III. EXPERTOS EN LA PRACTICA
Hebreos 5:14 dice: “Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por la práctica tienen las facultades ejercitadas en el discernimiento del bien y del mal”. La palabra práctica se puede traducir “hábito”. Existe una condición para recibir la palabra de Dios: el hombre tiene que haber alcanzado madurez. Solamente un hombre maduro puede comer alimento sólido. ¿Por qué una persona tiene que ser madura para poder comer algo sólido? Esto tiene que ver con su hábito. Una persona madura puede comer alimento sólido porque está acostumbrada. Ya que sus facultades están ejercitadas, puede diferenciar entre lo bueno y lo malo. El versículo 13 hace alusión a ser experto en la palabra de justicia, lo cual significa ser experto en la Palabra de Dios. En el griego la palabra experto tiene que ver con una destreza en la industria; significa ser diestro. Algunos trabajadores no tienen mucha habilidad, mientras que otros son hábiles. Un trabajador diestro ha pasado por mucho adiestramiento y ha desarrollado habilidad en su ramo. Un erudito en la Palabra de Dios está bien adiestrado y es hábil en ella. Si una persona desea estudiar la Biblia y entenderla, debe tener las facultades ejercitadas por la práctica.
La Biblia deja en evidencia nuestra condición. La clase de persona que somos determina la clase de Biblia que leemos. Si queremos saber cómo es el carácter y las costumbres de una persona, todo lo que tenemos que hacer es mostrarle un capítulo de las Escrituras y ver qué saca de ahí. La clase de persona que uno es determina la clase de lectura que hace. Un hombre curioso hallará la Biblia llena de curiosidades. Una persona intelectual leerá una Biblia llena de raciocinios. Una persona simple verá en la Biblia una colección de versículos y nada más. Es un hecho que el carácter y los hábitos del hombre se revelan con frecuencia por su lectura de la Biblia. Si una persona no ha sido disciplinada por Dios en su carácter ni en sus hábitos, caerá en un error garrafal, y la lectura que haga de la Biblia será espiritualmente estéril.
¿Qué clase de carácter y de costumbres debe tener una persona para leer la Biblia ?
A. No ser subjetivos
Los lectores de la Biblia deben aprender a ser objetivos. Una persona subjetiva no puede entender la Biblia , pues no es apta para ser aprendiz. Si hablamos con una persona objetiva, inmediatamente sabrá de qué hablamos. Pero una persona subjetiva no nos entenderá ni siquiera después de repetirle lo mismo por tercera vez. Mucha gente no entiende lo que otros dicen, no por carecer de capacidad intelectual, sino por ser demasiado subjetivos. Ellos viven encerrados en su mente y no reciben lo que otros dicen. Están llenos de ideas, opiniones y propuestas. Lo que otros dicen les tiene sin cuidado. Es posible que sus pensamientos estén concentrados en el agua, cuando los demás están hablando de las montañas. Todo lo que oyen lo interpretan como agua. Una persona subjetiva no puede entender con exactitud las palabras de otros, mucho menos la palabra de Dios. Si no puede entender las cosas mundanas, mucho menos entenderá las espirituales.
Es notorio que los buenos estudiantes de la Biblia son muy buenos oyentes. Cuando alguien dice algo, entienden exactamente lo que les dice. Una persona objetiva escucha a los demás y puede entender la Biblia. En contraste, algunas personas no tienen idea de lo que otros dicen ni aún después de escucharlos varias veces. Tienen demasiadas cosas en su cabeza. Están llenos de ideas, opiniones y propuestas. La gente les puede repetir la misma cosa una o dos veces, y con todo, no la entienden. Para saber si somos subjetivos, basta con preguntarnos si entendemos lo que los demás nos dicen. ¿Podemos entender lo que los demás dicen aun cuando no sean muy explícitos? Nuestros días en esta tierra son limitados. Si somos subjetivos, el tiempo que tenemos disponible se reducirá grandemente. Una persona objetiva puede obtener más de la Biblia al leerla una vez de lo que obtendría una persona subjetiva después de leerla diez veces. Un hombre subjetivo no comprende lo que lee, ni aun después de leerlo diez veces. La Biblia estará fuera de su alcance y no le dejará ninguna impresión.
Recuerde la historia de Samuel. Cuando el Señor lo llamó, fue a Elí varias veces porque pensaba que era éste quien lo llamaba (1 S. 3:4-10). Aunque Dios lo estaba llamando, él pensó que era Elí. Había oído muchas veces la voz de Elí, pero esta vez indudablemente no era esa voz. ¿No podía él notar la diferencia entre la voz de Elí y la de Dios? Esta confusión se debió a su subjetividad.
El problema de muchas personas es que no permiten que Dios rompa su subjetividad. No importa cuánto estudien la Biblia , no se pueden formar una clara impresión de ella. Parece como si nunca oyeran hablar a Dios. Cuando acudimos al Señor por medio de la lectura de Su Palabra, nuestra mente debe estar abierta a El. Nuestras opiniones, sentimientos, motivos y todo lo que somos debe estar abierto a El. En otras palabras, no podemos ser subjetivos. Debemos estar conscientes de la importancia de este asunto, pues si no lo resolvemos, no podemos leer la Biblia como se debe. Una persona objetiva lo espera todo; espera que Dios hable. Su ser interior espera la palabra de Dios impasiblemente. Si una persona se halla en esta condición, cuando se abre a la Palabra de Dios, fácilmente entiende lo que Dios dice. Es innecesario preguntar si un hombre es espiritual o no. Lo único que tenemos que hacer es preguntarle qué recibió al leer cierto capítulo de la Biblia. Muchos no pueden decirnos nada. Esto demuestra que son subjetivos. A una persona subjetiva no le es fácil escuchar a los demás, porque es como las personas descritas en Hebreos 5:11, que son “tardos para oír”. Mucha gente está llena de cosas, y las palabras de los demás no hallan cabida en ellos. Ser subjetivo es un problema muy serio. Un hombre subjetivo no puede oír la palabra de Dios ni puede tocar las cosas espirituales.
B. No ser descuidados
En segundo lugar, nadie debe ser descuidado en su lectura de la Biblia , pues es un libro muy exacto. Ni una sola palabra puede ser mal leída ni remplazada. Si una persona es descuidada, pasará por alto la palabra de Dios. Tanto una persona subjetiva como una descuidada pasan por alto la palabra de Dios. Tenemos que ser cuidadosos. Cuanto más conozcamos la Palabra de Dios, más cuidado tendremos. Una persona descuidada lee la Biblia sin prestar atención a lo que dice. Cuando oímos a un hermano hablar de la Biblia , sabemos si es descuidado o si es meticuloso. Muchas personas que son descuidadas, cuando leen o memorizan versículos, cometen errores en palabras cruciales. Este es un hábito terrible. Es muy fácil desarrollar el hábito de ser inexactos. Esto nos guiará a un entendimiento incorrecto de la Biblia. En muchas ocasiones un pequeño descuido de nuestra parte nos guiará a un entendimiento confuso de la palabra de Dios. Examinemos algunos ejemplos.
La Biblia hace distinción entre las formas plural y singular. Tenemos que diferenciar entre la forma singular y plural de una palabra. No podemos ser descuidados acerca de esto. El pecado y los pecados son cosas diferentes en el lenguaje original de la Biblia. El pecado, en singular, se refiere a la naturaleza pecaminosa del hombre, mientras que los pecados, en plural, se refiere a los hechos pecaminosos del hombre. Cuando la Biblia dice que Dios perdona los pecados del hombre, usa la forma plural, pecados, aludiendo a acciones pecaminosas. Dios nunca olvida el pecado del hombre, la naturaleza pecaminosa. El pecado no puede ser perdonado. Necesitamos ser librados de nuestra naturaleza pecaminosa (el pecado); pero necesitamos perdón para nuestros actos pecaminosos (los pecados). La Biblia hace una clara distinción entre estos dos.
También hay una diferencia entre el pecado y la ley del pecado. Si uno no es libertado de la ley del pecado, no puede ser librado del pecado. Romanos 6 trata de la liberación del pecado, mientras que el capítulo siete habla de la ley del pecado. Si no prestamos la debida atención, creeremos que estas dos cosas son más o menos lo mismo. Cuando leemos Romanos 6, podemos pensar que el problema del pecado está completamente resuelto para el final del capítulo, porque al final del mismo Pablo anuncia el comienzo del capítulo doce, donde habla de la ofrenda de los miembros del cuerpo. Sin embargo, Pablo sabía claramente que para ser librados del pecado tenemos que reconocer la ley del pecado, y para vencerla, necesitamos la ley del Espíritu de vida descrita en el capítulo ocho. Si somos descuidados, no pensaremos que hay mucha diferencia entre el pecado y la ley del pecado, y de esta manera podríamos pasar por alto la Palabra de Dios, la cual es pura, y cada pasaje tiene su propio énfasis. Si nuestra conversación es descuidada, creeremos que la Palabra de Dios también lo es, y esto nos impedirá entenderla.
En Romanos 7, además de la ley del pecado, existe otra ley: la ley de la muerte. Si somos descuidados, pensaremos que la ley del pecado y la ley de la muerte son más o menos lo mismo. Pero en realidad son completamente diferentes. El pecado se refiere a la contaminación, mientras que la muerte se refiere a la imposibilidad del hombre. La operación de la ley del pecado radica en el deseo de hacer el bien y no poder hacerlo, mientras que la operación de la ley de la muerte es la decisión de refrenarse del mal, sin ser capaz de lograrlo. El pecado nos dirige a hacer involuntariamente lo que no deseamos hacer, mientras que la muerte nos impide hacer lo que deseamos hacer. Somos librados de la ley del pecado por medio de la muerte de Cristo, y somos librados de la ley de la muerte por medio de nuestra resurrección con El. Romanos 7 no solamente nos muestra la ley del pecado, sino también la ley de la muerte. Si somos descuidados y despreocupados, pasaremos por alto estas verdades. Por consiguiente, es obvio que sólo quienes con cuidadosos y exactos pueden estudiar la Biblia como se debe.
He oído que algunas personas dicen que nos vestimos de las vestiduras justas del Señor Jesús, que Dios nos dio la justicia de Cristo como nuestra vestidura de justicia y que ya no estamos desnudos, sino que podemos acercarnos a Dios. Pero la Biblia no enseña tal cosa. En ninguna parte dice que la justicia del Señor Jesús se nos haya dado para que sea nuestra justicia. La Biblia dice que Dios nos dio al Señor Jesús como nuestra justicia. El no ha rasgado un pedazo de la justicia de Cristo para dárnoslo como nuestra justicia. El nos dio al Señor Jesús, Su misma persona, para que El sea nuestra justicia. ¡Hay una gran diferencia en esto! Una persona descuidada pensará que la justicia del Señor Jesús y el Señor Jesús como justicia es más o menos lo mismo. No se da cuenta de que la justicia del Señor Jesús sólo le pertenece a El y no nos puede ser transferida. Cada uno de nosotros debe ser justo delante de Dios, y el Señor también tiene que ser justo delante de El. Pero Su justicia es solamente Suya. Su justicia fue la justicia que El expresó mientras estuvo en la tierra. Si llegáramos a ser justos simplemente por tomar Su justicia, ¿entonces por qué tuvo que morir el Señor? La justicia del Señor Jesús no es transferible. Su justicia le pertenece por siempre a El solo, y nadie tiene parte en ella. Nuestra justicia no es Su justicia, sino la misma persona del Señor Jesús. En todo el Nuevo Testamento solamente podemos hallar al Señor Jesús como nuestra justicia (con excepción de una ocasión, en 2 Pedro 1:1, donde el significado es diferente), la justicia del Señor Jesús nunca ha sido nuestra justicia. La justicia del Señor lo hace apto a El para ser nuestro Salvador. Debido a que El es recto, no necesita la redención para Sí. El Señor Jesús está plenamente justificado por Dios. Ahora Dios nos lo dio para que sea nuestra justicia. La justicia que Dios nos dio es Cristo. Cuando lo tenemos a El, tenemos justicia. Nosotros no somos justificados por nuestra conducta. Nos vestimos de Cristo, y El es nuestra justicia. Somos aceptados en el Amado; no somos aceptados en la justicia del Amado. Para estudiar bien la Biblia , tenemos que ser exactos y no permitir que se nos escape ningún detalle.
Algunos dicen que la sangre del Señor Jesús nos da vida. Esto significa que nuestra vida nueva está basada en la sangre del Señor Jesús. Dicen que cuando bebemos la sangre del Señor, adquirimos Su vida. Citan para ello Levítico 17:14, donde dice que la vida está en la sangre. Si leemos este versículo de una manera superficial, estaremos de acuerdo con esa enseñanza. Pero la sangre no nos da una vida nueva. La sangre nos redime, y satisface las exigencias de Dios. Exodo 12:13 presenta el principio relacionado con la sangre: “Veré la sangre y pasaré de vosotros”. La sangre es derramada para Dios, pues satisface Sus requisitos, no los nuestros. En la Biblia sólo en una ocasión se menciona la sangre con relación a nosotros. Allí dice que la sangre se aplica a nuestra conciencia (He. 9:14). Sin embargo, aun la conciencia se relaciona estrechamente con Dios.
¿Qué significa la palabra vida en Levítico 17? En el lenguaje original, esa palabra es la misma que se traduce alma y se refiere a la vida psíquica. El Señor Jesús derramó la vida de Su alma hasta Su muerte. Isaías 53:12 dice que El derramó la vida de Su alma hasta la muerte. El Señor Jesús derramó Su sangre, es decir, derramó Su alma hasta morir para efectuar la redención. El clamó en la cruz: “Padre, en Tus manos encomiendo Mi espíritu” (Lc. 23:46). Habiendo dicho esto expiró. Su cuerpo estaba colgado en la cruz, y Su alma, por medio de la sangre, fue derramada para efectuar la redención. (Lo que caracteriza al hombre es su alma. El alma que pecare tiene que morir; es decir, la personalidad misma del hombre tiene que morir). Al mismo tiempo El encomendó Su espíritu a Dios.
Juan 6 dice repetidas veces que quienes coman la carne del Señor y beban Su sangre tendrán vida. Pero en ningún momento dice que quienes sólo beban Su sangre tendrán vida. Tenemos que ser muy cuidadosos. Si juntamos lo que Dios separó terminaremos distorsionando lo que El dijo. No debemos interpretar la Biblia de una manera descuidada. Debemos estudiar la Palabra de Dios detenidamente. Debemos hallar la infinidad de ocasiones en que se habla de la sangre, y estudiarlas una por una antes de poder ver la luz. La sangre satisface los requisitos de Dios, no los nuestros.
Supongamos que Juan Wesley viviera y nos dijera: “La sangre del Señor Jesús limpiará nuestro corazón y erradicará la raíz del pecado; así que ya no vamos a pecar más”. ¿Qué diríamos? Diríamos: “La sangre del Señor Jesús no limpia nuestro corazón. La Biblia no dice tal cosa. Dios ya nos dio un corazón nuevo. El corazón del hombre es más perverso que todas las cosas y nunca podría ser limpiado”. La sangre nos redime, no nos limpia. La sangre trae perdón, no santificación. (Hay una diferencia entre la santificación delante de Dios y la santificación delante de los hombres). Tal vez algunos pregunten: “¿No dice Hebreos 10 que la sangre del Señor purifica nuestro corazón?” ¡No! Allí se habla de la aspersión de la conciencia (10:22). La conciencia es solamente una parte del corazón. La única parte del hombre que está consciente del pecado es la conciencia. La sangre satisface las exigencias de Dios y el clamor de nuestra conciencia. Cuando nos damos cuenta de que el Señor Jesús nos redimió del pecado, espontáneamente nuestra conciencia deja de estar consciente de pecado. La función de la sangre en nuestra conciencia no es librarnos del pecado sino librarnos de estar conscientes de éste. La liberación del pecado es el resultado de la obra del Espíritu Santo. La obra de la sangre difiere de la del Espíritu Santo; nunca debemos confundirlas.
Delante del Señor, debemos ser exactos. Si no lo somos, perderemos la exactitud de Dios. Si tenemos el hábito de ser inexactos, no obtendremos nada cuando leamos la Biblia . Tenemos que darnos cuenta de cuán exacta es la Biblia. Es tan exacta que no deja lugar a confusión. Debemos permitir que el Señor nos adiestre y nos haga exactos.
C. No buscar rarezas
En tercer lugar, al tratar de ser exactos, no debemos buscar cosas extrañas. La Palabra de Dios es exacta, pero nunca debemos estudiarla buscando en ella rarezas. Si la escudriñamos con una mente curiosa, le quitaremos el valor espiritual. La Biblia es un libro espiritual, y tenemos que ejercitar nuestro espíritu para poder entenderla. Si buscamos exactitud para satisfacer nuestra curiosidad, y no nuestras necesidades espirituales, vamos por el rumbo equivocado. Es lamentable que mucha gente lea la Biblia con la meta de descubrir cosas extrañas. Algunos pasan mucho tiempo tratando de averiguar si el árbol del conocimiento del bien y del mal era una vid o no. Esta clase de estudio de la Biblia es vano. Debemos recordar que la Biblia es un libro espiritual. Tenemos que tocar en ella la vida, el espíritu y al Señor. Una vez que toquemos las cosas espirituales, reconoceremos automáticamente la precisión de la Palabra porque todas las cosas espirituales son inherentemente exactas. Pero si en algún asunto no procuramos lo espiritual, vamos por el camino equivocado.
A algunos les gusta tomar el sendero de la curiosidad. Su estudio de las profecías es motivado por la curiosidad. No estudian las profecías esperando el regreso del Señor, sino porque desean conocer el futuro. Hay una gran diferencia entre ser espiritual y no serlo. Si somos curiosos, todas las cosas espirituales y valiosas se volverán inertes y carentes de espiritualidad cuando caigan en nuestras manos. Este asunto es muy serio. Delante del Señor, tenemos que distinguir entre lo valioso y lo que no lo es. Tenemos que distinguir entre las cosas que son importantes y las que no lo son. El Señor Jesús dijo: “Ni una jota ni una tilde pasará de la ley” (Mt. 5:18). Pero también dijo que hay asuntos importantes en la ley (23:23). La ley es tan exacta que ni una jota ni una tilde de ella pasará, pero también en ella hay cosas importantes. Los que buscan curiosidades toman constantemente cosas triviales y las estudian. Si se dedican a las cosas superficiales, terminarán siendo personas superficiales. Bien dijo el Señor Jesús que ellos cuelan el mosquito y tragan el camello (v. 24). Cuelan las cosas más minúsculas y dejan pasar lo más trascendente. Esta clase de lectura es errónea. Este error proviene de nuestro carácter y de nuestra búsqueda de cosas extrañas. Si no cambiamos nuestra forma de ser, no podemos leer la Biblia como se debe.
Los rasgos mencionados —la subjetividad, el descuido y la búsqueda de rarezas— son defectos comunes. Debemos vencer esos defectos delante del Señor. Debemos ser objetivos, exactos y serios. Un carácter objetivo, exacto y serio no se forma en nosotros de la noche a la mañana; tenemos que disciplinarnos al punto de desarrollar el hábito. Cada vez que tomemos la Biblia , debemos leerla con objetividad, exactitud y seriedad. Cuando tengamos el carácter sólido y la debida costumbre, sabremos cómo leer la Biblia.
W. Nee
Jesus es el Señor
La iglesia en Armenia
Cómo estudiar la Biblia
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"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee
La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins
Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
Ian Thomas
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Amados os ruego interceder en sus oraciones por mi hija Luz Mabel, quien sufre crisis severas de depresion
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 12--- El Espíritu del Hijo
Lunes --- Leer con oración: Ro 3:22-25; 1 Co 6:11; Tit 3:5; 1 Jn 5:11-12
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu filial, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Ro 8:14-15)
EL ESPÍRITU DEL HIJO NOS HABILITA PARA LLAMAR A DIOS DE PADRE
La Epístola a los Romanos, donde Pablo relata que fue apartado para el evangelio de Dios, aborda el evangelio de la gracia, que dice respecto al Hijo, el cual, según la carne, provino de la descendencia de David. El Señor Jesús vino a la tierra como el Hijo del Hombre para redimirnos. Él era el único calificado para sustituirnos en la cruz, derramando Su sangre para solucionar el problema del pecado de la humanidad (Ro 1:3).
Al prestar atención al aspecto humano del Señor Jesús, vemos que Él no es cualquier persona, puesto que es descendiente de David, un gran rey de Israel (Mt 1:1). Aun siendo el descendiente de un rey, el Señor dio Su propia sangre para libertarnos y limpiarnos de nuestros pecados (Ap 1:5; Ef 1:7). Por medio de Su redención, fuimos lavados, santificados y justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios (1 Co 6:11; Tit 3:5).
Por el simple hecho de creer en Su obra redentora, la preciosa sangre del Señor nos justificó delante de Dios (Ro 3:22-25). Gracias al Señor llegamos a ser justos, es decir, fuimos ajustados a los patrones de la justicia de Dios para realizar Su voluntad. Además, ahora somos santos porque fuimos apartados por Él del mundo y puestos en una posición santa a fin de recibir continuamente el dispensar de Su naturaleza santa (1 Co 1:2).
Una vez que fuimos justificados y santificados, fuimos recobrados a la condición original en la cual el hombre había sido creado antes de la caída. Ahora podemos entrar en el “huerto de Edén” porque cumplimos las exigencias de justicia, santidad y gloria divinas. Por medio de la obra redentora de Cristo, tenemos las credenciales para tener acceso al verdadero árbol de la vida, que es Cristo, pues fuimos reconciliados con Dios. Ahora estamos aptos para comer del árbol de la vida, es decir, para disfrutar de la vida divina diariamente.
El fruto del árbol de la vida es para nuestro crecimiento de vida. Al comer del árbol de la vida, nos convertimos en hijos de Dios, porque la vida de Dios, que está en Su Hijo, entró en nosotros (1 Jn 5:11-12). Él también nos dio el Espíritu del Hijo, el cual, además de testificar a nuestro espíritu que somos hijos de Dios, nos lleva a clamar “Abba, Padre” (Gá 4:6; Ro 8:14-15). Sin embargo, ahora necesitamos continuamente comer del fruto del árbol de la vida para que crezcamos y maduremos.
No obstante, nosotros como creyentes en Cristo, llegamos a ser hijos de Dios y, espontáneamente podemos decir: “Abba, Padre”. No recibimos un espíritu de esclavitud para que vivamos otra vez en temor, sino que recibimos el espíritu de filiación y basados en él clamamos: “Abba, Padre” (Ro 8:15). A diferencia de la experiencia que tuve al llamar a mi suegro de padre, el Espíritu que mora en nosotros nos hace que llamemos a nuestro Dios con regocijo de Padre. Cuando leí por la primera vez éste versículo, ¡pude llamar a Dios de Padre de una manera muy disfrutable y alegre! Esto se hizo posible porque de hecho somos hijos de Dios. Por eso, mientras más clamamos: “¡Abba, Padre!”, más gozosos nos sentimos. ¡Gracias al Señor!
Una vez que el Espíritu mismo testifica a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, ¿Qué tal si concluimos este día con una oración?
“¡Oh, Abba, Padre! ¡Oh, Abba, Padre! ¡Oh, Abba, Padre! Estamos agradecidos por habernos trasladado de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, nos diste el Espíritu del Hijo, por el cual clamamos: “¡Oh, Abba Padre!”. Tu vida fue liberada y, por creer, recibimos la vida eterna que estaba Contigo. Abba, Padre, nosotros esperamos en Ti, súplenos cada día más con la Palabra de vida; necesitamos cada vez más vida”.
Gracias al Señor por concedernos el Espíritu del Hijo. El Espíritu testifica a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Somos guiados por este Espíritu y podemos juntos clamar: “¡Abba, Padre! ¡Abba, Padre! ¡Abba, Padre!”. ¡Aleluya!
Punto Clave: Tenemos un Padre celestial
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Qué proceso fue necesario para que hoy podamos tener el derecho de llamar a Dios de Padre?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 12 --- El Espíritu del Hijo
Martes --- Leer con oración: Ro 7:18, 22, 24-25; 8:5-8
“Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu” (Ro 8:5)
EL ESPÍRITU DEL HIJO NOS FORTALECE PARA QUE
HAGAMOS LA VOLUNTAD DE DIOS
Conforme a lo que vimos ayer, el evangelio de la gracia trae consigo la justificación, la santificación y la reconciliación. Al recibir este evangelio, el pecador obtiene el patrón de la justicia de Dios, es apartado para Él, reconciliado y nuevamente está en Su presencia, así como lo era antes de la caída. El camino al huerto del Edén, que había sido cerrado a la humanidad, hoy está libre para el disfrute de Cristo, el verdadero árbol de la vida (Jn 15:1; Ap 22:14).
El apóstol Pablo nos muestra que, antes de ser salvo mediante el evangelio de la gracia, el hombre pasa por una gran lucha interior. Incluso dice que no entendía su propia manera de actuar, pues no hacía el bien que quería, sino el mal que aborrecía (Ro 7:15, 19).
En esta batalla interior, la parte buena del alma humana se inclina hacia Dios a fin de cumplir Su voluntad, pero no lo logra. La otra parte tampoco cumple la ley de Dios, porque se inclina hacia la carne (vs. 16, 18). La parte buena del alma del hombre, al intentar cumplir la ley de Dios, se encuentra con la ley del pecado que está en sus miembros y que lucha contra la ley de su mente, haciéndola prisionera. En otras palabras, aunque dentro de nuestra alma encontremos una ley natural que se deleita en Dios (v. 22), sin embargo ésta no tiene fuerzas para realizar Su voluntad (v. 18).
En el versículo 24, Pablo se desahoga: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?”. Hasta aquel momento parecía no haber solución para el conflicto interior del apóstol. Pero, concluye diciendo: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado” (v. 25). Pablo descubrió que, cuando creemos en el Señor Jesús, obtenemos la libertad. ¡Aleluya! Ahora que conocemos al Señor Jesús, creyendo en toda Su obra hecha para nosotros, somos libres de los pecados y llamamos a Jesucristo como nuestro Señor.
Por tanto, esta es la salvación traída por el evangelio de la gracia. En consecuencia, si no hubiéramos creído no habríamos sido salvos y, de la misma manera, no tendríamos la fuerza para ser libres de este cuerpo de muerte ni lograríamos hacer la voluntad de Dios.
¡Aleluya! Porque podemos experimentar en nuestro diario vivir el poder del evangelio que libra a nuestra alma de la prisión que la ley del pecado ejerce sobre ella. ¡Alabado sea el Señor!
Punto Clave: Renunciar a nosotros mismos y buscar ayuda en el Espíritu del Hijo.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Por qué no podemos agradar a Dios si tenemos una ley de la mente que es esclava de la ley de Dios?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 12 --- El Espíritu del Hijo
Miércoles --- Leer con oración: Sal 116:1-6, 12-13; Ro 10:9-13
“Desde la angustia invoqué a Jehová, y me respondió Jehová, poniéndome en lugar espacioso. Jehová está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Sal 118:5-6)
INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR NOS SALVA
Ayer vimos que, mediante el evangelio de la gracia, creímos en el Señor Jesús y fuimos librados de la ley del pecado que está en nuestros miembros. Por tanto, ya no somos más esclavos del pecado (Ro 7:24-25).
Cuando creímos en Jesucristo como nuestro Señor, Su obra redentora operó en nosotros para que cumplamos la voluntad de Dios sin impedimentos. El saludable hábito de invocar el nombre del Señor no sólo nos salva, sino también nos libra en nuestro diario vivir de la influencia del mal. Para dar un ejemplo del poder que existe en invocar el nombre del Señor, vamos a contar el testimonio de un matrimonio de colportores de Perú.
Este matrimonio se consagró para servir en la obra del Señor, viven en armonía, contactando a las personas y les presentan la palabra impresa que trae la revelación de Dios a los hombres, a fin de que no sólo reciban a Cristo como vida, sino para que también crezcan en Él.
Cierta vez, al regresar del campo al CEPPEV en Lima, el ómnibus fue sorprendido por unos asaltantes armados, y todos estaban muy asustados. Los asaltantes comenzaron a robar a todos los pasajeros, a uno por uno le quitaban su dinero y pertenencias. Si alguien se demoraba en entregar el dinero, era agredido. Al ver esta situación, los hermanos comenzaron a invocar intensamente el nombre del Señor: “¡Oh Señor Jesús! ¡Abba, Padre! Entonces, uno de los asaltantes, al acercarse a ellos, por causa del invocar, se dio cuenta de que eran cristianos, y les dijo: “Con ustedes no nos metemos…”, y no les hicieron nada. ¡Aleluya!
Esta experiencia nos muestra que invocar el nombre del Señor da temor a las personas aunque sean malas. Necesitamos invocar el nombre del Señor, pues incluso las personas malas, como esos asaltantes, se rinden a este nombre. Cuando invocamos el nombre del Señor, nosotros llevamos el temor de Dios a las personas. Este nombre tiene un gran poder, porque el evangelio es poder de Dios. Cuando predicamos el evangelio, el poder de Dios viene sobre nosotros. Así, por medio de invocar el nombre del Señor, tocamos el poder del evangelio y somos salvos.
El evangelio de la gracia nos llevó a creer en el Señor Jesús para obtener la salvación, pero necesitamos avanzar aún más en nuestra experiencia, al evangelio de la vida. El evangelio de la vida nos trae vida para que entremos en el reino de Dios y vivamos en Su realidad.
Punto Clave: Hay poder en el nombre de Jesús.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Qué experiencias ha tenido usted al invocar el nombre del Señor para vencer el poder del pecado?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 12 --- El Espíritu del Hijo
Jueves --- Leer con oración: Nm 21:5-9; Jn 3:14-15; Ro 8:1-3; He 4:15
“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn 3:14-15)
EL HIJO DEL HOMBRE CONDENÓ AL PECADO Y NOS DIO LA VIDA ETERNA
El evangelio de la gracia comprende la obra redentora de Jesucristo en favor del hombre. Después que recibimos al Señor Jesús mediante la fe, fuimos justificados, santificados y reconciliados con Dios. Sin embargo, este no es el objetivo final del evangelio de Dios. Necesitamos proseguir en la vida espiritual y avanzar para disfrutar del evangelio de la vida.
En Romanos 8:1-2 leemos: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”. Cuando creímos en el Señor Jesús, recibimos el Espíritu de vida y, con Él, una ley superior que nos libró de la ley del pecado y de la muerte.
En el versículo 3 vemos como el Señor nos libró: “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne”. El Señor Jesús, en la carne, condenó al pecado llevándolo a la cruz.
El Señor por nuestra causa tomó la semejanza de carne de pecado. Él vino como hombre, pero solamente tenía la forma, o la semejanza de la carne de pecado, es decir, no tenía pecado (He 4:15).
Podemos entender mejor este asunto por medio de la ilustración que el mismo Señor Jesús hizo de Sí mismo en Juan 3:14-15: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Cuando el pueblo de Israel se rebeló contra Dios en el desierto, Él mandó serpientes ardientes para que fueran mordidos por ellas, y los que eran heridos por las serpientes morirían (Nm 21:5-6). Dios orientó a Moisés a hacer una serpiente de bronce y levantarla en un asta. Cuando una serpiente mordía a alguno, al mirar a la serpiente de bronce, vivía (vs. 8-9).
La serpiente de bronce simboliza al Señor Jesús. Así como esa serpiente levantada por Moisés no tenía veneno; el Señor Jesús poseía la semejanza de la carne de pecado, pero en Él no había ningún pecado. Él murió en la cruz como nuestro sustituto para solucionar el problema de nuestros pecados. Todos los hombres pecaron en Adán y necesitan identificarse con Cristo, la “serpiente de bronce”, para ser librados del pecado. En Juan 3:16 leemos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
El evangelio de la gracia incluye la maravillosa salvación de Dios mediante Su gran amor. Solamente Su Hijo unigénito, que no tenía pecado, estaba calificado para resolver el problema de nuestros pecados y darnos la vida eterna. ¡Alabado sea el Señor!
Punto Clave: El Señor Jesús condenó al pecado en la carne y nos dio vida eterna.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Qué relación existe entre Romanos 8:3, Hebreos 2:14, Juan 3:14-15 y Números 21:5-6?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 12 --- El Espíritu del Hijo
Viernes --- Leer con oración: Ro 8:5-6; Gá 4:1-7, 19; 1 P 1:23
“Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gá 4:19)
PERMITIR QUE CRISTO SEA FORMADO EN NOSOTROS
A partir de Romanos 8:4 vemos el contenido del evangelio de la vida, conforme a lo que leemos: “para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. El evangelio de la gracia tiene como fin el evangelio de la vida.
Al crucificar la carne de pecado, Él no sólo solucionó el problema de nuestros pecados, nuestras acciones pecaminosas, como también condenó al pecado en la carne (Ro 8:3). De esta manera, ahora podemos andar según el Espíritu de vida, que dice respecto al comienzo del evangelio de la vida.
El evangelio de la vida tiene como fin llevarnos al reino, pero, para que eso suceda, es necesario andar en el Espíritu para cumplir la voluntad de Dios. El Señor desea que no sólo prediquemos el evangelio de la gracia, sino también el evangelio del reino de los cielos, a fin de que Su voluntad sea hecha en la tierra.
Dios hoy tiene muchos hijos que fueron engendrados mediante el evangelio de la gracia. Puesto que ya están reconciliados con Dios por medio de la obra redentora de Cristo, ellos tienen el libre acceso al árbol de la vida para recibir la vida eterna. La mayoría de ellos, no obstante, se detuvo sólo en la etapa de la salvación y no supo proseguir adecuadamente en la vida cristiana, es decir, crecer y madurar en vida.
Cuando estudiamos las Epístolas de Pedro, en otra serie del Alimento Diario, fuimos muy ayudados y vimos como la vida divina necesita desarrollarse en nosotros para que crezcamos en vida. En su primera epístola, el apóstol Pedro nos dice que fuimos regenerados no de simiente corruptible, sino de incorruptible, que es la palabra de Dios, la cual vive y permanece para siempre (1:23).
Recibimos la vida divina como una simiente, una semilla, que fue sembrada en nosotros. No obstante, esta semilla necesita ser cultivada para crecer hasta tomar forma. Al comienzo, es una pequeña semilla, pero, a medida que es cultivada, crece, madura y produce frutos.
De la misma manera, nuestro crecimiento es visible cuando expresamos las características de la vida divina en nuestro vivir cotidiano. Pero, para que esto suceda, es necesario que pongamos toda nuestra diligencia, y añadir a nuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor; la culminación de la expresión divina en nosotros (2 P 1:3-7).
Además de Pedro, el apóstol Pablo también nos trajo una importante ilustración para que comprendamos como ocurre el crecimiento de la vida espiritual. En Gálatas 4:19, él dice: “Por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros”. Mediante la fe, Cristo fue engendrado dentro de nosotros y quiere crecer hasta tomar Su forma madura para que Lo expresemos. Para que este proceso de crecimiento ocurra en nuestro interior, fue necesario ser puestos en la vida de la iglesia, donde crecemos gradualmente hasta alcanzar la estatura y la madurez para recibir la herencia del Padre (Gá 4:1-7).
Por un lado, Cristo es la semilla divina, la simiente, que necesita desarrollarse en nosotros hasta producir frutos. Por otro, Él es como un feto que se desarrolla en nuestro interior. Después de nacer de nuevo, somos puestos en la vida de la iglesia para que esta nueva vida crezca y madure hasta que estemos aptos para recibir la herencia que Dios nos preparó.
En Romanos 8 vemos como ocurre el operar del Espíritu de vida en nosotros hasta alcanzar nuestro espíritu, alma y cuerpo hasta que todo nuestro ser sea saturado de la vida de divina. El proceso del crecimiento de la vida de Dios en el hombre comienza por la regeneración, que ocurre cuando recibe al Espíritu en su espíritu humano. A partir del espíritu humano, el dispensar de la vida divina alcanza primeramente nuestra mente, la parte líder del alma.
Para continuar creciendo en la vida, necesitamos cooperar con Dios poniendo nuestra mente en el Espíritu, donde hay vida y paz (vs. 5-6). Cuando ponemos nuestra mente en la carne, somos llevados a pecar, es decir, nuestra mente piensa en las cosas de la carne y nuestro cuerpo las ejecuta. ¡Pero gracias a Dios, porque tenemos al Espíritu vivificante mezclado con nuestro espíritu! ¡Solamente nos basta poner la mente en él para tener vida y paz!
Punto Clave: Cristo es la simiente divina que necesita desarrollarse en nosotros hasta producir frutos
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Cuándo nuestro crecimiento de vida llega a ser visible?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 12 --- El Espíritu del Hijo
Sábado --- Leer con oración: Gn 2:7; Job 32:8; 33:4; Ro 8:5-13
“Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Ro 8:11)
LA FINALIDAD DEL EVANGELIO DE LA VIDA : VIVIFICAR AL HOMBRE TRIPARTITO
Nuestro crecimiento de vida ocurre por medio de la salvación de las tres partes de nuestro ser (1 Ts 5:23). Esta es la finalidad del evangelio de la vida.
Conforme a lo que Pablo escribió en Romanos 8, los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios. Por tanto, aquellos que están en la carne no pueden agradar a Dios, porque si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él (vs. 7-9).
En lo más profundo del hombre existe un órgano llamado el espíritu humano. Cuando Dios creó a Adán y le sopló en la nariz el aliento de vida, el espíritu fue formado y él se convirtió en un alma viviente (Gn 2:7; Job 32:8; 33:4). El alma es la persona misma del hombre y, si ella está en contacto con el Espíritu, obtiene vida y paz (Ro 8:6).
Prosiguiendo en el versículo 10, leemos: “Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia”. El Señor Jesús mismo es la justicia, por la cual el espíritu es vida (1 Co 1:30). En cuanto a la salvación de nuestra alma, Pablo nos muestra que, cuando la mente, que es la parte líder del alma, es puesta en el espíritu, es vida y paz.
Por causa del pecado, nuestro cuerpo se convirtió en un cuerpo de pecado (Ro 6:6) y ya fue condenado a muerte. No obstante, si éste está en contacto con el Espíritu, también tendrá vida (8:11). Por tanto, el evangelio de la vida produce vida en nuestro espíritu, alma y cuerpo.
No somos deudores de la carne, por eso no necesitamos andar conforme a la carne, sino que debemos vivir conforme al Espíritu (v. 12). “porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (v. 13). Gracias al Señor, no le debemos nada a la carne, por tanto podemos andar y vivir en el espíritu. Si hacemos morir, por el Espíritu, las obras de la carne, ciertamente viviremos.
Para que el cuerpo no tenga ventaja sobre nosotros, necesitamos andar conforme al Espíritu (Gá 5:16). Cuando actuamos de esa manera, seguimos Su dirección. Andar conforme al Espíritu es ser guiado por la vida divina. Necesitamos aprender día tras día a usar nuestro espíritu para contactar a Dios. Para eso invocamos Su nombre y leemos y oramos Su Palabra. Andar en el espíritu no es un asunto de bailar, saltar o hacer cualquier otra manifestación exterior. Liberar el espíritu debe ser algo que brote de nuestro interior, porque en él mora el Espíritu vivificante.
Cuando leemos 1 Corintios 14:45b bajo la luz de Romanos 8:1-2, vemos que Cristo, el postrer Adán, se hizo el Espíritu vivificante. Este Espíritu vivificante es el mismo Espíritu de vida que nos libró de toda condenación. Para los que están en Cristo Jesús está el Espíritu de vida, cuya ley nos libra de la ley del pecado y de la muerte. ¡Aleluya!.
Punto Clave: Debemos avanzar del evangelio de la gracia al evangelio de la vida.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿El nivel de vida aumenta diariamente en usted?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 12 --- El Espíritu del Hijo
Domingo --- Leer con oración: Mt 1:23; Jn 1:1, 14, 18; 1 Co 15:45; 1 Ti 6:16
““Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Ro 8:17)
DISFRUTAR DE LA PRESENCIA DE DIOS, SER GUIADOS
POR EL ESPÍRITU Y LLEGAR A SER HEREDEROS
El Señor Jesús es el Espíritu vivificante (1 Co 15:45; Ro 8:1-2). Él también es el Hijo de Dios, la Palabra misma de Dios, el Verbo de Dios y Aquel que salió del Padre (Jn 1:1, 14, 18). La Palabra que salió de Dios es el Hijo mismo.
El Verbo que era y estaba con Dios se hizo carne (v. 14). Esta carne se refiere a Jesucristo como la corporificación de Dios. Él es el Hijo de Dios. Por tanto, tenemos al Padre y al Hijo, que vino del Padre.
El Hijo no sólo vino del Padre, tampoco hizo nada por Sí mismo; todo lo que hizo fue conforme a la voluntad del Padre (Jn 5:19; 8:28). En otras palabras, el Padre y el Hijo son uno y quien ve al Hijo ve al Padre (10:30; 14:9). Cuando el Padre se manifiesta, es el Hijo, pues Él es Aquel que salió del Padre.
Dios es la Palabra , el Verbo, y Su vida está en la Palabra , que es el Hijo (1:4; 1 Jn 5:11-12). Cuando Juan dijo: “ La Palabra se hizo carne”, se estaba refiriendo a la encarnación del Señor Jesús. En la epístola a los Colosenses es revelado como Aquel que es “la imagen del Dios invisible” (Col 1:15). Por eso, dentro de la Trinidad , solamente el Hijo tiene imagen. El Padre no tiene imagen, pues habita en luz inaccesible al hombre (1 Ti 6:16), y, el Espíritu tampoco tiene imagen.
El hombre fue creado conforme a la imagen y semejanza de Dios (Gn 1:26), es decir, a la imagen de Cristo, para tener autoridad sobre todas las cosas creadas. El Hijo, que es la Palabra , se hizo carne, tomó una forma, un cuerpo concreto como nosotros. Si queremos ver al Padre, sólo necesitamos mirar al Señor Jesús.
Dios se corporificó en el Hijo con la finalidad de estar con nosotros, pues Su deseo es que vivamos en Su presencia. A pesar de que Dios desea la presencia del hombre, pero por comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, se escondió de la presencia de Dios (Gn 3:8). Mas Dios en Su infinita misericordia lo empezó a buscar y dijo: “¿Dónde estás tú?” (v. 9).
La venida del Señor Jesús fue para llevar al hombre de regreso a la presencia de Dios. Su nombre era Jesús, nuestro Emanuel, que quiere decir: Dios con nosotros (Mt 1:23). Por medio Suyo, el hombre pudo disfrutar de la presencia de Dios.
Sin embargo, el Señor Jesús estaba limitado por el tiempo y el espacio. Por eso, después de Su muerte y resurrección, Él se hizo el Espíritu vivificante para estar para siempre con nosotros. En este Espíritu, que es llamado el “otro Consolador”, está el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Jn 14:16-18, 20, 23). Esta es la sabiduría divina. Ahora Dios puede estar para siempre con nosotros.
El Señor Jesús ya se hizo el Espíritu vivificante, entró en nosotros y nos hizo hijos de Dios. El Espíritu que recibimos por la regeneración es el Espíritu del Hijo. Por medio de Él, recibimos también el espíritu de filiación (Ro 8:15). Puesto que nacimos de Dios, podemos disfrutar de Su presencia, clamando: ¡Abba, Padre!
El Espíritu nos permite tener contacto con el Padre, pues Él da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios (v. 16). Además, podemos ser guiados por el Espíritu de Dios, pues somos Sus hijos (v. 14).
En Romanos 8:17 leemos: “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”. No recibimos únicamente el Espíritu del Hijo para que clamemos: “¡Abba, Padre!”, también Lo recibimos para ser Sus herederos.
Los herederos reciben toda la herencia de Dios, es decir, todo aquello que Dios les preparó. Somos herederos de Dios y coherederos con Cristo. ¡Gracias al Señor! Con Él padecemos para que también con Él seamos glorificados. Somos hijos de Dios, porque nacimos de Él y tenemos un espíritu dentro de nosotros que clama: “¡Abba, Padre! ¡Abba, Padre! ¡Abba, Padre!” Qué gran gozo nos trae esto. ¡Aleluya!
Punto Clave: Disfrute y herencia.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Está preparado para recibir la herencia del Padre?
Dong Yu Lan
Publicacion de:
Editora “Arvore da Vida”
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La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
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27/07/09,18:40:21
TRES ASPECTOS DEL ESPIRITU SANTO
Para estudiar la Biblia, necesitamos familiarizarnos con tres aspectos del Espíritu Santo, especialmente para estudiar el Nuevo Testamento, el cual tiene una estrecha relación con dichos aspectos.
Primero, el Espíritu Santo desea que entremos en Sus pensamientos. Para entender las palabras del Espíritu Santo, debemos dirigir nuestros pensamientos a los Suyos. Esto es particularmente necesario en el caso de las epístolas. Tenemos que familiarizarnos con los pensamientos del Espíritu Santo para poder entender Sus escritos.
Segundo, el Espíritu Santo dejó constancia de muchos hechos en la Biblia. Tenemos que penetrar en estos hechos básicos. Si no lo hacemos, no podremos entender la Palabra de Dios. El Espíritu Santo tiene que abrirnos todos los hechos narrados en los cuatro evangelios y en los Hechos.
Tercero, cuando leemos la Palabra de Dios, el Espíritu Santo nos guía a tocar el espíritu. En muchas ocasiones, no es suficiente conocer los pensamientos; debemos entrar en el espíritu que los genera. No solamente debemos conocer los hechos, sino también entrar en el espíritu que los produce. Podemos encontrar ejemplos de esto en los evangelios, en el libro de Hechos y en las epístolas.
El lector de la Biblia debe entrar en estos tres aspectos. Sin embargo, solamente quienes han sido adiestrados y disciplinados pueden verdaderamente conocerlos. No debemos considerar estos aspectos como métodos para estudiar la Biblia, ya que se relacionan con la persona que lee la Biblia. La persona debe pasar por un adiestramiento básico, que es precisamente de lo que queremos hablar.
Examinemos cómo podemos tener parte en estos tres aspectos.
I. LOS PENSAMIENTOS DEL ESPIRITU SANTO
Al escribir las Escrituras, el Espíritu Santo tenía un propósito y un pensamiento definido. El lector de la Biblia no solamente tiene que conocer las palabras y memorizarlas, sino que también debe percibir el propósito específico que el Espíritu Santo tenía al escribir cierto libro. Lo primero que deseamos tratar acerca del estudio de la Biblia no es su interpretación, sino conocer la intención del Espíritu Santo en el momento en que escribió el libro que vamos a leer. Tenemos que recordar que el valor de las palabras no reside en las palabras mismas sino en su significado. El Señor les dijo a los saduceos: “Erráis, por no conocer las Escrituras” (Mt. 22:29). Los saduceos leían la Palabra de Dios, pero no la entendían. Cuando leemos la Palabra de Dios, debemos hallar la causa por la cual el Espíritu habló. Esto nos guía a otro punto: Nuestra mente necesita bastante disciplina.
A. Fundimos nuestros pensamientos
con los del Espíritu Santo
El lector de la Biblia debe ser objetivo; no debe confiar en su propia mente. El Espíritu Santo tiene Su pensamiento, y en éste deben entrar nuestros pensamientos y fundirse en él. Cuando el Espíritu Santo piensa de cierta manera, nosotros también tenemos que pensar de la misma manera. Ambos debemos fluir como dos corrientes de un río: el Espíritu Santo es la corriente principal, y nosotros somos la corriente secundaria. El Espíritu Santo es como un gran río, mientras que nosotros somos como un arrolluelo. El arroyo tiene que unirse al río. Cuando el río fluye hacia el oriente, el arroyo también fluye hacia el oriente. El arroyo puede ser pequeño, pero si fluye con el río, llega al océano.
Algunos pasajes bíblicos giran en torno a hechos, mientras que otros se centran en el espíritu o en los pensamientos. Los pasajes que enfocan pensamientos también tienen espíritu y hechos. Aquellos cuyo enfoque está en los hechos incluyen espíritu y pensamientos. Los pasajes que se centran está en el espíritu contienen además hechos y pensamientos. Cuando examinamos los pensamientos del Espíritu Santo, debemos ser objetivos; todo nuestro ser debe seguir los pensamientos que El comunica. Sin embargo, algunos no pueden hacer esto o sólo pueden estar ligados al Espíritu Santo por diez minutos, después de los cuales sus pensamientos empiezan a vagar. Este tipo de personas no pueden leer la Biblia como se debe. El requisito para que una persona pueda leer la Biblia es que su mismo ser sea afectado.
Es cierto que al leer la Biblia uno necesita usar la mente. Pero, ésta debe seguir la misma línea, corriente y dirección de la mente del Espíritu Santo. Dondequiera que el Espíritu vaya, uno debe seguirlo. Podemos hallar el pensamiento del Espíritu Santo en una oración, en un pasaje, en un capítulo o en un libro. La mente de uno tiene que estar sintonizada con el Espíritu Santo y procurar hallar lo que El dice en un pasaje, lo que El piensa, y cuáles son las ideas principales y secundarias. La primera pregunta que debemos hacernos cuando leemos una porción de las Escrituras es ¿cuál es la intención del Espíritu al escribirla? Si no sabemos cuál es la intención del Espíritu Santo en esa porción, es muy probable que cometamos errores cuando la citemos más tarde; es posible que tergiversemos lo que el Espíritu Santo quiere decir. No es suficiente leer la letra, recordar las palabras, ni memorizar el pasaje ni estudiar el significado de una manera aislada. Cuando leemos la Biblia, debemos percibir la intención que tenía el Espíritu cuando escribió un pasaje dado. Es decir, debemos detectar los pensamientos de Pablo, de Pedro y de los demás escritores en el momento que el Espíritu Santo habló por medio de ellos. Nuestros pensamientos deben concordar con los pensamientos del Espíritu para poder entender la Biblia.
Se cuenta de un creyente que viajó por las cuarenta y dos estaciones por las que pasaron los israelitas desde Egipto hasta Palestina. Donde los israelitas fueron, él fue. Donde dieron un rodeo, el lo dio. El hizo todo el viaje de esta manera. Más tarde, relató en un libro el viaje. El no escogió su propio camino, sino el que Moisés tomó. Esta es la manera en que debemos leer la Biblia. No debemos determinar la dirección por nosotros mismos; tenemos que ir por donde el Espíritu va. Pablo bajó a Jerusalén, y nosotros debemos ir con él a Jerusalén. El sentía y pensaba de cierta manera, y nosotros debemos sentir y pensar de la misma manera. No debemos seguir nuestro propio rumbo, sino la dirección de los escritores de la Biblia, es decir, la dirección del Espíritu. El pensamiento de los lectores de las Escrituras debe concordar con el de los escritores, pues éstos fueron inspirados por el Espíritu Santo a pensar de cierta manera. Si nuestros pensamientos pueden seguir de cerca lo que el Espíritu tenía en el momento de escribirse el pasaje, entenderemos lo que la Biblia dice.
B. “El Tronco” y “las Ramas”
Algunos pasajes de la Biblia contienen un tema específico, mientras que otros son palabras explicativas; algunas son de vital importancia, mientras que otras tienen una función secundaria. Algunas son como el tronco de un árbol, y otras son como las ramas. No debemos seguir las ramas y perder de vista el tronco. Y tampoco debemos prestar atención exclusivamente al tronco olvidándonos de las ramas. Debemos encontrar lo que el Espíritu Santo dice en un pasaje, cómo lo expresa, de cuántas cosas habla y cuánto se extiende para alcanzar su meta. Nuestra mente debe seguir estas cosas paso a paso. Tenemos que llegar a la mente del Espíritu Santo. El Espíritu tiene un tema y también tiene las palabras que lo desarrollan. A veces estamos hablando y a mitad de nuestra conversación, nos desviamos del tema para explicar algo. Estas son “las ramas”. Las ramas no se extienden sin límite. De igual modo, el Espíritu puede salirse del tema con una explicación que use cinco o seis versículos, pero siempre regresa al “tronco”. No nos debemos quedar en las explicaciones; debemos seguir el Espíritu Santo y regresar al tema. Muchas de las epístolas están estructuradas de tal manera que las palabras explicativas se intercalan en el tema de los pasajes. Debemos diferenciar entre “el tronco” y “las ramas” a fin de entender lo que leemos. No debemos apresurarnos en nuestra lectura. Cuando el Espíritu Santo da un viraje, nosotros tenemos que ir con El, y cuando vuelve al tema, nosotros también debemos regresar. Tenemos que ser muy sensibles y cuidadosos para no poner nuestra confianza en nosotros mismos ni en nuestra carne. Esta es la manera de sincronizarnos con los pensamientos del Espíritu Santo.
Hay “troncos” y “ramas” en la Biblia y, en conjunto, forman una unidad. Por ejemplo: cuando Pablo escribió el libro de Romanos, no tenía la intención de darnos solamente 3:23, 6:23 y 8:1. Todo el libro contiene una idea unificada; es una entidad completa. No aparecen fragmentos por ninguna parte. No debemos tomar ciertos versículos fuera de contexto para después explicarlos. Está bien que tomemos prestado algún versículo, pero debemos diferenciar entre tomar prestado y dar una interpretación del mismo. Aun cuando tomamos prestado un versículo para cualquier otro uso, tenemos que entender el contexto, de no ser así, caeremos en el error de tomar las ideas fuera de su contexto.
Si nuestra mente está adiestrada, será lo suficientemente diestra para sustentar la luz. La luz viene como un relámpago, y tenemos que atraparla y sostenerla. Si nuestra mente no está adiestrada para unirse a la mente del Espíritu Santo, no tendremos el pensamiento necesario para capturar y sostener la luz cuando nos llegue en forma de revelación. Esta es la razón por la cual nuestra mente tiene que ser adiestrada; tiene que ser objetiva y obediente a la guía del Espíritu Santo. El Espíritu Santo tiene Su propia manera de expresarse. Por ejemplo: Romanos 1 y 2 hablan del pecado del hombre; el capítulo tres habla de la redención; el capítulo cuatro, de la fe; el capítulo cinco, del pecador; el capítulo seis, de la muerte del pecador; el capítulo siete, de las dos leyes; y el capítulo ocho, del Espíritu Santo. En los capítulos del nueve al doce nos da algunos ejemplos. El capítulo doce habla de los cristianos y de la iglesia, y finalmente, los capítulos trece y dieciséis hablan de la conducta de una persona salva. Cuando leemos dicho libro, tenemos que entender la intención del Espíritu Santo al hablar esas palabras. En cada sección el Espíritu tiene ideas principales. Primero, El habla del pecado del hombre y luego de la solución al pecado y del cumplimiento de la justicia de Dios. Después pasa a hablar de la fe y de lo que estorba a la fe: las obras del hombre. Pero el hombre tiene otro problema además de su pecado: su persona. Por consiguiente, en el capítulo seis el Espíritu habla de la crucifixión del pecador (el hombre viejo). La solución al pecado del hombre radica en la fe de que el Señor murió por él, mientras que la solución al problema del hombre mismo se halla en la fe en que él murió con el Señor. En los capítulos del nueve al once, se habla de la nación de Israel como un ejemplo de la gracia de Dios y de la fe. Luego, el capítulo doce menciona la condición de un cristiano consagrado. Del capítulo uno al dieciséis, podemos identificar “los troncos” claramente. Pablo fue muy claro al expresar su sentir en estos puntos. También están “las ramas”, algunas de las cuales se ven en la primera sección. Al abordar el tema del pecado, el Espíritu Santo se desvía para hablar de los gentiles y luego de los judíos, y luego regresa a la idea principal. Cuando leemos la Biblia, debemos seguir muy de cerca la idea del Espíritu Santo.
C. Dos clases de adiestramiento
Hay dos maneras de adiestrar nuestra mente. Primero, podemos aislar el tema de las palabras explicativas. No es mala idea recorrer todo el Nuevo Testamento y poner paréntesis alrededor de pasajes que el Espíritu incluye a modo de explicación. Lo contenido entre paréntesis son “las ramas”, y lo que queda fuera es “el tronco”. Si saltamos los versículos que dejamos entre paréntesis y leemos el resto, veremos la idea principal en los diferentes pasajes.
Hagamos esto con el libro de Romanos. Romanos 1:1 dice: “Pablo, esclavo de Cristo Jesús, apóstol llamado, apartado para el evangelio de Dios”. Esto es obviamente la introducción a dicho libro. Los versículos del 2 al 4 dicen: “Que El había prometido antes por medio de Sus profetas en las Santas Escrituras, acerca de Su Hijo, que era del linaje de David según la carne, que fue designado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, Jesucristo nuestro Señor”. Esta es una explicación del evangelio. Por consiguiente, estos versículos son “ramas” que se pueden poner entre paréntesis. El versículo 5 dice: “Y por quien hemos recibido la gracia y el apostolado para la obediencia de la fe entre los gentiles por causa de Su nombre”. Esto de nuevo es el tema del texto. Si seguimos así hasta finalizar Romanos, extraeremos los versículos que constituyen la idea principal del texto. Podemos subrayar el tema con un color, y las explicaciones con otro. Como primer paso, no tenemos que leer las explicaciones. Primero leemos el tema y después las explicaciones. En primer lugar, debemos encontrar la idea principal que expresa el Espíritu Santo, y luego debemos incluir paulatinamente las explicaciones. ¿Qué es este evangelio? Es algo que fue “prometido antes por medio de Sus profetas en las santas Escrituras”. Dios prometió el evangelio y luego envió al Señor Jesús a cumplirlo. El cumplimiento del evangelio consta de dos partes. Primero, lo que corresponde a la carne, y luego, lo que corresponde al espíritu. La primera parte está ligada a la vida del Señor en la tierra como hijo de María. La segunda parte se relaciona con Su vida en los cielos como Hijo de Dios. Los cuatro evangelios abarcan lo que de El se relaciona con la carne, mientras que las epístolas abarcan lo relacionado con el Espíritu. Cuando leemos este pasaje, debemos pasar directamente del versículo 1 al 5 y dejar los versículos del 2 al 4 para más tarde. Siempre debemos prestar atención al tema primero, y luego a las explicaciones. Debemos leer toda la Biblia de esta manera. Todo siervo de Dios debe diferenciar entre el tema de cada libro y las porciones explicativas. Este es el primer paso.
¿Qué beneficio podemos obtener cuando damos este primer paso? Esto nos capacita para conocer en qué medida se relaciona la enseñanza de un pasaje con el tema principal y qué parte es una explicación. Cuando servimos como ministros de la Palabra, nuestras palabras deben tener un tema central y también explicaciones. Aunque nuestra función como ministros de la Palabra no es tan perfecta y profunda como la de los primeros apóstoles, el principio sigue siendo el mismo. Una vez que diferenciemos entre el tema y las explicaciones, nos daremos cuenta, para nuestra sorpresa, de que la Biblia provee suficientes explicaciones, tanto en cantidad como en profundidad; adoraremos al Señor por la absoluta perfección de Su Palabra; descubriremos también que tan pronto nos excedemos ligeramente en el uso de explicaciones o ejemplos, todo nuestro mensaje se debilita. Debemos prestar atención a la manera en que la Biblia da explicaciones. No debemos explicar demasiado. Solamente debemos aclarar pasajes que no sean fáciles de entender. Las explicaciones se dan con el propósito de facilitar la comprensión, pero no debemos excedernos en su uso. Algunos oradores carecen de explicaciones, lo cual confunde a los oyentes; otros dan explicaciones tan largas que echan a perder el mensaje. Debemos observar el balance perfecto de la Palabra. Aprendamos a separar el tema de las explicaciones. Para hacer esto, tenemos que ser objetivos. Si nos volvemos subjetivos, erraremos.
En segundo lugar, debemos tratar de repetir el pasaje con nuestras propias palabras y escribirlo de nuevo con palabras que nosotros podamos entender. Por ejemplo: Romanos 1:1, 5 y 6 son versículos que expresan el tema y fueron redactados por Pablo. Después de que entendemos lo que Pablo dijo, debemos tratar de expresarlo con nuestras propias palabras. Al principio sólo debemos trabajar con el tema principal; no tenemos que dedicarle mucho tiempo a las explicaciones contenidas en los paréntesis. Este ejercicio es similar a nuestra experiencia como estudiantes. Los maestros nos cuentan una historia y nosotros la escribimos con nuestras propias palabras. Tenemos que saber de qué se trata la narración para poderla escribir. Para realizar este ejercicio debemos ser objetivos y entender el significado de la Biblia, y así no le agregaremos nuestras propias palabras. Tenemos que adiestrarnos a fin de seguir los pensamientos del Espíritu Santo. Debemos conformar nuestros pensamientos a los del Espíritu Santo.
Es muy posible que cometamos errores al repetir el texto con nuestras palabras, ante lo cual, lo que debemos hacer es corregirlos la próxima vez. Si cometemos errores de nuevo, debemos corregirlos otra vez. Cuanto más nos corrijamos, más exactos llegaremos a ser. Si aprendemos esta lección, nos será fácil entender la Palabra de Dios. Lo más importante es hacernos a un lado. Si nos volvemos orgullosos o subjetivos estamos acabados. Tenemos que aprender a ser objetivos, mansos y humildes. Es fácil para una mente mansa y humilde seguir la mente del Espíritu. Los lectores de la Biblia necesitan aprender esta lección.
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28/07/09,21:40:53
II. ENTREMOS EN LOS HECHOS
NARRADOS POR EL ESPIRITU SANTO
A. La impresión
que dejan los hechos
Cuando leemos la Biblia, el Espíritu Santo requiere que tengamos una impresión definida de los hechos. No toda la Biblia consta de enseñanzas; gran parte de ella se compone de hechos y relatos. El Espíritu Santo desea que los hechos, las historias y los relatos produzcan cierta impresión en nosotros. Una vez que obtengamos por el Espíritu Santo una impresión de esos hechos, le será fácil comunicarnos la palabra de Dios. Si los hechos no producen una impresión en nosotros, la Palabra de Dios no permanecerá en nosotros ni producirá el efecto apropiado.
La impresión a la que nos referimos no es estar informados en general de las narraciones, sino a una visión de los puntos característicos que dejan una impresión duradera en la mente. Cada evento en la Biblia tiene sus características. Si no entendemos estas características, no podremos entender la Palabra de Dios. Cuando leemos un contrato, no es suficiente verificar si tiene la firma o no; debemos verificar de quién es la firma. La impresión de la que hablamos no es una impresión general, sino una impresión específica. Cuando descubrimos la característica especial, podemos saber lo que Dios desea decir en el texto. Es posible que una persona pueda recordar y transmitir un relato bíblico sin notar su carácter especial. Esto muestra que no entiende la Palabra de Dios. El Nuevo Testamento consta de los cuatro evangelios, Hechos, las epístolas y Apocalipsis. Para penetrar en las epístolas tenemos que entrar en el pensamiento del Espíritu Santo. Sin embargo, en los cuatro evangelios y en Hechos, además de abrir nuestro corazón al Espíritu de Dios, tenemos que permitirle que nos deje una profunda impresión con los hechos. Tenemos que descubrir la diferencia entre ciertos hechos y tenemos que detectar las características específicas que presentan esos hechos.
Una impresión es semejante a una fotografía. La cámara usa una película plástica delgada, cubierta de cierto material químico llamado bromuro de plata. Hace unas décadas, esta película solamente podía contener decenas de millares de partículas de bromuro de plata por centímetro cuadrado. Esta es la causa por la cual las fotografías que se producían en ese entonces no eran muy nítidas, pues tenían una apariencia granular. Más tarde, la película fue mejorada, y ese granulado desapareció. La imagen es ahora más clara porque cada pulgada cuadrada de la película puede contener millones de partículas de bromuro de plata. De la misma manera, cuanto más fina sea nuestra constitución interior, mejor impresión tendremos. Si nuestro corazón y nuestro espíritu están abiertos a Dios, y si somos sensibles, el destello de hechos que el Espíritu Santo ponga delante de nosotros va a generar una profunda impresión en nosotros. Si somos sensibles y flexibles, veremos dos cosas: primero, localizaremos el énfasis de la Palabra de Dios y el enfoque de Su revelación, y en segundo lugar, sabremos qué es lo que Dios desea comunicar con los hechos. Así podremos diferenciar entre diferentes hechos.
Una persona tosca nunca verá los puntos finos de la Biblia. Un hombre debe ser blando, y sus sentimientos deben ser muy sensibles para que la Palabra de Dios pueda dejar una impresión clara en él. No solamente vislumbrará el panorama completo, sino que también recibirá una impresión exacta de los puntos más específicos y de los delineamientos, y tendrá certeza de cada aspecto delicado e intrínseco que contienen los hechos.
B. La necesidad de ser sensibles
Muchas persona que leen la Bibli procuran hallar los aspectos específicos y finos que contiene. Sin embargo, sin sentimientos finos y tiernos, no se pueden percibir aquellos aspectos tiernos. Examinemos los cuatro evangelios y el libro de Hechos. Estos cinco libros son una crónica de Jesús y revelan más hechos acerca de El que las epístolas. Necesitamos tener impresiones específicas y finas de los hechos relacionados con el Señor Jesús. Estudiemos otros ejemplos.
1. Contrastes
a. Zaqueo y los dos discípulos que iban a Emaús
Al comparar Lucas 19 con Lucas 24 encontramos una marcada diferencia entre la visita del Señor a la casa de Zaqueo y Su visita a los dos discípulos que iban camino a Emaús. El expresó el deseo de ir a la casa de Zaqueo, pero en el caso de los dos discípulos, parecía que quería seguir de largo. Una persona con una percepción fina detectaría estas dos actitudes opuestas. En el caso de Zaqueo, el Señor se acercó a un vil pecador. Este no era un publicano cualquiera; era el jefe de los recaudadores de impuestos. El Señor no esperó a que él lo invitara, sino que se invitó a la casa de él. No hay duda de que Zaqueo deseaba ver al Señor, pero estaba consciente de su baja estatura y de su mala reputación, y se sentía demasiado avergonzado como para invitar al Señor. En tales circunstancias, el Señor dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que me quede en tu casa” (Lc. 19:5). Este era un pecador que no se atrevía a invitar al Señor a su casa. El Señor se invitó a Sí mismo a esa casa. El entendía a Zaqueo, pues era muy sensible. Si nuestros sentimientos son lo suficientemente tiernos, entenderemos lo que el Señor desea.
Los dos discípulos que iban camino a Emaús se habían vuelto atrás. Sus ojos estaban cubiertos por un velo, y no reconocían al Señor. El anduvo con ellos, habló con ellos y les explicó las Escrituras. Cuando estaban cerca de la aldea, El actuó como si fuera a seguir de largo (24:28). La actitud del Señor hacia los dos discípulos fue diferente a la que mostró ante Zaqueo. Este estaba frente a grandes obstáculos: se avergonzaba de su condición. El Señor fue muy tierno para con él y se invitó a entrar en su casa. Los dos discípulos que iban para Emaús ya conocían al Señor, pero se habían vuelto atrás. Aunque habían oído mucho del Señor, seguían en su camino a Emaús. Esta fue la razón por la cual el Señor actuó como si fuera a seguir Su camino. Se quedó con ellos porque se lo rogaron. En el primer caso, un hombre viene al Señor. En el otro, dos hombres están alejándose de El. En efecto, la actitud del Señor fue diferente. Tenemos que llegar a los tiernos sentimientos del Señor Jesús para percatarnos de quién es Jesús de Nazaret, a quién Dios desea revelarnos.
b. Las dos ocasiones
en que Pedro se fue a pescar
En Lucas 5 Pedro había estado pescando toda la noche y no había pescado nada. No obstante el Señor Jesús le dijo: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca” (v. 4). Los pescadores echaron las redes y cogieron una gran cantidad de peces. No habían pescado nada, pero repentinamente recogieron una gran cantidad de peces. Entonces Pedro cayó de rodillas ante Jesús, y le dijo: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador” (v. 8). En Juan 21 encontramos a Pedro y a otros discípulos pescando de nuevo. El Señor les preguntó: “Hijitos, ¿no tenéis algo de comer? Le respondieron: No. El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca” (vs. 5-6). Entonces atraparon muchos pescados. En la pesca de Lucas 5 el Señor Jesús revela Su gloria a Pedro. Cuando esta gran gloria resplandeció sobre éste, comprendió que era un pecador y que no era digno de la presencia del Señor. Cuando Pedro se fue a pescar, después de la resurrección del Señor; se tiró al mar y nadó hasta la orilla al reconocer al Señor (Jn. 21:7). Perdió todo interés en la pesca cuando reconoció al Señor. En ambos casos él tuvo la misma revelación. Pero en el primer caso, la revelación hizo que este hombre se conociera a sí mismo y le rogara al Señor que se apartara de él. En el segundo caso, la revelación condujo a este hombre que ya conocía al Señor, a una relación más íntima con El. Una vez que identificamos la diferencia entre estos dos casos, tenemos la debida impresión de los hechos. En todos estos asuntos necesitamos una sólida impresión de los hechos.
c. El Señor alimenta a los cinco mil,
y María lo unge
Estos dos incidentes se narran en los cuatro evangelios: la alimentación de los cinco mil por parte del Señor y la unción del Señor por parte de María. Después de que el Señor alimentó a los cinco mil, ordenó a los discípulos que recogieran los pedazos para que nada se perdiera (Jn. 6:12). Esto es sorprendente. El Señor realizó el milagro de alimentar a una multitud; aún así les dijo a los discípulos que recogieran los pedazos que sobraron para que no se desperdiciaran. Más adelante, una mujer vino al Señor y quebró un frasco de alabastro y derramó el ungüento sobre la cabeza del Señor. Algunos discípulos dijeron: “¿Para qué se ha hecho este desperdicio de ungüento?” Pero el Señor Jesús respondió: Ella “ha hecho en Mí una buena obra” (Mr. 14:3-7). Aquí vemos un contraste entre dos cosas: la multiplicación de los panes y la unción del Señor. En un caso, nada se desperdició, mientras que en el otro, parece verse un gran derroche. Nada de lo que es producido milagrosamente se puede desperdiciar; pero el perfume que valía trescientos denarios fue derramado sin reservas sobre el Señor; no fue utilizado para alimentar a los cinco mil, sino para ser consumido por el Señor en un instante. No se recogió sino que se derramó. Era un solo frasco, y no doce cestas. Todos éstos son contrastes. Cuando el Hijo de Dios realizó el milagro, inclusive las sobras se debían recoger. Pero El no estima que es demasiado recibir la consagración de un regalo que cueste trescientos denarios. Los cuatro evangelios relatan esta historia, y en todas partes donde se predique el evangelio, se ha de recordar este caso. La consagración debe ir hasta donde el evangelio vaya. A donde quiera que el evangelio vaya, debe seguirlo una consagración incondicional. Las riquezas del evangelio deben ser las riquezas de la unción y consagración del hombre. Necesitamos ser impresionados profundamente por este hecho.
d. El juicio del Señor
y el juicio de Pablo
Algunas veces es muy significativo comparar los cuatro Evangelios con los Hechos. Podemos comparar el juicio al que fue sometido el Señor y el juicio al que fue sometido Pablo. Cuando Pablo fue juzgado, dijo que era fariseo e hijo de fariseo (Hch. 23:6). Este no fue el caso del Señor Jesús. Valoramos a nuestro hermano Pablo. Pero lo mejor que el mundo puede producir no pasa de ser un hijo de hombre. Sin embargo, Jesús de Nazaret ¡es el único Hijo engendrado por Dios! Cuando lo comparamos, encontramos que uno es el único Hijo engendrado de Dios, mientras que Pablo es uno de los muchos hijos de Dios. Uno es el Señor, y el otro es el siervo; uno es el Maestro, y el otro, el discípulo. Aunque los logros de Pablo eran muchos, no podía comparase con su Señor. Sólo al ser sensibles y perspicaces, conoceremos al Señor según se describe en los evangelios y a los apóstoles según se describen en Hechos. Si no somos sensible, nada nos impresionará. Aun si el Señor desea mostrarnos algo, no podremos postrarnos delante de El y adorarlo. Un hombre descuidado trata la Biblia como si fuera un libro de narraciones sin importancia; trata de interpretarlo todo, y es difícil que el Espíritu Santo lo impresione con algo.
e. El Señor “pasó por en medio”
y Pablo “fue bajado”
En cierta ocasión, el Señor Jesús leyó las Escrituras en la sinagoga de Nazaret. Cuando terminó, añadió un breve comentario, por lo cual la multitud lo llevó hasta la cumbre del monte para arrojarlo al precipicio. Sin embargo El, pasando en medio de ellos, se fue (Lc. 4:29-30). ¡Qué majestuoso y digno fue El! El no fue como Pablo que tuvo que ser bajado por un muro en una canasta (Hch. 9:25). No decimos que Pablo actuó mal; nos referimos a que hay una diferencia en naturaleza. El Señor pasó en medio de la multitud y se fue. Estas palabras: “El pasó en medio de ellos, y se fue” (Lc. 4:30), deben dejarnos una impresión. Cuando el Señor pasó en medio de quienes querían matarlo, éstos sólo pudieron observar sin hacer nada. ¡Cuán digno y noble es nuestro Señor!
W. Nee
Jesus es el Señor
La iglesia en Armenia
Cómo estudiar la Biblia
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Bogota Colombia"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee
La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
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Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
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2. Ejemplos de similitudes
a. Insatisfacción con respecto al Señor
Ciertas impresiones de la Biblia tienen que ser estudiadas a manera de contraste. Tal es el caso con los cinco ejemplos mencionados. Otros ejemplos muestran aspectos en común, y uno debe relacionarlos para tener un cuadro completo
1) El Señor duerme en la barca
Mateo 8:23-27 habla de la ocasión cuando Jesús cruzó el mar con los discípulos. De repente se levantó una gran tempestad en el mar. El Señor estaba dormido, y los discípulos tuvieron miedo. En el relato de Mateo los discípulos dijeron: “¡Señor, sálvanos, que perecemos!” Pero Marcos 4:38 dice algo más: “Maestro, ¿no te importa...?” Esto muestra que ellos se preguntaban cómo podía el Señor dormir tan tranquilamente. El Señor reprendió al viento y a las olas, y se calmaron; luego se dirigió a los discípulos y los reprendió por su poca fe. (Obsérvese el orden de los eventos que presentan Marcos y Lucas. Antes de reprender a los discípulos, el Señor reprendió al viento y a las olas). El Señor tenía base para reprender a los discípulos porque ya les había dicho que cruzaría al otro lado. No tenían que preocuparse aunque en el camino encontrasen vientos, olas o cualquier otro obstáculo. El Señor Jesús les estaba dando una lección de fe. ¿En qué estaban poniendo la fe? Debieron confiar en la palabra del Señor: “Pasemos al otro lado” (Mr. 4:35). Puesto que el Señor les había dicho que pasarían al otro lado, era imposible que ellos terminaran en el fondo del mar. Sin embargo los discípulos no tuvieron fe en lo que el Señor les dijo; por eso El los reprendió.
Nótese que nunca se ve que el Señor se disculpe con nadie. En circunstancias normales, cuanto más lecciones una persona aprende delante del Señor, más se disculpa con los demás. Cuanto más disciplinada es una persona, más descubre lo insatisfechos que están los demás con ella, y con más frecuencia se disculpa. El Señor Jesús es el único que nunca tuvo que disculparse con nadie. Tal parece que los discípulos pensaban que ellos estaban bien y que el Señor estaba mal. Los vientos y las olas eran feroces, y los discípulos iban a perecer. ¿Acaso no le importaba esto al Maestro? Pero el Señor no ofreció disculpa cuando se despertó, lo cual expresa Su gloria. El sabía que no se había sobrepasado durmiendo, y sabía que El no estaba equivocado. Cuando les dijo que cruzarían al otro lado, sin duda cruzarían al otro lado. El no decía ni una sola palabra de sobra y, por ende, no tenía que disculparse por nada. Esto demuestra la gloria de nuestro Señor.
2) El toque de una mujer
que tenía un flujo de sangre
En Marcos 5 tenemos el caso de una mujer que tenía un flujo de sangre. Ella se acercó para tocar al Señor Jesús. Aquí encontramos el mismo principio. Cuando la mujer tocó al Señor, El se volvió y preguntó quién lo había tocado. Los discípulos le dijeron: “Ves que la multitud te aprieta, y dices ¿Quién me ha tocado?” (v. 31). Se lo dijeron con un tono de reproche. El Señor no dijo: “Lo siento; discúlpenme por hacer una pregunta necia”. El miró alrededor para ver quién lo había tocado. En realidad, El estaba diciendo: “Alguien me tocó, pero vosotros ni cuenta os dais. Vuestros ojos están en los que empujan, pero Mis ojos están en el que me tocó”. Si vemos las cosas exteriormente, el Señor parecía estar equivocado; parecía que la actitud de los discípulos era justificable. Pero en realidad ellos estaban errados, no el Señor. El jamás se tuvo que disculpar con nadie. Esto es lo más asombroso, y nuestro corazón no puede hacer otra cosa que adorarlo.
3) La muerte de Lázaro
En Juan 11 encontramos otro ejemplo del descontento del hombre para con el Señor. Marta le dijo al Señor: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto” (v. 21). Ella culpaba al Señor por haber llegado tarde. Ella decía dentro de sí: “Envié a preguntar por Ti hace mucho tiempo. ¿Por qué no viniste pronto? Ahora, por haberte tardado, mi hermano ha muerto y está enterrado”. La expresión “si hubieras estado aquí” expresa el descontento de Marta. Aparentemente, las palabras de Marta eran válidas. Pero, en realidad, el Señor había actuado deliberadamente. Se quedó intencionalmente otros dos días donde estaba (v. 6), aunque ante el hombre, esto fue una tardanza. Nuestro Señor nunca tuvo que disculparse con nadie, porque nunca actuó mal. Nosotros nos disculpamos porque constantemente actuamos mal. Si no ofrecemos disculpas, somos arrogantes. Cuanto más humildes y mansos seamos, más pediremos que nos perdonen. Aunque nuestro Señor es humilde y manso, El nunca se disculpa, porque nunca obra mal. Cuando no estamos satisfechos con El, nuestra infelicidad no hace que El se sienta culpable, porque El sabe lo que está haciendo.
En el Nuevo Testamento podemos encontrar muchos casos como éstos. Cuando leemos la Biblia tenemos que aprender a aplicar el principio de relacionar todos los pasajes que hablan de temas afines. En el ejemplo anterior descubrimos un hecho glorioso: el Señor nunca se retracta de lo que dice; El nunca va a desandar lo andado. ¡Esto es glorioso! ¿Qué era más glorioso para Lázaro, ser sanado o ser resucitado? El Señor sabía que para Lázaro era más glorioso ser resucitado. Si creemos, veremos la gloria de Dios.
b. Intentan enseñarle al Señor
1) “Este ungüento podía ... haberse dado a los pobres”
Algunas veces los hombres no solamente están descontentos con el Señor, sino que también tratan de enseñarle. Los discípulos le dijeron: “¿Para qué se ha hecho este desperdicio de ungüento? Porque este ungüento podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres” (Mr. 14:4-5). Ellos estaban tratando de enseñarle al Señor. Los discípulos pensaron en otro uso para el ungüento: venderlo y darlo a los pobres. Pero el Señor sabía lo que María estaba haciendo. El dijo que ella estaba haciendo una buena obra. El Señor nunca hace algo ni dice algo de lo que no esté seguro. No necesita que nadie lo corrija. Solamente un insensato puede tratar de corregir al Señor o enseñarle.
2) “¡Dios tenga compasión de Ti!”
Cuando el Señor les indicó a los discípulos que El tenía que subir a Jerusalén, Pedro dijo: “¡Dios tenga compasión de Ti, Señor!” ¿Qué dijo el Señor? El dijo: “¡Quítate de delante de Mí, Satanás!” (Mt. 16:21-23). Pedro quería enseñarle al Señor, lo cual era una insensatez que puso en evidencia su propia necedad.
3) “Qué clase de mujer es ésta”
En otra ocasión el Señor Jesús comía en la casa de Simón el fariseo, y una mujer se inclinó a los pies del Señor llorando, regando Sus pies con sus lágrimas, y enjugándolos con sus cabellos. Simón pensó: “Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca” (Lc. 7:39). Notemos la actitud de Simón. El parecía decir: “Mira qué clase de mujer es ésta. ¿Cómo puedes permitir que se acerque a tus pies?” Aunque Simón no profirió palabra, el Señor sabía lo que estaba pensando y le habló de varias clases de perdón. Es como si le hubiese dicho: “Simón, tú no me lavaste los pies, porque has experimentado poco perdón. Esta mujer ha experimentado mucho perdón y por eso ha lavado Mis pies con sus lágrimas”. Cuando recibimos esta impresión nos damos cuenta de cuán insensato es el hombre que trata de darle consejos al Señor. Además, conocemos un Jesús de Nazaret que no conocíamos antes.
c. Al Señor le agrada
que le pidan grandes favores
Al estudiar los evangelios cuidadosamente, vemos que el Señor se complacía en que los hombres le pidieran grandes favores. Cuanto más grande era la petición, más se alegraba el Señor en complacerlos.
1) “Si quieres, puedes limpiarme”
Examinemos la historia del leproso de Marcos 1. Según los preceptos judíos, una persona que tuviese lepra no podía tener ningún contacto con los demás. Cualquiera que se acercara a un leproso se contaminaba (Lv. 13—14). En este caso, un leproso vino a ver al Señor Jesús. El mismo hecho de venir al Señor Jesús era un acto bastante osado. Debemos tener una profunda impresión de este hecho. Tan pronto como un leproso apareciera en la escena, nosotros probablemente habríamos reaccionado. A menos que un hombre esté listo a sacrificarse y entregarlo todo, se alejaría ante la cercanía de un leproso y diría: “¡Me perjudica tu presencia! No puedo tocarte. ¿Por qué te me acercas?” Cuando el leproso se le acercó al Señor, no preguntó si el Señor podía limpiarlo, sino que dijo: “Si quieres, puedes limpiarme” (Mr. 1:40). Esta fue una afirmación penetrante. ¡El puso toda la carga en el Señor! La respuesta dependía de si el Señor quería o no. Esta no fue una oración común; fue una aseveración que ponía a prueba el corazón del Señor. El Señor simplemente pudo haber dicho: “Sé limpio”, y el leproso hubiera quedado limpio. Pero El no solamente dijo eso, sino que se identificó con la condición del leproso. Tocó al leproso con Su mano y le dijo: “¡Quiero, sé limpio!” (v. 41). Si el leproso no hubiera sido limpio, el Señor se habría contaminado. ¡Qué arriesgado fue este acto! Debemos percibir la debida impresión de la historia para entender la escena. El Señor estaba listo a ponerse en la situación del leproso. El unió Su santidad y Su pureza con el leproso: o los dos eran limpios o los dos se contaminaban. Los dos tenían que salir del campamento, o los dos regresaban al mismo. El Señor estaba dispuesto a arriesgar, ¡y que gran riesgo fue éste!
2) Una abertura en el techo
Marcos 2 narra el caso de un paralítico que, cargado por cuatro hombres, es traído al Señor Jesús. No pudiéndolo acercar al Señor por causa de la multitud, destecharon la azotea del lugar donde Jesús estaba y después bajaron al paralítico (vs. 3-4). Tenemos que ser impresionados con esta escena. Mucha gente rodeaba al Señor, quien estaba muy ocupado. Pero repentinamente, ¡otro grupo bajaba del techo a un paralítico! Démonos cuenta de que el Señor no solamente estaba ocupado, sino que también estaba hablando en un lugar prestado. Cuando destecharon la azotea, sin duda tuvo que repararse después. ¡Que problema tan grande! Sin embargo, el Señor no les dijo: “No vuelvan a hacer eso”. El estaba contento de que alguien tuviera tanta desesperación por acercarse a El. Parecía ser que cuanto mayor la exigencia, más le complacía. Esto nos muestra qué clase de persona es el Señor. Si no tenemos una impresión clara de lo que el Señor ha hecho, ¿cómo podemos decir que lo conocemos?
3) “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”
Cuando el Señor iba de paso, Bartimeo clamó: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Mr. 10:47). Muchos lo reprendieron y trataron de callarlo. Pero él clamaba mucho más. El Señor Jesús no era particularmente amigo de alborotos y conmociones. Mateo 12:19 dice: “No contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles Su voz”. Así era el Señor Jesús. Pero se encontró a un hombre que clamaba a gran voz y que deseaba que el Señor tuviera misericordia de él y lo sanara. El Señor se alegra cuando le pedimos grandes prodigios a El. El quiere que los hombres expresen sus peticiones sin reservas. El se alegra dando gracia sin medida.
4) “También los perrillos comen de las migajas
que caen de la mesa de sus amos”
La historia de la mujer cananea nos presenta este principio. El pan se da a los hijos. Sin embargo ella dijo: “Sí, Señor; también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (Mt. 15:27). Ella no tenía derecho a hacer esta petición. Pero al Señor le agrada que le pidan de esta manera. El no sólo le concedió lo que pidió y curó a su hija, sino que además la elogió por su gran fe. Podemos encontrar muchos ejemplos como éste en los evangelios. Si nos formamos la impresión adecuada de estas cosas, conoceremos el corazón del Señor.
5) “¡Creo, ayuda mi incredulidad!”
Después de que el Señor bajó del monte de la transfiguración, un hombre trajo a su hijo, el cual tenía un espíritu inmundo. El Señor reprendió a este hombre (Mr. 9:14-29). El no reprendió al leproso que vino a El, ni reprendió al paralítico cuyos amigos lo habían bajado por la azotea de la casa donde él estaba. Todos ellos fueron osados; sin embargo el Señor estaba complacido con lo que hicieron. Pero en este caso, el padre primero trajo su hijo enfermo a los discípulos. Cuando éstos no lo pudieron sanar, lo trajo al Señor. El Señor le preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?” El contestó: “Desde niño. Y muchas veces lo ha echado en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros, y ayúdanos”. El vino al Señor buscando sanidad, pero no estaba seguro si el Señor podía sanar. El dijo: “Si puedes hacer algo”. El Señor tomó sus palabras y replicó: “Si puedes”, a lo cual añadió: “Todo es posible para el que cree”. El Señor parecía decir: “¿Por qué preguntas si yo puedo? ¡Debes de darte cuenta de que todo le es posible al que cree! Lo importante no es si yo puedo, sino si tú crees”. Visualicemos la escena de ese momento. El hombre vino sin entusiasmo; acudió al Señor, pero no tenía fe. El no estaba seguro de que el Señor pudiera curar. Cuando rogaba pidiendo misericordia, agregó las palabras: “Si puedes”. El Señor lo reprendió severamente por estas palabras. A El no le agrada que los hombres le pidan poco. El no teme que los hombres le digan: “Tienes que hacerlo quieras o no quieras”. Pero el padre no dijo eso. Lo que en realidad estaba diciendo era: “Si puedes hacerlo, hazlo, y si no, ¿qué se le va a hacer?” Tus discípulos no lo pudieron hacer. No te voy a obligar a hacer nada si Tú tampoco lo puedes hacer”. El Señor lo reprendió diciéndole: “En cuanto a eso de: Si puedes. Todo es posible para el que cree” (v. 23). Cuando el Señor Jesús dijo esto, el padre “clamó diciendo: ¡Creo, ayuda mi incredulidad!” (v. 24). Al ser reprendido y ver su error fue, se volvió y creyó. El puso toda la responsabilidad en el Señor. ¡Este es un cuadro hermoso! Cuanto más grande es la petición del hombre, más complacido estará el Señor. Debemos ser personas sensibles y permitir que el Señor imprima esto en nosotros. Una vez que lo comprendemos, vemos que los evangelios están llenos de la gloria del Señor.
d. Ejemplos aislados
1) “¿Quién es mi prójimo?”
En el relato del buen samaritano en Lucas 10, debemos centrar nuestra atención en las palabras del Señor. El interprete de la ley preguntó: “¿Y quién es mi prójimo?” (v. 29). La respuesta del Señor se basó en algo completamente diferente. El versículo 27 dice: “Amarás ... a tu prójimo como a ti mismo”. La expresión como a ti mismo se refiere al interprete de la ley, y el prójimo debe ser otro. En realidad, el Señor le estaba diciendo: “Si tú amas a tu prójimo como a ti mismo, puedes tener vida eterna”. El versículo 29 dice: “Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?” El pensó que el Señor Jesús le estaba pidiendo que amara a los demás, y quería saber con exactitud quiénes eran los demás. El Señor le respondió con el relato del buen samaritano, y al final, le preguntó: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que se hizo el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?” El interprete de la ley contestó: “El que usó de misericordia con él”. Jesús le dijo: “Ve, y haz tú lo mismo” (vs. 36-37). El interprete de la ley preguntó quién era su prójimo, y el Señor Jesús le respondió preguntándole quién era el prójimo del hombre que cayó en manos de los ladrones. En otras palabras, el interprete de la ley era el que había caído en manos de ladrones. El que le mostró misericordia fue su prójimo. El prójimo no es ningún hombre, sino el Salvador. El Señor le mostró al interprete de la ley que el prójimo es el Señor mismo. El dijo: “Ve, y haz tú lo mismo”. Esto quiere decir que el interprete de la ley tenía que hacer lo posible por amar al samaritano. Mucha gente ha distorsionado esta parábola. Piensan que el Señor desea que ellos sean el samaritano. No se dan cuenta de que ellos no pueden ir a la cruz para perdonar pecados, y que no pueden ser levantados para enviar el Espíritu Santo. Solamente El tiene el vino y el aceite. Solamente El tiene lo mejor, el mesón y el denario. Nosotros no somos el samaritano. Habría sido incorrecto pedirle al hombre que cayó en manos de los ladrones que fuera el samaritano. El prójimo al que el Señor se refería era el samaritano. Eso significa que el Señor vino para ser nuestro prójimo. El vino para salvarnos y proveernos lo mejor: el vino, que significa perdón; el aceite, que significa vida; el mesón, que representa la iglesia; y el denario, que significa el don y la gracia. El nos da estas cosas hasta que regrese. Cuando el Señor nos dice que amemos al samaritano, nos está diciendo que lo amemos a El. Tenemos que aprender a percibir los detalles de este pasaje. Esta es la manera de leer las narraciones de la Biblia.
2) La dignidad y la gloria del Señor
Cuando los hombres buscaban al Señor en el huerto de Getsemaní para apresarlo, El “se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy ... [ellos] retrocedieron y cayeron a tierra” (Jn. 18:4-6). El Señor solamente hizo una afirmación, y ellos retrocedieron y cayeron a tierra. ¡Qué inmensa gloria encontramos aquí!
Nuestro Señor oró en el huerto de Getsemaní, pero no pidió nada en el tribunal ni delante del sumo sacerdote ni delante del magistrado. El está sobre todas las cosas, pues es el Señor. A pesar de todo, fue juzgado. ¿Quién en verdad estaba siendo juzgado? El sumo sacerdote era el que estaba perturbado, el que tropezaba en sus palabras. Nuestro Señor permaneció calmado. Cuando compareció ante el magistrado, era éste el que estaba nervioso y no sabía qué preguntar. El Señor ni siquiera se tomó la molestia de contestar las preguntas. Jesús de Nazaret es Dios. Aunque fue llevado a juicio, no perdió ni Su dignidad ni Su honor.
En Getsemaní les dijo a Sus discípulos que velaran con El (Mt. 26:38), pero no les pidió que suplicaran por El. Pablo necesitó que los hermanos que estaban en Roma oraran por él (Ro. 15:30), pero el Señor no necesitaba que nadie orara por El. El es el Hijo de Dios, y no necesita que nadie haga súplicas por El. Les pidió a los discípulos que oraran porque no quería que ellos entraran en tentación (Mt. 26:41); les pidió que oraran por ellos mismos. Podemos observar de nuevo la dignidad y la honra del Señor.
En la tierra El vivió en la pobreza; sin embargo a nadie le pidió dinero prestado. El oró a Dios en el huerto, pero no le imploró a nadie en el tribunal. ¿A quién podríamos comparar el Hijo de Dios? El trono es glorioso, pero la gloria del juicio y de la cruz es aún mayor. Tenemos que adorarlo y decirle: “¡Tú eres el Señor! ¡Tú eres Dios!”
3) El Señor se esconde
El Señor siempre se esconde; a El no le gusta la fama. Después de sanar al leproso, le encargó que no se lo dijera a nadie (Mt. 8:4). Después de expulsar una legión de demonios, le mandó al que había estado poseído que volviera a su casa y refiriera lo que Dios había hecho por él (Lc. 8:39). Después de abrir los ojos de dos ciegos, les ordenó que no se lo dijeran a nadie (Mt. 9:30). Cuando Dios le reveló a Pedro que El era el Cristo, el Señor les mandó a los discípulos que no lo dijeran a nadie (16:20). En el monte de la transfiguración, El era el único que resplandecía en gloria. Sin embargo, cuando bajó del monte, les encargó a Sus discípulos que no dijeran a los demás lo que habían visto (17:9). Encontramos un caso similar en Juan 7. Los propios hermanos del Señor no creían en El. Ellos le dijeron: “Sal de aquí, y vete a Judea ... Porque nadie hace algo en secreto si procura ser conocido abiertamente. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo” (vs. 3-4). Sus hermanos dijeron esto porque aun ellos no creían en El. Pero El les respondió: “Mi tiempo aún no ha llegado” (v. 6). Después de que sus hermanos subieron, El también subió a la fiesta, aunque no para realizar milagros, sino para enseñar. Aquí vemos la gloria del Señor. Todo aquel que está ávido de atención para sí mismo procura presentar sus obras ante los hombres. Pero el Señor nunca ostentó delante de los hombres. Los evangelios están llenos de casos similares. El hacía Sus obras delante de los hombres sólo cuando era absolutamente necesario; no le agradaba decirles a los demás quién era El. Aún después de que realizó el milagro en el ciego, no le dijo inmediatamente quién era El. Retuvo esta revelación hasta que el hombre hubo recibido más esclarecimiento (Jn. 9). ¡Cuánto necesitamos conocer al Señor!
C. Impresiones que dejan las lecciones
Para entender la historia tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo, necesitamos tener la impresión correcta, y para esto, tenemos que ser personas sensibles. Esta es la razón por la cual tenemos que aprender las debidas lecciones delante del Señor. Si una persona tiene poco discernimiento, no puede apreciar la dignidad del Señor Jesús cuando lee los evangelios. Pero si es quebrantada aunque sea un poquito, conocerá el significado de la dignidad, y cuando lea de nuevo la Biblia, apreciará más la dignidad del Señor Jesús. Si uno no conoce el significado de la dignidad y de la gloria, ¿cómo puede formarse una impresión de la dignidad y la gloria del Señor? Tenemos que recibir las lecciones apropiadas de parte del Señor, y Su naturaleza nos tiene que ser añadida diariamente. De esta manera, nuestra comprensión de la palabra de Dios será más exacta y tendremos impresiones más profundas y cada día entenderemos más la Palabra. Debemos recordar el principio de que al que tenga se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo poco que tiene le será quitado (Mt. 13:12). No debemos pasar por alto nuestras lecciones, porque si lo hacemos perderemos aun lo poco que tenemos.
W. Nee
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III. ENTREMOS EN EL ESPIRITU
DE LAS ESCRITURAS
Para estudiar la Biblia, debemos familiarizarnos con los pensamientos del Espíritu Santo y con Sus hechos. Además, debemos penetrar en el espíritu de las Escrituras.
A. El espíritu que se halla
detrás de las palabras
El Espíritu de Dios guió a los hombres a escribir las Escrituras, y ya sea en historia o en doctrina, cada pasaje tiene su propio espíritu. El Espíritu Santo se expresa por medio del espíritu del hombre. Cuando decimos que el Espíritu Santo se regocija, el Espíritu Santo no lo hace en Sí mismo, sino por medio del espíritu del hombre. De la misma manera, cuando decimos que el Espíritu Santo se aflige, no lo hace solo, sino dentro del espíritu del hombre. Por lo tanto, cuando el Espíritu Santo entra en el espíritu del hombre, se amolda a la condición del espíritu del hombre. Podemos decir que la condición del espíritu del hombre es la condición del Espíritu Santo. Cuando el Espíritu de Dios relata la historia, narra los hechos históricos, aunque no los hechos solos; también captura cierto espíritu. Podemos decir que ciertos sentimientos y condiciones del Espíritu están impregnadas en cada pasaje de la Palabra. Según esto, en las epístolas, el Espíritu Santo no sólo comunica doctrinas e ideas, pues detrás de cada pasaje yace Su propio sentimiento. La Biblia no es simplemente un libro que consta de hechos y doctrinas. En la superficie están las palabras; debajo de éstas están los pensamientos, y detrás de las ideas está el espíritu. Si sólo tocamos las palabras, nuestra lectura es demasiado superficial. Si nos formamos una impresión apropiada y entramos en las ideas que hay detrás de las palabras, llegaremos a lo profundo de la palabra. Aun así, si permanecemos en esta esfera, todavía nuestro entendimiento es muy limitado. Detrás de cada palabra de Dios hay cierto espíritu. El sentimiento del Espíritu Santo y la condición de los escritores gobiernan estos escritos. Cada vez que estudiemos la Biblia, tenemos que tocar el espíritu que está detrás de la palabra.
Hay un vínculo inseparable entre la palabra y el espíritu. El ministerio de la palabra es la liberación del espíritu. Todo aquel que desea ser ministro de la palabra tiene que liberar su espíritu. Si no puede liberar su espíritu, no puede ser ministro de la palabra. Más aún, el espíritu debe ser recto. Es necesario tener un espíritu recto para tener el ministerio de la palabra. Nosotros como ministros de la palabra fracasamos con frecuencia porque el espíritu no se compagina con las palabras que expresamos. Aunque no hay nada malo en lo que decimos, algo está mal en nuestro espíritu. Las palabras que expresamos son fuertes, pero el espíritu débil. Sin embargo, quienes ministran la palabra en la Biblia no tenían este problema. Sus espíritus eran compatibles con el contenido de sus escritos. Detrás de cada pasaje y de cada libro, hay un espíritu apropiado; este espíritu está impregnado de la palabra. Para ejercer el ministerio de la palabra, necesitamos la palabra que está en la superficie, y el espíritu que respalda la palabra. Para recibir el ministerio de la Palabra, también necesitamos tocar el espíritu que está implícito en ella. Cuando estudiamos la Biblia, nuestro propósito es recibir el ministerio de la Palabra, y por eso debemos tocar el espíritu que la caracteriza. De no ser así, nuestro entendimiento de la Biblia será muy superficial. Extraeremos algunas doctrinas y hechos, pero no encontraremos nutrición espiritual. Si para nosotros la Palabra de Dios solamente consta de impresiones y pensamientos, no puede convertirse en nuestra comida. La Palabra de Dios debe volverse espíritu a fin de que pueda ser nuestra comida, de la cual participamos sólo cuando tocamos el espíritu que es inherente a la Palabra. La esencia de la Biblia es espíritu. Si no tocamos el espíritu que tiene un pasaje, no hemos tocado dicho pasaje. Cuando leemos la Biblia, debemos tocar el espíritu específico que está detrás de cada porción de la Palabra.
B. Cómo tocar el espíritu
que yace detrás de la Palabra
¿Cómo podemos tocar el espíritu que está detrás de la Palabra? Quisiéramos destacar que esto sólo se puede llevar a cabo por la disciplina del Espíritu Santo, no por el esfuerzo del hombre. La disciplina del Espíritu Santo indica que el Espíritu de Dios reemplaza las obras del hombre. El Espíritu de Dios dispone las circunstancias y actúa en nosotros hasta que nuestro espíritu llega a ser compatible con el de las Escrituras. Aunque los dos espíritus no son idénticos, deben tener caracteres afines. Sólo entonces tocaremos el espíritu que se halla detrás de la Palabra, pues cuando ambos están al mismo nivel, podemos tocar lo que yace detrás de la Palabra. Podemos llegar a la cumbre más elevada en el estudio de las Escrituras cuando nuestro espíritu armoniza con el espíritu de los escritores de la Biblia. Cuando esto sucede, tocamos el contenido espiritual de la Palabra.
El espíritu que yace detrás de la Palabra es un espíritu muy específico y definido; no está escondido detrás de ella de una manera vaga. El Espíritu Santo primero amolda los escritores de la Biblia; después los sella con Su aprobación, y por último los usa como amanuenses de las Escrituras. El espíritu de ellos era perfecto, y por medio de sus espíritus el Espíritu Santo escribió las palabras que constituyeron la Biblia. Es decir, la inspiración del Espíritu Santo no solamente incluye las palabras que escribieron los hombres, sino también la preparación de esos hombres para que fueran vasos útiles. Ya que estos vasos fueron llenos del Espíritu, pudieron escribir lo que escribieron. Por tanto, el espíritu de la Biblia es perfecto, dinámico, infalible y exacto. El Espíritu Santo actuó en el espíritu de los escritores y puso Su marca de aprobación y satisfacción en ellos. El concluyó que estos hombres no iban a restringir ni limitar Su libertad; El podía expresar sus intenciones libremente. Ni siquiera su más ligero aliento ha sido inhibido por tales hombres. Podemos decir que la Biblia es el mismísimo aliento del Espíritu Santo. Comunica el espíritu de los hombres, pero cuando se expresa, lleva consigo el mismo aliento del Espíritu Santo. El tiene absoluta libertad en estos hombres, de tal modo que sus espíritus se confunden con El, y la manifestación de sus espíritus es casi la misma que la Suya. Los escritores de la Biblia fueron guiados de esta manera por el Espíritu Santo al escribirla. Cuando leemos las Escrituras, nuestro espíritu también debe ser guiado por el Espíritu Santo a armonizar con el espíritu de quienes fueron ungidos para escribirla. Esta es la única manera en que podemos tocar el espíritu que se halla detrás de la Palabra de Dios. El estudio de la Biblia no es simplemente un examen de las palabras de la Biblia ni sólo el entendimiento de su significado. El Señor tiene que guiarnos a que nuestro espíritu llegue a ser uno con el espíritu de la Palabra.
La Biblia consta de palabras escritas, no de sonidos. Con excepción de algunos salmos que usan la palabra selah, no hay otra indicación en toda la Biblia que diga si debemos leerla en voz alta o en voz baja. Sin embargo, cuando la leemos, debemos saber algo de la forma en que se escribió. Si no podemos distinguir entre las porciones “intensas” y las porciones “suaves”, ¿cómo podremos distinguir la condición del espíritu?
Muchos pasajes bíblicos son palabras de súplica. Son un ruego de un predicador del evangelio cuando llama a los hombres a creer en el Señor. El predicador implora porque sabe de los sufrimientos de los pecadores y ve el peligro de sus caminos delante del Señor. Les implora porque está lleno de la compasión del Señor y porque desea que los pecadores se vuelvan al Señor; sabe que cierto pasaje de las Escrituras es una súplica porque percibe las palabras, la compasión, y la comprensión que contiene para con los pecadores. Si lee este pasaje sin los sentimientos que están detrás, le será muy difícil poder entenderlo.
Algunos pasajes de la Biblia son amonestaciones; si uno no ha sido quebrantado por el Señor, no sabrá lo que significan cuando las lea ni conocerá el significado de la reprensión que se hace bajo la presión del espíritu; sólo sabrá reprender cuando esté enojado. No se percatará de que el espíritu que sustenta las palabras puede ser diferente aun cuando las palabras de reprensión sean las mismas.
Debemos aprender a tocar el espíritu de la Biblia con nuestro espíritu. Para adiestrar nuestro espíritu, el Espíritu Santo dispone todas nuestras circunstancias. Debemos darnos cuenta de que el mejor y más importante adiestramiento en nuestra vida proviene de la disciplina del Espíritu Santo, la cual se halla en Sus manos, no en las nuestras. El nos aplica esta disciplina gradualmente. Cuando somos disciplinados continuamente, nuestro espíritu es templado hasta tener la condición apropiada. Nuestro espíritu es ajustado por todos lados; recibe un pequeño golpe aquí, un poco de gozo allá; un poco de paciencia aquí y una pequeña privación allí. En consecuencia, nuestro espíritu es templado y encaja exactamente en el pasaje que estemos leyendo. Cuando nuestro espíritu es llevado a una condición apropiada, las palabras serán transparentes y claras para nosotros, aun cuando los pensamientos que gobiernan las palabras no hayan cambiado en lo absoluto. Cuando hablamos de ellas, tal vez salgan las mismas palabras, y los pensamientos en que se apoyan pueden ser los mismos; sin embargo, empezaremos a saber de qué hablamos y a tener convicción en lo que decimos. Este no es el resultado de la claridad de ideas o palabras, sino de la claridad en el espíritu. Esto es más profundo que las palabras y las ideas. Es tan profundo que lo único que podemos decir es que no tenemos dudas, que todo se nos ha vuelto transparente. Esto es lo que sucede cuando el Espíritu de Dios acopla nuestro espíritu al espíritu de Su Palabra.
Tocar el espíritu de la Biblia no depende de métodos, sino de si la persona ha sido quebrantada por el Señor. Si nuestro espíritu no ha sido traído a la armonía con el espíritu de los escritores de la Biblia, cuando mucho llegaremos a ser maestros, mas no profetas. Lo máximo que podemos hacer es hablar de las doctrinas, sin poder tocar el espíritu. Si nuestra persona no ha sido disciplinada por Dios, y si El no ha operado en nosotros sistemáticamente, cuando nos acerquemos a la Palabra estaremos cubiertos con un velo. No importa cuán arduamente tratemos, estaremos a gran distancia de ella. Nuestro espíritu debe ser adiestrado. Debemos permitir que Dios sea severo con nosotros. Es posible que durante los primeros años de nuestra vida cristiana, entendamos algunas doctrinas y hechos, pero no es fácil tocar el espíritu. Si nuestro espíritu no está preparado, no lo podemos utilizar. Necesitamos cierto tiempo, por lo menos algunos años, para que el Señor ajuste nuestro espíritu, lo temple y lo quebrante. Una vez que el espíritu es quebrantado, le será fácil al Espíritu Santo llevarnos a una armonía con la condición de las Escrituras. De hecho, se requieren muchos años [de quebrantamiento] para que nuestro espíritu sea compatible con el espíritu de la Biblia. La sabiduría del hombre no tiene ninguna utilidad en este caso; nos puede ayudar a entender la Palabra más pronto, pero no nos ayudará a tocar el espíritu de la misma. No importa cuán creativa sea nuestra imaginación o cuán perspicaces seamos, no podemos entrar en el espíritu de la Palabra. Solamente el Espíritu Santo puede conducir nuestro espíritu a la armonía con el espíritu de la Biblia, y sólo entonces podemos entrar en el espíritu de un pasaje bíblico.
C. Pasamos de la medida de compatibilidad
al crecimiento en capacidad
El Espíritu Santo hace que nuestro espíritu sea compatible con el espíritu de la Biblia. Es decir, ambos llegan a tener la misma calidad, mas no la misma capacidad. El Espíritu del Señor Jesús es infinitamente mayor que nuestro espíritu. ¡El es el Hijo unigénito de Dios! La uniformidad en calidad significa que tenemos una pequeña participación en el espíritu que El posee. Ambos son iguales en categoría, pero no en grado. Sin embargo, la disciplina del Espíritu Santo puede llevarnos más lejos, de una simple compatibilidad cualitativa de nuestro espíritu con el espíritu de la Biblia a un verdadero incremento de la capacidad en nuestro espíritu. El Señor ensancha con Su Espíritu la capacidad de nuestro espíritu. Esto requiere un proceso, como el de la alimentación, que se lleva a cabo continuamente. Hoy el Señor nos administra algo; mañana nos da más. A medida que esa suministración aumenta, se incrementa también la capacidad de nuestro espíritu. Tan pronto como empezamos a entender la Biblia, comenzamos el proceso de alimentación, y a medida de que nos alimentamos, nuestra capacidad aumenta. El punto de partida del entendimiento que tengamos de la Biblia es la uniformidad de calidad de los espíritus, mientras que la consumación de dicho entendimiento es el ensanchamiento de la capacidad de nuestro espíritu.
Supongamos que un hombre tiene un temperamento terrible. No puede leer la Palabra de Dios por mucho que trate. Después de que Dios lo discipline, tendrá un poquito de paciencia, la cual no es el resultado de un esfuerzo consciente de su parte, ni es una especie de tolerancia artificial, sino el resultado espontáneo de la obra del Espíritu Santo. Después de que adquiere esta clase de espíritu, en su lectura de la Palabra de Dios será abastecido por Cristo. La Palabra de Dios llenará y enriquecerá su espíritu. Dicho hombre recibirá aún más, y su capacidad incrementará poco a poco. La disciplina del Espíritu Santo conduce primero el espíritu del hombre a cierta armonía con el espíritu de la Biblia, y en tal condición puede aumentar la capacidad de la persona. Este incremento proviene de la disciplina que aplica el Espíritu Santo valiéndose de las circunstancias y de las palabras de la Biblia. Por medio de las circunstancias El nos disciplina, y por medio de las Escrituras nos trae el suministro necesario para que nuestra capacidad aumente. Cuanto más nos ministra Su palabra, más ricos llegamos a ser. Por la suministración continua que el Espíritu Santo nos trae en la palabra, nuestra capacidad se expande continuamente.
Si nos alimentamos continuamente de la palabra, la Biblia será siempre fresca para nosotros. A los ojos del hombre, la Biblia se completó hace dieciocho o diecinueve siglos y ya no tiene nada actual para nosotros pues nos es más que un recuento de las ideas y los conceptos predominantes en el momento en que fueron escritos. En realidad, el Espíritu que estaba presente en el momento en que las escrituras se escribieron, está todavía con nosotros. Siempre que leemos la Biblia con nuestro espíritu, se vuelve un libro nuevo para nosotros. Aunque este libro históricamente fue completado hace más de diecinueve siglos, no es antiguo en absoluto, porque fue escrito en el espíritu. Nos cansamos de muchos libros después de leerlos unas pocas veces. Pero no nos cansamos de leer la Biblia ni siquiera después de leerla una docena de veces, pues se escribió en el espíritu. Si tocamos la Biblia según la letra o según nuestro intelecto, pronto será obsoleta para nosotros. Pero si la leemos con el espíritu, seguirá siendo nueva. Si hallamos insípida una porción de la Palabra, se debe a que nuestro espíritu no está activo. Cualquier pasaje bíblico que tomemos está lleno del espíritu. Si nuestro espíritu es lo suficientemente fuerte, cualquier pasaje será precioso para nosotros. Pero si no leemos la Biblia con nuestro espíritu, aun un libro tan precioso como la Epístola a los Romanos o un pasaje tan maravilloso como el sermón del monte será insípido y carente de significado. En realidad, la Biblia no carece de significado; el problema radica en que nuestro espíritu se halla en una condición caída. Si nuestro espíritu decae, la Biblia pierde su sabor para nosotros. Cuando nuestro espíritu no es fuerte, perdemos el gusto por la lectura de la Biblia. Pero cuando nuestro espíritu es fuerte, la Biblia se nos vuelve un libro fresco, recién escrito.
El espíritu de la Palabra es en verdad rico. Un hombre no puede hacer alarde de que su espíritu es fuerte ni de que cumple todos los requisitos. Solamente quienes han sido quebrantados sabrán algo de la Biblia. La medida de quebrantamiento que uno experimenta determina la medida de adiestramiento que tiene. Debido a que sólo hemos sido quebrantados en una medida limitada, permanecemos en el lugar donde empezamos y todavía somos muy ignorantes. Es necesario que seamos disciplinados por el Espíritu Santo. Cuanto más experimentamos la disciplina, más aprendemos. Al llegar a cierto punto, cuando nuestro espíritu de alguna manera se mezcle con el espíritu de la Palabra de Dios, veremos la luz. La revelación llegará, y seremos alimentados.
D. El Espíritu es muy exacto
¿Por qué nosotros valoramos mucho una porción de las Escrituras mientras que otro hermano no ve nada precioso en ella? Esto se debe a que nosotros percibimos el espíritu de esa porción, pero el hermano no. No digo que el otro hermano no tenga espíritu, sino que su espíritu no está en armonía con el espíritu de ese pasaje. Es posible que él estime mucho otra porción de la Palabra, en la que nosotros no tenemos gran interés. Estamos tan lejos de esa porción como él lo está de la nuestra. Nuestro espíritu debe ser muy sensible para poder percibir nuestras circunstancias. Cuanto más minucioso sea nuestro espíritu, más amplio será el alcance de nuestro conocimiento de la Palabra, ya que éste depende de la medida de disciplina que hayamos recibido del Espíritu Santo. Nuestros sentimientos pueden ser agudos y exactos sólo después de pasar por mucha disciplina. A medida que la disciplina aumenta, los sentimientos se agudizan. Una persona entiende cierta porción de la Palabra solamente después de pasar por cierto quebrantamiento. Por tanto, es importante que obtengamos una experiencia profunda al pasar por las adversidades. Si no somos ricos en estas experiencias, no seremos muy sensibles, y si nuestros sentimientos espirituales no son agudos, nuestro conocimiento de la Palabra será pobre.
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06/08/09,19:56:09
E. Dos ejemplos
Examinemos dos ejemplos que constan en la Biblia y aprendamos de ellos a encontrar el significado de entrar en el espíritu de la Palabra.
1. La historia de Jacob
Jacob era hábil, astuto y egoísta. Se ocupaba primero de sí mismo, no de los demás. El era muy sagaz y se valía de cualquier treta para obtener lo que quería. Por eso Dios debía quebrantarlo. Cuando nació se asió al talón de su hermano y peleó con él. Sin embargo, Esaú fue el preferido de su padre, y él fue hecho a un lado. Jacob hizo lo posible por usurpar la bendición de su hermano. Pero lo que obtuvo fue que se vio obligado a andar errante. Le sirvió a Labán, quien cambió su sueldo diez veces. Quiso casarse con Raquel, pero tuvo que tomar a Lea primero. Cuando regresaba a su patria, Raquel murió, y Lea sobrevivió. Su corazón estaba apegado a algunos de sus hijos, pero particularmente a José. No obstante, José fue vendido por sus hermanos, quienes bañaron en sangre sus vestidos y le hicieron creer a Jacob que José había sido devorado por alguna fiera; así que dijo: “Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol” (Gn. 37:35). Entonces puso todas sus esperanzas en Benjamín, su hijo menor; pero éste fue llevado a Egipto. Jacob sufrió continuamente la disciplina que Dios le aplicó. Sus días fueron difíciles. Proverbios 13:15 dice: “El camino de los transgresores es duro”. Los días de Jacob estuvieron llenos de sufrimientos como resultado de su obstinación y su astucia.
No debemos pensar que la experiencia que tuvo Jacob en Peniel fue intrascendente (Gn. 32:22-32). El le pedía a Dios con insistencia que lo bendijera. Era como si le dijera: “Padre mío tienes que bendecirme. Todos tienen que bendecirme. ¡Dios, Tú también tienes que bendecirme!” El era un hombre astuto. En todo él procuraba obtener alguna ganancia. El deseaba la bendición de Dios, y Dios prometió que sería llamado Israel. Sin embargo, su bendición no vino inmediatamente, sino décadas más tarde. En Peniel Dios tocó el encaje de su muslo, y Jacob quedó cojo. Desde aquel día la obra de Dios le dio un viraje a su vida. Sin embargo, al día siguiente vemos al mismo Jacob, ya viejo, en su camino a encontrarse con su hermano Esaú. El dividió a sus hijos en grupos, calculando que así preservaría a los segundos en caso de que los primeros sufrieran una calamidad. El puso a su amado José y a Raquel en el último grupo. Todavía estaba ejerciendo su propia sabiduría. Todavía estaba urdiendo artimañas.
Pese a que Jacob era astuto, llegó a ser un hombre muy espiritual en su ancianidad. Cuando descendió a Egipto, era muy diferente de lo que era antes: “José introdujo a Jacob su padre, y lo presentó delante de Faraón; y Jacob bendijo a Faraón” (Gn. 47:7). Esta es una bella escena. Faraón era el soberano de una gran nación, sin embargo delante de Jacob, era inferior. Jacob había pasado por muchos años de lucha y finalmente estaba descansando. ¡Cuando él se puso de pié, Faraón, el monarca de un gran imperio, se inclinó! Si el Jacob de antes hubiese estado allí, probablemente habría actuado de la misma manera que lo hizo ante Labán, poniendo los ojos en las posesiones. Las posesiones de Faraón eran mucho más valiosas que las de Labán. Pero Jacob ya había sido azotado. Sus ojos ya no estaban en esas cosas, sino en las lecciones que había aprendido de Dios. Espontáneamente, se mantuvo en alto delante de Faraón: “Y dijo Faraón a Jacob: ¿Cuántos son los días de los años de tu vida? Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación” (vs. 8-9). En esta escena vemos la liberación del espíritu de Jacob. El dijo: “Pocos y malos han sido los días de los años de mi vida”. Esto describe su vida. Este anciano había pasado por muchos sufrimientos, por lo cual pudo decir estas palabras. Nuestro espíritu debe penetrar en su espíritu. Un hombre que ha experimentado la obra quebrantadora de Dios nunca es arrogante. Recordemos la promesa que Dios le hizo a Abraham: “Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra” (13:16). Dios también le prometió a Isaac que multiplicaría su descendencia como las estrellas del cielo (26:4). En los días de Abraham, Dios tenía un solo descendiente, no una familia y mucho menos una nación. En los días de Jacob, éste tenía setenta personas en su familia. La promesa de Dios fue llevada a cabo en esta familia. Sin embargo Jacob no se jactaba de ello. Por el contrario dijo: “No han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación”. El pudo decir esto porque había sido golpeado y sometido. “Y Jacob bendijo a Faraón, y salió de la presencia de Faraón” (47:10). El llegó bendiciendo a Faraón, y se fue bendiciendo a Faraón. Tenía algo que dar a los demás. ¡Qué hermoso cuadro! El Jacob entrado en años había cambiado; ahora era Israel y nunca más sería el mismo. En este pasaje debemos tocar su espíritu.
“Y vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años ... Y llegaron los días de Israel para morir” (47:28-29). Observemos que cuando nació fue llamado Jacob, pero en su muerte fue llamado Israel. “Y llamó a José su hijo, y le dijo: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo, y harás conmigo misericordia y verdad. Te ruego que no me entierres en Egipto. Mas cuando duerma con mis padres, me llevarás de Egipto y me sepultarás en el sepulcro de ellos. Y José respondió: Haré como tú dices. E Israel dijo: Júramelo. Y José le juró. Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de la cama” (vs. 29-31). ¡Qué hermosa escena es ésta! Debemos tocar el espíritu que contiene este pasaje. He aquí un hombre que por naturaleza era astuto y duro, que habría hecho cualquier cosa por satisfacerse a sí mismo, y que sólo habría pedido para sí lo mejor. Sin embargo, en aquel día le dijo a su propio hijo: “Si he hallado ahora gracia en tus ojos”. ¡Qué delicadeza! “Te ruego ... y harás conmigo misericordia y verdad”. El pedía misericordia y sinceridad. “Te ruego que no me entierres en Egipto”. Dios tenía un lugar para él en Canaán. Su promesa no se podía cumplir en Egipto. Aunque Dios había dispuesto que él muriera, pidió por misericordia y verdad ser enterrado en la tierra que Dios les había prometido. Jacob no dudaba de la promesa de Dios. Por el contrario, le pidió a José que jurara porque creía en Dios. Quería que José viera la solemnidad del asunto. A menos que toquemos su espíritu, no entenderemos lo que él estaba haciendo. “Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de la cama”. ¡Qué escena tan asombrosa!
Leamos ahora Génesis 48:2-4: “Y se le hizo saber a Jacob, diciendo: He aquí tu hijo José viene a ti. Entonces se esforzó Israel, y se sentó sobre la cama, y dijo a José: El Dios Omnipotente me apareció en Luz en la tierra de Canaán, y me bendijo, y me dijo: He aquí yo te haré crecer, y te multiplicaré, y te pondré por estirpe de naciones; y daré esta tierra a tu descendencia después de ti por heredad perpetua”. El recordaba la promesa que Dios le había hecho y sabía que Dios lo había bendecido dándole una familia de setenta personas. Dios había prometido que lo haría fructífero y lo multiplicaría, y que daría la tierra de Canaán a su descendencia.
El versículo 5 dice: “Y ahora tus dos hijos Efraín y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto, míos son; como Rubén y Simeón, serán míos”. El puso a los dos hijos de José bajo la promesa de Dios. “Como Rubén y Simeón, serán míos”. El aceptó a los dos hijos de José como sus propios hijos. En su avanzada edad, Jacob lo veía todo claro.
El versículo 7 dice: “Porque cuando yo venía de Padanaram, se me murió Raquel en la tierra de Canaán, en el camino”. Este incidente lo conmovió muy profundamente. Aún recordaba esto en su lecho de muerte. ¡Qué delicado, maduro, y tierno es un hombre que ha pasado por la corrección de Dios! ¡Qué abundante era su depósito! El astuto Jacob había cambiado, ahora era un hombre totalmente diferente.
Los versículos del 8 al 10 dicen: “Y vio Israel los hijos de José, y dijo: ¿Quiénes son éstos? Y respondió José a su padre: Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí. Y él dijo: Acércalos ahora a mí, y los bendeciré. Y los ojos de Israel estaban tan agravados por la vejez, que no podía ver. Les hizo, pues, acercarse a él, y él les besó y les abrazó”. Cuando Isaac estaba viejo, y sus ojos se estaban apagando, fue engañado. Cuando Jacob envejeció, sus ojos tampoco podían ver bien, pero sus ojos interiores tenían perfecta visión. Al contrario de Isaac en su vejez, que deseaba intensamente la carne de venado, Jacob estaba listo para bendecir. “Y los acercó a él, y los besó y los abrazó”. Aquí vemos el profundo afecto de un hombre anciano.
Vemos en el versículo 11: “Y dijo Israel a José: No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también a tu descendencia”. Una vez más hallamos un espíritu al que Dios ha golpeado.
Los versículos del 12 al 14 dicen: “Entonces José los sacó de entre sus rodillas, y se inclinó a tierra. Y los tomó José a ambos, Efraín a su derecha, a la izquierda de Israel, y Manasés a su izquierda, a la derecha de Israel; y los acercó a él. Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito”.
Los versículos del 17 al 19 dicen: “Pero viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le causó esto disgusto ... Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque éste es el primogénito; pon tu mano derecha sobre su cabeza. Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé”. Aunque la visión de Jacob era borrosa, su visión interior no lo era. El sabía qué deseaba Dios que hiciera. “También él vendrá a ser un pueblo, y será también engrandecido; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia formará multitud de naciones”. Debemos recordar que Isaac estaba confuso cuando bendecía, pero Jacob estaba seguro de lo que hacía.
El versículo 21 dice: “Y dijo Israel a José: He aquí yo muero; pero Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres”. Esto es fe. ¡Cuán real y viviente es su fe! En ese entonces el futuro de ellos parecía estar en Egipto, pero Jacob dijo: “Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres. Y yo te he dado a ti una parte más que a tus hermanos, la cual tomé yo de mano del amorreo con mi espada y con mi arco”. ¿Quién tenía posesión de esas tierras en ese momento? Aunque no estaban en sus manos, dijo: “Te he dado a ti una parte”. En realidad lo que estaba diciendo era que aunque José estaba gobernando en Egipto, su tierra no era Egipto, sino Canaán. “Te he dado a ti una parte más que a tus hermanos”. El sabía que Efraín y Manasés eran dos personas, por lo cual José tendría una doble porción.
Génesis 49 nos da una de las más grandes profecías de la Biblia. Jacob predijo lo que le iba a ocurrir a cada uno de sus hijos y a cada una de las tribus. El bendijo por fe y en obediencia, y todo estaba claro para él.
Los versículos del 29 al 30 dicen: “Les mandó luego, y les dijo: Yo voy a ser reunido con mi pueblo. Sepultadme con mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el heteo, en la cueva que está en el campo de Macpela, al oriente de Mamre en la tierra de Canaán, la cual compró Abraham con el mismo campo de Efrón el heteo, para heredad de sepultura”.
El versículo 33 dice: “Y cuando acabó Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogió sus pies en la cama y expiró, y fue reunido con sus padres”. Cuando Jacob nació, estaba muy ocupado agarrándose del talón a su hermano. En su muerte, calmadamente encogió sus pies en la cama. No estaba apresurado ni inquieto y tampoco estaba luchando con Dios.
Debemos observar que toda la Biblia es espíritu. Cuando lo tocamos con nuestro espíritu, tocamos los detalles profundos y preciosos de la Biblia. No solamente debemos ver relatos y doctrinas en la Palabra, sino que también debemos tocar con nuestro espíritu el espíritu que yace detrás de cada porción de la Biblia.
2. Pablo se da a conocer en 2 Corintios
Entre las epístolas de Pablo, la segunda epístola a los Corintios se destaca como el libro que revela el espíritu de Pablo más que ninguna otra de sus epístolas. Otras epístolas nos hablan de las revelaciones que él recibió y de su ministerio, pero ésta nos revela su persona y nos muestra la riqueza, la pureza y la mansedumbre de su espíritu. El fue malentendido por los corintios más que por los demás. Los corintios se atrevían a hablar sin ninguna restricción acerca de Pablo. A pesar de todo, hallamos claridad y pureza en el espíritu de lo que Pablo les comunicó. Podemos decir que el espíritu de Pablo pudo liberarse más por causa de la confusión de los corintios que por las pruebas que él pasó en los últimos capítulos de Hechos. Si leemos 2 Corintios detenidamente, no solamente entenderemos los pensamientos de Pablo, sino también su espíritu. Observaremos que cuando reprendía, su espíritu no era perturbado. Solamente quienes están llenos de amor pueden reprender a otros. Si nuestro espíritu no se compagina con el que Pablo expresa en 2 Corintios, tomaremos su jactancia ante los corintios como una especie de queja. Pero tenemos que darnos cuenta de que aunque sus palabras parecen ser las mismas, el espíritu es totalmente diferente. Dos personas pueden decir la misma cosa y tener la misma intención; inclusive, pueden usar las mismas palabras; sin embargo, sus espíritus pueden ser muy diferentes.
Solamente mencionamos estos dos ejemplos. En todos los pasajes de Biblia podemos detectar el espíritu que contienen; algunos lo expresan más claramente que otros. Nosotros podemos hacer dos cosas: dejar de leer la Biblia o conducir nuestro espíritu al nivel del espíritu de la Biblia. Moisés pasó por muchas pruebas. Si no entramos en el espíritu de dichas pruebas, no entenderemos esos pasajes. El libro de los Salmos es mucho más profundo que el libro de Jeremías. Si nuestro espíritu no armoniza con el espíritu de los salmos, no los entenderemos. Lo mismo sucede con el Nuevo Testamento. Si nuestro espíritu no llega a ser compatible con el espíritu de los libros del Nuevo Testamento, no los podremos entender. Por consiguiente, tenemos que aprender algunas lecciones básicas. Tenemos que ser personas espirituales para poder leer la Biblia. Debemos consagrarnos, y no ser subjetivos, descuidados ni curiosos. Debemos tener la impresión de los hechos narrados y entrar en los pensamientos del Espíritu Santo. Además, nuestro espíritu debe estar al nivel de lo que leemos, y debemos permitir que el Señor nos quebrante, hasta el punto en que podamos identificarnos con el espíritu que se halla detrás de cada porción de la Palabra. Necesitamos esta clase de espíritu para entender la Palabra de Dios. Si no tocamos el espíritu, solo veremos la letra, y es posible que interpretemos erróneamente la Palabra de Dios o que distorsionemos el significado. Cuando un padre habla a sus hijos, éstos deben tocar el espíritu de las palabras de su padre; de lo contrario, si divulgan sus palabras, terminarán diciendo algo totalmente diferente. Hay un espíritu detrás de las palabras de la Biblia. Si pasamos por alto este espíritu, no comprenderemos el sentir ni el motivo que está detrás de las palabras, y correremos el riesgo de perder completamente el significado. Permítanme repetir: Si uno no ha sido quebrantado por el Señor, tendrá mucha dificultad para leer la Biblia. Recordemos que debemos estudiar la Palabra permitiendo que Dios quebrante nuestro ser.
W. Nee
Jesus es el Señor
La iglesia en Armenia
Cómo estudiar la Biblia
Publicado por: Living Stream Ministry
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Bogota Colombia"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee
La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins
Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
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08/08/09,09:51:40
EL QUEBRANTAMIENTO Y LA OBRA DE DIOS
Después de que el hombre exterior ha sido quebrantado, ¿cómo se acerca uno a la Palabra de Dios? ¿Cómo puede uno ministrar la Palabra y predicar el evangelio? Examinemos ahora las respuestas a estas preguntas.
El estudio de la Palabra
He aquí un principio innegable al estudiar la Palabra de Dios: la clase de persona que uno es determina la clase de Biblia que percibe. Muchos van a la Palabra dependiendo de su mente, la cual es confusa, rebelde y aparentemente ágil. Por lo tanto, no tocan el espíritu de la Palabra; lo que obtienen de ella es producto de su mente. Si queremos tocar al Señor al estudiar la Biblia, nuestra mente rebelde y llena de opiniones debe ser quebrantada. Tal vez creamos que tenemos una mente privilegiada, pero esto en vez de ayudar será un gran obstáculo para Dios. No importa cuán inteligentes seamos, nunca podremos conocer los pensamientos de Dios con nuestra mente natural.
Al estudiar la Biblia debemos cumplir por lo menos dos requisitos. Primero, nuestros pensamientos deben compenetrarse con los pensamientos de la Biblia; y segundo, nuestro espíritu se debe compenetrar con el espíritu de la Biblia. Debemos identificarnos con la línea de pensamiento que tuvieron sus escritores, hombres como Pablo y Juan, entrar en sus pensamientos, y desarrollar la línea que ellos comenzaron. Debemos hacer nuestros los pensamientos que los inspiraron a ellos, seguir sus razonamientos y detenernos en las mismas enseñanzas que ellos. Nuestros pensamientos deben acoplarse a los de ellos como si fueran dos piñones que engranan perfectamente. Nuestros pensamientos deben penetrar el pensamiento de Pablo y el de Juan. Cuando nuestra mentalidad se compenetra con el pensamiento bíblico y se hace uno con la inspiración divina podemos entender lo que la Biblia revela.
Muchas personas leen la Biblia valiéndose exclusivamente de su mente. Procuran obtener en ella ideas y material que apoye sus muchas doctrinas preconcebidas. Cuando una persona experimentada oye a alguien compartir de alguna porción bíblica, podrá discernir si su enseñanza proviene de su mente, o si en realidad es el pensamiento genuino de la Biblia. Hay una gran diferencia entre estas dos clases de predicación. De hecho, pertenecen a dos mundos diferentes. El predicador puede ser muy apegado a la Biblia y sus mensajes muy atrayentes, pero sus pensamientos son contrarios al pensamiento de la Biblia y son incompatibles con ella. Sin embargo, hay una manera correcta de compartir la Palabra, aunque pocos la practican. Para que nuestros pensamientos sean uno con los de la Palabra, nuestro hombre exterior debe haber sido quebrantado. Si tal no es el caso, ni siquiera podremos leer las Escrituras. No debemos pensar que nuestro estudio de la Biblia es escaso, debido a que no contamos con la persona que nos pueda enseñar. Debemos reconocer que el problema está en nosotros, pues nuestros pensamientos no han sido subyugados por Dios. Tan pronto como somos quebrantados, nuestras actividades y conceptos cesan, comenzamos a tocar el pensamiento del Señor de manera gradual, y seguimos la línea de pensamiento que inspiró a los escritores bíblicos, hasta llegar a pensar como ellos. Para entrar en el pensamiento de la Biblia, es indispensable que nuestro hombre exterior sea quebrantado y deje así de ser un obstáculo para Dios.
Al estudiar la Biblia nuestros pensamientos deben compenetrarse con los de los escritores bíblicos y con los del Espíritu Santo, pero éste es sólo el primer paso. Si no damos este paso no podemos estudiar la Biblia; no obstante, aun después de darlo es posible leer la Biblia incorrectamente. La Biblia consta de pensamientos o enseñanzas, pero su aspecto más importante es que el Espíritu de Dios es liberado por medio de ella. Esta fue la experiencia que tuvieron Pedro, Juan, Mateo, Marcos y los demás escritores. Mientras estos hombres escribían bajo la inspiración del Espíritu Santo, seguían un delineamiento específico; con todo, sus espíritus iban ligados a la inspiración que recibían del Espíritu Santo. El mundo no puede entender que el Espíritu está detrás de la Escritura. Cuando el Espíritu es liberado es como si los profetas mismos estuvieran vivos y se dirigieran a nosotros una vez más. Si los oímos hoy, vemos que lo que dicen no sólo consta de palabras e ideas, sino de algo más, algo misterioso e inexplicable, que sabemos, en lo más recóndito de nuestro ser, es el Espíritu. Así que la Biblia es más que palabras; es la liberación del Espíritu. Por lo tanto, el requisito más básico y crucial al estudiar la Biblia es liberar nuestro espíritu para tocar el espíritu que está en ella. Sólo así podremos entender realmente la Palabra de Dios.
Supongamos que un niño travieso rompe un vidrio de la casa de un vecino. El dueño de la vivienda sale y lo regaña duramente. Cuando la madre del niño se entera de la travesura, también ella lo amonesta. Aunque ambos regañan al muchacho, hay una marcada diferencia entre el regaño del vecino y el de la madre. El dueño de la casa lo regaña ásperamente con un espíritu de ira, mientras que la madre lo hace en amor, esperando instruir y educar a su hijo. Los espíritus de ambos son completamente diferentes.
Aunque éste es un ejemplo sencillo, nos da luz para entender este principio. El Espíritu que inspiró la Biblia es mucho mayor que el "espíritu" de este ejemplo. Es el Espíritu eterno y el mismo que permanece con nosotros. La Palabra de Dios está impregnada de este Espíritu. Cuando nuestro hombre exterior ha sido quebrantado y nuestro espíritu es liberado, no sólo nuestros pensamientos serán uno con el pensamiento de la Palabra, sino que todo nuestro ser tocará el Espíritu mismo de la Biblia. Pero si no liberamos nuestro espíritu, y permanecemos aislados del espíritu de los autores de la Biblia, nunca entenderemos cabalmente la Palabra de Dios, y ésta será sólo letra muerta en nuestras manos. Por lo tanto, debemos recalcar una vez más la importancia de que nuestro hombre exterior sea quebrantado, pues sólo así nuestros pensamientos serán fructíferos, nuestro espíritu será liberado y no restringiremos a Dios ni seremos un obstáculo para El. Inclusive mientras estudiamos la Biblia estorbamos a Dios y lo limitamos.
El ministerio de la Palabra
Por un lado, Dios desea que entendamos Su palabra, pues esto es básico para Su obra; por otro, El intenta depositar Sus palabras en nuestro espíritu, para que éstas sean la carga que ministremos a la iglesia. En Hechos 6:4 dice: "Y nosotros perseveraremos en la oración y en el ministerio de la palabra". Ministrar equivale a servir; esto significa que el ministerio de la Palabra de Dios es un servicio que se da a los hombres.
ES NECESARIO QUE EL FRASCO DE ALABASTRO SEA QUEBRADO
La Biblia habla del ungüento de nardo puro (Jn. 12:3). La Palabra de Dios usa intencionalmente el adjetivo puro. Este es un ungüento de nardo puro, algo verdaderamente espiritual. No obstante, a menos que el frasco de alabastro fuera quebrado, el ungüento de nardo puro no podía ser liberado. Es extraño que mucha gente valore más el frasco de alabastro que el ungüento. De la misma manera, muchos piensan que su hombre exterior es más valioso que su hombre interior. Este es el problema que enfrenta la iglesia en la actualidad. Es posible que valoremos demasiado nuestra propia sabiduría y pensemos que somos superiores. Otros pueden estimar sus emociones y creer que son personas excepcionales. Muchos otros se valoran exageradamente a sí mismos y creen que son mejores que los demás. Piensan que su elocuencia, sus capacidades, su discernimiento y juicio, son mejores que los de otros. Pero debemos saber que no somos coleccionistas de antigüedades, ni admiradores de frascos de alabastro, sino que buscamos el aroma del ungüento. Si la parte exterior no se quiebra, el contenido no puede salir. Ni nosotros ni la iglesia podremos seguir adelante. No debemos seguir protegiéndonos tanto a nosotros mismos.
El Espíritu Santo nunca ha dejado de obrar en los creyentes. Muchos pueden dar testimonio de la manera en que la obra de Dios nunca se ha detenido en ellos. Ellos enfrentan una prueba tras otra, un incidente tras otro. El Espíritu Santo tiene una sola meta en toda Su obra de disciplina: quebrantar y deshacer al hombre exterior, para que el hombre interior encuentre salida. Pero nuestro problema es que tan pronto enfrentamos una pequeña dificultad, murmuramos, y cuando sufrimos alguna pequeña derrota nos quejamos. El Señor ha preparado un camino para nosotros y está dispuesto a usarnos. Pero tan pronto como Su mano nos toca, nos sentimos tristes. Alegamos con El o nos quejamos ante El por todo. Desde el día en que fuimos salvos, el Señor ha estado obrando en nosotros de muchas formas, con el propósito de quebrantar nuestro yo. Lo sepamos o no, la meta del Señor siempre es la misma: quebrantar nuestro hombre exterior.
W. Nee
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09/08/09,19:43:21
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 14--- Conformados a la imagen de Su Hijo
Lunes --- Leer con oración: Jn 10:11; 1 Ti 4:15; 2 Ti 2:7
“Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros” (2 Ti 1:14)
LA IMPORTANCIA DE RUMIAR LA PALABRA DE DIOS
Una necesidad crucial para que seamos conformados a la imagen del Hijo de Dios es invertir tiempo para leer, orar y rumiar la Palabra, por medio de la cual recibimos el suministro de luz y vida. Sin esta práctica saludable, difícilmente entenderíamos la diferencia entre las diversas expresiones sobre el evangelio que encontramos en la Biblia.
El Señor Jesús dijo que Él es el buen pastor, que da la vida por las ovejas, es decir, por todos Sus discípulos (Jn 10:11). Así como la oveja es un animal rumiante, nosotros también debemos rumiar la palabra de Dios. La palabra rumiar significa masticar nuevamente el alimento. Esta es la característica de algunos animales, como el buey y la oveja, que tiene un estómago complejo con tres o cuatro cámaras o compartimientos, adaptados para el rumiar. Esto hace que todos los nutrientes contenidos en el alimento ingerido sean bien aprovechados.
Durante la masticación de los alimentos, no sólo los dientes son importantes, sino también la saliva. En esta fase el alimento se hace más fino para que en el estómago, el jugo gástrico, produzca la degradación de las moléculas a fin de formar sustancias más simples para ser absorbidas por el organismo.
Comer muy rápido dificulta nuestra digestión. Cierta vez fui muy ayudado por un hermano al respecto, cuando me invitó a su casa para comer. Él observó que comía muy rápido los alimentos que me fueron servidos, me dijo que debía masticar por lo menos treinta veces cada porción ingerida. A partir de esa experiencia, comencé a comer más lentamente. Así, no sólo se minimizan los problemas relacionados con el estómago, sino también se ayuda a nuestro sistema digestivo a funcionar mejor.
De la misma manera, cuando leemos la palabra de Dios, necesitamos hacerlo adecuadamente. Es por eso que siempre animamos a los hermanos a no sólo leer la Palabra, sino también a orar y rumiar lo que leen.
Esta ha sido nuestra práctica diaria durante muchos años. En nuestras reuniones hemos rumiado la palabra del Señor sin prisa, disfrutando cada versículo leído, sacando todos los nutrientes necesarios para nuestro ser, así como lo hace una oveja. De esta manera, además de valorar la palabra de Dios, somos ayudados a memorizar las verdades en nuestro interior para que podamos aplicarlas en nuestro vivir cotidiano (2 Ti 1: 13-14). ¡Alabado sea el Señor!
Punto Clave: Rumiar la palabra de Dios es valorarla.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿De qué manera podemos rumiar la palabra de Dios?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 14 --- Conformados a la imagen de Su Hijo
Martes --- Leer con oración: Gn 2:7; Mt 16:24-26; Ro 7:24-25; 8:1-3
“Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col 2:14-15)
LA ESTRATÉGIA DE DIOS PARA CONDENAR AL PECADO Y A SATANÁS
Gracias al Señor, porque ya fuimos apartados para el evangelio de Dios (Ro 1:1). Nuestro objetivo ahora es predicar el evangelio para que el reino de Dios sea establecido en la tierra. Una vez que recibimos esta carga, necesitamos santificar Su nombre, invocándolo para que Su reino venga hasta nosotros y Su voluntad sea hecha en la tierra como es hecha en los cielos (Mt 6:9-10). El reino de los cielos está totalmente relacionado con la vida; si tenemos la vida divina, estamos en el reino de los cielos (Jn 3:5-6).
El hombre fue hecho un alma viviente con la finalidad de contener la vida divina y expresar a Dios mismo. Al comer del árbol de la vida, que simbolizaba a la vida divina, habría sido suplido con la vida divina y ejercería la autoridad por Dios. Lamentablemente, con la caída del hombre, al comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, el pecado entró en él y su alma pasó a tener una vida independiente de Dios. El alma humana pasó a estar bajo la influencia del pecado y, a partir de entonces, el hombre dejó de depender de Dios y comenzó a vivir bajo el control de su propia vida del alma (Gn 2:17; Mt 16:24-26).
Por medio de Jesús, el Hijo del Hombre, tenemos el evangelio de la gracia (Ro1:3). Él es Dios mismo que se hizo carne. En realidad, Él tomó la semejanza de la carne de pecado, pero sin pecado, y por medio de ella llevó a Satanás a la cruz (Jn 1:1, 14; Ro 8:3; He 4:15).
Cuando creímos en la obra redentora del Señor por nosotros, tomamos posesión de la salvación que nos fue otorgada. Este es el evangelio de la gracia para toda la humanidad.
En Romanos 7:24 leemos: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”. Esta era la experiencia de Pablo antes de su salvación, pero seguidamente exclamó: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro, (…) Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (7:25a, 8:1). El evangelio de Dios alcanza al hombre por medio de la redención de Cristo, que es el contenido del evangelio de la gracia. ¡Aleluya, Cristo ya nos libró de la condenación eterna!
Punto Clave: ¡Gracias a Dios por Jesucristo Señor nuestro!
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Cuál fue la estrategia que Dios usó para condenar, en la carne, al pecado y a Satanás?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 14 --- Conformados a la imagen de Su Hijo
Miércoles --- Leer con oración: Mt 26:28; 27:54-55; Mr 15:39-40; Lc 23:47-49
“Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua” (Jn 19:34)
EL EVANGELIO DE LA GRACIA ES PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA
Al comienzo del capítulo 8 de la Epístola a los Romanos, somos introducidos en el evangelio de la vida, que es el evangelio del reino de los cielos, abordado en el Evangelio de Juan. En otras palabras, el evangelio de la vida es lo mismo que el evangelio del reino de los cielos, porque para que entremos en el reino, es primordial que hayamos recibido la vida de Dios.
El Señor Jesús abordó este asunto cuando le dijo a Nicodemo que: “el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”, y también: “el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn 3:3, 5).
Nicodemo tenía una posición elevada en la sociedad; era considerado uno de los principales entre los judíos y ciertamente tenía mucha experiencia en la vida humana (v. 1). De noche fue para encontrarse con Jesús y Lo llamó de Maestro, le dijo que nadie podía hacer tales señales milagrosas si Dios no estuviera con Él. Aunque Nicodemo tenía un amplio conocimiento humano, desconocía la necesidad que el hombre tenía de ser regenerado, es decir, de nacer de nuevo (v. 4).
Nacer de nuevo es lo mismo que nacer del agua y del Espíritu. Cuando el Señor Jesús fue crucificado, un soldado Le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua (Jn 19:34). Entre los cuatro evangelistas, solamente Juan vio y citó este hecho, porque estaba muy cerca de la cruz (vs. 35; 25-26).
Mateo no hizo ningún registro del agua en su evangelio (27:33-56). Marcos, por su parte, cuando el Señor Jesús fue crucificado, era aún muy joven. De acuerdo con la historia, Marcos escribió su evangelio basado en la narración de Pedro. Durante la preparación para la crucifixión, Pedro también se encontraba lejos de la cruz, por eso no pudo ver el agua, sino solamente la sangre (15:22-41). Por otro lado, Lucas tampoco pudo ver el agua, porque no estaba presente en la crucifixión. Su evangelio fue el resultado de una recopilación a una minuciosa investigación de los testimonios de aquellos que fueron testigos oculares del ministerio terrenal del Señor Jesús (1:1-4; cfr. 23:49).
El evangelio de Juan, escrito aproximadamente sesenta años después de la crucifixión de Jesús, nos muestra que no sólo el Señor murió por nuestros pecados derramando Su sangre en la cruz, sino también que de Él salió agua para liberar Su vida divina a fin de que el hombre tenga vida eterna (Mt 26:28; Mr 14:24; Lc 22:20; Jn 3:16). Con el derramamiento de la sangre, nuestros pecados fueron perdonados y el acta de los decretos que había contra nosotros para con Dios fue anulada (Ef 1:7; Col 2:13-15). Por medio de la muerte del Señor Jesús en la cruz, además de la remisión de los pecados, tenemos la vida divina que fluyó hacia la humanidad. Hoy todo aquel que cree en la obra redentora del Señor Jesús puede recibir la vida de Dios (Jn 3:14-15).
Recibir la vida divina es la meta del evangelio de la gracia. Después que oímos y creímos en este evangelio, las exigencias de Dios para nosotros en cuanto a la justicia, santidad y gloria fueron satisfechas por el derramamiento de la sangre de Cristo en la cruz. Basados en la redención, tuvimos otra vez acceso a Cristo como el árbol de la vida (Ap 22:14). A partir de entonces recibimos la comisión de predicar el evangelio de la gracia a todos los hombres para que el reino de Dios sea traído a la tierra.
Punto Clave: La vida divina es la meta del evangelio de la gracia.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Por qué Juan 19:34 es tan importante?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 14 --- Conformados a la imagen de Su Hijo
Jueves --- Leer con oración: Mt 4:23; 24:14; Jn 10:28; Ro 1:4; 8:6, 10-11, 13
“Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia” (Ro 8:10)
EL EVANGELIO DE LA VIDA ES PARA DISPENSAR LA VIDA DIVINA A TODO NUESTRO SER
Después de creer en el evangelio de la gracia, necesitamos dar un paso adelante: avanzar hacia el evangelio de la vida. El Señor Jesús fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección y nos concedió la vida divina (Ro 1:4; Jn 10:28).
Una vez que creímos en la redención realizada por Cristo en favor nuestro, la vida de Dios entró en nosotros con el objetivo de operar en nuestro interior para darnos el crecimiento de vida. Este crecimiento es lo que nos hará entrar en la manifestación del reino de los cielos (Jn 3:5; Fil 2:12; 2 P 1:8-11).
Mientras tengamos más crecimiento de la vida divina, más el reino de los cielos tendrá una realidad en la tierra. Por eso, necesitamos recibir la comisión de vivir en la realidad del reino de los cielos y predicar este evangelio en todo el mundo. Cuando esto suceda, “entonces vendrá el fin” (Mt 24:14). Esta carga está relacionada con la comisión dada por Dios al hombre en Génesis 1:28 de fructificar, multiplicar, llenar la tierra y sojuzgarla y señorear por Él sobre todo lo que había creado.
La predicación del evangelio tiene como meta salvar a todos los hombres (1 Ti 2:4a). Pero, después de ser regenerados, aún necesitan ser cuidados y alimentados con la vida que hay en la Palabra (Jn 21:15-17; Gá 4.1-2; 1 Ts 2:8-12; 1 Ti 2:4b). Este es el aspecto principal del evangelio del reino, el evangelio de la vida. El lugar preparado por Dios para que este evangelio se desarrolle es la iglesia, la realidad del reino de los cielos (Mt 16:18-19).
El evangelio de la vida tiene como meta dispensar la vida mediante el Espíritu a las tres partes de nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. Cuando invocamos el nombre del Señor y oramos, nuestro espíritu toca al Espíritu y gana la vida de Dios (Ro 8:10). Cuando ponemos nuestra mente en el espíritu, la vida divina que está en él se expande hacia nuestra alma (v. 6). Por medio del dispensar continuo del Espíritu en nosotros, incluso nuestro cuerpo es beneficiado y recibe vida (vs. 11-13). Así, todo nuestro ser recibe vida.
Entonces, a través de las situaciones por las que pasamos, todas las cosas nos ayudan para que seamos más conformados a la imagen de Cristo, pues fuimos llamados conforme a Su propósito (vs. 28-29). ¡Alabado sea el Señor! ¡El evangelio de la vida es para dispensar la vida divina a todo nuestro ser tripartito!
Punto Clave: Todos necesitamos tener un espíritu de oración para practicar la comisión que nos fue dada.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Cómo todo nuestro ser tripartito puede recibir vida
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 14 --- Conformados a la imagen de Su Hijo
Viernes --- Leer con oración: Lc 19:11-27, Ro 8:15b, 23, 26-29
“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Ro 8:17)
POR EL CRECIMIENTO DE VIDA OBTENEMOS LA FILIACIÓN Y LA HERENCIA
Además de hijos de Dios, también fuimos predestinados para la filiación. Tener la filiación significa estar calificados para recibir la herencia que Dios reservó para Sus hijos (Ro 8:17; 1 P 1:4). Cuando recibimos la vida divina, el Señor Jesús entró en nosotros como el Primogénito de entre muchos hermanos (Ro 8:15b, 17; Jn 20:17). Ahora Dios desea dispensar diariamente Su vida a nosotros para conformarnos a la imagen de Su Hijo primogénito y hacernos herederos de Su herencia en la era venidera.
En el Antiguo Testamento solamente el primogénito recibía la herencia del padre. Gracias al Señor, porque en el Nuevo Testamento somos la iglesia de los primogénitos, llegamos a ser los muchos hijos de Dios para ser Sus herederos y coherederos con Cristo.
¡Aleluya! Tenemos una relación de vida con Dios. El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios y nos lleva a clamar: “Abba, Padre”. (Gá 4:6; He 12:23). A medida que crecemos en vida, llegamos a ser herederos y coherederos con Cristo. Aunque este proceso de crecimiento espiritual implique sufrimiento, al final seremos glorificados con Él. Dios galardonará a Sus herederos en la manifestación del reino de los cielos y nosotros gobernaremos sobre la tierra.
En el Evangelio de Lucas vemos la parábola de las diez minas, que nos muestra la porción, o el galardón, que los hijos de Dios recibirán en la venida del Señor según la fidelidad de cada uno. De acuerdo con la parábola, Él nos dará el galardón cuando recibamos la autoridad sobre las ciudades, conforme a la ganancia que hayamos obtenido al negociar Sus minas (19:11-19).
Además de negociar las minas para ser galardonados, también necesitamos alcanzar la plena filiación. En Romanos 8:19 leemos: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios”, y el versículo 23 continua: “y no sólo esto, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, aguardando con anhelo la plena filiación, la redención de nuestro cuerpo”. La redención de nuestro cuerpo se refiere a la culminación de nuestra plena filiación. La plena filiación nos fue prometida y, sólo con la redención de nuestro cuerpo la obtendremos. Cuando esto suceda, hasta la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios (v. 21).
Nuestro espíritu ya fue salvo y hoy estamos en el proceso de la salvación del alma, y finalmente nuestro cuerpo será redimido. Lo que es mortal se vestirá de inmortalidad y el cuerpo de la humillación nuestra será transformado para que sea semejante al cuerpo de la gloria Suya (1 Co 15:54; Fil 3.21).
Mientras aún no alcanzamos la plena filiación, la redención de nuestro cuerpo, tenemos al Espíritu que nos ayuda en nuestras debilidades, además intercede por nosotros con gemidos indecibles (Ro 8:26). Puesto que no sabemos como orar como conviene, el Espíritu intercede por nosotros conforme a la voluntad de Dios (v. 27), la cual es que crezcamos y maduremos en la vida de Dios y seamos conformados a la imagen de Su Hijo primogénito.
Cuando oramos o ministramos la Palabra, debemos estar en el espíritu y aquietarnos en la presencia de Dios, a fin de que nos dé Su dirección. Cuando estamos en el espíritu, el Espíritu Santo intercede por nosotros y ora de acuerdo a lo que es mejor para nosotros según la voluntad de Dios. Esta es, en realidad, la mejor oración, pues así el Espíritu intercede por aquellos a quienes desea dar la vida de Dios.
Esto no quiere decir que no debamos orar con nuestras palabras, sino porque nuestras oraciones pueden dejar de ser dirigidas por el Espíritu. Cuando oramos conforme a la voluntad de Dios, el mismo Espíritu Santo nos lleva a orar. Ciertamente el Señor oirá este tipo de oración.
Punto Clave: Crecer en vida para alcanzar la plena filiación.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Cuándo ora al Señor lo hace para obtener cosas o por su crecimiento de vida?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 14 --- Conformados a la imagen de Su Hijo
Sábado --- Leer con oración: Ro 8:30; Ef 4:11-12; 1 P 1:1-7; 2 P 1:1-7
“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Ro 8:29)
SER CONFORMADOS A LA IMAGEN DE CRISTO
Al estudiar las epístolas de Pedro, vimos que fuimos regenerados para una esperanza viva y que el fin de nuestra fe es la salvación de nuestra alma. Para que nuestra alma sea salva por la vida divina, necesitamos pasar por el fuego santificador del Espíritu, que elimina todas las impurezas. A medida que negamos nuestra vida del alma, más de la vida de Dios nos es añadida (1 P 1:3-7, 9; 2 P 1:1-7).
Fue el Señor Jesús mismo quien habló por primera vez sobre la necesidad de negar nuestra vida del alma (Mt 16:24). En este pasaje de las Escrituras, vemos que negar la vida del alma es el punto más importante para practicar en la vida de la iglesia. Aunque existen muchas verdades concernientes a la iglesia, después de habérsela revelado a Sus discípulos, el Señor aprovechó la oportunidad para mostrarnos que el asunto práctico principal es que nos neguemos a nosotros mismos y tomemos la cruz para seguirlo.
En la proporción en que nos negamos a nosotros mismos, nuestra vida del alma disminuye y la vida de Dios crece cada vez más en nosotros. Esta es la manera de ser más conformados a la imagen de Cristo cada día (Ro 8:29). Si nuestra vida del alma está ocupando todo el espacio de nuestro ser, la vida de Dios no tendrá la oportunidad de dispensarse a nosotros. Por tanto, por medio de negar la vida del alma, poco a poco le damos espacio a Dios y somos transformados por Su vida. En consecuencia, llegamos a la etapa del evangelio de la vida, que es el evangelio del reino de los cielos.
La vida de la iglesia es el medio que el Señor usa para que seamos llenos con la vida de Dios. En ella somos perfeccionados y cada día somos más semejantes a Cristo. Este perfeccionamiento sucede más intensamente cuando predicamos el evangelio. Cuando separamos un periodo de tiempo para ser perfeccionados, por ejemplo, en el Centro de Perfeccionamiento para la Propagación del Evangelio: CEPPEV, nos negamos a nosotros mismos y, consecuentemente, Cristo es más añadido a nosotros.
En Efesios 4:11 leemos: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros”. Los apóstoles, profetas y evangelistas son para las iglesias, es decir, para la obra. Los pastores y maestros, son dos aspectos de una sola función, y son dados a la iglesia que está en cada ciudad.
Todos nosotros podemos tener un ministerio, pues cada santo recibió de parte de Dios dones, que pueden ser perfeccionados a fin de que se conviertan en ministerios (v. 12; cfr. 2 Ti 4:5). Los santos deben ser, primeramente, perfeccionados para ser evangelistas. Siempre los animo a salir a todas las ciudades para predicar el evangelio a fin de que las personas sean salvas. Después de predicar el evangelio, los incentivo a ser más perfeccionados y así se conviertan en profetas (1 Co 14:3, 5). De esta manera, ellos ministran la Palabra a las personas que son salvas, suministrándoles la vida para que también crezcan. Espontáneamente, ejercen la función de apóstol y el testimonio de la iglesia es levantado en aquella ciudad.
En resumen: comenzamos con el ministerio de evangelista, llevando a las personas a ser salvas. Después desarrollamos el ministerio de profeta, siendo perfeccionados para hablar por el Señor, y finalmente, somos perfeccionados en el ministerio de apóstol para levantar iglesias de ciudad en ciudad.
Con la finalidad de que el testimonio de la iglesia prosiga de una manera normal, debemos perfeccionar a un grupo de personas para que tengan la función de pastor y maestro, para que ayuden a los demás santos de la ciudad a ser alimentados y enseñados. Por medio de estos cuatro tipos de personas, los santos son perfeccionados para ejercer su ministerio con miras a la edificación del Cuerpo de Cristo..
Punto Clave: Disminuir la vida del alma para que aumente la vida divina.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Cuáles son los beneficios de negar la vida del alma?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 14 --- Conformados a la imagen de Su Hijo
Domingo --- Leer con oración: Sal 82:6; Ro 8:31, 35-39; Ef 4:13
“Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Ro 8:30)
LLENOS DE LA VIDA Y LA NATURALEZA DE DIOS
El objetivo del perfeccionamiento de los santos es para que todos lleguemos a ser iguales a Cristo (Ef 4:13). Ser igual a Cristo es lo mismo que ser lleno de la vida de Dios. Ser conformado a la imagen de Cristo es ser como Dios mismo en vida y naturaleza, pero sin la Deidad. Esto es posible a medida que ganamos más y más de Su gracia y vida.
El Señor nos predestinó para que seamos conformados a la imagen de Su Hijo, a fin de que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Además, nos llamó y nos justificó. Después de ser conformados a la imagen del Hijo de Dios, seremos glorificados.
Después de nuestra regeneración, el Dios Triuno anhela crecer cada vez más en nosotros hasta que alcancemos la última etapa de la expresión divina: el amor (2 P 1:7). No podemos alegrarnos sólo por tener amor fraternal entre nosotros, necesitamos proseguir hasta llegar a la etapa del amor ágape, es decir, el amor de Dios. En otras palabras, la vida y la naturaleza de Dios necesitan crecer en nosotros.
Por tanto, la epístola a los Romanos nos muestra, que el evangelio de la vida que recibimos es el evangelio del reino de los cielos, que nos llevará a ser conformados a la imagen de Cristo para que también seamos glorificados (8:30b). Esto sucederá en el reino milenario, que será un lugar de gloria. ¡Aleluya!
El evangelio de la gracia tiene como objetivo conducirnos al evangelio del reino de los cielos. La práctica del evangelio del reino de los cielos es negar la vida del alma para hacer la voluntad del Padre. Así, crecemos en vida y somos conformados a la imagen de Cristo, hasta que seamos totalmente iguales a Él en vida y naturaleza. De esta manera seremos vencedores y reinaremos en gloria. ¡Aleluya! ¡Somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó!
Punto Clave: La cumbre del crecimiento de vida: el amor de Dios.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Cuál es el objetivo del perfeccionamiento de los santos?
Dong Yu Lan
Publicado por: Editora “Arvore da Vida”
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Jesus es el Señor!
La iglesia en Armenia"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
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La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins
Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
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13/08/09,20:38:01
METODOS PARA ESTUDIAR LA BIBLIA
En la lección anterior nos centramos en la persona que estudia la Biblia. Vayamos ahora al método que se debe emplear en el estudio de Biblia. Para estudiar la Biblia, no solamente debemos ser personas rectas, sino que también debemos usar los métodos correctos. Examinemos en tres categorías en qué consiste el método. Primero, veremos la llaves para estudiar la Biblia; en segundo lugar, examinaremos la práctica; y por último, diseñaremos el plan de ataque.
CAPITULO TRES
LLAVES PARA ESTUDIAR LA BIBLIA
I. ESCUDRIÑAR
Juan 5:39 dice: “Escudriñad las Escrituras”. Hechos 17:11 dice: “Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra ... escudriñando cada día las Escrituras...” Lo primero que debemos hacer cuando estudiamos la Biblia es escudriñarla. Escudriñar significa indagar. Es decir, si queremos extraer algo de la Biblia, tenemos que examinar las Escrituras. Debemos hacer como cuando buscamos en nuestro armario una prenda de vestir que se nos ha perdido. Sacamos muchas cosas con el propósito de hallar una sola. Entre las muchas palabras que Dios ha hablado, hay una que necesitamos en ese preciso momento. Hay una palabra que nos va a ayudar espiritualmente en ese momento particular y en esa ocasión particular. Puede ser que hayamos recibido una revelación, y necesitemos hallar el pasaje que la expresa y la explica en las Escrituras. Para encontrar estas cosas, tenemos que escudriñar toda la Palabra de Dios. Debemos acercarnos a la Biblia con una mente escudriñadora. Escudriñar significa leer deliberadamente y dedicar tiempo a la lectura. Tenemos que estudiar cada pasaje hasta que lo entendamos. Mientras leemos debemos preguntarnos: “¿Cuándo fue escrito esto? ¿Quién lo escribió? ¿A quién está dirigido? ¿En qué circunstancias se escribió? ¿Qué sentimiento hay detrás de este pasaje? ¿Por qué y para qué se escribió?” Debemos hacernos estas preguntas una por una, buscar la respuesta cuidadosamente y no detenernos hasta encontrar lo que buscamos.
Muchas veces, para contestar una pregunta, tenemos que buscar tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, elementos relacionados con el tema. Debemos examinar cuidadosamente toda la Biblia para que no perdamos nada importante. Algunas veces sabemos lo que buscamos en la Palabra de Dios, pero otras veces no; quizá en un estudio sólo busquemos una cosa, pero en otro tal vez busquemos muchas. Al escudriñar tenemos que ser extremadamente cuidadosos y meticulosos. No debemos permitir que una sola palabra o frase se nos escape. Tengamos presente que la Biblia es dada por el aliento de Dios (2 Ti. 3:16). Esto significa que cada palabra y frase es la palabra de Dios y está llena de vida. Tenemos que dedicar toda nuestra atención al leerla.
Se necesita paciencia para leer la Biblia. Si no entendemos algo, debemos regresar una segunda vez y leerlo hasta que entendamos lo que dice. Si Dios nos alumbra y abre nuestros ojos la primera vez, debemos darle las gracias por eso, pero si no nos ilumina ni abre nuestros ojos la primera vez, debemos regresar al pasaje en cuestión y estudiar cuidadosamente por segunda, tercera o centésima vez. Si encontramos algo en la Biblia que no entendemos, no debemos preocuparnos ni es necesario que nos forcemos mentalmente para comprenderlo. Tampoco necesitamos exigir que se nos dé luz. Lo que proviene de la cabeza no produce un “amén” en el espíritu. Las doctrinas que la mente formula son rechazadas por el espíritu. No debemos estudiar la Palabra de Dios valiéndonos de nuestro intelecto. Debemos ser pacientes y escudriñar con mucho detenimiento. Cuando llega el momento de Dios, El nos muestra algo.
Muchas personas cometen el gran error de no escudriñar las Escrituras por sí mismas. No debemos buscar siempre la ayuda de los demás, pues así descuidamos la lectura de la Biblia por nuestra cuenta. Por una parte, no menospreciamos las profecías, pues necesitamos la edificación de los profetas tanto como la de los demás ministerios, pero por otra, tenemos que estudiar la Biblia por nuestra cuenta. No podemos limitarnos a recibir la ayuda de los demás sin leer nosotros mismos.
II. MEMORIZAR
Pablo les dijo a los colosenses: “La palabra de Cristo more ricamente en vosotros en toda sabiduría” (Col. 3:16). Para que la palabra de Cristo more en nosotros ricamente, debemos por lo menos memorizar las Escrituras. Por supuesto, la memorización sola no hace que la Palabra de Dios more en nosotros, pero podemos decir que si uno no memoriza la Biblia, no será posible que ésta more en uno ricamente. Si simplemente memoriza las Escrituras, pero no abre el corazón a Dios y no es sumiso ni manso, dicha memorización no hará que la Palabra de Dios more en su corazón. Por otro lado, si una persona piensa que no necesita memorizar la Palabra de Dios y que basta con ser mansa, sumisa y abierta a Dios, tampoco hará que la Palabra de Dios more en su corazón.
Al dirigirse a los efesios, Pablo les dijo: “Recuerden las palabras del Señor Jesús que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir” (Hch. 20:35). Para recordar las palabras del Señor, tenemos que memorizarlas. Si no la memorizamos, no nos será posible recordarla. El Señor Jesús memorizó las Escrituras cuando estuvo en la tierra. El pudo citar las palabras de Deutoronomio cuando fue tentado por Satanás (Mt. 4:1-10). Cuando entró en la sinagoga de Nazaret, pudo abrir el libro de Isaías y proclamar los mandamientos y la comisión que El había recibido de Dios (Lc. 4:16-21) Esto nos muestra que nuestro Señor conocía las Escrituras. Por esta razón tenemos que ser mucho más diligentes en el estudio y la memorización de la Palabra. Si no la memorizamos olvidaremos lo que leemos, y cosecharemos pocos resultados. Especialmente los jóvenes deberían tratar de memorizarla y recitarla después de leerla con una mente escudriñadora. Debemos dedicar tiempo durante los primeros años de nuestra vida cristiana a la memorización de las Escrituras. Hay muchos pasajes de la Palabra que debemos memorizar, como por ejemplo: el salmo 23, el salmo 91, Mateo 5—7, Juan 15, Lucas 15, 1 Corintios 13, Romanos 2—3 y Apocalipsis 2—3. Quienes tienen una buena memoria pueden memorizar más de diez versículos al día, y quienes no, pueden memorizar por lo menos un versículo por día. Todo lo que tenemos que hacer es dedicar cinco o diez minutos al día para estudiar un versículo, escudriñarlo y memorizarlo. En unos seis meses habremos terminado un libro como Gálatas o Efesios. Filipenses se puede concluir en cuatro meses, y Hebreos en diez meses. Los evangelios requerirán más tiempo. El evangelio de Juan se puede memorizar en dieciocho meses. Si los hermanos y hermanas jóvenes estudian la Biblia diligentemente desde el comienzo de su vida cristiana y memorizan por lo menos un versículo por día, podrían recitar los versículos más importantes del Nuevo Testamento en cuatro años. Nos dirigimos a aquellos que tienen mala memoria. Quienes tienen mejor memoria pueden hacer más. Pero aun los que tienen mala memoria pueden memorizar un versículo al día durante los primeros cuatro años de su vida cristiana. Si hacen esto, establecerán un cimiento sólido para sí mismos en su entendimiento del Nuevo Testamento.
Si nuestro corazón está abierto a Dios y somos mansos y si nuestra mente está puesta constantemente en la Palabra del Señor, nos será muy fácil memorizar las Escrituras. Si aprovechamos cada oportunidad para memorizar las Escrituras, la palabra de Cristo morará ricamente en nosotros. Si no permitimos que las Escrituras moren en nuestro corazón, será muy difícil que el Espíritu Santo nos hable. Siempre que Dios nos concede una revelación, lo hace usando la Biblia. Si no memorizamos las Escrituras, será muy difícil que la revelación de Dios llegue a nosotros. Por esta razón debemos mantener la Palabra de Dios en nuestra mente siempre. Memorizar las Escrituras no tiene como único fin grabarlas en la memoria, ya que también deseamos que establezcan el cimiento que nos permita recibir revelación. Si memorizamos con frecuencia las Escrituras, podremos fácilmente recibir revelación e iluminación, y el Espíritu Santo podrá hablarle a nuestro espíritu. Por esta razón tenemos que dedicar tiempo para memorizar la Palabra, no sólo bosquejos, sino el texto mismo. Tenemos que memorizar con exactitud y esmero.
Además de los pasajes cruciales que mencionamos, debemos reunir otros pasajes importantes y memorizarlos en conjunto. Por ejemplo: el recorrido que hicieron los israelitas contiene información muy importante; el viaje que Eliseo hizo cuando siguió a Elías, el viaje que se relaciona con la predicación de Pedro, y los viajes que hizo Pablo para predicar el evangelio, también son importantes. Es bueno memorizar todos estos hechos. Si podemos recordar la cantidad de lugares de Judea y de Galilea donde el Señor Jesús estuvo, tendremos una idea más clara de la obra del Señor en conjunto, según se narra en los Evangelios. La obra del Señor se divide en dos secciones, la primera la llevó a cabo en Judea, y la segunda, en Galilea. También es necesario dedicar tiempo para memorizar las siete fiestas y las seis ofrendas de Levítico. Estas son verdades básicas. Una vez que las memoricemos, veremos las riquezas que contiene la Palabra de Dios. Sería bueno memorizar las dos oraciones de Pablo en Efesios y las diez alusiones al Espíritu Santo en dicho libro. Podemos encontrar versículos similares a éstos en toda la Biblia, y sería muy provechoso memorizarlos todos. Si hallamos un pasaje crucial, debemos memorizar todo el capítulo. Si hay algunos versículos aislados, los debemos memorizar. También tenemos que memorizar la secuencia de los sesenta y seis libros de la Biblia.
III. COMPARAR
Escudriñar y memorizar no es suficiente. Tenemos que unir pasajes de la Palabra y compararlos.
En 1 Corintios 2 Pablo habla de las cosas espirituales y el hombre espiritual. Si comparamos el hombre espiritual con las cosas espirituales, notaremos algo.
Salmos 36:9 dice: “En tu luz veremos la luz”. No es suficiente tener una sola clase de luz. Necesitamos dos clases de luz. De hecho, una luz nos guía a la otra. La luz complementa la luz de la Biblia.
En 2 Pedro 1:20 dice: “Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada”. Fácilmente podríamos entender en este versículo que el hombre no debe interpretar las profecías. Pero según la gramática de lo dicho por Pedro, la profecía tiene su propia interpretación. El contraste está entre la interpretación de la Escritura y la interpretación del hombre. Si este versículo indicase que ninguna profecía debe ser interpretada por el hombre, Pedro habría sido muy elemental, porque los cristianos en general saben que la profecía de Dios no se puede interpretar con las ideas del hombre. Habría sido innecesario afirmar tal cosa. Pedro no se refería a eso. La expresión interpretación privada se refiere a una interpretación del texto de forma aislada. Cuando Pedro dijo que ninguna profecía podía ser interpretada de manera privada, quería decir que toda profecía tiene un significado que armoniza con el contexto. Sin embargo, toda la palabra de Dios no se encuentra en un solo texto. En uno de los profetas se nos dice que la Palabra de Dios es dada “un poquito allí, otro poquito allá” (Is. 28:13). Por consiguiente, ningún estudiante de la Biblia debe interpretar un pasaje aislado, pues eso es una interpretación privada. Cuando leemos Daniel 9, no debemos interpretarlo exclusivamente según Daniel 9. Al leer Apocalipsis 13, no deberíamos interpretarlo según Apocalipsis 13. Si interpretamos estos dos capítulos separados de sus contextos, les daremos una interpretación privada, y estaremos violando el principio de la interpretación profética.
Dios nos muestra el principio de que al leer, debemos comparar un pasaje de las Escrituras con otros pasajes. No podemos basar nuestra interpretación solamente en el texto que leamos. Cuando abordamos una enseñanza bíblica, es muy importante que busquemos las explicaciones de esa enseñanza en otros pasajes de la Biblia. Muchas herejías que han surgido en la cristiandad son el resultado de aferrarse a uno o dos versículos de la Biblia sin compararlos con otros pasajes afines. Satanás también citó las Escrituras, pero las citó con el fin de tentar al hombre. Debemos recordar que cuanto más comparamos, menos expuestos estaremos a interpretaciones privadas. Es más seguro si comparamos un versículo con otros diez. Si sólo encontramos cinco versículos, está bien, pero sería mejor encontrar diez versículos. Cuanto más comparaciones hagamos, mejor. Si sólo hay un versículo que dice algo, debemos ser muy cuidadosos, pues no podemos edificar algo grande sobre un caso aislado. De hacerlo, encontraremos problemas. No es muy confiable basar toda una enseñanza en un solo versículo. Cuando leemos la Biblia tenemos que hacer comparaciones. No podemos interpretar nada apoyados en el texto de un solo pasaje. Debemos tener la confirmación de otros pasajes.
Por ejemplo, Apocalipsis 19 dice que cuando el Señor descienda desde los cielos para pelear la batalla, eliminará a todos Sus enemigos con la espada de Su boca. Si interpretamos este versículo solo, concluiremos que de la boca del Señor sale una espada, y podríamos afirmar que dicha espada es rápida, aguda y resplandeciente. Si comprendemos que ninguna escritura tiene su interpretación privada, inmediatamente buscaremos qué significa la espada aguda, y en Efesios 6:17 descubriremos que la espada aguda es la Palabra de Dios.
¿Quiénes son las diez vírgenes mencionadas en Mateo 25? Cuando leemos 2 Corintios 11:2 vemos que son la iglesia. (En 2 Corintios, virgen está en singular y se refiriere a la única iglesia. En Mateo encontramos diez vírgenes, lo cual alude a la responsabilidad de los individuos delante del Señor. El número diez se obtiene al multiplicar dos por cinco, y el número cinco simboliza la responsabilidad del hombre ante Dios). Una lectura comparativa puede darnos mucha luz.
También es muy útil comparar el Antiguo Testamento con el Nuevo. Si comparamos el alcance de las palabras de Dios en el Antiguo Testamento con el alcance de Sus palabras en el Nuevo, veremos que la Palabra de Dios y Su revelación es progresiva. Algunas enseñanzas se encuentran tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Por ejemplo, sin el libro de Daniel, no se podría entender el Apocalipsis; pero al compararlos, vemos que Apocalipsis es más avanzado que Daniel. También podemos comparar Apocalipsis 2 y 3 con Mateo 13; Apocalipsis 4 y 5 con Filipenses 2; y Apocalipsis 6 con Mateo 24. También podemos comparar los últimos capítulos de Apocalipsis con Daniel. Cuando comparamos estos pasajes e interpretamos uno basándonos en el otro, veremos muchas cosas que no habíamos visto.
Podemos comparar los cuatro evangelios. Algunas narraciones constan en los cuatro evangelios, mientras que otras no se mencionan en ninguno de ellos. Cada caso tiene mucho significado. Por ejemplo, Mateo sólo habla de la resurrección del Señor Jesús y no menciona la ascensión. Marcos sí habla de la ascensión del Señor. Lucas habla de la ascensión del Señor y del advenimiento del Espíritu Santo. Juan no dice nada acerca de la ascensión del Señor, pero sí habla de Su venida. Los cuatro evangelios finalizan de diferente manera. Tenemos que preguntarnos por qué hay estas diferencias. Si buscamos la respuesta, descubriremos algo. Mateo nos dice que el Señor es eternamente el Rey de la tierra; por eso no dice nada de la ascensión. Marcos habla del Señor como el siervo que Dios envió y que regresa a Dios; por consiguiente habla de la ascensión. Lucas habla del hombre glorificado y por eso incluye la ascensión y la venida del Espíritu Santo. Juan dice que el Señor es el Unigénito que todavía está en los cielos en el seno del Padre; por consiguiente, no habla de la ascensión. Cada libro tiene sus propias características, y sólo las podemos encontrar al hacer la comparación.
IV. MEDITAR
Tanto Josué 1:8 como Salmos 1:2 dicen que debemos meditar y permanecer continuamente en la Palabra del Señor. En nuestra vida cotidiana (como por ejemplo, cuando no estamos leyendo la Biblia), debemos meditar en la Palabra del Señor. Debemos aprender a moldear nuestros pensamientos de acuerdo a los pensamientos de la Biblia. Debemos meditar cuando estemos leyendo la Palabra y cuando no lo estemos haciendo. Romanos 8:6 habla de “la mente puesta en el espíritu”. Esto indica que debemos pensar en el espíritu, poner nuestra mente en el espíritu y mantenerla ahí. Este versículo significa que no sólo debemos poner nuestra mente en el espíritu, sino que también debemos tener la mente del espíritu. No basta con concentrarnos en el espíritu, sino que debemos tener una concentración que sea del espíritu. Es decir, cada vez que nuestra mente se vuelva, debe volverse a la Palabra de Dios. No importa cuáles sean las circunstancias, nuestra mente debe mantenerse fija en la Palabra de Dios. No me refiero a un esfuerzo artificial por recordar, sino a una meditación espontánea. Por lo general, nuestra mente debe estar puesta en la Palabra continuamente, no solamente cuando estamos pensando en ella. Debemos acudir a la Palabra de Dios de una manera espontánea.
Nuestra meditación tiene dos aspectos. Por una parte, meditamos cuando leemos la Biblia; por otra, meditamos continuamente. Cuando estamos leyendo la Biblia, nuestra mente debe meditar en la Palabra de Dios, y cuando no lo hacemos, también debemos estar activamente usando una mente adiestrada. No tenemos que forzarnos a pensar en las Escrituras. El Espíritu Santo dirigirá nuestros pensamientos en esta dirección, lo cual se convertirá en parte de nuestro hábito. Cuando desarrollemos tal hábito, llegaremos a ser ricos en el Señor.
W. Nee
Jesus es el Señor
La iglesia en Armenia
Cómo estudiar la Biblia
Publicado por: Living Stream Ministry
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La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
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Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
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14/08/09,14:09:51
LA PRACTICA DE ESTUDIAR LA BIBLIA
I. LA DISTRIBUCION DEL TIEMPO
Todo aquel que lee la Biblia debe dedicar un tiempo específico a estudiarla cada día. Esto debe hacerse aparte de la lectura que se hace en la madrugada. Por experiencia sabemos que no es sabio dedicar demasiado tiempo a dicho estudio. Cuando designamos mucho tiempo, por lo general no podemos mantenerlo, y en consecuencia no recibimos ningún provecho. Debemos establecernos una norma que sea posible mantener. Para estudiar la Biblia, los siervos del Señor no necesitan dedicar más de dos horas ni menos de una horacada día. En ocasiones, cuando tenemos más tiempo, podemos extender nuestro estudio hasta tres horas. Debemos tomar una decisión después de meditarlo bien, y una vez que lo hagamos, debemos cumplirla por lo menos por algunos años. No debemos cambiar nuestro horario a los dos o tres meses. Tenemos que aprender a restringirnos y a disciplinarnos. No debemos leer la Biblia sólo cuando nos plazca. Nuestro patrón no debe consistir en hacer una lectura espontánea, indisciplinada ni sólo cuando recibamos “la inspiración”. Muchas personas no son constantes en su lectura. Leen varias horas un día, y al siguiente no leen nada. Esto deja ver una carencia de perseverancia, lo cual es un mal hábito. Después de orar y pensarlo cuidadosamente, debemos decidir qué vamos a hacer, y una vez que tomemos la decisión, debemos cumplirla.
Después de decidir cuánto tiempo vamos a dedicar, por ejemplo, una hora al día, debemos planear lo que vamos a hacer en esa hora. La hora debe dividirse en varios períodos y en cada uno se debe usar un método diferente de estudio. Algunos métodos son similares a la siembra de árboles, en que los resultados se ven sólo a los ocho o diez años; otros son como la siembra de legumbres, que se cosechan cada año. Los métodos que en ocho o diez años no producen ningún resultado, lo desaniman a uno con facilidad. Por eso necesitamos un método como el de “la cosecha de legumbres”, que produzca resultados en dos o tres meses; necesitamos métodos que animen a los principiantes a seguir adelante. Es muy fácil cansarse después de estar haciendo la misma cosa una hora entera, y es fácil darse por vencido cuando no se ven resultados inmediatos. Por esta razón, es aconsejable dividir la hora en varios períodos.
A. El primer período:
temas profundos
Supongamos que dedicamos veinte minutos al primer período. En ellos uno se debe dedicar a estudiar temas profundos de la Biblia. Se requieren años de estudio para obtener beneficios con este método. Lo mismo sucede con las profecías, los tipos y la muerte del Señor Jesús. El estudio de pasajes como el sermón del monte, las profecías del monte de los Olivos, las parábolas de Mateo 13, el discurso final del Señor Jesús en el evangelio de Juan, y las enseñanzas relacionadas con las cuatro dispensaciones no producen resultados inmediatos. Tenemos que dedicar meses y a veces años estudiándolos antes de poder ver algo. Si deseamos encontrar algo en el Antiguo Testamento que se relacione con estos temas, debemos estudiar Génesis y Daniel, y también Exodo, Levítico y Josué. Si queremos saber más sobre las profecías, a esa lista debemos agregarle Zacarías. El primer libro que debemos estudiar en el Nuevo Testamento es Mateo, y luego Romanos; después, Apocalipsis y Hebreos. Luego debemos continuar con el estudio del evangelio de Juan o con las epístolas a los Efesios o a los Gálatas. Una vez que hayamos estudiado estos libros, tendremos un fundamento del Nuevo Testamento. Estos estudios no traen beneficios inmediatos; tenemos que leerlos docenas de veces para poder extraerles algo. Esta clase de estudio debe ser hecho durante el primer período, cuando nuestra mente está más despejada, y podemos abordar temas más serios. Yo sólo comparto esto a modo de principio. Cada uno de nosotros debe decidir de qué manera usar su tiempo.
Debemos tener en cuenta que después de estudiar veinte minutos, es posible que estemos tentados a extender la lectura a treinta minutos. Debemos vencer esta tentación. Si hemos tomado la decisión de leer solamente por veinte minutos, debemos mantenernos firmes en ello. Si resistimos la tentación de extender nuestro tiempo, también resistiremos la tentación de reducir nuestro tiempo de veinte a diez minutos. Una vez que hayamos tomado una determinación delante del Señor, tenemos que disciplinarnos y cumplirla. Es preferible estar atorado en algo por diez años que pasarlo de largo a los diez días. Nunca debemos ser descuidados ni casuales. Tenemos que ser disciplinados.
W. Nee
Jesus es el Señor
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19/08/09,21:30:57
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 15--- La predicación del evangelio a los judíos
Lunes --- Leer con oración: Gn 3:1-6; Mt 16:24; Ro 8:30b, 39
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc 9:23)
EL PELIGRO DE VIVIR EN LA VIDA DEL ALMA
En semanas anteriores vimos que la serpiente habló palabras atrayentes para tocar la emoción de Eva, es decir, su alma. Además, sabemos que Satanás puede asumir una imagen bastante atrayente para engañar al hombre, como transformarse en un ángel de luz (2 Co 11:14). La imagen que algunos tienen de él es que posee una cara rojiza y ojos verdes, es una figura caricaturizada y equivocada. Él es muy sagaz y, a través de sus cuestionamientos y argumentos, sutilmente llevó a Eva a caer en la mente y actuar por la vida del alma.
Al ver que el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos, y codiciable para alcanzar la sabiduría, la mujer decidió comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal y lo dio a su marido (v. 6). Adán y Eva fueron influenciados primeramente en la emoción y después en la mente, esto produjo la decisión de comer el fruto. Cuando lo hicieron, no murieron inmediatamente, pero su alma fue afectada por el pecado.
Debemos estar alertas, pues hasta hoy Satanás ha usado la misma sagacidad, diciendo mentiras para eludirnos y desviarnos del camino de la vida. El camino para que seamos victoriosos a las artimañas del enemigo de Dios es permanecer en el espíritu.
Alabamos al Señor, porque en estos dos últimos años nos ha iluminado más a través de Su hablar con respecto a estar en el espíritu y negar nuestra vida del alma para que lo sigamos. En estos veintitantos años, este ha sido nuestro énfasis para ayudar a las iglesias a tener un vivir de seguir al Señor.
Para seguirlo y estar libres de las artimañas de Satanás, que nos quiere desviar del camino de la vida, necesitamos negar nuestra vida del alma por medio de andar y vivir en el espíritu. En el pasado, tal vez algunos pensaban que pasar por tribulaciones exteriores era suficiente para ser llevados a negar la vida del alma. Ciertamente, nos ayudan a negarla, pero al estudiar las epístolas de Pedro conocimos un poco más de su experiencia, percibimos que él creció en vida porque cada vez que el Señor exponía su alma, aprendió a rechazarla, negándose a sí mismo, así permitía que el fuego del Espíritu purificara todas sus impurezas (1 P 1:7; cfr. Mt 3:11).
Que seamos iluminados para arrepentirnos y, podamos aprovechar como Pedro cada oportunidad para volvernos al Señor y ser purificados por Él.
Punto Clave: En el espíritu discernimos las estrategias de Satanás.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Sabe usted discernir el hablar del Señor del hablar de la serpiente?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 15 --- La predicación del evangelio a los judíos
Martes --- Leer con oración: Mt 3:11; 24:14; 1 P 1:7
“No apaguéis al Espíritu” (1 Ts 5:19)
DEBEMOS RECHAZAR TODO HABLAR NEGATIVO
Cuando leemos las epístolas de Pedro, nos damos cuenta que él creció en vida por medio de negar su vida del alma. Su espíritu era como un crisol que sirve para que el oro sea purificado en el fuego, que siempre está quemando. Pero eso sólo era posible porque él tenía el Espíritu de Dios.
Todos los que tienen al Espíritu vivificante mezclado con su espíritu humano, tienen el fuego que santifica las impurezas del alma. El fuego santificador del Espíritu siempre está preparado para que pongamos nuestra vida del alma para ser quemada. Así, llegamos a ser aptos para cumplir la voluntad de Dios.
El Señor Jesús nos apartó para predicar el evangelio de Dios. Esta práctica corresponde al evangelio de la vida, es decir, el evangelio del reino de los cielos mencionado en Mateo 16:19, 24. El evangelio de Dios es para el evangelio del reino, porque Dios desea traer Su reino a la tierra. Por tanto, la iglesia, como la realidad del reino de los cielos, tiene la comisión de predicar este evangelio para que el reino de Dios sea manifestado en la tierra.
Por eso, debemos estar siempre en el espíritu. Ayer vimos que Satanás intenta desviarnos del propósito de Dios con mentiras y palabras engañosas y, por estar en nuestra vida del alma, somos influenciados por él. Pero, si estamos en el espíritu, cuando sus palabras negativas lleguen hasta nosotros, la unción del Espíritu nos mostrará que debemos huir siguiendo la justicia, la fe, el amor y la paz con los que de corazón puro invocan al Señor (cfr. 2 Ti 2:22).
Cuando no estamos en el espíritu, nos quedamos vulnerables así como Eva. Como vaso más frágil, fue influenciada por Satanás para comer del fruto del árbol del conocimiento. Por eso, necesitamos ser fuertes, estar fortalecidos en el Señor, en la fuerza de Su poder. Necesitamos vestirnos de toda la armadura de Dios para que podamos estar firmes contra las asechanzas del diablo (cfr. Ef 6:10-11). No vamos a prestar atención a ninguna palabra negativa, sino prosigamos positivamente para cumplir la voluntad de Dios.
Punto Clave: Discernir y rechazar las mentiras de Satanás.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Cuál era la intención de Satanás al cuestionar a Eva?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 15 --- La predicación del evangelio a los judíos
Miércoles --- Leer con oración: Jn 8:44; Ro 8:1-2, 6, 10-17; 1 P 3:7
“Atando a la vid su pollino, y a la cepa el hijo de su asna, lavó en el vino su vestido, y en la sangre de uvas su manto. Sus ojos, rojos del vino, y sus dientes blancos de la leche” (Gn 49:11-12)
TENER PAZ CON TODOS LOS HOMBRES
Como ya vimos en días anteriores, debemos estar alertas pues hasta hoy Satanás usa la misma sagacidad que usó para engañar a Eva, habla mentiras a fin de eludir y desviar del camino de la vida a aquellos que no están vigilantes.
En nuestra experiencia también sufrimos calumnias. No obstante, nuestro corazón debe estar en paz para esperar la provisión divina en cuanto a este asunto. No debemos discutir o contender con nadie; por el contrario, debemos practicar lo que está en Romanos: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (12:18-19).
En varias ocasiones intentamos aclarar los desacuerdos por medio de la comunión, sin embargo, mientras más hablamos, buscan más argumentos para difamarnos. Esto nos recuerda la experiencia de Job y sus amigos. Cada uno de los amigos, según su propia justicia y opinión, lo criticó y juzgó. Sabemos que Satanás es el padre de la mentira y que todo el que hace un juicio falso no ha sido conducido por el Espíritu vivificante (cfr. Jn 8:44). Tenemos que poner atención para no salir de la esfera del espíritu y tampoco ser conducidos por el enemigo.
Estamos atados a la vid y debemos permanecer siendo positivos en el propósito que Dios nos encargó: edificar Su iglesia, predicando el evangelio del reino a todas las naciones (Gn 49:11; Mt 24:14). Hemos disfrutado del dispensar de la palabra del Señor en la epístola a los Romanos, con respecto a la diferencia entre el evangelio de la gracia y el evangelio del reino (5:10). Por medio del evangelio de la gracia, el problema de nuestros pecados ya fue solucionado, fuimos llevados a la presencia de Dios, nos reconciliamos con Él y recibimos Su vida. Ahora esta vida que está en nosotros necesita crecer cada vez más.
El Espíritu que mora en nuestro espíritu humano necesita expandirse a nuestra alma hasta que nuestro cuerpo mortal sea también vivificado (8:11). De esta manera, todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo será guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1 Ts 5:23).
Debemos proseguir en nuestra comisión y seguir positivamente adelante sin gastar nuestras energías en cosas negativas, sino sólo anhelando crecer en vida, vida y más vida. Así, cuando contactemos a las personas, podremos suministrarles vida. No andamos más conforme a la carne ni somos deudores de ella, sino que seguimos al Espíritu porque somos hijos de Dios. “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros. También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos” (1 Ts 5:12-14). Incluso pasando por situaciones de extrema dificultad, sabemos que el Señor nos capacitará para practicar Su palabra, seguirlo y hacer Su voluntad. ¡Alabado sea el Señor!
Punto Clave: Ganar vida, vida y más vida.
Su punto clave es:
Pregunta: En la práctica, ¿cómo podemos saturar nuestra alma con la vida de Dios?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 15 --- La predicación del evangelio a los judíos
Jueves --- Leer con oración: Ro 8:15, 16; 1 Jn 3:9; 4:8, 16; 5:11-12, 18
“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios” (1Jn 4:7)
EXPULSAR AL PADRE DE MENTIRA Y AMAR A LOS HERMANOS
Ya hemos recibido el Espíritu de filiación por el cual clamamos: “Abba, Padre” (Ro 8:15). Mientras más invocamos a nuestro Padre eterno de lo más profundo de nuestro corazón, más libres seremos de las tentaciones de Satanás, pues él continúa hasta hoy actuando de la misma manera como lo hizo con Eva en el huerto de Edén.
Satanás siempre viene al hombre con palabras que encantan y despiertan su curiosidad. Además, su hablar cuestiona lo que Dios determinó para el hombre según Su buen placer. Mientras el hombre considere las palabras sutiles de Satanás, más envuelto será y se apartará más del propósito de Dios. Si estamos en el espíritu, donde mora el Espíritu de Dios, no daremos oídos a las artimañas del enemigo de Dios.
Ya tenemos el Espíritu de filiación y podemos clamar en todo momento: “¡Abba, Padre!” Además, la vida que entró en nosotros no peca, porque es la simiente divina (1 Jn 3:9). Esta simiente es poderosa para darnos la victoria sobre Satanás. Aunque él esté a nuestro alrededor intentando llevarnos a pecar, la vida divina que fue plantada en nuestro interior nos salvará. ¡Alabado sea el Señor! porque nos guarda y nos libra del mal (5:18). Por eso, no podemos dejar de clamar: “¡Abba, Padre!”.
Somos hijos de Dios, porque ya hemos recibido Su vida (vs. 11-12). Dios es amor y éste es el sentir que debe reinar en nuestro corazón (4:8, 16). Aun cuando Satanás viene a difamarnos por medio de otras personas, debemos tener un corazón de amor para con ellas. Necesitamos orar y pedir al Señor que sean iluminadas. Estamos en la condición de la iglesia en Filadelfia descrita en Apocalipsis 3:7. Filadelfia significa amor fraternal. Si somos calumniados, debemos saber que por detrás de eso está Satanás, el acusador de nuestros hermanos (Ap 12:10). Que el Señor en Su infinita misericordia nos lleve a practicar el evangelio de la vida para que reinemos con Él en la era venidera.
Punto Clave: Filadelfia, la iglesia del amor fraternal.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Por qué es tan importante invocar el nombre del Señor cuando estamos bajo los ataques de Satanás?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 15 --- La predicación del evangelio a los judíos
Viernes --- Leer con oración: Ro 9:1-18
“Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne” (Ro 9:3)
EL AMOR DEL APÓSTOL PABLO POR SUS COMPATRIOTAS
Alabamos al Señor, porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un Cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu (1 Co 12:13). Así como Pablo tenía una fuerte unión con los judíos, sus compatriotas, nuestro deseo es que, de la misma manera nosotros, todos aquellos que ya recibimos el evangelio de la gracia, también tomemos posesión del evangelio de la vida (Ro 9:1-3).
Cuando Pablo dijo: “que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (v. 4), estaba hablando con respecto a los judíos. El apóstol había aprendido todo eso en el pasado, cuando todavía estaba ligado al judaísmo.
Después de ser iluminado por el Señor, Pablo aconsejó a sus compatriotas a no permanecer en la ley, en las cosas de la letra, en aquello que sólo era una sombra, sino que debían avanzar de las cosas antiguas a la realidad, que es Cristo.
En el pasado, recibimos también la ayuda de muchos hermanos, así como Pablo la recibió de los maestros del judaísmo. Al igual que él tenía la carga de llevar el evangelio a los judíos, también nosotros debemos tener la carga de predicar el evangelio de la vida a todos los que ya fueron salvos por el evangelio de la gracia. Podemos decirles: “Hermanos, ustedes ya recibieron el evangelio de la gracia y fueron reconciliados con Dios. Ya han nacido de nuevo y, puesto que recibieron la vida divina, necesitan estar con aquellos que tienen esta vida”.
Para entender la carga de Pablo, tenemos la rica y abundante palabra de Dios: “No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes” (Ro 9:6-8). Los que andan según la carne tienen una relación en la carne, sin embargo también cita a “los hijos según la promesa”, es decir, a la descendencia que salió de Isaac, y que corresponde a los hijos de la promesa.
En los versículos 9 al 13 leemos: “Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí”.
Esaú era el hijo mayor y persiguió a Jacob, el menor, sin embargo Dios amó a Jacob. Ciertamente, por un lado, somos perseguidos por los “Esaús” de hoy, por otro, somos amados por Dios, así como Jacob fue amado por el Señor.
Los versículos siguientes continúan: “¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (vs. 14-16).
Como sabemos, cuando el pueblo de Israel estaba bajo una dura servidumbre en Egipto, ellos clamaron por liberación y el Señor les dijo: “Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy Jehová. Y ellos lo hicieron así” (Ex 14:4). Como podemos ver, el Señor de quien quiere tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece (Ro 9:18). Si algunas personas quieren atacarnos, no podemos hacer nada que no sea seguir la dirección de Dios, esperando en Él nuestra salvación. Crucemos el “Mar Rojo y el Jordán”, prediquemos el evangelio y traigamos a las personas para que reciban Su promesa. ¡Alabado sea el Señor!
Punto Clave: Dios escogió a Jacob.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Por qué Pablo tenía tristeza y dolor en el corazón por sus compatriotas?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 15 --- La predicación del evangelio a los judíos
Sábado --- Leer con oración: Gn 2:7; Ro 9:19-23; 2 Ti 2:19-20; 1 P 1:7
“Y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria” (Ro 9:23)
VASOS DE HONRA Y VASOS PARA DESHONRA
Al escribir a los judíos, sus compatriotas, Pablo usó un ejemplo muy bueno: “Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? (…) ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria?” (Ro 9:19-23). Es como si Pablo estuviera diciendo a los judíos: “Dios escogió y separó a un grupo de personas como vasos de misericordia, como Sus vasos. Por eso, no usen su fuerza para ir contra lo que Dios determinó, intentando quebrar esos vasos. Los vasos fueron hechos por Dios y para Dios, que desea que sean para Su gloria. Ustedes deberían alegrarse por eso, y no tener envidia. Si Dios no los usó a ustedes, sino a otros, eso es asunto de Él. Necesitamos aceptar Su voluntad soberana”.
Estos versículos hablan del alfarero que usa el barro para hacer vasos. Un vaso existe para contener algo, pero es el alfarero quien determina si el vaso es para honra o deshonra. Dios desea que seamos vasos para honra, sin embargo hay vasos que son para deshonra.
El hombre fue hecho de barro, por tanto fuimos creados como vasos de barro (cfr. Gn 2:7; Is 64:8; Ro 9:20-24). Éste también se asemeja a los vasos de madera (2 Ti 2:20; cfr. Job 19:10; Mt 3:10). Los vasos de madera son mejores y más útiles que los de barro. La madera indica la naturaleza humana y los vasos hechos de una buena madera representan a las personas de una humanidad elevada.
La plata en la Biblia representa a la obra de redención hecha por el Señor Jesús (Lv 5:15; 27:3; cfr. 1 P 1:18-19). Por la redención de Cristo y por el hecho de que la vida de Dios entró en el hombre, éste se convierte en un vaso de plata. Esta fue nuestra experiencia y debemos valorar el hecho de haber sido comprados por precio (1 Co 6:20), ¡pues quien nos redimió y rescató fue el Señor! ¡Aleluya!
Después de recibir el evangelio de la gracia comenzamos a servir en la iglesia, en donde Dios quiere usarnos y saturar todo nuestro ser con Su vida y naturaleza, para llegar a ser vasos de oro (1 Co 3:12).
Ya hemos recibido la salvación, fuimos redimidos por el Señor y nos convertimos en vasos de plata. Él también nos dio la vida divina, que es representada por el oro incorruptible. Así como el oro es refinado por el fuego, a medida que negamos nuestra vida del alma, somos purificados y transformados en vasos de oro (1 P 1:7).
El apóstol Pablo advirtió a su joven colaborador Timoteo con estas palabras: “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Ti 2:19). A continuación dice: “Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles” (v. 20).
Aquellos que fueron apartados por Dios son vasos de plata, pues fueron redimidos por Él. Sin embargo, el trabajo de Dios en ellos no termina allí, ¡porque aún quiere transformarlos en vasos de oro! Ellos desean crecer y ser más usados por Él, es decir, llegar a ser vasos de oro.
Si usted desea convertirse en un vaso de oro, útil en las manos del Señor, y ser un colaborador del evangelio, necesita pasar por el fuego y ser refinado varias veces hasta que le sea quitado lo que es natural. ¡Alabado sea el Señor! pues, aunque en el presente sea afligido por diversas pruebas, usted puede volverse al Señor, ser iluminado, arrepentirse y ser purificado. Si procede así, será un “instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2 Ti 2:21). ¡Aleluya! Este vaso puede ser usado por Dios..
Punto Clave: Creado, redimido y usado por Dios.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Cómo convertirse en un vaso de honra?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 15 --- La predicación del evangelio a los judíos
Domingo --- Leer con oración: 2 Ti 2:19-20
“Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Ti 2:19)
LOS COMPATRIOTAS DE PABLO SE QUEDARON EN EL TIEMPO
Dios no envía a cualquier persona ni envía de cualquier manera a predicar el evangelio. Algunos pueden incluso intentar hacerlo por sí mismos, pero el resultado no será satisfactorio ni eficaz. Hoy el Señor avanza rápidamente, pero si queremos que Él vuelva pronto, necesitamos aún ser perfeccionados. Necesitamos invocar el nombre del Señor, pues de esta manera nos apartaremos de la iniquidad y seremos justos (2 Ti 2:19).
Este es el firme fundamento de Dios que permanece. Al invocar el nombre del Señor, nos apartamos de la iniquidad; al seguir con los que de puro corazón invocan al Señor, nos convertimos en un vaso de honra, santificado y útil a Él. Necesitamos ser personas así.
En los capítulos 9 y 10 de Romanos es como si Pablo dijera a sus compatriotas: “Ustedes conocen tanto el judaísmo y están intentando servir a Dios de acuerdo con sus tradiciones, con su propia opinión y métodos”. En otras palabras, ellos servían a Dios en su vida del alma, por eso Pablo quería animarlos a recibir la salvación y a servir al Señor en el espíritu, poniendo el alma en el espíritu para tener vida y paz.
Así como los judíos fueron contra los cristianos en aquella época, lamentablemente hoy también existen cristianos que atacan a otros cristianos. Ellos no se dan cuenta que al atacarlos están cayendo en las garras del enemigo. Esperamos que aquellos hermanos que sólo saben acusar a los demás, dejen de actuar como vasos de deshonra y comiencen a vivir como vasos de plata y de oro. ¡Debemos orar para que los tales se aparten de la iniquidad, invocando el nombre del Señor!
En la época en que Pablo escribió a los Romanos, los judíos que decían conocer las Escrituras no seguían el ejemplo de los patriarcas como Adán, Enos, Enoc, Noé, Abraham e Isaac, que andaban con Dios e invocaban Su nombre (Gn 4:26; 5:24; 6:9; 12:8; 26:25). Tampoco siguieron en el camino de los descendientes de Israel, que en el Pentateuco, en los Salmos, y en los libros de los profetas, invocaban el nombre del Señor (Dt 4:7; Sal 18:3; 80:18; 116:4, 13, 17; 118:5; Is 12:4; Lm 3:55). Como vemos, en el pasado, hubo un periodo en el que se invocaba el nombre del Señor. Es como si Pablo estuviera preguntándoles: “¿Que les pasa? ¿Acaso ya no necesitan más depender de Dios? ¿Por qué se consideran tan correctos y autosuficientes a tal punto de criticar, juzgar y condenar a otros? Invoquemos y digamos: ¡Oh Señor Jesús! ¡Oh Señor Jesús! ¡Te necesito! ¡Necesito que me enseñes a invocarte mientras viva!”.
Muchos dejaron de invocar el nombre del Señor porque muchas cosas negativas entraron en el pueblo de Dios; personas ambiciosas terminaron engañando a muchos con palabras suaves y lisonjeras, llevando a los hijos de Dios a depender de los hombres y no de Dios (Ro 16:17-18). Ellos se consideran tan autosuficientes que no necesitan más de la dirección del Espíritu de Dios.
Gracias al Señor, porque no queremos seguir el camino de la autosuficiencia, por el contrario, reconocemos que somos débiles y que necesitamos al Señor, por eso invocamos: “¡Oh Señor Jesús, no sé qué hacer! Yo fui un vaso destinado a la ira, pero tuviste misericordia de mí y me hiciste un vaso de plata. Tú me diste la oportunidad de servirte, ser perfeccionado, ser enviado, y me convertí en un vaso de oro”.
Así como Pablo, debemos ayudar a nuestros hermanos en Cristo que ya conocieron y experimentaron el evangelio de la gracia, que ya fueron reconciliados con Dios y regenerados, a proseguir de ser un vaso de plata a ser un vaso de oro. También a aquellos que en el pasado invocaban el nombre del Señor y después dejaron de hacerlo, y por ello llegaron a empobrecerse espiritualmente, necesitan ser animados a invocar nuevamente el nombre del Señor para que sean recobrados. ¡Este es el verdadero recobro!
No se trata sólo de recobrar simplemente doctrinas, sino de recobrar una vida que dependa del Señor y, por eso, invoca Su nombre. Invocar el nombre del Señor nos hace volver al espíritu y servir a Dios en el espíritu (Ro 1:9; 1 Co 12:3). Que podamos tener la experiencia de orar por ellos y animarlos: “No vivan por su vida del alma. ¿Cuánto daño han sufrido con su familia, con sus amigos y en el trabajo por permanecer en la vida del alma? ¿Antes tenían más bendiciones que ahora? No esperen más, comiencen ahora mismo a invocar el nombre del Señor, pues así obtendrán más vida divina”.
Pablo esperaba que los judíos pudieran invocar el nombre del Señor y así recibir la vida divina. Por eso, oraba por ellos y también tenía la carga de predicarles el evangelio. Así como él, tenemos esta carga y también esta es nuestra oración. ¡Jesús es el Señor!
Punto Clave: Continuar avanzando.
Su punto clave es:
Pregunta: En Romanos 9:4-5 ¿Por qué los judíos perseguían a Pablo y consideraban estar en lo correcto?
Dong Yu Lan
Publicado por: Editora “Arvore da Vida”
Literatura disponible en:
corpocri@yahoo.com
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La iglesia en Armenia"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee
La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins
Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
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20/08/09,15:54:47
B. El segundo período:
temas de menor importancia
Durante los segundos veinte minutos, debemos dedicarnos a temas de menor importancia, como por ejemplo al estudio de palabras específicas. Hay por lo menos doscientas o trescientas palabras en la Biblia que necesitan un estudio profundo. Por ejemplo, la palabra sangre aparece en la Biblia unas cuatrocientas veces. Debemos repasar todos los versículos que hablan de la sangre, anotar los más importantes, y agrupar los que tienen significados afines. De esta manera recopilaremos una lista de pasajes. Esto nos ayudará más que usar una concordancia. También sería bueno memorizar todos estos versículos. Después de esto, el Espíritu de Dios nos dará revelación. Cuando la revelación llegue, podremos recordar todos los versículos relacionados con ese tema. La palabra invocar fue estudiada por algunos hermanos que agruparon los versículos en diez secciones (véase el título XXVI del capítulo cinco). Podemos dedicar veinte minutos al día para estudiar estas palabras. No espere terminar el estudio de una palabra en un día. Algunas palabras requieren dos meses para completar su estudio. Se requiere tiempo para estudiar la Biblia; no debemos ser descuidados al respecto, de lo contrario, no tendremos la espada del Espíritu, sino una caña inservible. Tenemos que profundizar en la Palabra. Si estudiamos la Palabra con esmero, nuestra predicación tendrá solidez. Si nuestro estudio de la Palabra es desordenado, nuestra predicación también lo será. Supongamos que alguien viene a nosotros y nos dice que la sangre puede darnos una vida nueva. Si hemos estudiado cuidadosamente la palabra sangre, sabremos que esa enseñanza es errónea. La vida que se encuentra en la sangre es la vida psicológica, no la vida nueva. Tenemos que familiarizarnos con las enseñanzas fundamentales de la Biblia. De lo contrario, tomaremos lo que otros dicen y seremos desviados por sus errores. El conocimiento fundamental de las enseñanzas de la Biblia no llega a nosotros en un instante. Debemos estudiar cada palabra cuidadosamente una por una a fin de saber de qué trata la Biblia en conjunto. Hermanos y hermanas jóvenes, estudien concienzudamente la Palabra. Si podemos estudiar muchas docenas de palabras en un año, podremos estudiar en diez años todas las palabras importantes del Antiguo Testamento y del Nuevo.
C. El tercer período:
recopilación de verdades
En el tercer período debemos dedicar diez minutos recopilando verdades. Debemos hacer esto todos los días. ¿Qué debemos recopilar? Todos los metales que se mencionan en la Biblia, como por ejemplo oro, plata, hierro y bronce, los cuales tienen un significado especial. También las piedras preciosas. No pensemos que éstos son temas secundarios. Estos juegan un importante papel en la interpretación de las Escrituras. ¿Por qué la serpiente mencionada en Números era de bronce? ¿Por qué en Apocalipsis 1:15 dice que los pies del Señor eran “semejantes al bronce bruñido, fundido en un horno”? ¿Por qué la cabeza de la imagen que aparece en el sueño de Nabucodonosor era de oro? ¿Por qué algunos de los utensilios del templo eran de oro? ¿Por qué el arca estaba cubierta de oro y no de plata? ¿Por qué las bases del tabernáculo eran de plata? En Zacarías 5 se habla del plomo. ¿A qué se refiere esto? Tenemos que estudiar estas cosas cuidadosamente para entender su significado exegético. Durante este tiempo, debemos coleccionar todas estas verdades y anotar los versículos uno por uno. Más adelante, podemos dedicar el primer período de nuestro estudio a meditar en ellos, o podemos leer acerca de ellos en el segundo período. En otras palabras, durante el tercer período, recopilamos el material que hemos de estudiar en el primer o segundo período. El libro de Efesios menciona quince veces el espíritu. Podemos usar el tercer período a encontrar esos quince versículos. Efesios 1:13 habla del sello del Espíritu, y podemos apuntar todos los versículos del Nuevo Testamento que hablan del sello. Efesios 1:17 habla del espíritu de sabiduría y de revelación, y podemos hallar todos los versículos que vinculen el espíritu con la sabiduría. Después de coleccionar y escoger todas estas verdades, tenemos que estudiarlas en los veinte minutos del primer o segundo período. Si no coleccionamos y seleccionamos estas verdades con anticipación, nuestro estudio no tendrá base ni exactitud.
D. El cuarto período:
paráfrasis
En el cuarto período, de diez minutos, hacemos diversas paráfrasis de la Biblia. Cuando tenemos un entendimiento fresco de un pasaje de la Palabra, debemos escribir todo el pasaje en un lenguaje sencillo y de fácil comprensión para los demás. Una persona adiestrada en este ejercicio hallará que toda palabra de la Biblia es significativa e importante. Esto requiere un trabajo muy minucioso. Pueden requerirse varios días para parafrasear un versículo. Debemos tocar con nuestro espíritu el pensamiento del Espíritu Santo y ser accesibles para recibir las debidas impresiones. Nuestros pensamientos deben armonizar con el pensamiento de los escritores de la Biblia. Tenemos que usar básicamente las mismas expresiones, añadiendo algo de explicación para aclarar el significado.
Se debe hacer una paráfrasis de cada párrafo. Parafrasear un solo versículo es muy poco, y parafrasear todo un capítulo es demasiado. Agrupemos algunos versículos que obviamente formen una sección, leamos toda la sección, y después parafraseemos versículo por versículo.
Parafrasear es muy diferente a traducir. La traducción es breve y no es lo suficientemente detallada. Pero cuando parafraseamos, no nos extendamos demasiado, o terminaremos dando explicaciones demasiado detalladas. El parafraseo contiene algo de traducción y algo de exégesis; se halla entre estos dos extremos. La exégesis es la interpretación de la Biblia con nuestras propias palabras, mientras que la paráfrasis es la narración de un pasaje en la que se procura transmitir el tono que uno percibe en los escritores bíblicos. La traducción es una simple interpretación del significado del texto original, mientras que la paráfrasis agrega algo de explicación. Por consiguiente, la paráfrasis se encuentra entre la exposición y la traducción. Cuando parafraseamos, comunicamos el tono de los escritores bíblicos, pero agregando un poco de nuestra propia explicación. Parafrasear ayuda a los demás a entender las palabras de la Biblia que no comprenden. Veamos algunos ejemplos.
Romanos 1:1 dice: “Pablo, siervo de Cristo Jesús...” (Reina-Valera, 1960). Podemos parafrasearlo así: “Pablo, esclavo de Cristo Jesús”. Pablo usó la palabra siervo con la idea que él era un siervo sin libertad, un esclavo. Nosotros decidimos si hemos de interpretar el significado de la palabra siervo, pero esto requiere otra clase de parafraseo. Sin embargo, parafrasear no requiere interpretación. Si tratáramos de interpretar este versículo, habríamos escrito: “Yo, Pablo, fui vendido al pecado; pero la sangre del Señor Jesús me compró, y ahora soy Su esclavo”. Si escribiéramos esto, expresaríamos tanto el derecho del Señor, como nuestra consagración. Fuimos vendidos al pecado, pero el Señor nos redimió. Ahora nos agrada servirle y escogemos servirle voluntariamente. Nos volvimos Sus siervos porque El nos compró y porque nosotros decidimos servirle. Cuando explicamos por qué Pablo era esclavo, hacemos que sus palabras sean diáfanas como el cristal.
La siguiente oración dice: “Apóstol llamado”. Es fácil pensar que Pablo fue llamado para llegar a ser un apóstol. En verdad, esta expresión puede traducirse: “Llamado como apóstol” o “llamado a ser apóstol”. El no fue llamado para llegar a ser un apóstol, sino que fue llamado como apóstol. En el versículo 7 encontramos la misma expresión: “A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos” (Reina-Valera, 1960). La expresión a ser presenta el mismo problema. Muchas personas han sido creyentes toda su vida; sin embargo, no se consideran santas. Según el texto original, la expresión debe ser: “santos llamados”, lo cual significa que ellos fueron llamados como santos. No fueron llamados para que luego llegasen a ser santos. La palabra llamados es un adjetivo, no un verbo. Esto nos muestra la clase de apóstoles y de santos a los que se alude. Explica una condición, no una acción. Al parafrasear descubrimos muchas verdades bíblicas en las frases y en las expresiones.
Examinemos Romanos 6:6, donde dice: “Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con El”. Este versículo puede expresarse de diferentes maneras. Se puede parafrasear así: “Puesto que mi hombre viejo fue crucificado con El, yo ya no tengo que ser crucificado”. Si hacemos énfasis en que nuestro viejo hombre fue crucificado con El, podemos decir: “Puesto que Dios nos puso en Cristo, fuimos crucificados junto con El”. Esto se basa en el versículo 11, que dice: “Consideraos muertos al pecado ... en Cristo Jesús”. Dado que estamos en El podemos estar con El, y viceversa. Sin estar en El, no podríamos estar con El. Quienes no están en Cristo, no pueden ser crucificados juntamente con El. Como Dios nos puso en Cristo, podemos ser crucificados con El. La labor de parafrasear tiene como fin hacer que una oración sea inteligible. Cada versículo tiene ciertas palabras cruciales, a las cuales debemos prestar atención. Si nos encontramos con un versículo que no entendemos bien, debemos pedirle al Señor que nos alumbre para que podamos expresar el versículo en un lenguaje más sencillo que el original y con una expresión más concisa que explicativa. Cuando tengamos que laborar mucho en una oración gramatical, debemos preguntar: “¿Por qué es tan difícil entender esta oración?” Tenemos que asirnos de todos los términos cruciales de la Biblia a fin de poder parafrasear. Por ejemplo: Si observamos la palabra que se traduce crucificado, nos daremos cuenta de que se refiere a un hecho cumplido. Por consiguiente, podemos volver a escribir este versículo así: “Ser crucificado con Cristo es un hecho que ya se llevó a cabo; no es una experiencia que debemos procurar”. Cristo fue crucificado. El ya pasó por la cruz, pero nosotros no necesitamos ser crucificados independientemente, pues ya fuimos crucificados con El. Para nosotros éste es un hecho consumado. Así que sólo nos queda una sola manera de parafrasear este versículo. Toda persona tiene su propia manera de parafrasear. Todo depende de cuánta claridad necesitemos o cuánta clarificación necesiten los demás en algún aspecto. Lo que escribamos, tenemos que escribirlo de tal modo que quienes no entiendan un versículo lo puedan entender.
Estudiemos 1 Corintios 3:1, que dice: “Y yo, hermanos, no pude hablaros como a hombres espirituales, sino como a carne, como a niños en Cristo”. La palabra sino tiene mucho significado, pues indica que ellos habían sido creyentes por bastante tiempo. Para entonces debían saber lo que significa ser espiritual y lo que significa estar bajo la disciplina del Espíritu Santo. Sin embargo, en muchas áreas estaban bajo la influencia de la carne, andaban por la carne, y no se sujetaban a la autoridad del Espíritu. Pablo no podía hacer otra cosa que considerarlos carne. Si observamos por un momento la expresión niños en Cristo que Pablo usa, veremos que lo que quería decir era: “Vosotros habéis perdido mucho tiempo. Es tolerable que un creyente nuevo esté bajo la influencia de la carne, pero vosotros habéis sido creyentes por muchos años, y todavía estáis bajo el poder de la carne. Hasta hoy, no habéis crecido en Cristo, y todavía tengo que alimentarlos con leche”. Debemos escribir lo que entendamos con respecto a este pasaje. De esta manera, cuando leamos de nuevo lo que escribimos, entenderemos claramente el significado del pasaje. Si practicamos esto diez minutos al día, cuando terminemos 1 Corintios habremos percibido la intención de Pablo en esta epístola.
La distribución del tiempo de la que hablamos es una sugerencia basada en la experiencia que otras personas han tenido. En la práctica, cada quien puede hacer los arreglos correspondientes según sus necesidades específicas ante Dios.
W. Nee
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21/08/09,15:07:07
“Y A PEDRO”
El evangelio de Marcos registra que, después de la resurrección del Señor, un ángel les dijo a algunas mujeres que les contasen a los discípulos del Señor y a Pedro lo que había sucedido. ¡Oh! “Y a Pedro”. Esto llena nuestros ojos de lágrimas. (Lectura bíblica: Marcos 16:7)
¿Por qué El no dijo: “Decid a los discípulos y a Juan?” (Juan era el discípulo amado del Señor). ¿Por qué no dijo:”Decid a mis discípulos y a Tomás?” Tomás dudaba de la resurrección del Señor).
El ángel no mencionó a los mejores discípulos, o a los más necesitados, sino que específicamente a Pedro. ¿Por qué? ¿Pedro tenia algo tan diferente de los demás?
Pedro había cometido un gran pecado tres días antes de este acontecimiento, un pecado tan grande que impidió que El Señor pudiese confesarlo delante de los ángeles de Dios (Lc. 12:9).
Pedro no confesó al Señor delante de los hombres, ni siquiera delante de una humilde criada. Sin embargo El Señor quería que fuesen a decirles a sus discípulos y a pedro acerca de su resurrección. “Y a Pedro”. ¡Cuan profundo es el significado de estas palabras!
Si algunos hermanos y hermanas tuviesen tales experiencias como las de Pedro pensarían: “¡Oh! ¡Yo soy Pedro! He caído. Lo que hice no es un pecado común. Temo que nunca podré acercarme al Señor. Sospecho que El Señor ya me abandonó y, de ahora en adelante, cada vez que El tenga una tarea importante, nunca más me la encargara a mí.
Nunca más seré capas de tener experiencias especiales como aquellas que tuve con el Señor en al monte de la transfiguración. No podré ser el compañero del Señor en el Getsemaní. Cuando confesé el deseo de morir por el Señor, El dijo: “Antes que haya cantado el gallo, me negaras tres veces.
En aquel instante, pensé que el Señor había entendido mal. Cuando él fue preso, le corte la oreja a un hombre con la espada, pensando que podía amar al Señor valientemente. ¡Quien hubiera pensado que incluso yo podía tropezar!
No tropecé delante de un sumo sacerdote, ni de alguien con gran autoridad, ni caí delante de Pilatos que tenía tanto poder. ¡Caí justamente delante de una pregunta hecha por una criada! Negué al Señor una vez, y otra vez; y finalmente comencé a maldecir y a jurar negando al Señor”.
“Una vez confesé que El era el Cristo y que era El hijo de Dios. Dije: “Tú tienes la vida eterna. ¿A quién iremos?”
No obstante, justamente cuando vi al Señor listo para ser crucificado, caí. Cometí el pecado más grande: lo negué. Aunque haya llorado y me haya arrepentido, no sé como se sintió el Señor conmigo. Aquel día, cuando lo negué, habría sido mejor que El no lo supiera.
¡Sin embargo, exactamente cuando lo negué, El se volvió a mí y me miró; eso indica que El ya lo sabía! ¿Qué haré ahora? Nunca más me atreveré a ir a El. Aunque El me ame, no tendré la osadía de acercarme a El, pues hay un pecado que nos separa. Probablemente, nunca más podré acercarme a El.
“Pero el Señor resucitó. Aquellas mujeres me trajeron el mensaje que El, clara y específicamente, había mandado para mí. ¡Ho! ¡Aún habiendo negado al Señor por tres veces El no menciono a otro en particular; sino que a mí, y en forma especial, como si yo fuese el único de quién se acordaba. “¡Y a Pedro”! ¡Y a Pedro!”
¡Esta es, en verdad, la música más agradable del mundo, y la más maravillosa buena nueva! Si el Señor les hubiese pedido a las mujeres que solamente les hablasen a los discípulos, había pensado que alguien como yo no era digno de ser Su discípulo, y habría dejado de serlo.
No habría tenido la osadía de ir a verlo. Pero el Señor dijo: “Y a Pedro”. Eso me demostró que aún El me quería. A pesar de no tener fuerzas, “y a Pedro” me animó para ir a verlo. El mensaje traído por las mujeres era verdadero.
El Señor hizo que el ángel mencionara específicamente mi nombre. El no me había abandonado. Aún puedo acercarme a El. ¡He de levantarme para ir a verlo!”.
¡Oh! Este era un pedro que había caído, un Pedro que había pecado y un Pedro que había negado al Señor. Sin embargo, el Señor lo había mencionado específicamente. ¡Este es el Evangelio! Hermano:
¿Usted sabía que una vez que es el Señor lo salvó, usted es salvo para siempre? 1 Juan 5:13- San Juan 5:24-; 6:47-; 10:27-29-;
Romanos 10:38, 39; Efesios 1:7; etc.…
Aunque usted esté desanimado, el Señor jamás estará desanimado. A pesar que usted peque y esté perturbado es volverse a el, a Su lado, no hay ni siquiera una razón para no volver. ¿Por qué usted insiste en recordar su falla, siendo que el Señor ya no se importa con ella? El Señor sacará el velo de su rostro hoy, así usted no tendrá más miedo de El, ni vacilará en acercarse a El.
Seguramente Pedro aún se acordaba que cierta vez le había dicho al Señor: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré” (Mt. 26:33).
Puede ser que también recordase que, junto al lago de Genesaret, cuando vio la gloria del Señor, dijera: “…Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador” (Lc. 5:8). Ahora, sin embargo, conocía su condición y ¿cómo se atrevería ir al Señor? Era posible que él aún recordara del pedido del señor:
“¿Así que no habéis podido velar con migo una hora?” Posiblemente permanecía en sus oídos el mandamiento de Señor: “Velad y orad, para que no entréis en tentación” (Mt. 26:40_41). De cualquier modo, su condición estaba lejos de la exigencia del Señor.
¿Cómo podría atreverse ir a ver al Señor? Sin embargo, él fue a ver al Señor. Por esa palabra “y a Pedro” él tuvo la osadía de ir a verlo.
Hermano, si usted conociese la intención de la palabra “y a Pedro”, ¿Podría permanecer lejos y no volverse al Señor? Si conociese el significado profundo da la palabra “y a Pedro”, no restaría otra cosa a hacer, sino acercarse al Señor.
¿Qué libro entre los cuatro evangelios registra este evento de tal forma? Solamente el evangelio de Marcos.
Marcos era un joven que siguió a Pedro y aprendió mucho de él. Podemos decir que el evangelio de Marcos fue dictado por pedro y escrito por Marcos.
La frase: “Decid a los discípulos, y a Pedro”, fue especialmente registrada por Pedro. Esta palabra puede ser que no haya sido importante para los demás, pero sí, fue muy importante en el corazón de Pedro.
Cuando el Espíritu Santo escribió la Biblia, especialmente nos mostró que las pocas palabras que parecían ser insignificante para Mateo, Lucas y Juan, eran inolvidables e importantes para Pedro, que narró el evangelio de Marcos.
“Y a Pedro” tenía un significado especial para él. En todo tiempo el recuerdo de estas palabras era dulce. La palabra de gracias es especialmente memorable para aquel que recibió la gracia.
Hermanos y hermanas, cuando recordamos al Señor Al partir el pan, ¿Hay alguien que cuyo corazón aún está con miedo de Dios? ¿O hay algún pecado que lo separa de Dios? Ya lloramos amargamente, nos arrepentimos y confesamos aquello que hicimos que no era digno del Señor.
Ahora ¿osamos decirle al Señor: “Señor me acerco a ti”? Solo considere: Por amor a usted El voluntariamente fue a la cruz; ahora ¿El dejará de amarlo sólo porque usted falló, tropezó y cayó? Su amor, con aquel que lo amó en la cruz, ¿Disminuyó? Para usted, hoy, es fácil no amarlo, no acercarse a El, ni volverse a El; pero, ¿será que para El es posible no amarlo, olvidarlo y abandonarlo? Pedro estaba cayado porque había tropezado, pero el Señor no se olvidó de él.
Así, si usted no tiene fuerzas para ir delante de Señor, sólo tenga el deseo de creer en Su Palabra. El podrá darle fuerzas para ir hasta El. Si usted tropieza, El puede levantarlo. Aunque parezca que nunca más podrá acercarse al Señor nuevamente, si usted pide en la fe, y se recuerda la palabra” y a Pedro”, usted será capaz de acercarse a El. Cuando queremos acercarnos al Señor, aunque haya una gran distancia y sintamos que no tenemos fuerzas para ir hasta El, debemos recordar de la palabra “y a Pedro”.
Era de Pedro, quien había tropezado, que el Señor se recordaba más. A pesar de que Pedro no tuvo la osadía de ir hasta el Señor, Su corazón lo atrajo para sí, Haciendo que no se escondiese del Señor, No entendamos mal el corazón del Señor. Usted puede oír una voz diciendo: “Y a Pedro”.
Sepa que el Señor no lo abandonó. El Señor no abandonó a Pedro, y el Señor tampoco lo ha abandonado a usted. “Y a pedro” también significa “Y a usted”.
Usted que falló como Pedro.
Que todos nosotros veamos que tipo de corazón tiene el Señor para con nosotros. ¡Si usted viese el corazón del Señor, no haría nada sino correr hacia El!
W. Nee
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22/08/09,19:35:16
II. TOMAR APUNTES
Al leer la Biblia, debemos tomar apuntes. Todo estudiante de la Biblia debe tomar notas. Necesitamos cuadernos pequeños y grandes. Siempre debemos llevar en nuestros bolsillos una libreta para apuntar ideas en cualquier momento. También debemos anotar nuestras preguntas. Además de esta libreta, debemos llevar con nosotros un cuaderno grande, en el cual debemos consolidar todo lo que haya pasado por nuestra mente y todo el material que hayamos coleccionado. Clasifiquemos esta información para futuras consultas. Al principio no necesitamos una división detallada, la clasificación puede ser general hasta cierto punto. Si deseamos clasificar nuestro material por temas teológicos, podemos dividirlo en cinco secciones: el Padre, el Hijo, el Espíritu, la iglesia y el siglo venidero. También podemos hacer divisiones más detalladas, pero para los creyentes nuevos estas cinco categorías son suficientes. Las profecías que se relacionan con la iglesia deben agruparse bajo la categoría “iglesia”. Las doctrinas relacionadas con la justificación y la santificación, también pueden agruparse bajo esta misma categoría. Al principio podemos tener cinco cuadernos, uno para cada una de estas categorías. Cuando recojamos más material, podemos hacer más divisiones.
Debemos ser cuidadosos cuando tomemos apuntes. Por ejemplo: cuando leemos Romanos, debemos notar que reinó y reinarán se usan cinco veces en 5:14, 17, y 21. Mucho más se usa cuatro veces en los versículos 9, 10, 15 y 17. Debemos tomar nota de todo esto. Marcos 13:9 dice: “Por causa de Mí”; el versículo 13 dice: “Por causa de Mi nombre”; y el versículo 20 dice: “Por causa de los escogidos”. ¿Por qué dicen tres cosas diferentes estos versículos? Observe el ejemplo en Mateo 24 y 25. ¿Cuántas preguntas hicieron los discípulos al Señor en el monte de los Olivos? ¿Cuántos versículos son respuesta a una pregunta, y cuántos responden otra? Los discípulos eran limitados en su conocimiento, y sus preguntas no eran pertinentes. Por eso no se habla mucho de sus preguntas. Pero el Señor Jesús habló extensamente en Sus respuestas. Tenemos que prestar atención a estas palabras y observar cuáles versículos abarca la respuesta del Señor, y cuáles comprenden Sus palabras adicionales. De este modo, tendremos una idea clara de la profecía dada en el monte de los Olivos. Observe las tres veces que aparece “dije” en Isaías 6:5 y 11, y “respondí” en el versículo 8. El primer “dije” es una confesión, la segunda vez que responde (v. 8) es una consagración, y el “dije” del versículo 11 es comunión. Debemos anotar todas estas cosas. Este material es muy útil tanto para nosotros como para otros hermanos y hermanas. Los buenos lectores de la Biblia son muy diligentes, pero no han llegado a serlo por casualidad.
III. HERRAMIENTAS
Estudiar la Biblia es parecido a trabajar en un oficio; pues para ello necesitamos las herramientas del caso.
A. La Biblia
Debemos tener dos Biblias grandes para nuestra lectura personal, y una pequeña para cuando viajemos y para las reuniones. Si no nos es posible conseguir dos Biblias para nuestra lectura, por lo menos debemos tener una. La letra no debe ser muy pequeña, porque podríamos perder el significado de las palabras. La letra impresa debe ser por lo menos de dos milímetros de alto. Es preferible que sea un poco más grande, pero no demasiado, aunque la letra grande la pueden usar los hermanos de edad avanzada. Para estudiar es mejor tener dos Biblias, una de las cuales la debemos mantener intacta, mientras que la otra la debemos subrayar, marcar y le podemos hacer anotaciones. Cuando leemos la Biblia que no tiene marcas, no nos afecta lo que hayamos leído en ella anteriormente, y cada vez que leamos un pasaje será como si lo hiciéramos por primera vez. La otra Biblia la debemos marcar y subrayar. Podemos escribir notas, subrayar y encerrar palabras en un círculo, o relacionar pasajes afines. Pero no debemos ser muy minuciosos ni dedicarle a esto demasiado tiempo. Para nuestra alimentación espiritual diaria, podemos usar la Biblia que no tiene marcas. Para escudriñar, debemos usar la que está marcada.
La versión Unión en chino es la mejor traducción de la Biblia a este idioma y en general una de las mejores traducciones disponibles en la actualidad, lo cual se debe a que está basada en el mejor texto griego que se conoce. Esta traducción es muy exacta en diferentes pasajes, aun más exacta que la versión King James en inglés. Por ejemplo: la versión King James en muchas ocasiones no hace distinción entre “Jesucristo” y “Cristo Jesús”. Pero la versión Unión en chino siempre es fiel en mostrar el orden de los dos nombres. Es bueno tener diferentes traducciones y compararlas. Otra buena traducción es la versión Unión Wen-li (Clásica). En muchos casos sus monosílabos son mejores que los términos que se usan en la versión Unión. El idioma chino popular no tiene expresiones tan exactas como el chino clásico. Por ejemplo: “vivificado” y “resucitado” se traducen igual, fu-juo, en el lenguaje popular. Pero el clásico chino hace una distinción entre estas dos palabras. Una es fu-chi y la otra es fu-juo. En algunos casos el lenguaje común es más restringido que el clásico, pero en otros casos sucede lo contrario. Otra versión que es digna de mencionarse es la versión de Josefo, un judío que abrazó la fe cristiana y sintió la necesidad de traducir la Biblia al chino. Por esa razón estudió el idioma chino e hizo toda la traducción. También podemos comparar la traducción del Nuevo Testamento de la Versión Shin-Ju-Ku. La Librería Evangélica también hizo una traducción del Evangelio de Mateo, la cual se puede usar como referencia. Sin embargo, las versiones más confiables son las versiones Unión en chino y la versión Wen-li. Si usted puede leer inglés, trate de obtener una copia de la traducción de John Nelson Darby.
B. Concordancias
Aparte de la Biblia, también se debe tener una concordancia. El compendio de Courtenay H. Fenn es probablemente uno de los mejores, aunque no es muy completo. Esperamos publicar en el futuro una concordancia basada en el griego. Si el Señor lo permite, también publicaremos una concordancia del Antiguo Testamento.
C. Diccionarios bíblicos
Además de las herramientas mencionadas, también debemos tener uno o más diccionarios bíblicos. Por ejemplo: necesitamos un diccionario que nos explique el significado de Urim y Tumim, la historia de las seis Marías, etc. Un diccionario nos puede proporcionar toda esta información. Pero debemos usar un diccionario cuya orientación doctrinal sea ortodoxa. Se podría consultar la Enciclopedia de la Biblia por Ou-Er, la cual se puede considerar como un diccionario bíblico. Desafortunadamente, esta publicación está descontinuada. Es posible que se pueda encontrar una copia en la biblioteca o en una librería anticuaria.
D. Bosquejos de la Biblia
Necesitamos otro libro que nos sirva para hacer un buen bosquejo de la Biblia. Podemos consultar La Biblia en un año. Este libro tiene buenos bosquejos. Muchos cristianos de todo el mundo han usado el bosquejo que contiene dicho libro para estudiar la Biblia.
Dicho tomo de referencia es muy útil para estudiar la Biblia. Todas éstas son herramientas indispensables.
W. Nee
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23/08/09,16:20:24
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 16--- Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo
Lunes --- Leer con oración: Ro 8:6, 10-11, 29; 1 Co 15:45; 1 Ts 5:23
“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Fil 2:12)
EL EVANGELIO COMPLETO
En la Epístola a los Romanos hemos visto que el Señor Jesús vino para solucionar el problema de nuestros pecados, justificarnos y reconciliarnos con Dios, y también para dispensarnos Su vida. Él se hizo el Espíritu vivificante para salvarnos, y cada vez que Lo experimentamos, las tres partes de nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, reciben vida (1 Co 15:45; 1 Ts 5:23; Ro 8:6, 10-11). ¡Esto es maravilloso! ¡Este es el evangelio de la vida! La vida divina es la que nos hace crecer y nos conduce al reino de los cielos.
Cuando recibimos la vida de Dios, nos convertimos en Sus hijos. Puesto que somos hijos, Él envió a nuestro corazón el Espíritu de Su Hijo, que clama en nosotros: “¡Abba, Padre!” (Gá 4:6). Cuando esta vida crezca en nosotros, seremos herederos de Dios. Este es Su propósito y, por eso, Él no sólo nos escogió antes de la fundación del mundo, sino que también nos predestinó para la filiación (Ef 1:4-5), que nos habilita para recibir toda la herencia de Dios (Ro 8:17).
Por la regeneración, recibimos la vida de Dios la cual debe crecer en nosotros hasta la plena filiación, moldeándonos a la imagen del Hijo Primogénito de Dios. Un día seremos llenos de la vida divina y conformados a la imagen del Hijo, seremos glorificados con Él (v. 29). ¡Aleluya!
En la eternidad pasada, Cristo era el Hijo unigénito de Dios, pero después de Su muerte y resurrección, Él llegó a ser el Hijo primogénito de Dios (1 Jn 4:9; Col 1:18). Dios, que nos conoció de antemano, también nos predestinó para que fuésemos conformados a la imagen de Su Hijo, a fin de que Él sea el primogénito entre muchos hermanos (Ro 8:29). Hoy, cada uno de nosotros puede alcanzar la primogenitura y crecer hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Ef 4:13; He 12:22-23). ¡Gracias al Señor!
Con la finalidad de alcanzar esta estatura plena, necesitamos negar nuestra vida del alma y echar en el fuego del Espíritu todas sus impurezas (1 P 4:12-13). De esta manera, seremos finalmente vencedores, juntamente con el Señor. ¡El evangelio de Dios es completo y maravilloso! El Señor soluciona el problema de nuestros pecados y nos hace hijos de Dios. Además, nos proporciona el continuo crecimiento de vida, hasta conformarnos a la imagen de Su Hijo en la glorificación (Ro 8:30). Si vencemos la lucha contra nuestra vida del alma, seremos más que vencedores. Así, ¡nada ni nadie podrá arrebatarnos de las manos de Cristo! ¡Nada nos podrá separar del amor de Dios! ¡Aleluya!
Punto Clave: El evangelio es maravilloso.
Pregunta:¿Qué les proporciona el evangelio a las personas?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 16 --- Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo
Martes --- Leer con oración: Jl 2:32; Sal 18:3-6; 50:15; 86:5; Is 12; Hch 2:16-21
“Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová” (Gn 4:26)
LA PRÁCTICA DE INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR
Invocar el nombre del Señor siempre fue una práctica del pueblo de Dios (Gn 4:26). Podemos comprobar esto a lo largo de toda la Biblia. En el Antiguo Testamento, los profetas no sólo invocaban, sino también profetizaban con respecto a esto (Jl 2:32). Los salmos de David y de los otros salmistas nos muestran varias de sus experiencias sobre invocar (Sal 18:3-6; 50:15; 86:5; 116:1-4, 12-13; 145:18). Según el profeta Isaías, al invocar el nombre del Señor, no sólo recibimos la salvación de Dios, sino también sacaremos con gozo “aguas de las fuentes de la salvación” (Is 12:3-4).
En el Nuevo Testamento, Pedro habló por primera vez sobre el invocar en el día de Pentecostés, utilizando las palabras dichas por el profeta Joel (Hch 2:16-21). En aquella ocasión, los judíos provenientes de diferentes lugares estaban reunidos en un mismo lugar para participar de la Fiesta de Pentecostés, en Jerusalén. De repente, vino del cielo un ruido que llenó toda la casa en donde estaban reunidos. Los cristianos galileos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas. Toda la multitud se quedó atónita, porque los oía hablar en sus propias lenguas las maravillas de Dios (vs. 4-11).
Frente a aquella señal milagrosa singular, todos se quedaron atónitos y se preguntaban qué era aquella manifestación. Sin embargo, algunos se burlaban diciendo que los galileos estaban embriagados.
Por eso, Pedro se levantó con los doce discípulos y predicó el evangelio a los judíos, aclarando que el hablar en lenguas había sucedido por el derramamiento del Espíritu Santo, tal como había sido profetizado (vs. 14-17; cfr. Jl 2:28-29). No obstante, aunque se trataba de manifestaciones del Espíritu Santo, éstas por sí mismas no los condujeron a la salvación, que es un asunto de recibir la vida eterna. Fue por eso que Pedro resaltó lo que el profeta Joel había dicho anteriormente: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hch 2:16-21; Jl 2:32).
Después que los judíos oyeron la predicación con respecto a la muerte y resurrección del Señor, se compungieron de corazón, y preguntaron a Pedro y a los otros apóstoles qué es lo que debían hacer. Después que Pedro les habló acerca del arrepentimiento y el bautismo, los que aceptaron la Palabra fueron bautizados, y se añadieron en aquel día como tres mil personas.
¡Gracias al Señor! Así comenzó en el Nuevo Testamento la práctica de invocar el nombre del Señor y, por medio de invocarlo, alrededor de tres mil personas fueron inmediatamente salvas y bautizadas en Jerusalén (Hch 2:41). Algunos días después, cerca de cinco mil hombres fueron bautizados (4:4). En aquel tiempo, todos los que creyeron en el Señor, en la iglesia en Jerusalén, invocaban Su nombre.
Pablo también recibió la revelación con respecto a invocar el nombre del Señor (22:16). Él tenía una preocupación especial por los judíos, sus hermanos y compatriotas según la carne (Ro 9:1-5). Toda la palabra hablada por Dios a través de los profetas del Antiguo Testamento, incluyendo las promesas, la gloria, el pacto, la ley y el culto, fue destinada primeramente a los judíos. Sin embargo, los judíos no recibieron las buenas nuevas del evangelio (Hch 28:27). Puesto que rechazaron la salvación por la muerte y resurrección de Jesucristo, ésta entonces pasó a nosotros, los gentiles (v. 28; 13:46). Que aprendamos esta importante lección: no rechazar nunca la palabra del Señor.
Punto Clave: La práctica de invocar el nombre del Señor.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Cuál es la primera y la última referencia bíblica a cerca de invocar el nombre del Señor?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 16 --- Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo
Miércoles --- Leer con oración: Ro 9:20-24; 11:1-2a, 19, 20; 2 Ti 2:19
“Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2 Ti 2:21)
LA TRANSFORMACIÓN DEL VASO DE DESHONRA
En su segunda epístola a Timoteo, Pablo hace una analogía de los objetos de una casa con los hijos de Dios. En ella no sólo hay utensilios de oro y plata, sino también de madera y barro, es decir, algunos para honra y otros para deshonra (2:20). Podemos salir de la condición de vasos de deshonra y convertirnos en vasos de honra por medio de invocar el nombre del Señor: “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (v. 19). El fundamento de Dios es algo inmutable, porque la palabra de Dios es fiel y no puede cambiar. Este fundamento también tiene un sello, que se hace absolutamente permanente e inviolable.
Pablo también dijo a Timoteo: “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2 Ti 2:21). Al invocar el nombre de Jesús, dejamos de ser injustos a los ojos de Dios y llegamos a ser justos; salimos de la condición de vasos de deshonra a vasos de honra. De esta manera, invocar el nombre del Señor no sólo nos justifica, sino también nos santifica.
Originalmente fuimos hechos de barro y también tenemos la naturaleza humana caída, prefigurada por la madera (Gn 2:7; Is 64:8; cfr. 2 Ti 2:20). Cuando recibimos la redención de nuestro Señor Jesús, representada por la plata, llegamos a ser vasos de honra, es decir, vasos de plata. Además, por invocar el nombre del Señor diariamente, Dios nos es añadido cada vez más. Así nos convertimos en vasos de oro, porque la naturaleza de Dios nos está siendo añadida (2 P 1:4). ¡Aleluya! Así somos útiles a nuestro dueño y estamos dispuestos para toda buena obra.
Aunque estamos sujetos a las pasiones juveniles, podemos huir de una manera muy sencilla: siguiendo la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón puro invocan al Señor (2 Ti 2:22). Necesitamos invocar el nombre del Señor diariamente y estar con aquellos que Lo invocan.
Pablo fue apartado para el evangelio de Dios y recibió una gran revelación, se quedó muy impresionado con respecto al invocar el nombre del Señor, por eso predicó: “Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Ro 10:12-13).
El apóstol nos exhorta aun para que después de ser salvos, continuemos predicando el evangelio, llevando a las personas a que invoquen el nombre del Señor: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (vs. 14-15).
¡Alabado sea el Señor! pues hemos sido animados a anunciar la Palabra, aunque no todos lleguen a obedecer al evangelio (10:16). La fe viene por el oír la predicación del evangelio, por oír la palabra de Dios (v. 17). Sin embargo, Pablo prosigue: “Pero digo: ¿No han oído? Antes bien, por toda la tierra ha salido la voz de ellos, y hasta los fines de la tierra sus palabras” (v. 18). Necesitamos predicar el evangelio para que todos invoquen el nombre del Señor y sean salvos. Las buenas nuevas de Dios no pueden quedar restringidas a unos cuantos, sino que deben alcanzar al mayor número de personas posibles.
Debemos estar dispuestos a llevar estas buenas nuevas adelante y, para eso tenemos los Centros de Perfeccionamiento para la Propagación del Evangelio: CEPPEV, donde podemos ser perfeccionados. Gracias al Señor, toda la tierra va a oír Su voz e invocar Su nombre, ¡porque muchos están dispuestos a propagar las buenas nuevas del evangelio de Dios!
Punto Clave: Debemos llevar a otros a invocar el nombre del Señor.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Qué beneficios obtenemos al invocar el nombre del Señor?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 16 --- Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo
Jueves --- Leer con oración: Ap 2:3, 10; 3:8
“Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan” (Ro 10:12)
INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR ES SENCILLO Y EFICAZ
En el siglo XVI, en la época de Martín Lutero, el acceso a la lectura de la Biblia se hizo público. También fue recobrada la verdad sobre la justificación por la fe, pero aparentemente no se vio nada con respecto a invocar el nombre del Señor, hasta los días de hoy, aunque esta verdad está disponible en las Escrituras, la mayoría de los hijos de Dios aún no la practica.
Entre las iglesias descritas en Apocalipsis, la iglesia en Éfeso soportó varias pruebas por causa del nombre del Señor (2:3). Probablemente los hermanos de la iglesia en Esmirna también invocaban el nombre del Señor. Por esa razón, los santos en aquella iglesia padecieron muchos sufrimientos, pasaron por muchas persecuciones y fueron muertos. En aquel tiempo, el imperio romano quería eliminar a los cristianos, realizando, en un periodo de cien años, diez grandes mortandades, indicadas por la “tribulación por diez días” (v. 10). Ciertamente eran reconocidos porque invocaban el nombre del Señor, por eso eran amenazados de muerte. Sin embargo, aun bajo persecución, el número de cristianos aumentaba cada vez más.
En la iglesia en Pérgamo había un hermano llamado Antipas, un testigo fiel del Señor que era el remanente de las tribulaciones sufridas por la iglesia en Esmirna. Antipas significa contra todo. Como un fiel testigo de Cristo, estuvo contra todas las prácticas del imperio romano y, probablemente, durante su martirio, invocaba el nombre del Señor.
A partir del año 312, cuando la iglesia en Pérgamo tuvo su inicio, hasta 1966, no se vio ningún registro sobre invocar el nombre de Jesús. Fue por medio del hermano Witness Lee que recibimos la ayuda para recobrar esta práctica. Antes, teníamos conocimiento de este asunto, pero no sabíamos como practicarlo. En aquel tiempo, en una reunión de la iglesia en la ciudad de Los Ángeles, EUA, él habló sobre la necesidad de invocar el nombre del Señor Jesús.
Fue entonces cuando vimos realmente que para ser completamente salvos y libres de nosotros mismos, necesitamos invocar al Señor. En aquel día, el hermano Lee nos animó: “Ustedes tienen que ejercitar el espíritu por medio de invocar el nombre del Señor”. Todos nosotros estábamos muy acostumbrados a analizar las verdades usando la mente para entenderlas, pero él nos ayudó en la práctica de ejercitar el espíritu, pues, mientras caminaba, invocaba diciendo: “¡Oh Señor Jesús, amén, aleluya! ¡Oh Señor Jesús, amén, aleluya!”.
Cierta vez le pregunté si aquella práctica no le parecía que era muy mecánica, él me respondió que, aunque al principio sea mecánica, lo cierto es que al final recibiremos vida y paz en nuestro espíritu, donde mora el Espíritu del Señor, y tendremos experiencias maravillosas con Él (Ro 8:5-6; Sal 116:1-4; Jer 33:3).
Así, continuamos hasta el día de hoy, siguiendo la justicia, la fe, el amor y la paz con los que de corazón puro invocan al Señor (2 Ti 2:22). No obstante, aquellos que hablaban sólo con la boca, sin creer con el corazón, permanecieron en la mente y no pudieron ser salvos por el Señor (Sal 145:18; Mt 15:8; cfr. Ro 10:9). Hoy agradecemos a Dios por esta gran ayuda y perseveramos en ella, pues sabemos que las riquezas del Señor son dispensadas a aquellos que Lo invocan (v. 12).
Punto Clave: Invocar para vivir en el espíritu.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Ya fue recobrada la práctica de invocar el nombre del Señor en su vivir?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 16 --- Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo
Viernes --- Leer con oración: Mt 6:9-10; Ef 4:13
“Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gá 4:6-7)
EL ESPÍRITU TRABAJA CUANDO INVOCAMOS EL NOMBRE DEL SEÑOR
Gracias al Señor, porque fuimos ayudados a ver la importancia de invocar el nombre del Señor en la Biblia y comenzamos a practicarlo. Después, comenzamos a ser muy bendecidos, especialmente a partir de 1975, cuando un grupo de jóvenes de la ciudad de Ribeirão Preto me invitó para que los ayudara. Yo no sabía exactamente que decirles, entonces los llevé a invocar el nombre del Señor. Todos, los doscientos jóvenes que estaban allí reunidos, comenzaron a invocar y fueron llenos del Espíritu. Desde entonces, nunca más los hermanos en Brasil dejaron de invocar el nombre del Señor: ¡Oh Señor Jesús!
Invocar el nombre del Señor es también santificarlo para que el reino de Dios llegue hasta nosotros (Mt 6:9-10). Cuando invocamos el nombre de Jesús, traemos a Dios mismo y Su reino a la tierra. Esta práctica tiene como finalidad nuestro crecimiento en la vida divina y, por eso, forma parte del evangelio del reino de los cielos.
El evangelio del reino de los cielos también es para que neguemos la vida del alma, con el propósito de que la vida de Dios crezca en nosotros. Puesto que tenemos el Espíritu del Hijo, tenemos la vida de Dios, y podemos clamar: “¡Abba, Padre!”. Ya que somos Sus hijos, también somos Sus herederos (Gá 4:6-7). Si crecemos en vida hasta la estatura de la plenitud del Hijo, seremos hijos maduros y, como el Señor Jesús, recibiremos la filiación (Ef 4:13).
¡Esto es glorioso! El Espíritu nos dio la vida divina y continúa trabajando en nosotros cada vez que invocamos el nombre del Señor. ¡Aleluya! Invocar nos lleva al espíritu, donde mora el Espíritu de Dios, que nos da más vida. Por medio de esta práctica, poco a poco nuestra vida crece, hasta que seamos conformados a la imagen del Hijo de Dios. Así, seremos glorificados, pues ya habremos vencido la lucha contra nuestra vida del alma, contra Satanás y el mundo.
El evangelio de Dios nos lleva a estar llenos de Su vida y naturaleza, esto hace que nada nos separe de Su amor. Si practicamos lo que vimos hoy, ¿quién nos separará del amor de Cristo? ¿quién nos separará del amor de Dios? Por tanto, podemos declarar como el salmista: “Amo a Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas; porque ha inclinado a mí su oído; por tanto, le invocaré en todos mis días” (Sal 116:1-2).
Punto Clave: El trabajar del Espíritu.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Ya experimentó el llevar a alguien a invocar el nombre del Señor? ¿Puede describir esa experiencia?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 16 --- Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo
Sábado --- Leer con oración: Is 12; Ro 10:1-13; 1 Co 1:2; 12:3; 15:45
“Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos” (Ro 10:8)
INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR PARA SER SALVO
Ya hemos visto que Pablo, como judío, también tenía una profunda carga de llevar las buenas nuevas a sus compatriotas. Él deseaba llevarlos a invocar el nombre del Señor para que recibieran la salvación de Dios (Ro 1:1-13). A pesar de que la salvación de Dios, mediante Jesucristo, fue anunciada primeramente a los judíos, sin embargo, ellos la rechazaron. Pablo deseaba que ellos, por medio de su predicación, recibieran esta salvación: “Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos” (Ro 10:1-8). La palabra de fe se refiere a confesar y creer que Jesús es el Señor para recibir la salvación de Dios (v. 9).
Obtener la salvación hoy es muy sencillo, porque no necesitamos esforzarnos para cumplir la ley de Dios, ni subir al cielo para traer a Cristo de lo alto, tampoco descender al abismo para buscar al Señor Jesús de entre los muertos. No es necesario ni dinero ni sacrificios de nuestra parte, pues hoy Él es el Espíritu vivificante (1 Co 15:45).
Además, la palabra de la salvación está en todo lugar y, por tanto, es muy accesible a nosotros. Para que seamos salvos, el camino es muy sencillo: “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” (Ro 10:9-11).
Todos los que creyeron en el Señor tienen parte en esta salvación. Por medio de invocar el nombre del Señor, todos pueden ser salvos, porque hoy el Señor Jesús es tanto para los judíos como para los gentiles (3:29; 1 Co 12:13). No importa nuestro origen, porque para ser salvos sólo basta confesar con la boca que Jesús es el Señor y, con el corazón creer que Dios lo resucitó de entre los muertos. ¡Aleluya!
Cuando invocamos el nombre del Señor por primera vez, obtenemos la salvación de nuestro espíritu, que es de una vez y para siempre. A partir de allí, es necesario que desarrollemos la salvación del alma, lo cual es una tarea que lleva toda nuestra vida, por eso necesitamos invocar el nombre del Señor en nuestro diario vivir. Cada vez que Lo invocamos, Él es rico para con nosotros (Ro 10:12-13).
Asimismo, nadie puede decir “¡Señor Jesús!” si no es por el Espíritu Santo (1 Co 12:3). Antes de recibir la salvación de Dios, muchas personas eran conducidas y guiadas a los ídolos mudos y, por ello, no invocaban el nombre del Señor. Cuando vivimos en nuestra vida del alma, tampoco logramos invocar el nombre del Señor, pero, si nos arrepentimos y nos volvemos al Espíritu, podemos clamar en voz alta: “¡Señor Jesús!”. De esta manera andamos y vivimos en el espíritu (Gá 5:25)..
Punto Clave: ¡Podemos vivir en el espíritu!
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Qué quiere decir la afirmación: El evangelio es profundo pero a la vez sencillo?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 16 --- Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo
Domingo --- Leer con oración: Job 42:1-6; 2 Ti 2:21-26
“Que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Ti 2:25-26)
DESECHAR LAS CUESTIONES INSENSATAS E INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR
En esta semana, vimos que, al invocar el nombre del Señor nos apartamos de la injusticia, somos purificados de nuestros errores y llegamos a ser vasos para honra, santificados y útiles al Señor (2 Ti 2:21-22).
Timoteo enfrentó mucha oposición de parte de los que no aceptaban el evangelio y predicaban la práctica de la ley judía, motivo por el cual surgían discusiones y contiendas entre los hermanos. Fue por eso que Pablo, basado en su experiencia, le recomendó a Timoteo que no discutiera con las personas y que desechara las cuestiones necias e insensatas que sólo engendran contiendas (vs. 23-24a).
En nuestros días, también nos enfrentamos con personas que les gusta contender y discutir sobre puntos de vista doctrinales. No es necesario replicar tales cuestionamientos ni argumentar en respuesta a ellos. Si lo hacemos, la argumentación no tendrá fin y sólo habrá más discusiones, como sucedió con Job y sus tres amigos.
Pablo también enfrentó mucha resistencia y difamación de parte de los judíos. Ciertamente estas experiencias le enseñaron a no discutir, esto lo llevó a instruir a su joven colaborador: “Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido” (2 Ti 2:24). De la misma manera, si por casualidad tomamos conocimiento de calumnias con respecto a nosotros, debemos ser pacientes, corrigiendo con mansedumbre a los que se oponen (v. 25). De lo contrario, sólo causaremos más enemistad.
Por su experiencia con los judíos, Pablo le dijo que el siervo de Dios no debe ser contencioso, sino que debe corregir con mansedumbre a los que se oponen “por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (vs. 25b-26).
Cuando invocamos el nombre del Señor, negamos nuestra vida del alma y permitimos que la vida divina crezca continuamente hasta alcanzar la madurez, esto nos introducirá en el reino milenario para reinar juntamente con el Señor.
Los judíos también entrarán en el reino milenario, como vemos al examinar la figura del reino en el monte de la transfiguración, en Mateo 17, donde se incluye a Moisés y a Elías. En la era del reino, los judíos enseñarán a las naciones de la tierra como servir al Señor, como acercarse a Dios (Is 2:3; Zac 8:22-23). No obstante, Pablo quería llevar a sus compatriotas a invocar el nombre del Señor, para que al creer en Su nombre y en Su obra redentora, disfrutaran de la salvación completa de Dios.
Gracias al Señor, porque hay una salvación completa preparada tanto para los judíos como para los gentiles, para que todos sean vencedores y gobiernen la tierra juntamente con Él. Esta salvación viene por medio de invocar el nombre del Señor. Por eso debemos continuar invocando y predicando el evangelio de Dios. ¡Alabado sea el Señor!
Punto Clave: Invocar el nombre del Señor nos salva.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Qué podemos aprender de Job y Pablo con respecto a las discusiones?
Dong Yu Lan
Publicado por: Editora “Arvore da Vida”
Literatura disponible en:
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Jesus es el Señor!
La iglesia en Armenia"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
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La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins
Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
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- ene 2005
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25/08/09,20:50:42
METODOS PARA ESTUDIAR LA BIBLIA
La Biblia es un libro extraordinario, contiene sesenta y seis libros que fueron escritos por unos treinta y nueve o cuarenta autores. El contenido es extremadamente rico. Para leerla necesitamos tener un plan definido, pues sin éste no sacaremos mucho beneficio de nuestra lectura. Hemos reunido veintiocho planes distintos de diferentes fuentes para estudiar las Escrituras. Estudiémoslos uno por uno. Los hermanos de edad avanzada pueden escoger algunos de ellos.
I. LOS PERSONAJES PRINCIPALES
En el Antiguo Testamento se mencionan muchos personajes, como por ejemplo: Adán, Abel, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Josué, David y Salomón. Debemos estudiar cuidadosamente la historia de estos hombres y conocer lo que de ellos se dice no sólo en el Antiguo Testamento sino también en el Nuevo.
La impresión general es que la historia de Adán se encuentra solamente en los capítulos dos y tres de Génesis. Pero cuando leemos detenidamente, vemos que también se habla de él en Romanos y en 1 Corintios, y lo que allí se dice es muy significativo. También Efesios 5 habla de Adán. Cuando estudiamos la historia de Adán, tenemos que conocer el lugar que ocupa en el plan de Dios, su creación, su estado inicial de inocencia y de ausencia de pecado, su relación con Eva, el juicio y la promesa que Dios le dio, su expulsión del huerto del Edén, su vida fuera del Edén, y finalmente, su relación con el postrer Adán. Si dedicamos tres o cuatro horas para estudiar esto en detalle, entenderemos muchos sucesos fundamentales de la Biblia.
Después de que terminemos la historia de Adán, debemos continuar con la historia de Abel. No solamente hallamos su historia en Génesis, sino también en Hebreos 11. Debemos leer todos los pasajes de la Biblia que hablen de Abel para encontrar el mensaje básico que Dios tiene para nosotros por medio de él. ¿Por qué acepta Dios a Abel y rechaza a Caín? Mucha gente cree que el sacrificio de Abel fue aceptado porque tenía sangre. Pero éste es un concepto basado casi exclusivamente en el Nuevo Testamento y no nos conduce a la raíz del motivo por el cual Dios aceptó el sacrificio de Abel. La responsabilidad del hombre en el huerto del Edén era cuidarlo y guardarlo. Después de que el hombre pecó, tuvo que labrar la tierra para conseguir su sustento. Por lo tanto, en su estado pecaminoso, no era correcto ofrecer de su sustento en sacrificio a Dios, que fue precisamente lo que hizo Caín. Parecía haber olvidado que había caído en pecado; por esta causa su ofrenda no fue aceptada. Si un hijo ofende a sus padres gravemente y se acerca a ellos como si nada hubiera sucedido, posiblemente sea rechazado. Dios no se complace en pecadores que actúan impasiblemente, como que si nada hubiese pasado. El problema de Caín fue que actuó como si nada hubiese sucedido. Pero Abel estaba consciente de la realidad del pecado. En ese entonces, los hombres no criaban ovejas para alimentarse de ellas. Los hombres empezaron a comer carne sólo después del diluvio (Gn. 9:3). En ese entonces sólo se criaban las ovejas para ofrecerlas como sacrificios a Dios. La oveja era inmolada y su piel era usada como vestido (3:21). Dios deseaba que el hombre tuviera presente que era pecador. Abel se acercó a Dios según este requisito, y Dios lo aceptó.
Podemos continuar de la misma manera con la historia de Noé y luego con la de Abraham, la de Isaac, la de Jacob, y así sucesivamente.
II. LAS MUJERES
Las mujeres ocupan una categoría especial en la Biblia. Podríamos estudiar todas las mujeres como una sola categoría. Podemos estudiar a Eva, su creación, sus palabras, sus actos independientes, su caída y su castigo, y la promesa que Dios le dio de ser la madre de todos los vivientes. Luego proseguimos con Sara, Rebeca, Tamar, Rut, Rahab, Ana, Abigail, la Sulamita... Podemos continuar con la mujer que dio a luz un hijo varón en Apocalipsis 12, con la gran ramera del capítulo diecisiete, y con la esposa del Cordero, en el capítulo diecinueve. Podemos ver una línea ininterrumpida. Todas las mujeres de la Biblia tipifican, positiva o negativamente, los muchos aspectos de una mujer: la iglesia.
III. LA TIPOLOGIA
Para estudiar los tipos del Antiguo Testamento, primero debemos tener un fundamento en el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento habla de Cristo, de la redención, de la iglesia y del Espíritu Santo. Estas son cuatro cosas espirituales muy importantes. Los principales tipos que vemos en el Antiguo Testamento representan estas cuatro entidades. Los tipos del Antiguo Testamento representan a Cristo o la redención o a la iglesia o al Espíritu Santo. En el Antiguo Testamento primero vemos la fotografía y después la persona. En el Nuevo Testamento primero vemos la persona, y luego regresamos al Antiguo Testamento para ver la fotografía. Si hemos visto la realidad de Cristo, de la redención, de la iglesia y del Espíritu Santo, nos será fácil ver los tipos contenidos en el Antiguo Testamento.
La segunda creación, que consta en Génesis 1, es un tipo de la nueva creación. En el capítulo dos Eva es tipo de la iglesia sin pecado. Cuando pensamos en nosotros, pensamos en el pecado, porque estamos ligados inseparablemente a él. Sin embargo, Dios nos muestra que la relación entre Cristo y la iglesia es separada del pecado, porque su relación comienza en Génesis 2, no en Génesis 3. Adán estaba relacionado con Eva en Génesis 2. Por tanto, la relación de ellos no tenía nada que ver con el pecado. Lo mismo sucede entre Cristo y la iglesia. Cuando pensemos en la iglesia no debemos pensar en el pecado. A los ojos de Dios la iglesia está libre de pecado. La muerte del Señor Jesús por los pecadores fue la remisión del pecado. Pero Su muerte por la iglesia no tiene relación con el pecado sino con la vida. En Génesis 3 vemos las hojas de higuera y la piel de animales. En el capítulo cuatro vemos las ofrendas. Más tarde vemos a Isaac. ¿Quién es Isaac? ¿Es él un tipo de la iglesia, del Espíritu Santo o de la redención que efectuó el Señor Jesús? Cuando leemos el Nuevo Testamento, vemos que Isaac tipifica en cierto aspecto al Señor Jesús, pues tiene cierta semejanza con el Señor Jesús. No sólo nació de Abraham y de Sara, sino también de la promesa; para Sara, Isaac fue el hijo unigénito de su padre; para Abraham, todo lo que Isaac tenía lo había heredado; Isaac simplemente disfrutaba su herencia. Dios envió al mundo el Espíritu Santo, quien obtuvo la iglesia y la desposó con Cristo como esposa del Cordero; el padre de Isaac envió su criado más viejo a su propia tierra y tribu para encontrar una esposa para Isaac, la cual fue Rebeca. Si comparamos el Antiguo Testamento con el Nuevo, encontraremos muchas cosas en el Nuevo Testamento que corresponden a los tipos del Antiguo Testamento. En Gálatas, Isaac representa a los cristianos espirituales ya que tipifica un andar espiritual, pero Ismael tipifica un andar por la carne en la iglesia. Ismael fue engendrado por Abraham por medio de Agar, es decir por medio de la carne; tipifica el esfuerzo del hombre. Isaac nació después de que Abrahan había abandonado toda esperanza de tener un hijo; nació de la promesa de Dios y, por ende, tipifica la obra del Espíritu Santo. Este es sólo un ejemplo de la aplicación de los tipos. Si recorremos la Biblia capítulo por capítulo, encontraremos muchos tipos diferentes. El libro que contiene más tipos es Génesis. Podemos decir que Génesis es el vivero donde se siembran las semillas que crecen a lo largo de la Biblia.
El libro de Exodo en conjunto tipifica la forma en que somos salvos del mundo. La Pascua es un tipo del partimiento del pan. El paso del mar Rojo es un tipo del bautismo. Cuando el pueblo murmuraba y vagaba por el desierto tipificaba a los hijos de Dios en diferentes condiciones. El agua fresca que brotó es un tipo del Espíritu Santo.
El tabernáculo es un tipo de nuestro Señor Jesús mientras estuvo en la tierra y también es un tipo de nuestro tránsito por el mundo. El tabernáculo no tenía piso, y se erigía en el desierto. Nosotros tenemos que esperar hasta que venga la Nueva Jerusalén para ver las calles de oro. Mientras pasamos por este mundo, tenemos una gloriosa comunión con el Señor, pero la meta que Dios tiene para nosotros es Canaán; El no desea que permanezcamos en el desierto.
Al seguir adelante, descubrimos en el libro de Números que los israelitas pasaron por cuarenta y dos estaciones después de su éxodo de Egipto, antes de entrar en Canaán. Cada estación tiene su significado. Cuando leemos los nombres de las estaciones obtenemos una fotografía del vagar del hombre y de las condiciones para entrar en Canaán.
Las ofrendas, las fiestas y las ordenanzas acerca de la purificación son tipos y los hemos de estudiar.
El libro de Josué tiene tipos muy profundos. Esto no significa que todos los tipos de dicho libro sean profundos, sino que hay muchas cosas profundas en el libro de Josué. Para entender lo que significa la entrada de los israelitas en Canaán y las guerras que allí libraron, primero tenemos que averiguar el significado de Canaán. Algunos piensan que Canaán tipifica el cielo. Si ése es el caso, ¿habrá, entonces, guerra en el cielo? Si leemos cuidadosamente concluiremos que Canaán no puede ser tipo del cielo. Es un tipo de una posición celestial. Es el equivalente a los lugares celestiales mencionados en Efesios. Por una parte, estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales; por otra, luchamos contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales (Ef. 6:12). Al estudiar estos tipos, no debemos limitarnos al libro de Josué; también debemos examinar Efesios. En efecto, Josué no solamente se debe leer con Efesios, sino también con Hebreos. La entrada a Canaán descrita en Josué tipifica dos cosas: la guerra espiritual (de Efesios) y el reposo (de Hebreos). Este descanso es una clara alusión al reino. Por consiguiente, Canaán no es un tipo del cielo sino del descanso del reino. No todo el que aplicó la sangre del cordero y comió el cordero de la Pascua entró en Canaán; sólo dos personas entraron, y el resto murió en el desierto. Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos. Así que Canaán tipifica el reino. La entrada a Canaán tipifica nuestro reinado en el reino de Dios. Si tenemos dudas acerca de este punto fundamental, veremos que parte de Josué tipifica la posición que el creyente tiene en los lugares celestiales hoy, y que parte tipifica el galardón dado en el futuro.
Las innumerables iniquidades enumeradas en el libro de los Jueces tipifican la vida del hombre que hace su propia voluntad, lo cual produce confusión.
En Samuel vemos que el hombre reina y que Dios delega Su autoridad. Antes de que surgiera un hombre conforme al corazón de Dios, se levantó un hombre conforme al corazón del hombre. David tenía un corazón según el de Dios, pero le precedió Saúl, un hombre conforme al corazón del hombre. Es evidente que Saúl tipifica el reino del anticristo. Vemos cómo el rey que Dios escogió fue a la batalla y como llegó a disfrutar de paz. Vemos la batalla de David y la gloria de Salomón. El reinado de Saúl tipifica la condición predominante durante la gran tribulación; el reinado de David tipifica la condición posterior a la tribulación, y el reinado de Salomón tipifica el milenio. Todos estos son tipos bastante claros.
La edificación del templo por Salomón también es un tipo de la edificación de la iglesia por parte de Cristo. El templo estaba en Jerusalén, lo cual tipifica que la iglesia se reúne y adora en el nombre del Señor, porque Dios estableció Su nombre en Jerusalén. Jerusalén era el único lugar que Dios reconocía y en el cual puso Su nombre (1 R. 14:21). Cuando Jeroboam se levantó, erigió altares de adoración en Bet-el y en Dan, lo cual Dios condenó. Dios desea que el hombre lo adore solamente en el lugar donde Su nombre ha sido establecido. No desea que el hombre lo adore en ningún otro lugar. En los tiempos de avivamiento, algunos reyes derribaban los altares, y otros no. Este es un tipo de los avivamientos que han ocurrido en la iglesia. Más tarde, el templo fue destruido, lo cual tipifica el hecho de que la iglesia quedó desolada. Mucho tiempo después, Nehemías, Zacarías y Zorobabel regresaron para reedificar el templo. Aunque el templo reedificado no fue tan glorioso como el que había sido destruido, fue el comienzo de la restauración. Este es un tipo del recobro de la iglesia, que se completará cuando el Señor venga por segunda vez. Entonces la iglesia será una iglesia gloriosa.
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Cómo estudiar la Biblia
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Jesus es el Señor
La iglesia en Armenia"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee
La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins
Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
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28/08/09,16:01:57
Las manifestaciones de la rebelión del hombre
(continuación)
3. LOS PENSAMIENTOS
Porque las armas de nuestra milicia no
son carnales, sino poderosas en Dios para
la destrucción de fortalezas, derribando argumentos
y toda altivez que se levanta
contra el conocimiento de Dios, y llevando
cautivo todo pensamiento a la obediencia
a Cristo, y estando prontos para castigar
toda desobediencia, cuando vuestra obediencia
sea perfecta (2a. a los Corintios 10.4-6).
El nexo entre la razón y el pensamiento
El hombre manifiesta su rebelión no sólo en la palabra y la razón sino también en el pensamiento. Las palabras rebeldes provienen del razonamiento rebelde y el razonamiento a su vez se origina en el pensamiento. Por eso el pensamiento es el factor dominante de la rebelión.
2a. a los Corintios 10.4-6 es uno de los pasajes más importantes de la Biblia, porque en estos versículos se señala especialmente el aspecto particular del hombre en donde se requiere la obediencia a Cristo. El versículo 5 dice: "Llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo." Esto indica que la rebelión del hombre se halla fundamentalmente en su pensamiento.
Pablo indica que debemos destruir argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios. Al hombre le gusta construir argumentos como fortalezas alrededor de su pensamiento; sin embargo, es preciso destruir estos argumentos y llevar cautivo el pensamiento. Los' argumentos deben ser desechados; pero el pensamiento, devuelto. En la guerra espiritual, es preciso tomar por asalto las fortalezas antes de poder llevar cautivo el pensamiento. Si no se desechan los argumentos, no hay ninguna posibilidad de llevar el pensamiento del hombre a la obediencia a Cristo.
La palabra "altivez" del versículo 5 es "edificio alto" en el original. Desde el punto de vista de Dios el razonamiento humano es como un rascacielos, que obstruye el conocimiento de Dios. En cuanto un hombre comienza a argumentar, su pensamiento queda sitiado y, por lo tanto, no es libre de obedecer a Dios, puesto que la obediencia es asunto del pensamiento. La razón manifestada exteriormente se convierte en palabras; pero cuando los razonamientos se ocultan adentro sitian el pensamiento y lo dejan incapacitado para obedecer. El hábito de razonar del hombre es tan grave que no puede ser destruido sin batalla.
Con todo, Pablo no usa la razón para luchar contra la razón. La inclinación mental a argumentar debe ser enfrentada con armas espirituales, es decir, con el poder de Dios. Es Dios quien combate contra nosotros, porque nos hemos convertido en sus enemigos. Nuestro hábito mental de razonar es algo Que heredamos del árbol de la ciencia del bien y del mal; pero qué pocos son los que se dan cuenta de cuánta dificultad le ocasionan estas mentes nuestras a Dios. Satanás emplea toda clase de argumentos para esclavizarnos a fin de que, en vez de dejarnos aprehender por Dios, nos convirtamos en enemigos suyos.
Génesis 3 ilustra a 2a. a los Corintios 10. Satanás discutió con Eva, y ella, al ver que el árbol era bueno para comer, respondió con un argumento. No escuchó a Dios, porque tenía sus razones. Cuando prevalece la razón, el pensamiento del hombre cae en una trampa. La razón y el pensamiento están estrechamente unidos; la primera tiende a capturar al segundo. Y una vez que el pensamiento es capturado, el hombre se siente incapaz de obedecer a Cristo. Por lo tanto, si de veras queremos obedecer a Dios, tenemos que saber cómo la autoridad de Dios destruye a las fortalezas de la razón.
Capturando de nuevo la mente cautiva
En el Nuevo Testamento griego la palabra "noema" (plural, "noemata") se usa seis veces: Filipenses 4.7; 2a. a los Corintios 2.11; 3.14; 4.4; 10.5 y 11.3. Se la ha traducido al castellano por "pensamiento" o "pensamientos", significando "el ardid o los ardides de la mente". La "mente" es la facultad; el "ardid", su acción, el producto de la mente humana. Por la facultad de la mente el hombre piensa y decide libremente y esto representa al hombre mismo. Así que si uno quiere preservar su libertad tiene que decir que todos sus pensamientos son buenos y correctos. No se atreve a exponerlos a la interferencia y, por tanto, tiene que rodearlos de muchos razonamientos. Por eso es que los hombres no creen en el Señor: con mucha frecuencia están aprisionados en la fortaleza de un razonamiento u otro.
Un incrédulo puede decir: "Esperaré hasta que sea bien viejo;" o: "Muchos creyentes no se comportan muy bien. Por lo tanto, yo no puedo creer;" o bien: "Todavía no. Esperaré hasta que mueran mis padres." De igual modo, hay razones que los creyentes pueden dar para no amar al señor: los estudiantes pueden decir que están demasiado ocupados en sus lecciones; los hombres de negocios, que están demasiado ocupados en sus negocios; a los indispuestos les parece que su salud física está demasiado mala, y así sucesivamente. A menos que Dios destruya estas fortalezas, los hombres jamás serán libertados. Satanás los aprisiona por medio de las fortalezas de los razonamientos. La mayoría de los hombres están detrás de tantas líneas defensivas que son incapaces de abrirse paso hacia la libertad. Solamente la autoridad de Dios puede llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.
Para conocer la autoridad es preciso destruir primero los razonamientos del hombre. Sólo cuando éste comience a ver que Dios es Dios como se afirma en Romanos 9, serán destruidos sus argumentos. Y una vez que sean destruidas las fortalezas de Satanás, no quedará ningún argumento más y los pensamientos del hombre podrán ser llevados cautivos para obedecer a Cristo. Sólo después que sus pensamientos son capturados de nuevo puede un hombre obedecer verdaderamente a Cristo.
Podemos notar si alguien ha tenido o no un encuentro con la autoridad observando si se ha tratado debidamente con sus palabras, razonamientos y pensamientos. Una vez que uno tiene un encuentro con la autoridad de Dios su lengua no se atreve a moverse libremente y sus razonamientos y, más que eso, sus pensamientos ya no se pueden expresar libremente tampoco. De ordinario el hombre tiene numerosos pensamientos, todos fortificados con muchos razonamientos. Pero vendrá un día cuando la autoridad de Dios destruirá todas las fortalezas del razonamiento que ha erigido Satanás, y volverá a capturar los pensamientos del hombre para hacerlo un esclavo voluntario de Dios, después de lo cual ya no pensará independientemente de Cristo; le será enteramente obediente. Esto es liberación completa.
El que no ha tenido un encuentro con la autoridad frecuentemente aspira a ser consejero de Dios. Tal persona no tiene sus pensamientos capturados otra vez por Dios. Adonde vaya, su primer pensamiento consiste en cómo mejorar su situación allí. Sus pensamientos nunca han sido disciplinados; por eso sus razonamientos son tantos y tan seguidos. Tenemos que dejar que el Señor haga una especie de operación quirúrgica en nosotros, para cortar hasta 1o más recóndito de nuestros pensamientos, hasta que todos ellos sean llevados cautivos por Dios. Después de eso reconoceremos la autoridad de Dios y no nos atreveremos a razonar ni aconsejar libremente.
El ser humano actúa como si en el universo hubiera dos personas que son omniscientes: Dios y él mismo. ¡Es un consejero que sabe de todo! Tal actitud indica claramente que todavía sus pensamientos tienen que volver a ser capturados, que no sabe nada de la autoridad.
Si yo fuera una persona cuyas fortalezas de razonamientos hubieran sido realmente derribadas por la autoridad de Dios, ya no podría dar consejos ni tendría interés en hacerlo. Mis pensamientos estarían sujetos a Dios y ya no sería una persona libre. (La libertad natural es la base del ataque de Satanás; así que hay que perder el derecho a ella.) Estaría dispuesto a escuchar. Los pensamientos del hombre son controlados por uno u otro de estos dos poderes: el razonamiento o la autoridad de Cristo. En realidad, nadie en este universo puede ejercer libremente su voluntad, porque o es capturado por los razonamientos o es aprehendido por Cristo. Por lo consiguiente, o sirve a Satanás o sirve a Dios.
Si un hermano ha tenido o no un encuentro con la autoridad se puede notar fácilmente observando estas tres cosas: (1) si usa palabras rebeldes; (2) si argumenta delante de Dios; y (3) si todavía da muchas opiniones. La destrucción de los razonamientos es simplemente el aspecto negativo; su consecuencia positiva es llevar cautivos todos los pensamientos de uno a la obediencia a Cristo a fin de que ya no ofrezca su propia opinión independiente. Antes yo tenía muchos argumentos para apoyar mis muchos pensamientos; pero ahora ya no tengo argumentos porque he sido capturado. Un cautivo no tiene libertad; ¿quién presta atención a la opinión de un esclavo? Un esclavo tiene que aceptar los pensamientos de otro, no ofrecer su propia opinión. En consecuencia, los que somos capturados por Cristo estamos dispuestos a aceptar los pensamientos de Dios y no a dar nuestro propio consejo.
Advertencias a los llenos de opiniones estrechas
1. PABLO
En lo natural, Pablo era una persona ingeniosa, capaz, sabia e inteligente. Siempre podía hallar una manera de hacer las cosas, tenía confianza y servía a Dios con todo entusiasmo. Pero mientras encabezaba a un grupo de gente que se dirigía a Damasco para arrestar a los cristianos de allí fue derribado en tierra por una gran luz. En el acto se desvanecieron todas sus intenciones, hábitos y capacidad. Ni volvió a Tarso ni regresó a Jerusalén. No sólo había abandonado su misión en Damasco sino que también había desechado todos los razonamientos con que la sustentaba.
Muchos hay que cuando se topan con dificultades cambian de dirección, probando primero esta manera y luego aquélla; pero no importa qué hagan, todavía siguen en sus propios caminos e ideas. Son muy necios al no caer después de haber sido golpeados por Dios. Aunque Dios los haya abatido en ese asunto particular, no serán afectados en cuanto a sus razonamientos y pensamientos. Por eso, muchos pueden tener cerrados sus caminos a Damasco, pero persistirán en seguir viaje a Tarso o Jerusalén.
No fue así con Pablo. Una vez que fue golpeado, lo perdió todo. No pudo decir ni pensar en nada, No supo absolutamente nada. "¿Qué haré, Señor?", preguntó. Aquí hallamos a uno cuyos pensamientos han sido llevados cautivos por el Señor y que obedeció desde lo más íntimo de su corazón. Antes, fueran cuales fueran las circunstancias, Saulo de Tarso siempre asumía la dirección; pero ahora, habiendo tenido un encuentro con la autoridad de Dios, se le perdieron a Pablo sus opiniones. La evidencia primaria de que uno ha tenido un encuentro con Dios está en la desaparición de sus opiniones y agudeza. Ojalá le pidamos honestamente a Dios que nos conceda el aturdimiento que produce la luz. Pablo parecía decir: "Soy un hombre a quien Dios volvió a capturar y, por lo tanto, un preso del Señor. Ahora es mi tiempo de escuchar y obedecer, no de pensar y decidir."
2. EL REY SAUL
El rey Saúl fue rechazado por Dios, no por robar, sino por perdonar a lo mejor de las ovejas y de los bueyes para ofrecer un sacrificio al Señor. Esto fue algo que provino de su propio parecer. de sus propios pensamientos de cómo agradar a Dios. Su rechazo se debió a que sus pensamientos no habían sido capturados por Dios. Nadie podría decir que el rey Saúl no era celoso en su servicio a Dios. No mintió, puesto que en realidad había perdonado a lo mejor del ganado mayor y de las ovejas. Pero había tomado una decisión según su propio parecer (véase 1o. de Samuel 15).
La conclusión es clara: todos los que sirven a Dios deben abstenerse terminantemente de tomar decisiones en base a sus propios pensamientos; al contrario, deben hacer la voluntad de Dios. A la expectativa, deben decir: "Señor, ¿qué quieres que yo haga?" Decir más sería totalmente impropio. El obedecer es mejor que los sacrificios. Los hombres no tienen absolutamente ningún derecho de aconsejar a Dios.
Cuando el rey Saúl vio a esas ovejas y ganado mayor, quiso perdonarlos para ofrecerlos en sacrificio. Puede que su corazón hubiera estado allegado a Dios; sin embargo, Saúl era deficiente en el espíritu de obediencia. Un corazón allegado a Dios no puede reemplazar a la actitud de no atreverse a decir nada; una ofrenda de animales engordados no puede sustituir al hecho de no dar ninguna opinión. Porque el rey Saúl rehusó destruir a todos los amalecitas con sus ovejas y ganado mayor como Dios había mandado, tuvo que ser muerto por un amalecita, terminando de este modo su gobierno. Todos los que, basados en su propio parecer, perdonen a los amalecitas serán muertos finalmente por un amalecita.
3. NADAR Y ABIU
Nadab y Abiú se rebelaron en el asunto de la ofrenda, porque no estaban sujetos a la autoridad de su padre. Ellos trataron de aplicar sus propios pensamientos. De este modo pecaron contra Dios ofreciendo fuego extraño; así también ofendieron la administración de Dios. Aunque no hablaron una sola palabra ni dieron razones, quemaron, sin embargo, incienso según su propia opinión y parecer. Tal servicio lo consideraban como hacer algo bueno, y si erraban, sólo sería errar en materia de hacer algo bueno, a saber, servir a Dios. Ellos creían que tal pecado era insignificante; pero ignoraban que Dios los rechazaría al instante y que los castigaría con la muerte.
El testimonio del reino se da por medio de la obediencia
Dios no mira con cuánto fervor predicamos el evangelio ni con qué buena voluntad sufrimos por él; más bien parece mirar qué obedientes somos. El reino de Dios comienza cuando hay absoluta obediencia a Dios, cuando no se da ninguna opinión ni se esgrimen argumentos ni se murmura ni se denigra. Desde la creación del mundo Dios está esperando que llegue este glorioso día. Aunque tiene a su Hijo primogénito, quien es las primicias de la obediencia, espera, sin embargo, que sus muchos hijos sean como el Primogénito. Dondequiera que haya en esta tierra una iglesia que de veras obedezca a la autoridad de Dios, allí estará también el testimonio del reino y allí será derrotado, asimismo, Satanás. Satanás no tiene temor de lo que hagamos con tal que actuemos según el principio de la rebelión. Lo único que hace es reírse en secreto cuando hacemos las cosas según nuestras propias ideas.
La ley mosaica establecía que el arca debía ser llevada por los levitas; pero los filisteos la devolvieron poniéndola en una carreta tirada por dos vacas. David, al transportar el arca a su ciudad, no consultó a Dios. En vez de eso, actuó según su propio parecer y ordenó que el arca fuera llevada en una carreta. Pero los bueyes tropezaron y el arca comenzó a caer. En ese momento Uza extendió su mano al arca de Dios y la sostuvo. En el acto cayó muerto, herido por la mano de Dios. Aun cuando el arca no hubiera' caído, no estaba sobre los hombros de los levitas, que era donde debía estar, sino en una carreta. En una época anterior, cuando los levitas llevaron el arca a través del río Jordán, ésta estuvo bien segura a pesar del desbordamiento del río. El contraste nos muestra que Dios quiere que le obedezcamos, no que le indiquemos cuáles son nuestras ideas. Dios tiene que despojarnos antes de poder hacer su voluntad sin interferencia alguna. Si introducimos los pensamientos del hombre, el camino del servicio quedará cerrado para siempre. Es preciso que Dios gobierne, y que los hombres no den consejos.
En consecuencia, hay que desechar totalmente los pensamientos del hombre. En tiempos pasados hallábamos la libertad en vivir por nosotros mismos; ahora hallamos la verdadera libertad en el hecho de que Dios capturó de nuevo nuestros pensamientos a la obediencia a Cristo. Al perder nuestra libertad, ganamos la verdadera libertad en el Señor.
"Y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta" (2a. a los Corintios 10.6). La obediencia perfecta sólo es posible después de volver a capturar los pensamientos. Ninguno que todavía tiene la tendencia de darle consejos a Dios es plenamente obediente. El Señor está listo para castigar toda desobediencia cuando nuestra obediencia es perfecta. Si como compañía de creyentes podemos convertirnos tan completamente como para obedecer a Dios en forma absoluta, teniendo temor de nuestras propias ideas y opiniones, entonces sí que podrá Dios manifestar su autoridad en la tierra. ¿Cómo podemos esperar que el mundo sea obediente si la iglesia no obedece? Una iglesia desobediente no puede esperar que los incrédulos obedezcan al evangelio. Pero con una iglesia obediente llegará también la obediencia al evangelio.
Es menester que todos aprendamos a aceptar la disciplina para que nuestra boca, nuestra mente y nuestro corazón sean tan instruidos como para no hablar descuidadamente, ni argumentar ni dar consejos. El camino de la gloria está por delante de nosotros. Dios manifestará su autoridad en esta tierra.
W. Nee
La autoridad espiritual
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La iglesia en Armenia"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
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Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
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Efesios 4.29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los creyentes. www.aplausointernacional.com www.casadealabanza.net http://centro-cristiano-casa-de-alab...anks.webs.com/
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LAS PROFECIAS
La tercera parte de la Biblia consta de profecías. Podemos clasificar las profecías en dos categorías: las que se relacionan con la primera venida de Cristo, y las que tienen que ver con Su segunda venida. Las profecías que hablan de Su primera venida se encuentran en el Pentateuco, los Salmos y los libros de los profetas. El Señor Jesús ya vino, y parece que las profecías que se relacionan con Su primera venida ya no nos entusiasman mucho. Sin embargo, para estudiar las profecías, debemos prestar atención a la primera venida del Señor. Tenemos que encontrar todas las profecías del Antiguo Testamento y del Nuevo que hablan de Su primera venida y anotarlas, porque esto nos iluminará con respecto a Su segunda venida, la cual se cumplirá de la misma manera que las profecías de Su primera venida.
Hay ciertas normas para la exposición de todo lo que se habla en la Biblia. Todo lo que se debe interpretar espiritualmente se indica claramente en el texto mismo de la Escritura. Por ejemplo: Apocalipsis 1 habla de las siete estrellas que están en la mano derecha del Señor, refiriéndose a los mensajeros de las siete iglesias. Esto no se debe interpretar literalmente, y así lo indica el texto. Los siete candeleros, entre los cuales andaba el Señor, son una alusión a las iglesias. Esto también se establece explícitamente en el texto. Los tipos se deben interpretar espiritualmente. En la tipología Adán no es el Adán literal, sino Cristo, y Eva no es la Eva literal, sino la iglesia. Sin embargo, las profecías se pueden interpretar según dos principios básicos diferentes. Se pueden interpretar espiritualmente, en cuyo caso el cumplimiento es el significado solamente; o pueden ser interpretados literalmente, y en tal caso el cumplimiento es literal. Por ejemplo: Mateo 2:17-18 dice: “Entonces se cumplió lo que fue dicho por medio del profeta Jeremías, cuando dijo: ‘Voz fue oída en Ramá, llanto y lamento grande; Raquel que llora a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque ya no existen’”. Este es el cumplimiento en significado. Observe el caso de Hechos 2:16, que dice: “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel”. Lo que sucedió en Pentecostés corresponde a lo descrito en el libro de Joel. Esto también es el cumplimiento de lo que significa el pasaje. En cuanto a la primera venida del Señor Jesús, muchas profecías se cumplieron literalmente. La virgen fue una virgen humana. Egipto fue el Egipto geográfico. “Ni uno de Sus huesos será quebrado”, se cumplió exactamente así. Estas cosas se cumplieron literalmente. Puesto que la mayoría de lo que se cumplió en cuanto a la primera venida fue literal, la mayoría de los eventos ligados a Su segunda venida también se cumplirá literalmente.
Algunas profecías se refieren a los judíos, otras a los gentiles y otras a la iglesia. Estas tres clases de profecías son diferentes entre sí. Casi todas las profecías de Moisés y de Balaam se refieren a los judíos. En los libros proféticos también encontramos muchas profecías que hablan de los judíos. Algunas profecías que se refieren a los gentiles se encuentran en el libro de Daniel. También debemos prestar atención a lo que el Señor Jesús dijo cuando estuvo en la tierra en Mateo 24. Apocalipsis 8—11, 13, 15—16 y 18 son profecías que se refieren a los gentiles. Las profecías que se refieren a la iglesia se encuentran en capítulos como Mateo 13, Apocalipsis 2—3, 12, 14—15, 1 Corintios 15 y 1 Tesalonicenses 4. Tenemos que distinguir entre las profecías que se refieren a los judíos, las que se refieren a los gentiles, y las que aluden a la iglesia.
Las profecías que se refieren a los judíos se pueden dividir en dos ramas principales: las que se refieren al día del Señor y las que se refieren a la bendición terrenal del reino.
En cuanto a las profecías que se refieren a los gentiles, tenemos que prestar especial atención a todas las que se proclamaron durante “el tiempo de los gentiles”, después de la destrucción de la nación judía. Capítulos como Daniel 2, 4 y 7, las setenta semanas del capítulo nueve, y todo lo que se menciona después, incluyendo el libro de Apocalipsis, contienen profecías relacionadas con los gentiles. Es decir, estas profecías describen en primer lugar el período que se extiende desde la destrucción de la nación judía hasta el final del tiempo, y abarca la historia que transcurre en el lapso de la gran imagen en Daniel 2. En segundo lugar, ellas hablan de los diez cuernos (diez reyes) del final de la era, los otros cuernos (otros reyes) y el anticristo. Tercero, habla de la bendición que disfrutarán los gentiles durante el milenio.
Con relación a la iglesia, hay profecías que describen los dos mil años de la historia de la iglesia, el arrebatamiento, el tribunal de Cristo, el reino y la eternidad.
V. LAS DISPENSACIONES
Dios usa las dispensaciones para disciplinar al hombre. En cada era Dios tiene su propia manera de relacionarse con el hombre. En una dispensación lo disciplina de una manera, y en otra, de otra. En una dispensación el hombre es salvo por cierto medio, y en otra, por un medio diferente. En una dispensación Dios exige cierta conducta de parte del hombre, y en otra dispensación, Su exigencia cambia. Si no entendemos bien las diferentes dispensaciones, pensaremos que algunas porciones de la Biblia son confusas. Pero si las entendemos, la confusión desaparecerá.
Algunos expositores han dividido la historia en siete dispensaciones. Pero según la Biblia misma, sólo debe haber cuatro dispensaciones, comenzando con Adán, porque Romanos 5:14 dice claramente: “Desde Adán hasta Moisés”. Aunque hay muchas diferencias en detalles dentro de este período, en total fue resumido en “desde Adán hasta Moisés”. Esta es la primera dispensación. La segunda es la dispensación de la ley, que se extiende desde Moisés hasta Cristo. ¿Pero en qué momento de la vida de Cristo finalizó esta dispensación? El Señor Jesús dijo que la ley y los profetas fueron hasta Juan (Mt. 11:13; Lc. 16:16). Lo que El quiso decir es que esta dispensación terminó con Juan. La tercera dispensación es la dispensación de la gracia, que va desde la primera venida de Cristo hasta Su segunda venida (Hch. 3:20-21). Durante este período, aunque el Señor todavía se interesaba en los judíos, Su atención se enfocó en los gentiles. Nosotros vivimos en la dispensación de la gracia. La cuarta dispensación es el reino y se extiende desde la segunda venida de Cristo hasta el final de la era del reino (Ap. 20).
En cada dispensación tenemos que prestar atención a la posición del hombre, sus responsabilidades, sus fracasos y la manera en que Dios se relaciona con él. Después de estudiar esto detenidamente, será fácil resolver las aparentes contradicciones.
VI. TEMAS
La Biblia contiene muchos temas, como por ejemplo: 1) la creación, 2) el hombre, 3) los ángeles, 4) el pecado, 5) el reino satánico, 6) la salvación, 7) el arrepentimiento, 8) la persona de Cristo, 9) la obra de Cristo, 10) la vida de Cristo, 11) el Espíritu Santo, 12) la regeneración, 13) la vida eterna, 14) la certeza de la salvación eterna, 15) la santificación, 16) la justificación, 17) la elección, 18) el perdón, 19) la justicia, 20) la libertad, 21) la ley, 22) la inspiración, 23) la revelación, 24) el Cuerpo de Cristo, 25) los ministros de la Palabra, 26) la autoridad de Dios, 27) la segunda venida de Cristo, 28) el juicio, 29) el reino, 30) la eternidad. Al principio podemos estudiar un tema durante un año. Más adelante podemos estudiar dos temas al año, y después, cuatro temas por año.
Por ejemplo, un tema importante es la persona de Cristo. ¿Cómo podemos empezar dicho estudio? Podemos dividir el tema según los siguientes subtemas: 1) El es Dios, y como tal, es el Verbo de Dios y el Hijo de Dios. 2) El es un hombre. Esto se relaciona con la manera en que El llegó a ser Jesús y en que se expresó como hombre. 3) El es Dios y hombre. El se durmió en la barca, lo cual nos muestra que El es un hombre. Sin embargo se despertó y reprendió al viento y a las olas; esto demuestra que es Dios. El asistió a unas bodas, lo cual indica que es un hombre, pero una vez allí, convirtió el agua en vino, lo cual prueba que es Dios. Le pidió agua a la mujer samaritana, ya que tenía sed como cualquier hombre; sin embargo le habló a ella del agua viva, pues El es Dios. 4) Su historia, es decir, Su vida en la tierra. 5) Su posición hoy, después de la ascensión. 6) Su posición futura, esto es, Su lugar en la gloria cuando regrese.
También podemos clasificar la obra de Cristo en diferentes categorías: 1) La relación entre Su persona y Su obra, 2) Su obra sustitutiva, 3) cómo satisfizo los requisitos de Dios para redimirnos del pecado, 4) cómo nos reconcilió con Dios, 5) cómo nos acepta y nos recibe, 6) Su sacerdocio y 7) Su obra como mediador.
La vida de Cristo se puede clasificar bajo los siguientes aspectos: 1) Su nacimiento, 2) Su muerte, 3) Su resurrección, 4) Su ascensión y 5) Su venida. Cuando hablamos de Su nacimiento, examinamos lo que es la encarnación. La cristalización de la visión de Su encarnación se resume en que todo lo que es abstracto y divino se hizo concreto y humano. ¿Qué es la paciencia de Dios? Ni lo sabemos ni podemos llegar a saberlo, pero sí sabemos que el Señor Jesús vino. Esto no solamente es el Verbo hecho carne, sino también la paciencia hecha carne. La paciencia abstracta e invisible se hizo tangible. El principio de encarnación es el principio del amor, la santidad, el gozo, la obediencia hechos carne. Es decir que, las intangibles virtudes de Dios, ahora son tangibles. Cuando Dios se hizo hombre, lo abstracto se volvió concreto. Jesús es la norma del hombre que Dios desea, pero nosotros no podemos llegar a la norma de Dios. Esta es la razón por la cual no nos podemos acercar a Dios. Había un velo, el cual cuanto más bello, más difícil de penetrar. Pero damos gracias a Dios porque la muerte llegó. ¿Qué significa la muerte? Por una parte significa redención; y por otra, la terminación de la vieja creación. La muerte es el final de la antigua creación; y la muerte de Cristo es el final de toda la creación. El velo fue rasgado de arriba abajo; esto es la muerte. Después tenemos la resurrección, la cual es un nuevo comienzo, una nueva creación. Esta es la vida nueva y no está atada por la muerte. La muerte no puede detener esta vida ni puede evitar que reviva. Resucitar equivale a pasar sobre la muerte y sus implicaciones; es la vindicación del poder de Cristo. Luego vemos la ascensión, que es la posición de victoria sobre Satanás. Satanás está por debajo de nosotros, pues la ascensión de Cristo nos puso en el mismo nivel en que El está, y ahora disfrutamos Su victoria. La venida del Señor es la manifestación de una nueva autoridad. En palabras simples, la encarnación se relaciona con la norma de Dios; y la muerte, con la terminación de la antigua creación que carece de la norma de Dios; la resurrección se relaciona con un nuevo comienzo, mientras que la ascensión tiene que ver con una nueva posición. La venida de Cristo es Su manifestación en gloria. ¡Qué precioso es todo esto a los ojos de Dios!
W. Nee
Cómo estudiar la Biblia
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Apartado para el evangelio de Dios
Semana 17--- Ofrecer nuestro cuerpo por sacrifício vivo
Lunes --- Leer con oración: Ro 15:24, 28
“Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones, rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros ” (Ro 1:9-10)
LA MOTIVACIÓN DE PABLO AL ESCRIBIR A LOS ROMANOS
En esta serie del Alimento Diario, estamos estudiando la Epístola de Pablo a los Romanos. Esta epístola nos da una visión completa del evangelio de Dios, es decir, de las buenas nuevas de Dios presentadas al hombre, que incluyen la justificación por la gracia, la salvación por la vida de Dios, la transformación por la renovación de la mente, el crecimiento de los miembros del Cuerpo por el ejercicio de sus funciones, la expansión del reino de Dios por medio de la propagación del evangelio del reino hasta los confines de la tierra, y la comunión de las iglesias (Ro 3:24; 5:10; 12:2, 3-8; 15:23-24, 28; 16:1). Antes de que el Señor Jesús ascendiera a los cielos se presentó vivo a Sus discípulos con muchas pruebas indubitables, se les apareció durante cuarenta días y les habló acerca del reino de Dios: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch 1:3, 8). Cuando el Señor Jesús les dijo esto, la nación de Israel vivía alrededor del Jordán: incluso en el tiempo en que Pablo vivió, la civilización giraba alrededor del mar Mediterráneo. Puesto que el apóstol quería predicar el evangelio hasta lo último de la tierra, planeó ir a España (situada al otro extremo de este mar) y después llegar hasta Roma, que era la ciudad más importante de aquella época (Ro 15:24, 28). Aunque su corazón estaba vuelto hacia los judíos que vivían en Roma, Dios no le permitió que llegara hasta allí en su segundo viaje misionero. Fue entonces cuando Pablo les escribió una carta, la Epístola a los Romanos, que trata del evangelio completo de Dios para el hombre. Por eso, siguiendo el orden de los libros del Nuevo Testamento, primero tenemos los cuatro evangelios, los cuales hablan con respecto al evangelio de Dios, luego el libro de los Hechos de los Apóstoles, que muestra la expansión del evangelio por muchos lugares, y en seguida el libro de Romanos. Alabamos al Señor, pues por medio de esta carta a los romanos recibimos mucha luz y una amplia revelación tanto sobre el evangelio de Dios como sobre la manera de predicarlo.
Punto Clave: Hasta lo último de la tierra.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Por qué y en qué circunstancias Pablo escribió la Epístola a los Romanos?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 17 --- Ofrecer nuestro cuerpo por sacrifício vivo
Martes --- Leer con oración: Jl 2:32; Hch 2:21; 2 Co 11:2
“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mt 6:9-10)
LA IMPORTANCIA DEL HOMBRE EN EL PLAN DE DIOS
Como bien sabemos, Dios ejerce plenamente Su autoridad y administración en los cielos, y Su voluntad es totalmente cumplida sin ninguna oposición o resistencia. Sin embargo, la voluntad eterna del Señor es que Su reino llegue también a la tierra (Mt 6:10). Para satisfacer este deseo de Su corazón, Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza a fin de que le sea una ayuda idónea (Gn 2:18; cfr. Is 54:5; 2 Co 11:2; Ap 19:7). El buen placer de Dios era que el hombre fuera Su fiel ayuda para así traer nuevamente la esfera de Su reino a la tierra. Los reinos del mundo están bajo el dominio de Satanás, que después de su rebelión contra Dios fue lanzado a la tierra, donde comenzó a operar. Puesto que la tierra fue usurpada por Satanás, Dios quiere recobrarla para Sí, por eso, al enseñar a Sus discípulos sobre cómo orar, dijo: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mt 6:10). Esta oración nos revela que Dios desea que Su reino venga a nosotros para que la tierra también forme parte de esta esfera en donde Él reina, y para que Su voluntad sea hecha aquí como es hecha en los cielos. Este es el deseo de Dios: el evangelio del reino de Dios necesita ser predicado en todo el mundo para que Su autoridad llegue a toda la tierra (24:14; 28:18-19). En esta oración vemos que la manera en que podemos cooperar para cumplir el deseo de Dios es, primeramente, santificar Su nombre (6:9). Cuando el hombre santifica el nombre de Dios, Su reino, que es celestial, viene a la tierra. Alabamos al Señor, porque hoy existen personas que santifican y exaltan el nombre del Padre por medio de la alabanza y la adoración, por ministrar la Palabra y también por invocarlo. Invocar el nombre del Señor Jesús es la manera más sencilla de santificar el nombre de Dios. En su primera predicación en Jerusalén, en el día de Pentecostés, el apóstol Pedro citó la profecía de Joel, para mostrar que todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo (Hch 2:21; cfr. Jl 2:32a). En aquella predicación casi tres mil personas fueron salvas y bautizadas (Hch 2:41). Mediante la predicación de Pedro, muchos fueron salvos y añadidos al vivir cristiano saludable por invocar el nombre del Señor (2:42, 46). Así crecía cada vez más la multitud de creyentes. Sin embargo, este hecho y la envidia, llevaron al sumo sacerdote y a todos los que estaban con él, es decir, a la secta de los saduceos, a echar mano de los apóstoles poniéndolos en la cárcel pública (Hch 4:10-12, 17-18; 5:15-18, 28). Los apóstoles, aun siendo muy azotados y advertidos a no hablar en el nombre de Jesús, salían gozosos por haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre (vs. 40-41). El apóstol Pablo, antes de convertirse, perseguía a los que invocaban el nombre de Jesús. No obstante, después que fue salvo, ayudó a las iglesias a invocar el nombre del Señor, y por ello, sufrió muchas calumnias y persecuciones por causa de este nombre. Pablo fue ayudado por Ananías a tener esa experiencia, cuando fue exhortado a recibir el bautismo y lavar sus pecados invocando el nombre del Señor Jesús. Luego, adonde quiera que iba para predicar el evangelio, principalmente en su primer y segundo viaje, llevaba a las personas a volverse al espíritu por medio de invocar el nombre del Señor (Hch 22:16; cfr. Ro 10:13; 1 Co 1:2; 12:3; 2 Ti 2:22). Al predicar el evangelio, nosotros también debemos llevar a las personas a invocar el nombre del Señor Jesús. Si por causa de eso somos criticados o blasfeman en contra de nosotros, no debemos discutir con nadie. Esta es otra lección que aprendemos del apóstol Pablo (2 Ti 2:16). Cuando él era joven, al comienzo de su obra, discutía con todos (Hch 9:28-29; 17:18: 23:29; 28:29). Después que creció en la vida divina, instruyó a Timoteo diciéndole que el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido (2 Ti 2:24). Así pues, frente a las tribulaciones, lo mejor que podemos hacer es volvernos a la palabra del Señor y continuar invocando Su nombre.
Punto Clave: Corregir con mansedumbre a los que se oponen.
Su punto clave es:
Pregunta: A través de los pasajes de Hch 9:28-29 y 2 Ti 2:24, vemos un cambio de actitud en el apóstol Pablo ¿Cuál fue la razón de su cambió?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 17 --- Ofrecer nuestro cuerpo por sacrifício vivo
Miércoles --- Leer con oración: Jn 7:37-39; 19:34; 1 Co 1:2; Ef 6:12
“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn 3:5)
LA IMPORTANCIA DEL NUEVO NACIMIENTO
Conforme a lo que vimos ayer, donde se invoca el nombre del Señor, allí está la iglesia, y donde está la iglesia, allí está el reino de Dios (1 Co 1:2; Mt 16:18). El Señor quiere que Su voluntad sea hecha en la tierra, por eso desea traer Su reino a nosotros. Cuando el reino de Dios viene a nosotros es llamado el reino de los cielos, porque a pesar de estar en la tierra, su esfera es celestial. El propósito de Dios es recobrar la tierra, quitársela de las manos a Satanás, el usurpador. Dios, siendo el Creador Todopoderoso, no quiso tratar directamente con tal criatura que se rebeló contra Él. Fue por eso que Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza, para que, por medio de la vida divina, subyugara a Satanás. El hombre necesita recibir la vida divina que fue liberada por medio de la muerte y resurrección del Señor Jesús, para cooperar con Dios en Su plan. En la crucifixión del Señor Jesús, un soldado abrió Su costado con una lanza, de donde no sólo salió sangre, sino también agua (Jn 19:34). Por estar muy cerca de la cruz, el apóstol Juan fue el único que vio y registró que del lado del Señor también salió agua. La sangre tiene como finalidad solucionar el problema de nuestros pecados y el agua simboliza el fluir de la vida divina. Después de Su muerte y resurrección, el Señor Jesús se hizo el Espíritu vivificante (1 Co 15:45). Todo aquel que cree en Él y bebe de esta “agua” recibe el Espíritu (Jn 7:37-39). Así que, por medio de creer en el Señor Jesús, el hombre creado por Dios puede nacer de nuevo, nacer del agua y del Espíritu, obtener la vida de Dios, para entrar en el reino de Dios (3:3, 5, 15). Esta es la razón por la cual el Señor dijo: “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (v. 7). Sin la vida de Dios no es posible entrar en el reino de Dios; no es posible que el hombre caído tenga autoridad, en su ser natural, no puede subyugar al enemigo de Dios. Nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (Ef 6:12). ¡Gracias a Dios! Por medio del nuevo nacimiento entramos en Su reino, y por medio del crecimiento de Su vida en nosotros, tenemos más autoridad para subyugar a Satanás y así conquistar nuevamente la tierra para Dios. ¡Aleluya!
Punto Clave: Nacer de nuevo para entrar en el reino de Dios.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Por qué sólo Juan registró que del costado del Señor salió sangre y agua?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 17 --- Ofrecer nuestro cuerpo por sacrifício vivo
Jueves --- Leer con oración: Ez 28:17; 1 Co 6:11; 1 Jn 1:9
“Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn 1:7)
NOS RESPLANDECIÓ LA LUZ DIVINA
Cuando Pablo escribió a los Romanos, primeramente les presentó el evangelio de la gracia. En el primer capítulo muestra la condición miserable del hombre que procede del pecado. Toda impiedad e injusticia de los hombres son visibles a los ojos de Dios, porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto a los que detienen con injusticia la verdad (vs. 18-19). Aunque los atributos invisibles de Dios, Su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles por las cosas que Él creó, a pesar de ello, muchos hombres niegan Su existencia. En otros casos, incluso teniendo el conocimiento de Dios, no Le glorifican ni Le dan gracias. El resultado de esta apatía es una mente reprobada con acciones, para hacer cosas que no convienen delante del Señor (vs. 19-27). Alabamos al Señor porque el evangelio de la gracia nos alcanzó y fuimos iluminados. Vimos nuestra condición de pecadores y, por medio de la predicación del evangelio, la luz divina resplandeció en las tinieblas de nuestro corazón (2 Co 4:6). El himno 196 (HIMNOS – Editoríal Árbol de la Vida) muestra la oración que debemos tener para no vivir más en las tinieblas, siendo engañados por nuestra alma caída. La primera estrofa dice: “Descúbreme, Señor, alumbra mi interior, que pueda discernir el ego engañador”. Si no somos iluminados por Dios, permaneceremos en las tinieblas; por eso la luz de la vida necesita desvanecer las tinieblas que todavía hay en nosotros para que veamos la realidad de todas las cosas divinas. Cuando la luz del Hijo llega a nosotros, el velo es quitado, vemos nuestra condición y nos arrepentimos para proseguir cumpliendo la voluntad de Dios. El Señor Jesús reveló la iglesia a Sus discípulos, la cual está totalmente relacionada con la vida. Para que la vida divina crezca en nosotros, necesitamos negar la vida del alma, negarnos a nosotros mismos, es decir, negar nuestro ego, nuestra vida natural caída, que fue contaminada por el pecado (Mt 16:24). Aunque el hombre tiene una vida natural caída, cuando es iluminado por Dios logra ver su verdadera condición de pecador. La segunda estrofa del himno dice: “No me conozco bien, me creo lo mejor, me engaña mi altivez, y vivo en presunción”. A nuestros ojos siempre somos las mejores personas y valoramos demasiado nuestras opiniones, nos consideramos mejores que los demás. El corazón del hombre es engañoso, y por causa de su orgullo, considera estar en lo correcto, se satisface así mismo y tiene una visión errónea de las cosas (Jer 17:9). Sin embargo, cuando alguien es iluminado por la luz divina, percibe que está lleno de doctrinas y le falta visión y experiencias espirituales. Necesitamos reconocer que conocemos doctrinalmente muchas cosas, pero nos falta la revelación divina y la práctica. El himno continúa mostrándonos que confundimos la vida espiritual con el vivir carnal, es decir, actuamos según la carne y pensamos que vivimos por el Espíritu. Con respecto al guiar divino, muchas veces también nos confundimos y tendemos a aislarnos, sin querer la ayuda de los demás. El resultado es que no conocemos bien ni la voluntad ni el propósito que Dios tiene para nuestra vida. La voluntad de Dios es que todos los hombres sean salvos y lleguen al pleno conocimiento de la verdad (1 Ti 2:4). En cuanto al querer de Dios, conforme con lo que dice el himno, no conocemos su verdadero valor y nos rebelamos, ocupándonos solamente con lo nuestro. Muchas veces no sólo hacemos nuestra voluntad en perjuicio de la voluntad de Dios, sino que también estamos en contra de Su voluntad, oponiéndonos a Su mover. Oremos al Señor para que Él quite los velos y nos dé más revelación para que no seamos más engañados, ensoberbeciéndonos. Que seamos libres del engaño de Satanás, que es el origen del orgullo (Ez 28:17; cfr. Job 41:34). El evangelio llegó hasta nosotros y nos trajo al Hijo de Dios, que es la luz divina, para sacarnos de las tinieblas y mostrarnos nuestra verdadera condición. ¡Alabado sea el Señor!
Punto Clave: “¡Descúbreme Señor y alumbra mi interior!”
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Qué debemos hacer cuando somos iluminados?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 17 --- Ofrecer nuestro cuerpo por sacrifício vivo
Viernes --- Leer con oración: Ro 6:19, 22; 7:1-6, 22, 24, 25
“Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Ro 6:6)
EL LUGAR DEL VIEJO HOMBRE ES LA CRUZ
Necesitamos de la luz divina para ser iluminados y ver nuestra verdadera condición. Éramos pecadores, pero por medio del evangelio de la gracia fuimos iluminados, nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados. Al creer en el Señor Jesús, fuimos perdonados y lavados por la sangre de Cristo y el acta de nuestros pecados fue borrada (1 Jn 1:7, 9; Col 2:14). El Señor ya cumplió todo por nosotros y, al creer en Él, fuimos justificados y santificados por la fe, pasando a estar en una posición justa y santa (Ro 3:24-25; Gá 2:16; Hch 26:18). Ahora, justificados por la fe, volvimos a la condición en la que el hombre se encontraba en el huerto de Edén; fuimos reconciliados con Dios y recuperamos el acceso a Cristo como el árbol de la vida (Ap 22:14). ¡Alabado sea el Señor! De nuestro espíritu podemos clamar: “¡Abba Padre!” (Ro 8:15). Todos aquellos que pasaron por la experiencia del nuevo nacimiento, que nacieron del agua y del Espíritu, experimentan estas etapas de la salvación (Jn 3:3, 5). Sin embargo, aún necesitamos conocer y saber cómo tratar con nuestro viejo hombre para que no seamos reprobados en nuestra vida cristiana (Ro 6:6). Nuestro viejo hombre es nuestro ser caído, el ego, la vida natural del alma. Aunque nuestro ego ha sido crucificado con Cristo, en nuestro vivir diario es como si reviviera. A veces el Espíritu Santo quiere avanzar, pero encuentra obstáculos en nuestra persona, como las doctrinas y los conceptos que Le impiden proseguir a través de nosotros. Pablo hizo una analogía en Romanos 7 para que entendamos mejor este asunto. Antes de la caída del hombre, era semejante a una esposa, dependiente de Dios, pero después de la caída, pasó a ser semejante a un marido que goza de una completa autonomía, lejos de Dios, representado por el viejo hombre. Por medio de la muerte de Cristo, además de que nuestro viejo hombre fue crucificado, también fuimos librados de la ley y estamos muertos para aquello a lo que estábamos sujetos a fin de que pertenezcamos a Cristo y llevemos fruto para Dios (7:4, 7). Lamentablemente hemos sufrido muchas acusaciones por parte de aquellos que todavía viven por el viejo hombre, aquellos que no fructifican para Dios y continúan sirviéndolo en la vejez de la letra. En estos últimos dos años hemos hablado mucho con respecto a negarnos a nosotros mismos, a nuestra vida del alma, ya que si no colocamos la vida natural del alma en el fuego santificador del Espíritu, cada vez que Dios quiera usarnos para dar un paso más en Su mover y traer Su reino a la tierra, encontrará conceptos y tradiciones que retrasarán Su venida. No debemos ser como niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, siendo distraídos y engañados por profanas y vanas palabrerías (Ef 4:14; 2 Ti 2:16). Somos colaboradores de Dios y lo que tenemos que hacer es seguir la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor (2 Ti 2:22). ¡Aleluya!
Punto Clave: Pertenecemos a Cristo para llevar frutos para Dios.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Quién ha tenido más espacio en su vivir: el viejo o el nuevo hombre?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 17 --- Ofrecer nuestro cuerpo por sacrifício vivo
Sábado --- Leer con oración: Ro 8; 12:1, 4-5; 16:1, 5, 23; Ef 1:22b-23; Ap 1:11
“Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” (Ro 12:5)
LA VIDA DE LA IGLESIA Y EL CUERPO DE CRISTO
Debemos proseguir positivamente en novedad de vida para cumplir la voluntad de Dios. Cuando la ley del Espíritu de vida nos libró de la ley del pecado y de la muerte, recibimos también la vida divina y podemos fructificar para Dios (Ro 7:4; 8:2). Todo aquel que se inclina hacia la carne piensa en las cosas de la carne y recibe muerte; pero aquel que se ocupa del Espíritu, obtiene vida y paz (vs. 5-6). Cuando dirigimos nuestra mente, que es la parte que lidera nuestra alma, al Espíritu, recibimos más de la vida divina e incluso nuestro cuerpo mortal es vivificado (v. 11). Así, nuestro espíritu, alma y cuerpo, reciben vida y son guardados irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1 Ts 5:23). Dios nos dio Su vida, la cual está en Su Hijo (1 Jn 5:11-12). Recibimos el Espíritu de filiación que testifica a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Así como llamamos espontáneamente a nuestro progenitor de papá, pues tenemos una relación de vida con él, así también nosotros fuimos engendrados por Dios cuando nacimos de nuevo y recibimos el Espíritu de filiación por el cual podemos clamar: “¡Abba Padre!”. Como hijos, también somos herederos y podemos recibir toda la herencia de Dios (v. 17). A medida que invocamos el nombre del Señor Jesús, nos negamos a nosotros mismos y permitimos que la vida divina crezca en nosotros, somos conformados a la imagen del Hijo de Dios (v. 29). Ser conformados es tomar la forma de un prototipo. Si crecemos en vida, seremos conformados a la imagen de Cristo, y además, manifestaremos la gloria de Dios (v. 30b). ¡Aleluya! Este es el evangelio de la vida, el evangelio del reino de los cielos que nos hace vencedores: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (v. 37). Venceremos a la carne, a nuestro ser natural, a Satanás y al mundo, y nada nos podrá separar del amor de Dios (vs. 38-39). El resultado del evangelio de la vida es que estaremos totalmente mezclados con nuestro Señor. Pablo nos muestra a partir del capítulo 12 de Romanos que, si vivimos por la vida divina, espontáneamente tendremos la práctica de la vida del Cuerpo de Cristo. En la Epístola a los Romanos, Pablo menciona sólo tres veces la palabra “iglesia” y todas ellas en el capítulo 16 (vs. 1, 5, 23). Con eso él quiere mostrar que la iglesia es, sencillamente, la asamblea, la congregación de aquellos que fueron regenerados, aquellos que fueron llamados para salir fuera. Lo importante es que sepamos que la iglesia surge de manera espontánea por el congregar de los hijos de Dios. En la Biblia, la palabra “iglesia” se refiere, por lo general, al aspecto de la obra, de la edificación (1 Co 15:9; Gá 1:13; Ef 3:10; 5:22; He 12:23); mientras que la expresión “Cuerpo”, o “Cuerpo de Cristo”, se refiere al aspecto de la vida (Ro 12:5; 1 Co 12:12-17). En Romanos 12 los versículos 1 al 3 se refieren al aspecto práctico de la vida de la iglesia, y apuntan hacia la vida del Cuerpo en una ciudad; en los versículos 4 y 5, encontramos el aspecto más amplio de la iglesia, como el Cuerpo de Cristo en el sentido universal, que incluye a todos los creyentes regenerados en toda la tierra, independientemente del tiempo y del espacio. La iglesia es el Cuerpo de Cristo (Ef 1:22b-23) y Cristo es la cabeza de este Cuerpo (Col 1:18). En el universo hay un solo Cuerpo, que es el de Cristo (Ro 12:5; 1 Co 12:12; Ef 4:4), el cual es expresado en diferentes ciudades (Ap 1:11). Así que, en cada ciudad en donde está la iglesia, tenemos la expresión del Cuerpo de Cristo, y allí debe haber la manifestación de la vida de Dios. La iglesia surge por medio de invocar el nombre del Señor, esto hace que las personas se vuelvan al Espíritu, en el cual tenemos la manifestación de la vida de Dios (1 Co 12:3; cfr. Ro 8:2; Col 3:4; 1 Jn 5:11-12). El objetivo del evangelio de la vida es hacernos crecer y madurar en vida para que la voluntad de Dios sea hecha en la tierra, como es hecha en los cielos, y así Dios tenga Su reino aquí..
Punto Clave: La obra y la vida.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre las expresiones “iglesia” y “el Cuerpo de Cristo” a la luz de los capítulos 12 y 16 de Romanos?
Apartado para el evangelio de Dios
Semana 17 --- Ofrecer nuestro cuerpo por sacrifício vivo
Domingo --- Leer con oración: Ro 12:1-2
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Ro 12:1)
SER UN SACRIFICIO VIVO Y CONTINUO AL SEÑOR
Después de ser justificados y reconciliados con Dios mediante la muerte de Cristo, individualmente llegamos a ser hijos de Dios. Pero, además de recibir la vida divina, fuimos introducidos en el Cuerpo de Cristo (1 Co 12:3). En el proceso del crecimiento en la vida del Cuerpo, es decir, en la vida práctica de la iglesia, podemos identificar ocho puntos en Romanos 12:1-2, que son: consagración, justificación, santificación, reconciliación, renovación, transformación, conformación y glorificación. El primer punto práctico en la vida de la iglesia corporativa consiste en ofrecer nuestro cuerpo (v. 1). Presentar nuestro cuerpo en sacrificio a Dios se refiere a nuestra consagración. Por medio del evangelio de la gracia, nos unimos a Cristo y fuimos ofrecidos a Dios, “mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (He 10:10). Ahora, en la vida del Cuerpo, ofrecemos primero nuestro cuerpo como ofrenda al Señor, como una consagración continua de nuestro ser a Él. Cuando Pablo dice que este sacrificio, consagrado al Señor, es un “sacrificio vivo”, se refiere a nuestra salvación subjetiva. En el Antiguo Testamento, los animales sacrificados eran ofrecidos como sacrificio en lugar del pecador. Hoy, en la vida de la iglesia, ofrecemos todo nuestro ser en sacrificio vivo y continuo al Señor. Debemos tener un vivir justo, es decir, acciones justas, actuar de acuerdo a lo que Dios determinó (Ap 19:8). Este sacrificio, además de ser vivo, es santo. Esto se refiere a nuestra santificación subjetiva. Como miembros del Cuerpo de Cristo, tenemos que ser santificados diariamente. Para ello, debemos tener la disposición de ofrecer nuestro ser como sacrificio, consagrado al Señor, así como el sacerdote colocaba la ofrenda en el altar para que fuera quemada. Necesitamos disponernos a aceptar los sufrimientos que son permitidos por el Señor hasta que haya un cambio en nuestra naturaleza. De esta manera nuestro vivir exhalará un aroma suave, como un sacrificio agradable a Dios. Esto se refiere a nuestra reconciliación con Dios, una vez que somos aceptados por Él en Su presencia, en el Lugar Santísimo, en donde tenemos comunión íntima con Él (2 Co 5:18-20). Este es un servicio racional, pues la reconciliación es el resultado de la justicia y de la santidad de Dios siendo expresadas en nuestro vivir. También tenemos la necesidad de renovar nuestra mente (Ro 12:2). Sin una mente renovada, no se puede experimentar en la vida del Cuerpo, la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios. Somos muy propensos al envejecimiento, por eso debemos tener la disposición de renovar continuamente nuestra mente. Para vivir la vida del Cuerpo, necesitamos también estar dispuestos a someternos al operar transformador del Espíritu en cada uno de nosotros. El Cuerpo de Cristo no puede ser edificado con nuestro ser natural, tampoco podemos vivir de una manera aislada. Por eso, mientras vivimos la vida de la iglesia, debemos permitir que la vida de Dios opere una transformación en nuestra alma. A medida que somos transformados por la vida divina en nuestro interior, comenzamos a experimentar la voluntad de Dios que es conformarnos a la imagen de Su Hijo (Ro 8:29). Finalmente, Su voluntad es que todos aquellos que fuimos justificados y llamados por Él, seamos glorificados (v. 30). Cuando practicamos Su voluntad, consagrándonos a Él, predicando el evangelio del reino de Dios, el evangelio de la vida, comprobamos la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Por eso, siempre debemos buscar el crecimiento espiritual a fin de que seamos renovados en la mente y transformados en nuestro vivir. ¡Por medio del continuo iluminar en la presencia de Dios, podemos arrepentirnos y consagrarnos más a Él, hasta que seamos conformados a Su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor!
Punto Clave: La operación de la vida y el reino de los cielos.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Cuáles son las etapas del crecimiento de vida?
Dong Yu Lan
Publicado por: Editora “Arvore da Vida”
Literatura disponible en:
corpocri@yahoo.com
Jesus es el Señor!
La iglesia en Armenia"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee
La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins
Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
Ian Thomas
-
Gran Miembro Yeshua
::: Tan viejo como Matusalen hijo de Enoc (Gen 5:21) ::: (+ de 1200 posts)
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- ene 2005
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01/09/09,22:47:12
"SEÑOR, ENSEÑANOS A CONTAR NUESTROS DIAS"
Watchman nee
Salmo 90:12
En este libro estudiaremos algunos versículos de la Biblia referentes a la cuenta de años, para que veamos lo que Dios dice acerca de eso y como Él contabiliza nuestra edad.
Dos Genealogias
En Génesis, capítulos 4 y 5, hay dos genealogías: el capítulo 4 trata de la genealogía de Caín y el capítulo 5, de la genealogía de Set. Adán tuvo tres hijos bien conocidos: Caín, Abel y Set, y generó otros además de esos. Abel murió aún joven, por eso no tiene genealogía. Los otros dos tienen su genealogía registrada en la Biblia. En los capítulos 4 y 5 podemos ver dos líneas de personas y sus generaciones, una después de la otra; una línea procede de Cain, conteniendo a 1Enoc, Irad, Lamec, Tubalcain, etc, y otra comienza en Set, que incluye Abraham, Moisés y Cristo. (éste Enoc no es el que camino con Dios, descendiente de Set (Gen. 5:24)
Podemos observar que las genealogías de estas dos familias son registradas siempre de manera semejante: alguien engendro a alguien, que alguien engendro a otra persona, etc, ... Sin embargo, hay algo bien diferente en los dos registros. Mientras el capítulo 4 solamente dice: "Cain engendro a Enoc y a Enoc le nació Irad", sin relatar cuántos años Cain vivió o cuantos fueron sus días, el capítulo 5, sinembargo, registra no sólo quien engendro, sino también con que edad murió. El capítulo 4 no registró la edad de las personas mencionadas (no por olvido del autor), pero el capítulo 5 lo hizo claramente: quien engendro a quien, con que edad, cuantos años vivió después de eso y, aún, el total de los años que vivió en la tierra. Adán también fue colocado en el capítulo 5 como habiendo vivido novecientos treinta años. De Adán a Set y de este hasta Noé, el registro fue hecho de esa forma clara. Esa es la gran diferencia de los registros en los dos capítulos.
¿Cual es la razón de esa diferencia? Es porque a los ojos de Dios Cain no tiene años que sean contabilizados. Tal vez él se haya casado a los cincuenta años, engendro hijos a los sesenta y morir con seiscientos años, sin embargo Dios no los consideró. Simplemente los ignoró. A los ojos de Dios este hombre nunca vivió; aún mientras vivía, él estaba muerto. Por eso, solamente su nacimiento fue registrado (que equivale a la muerte) y no su muerte. Ya que, para Dios, él no vivió, entonces no tiene años para contabilizar y, tampoco murió. ¿Que tipo de personas el capítulo 4 representan? Representan todos los que no nacieron de nuevo, los que están muertos en Adán, los que no tienen vida eterna, por lo tanto no tienen cuenta de años. Las del capítulo 5, por su parte, representan los que están en Cristo. El significado del nombre Set es "sustituto", porque Abel habia muerto y Set vino para sustituirlo; por esa razón representa los que nacieron de nuevo, los que tienen años contabilizables.
Cambiar el Mes
Otro versículo relacionado a ese asunto es Éxodo 12:2, que dice: "Este mes os será el principal de los meses; será el primer mes del año". Dios dijo para el pueblo de Israel para contar como primero el mes en que estaban. ¿Usted ya oyó hablar en cambiar el mes? Suponga que esté el mes de octubre y lo cambie para enero, el primero. ¿Por qué cambiaron el mes? Porque el pueblo de Israel salió de Egipto, y el Cordero Pascual fue imolado y el pueblo fue liberado de las manos de Faraón. Este es el inicio de la historia espiritual. ¿usted tiene una historia espiritual? Puede ser que usted ya tenga edad avanzada, con hijos y nietos, pero quiero preguntar: "¿Usted nació de nuevo?" Si nó, quiero decirle que para Dios usted no tiene ni el primer mes espiritual.
Mientras el pueblo de Dios no salió del dominio de Faraón y no pintó con sangre los dinteles de las puertas, liberándose del castigo de Dios, delante de él, ellos no tenían el primer mes. Por lo tanto, la historia espiritual tiene por inicio la sangre. Acuerde de que el día en que recibir la sangre será su inicio. Si ese día aún no llegó, usted aún no tiene edad delante de Dios. Siempre preguntamos a las personas: "¿Cuántos nacimientos usted tiene?" Si hubo sólo uno, yo temo por usted, pues es necesario que usted tenga el segundo nacimiento. Temo que entre los que están leyendo este libro, haya los que tienen sólo un nacimiento. Esos no tienen el primer mes, así como Cain, no tienen años contados delante de Dios. Aunque él haya vivido quinientos o setecientos años y realizado muchas cosas, nada de eso tiene valor. Note que mientras el pueblo de Israel permaneció en Egipto, Dios no contó sus días. Cuando salieron de Egipto, aquel fue considerado el primer mes. Por eso, la edad espiritual solamente se inicia con el nuevo nacimiento — la salvación.
Un día, conversando con un hermano, pregunté: "¿Por qué Pablo establecio como anciano o presbitero a Timóteo siendo este muy joven? ¿Un presbítero no debe ser anciano y experimentado? Como pudo establecer una persona joven? Eso no es correcto. ¿Como Timóteo pudo ser presbítero?" Acuerdese de que la contabilidad de Dios es diferente de la humana. Usted puede tener sesenta años, pero solamente un mes delante de Dios, o puede tener veinte años, sin embargo que ya tuviera diez años ante Dios. La cuenta se inicia con la salvación, pues antes de eso no hay nada contabilizado. En este libro, sin embargo, mi énfasis no está en Dios y tampoco en contar nuestros días antes de la salvación; por eso, ya no me extenderé al respecto.
No Todos los Días Son Contados
Quiero hablar algo a los que ya creyeron en el Señor: no solamente los años antes de usted creer en el Señor no son contabilizados, como también ni todos sus días, después de haber creído en el Señor, son contados. Tal vez usted haya creído en el Señor hace cinco años, pero ciertamente no tendrá cinco años. Acuerdese de que una cosa es El año cronológico y otra es su edad espiritual. Eso puede no ser comprensible para el mundo, pero es un hecho espiritual: usted puede haber vivido cincuenta años y, aun así, no tener cinco años de edad espiritual.
Noventa y Tres Años
Vamos a leer algunos versículos con atención, a fin de entender como Dios cuenta los días. Leamos de entrada Hechos 13:18-22, y verifiquemos cuántos años hay entre el éxodo del pueblo de Israel y la construcción del santuario por Salomon: "Y [Dios] soportó sus costumbres en el desierto por espacio de casi cuarenta años (...) Y, después de esto, por casi cuatrocientos y cincuenta años, les dio jueces, (...) y Dios les dio por cuarenta años, por rey a Saul (...) cuando este fue retirado, les levantó como rey a David [por cuarenta años]" (1 Cr 29:27 - VRC) Pregunto: cuántos años suman? Cuarenta más cuatrocientos y cincuenta suman cuatrocientos y noventa años, dos veces más cuarenta años resultan en quinientos setenta años; sumándose tres años más del reinado de Salomon hasta la construcción del santuario, totalizan quinientos setenta y tres años. Por lo tanto, desde el éxodo hasta el inicio del cuarto año del reinado de Salomon, se suman quinientos setenta y tres años.
Lea ahora 1 Reyes 6:1: "El año cuatrocientos ochenta, después de que salieron los hijos de Israel de Egipto, en el año cuarto, principio del reinado de Salomón sobre Israel, en el mes de zif (este es el mes segundo), comenzó a edificar la Casa del SEÑOR". Aquí son mencionados cuatrocientos ochenta años y no quinientos setenta y tres años. Están faltando muchos años. La diferencia es de noventa y tres años. Si el registro de hechos estuviere correcto, entonces, lo de 1 Reyes debe estar errado. Como puede haber diferencia tan grande? Ambos comienzan la cuenta en el éxodo y terminan en la construcción del santuario; por lo tanto, debe haber error en uno de los registros o en ambos.
Pero, en la verdad, ninguno de ellos está errado; ocurre que en uno de los registros hay la aplicación del principio espiritual de que hablamos. Veamos en hechos: los cuarenta años en el desierto después del éxodo están correctos, los cuarenta años de Saul también y los cuarenta años de David también están correctos. Se comenzó la construcción del templo en el inicio del cuarto año del reinado de Salomão, por lo tanto tenemos tres años más. Todos estos años están correctos, pues fueron años en que los judíos dominaban. Sin embargo, en la época de los jueces, el pueblo de Israel fue llevado cautivo varias veces. Veamos ahora, entonces, por cuántos años ellos perdieron el dominio de la nación. Jueces 3:8 registra: "La ira del SEÑOR se encendió contra Israel, y él los entregó en las manos de Cusan-Risataim, rey de la Mesopotâmia, y los hijos de Israel sirvieron a Cusan-Risataim ocho años". Esa fue la primera vez que cautivaron la nación, y duró ocho años.
Continua....
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