mientras Él persigue Su propósito. Él levantó un Lutero cuando necesitó un Lutero, y aunque Lutero tuviera sus debilidades, él era el instrumento adecuado a la necesidad divina de esa época. Usted y yo debemos mucho a Dios por Martín Lutero, ya que somos el fruto de sus labores. Él en su día ofreció un camino libre a la corriente del Espíritu para que siguiera su curso; y nosotros, que hemos sido alcanzados por la misma corriente, tenemos el privilegio de ofrecernos a Dios para que Él pueda avanzar un poco más allá en Su curso. Si Él puede abrirse paso a través de estas vidas, eso será nuestra mayor gloria. Si no, Él dará la vuelta en otra dirección; pero eso significará una pérdida trágica para nosotros. La corriente espiritual puede estar corriendo por este curso actualmente, pero dónde fluirá en diez años más, no podemos saber. Debemos aceptar que sea así. Cada día el Espíritu evita a uno y usa a otro. Si le resistimos hoy, Él tendrá que abrirse paso en otro lugar. ¡Qué solemne pensamiento!
Desafiados por nuestra herencia
Desde los siglos de oscurantismo, cuando la luz que alumbró la iglesia temprana había sido en gran parte apagada, el Espíritu Santo ha estado activo recuperando verdades perdidas por medio de un instrumento u otro, para que ahora el cuerpo entero de verdad esté recuperado en la Iglesia. Hace más de un siglo la necesidad de un ministerio corporativo llamó la atención de los santos, y más recientemente, esta verdad ha sido enormemente acentuada; pero ha habido una carencia triste en la realización práctica de lo que sabemos. La recuperación de la doctrina acerca del ministerio corporativo es una cosa; la realidad del ministerio corporativo expresado a través de la vida de la iglesia es otra cosa muy diferente. Como es nuestro privilegio el ser los herederos de la riqueza enorme que ha sido recuperada a lo largo de los últimos siglos, nosotros que vivimos en este siglo XX debemos asumir la responsabilidad a la que nos desafía una herencia tan rica. Toda esta riqueza ha sido puesta a nuestra disposición no simplemente para nuestro enriquecimiento, sino para el adelanto del evangelio. Nuestra herencia del cuerpo entero de verdad nos desafía a un ministerio corporativo que abrazará cada aspecto de la verdad.
Cuando un amplio ministerio corporativo haya sido asegurado, creemos que proporcionará una condición para la Venida del Señor. No es sólo la proclamación de la verdad entera que se necesita hoy; es la liberación de la realidad espiritual que la verdad expresa, y que sólo puede ser realizado cuando aceptamos ser llevados adelante por la corriente poderosa del Espíritu.
¡Jesús es el Señor!
LA IGLESIA EN ARMENIA
__________________
"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee

La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins

Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
Ian Thomas
Responder Con Cita
  #31 (permalink)  
Antiguo 28/09/07, 18:26:57
hgo hgo no está en línea
Gran Miembro Yeshua
: Anchura de corazon y sabiduria como Salomon (1 Reyes 4:29) : (+500 posts)
 
Fecha de Ingreso: ene 2005
Mensajes: 789
hgo Miembro va por buen camino
Contactar con hgo a través de Yahoo
Predeterminado Los Ministerios Especificos De La Palabra

LOS MINISTERIOS ESPECIFICOS DE LA PALABRA
Watchaman Nee
Todos los siervos de Dios están ocupados en el ministerio de la edificación del Cuerpo de Cristo, pero eso no implica que, al estar todos en el ministerio de la palabra, todos los ministerios son iguales. Cada uno tiene una línea distinta de ministerio. Una y otra vez Dios a levantado un nuevo testigo, o grupo de testigos, dándoles nueva luz de Su Palabra, para que ellos den un testimonio especial de El en la época y circunstancias especificas en que ellas viven. Todo ministerio así es nuevo y especifico y es de gran valor para la Iglesia; pero debemos tener en cuenta que si Dios entrega un ministerio especifico relacionado con determinadas verdades a un hombre, éste no debe hacer su ministerio especial o su verdad especifica la base para una nueva "iglesia". Ningún siervo de Dios debe abrigar la ambición de que su verdad sea aceptada como la verdad. Si las puertas están cerradas a ella, que espere con paciencia en Dios quien la dio hasta que Él abra puertas para su recepción. Ninguna "iglesia" separada debe ser formada para llevar un testimonio separado. La obra del Señor no consciente el establecimiento de una iglesia para la propagación de una escuela de enseñanza en particular. Conoce únicamente un tipo de iglesia, la iglesia local; no una iglesia sectaria, sino una iglesia neotestamentaria.
Consideremos seriamente que nuestra obra es para nuestro ministerio y nuestro ministerio es para las iglesias. Ninguna iglesia debe estar bajo un ministerio especifico, pero todos los ministerios deben estar bajo la iglesia. Qué estrago se ha hecho en la iglesia porque muchos de sus ministros han tratado de traer las iglesias bajo su ministerio, más bien que servir a las iglesias por su ministerio. Tan pronto como las iglesias sean sometidas a algún ministerio, cesan de ser locales y se hacen sectarias. Cuando Dios ha levantado un ministerio especifico para resolver una necesidad especifica en Su Iglesia, ¿cual debería ser la actitud del ministro? Siempre que una nueva verdad es proclamada, tendrá nuevos seguidores. El obrero a quien Dios ha dado nueva luz sobre Su verdad debe alentar a todos los que reciben esa verdad a engrosar las filas de la iglesia local, no a que se agrupen alrededor de Él.
De otra manera se hará que las iglesia sirvan al ministerio, no el ministerio a las iglesias, y las "iglesias" establecidas serán "iglesias" ministeriales no locales. La esfera de una iglesia no es la esfera de algún ministerio, sino la esfera de la localidad. Siempre que se hace al ministerio la razón para la formación de una iglesia, allí tendrán el principio de una nueva denominación. Del estudio de la historia de la Iglesia podemos ver que casi todos los ministerios nuevos han dado origen a partidarios nuevos y los partidarios nuevos han resultado en organizaciones nuevas. Es de esta manera que "iglesias" ministeriales se han establecido y las denominaciones se han multiplicado.

La vida cristiana normal de la iglesia Pags.143-145
Publicado por Living Stream Ministry
¡Jesús es el Señor!
La Iglesia en Armenia
__________________
"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee

La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins

Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
Ian Thomas
Responder Con Cita
  #32 (permalink)  
Antiguo 04/10/07, 15:12:44
hgo hgo no está en línea
Gran Miembro Yeshua
: Anchura de corazon y sabiduria como Salomon (1 Reyes 4:29) : (+500 posts)
 
Fecha de Ingreso: ene 2005
Mensajes: 789
hgo Miembro va por buen camino
Contactar con hgo a través de Yahoo
Predeterminado La cruz y una vida fructífera

La cruz y una vida fructífera
La fructificación no depende de más y mejores estrategias, sino de la aceptación de la cruz sobre las facultades del alma.
Watchman Nee
Lectura: Juan 12:24-25.
Aquí tenemos la operación interior de la Cruz – la pérdida del alma – relacionada y comparada con ese aspecto de la muerte del Señor Jesús ejemplificado por el grano de trigo, es decir, su muerte con miras al aumento. El objetivo es la fertilidad. Hay un grano de trigo que tiene vida en sí, pero que «queda solo». Tiene poder para impartir su vida a otros, pero para hacerlo tiene que bajar a la muerte.
Sabemos el camino que el Señor tomó. Pasó por la muerte, y su vida surgió en muchas otras. El Hijo murió, y resurgió como el primero de «muchos hijos». Renunció a su vida para que la recibiésemos nosotros. Es en comunión con este aspecto de su muerte que somos llamados a morir. Aquí él aclara el valor de la conformidad a su muerte, para que, mediante la pérdida de nuestra propia vida natural (nuestra alma), podamos ser impartidores de vida, compartiendo después con otros la vida de Dios que está en nosotros. Este es el secreto del ministerio, el camino de la verdadera fecundidad para con Dios. Como dice Pablo: «Nosotros, que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De manera que la muerte actúa en nosotros y en vosotros la vida» (2 Co. 4:11-12).
Si hemos recibido a Cristo, tenemos la nueva vida en nosotros. Todos tenemos esta valiosa posesión, el tesoro en el vaso de barro. ¡Alabado sea el Señor por la realidad de su vida dentro de nosotros! Pero ¿por qué hay tan poca expresión de esta vida? ¿Por qué quedamos solos? ¿Por qué no estamos rebosando e impartiendo vida a otros? ¿Por qué apenas se manifiesta esta vida, aun en nuestras propias vidas? La razón es que el alma en nosotros envuelve, encierra esta vida (como la corteza envuelve el grano de trigo) impidiéndole que encuentre salida. Y ocurre entonces que estamos viviendo por el alma; estamos obrando y sirviendo en nuestras propias fuerzas naturales; no estamos recibiendo de Dios. Es el alma que impide la manifestación de la vida nueva. Hay que perderla para poder llevar fruto.
Una noche oscura – una mañana de resurrección
Así volvemos a la figura de la vara de almendro, que fue llevada al santuario por una noche –una noche oscura durante la cual no se vio nada– y que a la mañana brotó. Ahí están expuestas a la muerte y la resurrección, la vida entregada y la vida ganada, y allí se ve el ministerio aprobado. Pero ¿cómo se efectúa en la práctica? ¿Cómo puedo reconocer que Dios está tratando conmigo según estas normas?
Primero, tenemos que aclarar una cosa: el alma, con su fondo de energía y recursos naturales, seguirá con nosotros hasta la muerte. Hasta entonces habrá una incesante necesidad diaria de la profunda operación de la Cruz en nosotros, rechazando esa fuerza natural. Durante toda la vida es ésta la condición del servicio, condición que se expresa en las palabras: «Niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame» (Mr. 8:34). Nunca superamos esto. El que lo esquiva «no es digno de mí» (Mt. 10:38); «no puede ser mi discípulo» (Lc. 14:27). La muerte y la resurrección permanecen como un principio constante en nuestra vida para operar la pérdida del alma y el surgimiento del Espíritu.
Sin embargo, aquí también puede haber una crisis que, una vez alcanzada y superada, transforme toda nuestra vida y servicio para Dios. Es una puerta angosta por la que entramos en una senda enteramente nueva. Esa crisis sobrevino en la vida de Jacob en Peniel. Era el ‘hombre natural’ en Jacob que estaba procurando servir a Dios y alcanzar el propósito divino. Jacob sabía muy bien que Dios había dicho: «El mayor servirá al menor», pero trataba de lograr ese fin mediante su propia habilidad y recursos. Dios tuvo que quebrar esa fuerza natural en Jacob, y lo hizo al tocar el tendón de su muslo. Jacob siguió andando, pero ya rengueaba. Era otro Jacob, como el cambio de su nombre lo destaca. Tenía pies y podía caminar, pero su fuerza había quedado afectada y rengueaba a causa de una herida de la cual nunca más se recobró.
Dios tiene que llevarnos por una honda y oscura experiencia –no puedo decir cómo, pero él lo hará– hasta que nuestra fuerza natural quede afectada y fundamentalmente debilitada para que dejemos de confiar en nosotros mismos. Él ha tenido que tratar a algunos de nosotros con mucho rigor, llevándonos por sendas difíciles y dolorosas a fin de reducirnos a esta condición. Llegado a eso ya no tenemos ‘gusto’ en hacer la obra cristiana, a decir verdad, casi tememos hacer cosas en el Nombre del Señor – pero es entonces cuando él puede comenzar a usarnos.
Yo puedo decir que durante un año entero después de mi conversión, me había asaltado la codicia de predicar. Me resultaba imposible callarme. Era como si algo dentro de mí me impulsaba desmedidamente, y yo tenía que seguir predicando. Predicar se había convertido para mí en la vida misma. Sí, puede ocurrir que el Señor en su misericordia nos permita seguir así por un largo tiempo –y aun con cierta medida de bendición– hasta que un día Dios toca la fuerza natural que nos impulsaba y, desde ese día en adelante, predicamos no porque nos gusta a nosotros, sino porque el Señor lo quiere. Antes de esa experiencia, tú y yo predicábamos por la satisfacción que recibíamos al servir al Señor en esa manera; y, sin embargo, ocurría que el Señor a veces no podía conseguir que hiciéramos algo de lo que él deseaba. Vivíamos por la vida natural y esa vida varía bastante, es esclava de nuestro temperamento.
Cuando son las emociones las que nos impulsan en el camino del Señor, vamos a toda carrera; pero cuando las emociones nos dirigen en otra dirección, somos lerdos para movernos, aun cuando se trate del deber. No somos dóciles en las manos del Señor. Él, por lo tanto, tiene que debilitar esa fuerte tendencia a querer esto o aquello, y debilitarnos hasta que estemos dispuestos a hacer las cosas que él quiere y no simplemente por placer nuestro. Puede ser que nos guste o no, pero lo haremos igual. No es que se lo hace porque se obtiene cierta satisfacción en predicar o en hacer la obra para Dios. No, entonces ya lo haremos sencillamente porque es la voluntad de Dios, y no nos importará si sentimos o no el gozo de hacerlo. El genuino gozo que proviene de hacer su voluntad es algo mucho más profundo que las variables emociones.
Dios nos lleva a la posición en que sólo necesitará expresar un deseo para que respondamos al instante. Tal es el espíritu del siervo (Sal. 40:7-8), pero ese espíritu no es de nuestro natural. Sólo viene cuando el alma, el asiento de nuestra energía, voluntad y afectos naturales, conoce la obra de la cruz. Sin embargo, ese espíritu de siervo es lo que él busca, y que obtendrá en todos nosotros. El medio para ello puede ser un penoso y prolongado proceso, o puede ser un solo golpe; pero Dios tiene su manera particular de obrar y nos conviene someternos a ella.
Todo verdadero siervo de Dios tiene que sentir alguna vez ese debilitamiento del cual nunca se puede recuperar; ya jamás puede ser el mismo. Hay que pasar por esa experiencia por la cual uno aprende a tener temor de sí mismo. Temerás hacer algo llevado ‘por ti mismo’, porque, como Jacob, tú sabes qué clase de trato divino tendrás que esperar; sabes qué mal lo pasarás en tu corazón delante del Señor, si te mueves por el impulso de tu alma. Has aprendido algo de lo que es sentir sobre ti la mano disciplinadora del Dios amoroso, que trata con nosotros como con hijos (He. 12:7). El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de dicha relación y también de la herencia y gloria que son nuestras «si es que padecemos juntamente con él» (Ro. 8:16-17); y nuestra respuesta «al Padre de los espíritus» es: ‘Abba, Padre’.
Una vez que esto se afirme en nosotros, habremos llegado a experimentar lo que denominamos «la vida de resurrección». La ley de la muerte puede haber operado una crisis en nuestra vida natural, pero cuando eso ocurra descubriremos que Dios nos deja experimentar la resurrección. Descubriremos que lo que perdimos nos es devuelto, pero ya no era como antes. La ley de la vida está obrando ahora algo que nos capacita y fortalece, algo que nos anima, dándonos vida. De aquí en adelante lo que se perdió será devuelto, pero bajo disciplina, bajo control.
Deseo aclararlo bien. Si queremos ser espirituales, no nos hace falta la amputación de nuestras manos o pies; podemos conservar nuestro cuerpo. En la misma forma, nosotros podemos quedar con nuestra alma, gozando de todas sus facultades; sin embargo, el alma ya no es el móvil de nuestra vida. Ya no vivimos por ella, ya no dependeremos de ella, sino que la utilizamos. Cuando el cuerpo gobierna nuestra vida nos portamos como bestias. Cuando el alma gobierna nuestra vida, vivimos como rebeldes y fugitivos de Dios – dotados, cultos y educados, sin duda, pero alejados de la vida de Dios. Pero cuando llegamos a vivir la vida en el Espíritu y por el Espíritu, aunque utilicemos nuestras facultades, tanto las del alma como las físicas, éstas son ahora siervos del Espíritu; y cuando llegamos a este punto, el Señor puede usarnos eficazmente.
Pero para muchos la dificultad consiste en la noche oscura del alma. Una vez, el Señor en su misericordia me puso de lado por muchos meses y me encontré espiritualmente en una oscuridad absoluta. Fue como si me hubiera abandonado, como si no estuviera realizándose nada, y como si yo hubiera llegado al fin de todo. Luego poco a poco él me lo dio todo de nuevo. Siempre se presenta la tentación de ayudar a Dios por tomar la