Nosotros Somos Sus Testigos, No Sus Abogados
Seres Humanos Llenos del Poder de Dios
Nosotros necesitamos el Poder de Dios y Dios necesita de los seres humanos. Desde el comienzo de la historia, cuando Josué se paró en los límites de la Tierra Prometida, Dios le dijo, “Yo estaré contigo” (Josué 1:5). Con las responsabilidades llegan las habilidades, la sabiduría y el invisible pero poderoso poder de Dios; trabajando en secreto o abiertamente, en las almas de las personas o a través de milagros visibles.
Nosotros sólo podemos hacer aquellas cosas para las que estamos capacitados. Si Dios nos pide que hagamos algo para lo que no estamos preparados, Él nos suple lo que necesitamos. Nosotros hacemos lo que podemos y Dios hace lo que nosotros no podemos. Usualmente, cuando el Señor usa a los seres humanos, contamos con 90 por ciento del Poder de Dios y 10 por ciento del poder humano.
Todo lo que hacemos en este planeta, está limitado por el poder que tenemos a nuestra disposición. En siglos anteriores, el poder era sólo la fuerza que los hombres tenían en sus brazos. Por ejemplo, los hombres construyeron las pirámides, excavaron el canal de Suez y el de Panamá, y abrieron caminos a través y por encima de las montañas utilizando la fuerza muscular. Las siete maravillas del mundo antiguo fueron un ejemplo de esa fuerza muscular. Sin embargo, hoy en día, tenemos miles de maravillas modernas que han sido construidas utilizando nuevas fuentes de poder; no la fuerza muscular. Nada es imposible cuando tenemos el poder necesario a nuestra disposición.
En Hechos 1:8, Jesús dijo: “…pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra”. Con frecuencia, el cuerpo de Cristo, ha depositado su confianza en los eruditos, los estudiosos, los genios, la lógica y la filosofía. Sin embargo, en 1 Corintios 1:27, Pablo dijo: “lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte”. Si tratamos de evangelizar al mundo con métodos intelectuales, nunca lo vamos a lograr. Esto es algo que se ha intentado a través de los siglos; sin embargo, el verdadero crecimiento de la iglesia se ha obtenido por medio del mensaje sencillo del Evangelio.
Nosotros somos sus Testigos, no sus Abogados
A través de los años, se ha dicho que los predicadores deben defender a Jesucristo, y que ellos son como “abogados en una corte”. Esa estrategia parece correcta, convincente y razonable. Sin embargo, ¿será eso correcto? No, absolutamente no. Ese punto de vista es el resultado de tratar de predicar el Evangelio utilizando nuestra sabiduría humana. Los ministros del Evangelio no son abogados. Ellos no les hablan a las congregaciones como si estuviesen hablándole a un jurado; abogando para obtener un veredicto a favor de Jesús.
Jesús no necesita que lo defiendan. Él no es un prisionero que está sentado en el banco de los acusados. Su reputación no depende de un jurado. El tiempo ya pasó cuando Jesús fue llevado ante el tribunal de Roma para ser juzgado por Pilato. Hoy día, Pilato se encuentra ante el tribunal de la historia y Jesús es su juez. ¡NOSOTROS NO SOMOS SUS ABOGADOS, SINO SUS TESTIGOS!
Usualmente, un testigo sólo habla y describe lo que ha visto. Sin embargo, en algunas ocasiones, un testigo se convierte en parte de la evidencia. Por ejemplo, un hombre que ha sido brutalmente herido y atacado puede aparecer en la corte para demostrar los golpes y las heridas que ha sufrido. Sus heridas “hablan” por sí solas. En este caso, el hombre mismo es parte de la evidencia presentada. Los creyentes no somos ni licenciados, ni abogados, ni defensores en una corte abogando en defensa de Jesús. Nosotros somos sus testigos. Los testigos no discuten, no abogan, y no dan discursos. Ellos sólo hablan con la verdad, y dicen lo que saben.
El Evangelio es Amor
En Hechos 2:32, Pedro dijo que los 119 que se quedaron junto a él eran todos “testigos” de la resurrección. De hecho, aunque ninguno de ellos había visto la resurrección de Cristo, esa resurrección los había transformado. Aunque ellos eran los mismos, ahora estaban llenos del poder de la resurrección; eran valientes, estaban seguros de sí mismos y tenían el fuego de Dios. Estos testigos eran parte de la evidencia de que Jesús estaba vivo. Si Jesús estaba muerto, las personas no hubiesen podido ver en ellos lo que estaban viendo. Ellos hubiesen sido como eran antes, personas temerosas; listas para salir corriendo y encerrarse en una habitación cuando los asechaba el miedo. Sin embargo, ahora ya no tenían miedo, y las multitudes ante las que habían temblado, eran las que ahora tenían miedo.
El Evangelio es amor, y el amor no se puede demostrar con la mente, sino por medio del amor. Si usted se enamora de una linda joven y le pide que se case con usted, ¿llamaría usted a un abogado para que lo ayude a convencerla? ¡Imagínese eso! ¿Convencería eso a alguna mujer? El matrimonio, o es amor o no es nada. EL EVANGELIO ES PODER Y VIDA O NO ES EL EVANGELIO. Predicar el Evangelio no es decir un sermón de tres puntos importantes. Un predicador es un hombre, ardiendo en el pulpito con el poder de Dios. Un predicador es una luz que brilla. Un sermón puede ser una presentación cuidadosamente preparada. Sin embargo, así como un misil está lleno de explosivos, el sermón debe estar lleno del poder de Dios ya que de lo contrario, no alcanzará las mentes de los incrédulos.
Las personas que no creen en Dios tienen muchos prejuicios, pero el poder explosivo en las predicaciones llenas del Espíritu Santo puede destruir todos esos prejuicios. El Evangelio llega a las personas de forma inesperada, algo así como un ataque sorpresa. Los incrédulos están preparados para argumentar la Palabra; sin embargo, el Evangelio no es para contiendas. Ellos también están preparados para luchar con las emociones, pero el Evangelio no es una predicación sentimental. Cuando el Evangelio llega a los seres humanos, las aguas de la eternidad comienzan a fluir en sus almas. En el Día de Pentecostés, el Espíritu Santo se derramó sobre los discípulos y los transformó totalmente. Aquel día los discípulos fueron llenos del poder de Dios y ése es el secreto aún hoy.
Estudio Bíblico (julio 2006)
Escrito por: Reinhard Bonnke
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Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.Salmos 126:6
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