| Poesías y reflexiones cristianas Comparte tus poesias, pensamientos o canciones a Dios. |

02/04/06, 23:50:55
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Gran Miembro Yeshua
::: Tan viejo como Matusalen hijo de Enoc (Gen 5:21) ::: (+ de 1200 posts)
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Engendrar y cuidar
Practicando los libros de 1 y 2 de Tesalonicenses
Semana 23 --- Parousía
Lunes --- Leer con oración: 2 Ts 2:1-4; 1 Ts 2:19; 3:12-13; Ro 8:6-11
“Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread” (Gn 1:28a)
ENGENDRAR Y CUIDAR
El tema de esta semana es: “Parousía” (2 Ts 2:1-4), término griego que quiere decir presencia, venida. En 2 Tesalonicenses 2:5 leemos: “¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto?”. Pablo ya les había hablado acerca de la venida del Señor; pero, ahora, cuando deberían aplicar lo que habían oído, él les recordó y los alertó nuevamente. Aquí vemos una dirección maravillosa para la iglesia en Tesalónica, una estructura de tres puntos: fe, amor y esperanza. Fe es recibir, aceptar lo que el Señor Jesús hizo por nosotros, para que se haga real, para que sea nuestra realidad. El amor es la base, el fundamento de la vida de la iglesia. El tercer punto es la esperanza de Su venida, cuando estemos delante del tribunal en los aires, libres de toda restricción terrenal, estaremos siempre con el Señor. Los cinco capítulos de 1 Tesalonicenses nos hablan acerca de la venida del Señor (cfr. 1:10; 2:19; 3:13; 4:16-17; 5:23). Así que, los santos en Tesalónica fueron introducidos en una visión y tenían una meta.
Debemos estar concientes de nuestra meta: la venida del Señor. Todo lo que hacemos y vivimos aquí es para esperar la venida de Cristo. Predicamos el evangelio porque es la comisión que el Señor nos dio: fructificar y multiplicar, llenar la tierra y sojuzgarla (Gn 1:28). Aquí tenemos cuatro puntos; el primero es ser fructíferos, es decir, engendrar y cuidar. Al predicar el evangelio, no sólo debemos conducir a las personas a la regeneración, sino más bien, después de engendrarlas, debemos cuidar de ellas para que crezcan. En el pasado, ya sea en el cristianismo o incluso entre nosotros, tuvimos reuniones de evangelización y muchos fueron engendrados; el problema es que no hemos cuidado de ellos. Dios quiere que engendremos y cuidemos. No somos un movimiento cristiano evangelístico; sino, que tenemos el encargo y la gran comisión de parte del Señor, que es engendrar y cuidar, para que las personas que cuidamos, cuando el Señor vuelva, puedan estar firmes delante de Él (1 Ts 2:19; 3:12-13). No sólo Pablo quería recibir la recompensa del Señor; también quería que todas las personas a las que predicó estén allí juntamente con él.
Esto nos ilumina y nos trae revelación, es un ejemplo para nosotros y es una meta que el Señor nos dio: llevar a las personas a la salvación, criar y cuidar de ellas con ternura, para que puedan estar en pie en Su presencia. Esto ocurrirá después de que ellos hayan negado totalmente la vida del alma y tengan todo su ser saturado de Espíritu y vida (cfr. Ro 8:6- 11). De esta manera, cuando el Señor vuelva, permaneceremos en pie en Su presencia. Para eso, hoy aún tenemos la oportunidad de ir delante de Él, es decir, aún tenemos la oportunidad de perder la vida del alma.
Tal vez no tengamos tanto temor de nuestra alma como deberíamos tener. En el pasado, siempre consideramos que el pecado era lo más terrible, porque estábamos muertos en delitos y pecados, pero no veíamos cuán terrible es el alma natural. Muchas veces admiramos las partes buenas del alma, e incluso queremos perfeccionarlas. Eso es lo que hacen los filósofos y religiosos con preceptos, tradiciones, costumbres y la cultura con sus aspectos morales. Nosotros apreciamos estas cosas y muchas veces las tomamos como meta, pero no percibimos que nos desvían y nos apartan del Espíritu.
Debemos darnos cuenta de las cosas que nos llevan a la mente, al alma, y no nos traen ningún provecho, para que podamos rechazarlas. Estas cosas sólo nos desvían de la economía de Dios.
Punto Clave:
Fe, amor y esperanza
Pregunta:
¿Cuál fue la dirección que Pablo dio a la iglesia de los tesalonicenses?
Dong Yu Lan
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"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
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La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
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Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
Ian Thomas
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02/04/06, 23:51:35
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Gran Miembro Yeshua
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Alimento matutino (lunes)
SEMANA 5 — DÍA 1
Alimento matutino
Ef.4:3-6 Diligentes en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un Cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.
Necesitamos … recibir la visión intrínseca del Cuerpo de Cristo revelada en Efesios 4. Este capítulo dice que debemos ser diligentes en guardar la unidad del Espíritu (v. 3). Luego continúa diciendo: “Un Cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo; un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (vs. 4-6) … Con el entendimiento natural, nadie podría comprender esto. En estos versículos se nos presentan cuatro personas: un Cuerpo, un Espíritu, un Señor, y un Dios y Padre. Estas cuatro personas han sido agrupadas, de tal manera que la primera de ellas es humana y las otras tres son divinas. El Cuerpo es humano, el Espíritu es divino, el Señor es divino y Dios el Padre es divino.
Quizás hayamos leído Efesios 4 muchas veces sin haber visto este grupo de cuatro personas. Ver esto es una gran luz; es una visión, un video. Aquí vemos cuatro personas, y todas ellas son muy activas. El Cuerpo, el Espíritu, el Señor y Dios el Padre están mezclándose activamente. (La visión intrínseca del Cuerpo de Cristo, págs. 64-65)
Lectura para hoy
[En] Efesios 4 … el Espíritu, el Señor y el Padre están haciendo una sola obra. Ellos laboran a fin de mezclarse con el Cuerpo. Efesios 4 presenta el verdadero escenario del Cuerpo de Cristo. Este grupo de cuatro personas —el Cuerpo, el Espíritu, el Señor y Dios el Padre— forman una sola unidad, y esta unidad, esta entidad, es el Cuerpo de Cristo, la iglesia. El Padre está corporificado en el Hijo, el Hijo es hecho real para nosotros como el Espíritu, y el Espíritu se ha mezclado con los creyentes. Dicha mezcla constituye el Cuerpo de Cristo … Si vemos esto, desaparecerán todos los problemas entre los santos y entre las iglesias.
La razón por la cual entre nosotros todavía existe competencia y ambición por una posición y un nombre…es que no hemos recibido la visión celestial. Nos hace falta ver el video espiritual, celestial y divino. Si vemos dicho video, todos los problemas se resolverán. La mezcla continua del Cuerpo junto con el Espíritu, el Señor y Dios el Padre, revelada en Efesios 4:4-6, es invisible. No podemos ver dicha escena con nuestros ojos ni percibirla con nuestros sentidos físicos.
El Cuerpo de Cristo, la iglesia, es humano, pero no en un sentido natural; la iglesia es celestialmente humana. La humanidad natural ha sido crucificada, resucitada, elevada y mezclada con los tres de la Trinidad Divina. Estamos mezclados con el Espíritu, lo cual hace que tengamos una esperanza; estamos mezclados con el Hijo, lo cual hace que tengamos la fe que nos une a Él y el bautismo que nos separa de Adán; y también estamos mezclados con el Padre, quien está sobre todos, por todos y en todos. El Cuerpo de Cristo es una mezcla de lo humano y lo divino.
Dios el Padre, quien está sobre todos, por todos y en todos, es el origen, la fuente, de la visión completa del Cuerpo de Cristo. Él es el origen del Cuerpo. Dios el Hijo, quien es el Señor y la corporificación del Padre, es el elemento. El Hijo se está mezclando con nosotros mediante la fe y el bautismo. Dios el Espíritu, quien hace que Dios el Hijo sea real para nosotros, es la esencia. El Espíritu se está mezclando con nosotros a fin de que un día todos seamos completamente transformados, conformados a la imagen del Hijo y glorificados en Él. Ésta es la Trinidad Divina que obra para mezclarse de forma completa con Su pueblo escogido, el Cuerpo.
[Actualmente] tenemos reuniones del ministerio y de la iglesia con el propósito de estar reunidos en Cristo para mezclarnos totalmente con Él. No asistimos a las reuniones meramente de forma externa. Detrás de estas reuniones hay un aspecto invisible, el cual es la mezcla…La mezcla divina resuelve todos nuestros problemas.
(Lavisión intrínseca delCuerpo deCristo,págs. 65-66,67)
Lectura adicional: La visión intrínseca del Cuerpo de Cristo, cap. 4;
Vital Factors for the Recovery of the Church Life, cap. 6
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03/04/06, 01:04:16
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Yo no soy de este mundo
::: Tan viejo como Matusalen hijo de Enoc (Gen 5:21) ::: (+ de 1200 posts)
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Fecha de Ingreso: dic 2004
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Amado,
Muy buenos estos ultimos dos posteos, en ellos se encuentra luz.
Bendicion!
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03/04/06, 23:51:22
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Gran Miembro Yeshua
::: Tan viejo como Matusalen hijo de Enoc (Gen 5:21) ::: (+ de 1200 posts)
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Fecha de Ingreso: ene 2005
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Vivificados al tocar en el espiritu
Practicando los libros de 1 y 2 de Tesalonicenses
Semana 23 --- Parousía
Martes --- Leer con oración: 2 Co 10:4; Ro 8:6-11
“Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Ro 8:6)
VIVIFICADOS AL TOCAR EN EL ESPÍRITU
En Génesis 2, hay dos árboles: el árbol de la vida y el árbol de la ciencia o del conocimiento del bien y del mal. El conocimiento del bien y del mal se refiere a las cosas del alma; ese árbol nos trae el conocimiento del bien y el conocimiento del mal. Normalmente no queremos las cosas malas, pero sí las cosas buenas, por eso queremos el buen conocimiento. La filosofía, la religión, la tradición y la cultura son cosas buenas, pero pertenecen al árbol del conocimiento, que es algo negativo. El Señor no dijo a Adán: “Cuando comas del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, caerás en el pecado”. Cuando se habla del pecado, siempre pensamos en pecados groseros. Naturalmente la desobediencia de Adán y Eva fue pecado, pero en nuestra cultura el concepto de pecado es algo grosero, cosas de la carne, pasiones carnales, adulterio, asesinato, mentira: a esas cosas llamamos pecado. Al comer del fruto del árbol del conocimiento, la naturaleza satánica entró en nosotros, en nuestra carne, y hoy quiere ganar nuestra alma. El espíritu humano es un vaso que sirve para contener a Dios. Pero, por medio de la caída, por el hecho de que el hombre comió del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, el alma humana ahora es como si fuese un vaso para Satanás.
En 2 Corintios 10:4, Pablo habla de armas que no son carnales, sino poderosas en Dios, para destruir fortalezas, anulando argumentos. Esas fortalezas están en nuestra alma, siempre razonando, creando disculpas para sí mismo, pues al comer del fruto del árbol del conocimiento, el hombre dio a Satanás la oportunidad, no para que éste le haga cometer pecados groseros inmediatamente, sino para actuar en su mente. Cuando el hombre se detiene en sus pensamientos, Satanás viene a colocar dudas: “¿Será que Dios dijo eso?”, y el hombre, al dudar de la palabra de Dios, no logra recibirla adecuadamente.
Cuando el Señor dijo que si el hombre comía, moriría; Él no se refirió a la muerte física inmediata. Al comer del fruto del árbol del conocimiento, el hombre pasó a desarrollar su alma y recibió la muerte. Hoy, cuando tocamos al Espíritu, tocamos la vida y tenemos gozo, pero, al tocar las cosas de la mente natural caída, por más buenas que sean, moriremos. Por ejemplo, un hermano tal vez tenga mucho conocimiento y sepa muchas verdades, pero vive en la mente. Un día usted lo contacta, y siente que contactó la muerte. Por tanto, no es un asunto de hablar lo que es correcto o equivocado, pero sí, de experimentar la vida o la muerte. Debemos evitar el contacto con personas así, pues al tocarlas, aun antes de recibir sus palabras, tocaremos la muerte. Esta fue la experiencia de Eva, ella aún antes de comer del fruto, aceptó las dudas que la serpiente colocó en su mente. ¡Que el Señor tenga misericordia de nosotros! No interesa cuanta elocuencia tengan las personas, lo que debemos ver es si viven o no en el espíritu.
El objetivo de Dios es que comamos del árbol de la vida, que aparece tanto al inicio como al final de las Escrituras, y que crece junto al río de agua de vida, que prefigura al Espíritu. Al tocar al Espíritu, somos vivificados. Romanos 8:6-11 nos muestra que nuestro espíritu, alma (que es liderada por la mente), y cuerpo mortal, al tocar al Espíritu, ganan vida. Por tanto, si vivimos en el Espíritu, dispensamos vida cuando contactamos a las personas. ¡Que todos podamos siempre dispensar vida los unos a los otros!
Punto Clave:
Todo nuestro ser en el Espíritu
Pregunta:
¿Cuándo nos viene a tentar Satanás?
Dong Yu Lan
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La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins
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03/04/06, 23:52:30
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Gran Miembro Yeshua
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Fecha de Ingreso: ene 2005
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Alimento matutino (martes)
SEMANA 5 — DÍA 2
Alimento matutino
Ef. 4:4-6 Un Cuerpo, y un Espíritu … un Señor … un Dios y Padre de todos…
11-13 Y Él mismo dio a unos como apóstoles, a otros como profetas, a otros como evangelistas, a otros como pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a un hombre de plena madurez, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
Efesios 4:4-6 revela este grupo de cuatro personas —un Cuerpo, un Espíritu, un Señor y un Dios y Padre— que se mezclan como una sola entidad para conformar el Cuerpo orgánico de Cristo. Dicha mezcla divina es la realidad de la vida de iglesia. Otro pasaje de Efesios 4 dice que los miembros necesitan ser perfeccionados por las personas dotadas con el fin de que hagan la obra del ministerio neotestamentario para la edificación del Cuerpo de Cristo (vs. 11-16). Cuando nos mezclamos con el Dios Triuno, nos sentimos muy contentos con el Señor. Le amamos y deseamos laborar para Él. Anhelamos ser útiles y ayudar en la vida de iglesia. Pero, ¿cómo podemos serlo? Siendo perfeccionados. El Señor como Cabeza nos perfecciona, no directamente sino indirectamente por medio de Sus dones: los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros. Gracias al Señor porque en la iglesia tenemos estas personas dotadas. Ellas son las que pueden perfeccionarnos. (La visión intrínseca del Cuerpo de Cristo, pág. 67)
Lectura para hoy
Conforme a nuestra experiencia, el perfeccionamiento se lleva a cabo principalmente en las reuniones de grupo. Cada iglesia necesita tener reuniones de grupo…La práctica de tener reuniones de grupo concuerda con Hebreos 10:24-25, que dice: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. Estos versículos muestran que no debemos dejar de congregarnos. En las reuniones de grupo nos juntamos para estimularnos al amor y exhortarnos unos a otros. Usted me aviva a mí, y yo lo avivo a usted; usted me corrige a mí, y yo lo corrijo a usted. Esto es lo que significa ser perfeccionados.
Todos los santos son perfeccionados para hacer la misma obra que hacen los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros. Por medio de este perfeccionamiento, la iglesia se desarrollará y crecerá hasta llegar a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, el Cuerpo de Cristo (Ef. 4:13). Con el tiempo, todos seremos plenamente maduros. Ya no seremos niños sacudidos por las olas y zarandeados por todo viento de enseñanza (v. 14).Nos asiremos a la verdad en amor para crecer en todo en Aquel que es la Cabeza, Cristo (v. 15), de quien todo el Cuerpo crecerá por la función de los miembros, es decir, por las coyunturas del suministro y por la función de cada miembro en su medida, para edificar el Cuerpo (v. 16). De esta manera el Cuerpo será edificado, no por medio de grandes predicadores, sino por cada miembro del Cuerpo. Esto significa que el Cuerpo causa el crecimiento del propio Cuerpo, para la edificación de sí mismo en amor.
En Efesios 4:4-6 vemos la mezcla de cuatro personas que conforman un grupo. Luego, en la siguiente sección de Efesios 4 vemos la edificación de un grupo más grande, el cual incluye a todos los miembros del Cuerpo de Cristo. La mezcla es el inicio, y la edificación es la consumación. Hoy estamos disfrutando de la mezcla, y nos encontramos en el proceso de ser plenamente edificados; finalmente, alcanzaremos la consumación de la edificación completa del Cuerpo de Cristo. Ahora en el universo existe un edificio que es la consumación máxima de la mezcla divina del Dios Triuno con la humanidad elevada en los cielos. Este edificio es la consumación de la vida de iglesia. El Cuerpo de Cristo edificado es la meta que todos tenemos que alcanzar, el destino al cual tenemos que llegar. Debemos avanzar sin detenernos hasta llegar a dicho destino…Ésta es la visión intrínseca del Cuerpo de Cristo revelada en Efesios 4. (La visión intrínseca del Cuerpo de
Cristo, págs. 67-68, 69-70)
Lectura adicional: La visión intrínseca del Cuerpo de Cristo, cap. 4
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04/04/06, 19:05:24
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Gran Miembro Yeshua
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Disfrutar la presencia del Señor hoy
Practicando los libros de 1 y 2 de Tesalonicenses
Semana 23 --- Parousía
Miércoles --- Leer con oración: Mt 24:21; Ap 14:14; 1 Ts 4:15-17; 2 Co 5:10
“Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono” (Ap 12:5)
DISFRUTAR LA PRESENCIA DEL SEÑOR HOY
Segunda Tesalonicenses 2:1 nos habla de la venida, es decir, de la parousía de nuestro Señor Jesucristo. En los versículos 2 a 4, Pablo nos exhorta: “que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios”. Ese es el anticristo. Siempre que el Señor está a punto de hacer algo, Satanás llega antes para causar daño.
Hasta que el Señor vuelva, necesitamos vivir en el Espíritu. No seamos distraídos con tantas palabras que no traen vida, especialmente de personas que viven en el alma. Normalmente, cuando las personas son pecadoras, no creemos en ellas, pero si nos hablan palabras bonitas tenemos la tendencia de oírlas. Debemos prestar atención si lo que nos dicen nos conduce al Espíritu o no. Podemos hasta cantar buenos himnos, pero, si éstos no nos conducen al Espíritu, de nada sirve. Al cantar un himno, debemos discernir si éste toca el espíritu o la emoción, pues podemos incluso pensar que cantamos para el Señor, y debemos discernirlo bien. Hay himnos muy bonitos, que nos hablan de la muerte del Señor, del derramamiento de la sangre, del amor, y muchos otros temas, pero cuando cantamos no tocamos en el Espíritu. Necesitamos tocar en el Espíritu de tal manera que, cuanto más cantamos, más gozo y fuerza tenemos.
El mensaje de esta semana es sobre la parousía, término griego que significa presencia. La venida del Señor es Su parousía, Su presencia con nosotros, en los aires. Ya dijimos que, en 1 Tesalonicenses, cada capítulo nos habla de la venida del Señor. La venida de Cristo será Su presencia con Sus santos que queden en la gran tribulación, que comenzará con el arrebatamiento de los vencedores y terminará con la aparición pública de Cristo con los santos. Durante el período de Su parousía, será la gran tribulación (Mt 24:21; Ap 9:1-21; 11:14; 16:1-21), comenzarán las calamidades sobrenaturales (Ap 6:12-17; 8:7-12); será la venida de Cristo en los aires (Ap 14:14); y finalmente, el arrebatamiento de la mayoría de los creyentes a los aires (1 Ts 4:15-17); el tribunal de Cristo (2 Co 5:10); y después de eso vendrá el reino milenial con las bodas del Cordero (Ap 19:7-9). Por cuanto el Señor nos ama, estará en los aires preparando nuestro encuentro con Él; esto es Su parousía.
La presencia del Señor es algo muy dulce. Dios ama el estar junto con nosotros, y quiere nuestra presencia. Dios creó al hombre para que éste pudiese vivir en Su presencia y la disfrutara y también para que Él pudiese disfrutar de la presencia del hombre. Por eso, cuando Adán fue creado, Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2:18) y le edificó una ayuda idónea, una compañera, alguien para estar siempre junto a él. Dios colocó en el hombre la necesidad de tener contacto con otra persona, así como Dios mismo necesita de nuestra presencia. Cuando Él sopló en el hombre el aliento de vida, se formó el espíritu humano, Su deseo era que ese espíritu recibiese Su Espíritu y de esta manera, Dios y el hombre pudieran vivir en la presencia uno del otro. ¡Que busquemos siempre vivir en la presencia del Señor y disfrutarla en esta era, para que la disfrutemos más intensamente en la próxima era y en la eternidad!
Punto Clave: Disfrutar hoy y en la eternidad de la presencia del Señor
Pregunta: ¿Qué relación hay entre “No es bueno que el hombre esté solo” y la parousía del Señor?
Dong Yu Lan
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04/04/06, 19:06:15
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Alimento matutino (miercoles)
SEMANA 5 — DÍA 3
Alimento matutino
Jn. 17:21-23 Para que todos sean uno; como Tú, Padre, estás en Mí, y Yo en Ti, que también ellos estén en Nosotros … para que sean uno, así como Nosotros somos uno. Yo en ellos, y Tú enMí, para que sean perfeccionados en unidad…
En Juan 14—16,el Señor Jesús reveló que Su Cuerpo está constituido de la esencia misma del Dios Triuno. Luego en Juan 17 Él oró para que los creyentes fuesen perfeccionados en unidad (v.23) y así la iglesia revelada en los capítulos del 14 al 16 pudiera hacerse realidad. En el capítulo 14 la iglesia está representada por la casa del Padre. En el versículo 2 el Señor Jesús dijo: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay”. La casa del Padre en este versículo no es la supuesta mansión celestial. La casa del Padre es la iglesia actual (1 Ti. 3:15). En la casa del Padre hay muchas moradas, muchos miembros. Las muchas moradas son los muchos miembros del Cuerpo de Cristo. Cada miembro es una morada. La casa del Padre está constituida por la esencia del Dios Triuno. En el capítulo 15 se menciona la vid con todos sus pámpanos. Esta vid es el organismo del Dios Triuno. La vid y los pámpanos son un organismo cuyo propósito es glorificar al Padre al expresar las riquezas de la vida divina. En el capítulo 16 vemos al niño recién nacido. Éste es un niño corporativo compuesto del Hijo de Dios en Su humanidad, quien es la Cabeza, y de todos los que han sido escogidos y redimidos, los cuales conforman el Cuerpo. Según Hechos 13:33 y 1 Pedro 1:3, este niño nació en la resurrección de Cristo. Cristo como la corporificación del Dios Triuno en Su humanidad, nació en resurrección. Aquel nacimiento incluyó a todos aquellos que Dios había escogido y que Cristo había redimido. Después de que el Señor revelara la casa del Padre, la vid con los pámpanos y el niño recién nacido, Él oró para que todos nosotros fuéramos uno. Para que pueda existir la casa del Padre, la vid con todos sus pámpanos y el niño recién nacido, se necesita la unidad. (La edificación del Cuerpo de Cristo, págs. 58-59)
Lectura para hoy
En Juan 17:21-23, el Señor Jesús oró, diciendo: “Para que todos sean uno; como Tú, Padre, estás en Mí, y Yo en Ti, que también ellos estén en Nosotros…para que sean uno, así como Nosotros somos uno. Yo en ellos, y Tú en Mí, para que sean perfeccionados en unidad”. La unidad tiene que ser perfeccionada en el Dios Triuno. Es necesario que seamos perfeccionados en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu para poder ser uno…No es fácil tener unanimidad. Para ser unánimes necesitamos ser forjados en la esencia misma del Dios Triuno. Ni en la tierra ni en los cielos ni en ninguna parte del universo hay unanimidad, es decir, no hay unidad. Esto se debe a que en la creación de Dios hubo una rebelión. Primero hubo una rebelión de los ángeles encabezados por Lucifer, y esta rebelión fue contagiosa. La rebelión de los ángeles se infundió en la humanidad, de modo que todo el universo llegó a ser un universo donde no hay ninguna armonía. Por ello, aunque los pueblos de la tierra intenten unirse, el desacuerdo seguirá prevaleciendo. La historia nos dice que los líderes del mundo procuraron en vano formar la Sociedad de Naciones. Fue después que se estableció la Organización de las Naciones Unidas. Sin embargo, sigue siendo un hecho que las naciones del mundo no están unidas, sino, más bien, divididas. La guerra y el desacuerdo prevalecen en la tierra. Nuestra sangre natural es una sangre que nunca puede unirse con otros. Mientras seamos personas naturales, mientras estemos en el viejo hombre, mientras estemos centrados en nosotros mismos, mientras estemos en nuestra sangre, no habrá unanimidad. La unanimidad está en Jesús, quien es la corporificación misma del Dios Triuno. La oración del Señor en Juan 17 revela que sólo hay unidad en el Dios Triuno. Es imposible que seamos uno en nosotros mismos. Nuestro hombre natural no tiene la capacidad de guardar la unidad. Ni siquiera en nuestra vida familiar puede haber unidad, mientras estemos en nuestro hombre natural. La unidad está en el Dios Triuno. Solamente el Dios Triuno es uno. Él
es Tres, y al mismo tiempo, es Uno. La unidad se encuentra en Él.
(La edificación del Cuerpo de Cristo, págs. 59-60)
Lectura adicional: La edificación del Cuerpo de Cristo, cap. 4;
El secreto de la salvación orgánica queDios efectúa: “El Espíritu mismo con nuestro espíritu”, cap. 4
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05/04/06, 16:40:33
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El Señor está para siempre con nosotros
Practicando los libros de 1 y 2 de Tesalonicenses
Semana 23 --- Parousía
Jueves --- Leer con oración: Gn 2:24; Ef 5:31-32; Gn 3:24; Hch 7:2-4
“He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” (Mt 1:23)
EL SEÑOR ESTÁ PARA SIEMPRE CON NOSOTROS
Dios creó una ayuda idónea para Adán, no sólo para ayudarle, sino para estar siempre con él. Por eso dijo que el hombre deje a padre y madre y se una a su mujer, y los dos sean una sola carne (Gn 2:24). Antes eran dos; ahora son uno, unidos para siempre. Pablo repitió esas palabras y las aplicó a Cristo y a la iglesia (Ef 5:31-32). Esto es lo que practicamos: invocamos el nombre del Señor y guardamos Su palabra, porque necesitamos de Cristo y queremos Su presencia. Finalmente, llegaremos a la Nueva Jerusalén, la entidad universal corporativa en la que estaremos para siempre con el Señor (cfr. Ap 21:3).
Dios quiere la presencia del hombre, pero el hombre pecó, y por ello, ya no puede estar más con él. Adán desobedeció y fue expulsado del huerto de Edén (Gn 3:24); Caín pecó inclusive matando a su propio hermano, y el Señor lo apartó de Su presencia (4:14). Muchos pasajes de la Biblia nos muestran cómo necesitamos de la presencia de Dios y cómo Dios necesita de nuestra presencia. El pecado de Caín, inicialmente, no fue matar a su hermano; sino, fue creerse capaz de agradar a Dios con su propio esfuerzo. Primero no fue acepto y después su ofrenda no fue acepta (v. 5). Esto generó la envidia en su corazón, la cual se desarrolló en odio, y, finalmente, mató a su hermano. A diferencia de la descendencia de Caín, los descendientes de Adán, Set y Enos, vieron que tenían en sí la influencia del árbol de la ciencia y necesitaban de la presencia del Señor para vivir, y desde entonces comenzaron a invocar Su nombre (v. 26). Pero, en Génesis 6, vemos la corrupción del género humano, todas las formas de pecados y maldad se multiplicaron, a tal punto que el Señor dijo: “Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne” (6:3), y el Señor decidió tener un nuevo comienzo con Noé y sus descendientes. Sin embargo, el hombre se corrompió y se apartó de la presencia de Dios; vemos esto claramente en la construcción de la torre de Babel (Gn 11). Entonces, Dios llamó a Abraham para dar comienzo a una nueva raza, la raza llamada (Hch 7:2-4). Adonde quiera que Abraham iba, erigía un altar e invocaba el nombre del Señor (Gn 12:7-8; 13:4, 18). Con Abraham, Dios podía tener en la tierra un hombre que vivía en Su presencia (cfr. Stg 2:23).
En toda la Biblia podemos ver que Dios quiere que vivamos en Su presencia. Podemos decir que algunos de la descendencia de Adán vivían en la presencia de Dios. Enoc anduvo con Dios trescientos años. Andar con Dios es vivir en Su presencia. Noé también andaba con Dios. Entonces, quien invocaba el nombre del Señor en su vivir diario, andaba con Dios. Podemos ver que en todas las eras Dios siempre tuvo hombres que anduvieron con Él. Dios hablaba frecuentemente con Abraham, porque él vivía en Su presencia. ¡Alabado sea el Señor! Él hizo todo esto porque ama al hombre y quiere su presencia, ¡Él quiere estar para siempre con nosotros!
En el Nuevo Testamento, Dios, que es el Verbo, la Palabra, se hizo un hombre en carne, Jesús, y fijó tabernáculo entre nosotros (Jn 1:1, 14). Él vivió en la tierra entre los hombres, y los hombres tenían la presencia de Dios, pues Él era Emanuel: Dios con nosotros (Mt 1:23); no obstante, por estar limitado por la carne, Él no podía estar para siempre con los hombres. Por medio de la muerte y resurrección, el Señor se hizo el Espíritu vivificante (1 Co 15:45). Ese es el Espíritu de realidad que el Señor prometió que estaría para siempre con nosotros y en nosotros (Jn 14:17; 15:26; 16:13) ¡Alabado sea el Señor!
Punto Clave: Invocar al Señor para mantenerse en Su presencia
Pregunta: ¿Cuál fue el error de Caín?
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Alimento matutino (jueves)
SEMANA 5 — DÍA 4
Alimento matutino
Jn. 14:17 El Espíritu de realidad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque permanece con vosotros, y estará en vosotros.
20 En aquel día vosotros conoceréis que Yo estoy en Mi Padre, y vosotros en Mí, y Yo en vosotros.
Ef. 4:11-13 Y Él mismo dio a unos como apóstoles, a otros como profetas, a otros como evangelistas, a otros como pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos… hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a un hombre de plena madurez, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
La pequeña preposición en es, de hecho, una palabra muy crucial en Juan 14—17.En Juan 14 el Señor Jesús dijo que Él estaba en el Padre, y que el Padre estaba en Él (v. 10).En el versículo 3 de este capitulo, dijo: “Vendré otra vez, y os tomaré a Mí mismo, para que donde Yo estoy, vosotros también estéis”.El Señor estaba en el Padre, y quería que Sus discípulos también estuvieran en el Padre, como se revela en Juan 17:21.Mediante Su muerte y resurrección, Él introdujo a Sus discípulos en Sí mismo. Ya que Él está en el Padre, ellos también están en el Padre al estar en Él. Así que, donde Él está, también están los discípulos. En Juan 14 el Señor también reveló que en la resurrección, el Espíritu de realidad estaría en nosotros (v. 17).En el versículo 20 Él dijo que en el día de la resurrección los discípulos conocerían que “Yo estoy en Mi Padre, y vosotros en Mí, y Yo en vosotros”.Nuestra salvación está
en el Dios Triuno. Fuera del Dios Triuno, no hay salvación. La redención, la santidad y todas las cosas positivas están en el Dios Triuno. Por tanto, necesitamos ser perfeccionados en unidad en el Dios Triuno.
Lectura para hoy
Según lo que Pablo escribió en Efesios 4, tenemos que llegar a la unidad. La Cabeza del Cuerpo da los dones—los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros— para perfeccionar a los santos, para equiparlos, y para proporcionarles, proveerles y suministrarles todo lo que ellos necesitan, a fin de que hagan lo mismo que hacen las personas dotadas. Cuando se da esta clase de perfeccionamiento, la iglesia está en el proceso que conduce a la unidad. Mientras los santos no estén siendo perfeccionados por las personas dotadas, no estaremos avanzando hacia la unidad. El perfeccionamiento que realizan las personas dotadas tiene que continuar sin interrupciones hasta que todos lleguemos a la unidad.
¿Cómo podemos ser uno? Todos necesitamos ser perfeccionados. En Juan 17 el Señor Jesús oró al Padre para que fuéramos perfeccionados en unidad en el Dios Triuno, es decir, para que fuéramos uno así como el Dios Triuno es uno. Pablo nos dijo que la Cabeza dio dones para que éstos perfeccionaran a los santos hasta que todos llegáramos a la unidad. El Señor Jesús y el apóstol Pablo dijeron lo mismo. Los santos en el recobro del Señor no estamos en el proceso de llegar a la unidad porque nos encontramos en una situación y condición en la que necesitemos ser perfeccionados. Necesitamos ser perfeccionados para poder estar en el proceso que nos lleva a la unidad. Para que pueda existir la casa del Padre descrita en Juan 14, la vid con los pámpanos mencionada en Juan 15, y el niño recién nacido mencionado en Juan 16, es necesario que haya unidad. El Señor oró por la unidad en Juan 17, y en Efesios 4 el apóstol Pablo expresó su anhelo por alcanzar la unidad. Pablo nos instruye, nos enseña, que es necesario que los santos sean perfeccionados a fin de que todos estemos en el proceso de llegar a esta unidad. (La edificación del Cuerpo de Cristo, pág. 61)
Los creyentes deben practicar la unidad de la Trinidad Divina, en la Trinidad Divina, tal como la Trinidad Divina lo hace (Jn. 17:21-23). Debemos preguntarnos qué clase de unidad practicamos. Algunos afirman practicar la unidad del Cuerpo, pero en realidad lo que practican es una unidad sectaria y facciosa. La unidad del Cuerpo es la unidad del Dios Triuno. Practicamos la unidad de la Trinidad Divina no en nosotros mismos, sino en la Trinidad Divina. (El secreto de la salvación orgánica que Dios efectúa: “El Espíritu mismo con nuestro espíritu”, pág. 53)
Lectura adicional: La edificación del Cuerpo de Cristo, cap. 4;
El secreto de la salvación orgánica que Dios efectúa: “El Espíritu mismo con nuestro espíritu”, cap. 4
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06/04/06, 22:31:39
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Vivir habitualmente en la presencia del Señor para...
Practicando los libros de 1 y 2 de Tesalonicenses
Semana 23 --- Parousía
Viernes --- Leer con oración: 2 Co 3:17; 1 Co 15:45; 6:17
“Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre” (Ap 3:8)
VIVIR HABITUALMENTE EN LA PRESENCIA DEL SEÑOR PARA SER ARREBATADOS
En la vida de la iglesia invocamos el nombre del Señor, pues ésta es una excelente manera de estar en el Espíritu, así como el leer la Palabra en la presencia del Señor. Invocamos Su nombre porque en el Espíritu tenemos la presencia del Señor. Tenemos al Señor en nuestro espíritu (cfr. 2 Ti 4:22). El Espíritu de realidad puede estar siempre con nosotros, pero nosotros no siempre estamos con Él; frecuentemente, vivimos en la mente y no en el espíritu, y así no estamos en Su presencia.
Primera Tesalonicenses 4:16-17a dice: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire”. Esto se refiere a Su parousía. El versículo 17b dice: “y así estaremos siempre con el Señor”. Aquí ya no es sólo la parousía, que será solamente en los tres años y medio de la gran tribulación, pero se refiere a después de pasar por el tribunal en los aires, cuando estaremos para siempre con el Señor en el reino y no nos separaremos más de Él.
En Efesios 5:31, cuando Pablo habla sobre la unión entre el hombre y la mujer, añade aun más: “Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia” (v. 32). Es decir, Cristo y la iglesia serán un sólo cuerpo, una sola entidad, inseparable. El problema de hoy, no es que Cristo quiere separarse de la iglesia; pero la iglesia insiste en vivir separada de Cristo.
Nosotros queremos la presencia de Dios, por eso invocamos Su nombre. Es imposible para el hombre estar en la presencia del Señor sólo en el pensamiento; es necesario ejercitar el espíritu, y para eso, invocamos Su nombre en todo tiempo. Esa es la práctica de la iglesia en Filadelfia: guardar Su palabra y no negar Su nombre (Ap 3:8). En la vida de la iglesia estamos en la presencia de Cristo, somos uno con Él y no podemos separarnos de Él, ya que fuera de Cristo no tenemos nada.
Cuando hablamos que Cristo y la iglesia son uno, nos referimos a estar unidos a Cristo en la vida práctica. Cristo ya se hizo el Espíritu (2 Co 3:17; 1 Co 15:45) y hoy habita en nuestro espíritu con el cual se mezcló (1 Co 6:17). Cuando estamos en el espíritu mezclado, estamos en la presencia de Cristo, y no sólo eso, sino también tendremos la presencia del Señor en los tres años y medio de la gran tribulación.
La parousía del Señor nos muestra Su deseo de estar con aquellos que fueron salvos. Él quiere estar en la presencia de los hijos de Dios, es decir, en la presencia de Sus hermanos, por eso Él estará en los aires. Pero la pregunta es: “¿Cuántas personas viven habitualmente en la presencia del Señor?”. Poco antes de Su parousía, solamente los que viven constantemente en la presencia del Señor hoy serán arrebatados. Los que no sean arrebatados necesitarán de la presencia del Señor para ser sustentados, porque serán tres años y medio de mucho sufrimiento, aunque las grandes catástrofes no los alcancen directamente. Es cierto que el Señor cuidará de los que permanecerán en la gran tribulación, pero nosotros, que anhelamos ser arrebatados antes, debemos vivir habitualmente en la presencia del Señor.
Punto Clave: Vivir constantemente en la presencia del Señor
Pregunta: Con relación a estar en la presencia del Señor, ¿cuál es el gran problema hoy?
Dong Yu Lan
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06/04/06, 22:32:25
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Alimento matutino (viernes)
SEMANA 5 — DÍA 5
Alimento matutino
2 Ti. 1:6-7 Por esta causa te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de cordura.
Cuando nace un bebé, lo primero que ejercita es su cuerpo. Después de cierto período de tiempo, el niño aprende a ejercitar su mente y a hablar, hasta que, finalmente, es capaz de discutir. Esto corresponde al ejercicio del alma. El deporte ayuda a la gente a ejercitar su cuerpo…Actualmente, en todas las escuelas se da importancia al ejercicio del cuerpo y al ejercicio del alma…Pero no se enseña nada en cuanto al ejercicio del espíritu. Ni siquiera en la religión judía, ni en el cristianismo en sumador, parte, se habla del ejercicio del espíritu.En ninguna escuela ni en ninguna religión se aborda este asunto. Pero, en la Biblia, se recalca mucho el desarrollo del espíritu.
[Según 2 Timoteo 1:7,] nuestro espíritu está relacionado con los tres órganos de nuestra alma. En nuestra alma tenemos la voluntad, la parte emotiva y la mente. El espíritu de poder está relacionado con la voluntad, el espíritu de amor tiene que ver con la parte emotiva, y el espíritu de cordura ciertamente está relacionado con la mente. Todos los problemas familiares, sociales y nacionales se deben al hecho de que la gente usa su mente, su parte emotiva y su voluntad, pero no su espíritu. Piensan con su mente, pero independientemente de su espíritu. Aman y odian con su parte emotiva, pero sin tocar su espíritu. Así mismo toman decisiones, pero sin ejercitar su espíritu. Es como si no tuviesen espíritu…En realidad sí tienen espíritu, pero éste se encuentra en un estado de muerte, aletargamiento y sin ningún uso. Así que las personas solamente ejercitan su voluntad férrea, su parte emotiva insumisa y su mente reprobada, la cual es desequilibrada y está llena de prejuicios. Tales personas son capaces de hacer muchas cosas perversas que afectan a su propia persona, así como a su familia, a la sociedad y a la nación, debido a que no usan su espíritu humano. (La manera bíblica de reunirse y de servir para la edificación del Cuerpo de Cristo, págs. 180-181)
Lectura para hoy
La Biblia nos dice que lo primero que Dios hace al llevar acabo Su salvación, lo más crucial que Él hace, es tocar nuestro espíritu. En esto consiste ser regenerados en nuestro espíritu con el Espíritu (Jn. 3:5-6), de modo que nuestro espíritu, que estaba en una condición de muerte y aletargamiento, pueda ser vivificado por el Espíritu (Ef. 2:5). La primera palabra del evangelio que se predica en el Nuevo Testamento es arrepentíos (Mt. 3:2; 4:17). El arrepentimiento está relacionado con la conciencia. Si nuestra conciencia nunca fuera tocada e iluminada, nunca podríamos arrepentimos. El arrepentimiento sucede cuando nuestra conciencia es tocada e iluminada. Cuando nuestra conciencia es iluminada por medio de la predicación del evangelio, el resultado de ello es el arrepentimiento. Cuanto más nos arrepentimos confesando nuestros pecados delante de Dios, más iluminada es nuestra conciencia. La conciencia es la parte principal de nuestro espíritu (Ro.9:1; cfr.Ro. 8:16).En nuestra experiencia, la conciencia prácticamente equivale al espíritu.
Antes de ser salvos, a menudo cometíamos pecados. De niño, cuando iba a hacer algo malo, algo en mi conciencia me condenaba y me decía claramente que no debía hacer eso. Y aunque no había nadie que pudiera verme, había en mí un profundo temor. Ésta era la función de la conciencia que Dios creó en mi espíritu. Romanos 2:15 dice de las naciones: “Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia junto con ella, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos”. Incluso cuando no éramos salvos y nuestro espíritu estaba inactivo y en una condición de muerte, la conciencia nos decía lo que era bueno o malo, y nos justificaba o condenaba. Cuando escuchamos el evangelio y nos arrepentimos, la parte de nuestro ser que usamos primero fue nuestra conciencia. Nuestra conciencia, esto es, nuestro espíritu, se abrió al Espíritu que regenera. Cuando confesamos e invocamos el nombre del Señor, el Espíritu,
quien es la consumación máxima del Dios Triuno, entró en nuestro espíritu para vivificarlo y para morar en él, para unirse y mezclarse con nuestro espíritu a fin de formar una entidad que es producto de una mezcla, una entidad compuesta por el Dios divino y el hombre humano. (La manera bíblica de reunirse y de servir para la edificación del Cuerpo de Cristo, págs. 181-182)
Lectura adicional: Lamanera bíblica de reunirse y de servir para la edificación del Cuerpo de Cristo, cap. 15; El Espíritu con nuestro espíritu, cap. 8; The Divine Spirit with the Human Spirit in the Epistles, caps. 3, 10; La manera viva y práctica de disfrutar a Cristo, cap. 8
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08/04/06, 04:31:47
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Los que sean arrebatados seran los primeros en...
Practicando los libros de 1 y 2 de Tesalonicenses
Semana 23 --- Parousía
Sábado --- Leer con oración: Ap 3:7-10
“Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia” (Mt 24:40-41)
LOS QUE SEAN ARREBATADOS SERÁN LOS PRIMEROS
EN DISFRUTAR LA PAROUSÍA DEL SEÑOR
Los que hoy invocan el nombre del Señor, oran y leen la Palabra con constancia y viven en Su presencia podrán ser vencedores a fin de ser arrebatados antes de la gran tribulación. Mateo 24:40-41 dice que dos estarán en el campo: uno será tomado, y otro será dejado; dos estarán en el molino: una será tomada, y la otra dejada. Esto ocurrirá poco antes de la parousía. Los que sean arrebatados serán los primeros en disfrutar la presencia del Señor, y a partir de allí estarán en Su presencia para siempre. Dios quiere la presencia del hombre, y nosotros queremos la presencia de Dios, pero los que siempre son uno con Él serán llevados más temprano para estar para siempre con el Señor. Esperamos estar todos en tal ocasión. Cuando la parousía llegue, nosotros ya habremos sido arrebatados.
Apocalipsis 3:7-8 dice: “Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre: Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre”. En nuestra obra tenemos poca fuerza, aunque haya personas extremadamente capaces. Para tener la realidad de la iglesia en Filadelfia, basta con vivir en el Espíritu, invocar el nombre del Señor, orar y leer la Palabra.
El versículo 9 nos habla de la “sinagoga de Satanás”. Ellos andan según los principios de Satanás, que actúa en el alma caída. Tales personas se declaran judías a sí mismas, mas no lo son, es decir, no están en el Espíritu, no invocan el nombre del Señor, no guardan Su palabra; hacen solamente lo que les trae provecho.
El versículo 10 dice: “Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra”. Estas cosas experimentarán los que habiten sobre la tierra, será en los tres años y medio de la gran tribulación, que es “la hora de la prueba” mencionada antes. No queremos estar en esos tres años y medio de la gran tribulación; antes bien, queremos estar juntos con el Señor, cuando Él venga en Su parousía, pues vivimos en Su presencia constantemente aquí y estaremos una vez más en Su presencia allí. Si somos arrebatados antes de la gran tribulación, ya estaremos para siempre con el Señor. ¡Aleluya!
Punto Clave: Ser los primeros en el arrebatamiento
Pregunta: ¿Cuál debe ser nuestra actitud para no ser “dejados”?
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08/04/06, 04:32:42
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Alimento matutino (sabado)
SEMANA 5 — DÍA 6
Alimento matutino
Ef. 6:18 …Orando en todo tiempo en el espíritu, y para ello velando con toda perseverancia y petición por todos los santos.
Hch. 6:10 Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.
Ro. 8:4 Para que el justo requisito de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al espíritu.
Desde el momento en que nos arrepentimos, nosotros, las personas regeneradas, deberíamos andar, vivir y conducirnos absolutamente según este espíritu. Debemos ejercitar el espíritu que Dios nos ha dado, al orar (Ef. 6:18), al hablar (Hch. 6:10), en nuestro andar diario (Ro. 8:4), y al ejercer nuestra función en las reuniones. Cada vez que oramos, por lo general, empezamos a ejercitar lamente en vez de ejercitar el espíritu. Sin embargo, después de unas cuantas frases, nuestra oración espontáneamente se torna de la mente a nuestro espíritu. Esto se debe a que nuestro espíritu, no nuestra mente, es el órgano correcto con el cual orar. Un bebé comienza a moverse gateando con las manos y las rodillas, pero, debido a que las piernas y los pies son los miembros correctos para caminar, con el tiempo empieza a pararse y a caminar. Asimismo orar con nuestra mente nos lleva a orar con nuestro espíritu. Además, ahora sabemos el secreto para orar en el espíritu. No es necesario que comencemos orando en nuestra mente, ya que podemos comenzar invocando el nombre del Señor, diciendo: “Oh Señor Jesús; Señor, te adoro”.De esta manera, podemos comenzar inmediatamente nuestra oración ejercitando nuestro espíritu. (La manera bíblica de reunirse y de servir para la edificación del Cuerpo de Cristo, pág. 182)
Lectura para hoy
La experiencia cristiana apropiada es que todo lo que seamos y hagamos esté ligado al Dios Triuno…El Dios Triuno está constituido de las riquezas de Cristo, y estas riquezas pueden llegar a ser nuestro disfrute. Los elementos principales de este disfrute— la regeneración, el hecho de ser llenos internamente del Espíritu esencial, y el hecho de ser llenos externamente del Espíritu económico— son experiencias normales, que al mismo tiempo son milagrosas. La única manera de tener todas estas experiencias que son tan normales pero al mismo tiempo tan milagrosas, es ejercitar nuestro espíritu. La práctica de ejercitar el espíritu se desarrolla principalmente en la vida de iglesia apropiada, tal y como ésta se revela en la Biblia. En las denominaciones no se ejercita mucho el espíritu. Aunque en cuanto a este asunto algunos pequeños grupos de cristianos han recibido ayuda, es difícil encontrar alguno donde se dé importancia al ejercicio del espíritu humano. Gracias al Señor, esto es algo que se recalca mucho entre nosotros.
Yo mismo, siendo una persona ya de edad, hago ejercicio con mi cuerpo porque todavía lo necesito. Así que continuamente le doy “mantenimiento” a mi cuerpo para que me sirva mejor. Si no camino por lo menos media hora cada día, podría enfermarme. También ejercito mucho mi alma. Con frecuencia uso diccionarios, lexicones y concordancias, a fin de desarrollar mi entendimiento, mi mente. No obstante, sobre todo, ejercito mi espíritu diariamente. A menudo recibo buenas noticias. Las buenas noticias siempre son de mucho aliento para las personas, pues hacen que se sientan orgullosas de sus logros. Pero si queremos evitar este tipo de corrupción, no debemos permanecer en nuestra mente considerando cuánto otros nos aprecian. Cuanto más ejercitemos nuestra mente de esta manera, más nos corromperemos. Por tanto, siempre que recibamos noticias buenas y alentadoras, debemos tornarnos a nuestro espíritu y ejercitarlo. Por otra parte, es posible que recibamos malas noticias, noticias que nos traen perjuicio, desaliento y tristeza. Al oír esta clase de noticias, uno podría sentirse deprimido y desilusionado. La única manera de mantenernos alejados de esta influencia negativa es ejercitar el espíritu. Aun en los días de calma, cuando no recibo ni buenas ni malas noticias, me gusta ejercitar mi espíritu. Me obligo a mí mismo a orar para fortalecer, entrenar y disciplinar mi espíritu. Me obligo a ejercitar mi espíritu en la oración hasta entrar completamente en el espíritu. Si durante el día llevara una vida corriente, y después viniera en la noche a compartir la palabra en la reunión, no tendría la luz celestial ni podría usar términos tales como normalidad milagrosa. Todos los términos nuevos y frescos que he usado en estos mensajes son producto de mi continuo esfuerzo por ejercitar mi espíritu. Esto es algo que ustedes tienen que hacer también. (La manera bíblica de reunirse y de servir para la edificación del Cuerpo de Cristo, págs. 182-184)
Lectura adicional: La manera bíblica de reunirse y de servir para la edificación del Cuerpo de Cristo, cap. 15; Character, cap. 7
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19/04/06, 14:22:34
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Nacer, crecer y madurar
PRACTICANDO EL LIBRO DE LOS HECHOS
Semana 2--- Venga Tu reino
Jueves --- Leer con oración: Jn 3:1-6, 14; 19:34; 1 Co 15:45; Mt 6:9-10
“El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Jn 5:12)
NACER, CRECER Y MADURAR
Cierto fariseo llamado Nicodemo, un principal entre los judíos, una persona anciana con mucho conocimiento y experiencias de la vida humana, buscó al Señor Jesús de noche (Jn 3:1-2) a fin de obtener mejores enseñanzas. No obstante, Jesús le respondió: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (v. 3). Aunque fuese maestro en Israel, Nicodemo no podía entender cómo alguien podría “entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer” (v. 4), pues no existe en la cultura humana el concepto de nacer de nuevo.
El Señor explicó a Nicodemo de manera muy fácil que “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (v. 6). Además, el Señor Jesús dijo que sería puesto en el madero a fin de que “todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (v. 14). En la cruz el Señor vertió sangre y agua (Jn 19:34). La sangre resuelve el problema de los pecados y todas las cosas negativas del hombre, y el agua simboliza la vida de Dios.
El hombre necesita nacer de nuevo para recibir la vida de Dios (cfr. 1 Jn 5:12). La simiente de la vida divina, cuando entra en nosotros, crece lentamente. Un bebé, cuando sale del vientre materno, ya es ciudadano de su país, pero aún no puede ejercer plenamente sus derechos y deberes, pues necesita crecer para alcanzar la madurez. Cuando nacemos de nuevo, Dios nos pone en la iglesia, el lugar donde podemos crecer y madurar, donde está la realidad del reino de los cielos, hasta que llegue su manifestación en la próxima era. ¡Que todos los hijos de Dios puedan crecer, madurar y lleguen a ser vencedores! Entonces, los terceros dos mil años finalizarán y entraremos en la próxima era, la era del reino milenial, y estaremos en la manifestación del reino de los cielos, cuando seremos, de hecho, ciudadanos del reino de los cielos y sacerdotes; seremos un sacerdocio real.
Desde la creación del hombre, podemos decir que hubo tres períodos de dos mil años. En los primeros dos mil años el hombre vivió por la carne, y Dios tuvo que abandonar la raza de Adán. En el segundo período de dos mil años, Dios escogió a Abraham y su descendencia, con la esperanza que el reino de Israel fuese el reino de Dios, donde Su voluntad pudiese ser hecha en la tierra. Sin embargo, el pueblo de Israel vivió por el alma natural y fracasó en ser el reino de Dios en la tierra, no pudiendo ejecutar así la voluntad divina. En los terceros dos mil años, Dios mismo se hizo carne, murió y resucitó a fin de hacerse el Espíritu vivificante (1 Co 15:45) para entrar en el hombre y darle vida. De esta manera, la voluntad de Dios puede ser hecha en la tierra así como es hecha en el cielo en los que creen y son regenerados por medio de la vida divina, así el reino de Dios podrá venir a la tierra.
En Mateo 6:9, antes de hablar sobre orar por la venida del reino, el Señor nos enseñó a orar para santificar el nombre del Padre: “Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. ¿Cómo podemos santificar Su nombre? Podemos usar muchos medios, pero el camino más sencillo es invocar el nombre del Señor. Esto no es una práctica cualquiera, sino para traer de vuelta el reino (v. 10). Donde hay personas que invocan el nombre del Señor, allí está el reino de Dios. A través del invocar el nombre del Señor y de Su Palabra, nuestra vida ha crecido, y continuará creciendo hasta alcanzar la madurez, para que lleguemos a ser vencedores.
Punto Clave: Solamente los que tienen la vida pueden hacer la voluntad de Dios
Pregunta: Explique Juan 19:34.
Dong Yu Lan
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19/04/06, 14:23:32
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Alimento matutino (jueves)
SEMANA 7 — DÍA 4
Alimento matutino
Ef.4:3-4 Diligentes en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un Cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación.
Jn.17:21-23 Para que todos sean uno; como Tú, Padre, estás en Mí, y Yo en Ti, que también ellos estén en Nosotros; para que el mundo crea que Tú me enviaste. La gloria que me diste, Yo les he dado, para que sean uno, así como Nosotros somos uno. Yo en ellos, y Tú en Mí, para que sean perfeccionados en unidad…
La palabra terreno que nosotros usamos refiriéndonos al terreno de la iglesia … tiene la denotación de un solar, como el solar donde se pone el fundamento de un edificio … De acuerdo con la revelación divina del Nuevo Testamento, el terreno de la iglesia está constituido por tres elementos cruciales, como sigue: El primer elemento que constituye el terreno de la iglesia es la unidad única del Cuerpo universal de Cristo, la cual es llamada “la unidad del Espíritu” (Ef. 4:3). Ésta es la unidad por la cual el Señor oró en Juan 17. Esta unidad es producto de la mezcla del Dios Triuno procesado y todos los creyentes en Cristo. Esta unidad existe en el nombre del Padre (Jn. 17:6, 11), que denota la persona del Padre, y en la cual está la vida del Padre. Esta unidad existe incluso en el Dios Triuno mediante la santificación que efectúa Su santa palabra como la verdad (vs. 14-21).Esta unidad finalmente existe en la gloria divina para la expresión del Dios Triuno (vs. 22-24). Tal unidad fue impartida por el Espíritu, con Cristo como la vida divina, en el espíritu de todos los creyentes en Cristo, en el momento de su regeneración; esta unidad ha venido a ser el elemento básico del terreno de la iglesia. (Una presentación breve de lo que es el recobro del Señor, págs. 29-30)
Lectura para hoy
El segundo elemento del terreno de la iglesia es el terreno único de la localidad, en el cual una iglesia local se establece y existe. El Nuevo Testamento nos presenta un cuadro claro de que todas las iglesias locales, como expresión de la iglesia universal —el Cuerpo universal de Cristo— están ubicadas en sus ciudades respectivas. Así que, vemos la iglesia en Jerusalén (Hch. 8:1), la iglesia en Antioquía (13:1), la iglesia en Cencrea (Ro. 16:1), la iglesia en Corinto (1 Co.1:2) y las siete iglesias en Asia en siete respectivas ciudades (Ap.1:4, 11).Así, pues, cada ciudad constituye el terreno local de esa iglesia, al establecer los límites dentro de los cuales dicha iglesia existe. Tal terreno, la localidad, siendo único, impide que la iglesia sea dividida por muchos diferentes asuntos que toman el lugar de terrenos diferentes.
El tercer elemento del terreno de la iglesia es la realidad del Espíritu de unidad, que expresa la unidad única del Cuerpo universal de Cristo, basada en el terreno único de localidad de una iglesia local…La realidad del Espíritu…es la realidad viviente de la Trinidad Divina (1 Jn. 5:6; Jn. 16:13). Es por medio de este Espíritu que la unidad del Cuerpo de Cristo se hace real y viva. También es por medio de este Espíritu que el terreno de la localidad se aplica en términos de la vida divina y no de forma legalista. Y es por este Espíritu que el terreno genuino de la iglesia está ligado al Dios Triuno (Ef. 4:3-6).
El terreno de la iglesia anteriormente definido guarda, en el aspecto práctico, la unidad genuina de la iglesia tanto local como universalmente (v. 3), sin ninguna división. Ésta es la única manera de evitar la situación actual de división y confusión entre los miembros de Cristo.
El terreno de la iglesia anteriormente definido también es la base de la comunión genuina y apropiada de todos los creyentes, la cual es llamada “la comunión de los apóstoles” en la revelación divina (Hch. 2:42), esto es, una comunión con el Dios Triuno y con todos los miembros de Cristo (1 Jn. 1:1-3). Ésta es la comunión única del Cuerpo de Cristo, la cual es local y universal. Debido a los muchos terrenos divisivos del cristianismo actual, la comunión entre los miembros de Cristo también está dividida en muchas comuniones que causan división. La manera de ser rescatados de todas estas comuniones divisivas es adoptar y guardar el terreno genuino y apropiado de la iglesia única. Esto no es un asunto de doctrinas y normas; es un hecho espiritual y una necesidad práctica. (Una presentación breve de lo que es el recobro del Señor, págs. 30-31)
Lectura adicional: Una presentación breve de lo que es el recobro del Señor, págs. 26-59; El terreno de la iglesia y las reuniones de la iglesia, cap. 1
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19/04/06, 22:46:16
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Yo no soy de este mundo
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Gracias Amado Hgo!
Hasta pronto!
Shalom!
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20/04/06, 16:14:50
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Un corazón como la buena tierra
PRACTICANDO EL LIBRO DE LOS HECHOS
Semana 2--- Venga Tu reino
Viernes --- Leer con oración: Mt 3:2; 8:11; 10:7; Gn 12:3; Mt 13:1-9, 18-23
“Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno” ((Mt 13:23)
UN CORAZÓN COMO LA BUENA TIERRA
Debemos dar atención al asunto del reino. El primer libro de todo el Nuevo Testamento es Mateo, y su énfasis está en el reino (cfr. Mt 3:2; 4:17; 5:3, 10, 19-20; 7:21; 8:11; 10:7; 11:11- 12; 13:11, 24, 31, 33, 44-45, 47, 52; 16:19; 18:1, 3-4, 23; 19:12, 14, 23; 20:1; 22:2; 23:13; 25:1). Mateo, también llamado Leví (Mr 2:14; Lc 5:27), era un judío que cobraba impuestos de sus compatriotas para el Imperio Romano (Mt 9:9; 10:3). Para escribir un libro que trate del reino, el Espíritu Santo no eligió a Pedro, ni a Juan, sino a Mateo, porque él era alguien que tenía una posición en el gobierno y conocía la política y la administración de un país. Por medio del Evangelio de Mateo, la voluntad de Dios nos es aclarada, mostrándonos que al inicio de los terceros dos mil años, Él mismo se hizo hombre para hacer surgir el reino aquí en la tierra.
Mateo 1:1, dice que el Señor Jesús vino como hijo de David e hijo de Abraham. Como hijo de David, Él era alguien con realeza, y como hijo de Abraham, el Señor sería la bendición prometida por Dios a todas las familias de la tierra (Gn 12:3). Solamente el Señor Jesús podía ser el rey del reino de los cielos. Mateo retrata al Señor Jesús como el Salvador- Rey. Todo lo que está registrado en el Evangelio de Mateo tiene relación con el reino.
Mateo registra desde el comienzo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (3:2; 4:17). Después que nos arrepentimos y entramos en el reino, necesitamos del crecimiento de vida. La vida de Dios que recibimos necesita crecer en nosotros. Por eso, en Mateo 5, 6 y 7, el Señor Jesús habló sobre la constitución del reino de los cielos, y en el capítulo trece, nos habla de las parábolas del reino de los cielos. El reino de los cielos se relaciona con la vida, así que, el Señor usó la parábola del sembrador para mostrarnos que necesitamos ser una buena tierra (Mt 13:1-9, 18-23).
La semilla de la vida de Dios no fue plantada en una tierra física, sino en nuestro corazón; por eso, es importante que lo preparemos para que esta semilla crezca y fructifique. Mientras nuestro corazón esté ocupado con el tráfico del mundo, estará endurecido, y la semilla no podrá penetrar; siendo así, vendrán las aves, es decir, el maligno, para arrebatarla. Para que esto no ocurra, necesitamos “ablandar” toda la tierra de nuestro corazón.
El segundo problema es que nuestro corazón puede ser pedregoso, y, si contiene demasiadas piedras no logrará retener la humedad. Por tanto, cuando la semilla caiga en esta tierra, podrá brotar y fructificar, pero, por tener poca tierra y poca humedad, pronto se secará al recibir la luz del sol. El agua tipifica al Espíritu Santo, y la vida necesita del Espíritu, así como la semilla necesita del agua, de humedad. Por tanto, necesitamos remover las piedras de nuestro corazón. Lucas 8:6 y 13, al relatar esa misma parábola, dice que la semilla cayó sobre la piedra. Algunos tienen pequeñas piedras en el corazón; otros pueden tener una enorme piedra. De cualquier manera, todo eso necesita ser removido para que la semilla pueda crecer y dar fruto.
El tercer problema que enfrenta la semilla en nuestro corazón, son los espinos, que crecen más que la semilla, y la ahogan. A pesar de que ella comience a brotar, no podrá dar fruto, porque necesita de la luz del sol. El sol es Cristo, y nosotros necesitamos de Cristo para florecer y fructificar. Los espinos son el afán de este siglo y el engaño de las riquezas y los placeres de la vida (Mt 13:22; Lc 8:14), que nos ahogan. No debemos estar todo el tiempo afanosos en cómo ganar dinero y ser ricos, pues eso nos lleva al orgullo, como sucedió con Satanás. Debemos quemar los espinos y tendremos la buena tierra para fructificar y producir.
Después de la primera parábola de Mateo 13, el Señor aún profirió otras seis, relacionadas con el crecimiento y la edificación de la vida, para que podamos entrar en la manifestación del reino.
Punto Clave: Crecer y fructificar
Pregunta: ¿Por qué ¿Según la luz de Mateo 13, cómo podemos resolver los problemas del corazón?
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20/04/06, 16:16:50
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Alimento matutino (viernes)
SEMANA 7 — DÍA 5
Alimento matutino
Dt.12:5 Sino que el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí Su nombre para Su habitación, ése buscaréis, y allá iréis.
11 Entonces, al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para que habite allí Su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, las ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido de los votos que hubiereis prometido a Jehová.
Ef.2:22 En quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el espíritu.
Deuteronomio 12 concuerda con la revelación del Nuevo Testamento al menos en cuatro asuntos. Primero, tanto en este capítulo como en el Nuevo Testamento vemos que el pueblo de Dios debe ser uno. Con el fin de resguardar la unidad entre los hijos de Israel, Dios no permitió que cada tribu tuviera su propio centro de adoración. Si cada tribu hubiera tenido su propio centro de adoración a Dios, habría habido doce divisiones entre el pueblo de Dios, ya que cada centro habría sido el terreno y la base para una división. Así que, Dios, en Su sabiduría, no permitió que Su pueblo hiciera las cosas según su elección o preferencia, sino que les exigió que aceptaran lo que Él ya había escogido y vinieran tres veces al año a un solo centro de adoración, aun cuando viajar a ese lugar no fuera lo más cómodo para muchos de ellos.
Vemos el mismo principio en el Nuevo Testamento. Independientemente de cuál sea el número de ellos, los hijos de Dios, los creyentes en Cristo, deben ser uno y tener un mismo centro de adoración a Dios. No obstante, lo que actualmente impera entre los cristianos es la división. Existen muchos centros de adoración, y esto ha causado divisiones. (Life-study of Deuteronomy, págs.73-74)
Lectura para hoy
Siempre que los creyentes actúen según sus propios gustos y preferencias, habrá división. Todas las denominaciones concuerdan con las preferencias humanas. La situación en el recobro del Señor es totalmente diferente. El recobro del Señor nos trae de vuelta a lo que Dios dispuso según Su preferencia.
Segundo, tanto en Deuteronomio 12 como en el Nuevo Testamento, la manera en queDios guarda la unidad de Su pueblo consiste en escoger un lugar específico para poner allí Su nombre, el nombre único. El nombre en el cual nos reunimos para adorar a Dios es un asunto de suma importancia; jamás deberíamos pensar que es algo insignificante. Hoy en día, los cristianos deben
congregarse en un solo nombre, el nombre del Señor Jesús (Mt. 18:20). Sin embargo, los cristianos están acostumbrados a congregarse en otros nombres, tales como bautista, presbiteriano, episcopal, luterano y metodista. Congregarse en esos nombres equivale a estar divididos, porque tales nombres son la base de las divisiones.
En nuestra adoración, tener otros nombres aparte del nombre del Señor es una abominación, es cometer fornicación espiritual. Nosotros somos el complemento de Cristo, Su esposa…No debemos tener otro nombre que no sea el de Él. Aceptar otro nombre es aceptar a otra persona. Así como una esposa debe llevar el nombre de su esposo, no el nombre de ningún otro hombre, también nosotros, los creyentes de Cristo, debemos llevar únicamente Su nombre, y no ningún otro…Debemos seguir el ejemplo de la iglesia en Filadelfia, y no negar el nombre del Señor (Ap. 3:8); es decir, debemos renunciar a todo otro nombre que no sea el del Señor Jesucristo … [y] simplemente congregarnos en el nombre del Señor.
Tercero…el lugar que Dios escogió para que lo adoremos es el lugar de Su habitación … Según Efesios 2:22, la habitación de Dios, Su morada, está en nuestro espíritu. Es cierto que como iglesia debemos congregarnos en el nombre de Cristo, pero también es necesario ejercitar nuestro espíritu. Si nos congregamos en el nombre de Cristo, pero, en lugar de ejercitar nuestro espíritu permanecemos en nuestros pensamientos naturales, o peor aun, en nuestra carne, no estaremos en la habitación de Dios. De manera que, al congregarnos para disfrutar a Cristo y adorar a Dios con Él, debemos congregarnos en el nombre de Cristo y estar en el espíritu. De lo contrario, perderemos el terreno apropiado de la iglesia. (Life-study of Deuteronomy, págs. 74-75)
Lectura adicional: Life-study of Deuteronomy, mensaje 10; Young
People’s Training, cap. 13
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21/04/06, 22:04:02
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Crecer en vida rumiando la palabra de Dios
PRACTICANDO EL LIBRO DE LOS HECHOS
Semana 3--- Los Doce Apóstoles
Sábado --- Leer con oración: Ro 10:10-14; Mt 28:19; Hch 1:8; Sal 88:9
Y tomad […] la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu (Ef 6:17b-18a)
CRECER EN VIDA RUMIANDO LA PALABRA DE DIOS
Aunque Pedro haya predicado acerca de invocar el nombre del Señor en el día de Pentecostés, y esa haya sido una práctica común entre los cristianos primitivos, el Señor usó a Pablo para enfatizar esa práctica (Ro 10:10-14; 1 Co 1:2; 2 Ti 2:22), y también, el orar-leer la Palabra, es decir, tomar la Palabra con oración (Ef 6:17b-18a). Pablo era apóstol entre los gentiles y todo el libro de los Hechos nos habla de esas dos categorías de apóstoles: apóstoles de los judíos, bajo el liderazgo de Pedro, y los apóstoles para los gentiles, bajo el liderazgo de Pablo.
El Señor ya les había dicho a los discípulos que ellos deberían ir por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura (Mc 16:15) y así, ser Sus testigos no sólo en Jerusalén, sino también en toda Judea y Samaria y hasta lo último de la tierra (Hch 1:8). El evangelio no es sólo para los judíos, sino para todas las naciones, y tal vez, por no haber practicado eso inmediatamente, el Señor tuvo que buscar otra salida, a través del apóstol Pablo.
La vida siempre busca una salida para expandirse. Cuando una semilla que cae en una grieta de la acera, germina y brota, incluso puede hasta quebrar el cemento y dañar la acera, por que quiere expandirse mediante sus raíces y ramas. El poder de la vida que está en ella es lo que hace esto, es imposible ahogar la vida. El enemigo busca destruir la obra del Espíritu y de la vida en nuestro medio, al levantar celos y envidia de muchos, que usan de todas las formas y maneras para destruirnos. Pero, ¡Alabado sea el Señor! porque nosotros sólo nos preocupamos en invocar el nombre del Señor, orar leer la Palabra, y buscar el crecimiento de vida para llegar a ser el reino y guardar la voluntad eterna de Dios.
Invocar el nombre del Señor es un excelente medio para tocar al Señor en nuestro espíritu y los que no invocan difícilmente estén gozosos. Invocar el nombre del Señor es un mandamiento de Dios (Sal 50:15; Jer 29:12) y es Su deseo (Sal 91:15; Sof 3:9; Zac 13:9). Esa es la manera alegre de beber de la fuente de la salvación de Dios (Is 12:3-4) y la manera disfrutable de deleitarse en Dios (Job 27:10). Así que, el pueblo de Dios debe invocarlo diariamente (Sal 88:9). Esta práctica fue profetizada por Joel (Jl 2:32) con relación al jubileo del Nuevo Testamento.
Además, nosotros debemos rumiar la palabra del Señor. ¿Qué es rumiar? Es comer la palabra de Dios y digerirla nuevamente hasta que sea totalmente absorbida, pues quien tiene esa práctica, ciertamente crecerá en vida. El animal que rumia generalmente tiene pezuña hendida. Levítico 11:3-4 dice: “De entre los animales, todo el que tiene pezuña hendida y que rumia, éste comeréis. Pero de los que rumian o que tienen pezuña, no comeréis éstos: el camello, porque rumia pero no tiene pezuña hendida, lo tendréis por inmundo”. Pezuña hendida significa tener un espíritu de discernimiento, a fin de discernir lo que es del Espíritu y lo que no es. Personas que no rumian la Palabra de Dios no pueden estar en el espíritu y difícilmente pueden discernir la Palabra de Dios, apenas están en la esfera de la mente natural.
Cuando invocamos el nombre del Señor y rumiamos la Palabra de Dios, estamos en el espíritu, obtenemos crecimiento en vida y así podemos tener un espíritu de discernimiento.
Punto Clave: Rumiar para tener discernimiento
Pregunta: ¿Cuál es el principal beneficio de rumiar la Palabra?
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21/04/06, 22:04:54
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Alimento matutino (sabado)
SEMANA 7 — DÍA 6
Alimento matutino
Mt.10:38 Y el que no toma su cruz y sigue en pos de Mí, no es digno de Mí.
1 Co.2:2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
Gá. 6:14 Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.
En cuanto al hecho de reunirnos para adorar a Dios, todos debemos aprender dos asuntos cruciales. Primero, debemos aprender a renunciar a todo nombre que no sea el nombre del Señor Jesús y a congregarnos en Su nombre. Segundo, debemos aprender a rechazar la carne, el yo y la vida natural, y a ejercitar nuestro espíritu. En todo lo relacionado con la adoración de Dios, debemos ejercitar nuestro espíritu. Siempre que alabemos, debemos alabar con nuestro espíritu. Siempre que hablemos, debemos hablar usando nuestro espíritu. Si hacemos esto, la reunión será en la habitación de Dios. (Life-study of Deuteronomy, pág. 75)
Lectura para hoy
[Al igual que en Deuteronomio 12, hoy en día] también tenemos el altar, que es la cruz. Además de tener en cuenta lo relacionado con el nombre del Señor y la habitación de Dios, debemos tener el altar, el cual representa la cruz. Lo que Pablo dice en 1 Corintios 2:2 muestra la importancia de este asunto … El Cristo crucificado era el tema único, el centro, el contenido y la sustancia misma del ministerio de Pablo.
A la entrada de la iglesia está la cruz, y todo el que desee ingresar a la iglesia debe experimentar la cruz y ser crucificado. Experimentar la cruz equivale a ser desechados, ser anulados, ser reducidos a nada. En la iglesia sólo Cristo tiene cabida, no nosotros … La cruz es el lugar que nos corresponde … No debemos introducir a la iglesia nada que pertenezca al viejo hombre, a la carne, al yo ni a la vida natural. Cuando estamos en la cruz, estamos verdaderamente en el espíritu.
Mientras nos preparamos para asistir a la reunión, podemos orar: “Señor, si aún tengo algo relacionado con la carne, con el yo y con la vida natural, te pido queme perdones y que elimines todas esas cosas. Señor, necesito ser aniquilado por la cruz, y luego, ser ungido contigo mismo”.Si todos asistimos a las reuniones de esta manera, nos reuniremos en el nombre de Cristo, nos reuniremos en la habitación de Dios y tendremos la aplicación de la cruz. Si tenemos en cuenta lo relacionado con el nombre, la habitación y la cruz, no habrá divisiones entre nosotros … Todos seremos uno: uno en el mismo nombre, uno en la misma habitación y uno al experimentar la misma cruz. (Life-study of Deuteronomy, págs. 75-76)
Después de la muerte de Salomón, el reino de David se dividió…(1 R. 11:29-37). A partir de entonces, los hijos de Israel quedaron divididos en dos reinos: el reino de Judá al sur y el reino de Israel al norte. Sin embargo, el centro de adoración que Dios había escogido, no se dividió, sino que siguió siendo el mismo…Esto le causó mucha preocupación a Jeroboam. Probablemente, en lo más profundo de su corazón, se dijo a sí mismo: “Si estas diez tribus continúan yendo a Jerusalén para adorar a Dios, quizás sean influenciadas por las otras y me maten, y después regresen a la casa de David”.Por esta razón, Jeroboam estableció otros dos centros de adoración, uno en Bet-el y otro en Dan, para que le resultara más conveniente a su pueblo (1 R.12:26-33). Jeroboam parecía estar diciéndole al pueblo de una manera sutil: “Es demasiado difícil para vosotros viajar hasta Jerusalén. Esto no es nada conveniente. Yo os he establecido otros dos centros de adoración, así que no tenéis necesidad de ir más a Jerusalén. Ahora podéis ir a Dan o a Bet-el para adorar a vuestro Dios.
El significado del pecado de Jeroboam puede verse en lo que se practica en el cristianismo actual. Ciertos pastores y supuestos obreros cristianos desean tener un imperio que esté bajo su control. Así que para asegurar su propio reino, ellos, al igual que Jeroboam, establecen sus propios centros de adoración. Jeroboam no tenía a Dios en realidad, pues [él] hizo dos becerros de oro…Así como Jeroboam tenía sólo a Dios de nombre, algunas de las cosas que hoy en día llaman “Dios” en los centros de adoración, son simplemente Dios de nombre. En realidad, no son Dios sino un becerro. (Young People’s Training, págs. 160-161)
Lectura adicional:YoungPeople’sTraining,cap. 12;Estudio-vida de
1 y 2 Reyes, mensaje 8
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22/04/06, 20:28:08
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Él reinará por los siglos y confesar el nombre más elevado
PRACTICANDO EL LIBRO DE LOS HECHOS
Semana 2--- Venga Tu reino
Domingo --- Leer con oración: Gn 49:9-10; Ap 5:5; Jn 15:1; Mt 24:14
“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Ap 11:15)
ÉL REINARÁ POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS
Génesis 49:9-10, relata la bendición de Jacob a su hijo Judá, diciéndole que éste era un cachorro de león. El Señor es llamado de “León de la tribu de Judá” (Ap 5:5). Pero, aun refiriéndose a Judá, Jacob dijo: “Atando a la vid su pollino, y a la cepa el hijo de su asna, lavó en el vino su vestido, y en la sangre de uvas su manto. Sus ojos, rojos del vino, y sus dientes blancos de la leche” (Gn 49:11-12). Aunque fuese el Rey del reino de los cielos, el Señor entró en Jerusalén montado en un pollino, que prefigura a cada uno de nosotros. El pollino es un animal obstinado, terco; pero el pollino descrito por Jacob, está atado a la vid, esto significa que ya no está tan libre ni puede comer lo que quiera, sino sólo del fruto de la vid.
Esto puede ser aplicado a cada uno de nosotros: el Señor es la vid verdadera (cfr. Jn 15:1) y nosotros, los pollinos que están atados a ella. Esto es una restricción para nosotros, pues no podemos comer de otra dieta. En la vida de la iglesia, necesitamos alimentarnos únicamente del Señor; y cuanto más comemos de Él, ganamos más vida. De esta manera, como pollinos, podremos ser “montados” por el Señor Jesús para proclamarlo Rey.
Finalmente, el Señor Jesús en Jerusalén nos habla de predicar el evangelio del reino. Mateo 24:14 dice: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”. El Señor fue a Jerusalén para ser crucificado; Él murió, resucitó, y se hizo el Espíritu y volvió a Sus discípulos y se sopló en ellos como el Espíritu (Jn 20:22). Hoy Él está edificando la iglesia y un día volverá; pero, antes de Su segunda venida, Él espera que prediquemos el evangelio del reino en toda la tierra habitada, para testimonio a todas las naciones.
Todos los asuntos que abordamos en esta semana nos hablan del reino. Toda la vida de la iglesia se relaciona con el ejercicio para llevarnos a ser ciudadanos del reino de los cielos, que ya fue sembrado en nosotros, pues el Rey del reino de los cielos vive en nosotros. Si permitimos que Él reine en nuestro ser, como nuestro Señor en todo, sin duda alguna, la voluntad de Dios será hecha en la tierra como es hecha en el cielo. El Rey del reino de los cielos ya se hizo el Espíritu de realidad y ya está en nosotros para dirigirnos a ser ciudadanos del reino. Al rumiar el libro de Hechos, necesitamos darle importancia al asunto del reino. El libro de Hechos describe como el nombre del Padre puede ser santificado, como Su reino puede venir y como Su voluntad puede ser hecha en la tierra así como es hecha en los cielos. De esta manera, podemos ser fructíferos, nos multiplicaremos, llenaremos la tierra y la sojuzgaremos. Será expulsado el príncipe de este mundo, y el Rey del reino de los cielos, el Señor Jesús, reinará.
Finalmente, Apocalipsis 11:15 dice: “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: El reinado sobre el mundo ha pasado a nuestro Señor y a Su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos”. ¡Aleluya! Queremos dar atención a la voluntad de Dios, al el reino que está relacionado con la autoridad y el gobierno de Dios. ¡Jesús es el Señor!
Punto Clave: Permitir que Él reine en nuestro ser
Pregunta: ¿Cuál es la relación entre Génesis 49:11-12 y nuestra experiencia cristiana?
Dong Yu Lan
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Confesar el nombre más elevado
~~~~~ Versículos de la Biblia ~~~~~
Filipenses 2:9-11 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
~~~~~ Palabras del ministerio ~~~~~
El Señor se humilló a Sí mismo hasta lo sumo, pero Dios lo exaltó hasta la cumbre más alta. Según lo indica el versículo siguiente, el nombre al cual se refiere este versículo es el nombre de Jesús. Desde la ascensión del Señor no ha habido sobre la tierra ningún otro nombre que esté por encima del nombre de Jesús. Dios exaltó a Jesús, quien era un hombre auténtico, para que fuese hecho Señor de todos. Por tanto, es correcto clamar: “¡Oh, Señor Jesús!” Debemos confesar el nombre del Señor públicamente. ¡Cuán glorioso es adorar al Señor invocando Su nombre! De hecho, el Nuevo Testamento no nos exhorta a adorar a Cristo, pero sí nos da una clara indicación de que debemos invocar Su nombre.
Cuando Pablo aún era Saulo de Tarso, él recibió autoridad de parte de los principales sacerdotes para encarcelar a los que invocaban el nombre de Jesús. Cuando el Señor Jesús fue exaltado, Él recibió un nombre que es sobre todo nombre. En la historia de la humanidad no ha existido ningún otro nombre que esté por encima del nombre del Señor Jesús. El nombre de Jesús es el nombre más elevado del universo.
En el versículo 10 vemos que hay tres niveles en el universo: los cielos, la tierra y el lugar debajo de la tierra. Los que están en los cielos son los ángeles; los que están en la tierra son los hombres; y los que están debajo de la tierra son los muertos. Llegará el día en que todos los que moran en estos tres lugares doblarán sus rodillas y confesarán que Jesucristo es el Señor. Confesar públicamente que Jesucristo es el Señor equivale a invocar al Señor (Ro. 10:9-10, 12-13). En Su ascensión, Dios hizo Señor a Jesús como hombre (Hch. 2:36). Por consiguiente, toda lengua debe confesar que Él es el Señor. Esta confesión es para la gloria de Dios Padre. La preposición griega traducida “para” significa “dando por resultado”. Por lo tanto, confesar que Jesús es el Señor da por resultado que Dios el Padre sea glorificado. Esta es la excelente culminación de todo lo que Cristo es y ha hecho, en Su persona y Su obra (1 Co. 15:24-28).
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23/04/06, 20:04:21
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Las ultimas instrucciones acerca del reino de Dios
PRACTICANDO EL LIBRO DE LOS HECHOS
Semana 4--- El día de Pentecostés
Lunes --- Leer con oración: Hch 1:1-5; Mt 4: 1-2, 17; 10:7
"A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios" (Hch 1:3)
LAS ÚLTIMAS INSTRUCCIONES ACERCA DEL REINO DE DIOS
El tema de esta semana es “El día de Pentecostés”. Hechos 1:1-2 dice: “En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido”. Estos versículos nos muestran que el autor de este libro es Lucas, el mismo que escribió el Evangelio que lleva su nombre. Él no estuvo personalmente con el Señor, pero investigó Su vida y escribió el Evangelio desde el punto de vista humano, de manera bastante rigurosa y exacta. Lucas estudió los hechos, investigó los acontecimientos y los confirmó antes de haberlos escrito, por tanto, pudo escribir sobre la vida y obra del Señor Jesús en la tierra de manera bastante detallada.
Para obtener un reino en la tierra, Dios envió a Su Hijo como el primer apóstol, y, mientras estuvo en la tierra, el Señor designó doce apóstoles y permaneció con ellos por tres años y medio enseñándoles y entrenándoles. El Señor Jesús les dijo que el reino de los cielos estaba cerca (Mt 4:17) y también los instruyó a proclamarlo (10:7). Inclusive les mostró como debemos actuar y vivir el reino de los cielos (Mt 5–7) y les refirió varias parábolas acerca del reino (Mt 13). El Señor se dedicó mucho a ellos, les dispensó mucho cuidado, pero podemos decir que no pudieron asimilar la parte más importante y central de la palabra del Señor.
Hechos 1:3 dice: “A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios”. Después de Su crucifixión, muerte y resurrección, el Señor Jesús permaneció en la tierra por cuarenta días más, para continuar con Su “entrenamiento” con los apóstoles, enseñándoles a no depender más de Él físicamente, sino espiritualmente. En ese período, Él se manifestó a ellos varias veces con un cuerpo resucitado.
Siempre que mencionamos el número cuarenta, el primer concepto que tenemos es de prueba, de aflicción, porque nos acordamos inmediatamente de los cuarenta días en que el Señor Jesús pasó en el desierto cuando, después de haber sido bautizado fue tentado por el diablo (Mt 4:1-2). Los cuarenta días de prueba del Señor nos hablan de un aspecto negativo, pero, después de la resurrección, la permanencia del Señor con los discípulos tenía como objetivo un aspecto positivo, cuando Él permaneció con ellos no para prueba, sino para disfrute. Los discípulos tuvieron el privilegio incluso de estar con el Señor Jesús por cuarenta días más. Esto nos muestra cuanto el Señor Jesús los valoraba. En este período, Él les estaba dando las últimas instrucciones y exhortaciones acerca del reino de Dios.
En Hechos 1:4-5, leemos: “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días”. Era como si les dijese: “Ustedes ya entendieron toda la doctrina, ya conocen todas las verdades acerca del reino de los cielos. Lo que necesitan ahora es practicar la palabra, no por sí mismos, sino por medio del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros”. Antes de la era de la gracia, de la era del Espíritu, el hombre no era de ninguna manera confiable, pues, debido a su carne, jamás podría llevar a cabo el reino de Dios. El hombre en la esfera del alma natural jamás podría edificar el reino de Dios. Por eso, el Señor les dijo que ellos serían bautizados con el Espíritu Santo.
Punto Clave: Practicar la Palabra por medio del Espíritu
Pregunta: ¿Qué entrenamiento el Señor Jesús quería dar a los discípulos después de Su muerte y resurrección?
Dong Yu Lan
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23/04/06, 20:06:12
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Alimento matutino (lunes)
SEMANA 8 — DÍA 1
Alimento matutino
Gn.2:10-12 Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos. El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro; y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice.
Ap. 21:18-19 El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio claro; y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe…
21 Las doce puertas eran doce perlas…
La corriente de este río produce tres materiales preciosos: oro, bedelio y ónice. Estos materiales tipifican al propio Dios Triuno como los elementos básicos de la estructura del edificio eterno de Dios. El oro tipifica a Dios el Padre con Su naturaleza divina —de la cual el hombre puede participar por medio del llamamiento divino— como base del edificio eterno de Dios (2 P. 1:3-4); el bedelio, un material similar al de las perlas y que es producto de la resina de un árbol, tipifica lo producido por Dios el Hijo en Su muerte redentora que libera la vida divina (Jn. 19:34) y en Su resurrección que nos imparte dicha vida (v. 24; 1 P. 1:3), lo cual constituye nuestra entrada al edificio eterno de Dios (cfr. Ap. 21:21 y la primera parte de la nota 1); y el ónice, una piedra preciosa, tipifica lo producido por Dios el Espíritu mediante Su obra transformadora (2 Co. 3:18) para la edificación del edificio eterno de Dios. La Nueva Jerusalén está construida con estas tres clases de materiales: oro, perlas y piedras preciosas (Ap. 21:11, 18-21).
El pectoral del sumo sacerdote, un símbolo de Israel como el pueblo antiguo testamentario de Dios, estaba confeccionado con oro y piedras preciosas (Éx. 28:6-21),y la iglesia en el Nuevo Testamento está edificada con oro, plata y piedras preciosas (1 Co. 3:12…). Esto da a entender que la Nueva Jerusalén incluye a la totalidad del pueblo escogido y redimido por Dios; es decir, a Israel más la iglesia. (Holy Bible, Recovery Version, Gn. 2:12, nota 1)
Lectura para hoy
También debemos prestar atención a una palabra sumamente crucial en el Nuevo Testamento: transformación … La transformación no es meramente un cambio exterior, sino un cambio orgánico, un cambio metabólico. Transformar significa convertir una sustancia de una forma y elemento en otra forma y elemento. Las piedras preciosas son producidas por el proceso de transformación.
El propósito eterno de Dios … consiste en expresarse a Sí mismo y en ejercer Su dominio por medio del hombre. En Su deseo de cumplir ese propósito, Dios creó al hombre de una manera específica como vaso que lo contuviera a Él como vida. Por consiguiente, Dios creó al hombre con un espíritu humano para que éste tuviera contacto con Él, lo recibiera, lo retuviera y lo asimilara en todo su ser. Después de crear al hombre de esta manera, Dios lo puso en un huerto en cuyo centro estaba el árbol de la vida. Junto al árbol de la vida se encontraba un río de agua viva… [el cual] produce oro, perlas y piedras de ónice. El escenario en que se encuentra todo esto es un huerto, y un huerto representa las cosas naturales que Dios creó. En un huerto, podemos ver el crecimiento de las cosas creadas.
Cuando llegamos a Apocalipsis 21 y 22, no encontramos un huerto sino una ciudad. Una ciudad no es creada sino edificada. En Génesis 2 vemos la creación; en Apocalipsis 21 y 22 descubrimos el edificio. En la ciudad también tenemos el árbol de la vida. Por tanto, la Biblia empieza y termina enfocada en la vida. Además, en la ciudad encontramos un río de agua viva que sale del trono de Dios. Esto corresponde al río que había en el huerto. Además, en Apocalipsis encontramos las tres categorías de materiales preciosos, no en un estado natural, sino edificados como una ciudad de oro, perlas y piedras preciosas. Por consiguiente, la semilla sembrada en Génesis es la cosecha segada en Apocalipsis.
Entre el huerto y la ciudad debe transcurrir un largo proceso, y se debe llevar a cabo una extensa obra. No obstante, la semilla sembrada en el huerto llega a ser la cosecha en la ciudad. Esta semilla incluye el árbol de la vida, un río y los tres materiales preciosos. En el período de cosecha de Apocalipsis, los materiales ya no se encuentran en un estado natural, sino que llegan a ser un edificio en el que dichos materiales están bien acoplados entre sí. Así pues, la Nueva Jerusalén es un edificio de oro, perlas y piedras preciosas. (Estudio-vida de Génesis, págs. 155-157)
Lectura adicional: Estudio-vida de Génesis, mensaje 12
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24/04/06, 20:44:12
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Los testigos del Señor
PRACTICANDO EL LIBRO DE LOS HECHOS
Semana 4--- El día de Pentecostés
Martes --- Leer con oración: Jn 20:19-22; Lc 24:36-37; Hch 1:8; Gá 2:20; Gn 2:7
"Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hch 1:8)
LOS TESTIGOS DEL SEÑOR
Cuando llegó la noche de aquel mismo día en el que el Señor resucitó, el primero de la semana, todos los discípulos se encontraban reunidos en un lugar con las ventanas y puertas cerradas por miedo de los judíos. De repente, el Señor se apareció en medio de ellos y les dijo: “Paz a vosotros” (Jn 20:19). Entonces, los discípulos, espantados y atemorizados, pensaban que veían un espíritu (cfr. Lc 24:36-37). Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor (Jn 20:20).
Era como si el Señor les dijese: “Yo no estoy aquí sólo en espíritu; estoy con un cuerpo resucitado. Ustedes pueden tocar en las heridas de mis manos, de los pies y de mi costado”. Los discípulos estaban acostumbrados con la presencia física del Señor, pero en esos cuarenta días, Él quería prepararlos para no vivieran más por Su presencia física, sino, por el Espíritu. En el primer y en el segundo período de dos mil años el hombre no fue capaz de cumplir la voluntad de Dios. En el tercer período, el Espíritu Santo vino a trabajar, pero no por si sólo, sino, a través de los discípulos que más tarde serían los apóstoles.
En aquella noche en que el Señor se apareció a los discípulos, en el día de Su resurrección, Él sopló en ellos y dijo: “Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20:22). El Espíritu Santo tiene dos aspectos: el aspecto interior de vida, y el exterior de poder. Ellos experimentaron el aspecto interior de vida al atardecer del día de la resurrección del Señor, cuando el Espíritu entró en ellos y los regeneró. Después el Señor les dijo que permaneciesen en Jerusalén hasta que fuesen revestidos del Espíritu Santo, en el aspecto exterior de poder (Hch 1:8). Ese poder era para que ellos pudiesen predicar la palabra del reino y cumplir la economía de Dios.
En Hechos vemos que el Señor quería establecer Su reino en la tierra a través de los apóstoles, como Sus testigos, desde de Jerusalén, llegando a Judea, después Samaria y finalmente hasta lo último de la tierra. El Señor no les dijo sólo que predicasen el evangelio, sino que fuesen Sus testigos. No bastaba sólo con salir a predicar el evangelio y levantar iglesias, pero la iglesia levantada en cada ciudad debería ser un testimonio del Señor, testificando que Cristo está allí y que allí Él es quien tiene la autoridad.
La iglesia debe tener a Cristo expresado en su vivir. De todo lo que los santos allí hacen, Cristo debe ser la fuente. Debemos ser los testigos del Señor para que Él sea vivido en nosotros y tenga la autoridad en la iglesia. El Señor necesita de muchas personas, inclusive de los apóstoles, como Sus testigos, y, para que esto ocurra, Él debe ser vivido en nosotros. No podemos continuar viviendo por nosotros mismos, pues no somos más nosotros los que vivimos, sino Cristo quien vive en nosotros (cfr. Gál 2:20). Así que, tenemos el testimonio, la iglesia y el reino.
Para ser testigos del Señor, los discípulos, que ya habían recibido el Espíritu en el aspecto interior de vida, necesitaban del aspecto exterior de poder. Cuando Dios creó al hombre, hizo en él un órgano, el cual es su espíritu humano, para recibir al Espíritu de Dios. Cuando Él sopló en el hombre el aliento de vida, ese aliento llegó a ser el espíritu del hombre (Gn 2:7). Por tanto, hay un espíritu en el hombre (Job 32:8; Pv 20:27), que tiene por función contener al Espíritu. Cuando el Espíritu de Dios entra en la persona como el Espíritu esencial de vida, el espíritu humano se convierte en el espíritu mezclado, es decir, llega a ser uno con el Espíritu de Dios (1 Co 6:17). Para llevar a cabo la economía de Dios en cuanto al aspecto exterior, el aspecto de la obra, el hombre recibe el Espíritu Santo exteriormente en Su aspecto de poder: esto es ser revestido de poder (Hch 2:1-4).
Punto Clave: En el Espíritu tenemos la vida y el poder
Pregunta: ¿Cuáles son las funciones de los dos aspectos del Espíritu?
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24/04/06, 20:45:01
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Alimento matutino (martes)
SEMANA 8 — DÍA 2
Alimento matutino
1 Co.3:10-12 Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como sabio arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edifica oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca.
Éx. 28:17 Y lo encerrarás en [el pectoral] engastadoras de piedras, cuatro hileras de piedras… (heb.)
21 Y las piedras corresponderán a los nombres de los hijos de Israel…como lo grabado en un sello…para las doce tribus. (heb.)
En 1 Corintios 3, Pablo dice que como arquitecto él puso el único fundamento, Jesucristo, y que todos debemos mirar cómo sobreedificamos. ¿Qué materiales usamos en la edificación de la iglesia? Pablo nos exhorta a edificar con oro, plata y piedras preciosas. (Más adelante veremos la razón por la cual él sustituyó las perlas por la plata.) Así podemos ver que no sólo la Nueva Jerusalén es edificada con oro, perlas y piedras preciosas, sino que también la iglesia en esta era debe ser edificada con oro, plata y piedras preciosas, y no con madera, heno y hojarasca. Como veremos, el oro contrasta con la madera, la plata está en oposición al heno, y las piedras preciosas a la hojarasca. (Estudio-vida de Génesis, pág. 158)
Lectura para hoy
Cuando vi eso al poco tiempo de hacerme cristiano, me entusiasmé. Vi un huerto en Génesis 2, en el cual había materiales preciosos. Vi una ciudad en Apocalipsis, construida con esos mismos materiales. Entre Génesis y Apocalipsis vi una iglesia edificada con oro, plata y piedras preciosas. Vi que la iglesia es una entidad compuesta de todo el pueblo redimido, y que esta entidad es un edificio…Nosotros los redimidos de Dios somos los materiales con los que se construye el edificio espiritual de Dios.
En los tiempos del Antiguo Testamento, Dios también tenía un pueblo, los hijos de Israel. La persona más prominente entre ellos era el sumo sacerdote, el cual los representaba en la presencia de Dios. Cada vez que él entraba en la presencia de Dios para interceder por el pueblo, tenía que llevar dos placas en los hombros y un pectoral. En las placas de los hombros se encontraban dos grandes piedras de ónice sobre las cuales estaban grabados los nombres de las doce tribus de Israel. En el pectoral se encontraba un hermoso marco de oro fino, e incrustadas en ese marco se hallaban doce piedras preciosas en cuatro hileras de tres cada una. Las doce piedras del pectoral corresponden al número doce en la Nueva Jerusalén … En Apocalipsis 21 encontramos los nombres de las doce tribus sobre las doce puertas de la ciudad. Esto es muy significativo.
En el Nuevo Testamento, vemos una iglesia construida de oro, plata y piedras preciosas. En el Antiguo Testamento vemos al pueblo de Dios, compuesto de oro y de piedras preciosas, convertido en una entidad completa. A los ojos de Dios, el pectoral del sumo sacerdote formaba parte de la miniatura de la Nueva Jerusalén venidera. Del mismo modo, la iglesia edificada con oro, plata y piedras preciosas también forma parte de la miniatura de la Nueva Jerusalén. En el Antiguo Testamento, vemos a Israel con las doce tribus. En el Nuevo Testamento tenemos la iglesia con los doce apóstoles. Por consiguiente, Israel y la iglesia constituyen la Nueva Jerusalén … Este edificio abarca toda la Biblia desde…el huerto de Génesis, hasta…la ciudad en Apocalipsis. Entre el huerto y la ciudad se encuentran dos pueblos: Israel y la iglesia…Finalmente, todos fueron transformados en oro, plata o perlas, y piedras preciosas. Por lo tanto, el huerto, la ciudad y los dos pueblos están relacionados con las tres categorías de materiales preciosos.
En la Biblia, durante el lapso transcurrido entre el huerto y la ciudad, no solamente se hallan dos pueblos … los cuales son la morada de Dios, sino también la vida y el río, los cuales son disfrutados por esos dos pueblos. En Salmos 36:8-9 se nos dice que los hijos de Israel disfrutaban de la fuente de vida y del torrente de las delicias de Dios. En Juan 6 y 7 se indica que los que constituyen la iglesia disfrutan del pan de vida y de los ríos de agua viva. Así que, la Biblia no sólo menciona continuamente los materiales preciosos, sino también la vida y el río que aparecen tanto al principio como al final de la misma.(Estudio-vida de Génesis, págs.158-160)
Lectura adicional: Estudio-vida de Génesis, mensaje 12; Life and Building as Portrayed in the Song of Songs, caps. 4-6
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