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Mensaje 1 para nuevos creyentes

Lectura bíblica
Hch. 16:31 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesús, y serás salvo...
Jn. 1:12-13 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales ... son engendrados ... de Dios.
Podemos saber que somos salvos
Entre los cristianos de hoy existen muchos puntos de vista acerca de la salvación. Algunos piensan que hoy es imposible saber con certeza si somos salvos, e incluso hay otros que creen que podemos perder la salvación después de haberla recibido. Sin embargo, la Biblia nos muestra que nuestra salvación no es un asunto sujeto a especulación ni incertidumbre. Por el contrario, es algo que se puede confirmar con toda certeza y saber con plena seguridad.
Recibimos la salvación en el momento en que creímos
Muchas personas consideran que creer es algo que sucede en el presente y que recibir la salvación es un hecho que sucederá en el futuro, es decir, que el hombre que cree hoy será salvo en el futuro. Sin embargo, la Biblia nos dice de una manera clara y definitiva que el hombre es salvo en el momento en que cree (Hch. 16:31; Ro. 10:10). No dice que él será salvo en el futuro, sino que ya es salvo hoy. El es salvo en el mismo momento en que cree. La salvación ocurre inmediatamente después de creer; no hay ningún lapso de tiempo entre estos dos hechos.
Redimidos
En el momento en que una persona cree, es salva. La Biblia revela claramente que cuando una persona cree, sus pecados le son perdonados (Hch. 10:43; 1 Jn. 2:12), es libertada (Jn. 3:18; Gá. 3:13), lavada (1 Co. 6:11; Hch. 15:9), santificada (1 Co. 6:11; Hch. 26:18), justificada (Ro. 5:1; 3:28, 30; Gá. 3:8, 24; Hch. 13:39) y reconciliada con Dios (Ro. 5:10). Por lo tanto, cuando creemos, somos redimidos y somos salvos.
Regenerados
Tan pronto una persona cree, no sólo es redimida sino también regenerada. Juan 1:12 afirma claramente que aquel que cree en el Señor es nacido de Dios y llega a ser un hijo de Dios. Por consiguiente, siempre que un hombre cree en el Señor Jesús, es regenerado, en otras palabras, es salvo.
Pasamos de muerte a vida
En el momento en que una persona cree, ella pasa de muerte a vida. Juan 3:16 y 5:24 nos dicen que todo aquel que cree, tiene vida eterna y no estará sujeto a juicio ni perecerá, puesto que ha pasado de muerte a vida. Por tanto, si creemos, tenemos vida eterna y ya no estamos sujetos a condenación ni a juicio, pues hemos pasado de muerte a vida Los tres puntos enumerados anteriormente, prueban claramente que sólo necesitamos creer para ser inmediatamente salvos.
La certeza de la salvación
Si usted ha recibido a Cristo recientemente, es posible que haya tenido momentos en los que haya dudado si su experiencia fue verdadera, y se haya preguntado si realmente fue salvo. Si un nuevo creyente no tiene la certeza de que es salvo, carecerá de un cimiento sólido y le será difícil crecer y experimentar las realidades profundas de la vida cristiana. Sin embargo, la Biblia afirma que sí podemos saber con plena certeza que somos salvos. ¿cómo podemos obtener esta certeza?
Leamos 1 Juan 5:13: “Estas cosas os he escrito a vosotros los que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna”.14 ¡Hermanos! la Biblia no dice: “Os he comunicado este sentimiento de felicidad a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna”. Si la Biblia hubiera sido escrita de esta manera, entonces uno no podría ser salvo si no siente nada. Pero lo que la Biblia dice es: “Estas cosas os he escrito a vosotros … para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Jn. 5:13). No dice: “para que penséis”, ni dice: “para que tengáis la esperanza”, sino que dice: “para que sepáis”. No tenemos que esperar hasta el día de nuestra muerte para saber si somos salvos o no; podemos gozar de esta certeza hoy.
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Predeterminado Mensaje 2 para nuevos creyentes

Mensaje 2 para nuevos creyentes

Lectura bíblica

1 Jn. 5:13 Estas cosas os he escrito a vosotros los que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.
Ro. 8:16 El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
1 Jn. 3:14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama, permanece en muerte.

La Palabra de Dios confirma este hecho
¿Cómo podemos saber con certeza que somos salvos? Hay tres maneras de saberlo: En primer lugar, podemos saber que somos salvos por lo que la Palabra de Dios nos dice. La palabra del hombre no siempre es confiable, pero la palabra de Dios es segura y estable. Es imposible que Dios mienta (He. 6:18; Nm. 23:19). Lo que El dice permanece para siempre (Sal. 119:89).
Lo que Dios ha pronunciado no puede ser objeto de conjeturas. Su Palabra no es vaga ni abstracta, ya que nos ha sido dada de forma escrita, por medio de la Biblia. La Biblia es la palabra de Dios, inspirada por El mismo (2 Ti. 3:16). Por consiguiente, podemos recibirla, creerla y confiar plenamente en ella.
Las personas reciben una herencia mediante un testamento. Asimismo, las palabras del pacto, que se hallan escritas en la Biblia, nos fueron legadas por el Señor como un testamento (He. 9:15-16), y por medio de ellas podemos heredar las bendiciones de Su salvación. ¿Qué nos dice Dios acerca de la salvación? El nos dice que el camino de la salvación es una persona, Jesucristo (Jn. 3:16; 14:6; Hch. 10:43; 16:31). El afirma que todo aquel que crea que Jesucristo fue levantado de los muertos y que confiese con su boca que Jesús es el Señor, será salvo. El asegura que todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo (Ro. 10:9-13). ¿Ya hizo usted esto? ¿Ha creído en Cristo y ha confesado públicamente que El es su Señor? ¿Ha invocado Su nombre? De ser así, usted es realmente salvo. Y puesto que Dios lo dice, es un hecho establecido.

El Espíritu Santo da testimonio de ello juntamente con nuestro espíritu
[En segundo lugar], lo que la Biblia afirma externamente, el Espíritu Santo lo confirma en nuestro interior. En 1 Juan 5:10 se dice: “El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo”. La certeza de nuestra salvación se basa en el testimonio que el Espíritu da juntamente con nuestro espíritu (Ro.8:16) … A todo aquel que cree en el Señor le gusta dirigirse a Dios, clamando: “Abba Padre”. Además, cada vez que le decimos “Abba Padre”, tenemos una dulce y agradable sensación en nuestro interior. Esto se debe a que somos hijos engendrados de Dios, a que tenemos la vida de Dios y a que el Espíritu del Hijo de Dios ha entrado en nosotros. Tal como para nosotros es espontáneo y dulce decirle “papá” a nuestro padre terrenal, asimismo nosotros también disfrutamos de llamar a Dios: “Abba Padre”. El hecho de que hagamos esto espontáneamente, e incluso teniendo una sensación dulce y agradable, comprueba que poseemos la vida de Dios y que somos hijos engendrados de Dios. Por lo tanto, mediante el testimonio interno que el Espíritu Santo da juntamente con nuestro espíritu, podemos saber con certeza que somos hijos de Dios y que somos salvos.
Nuestro amor por los hermanos lo confirma
[En tercer lugar] podemos saber con certeza que somos salvos, por el hecho de que amamos a los hermanos. En 1 Juan 3:14 dice: “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos”. Ya que Dios es amor (1 Jn. 4:16), y nosotros tenemos Su vida, ciertamente tenemos el amor divino. Además, debido a que fuimos engendrados por Dios, espontáneamente amamos a aquellos que han sido engendrados por El (1 Jn. 5:1). Cuando una persona salva se encuentra con un hermano en el Señor, inmediatamente siente por él un afecto y un amor inexplicables. Por consiguiente, el amor que sentimos hacia todos los hermanos en el Señor demuestra que somos salvos. Esta es una prueba que brota de nuestra experiencia en vida, a la cual podemos llamar la prueba del amor. Debido a que hemos creído en el Señor, poseemos la vida divina y hemos pasado de muerte a vida; pero debido a que amamos a los hermanos, sabemos que tenemos esta vida y que hemos pasado de muerte a vida. Por lo tanto, basándonos en las palabras inequívocas de la Biblia, en la sensación que tenemos en nuestro espíritu, y en el amor que sentimos por los hermanos, podemos saber con certeza que somos salvos.
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Predeterminado Mensaje 3 para nuevos creyentes

Mensaje 3 para nuevos creyentes

Lectura bíblica
Jac.1:17 ...el Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni oscurecimiento causado por rotación.
Ro. 11:29 Porque irrevocables son los dones de gracia y el llamamiento de Dios.
La seguridad de la salvación
Sigamos adelante para ver el asunto de la seguridad de la salvación. Además de tener bases para afirmar con certeza que somos salvos, debemos ver que nuestra salvación es segura. [Es decir, que una vez somos salvos, lo somos eternamente. Este es un hecho que jamás puede ser alterado ni invalidado]. De acuerdo con la revelación de la Biblia, existen doce aspectos que demuestran que nuestra salvación es segura, los cuales son:
En Dios no hay variabilidad
En primer lugar, nuestra salvación está asegurada por el hecho de que Dios no tiene carácter variable. Jacobo 1:17 dice que en el Padre “no hay mudanza, ni oscurecimiento causado por rotación” … El no es como los cuerpos celestes, los cuales por su rotación echan sombras, como en el caso de la luna, que crece y mengua con su rotación, y del sol, que puede ser eclipsado por la luna. Nuestro Dios es confiable porque El no tiene carácter inconstante. Por lo tanto, ya que El nos ha salvado, nuestra salvación nunca podrá cambiar y nosotros jamás pereceremos.
La voluntad inmutable de Dios
En segundo lugar, nuestra salvación está asegurada por la voluntad de Dios, la cual es inmutable, es decir, nunca cambia. Hebreos 6:17 habla de “la inmutabilidad de Su consejo [de Dios]”. Puesto que el consejo de Dios, esto es, Su voluntad, es inmutable, el hecho de que El nos escogiera y nos predestinara desde antes de la fundación del mundo para que recibiéramos Su salvación (Ef. 1:4-5, 11) es también inmutable. Ya que El nos escogió y nos predestinó en la eternidad pasada para que recibiéramos la filiación, y llegáramos a ser Su herencia, El no dejará de cumplir Su voluntad.
El amor de Dios, del cual nadie puede separarnos
Nuestra salvación también está asegurada por el constante amor de Dios, un amor del cual nada ni nadie puede separarnos. En 1 Juan 4:10 leemos: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros, y envió a Su Hijo en propiciación por nuestros pecados”. Si fuéramos salvos debido a nuestro amor hacia Dios, entonces nuestra salvación no sería confiable. Sin embargo, somos salvos porque Dios nos amó, es decir, que nuestra salvación depende del amor de Dios. Y puesto que Dios nunca cambia, Su amor es también inalterable. Además, Su amor hacia nosotros es un amor infinito del cual nada ni nadie podrá separarnos (Ro. 8:39) … Puesto que nada ni nadie puede separarnos del amor de Dios, la salvación que hemos recibido nunca perderá su eficacia, ya que es eternamente segura e inmutable.
El irrevocable llamamiento de Dios
Romanos 11:29 dice que el llamamiento que Dios nos hace es irrevocable. Puesto que el llamamiento de Dios se funda en el hecho de que El nunca varía, y corresponde a la inmutable voluntad de Dios, es irrevocable e inalterable … Así que, basándonos en el llamamiento de Dios, podemos afirmar que nuestra salvación es eternamente segura.
La incontrovertible obra justificadora de Dios
Después de que el Señor Jesús fue juzgado en la cruz a nuestro favor, según lo requería la justicia de Dios, y así satisfizo los justos requisitos de Dios, nosotros los que creemos en El somos justificados conforme a la norma de la justicia divina, para la demostración de tal justicia (Ro. 3:26) … [Además], ya que el Señor Jesús satisfizo los justos requisitos de Dios a nuestro favor, ahora Dios no sólo puede perdonarnos y justificarnos conforme a la norma de Su justicia, sino que está obligado a hacerlo; de otro modo, El estaría obrando injustamente… Romanos 8:33 dice: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica”. Debido a que Dios está obligado a mantener Su justicia, El tiene que justificarnos; El ya no puede acusarnos ni condenarnos … Conforme a Su justicia, la justificación efectuada por Dios está firmemente establecida (Sal. 89:14) y es incontrovertible. Por lo tanto, nuestra salvación es eternamente segura.
La mano todopoderosa de Dios
En Juan 10:29 el Señor dijo: “Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de Mi Padre”. Puesto que Dios es superior a todos, El es también más poderoso que todos. Nadie puede arrebatarnos de Su mano todopoderosa. Por tanto, debido a que la mano de Dios es todopoderosa, nuestra salvación está asegurada.
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Predeterminado Mensaje 5 para nuevos creyentes

Mr. 16:16 El que crea y sea bautizado, será salvo, mas el que no crea, será condenado.
Hch. 8:36 Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?

El bautismo

La importancia del bautismo

Lo primero que Dios hizo al comienzo de la dispensación del Nuevo Testamento fue enviar a Juan el Bautista a predicar el bautismo de arrepentimiento (Hch. 10:37; Lc. 3:3) … Esto muestra la importancia que tiene el bautismo dentro del plan y arreglo de Dios en el Nuevo Testamento. Puede decirse que el bautismo da apertura a la dispensación neotestamentaria. Tal como la verdad del bautismo dio inicio a la dispensación neotestamentaria, de la misma manera la práctica del bautismo marca el inicio de nuestro disfrute de las bendiciones del Nuevo Testamento.
En el Nuevo Testamento, la forma verbal de la palabra “bautismo” en el idioma Griego es baptízo, que significa sumergir o sumir en agua, cubrir con agua o meter en el agua.
Muchos versículos del Nuevo Testamento hablan de la necesidad e importancia del bautismo. En Marcos 16:16 el Señor Jesús dijo a los discípulos: “El que crea y sea bautizado, será salvo; mas el que no crea, será condenado”. Este versículo no dice: “Mas el que no crea ni sea bautizado”, lo cual indica que la condenación sólo se relaciona con la incredulidad, y no tiene nada que ver con el bautismo. Todo lo que se necesita para ser salvo de la condenación es creer; no obstante, para completar la salvación interior, además de creer, es necesario ser bautizado como afirmación exterior.26 Creer en Cristo significa que uno lo recibe, no únicamente para obtener el perdón de pecados (Hch. 10:42), sino también para ser regenerado (1 P. 1:21, 23), de modo que, aquellos que creen, pueden llegar a ser hijos de Dios (Jn. 1:12-13) y miembros de Cristo (Ef. 5:30), mediante una unión orgánica con el Dios Triuno (Mt. 28:19). Ser bautizado significa que uno afirma todo esto al ser sepultado para poner fin a la vieja creación mediante la muerte de Cristo, y al ser resucitado para llegar a ser la nueva creación de Dios mediante la resurrección de Cristo.
Creer y ser bautizados son dos aspectos de un paso completo que nos permite recibir la plena salvación de Dios. Ser bautizados sin haber creído es meramente un ritual vacío; y creer sin ser bautizados es sólo experimentar la salvación internamente, sin ninguna declaración externa de nuestra salvación.
El bautismo consta de dos aspectos: el aspecto visible es el bautismo en agua, y el aspecto invisible, es el bautismo en el Espíritu Santo (Hch. 1:5; 10:47; 9:17-18; Jn. 3:5). El agua es el símbolo del bautismo, y el Espíritu Santo es la realidad de dicho bautismo. El aspecto visible es la expresión o testimonio del aspecto invisible, mientras que el aspecto invisible es la realidad del aspecto visible. Sin el aspecto invisible efectuado por el Espíritu, el aspecto visible efectuado en el agua sería vano; y sin el aspecto visible en las aguas del bautismo, el aspecto invisible, efectuado por el Espíritu, sería abstracto e impracticable, sin ninguna expresión [visible]. Ambos aspectos son necesarios.
En el caso de Felipe, al predicarle el evangelio al eunuco etíope (Hch. 8:26-39)29 se hizo especial énfasis en el bautismo en agua, pero no se hizo ninguna mención del bautismo en el Espíritu. Esto debe ser para nosotros una instrucción muy clara de que debemos prestar atención al bautismo en agua, el cual representa la identificación que tienen los creyentes con la muerte y la resurrección de Cristo (Ro. 6:3-5; Col. 2:12), así como también al bautismo en el Espíritu [1 Co. 12:13]. El bautismo en el Espíritu produce la realidad de la unión que tienen los creyentes con Cristo, en vida esencialmente, y en poder económicamente, mientras que el bautismo en agua es la afirmación que hacen los creyentes con respecto a la realidad del Espíritu … Todos los que han creído en Cristo deben experimentar apropiadamente ambos bautismos, tal como los hijos de Israel fueron bautizados en la nube (que representa al Espíritu), y en el mar (que representa el agua), 1 Co. 10:2.
Ante Dios hay sólo un bautismo, el cual consta de dos aspectos: el aspecto del agua y el aspecto del Espíritu…Cada vez que bautizamos a alguien, lo bautizamos simultáneamente en agua y en el Espíritu.

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Antiguo 31/07/05, 13:39:13
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Predeterminado Mensaje 6 para nuevos creyentes

Lectura bíblica
Mt. 28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
1 P. 3:20-21 ...mientras se preparaba el arca, en la cual algunos, es decir, ocho almas, fueron llevadas a salvo por agua. Esta os salva ahora a vosotros ... en el bautismo (no quitando las inmundicias de la carne, sino como petición de una buena conciencia a Dios) por medio de la resurrección de Jesucristo.

El significado del bautismo

Ser bautizados significa ser introducidos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mt. 28:19). Bautizar a las personas en el nombre del Dios Triuno es introducirlos en una unión espiritual y mística con El … El nombre es la totalidad del Ser Divino y equivale a Su Persona. Bautizar a alguien en el nombre del Dios Triuno es sumergirlo en todo lo ue el Dios Triuno es.[Además], cuando el bautismo se practica de una manera apropiada, genuina y viviente, introduce a los creyentes en … Cristo, una persona viva (Gá. 3:27); en la muerte de Cristo, una muerte eficaz (Ro. 6:3); y en el Cuerpo de Cristo, un organismo viviente (1 Co. 12:13), a fin de que los creyentes entren en una unión orgánica no sólo con Cristo, sino también con Su Cuerpo. Por un lado, hemos sido bautizados en el Dios Triuno y en Cristo; y por otro, hemos sido bautizados en Su muerte. El bautismo, en este segundo aspecto, nos limpia de las cosas negativas, como el pecado, la carne, el yo y la vieja creación. El fruto final del bautismo es que somos introducidos en el Cuerpo. Alabamos al Señor porque hemos sido bautizados en la entidad orgánica del Cuerpo de Cristo, con miras a que El sea expresado.

El bautismo está tipificado por el agua mediante la cual fueron salvos
Noé y su familia

Bajo la inspiración del Espíritu Santo, Pedro nos dice que el cuadro del diluvio en el que Noé y su familia fueron llevados a salvo en el arca, era un tipo del bautismo [1 P. 3:20-21].
Las aguas del diluvio separaron a los que estaban en el arca, del mundo en el que una vez estuvieron, a fin de que pudieran ser librados de aquella era corrupta. Esto significa que el agua del bautismo separa a los que estamos en Cristo, apartándonos del mundo en el que anteriormente vivíamos, a fin de que podamos ser librados de esta generación torcida y perversa. Por lo tanto, tal como Noé y su familia fueron salvos gracias al diluvio, y fueron librados de aquella generación corrupta, así también nosotros somos salvos al pasar por el agua del bautismo y somos librados de esta generación torcida. Por un lado, por fe ellos entraron en el arca, por medio de la cual fueron salvos, escapando así del juicio que Dios ejecutó por medio del diluvio. Por otro, ellos estuvieron en el arca durante el diluvio, por medio del cual fueron llevados a salvo; esto es, fueron salvos del mundo anterior e introducidos en un mundo renovado.

La realidad del bautismo es el Cristo resucitado como Espíritu vivificante

El bautismo en sí mismo no quita las inmundicias de nuestra carne [1 P. 3:21]: la suciedad de nuestra naturaleza caída y la contaminación de los deseos carnales. La enseñanza errónea referente a la salvación por el bautismo, la cual se basa en este versículo y en Marcos 16:16 y Hechos 22:16, es corregida aquí. El bautismo es sólo una figura; su realidad es Cristo en resurrección como Espíritu vivificante, quien nos aplica todo lo que Cristo logró en Su crucifixión y en Su resurrección, haciendo que estas cosas sean reales en nuestra vida diaria.

El bautismo es una petición a Dios

El bautismo es una petición a Dios de parte de los bautizados, de una buena conciencia hacia El (1 P. 3:21). Cuando fuimos bautizados, fuimos introducidos en Cristo para identificarnos con Su muerte, sepultura y resurrección [Ro. 6:3-4]; por consiguiente, mediante el bautismo pudimos obtener una buena conciencia.38 Todos nuestros pecados, delitos y transgresiones fueron perdonados, y todos los problemas que mantenían nuestra vida y nuestro ser alejados de El, fueron sepultados en el agua … Puesto que todas las barreras fueron quitadas, ahora podemos tener una conciencia buena y pura.

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Gn. 1:27 Y creó Dios al hombre a su imagen...
Job 32:8 Ciertamente espíritu hay en el hombre...

El espíritu mezclado

Dios creó al hombre a Su imagen como un vaso para contenerle

El primer aspecto crucial y sobresaliente en cuanto a la creación del hombre es que Dios creó al hombre a Su imagen y conforme a Su semejanza (Gn. 1:26a).40 ¿Quién es la imagen de Dios? La Biblia nos dice que Cristo es la imagen de Dios [2 Co. 4:4b; Col. 1:15]41 … Romanos 9:21 dice que Dios nos creó y nos escogió con el objetivo de que fuéramos vasos para contenerle a El. Por lo tanto, no solamente fuimos creados conforme a la imagen de Cristo, sino que también fuimos creados como vasos en lugar de instrumentos ... Dios no nos creó como instrumentos para que obráramos para El; en cambio, nos creó como vasos para contenerle.

Dios creó al hombre con un espíritu

El segundo aspecto sobresaliente en la creación del hombre es que Dios le dio al hombre un espíritu .... Génesis 2:7 dice que Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Sin duda, esto se refiere al cuerpo del hombre como la forma externa de su ser .... Después de que Dios formó un cuerpo para el hombre, El sopló en su nariz el aliento de vida. El polvo no tiene vida, pero el aliento de Dios sí tiene vida .... En Génesis 2:7 la palabra que se usa para aliento en Hebreo es neshamah. Se usa también en Proverbios 20:27, que dice: “Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre”. Esto indica que el mismo aliento de vida que se sopló en el cuerpo del hombre llegó a ser el espíritu del hombre. Esto se confirma con Job 32:8, donde dice: “Ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda”. En este versículo “espíritu hay en el hombre” y “el soplo del Omnipotente” se encuentran en aposición, lo que indica que el espíritu del hombre y el soplo de Dios son uno. El espíritu del hombre es el aliento de Dios y el aliento de Dios es el espíritu del hombre. [Además], el cuerpo del hombre y el espíritu del hombre se unieron para producir un alma viviente (Gn. 2:7)…Un ser humano es un alma con dos órganos. El órgano exterior
es el cuerpo y el órgano interior es nuestro espíritu, el cual es el aliento de vida. Así que en 1 Tesalonicenses 5:23 se nos dice que un hombre completo está compuesto de espíritu, alma y cuerpo
Cuando el hombre tripartito fue creado se le dio un espíritu para que éste fuera el receptor y recipiente de la vida divina (Gn. 2:7; Pr. 20:27).45 Una radio tiene un receptor en su interior para poder recibir, contener y expresar las ondas radiales que se trasmiten a través del aire. La caja exterior de la radio no es suficiente. Necesita un receptor. Dentro de nosotros también hay un receptor, y éste es nuestro espíritu.
Zacarías 12:1. … clasifica al espíritu del hombre con los cielos y la tierra. Dice que el Señor es Aquel que extendió los cielos, fundó la tierra y formó al espíritu del hombre dentro de él ... Esto muestra que solamente estas tres cosas son importantes y esenciales en este universo. Los cielos fueron creados para la tierra, la tierra, para el hombre y el hombre tiene un espíritu para Dios. Con esto vemos el propósito, el significado, del universo. Los cielos con todas las estrellas y planetas fueron creados para la tierra. La tierra no fue creada para los cielos, sino para el hombre, ya que sin ella el hombre no podría existir. La tierra es el lugar óptimo para que podamos vivir y cumplir el propósito con el cual fuimos creados. El hombre no fue creado para la educación, la vestimenta, el alimento, la vivienda o para el entretenimiento. El hombre existe únicamente para Dios. El hombre es una botella hecha para Dios, un envase que ha de contener a Dios.
Como tales botellas, necesitamos un receptor que pueda recibir a Dios. Dios es Espíritu (Jn. 4:24). Debido a que Dios es Espíritu, necesitamos un espíritu con el cual recibirlo. Solamente nuestro espíritu puede recibir al Espíritu. Solamente nuestro espíritu puede tocar al Espíritu. Solamente nuestro espíritu puede contener al Espíritu.
Si no tuviéramos un espíritu ... nuestra existencia carecería de sentido. Asimismo, si no existiera Dios en el universo, el universo entero llegaría a estar vacío ... Si Dios no fuera el Espíritu y si nosotros no tuviéramos un espíritu para contactar a Dios, [para contener a Dios], para ser uno con Dios, el universo entero estaría vacío, y nosotros seríamos la nada. Con esto vemos la importancia de nuestro espíritu.
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Mensaje 8
Vida cristiana: Desarrollo, crecimiento y madurez

Lectura bíblica

Jn. 3:6 …Lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
4:24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y con veracidad es necesario que adoren.
Ro. 8:16 El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Regenerados en nuestro espíritu

Cuando un pecador se arrepiente, confiesa sus pecados, cree en el Señor Jesús e invoca Su nombre, en ese mismo momento Cristo como Espíritu vivificante entra en su espíritu para avivar su espíritu muerto, es decir, para regenerarlo en su espíritu. Inmediatamente esa persona llega a estar viva, contenta y alegre ... Ha habido un gran cambio en su vida. Este pecador ha sido salvo, ha sido regenerado, y ahora es un cristiano.

El Espíritu divino y el espíritu humano

Para experimentar la vida cristiana, sin duda debemos conocer a Dios, al Señor, a Cristo, como Espíritu. También debemos saber que tenemos un espíritu dentro de nosotros con el cual podemos disfrutar a este Espíritu. [Por lo tanto], el fundamento de la vida cristiana es el Espíritu que está con nuestro espíritu.
En el Nuevo Testamento... tres versículos que hablan del espíritu humano y del Espíritu divino [son: Juan 3:6; 4:24 y Romanos 8:16]. Juan 3:6 dice “Lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. El primer espíritu mencionado en este versículo es el Espíritu de Dios, y el segundo es nuestro espíritu. Esto significa que nuestro espíritu nace de Dios el Espíritu ... El nacimiento del espíritu en Juan 3:6 no se refiere al primer nacimiento, el nacimiento natural; sino al segundo nacimiento, el nacimiento espiritual. Todas las personas salvas han nacido dos veces ... El primer nacimiento, de parte de nuestros padres, es el nacimiento en la carne; el segundo nacimiento, de Dios, es el nacimiento en nuestro espíritu ... ¡Aleluya por el segundo nacimiento! Somos personas que procedemos del segundo nacimiento. Jamás debemos olvidarnos de los dos espíritus en Juan 3:6: el espíritu humano y el Espíritu divino.
Otro versículo precioso que habla de estos dos espíritus es Juan 4:24. Este versículo dice: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y con veracidad es necesario que adoren”.
Aquí vemos otra vez que Dios es un Espíritu y que nosotros tenemos un espíritu. Si vamos a adorar a Dios, debemos adorarle en nuestro espíritu. Como seres humanos, tenemos numerosos órganos: ojos para ver, oídos para oír, una boca para hablar y comer, una nariz para oler y respirar, manos para trabajar y pies para caminar. También tenemos varios órganos internos, incluyendo un estómago para contener y digerir la comida. Además de todos estos órganos, tenemos un espíritu con el que podemos adorar a Dios.
El hombre fue hecho por Dios y para Dios. Fue hecho para adorar a Dios, para contactar a Dios, para recibir a Dios, para contener a Dios y aun para digerir a Dios. Puede ser que nuestra mentalidad religiosa sea ofendida por la idea de digerir a Dios. Sí, debemos digerir a Dios. El Señor Jesús dijo que El era el pan de vida y que nosotros debemos comerle (Jn. 6:35, 54-57). ¡Jesús es comestible! Si le comemos, también debemos digerirle. La función de este órgano que es nuestro espíritu es adorar, contactar, recibir, contener y digerir a Dios. Podemos llamar a este órgano nuestro estómago espiritual ... Este es el órgano con el cual digerimos a Dios. Debemos recibir a Dios en esta parte de nuestro ser.
El tercer versículo que trata de los dos espíritus es Romanos 8:16, el cual dice: “El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”. Aquí vemos que el Espíritu divino da testimonio juntamente con nuestro espíritu. Muchas veces estos dos espíritus conversan entre sí. Nuestro espíritu podría decir: “Dios es mi Padre”, y el Espíritu divino dirá: “Amén”. El Espíritu divino podría decir: “Tú eres un hijo de Dios”, y nuestro espíritu dirá “¡Aleluya!”
Todos debemos familiarizarnos en detalle con estos tres versículos acerca de los dos espíritus. Acuérdense de que en Juan 3:6 nuestro espíritu nace del Espíritu; en Juan 4:24, nuestro espíritu adora al Espíritu; y en Romanos 8:16, el Espíritu da testimonio juntamente con nuestro espíritu. Estos tres versículos prácticamente lo incluyen todo. En Juan 3:6 nacemos de nuevo, en Juan 4:24 digerimos a Dios y lo disfrutamos, y en Romanos 8:16 andamos con Dios, vivimos por Dios, y somos uno con Dios en nuestro ser. Esta es la vida cristiana, el vivir cristiano.
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1 Cor. 15:45 … Fue hecho ... el postrer Adán, Espíritu vivificante.
6:17 Pero el que se une al Señor, es un solo espíritu con El.

El Señor Espíritu es uno con nuestro espíritu

Todos necesitamos ver que el hecho de que hayamos creído en Jesús y de que hayamos sido bautizados en El, significa que El ha entrado en nosotros y nosotros hemos sido puestos en El, de modo que El y nosotros llegamos a ser uno. El está en nosotros, y nosotros estamos en El. Esto es posible solamente debido a los dos espíritus. El es el Espíritu divino, y nosotros tenemos un espíritu humano. El Espíritu divino está en nuestro espíritu humano. Por lo tanto, en nuestro espíritu somos un espíritu con El.
En 1 Corintios 15:45 dice que el postrer Adán, el Señor Jesús nuestro Salvador, llegó a ser un Espíritu vivificante. Este Espíritu ha entrado en nuestro espíritu. Por lo tanto, 1 Corintios 6:17 dice que hemos llegado a ser un espíritu con el Señor. Dentro de nosotros verdaderamente es un hecho que los dos espíritus están mezclados como un espíritu ... En 2 Timoteo 4:22 Pablo dice: “El Señor esté con tu espíritu”. Esto implica que el Señor es Espíritu; de lo contrario, El no podría entrar en nuestro espíritu y estar con nuestro espíritu. Esto demuestra una vez más que el Señor Espíritu ha llegado a ser un espíritu con nuestro espíritu.

Practicar el ser un espíritu con el Señor

La vida cristiana más elevada es una vida en la cual los dos espíritus llegan a ser un espíritu. Esto va más allá de la ética y la moral. Hoy en día usted y yo no solamente tenemos una conciencia, el conocimiento innato del bien y la habilidad innata de hacer el bien ... ni únicamente tenemos un espíritu creado, sino que en nuestro espíritu creado también tenemos al Espíritu de Dios, quien es nuestro Redentor y quien llegó a ser el Espíritu vivificante. Hoy, quiero ayudarles a todos a que se ejerciten en la práctica de vivir por este espíritu mezclado, es decir, que practiquen el ser un espíritu con el Señor. El ser salvo no sólo consiste en que a usted se le haya perdonado sus pecados, que haya sido lavado por la sangre, o que haya sido redimido y regenerado, sino en que, además, el Señor como Espíritu ha entrado en su espíritu y se ha mezclado con su espíritu regenerado para llegar a ser un espíritu. Este hecho es el más precioso.
Cristo llegó a ser el Espíritu vivificante para ser la vida y la suministración de vida en nuestro espíritu. Por lo tanto, debemos vivir en nuestro espíritu para experimentar la salvación y la abundante suministración del Espíritu. El hombre está compuesto de tres capas: la capa más externa es el cuerpo; dentro de ésta está la segunda capa, la cual es el alma; y dentro del alma está la tercera capa, la cual es el espíritu. Hoy, Cristo es el Espíritu, y dentro de nosotros también tenemos un espíritu; por lo tanto, podemos experimentarlo a El. Los dos espíritus —el Espíritu del Señor y nuestro espíritu—están mezclados y tienen comunión el uno con el otro. Al respecto, podemos compararlo con el metal que conduce la electricidad. Si pecamos, es como si un material aislante se interpusiera entre nosotros y el Señor, y entonces la “electricidad” no podrá pasar. En dicho momento necesitamos abrirnos a El en nuestro espíritu para arrepentirnos y confesar nuestros pecados. De esta manera, la barrera del pecado es anulada; e inmediatamente podemos tener comunión con el Señor Espíritu y una vez más experimentar Su salvación en nosotros. Entonces, el Señor Jesús ya no será una doctrina para nosotros, sino una realidad. Como Espíritu, El ahora mora en nuestro espíritu para que podamos experimentarle diariamente como nuestra salvación.
Para tocar a Dios en el espíritu, algunas veces debemos detener las actividades de nuestro cuerpo y de nuestra alma, y entonces debemos clamar a Dios e invocar al Señor Jesús desde
la parte más profunda de nuestro ser. Si hacemos esto, inmediatamente habrá luz dentro de nosotros. Siempre y cuando detengamos las actividades de nuestro cuerpo y de nuestra alma, dejemos que el Espíritu obre en nosotros. y le invoquemos desde nuestro espíritu: “¡Oh Dios! ¡Oh Señor Jesús!” entonces, en vez de encontrarnos en nuestras actividades externas, permaneceremos en nuestro espíritu, la parte más profunda de nuestro ser.
Muchas veces me han preguntado cómo yo, a mi avanzada edad, puedo permanecer tan activo y tan vigoroso. Mi secreto es que soy un espíritu con el Señor. Hoy en día, se fabrican muchos juguetes eléctricos, y es la electricidad lo que los hace tan activos. Debido a que somos un espíritu con Cristo, tenemos la electricidad celestial y divina que nos da energía continuamente.
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Is. 12:4 … Alabad a Jehová, invocad Su nombre.
Ro. 10:12 Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos y es rico para con todos los que le invocan.

Invocar el nombre del Señor

Comenzar el día invocando el nombre del Señor

Después de levantarnos por la mañana, todo lo que hagamos debe ser hecho en nuestro espíritu. Debemos comenzar nuestro día viviendo y andando en nuestro espíritu. Si nos levantamos de una manera inapropiada, echaremos a perder el día entero. Lo mejor que podemos hacer después de levantarnos es invocar el nombre del Señor. Cuando invocamos:
“Oh Señor Jesús”, estamos en el espíritu (1 Co. 12:3). Invocar de esta manera hace que dejemos todo lo demás y que regresemos a nuestro espíritu.

El significado de invocar el nombre del Señor

¿Cuál es el significado de invocar el nombre del Señor? Algunos cristianos piensan que invocar el nombre del Señor significa lo mismo que orarle a El. Sí, invocar es un tipo de oración, pero no es meramente orar. La palabra hebrea que se traduce invocar significa llamar, clamar, gritar. La palabra griega que se traduce invocar significa invocar a una persona, llamar a una persona por nombre. Es decir, llamar audiblemente a una persona. Aunque la oración puede ser hecha en silencio, debemos invocar de manera audible.
Hay dos profetas del Antiguo Testamento que nos ayudan a entender lo que significa invocar al Señor. Jeremías nos dice que invocar al Señor significa clamar a El y así respirar espiritualmente. “Invoqué Tu nombre, oh Jehová, desde el hoyo más profundo. Oíste mi voz; no escondas Tu oído a mis suspiros, a mi clamor” (Lm. 3:55-56). Isaías también nos dice que al invocar al Señor clamamos a El: “He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí. Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación. Y diréis en aquel día: Alabad a Jehová, invocad Su nombre ... Cantad salmos a Jehová ... Clama y grita de júbilo, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel” (Is.12:2-6). ¿Cómo puede Dios llegar a ser nuestra salvación, nuestra fortaleza y nuestra canción? ¿Cómo podemos sacar con gozo aguas de las fuentes de la salvación? La manera es invocar Su nombre, alabar al Señor, cantar un himno, y clamar y gritar. ¡Todo esto corresponde con el invocar que se menciona en el versículo 4!
Invocar al Señor comenzó en la tercera generación de la raza humana con Enós, el hijo de Set (Gn. 4:26). La historia de invocar el nombre del Señor continuó a lo largo de la Biblia con Abraham (Gn. 12:8), Isaac (Gn. 26:25), Moisés (Dt. 4:7), Job (Job 12:4), Jabes (1 Cr. 4:10), Sansón (Jue. 16:28), Samuel (1 S.12:18), David (2 S. 22:4), Jonás (Jon. 1:6), Elías (1 R. 18:24) y Jeremías (Lm. 3:55). Los santos del Antiguo Testamento no solamente invocaron al Señor, sino que también profetizaron que otros invocarían Su nombre (Jl. 2:32; Sof. 3:9; Zac. 13:9).
Los creyentes neotestamentarios también practicaron el invocar el nombre del Señor [Hch. 9:14; 22:16; 1 Co. 1:2; 2 Ti. 2:22] comenzando en el día de Pentecostés (Hch. 2:21). Mientras Esteban estaba siendo apedreado a muerte, él estaba invocando el nombre del Señor (Hch. 7:59) ... Saulo de Tarso recibió autoridad de los sacerdotes principales para atar a todo aquel que invocara el nombre del Señor (Hch. 9:14) ... Esto indica que todos los santos de la iglesia primitiva invocaban el nombre de Jesús, lo cual era una señal [de que] ... eran cristianos.
El apóstol Pablo hizo hincapié en invocar el nombre de Señor cuando escribió el libro de Romanos. El dijo: “Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos y es rico para con todos los que le invocan; porque: ‘Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo’ ” (Ro.10:12-13). Pablo también habló acerca de invocar al Señor en 1 Corintios cuando escribió: “Con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro” (1 Co. 1:2). Además, en 2 Timoteo le dijo a Timoteo que siguiera las cosas espirituales con los que de corazón puro invocaran al Señor (2:22) ... Hoy en día el Señor quiere recobrar la práctica de invocar Su nombre para que así podamos disfrutar las riquezas de Su vida.
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Ro.10:13 Porque: “Todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo”.
Sal. 116:13 Tomaré la copa de salvación e invocaré el nombre de Jehová.

La razón por la cual necesitamos invocar el nombre del Señor

¿Por qué necesitamos invocar el nombre del Señor? Los hombres necesitan invocar el nombre del Señor para ser salvos (Ro. 10:13). Orar silenciosamente ayuda a que las personas sean salvas, aunque no de manera tan rica. No obstante, invocar el nombre del Señor en voz alta ayuda a que las personas sean salvas de una manera más rica y completa. Por lo tanto, debemos animar a las personas a que abran suser y a que invoquen el nombre del Señor Jesús. El salmo 116 dice que podemos participar de la salvación al invocarle: “Tomaré la copa de salvación, e invocaré el nombre de Jehová” (v. 13). En este salmo se menciona cuatro veces el invocar al Señor (vs. 2, 4, 13, 17). Como hemos visto anteriormente, la manera de sacar agua de las fuentes de la salvación es invocar el nombre del Señor (Is. 12:2-4). Muchos cristianos nunca han invocado al Señor. Si usted nunca ha invocado Su nombre, ni tampoco ha clamado gozoso ante el Señor, es poco probable que le haya disfrutado de una manera rica. “¡Invocad Su nombre! ... ¡Clama y grita de júbilo!” (Is. 12:4, 6). Intente exclamar ante El. Si nunca ha gritado expresando lo que significa el Señor para usted, inténtelo. Cuanto más exclame: “¡Oh Señor Jesús, Tú eres tan bueno conmigo!” más se liberará de su yo y será lleno del Señor. Miles de santos se han liberado y enriquecido al invocar el nombre del Señor.
Otra razón por la cual necesitamos invocar al Señor es para ser rescatados de la angustia (Sal. 18:6, 118:5), de los problemas (50:15; 86:7; 81:7), de la pena y del dolor (116:3-4). Las personas que han argumentado en contra de invocar al Señor se han encontrado invocándolo cuando tenían algún problema o enfermedad. Cuando nuestras vidas están libres de problemas, podemos argumentar en contra de invocar al Señor. Pero cuando llegan los problemas, nadie tiene que decirnos que invoquemos Su nombre; ya que lo haremos espontáneamente ... Además, la manera en que podemos participar de la misericordia abundante del Señor es invocarle ... (Sal. 86:6). Otra razón por la cual necesitamos invocar al Señor es para recibir al Espíritu (Hch. 2:17a, 21). La mejor manera, y la más fácil, de ser llenos del Espíritu Santo es invocar el nombre del Señor Jesús. El Espíritu ya ha sido derramado. Simplemente necesitamos recibirle en nuestro ser al invocar al Señor.
Isaías 55:1 dice: “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche”. ¿Cuál es la
manera de comer y beber al Señor? Isaías nos lo dice en el versículo 6 del mismo capítulo. “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano”. Así que, la manera de comer el alimento espiritual y ser satisfechos, es buscar al Señor e invocar Su nombre.
Romanos 10:12 dice que el Señor de todos es rico para con todos los que le invocan. La manera de disfrutar las riquezas del Señor es invocarle. El Señor no solamente es rico, sino que también está cerca y disponible, porque El es el Espíritu vivificante (1Co. 15:45). Como Espíritu, El es omnipresente ... Cuando le invocamos, El viene a nosotros como Espíritu, y nosotros disfrutamos Sus riquezas.
Si yo invoco el nombre de alguien, y esta persona es real, viviente y está presente, ella vendrá. ¡El Señor Jesús es real, viviente y está presente! Siempre está disponible. Siempre y
cuando invoquemos Su nombre, El vendrá. ¿Quiere disfrutar la presencia del Señor con todas Sus riquezas? La mejor manera de experimentar Su presencia con todas sus riquezas es invocar Su nombre. Invóquelo cuando conduzca en la autopista o mientras esté en el trabajo. Donde sea y cuando sea puede invocar Su nombre.
Además, al invocar el nombre del Señor, podemos despertarnos. Isaías 64:7 dice: “Y nadie hay que invoque Tu nombre, que se despierte para apoyarse en Ti”. Cuando sentimos que estamos deprimidos o abatidos, podemos animarnos y despertarnos al invocar el nombre del Señor Jesús.
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1 Co. 12:13 Porque en un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un solo cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. 3 …Y nadie puede decir: ¡Jesús es Señor! sino en el Espíritu Santo.

De corazón puro invoque al Señor corporativa y diariamente, por el resto de su vida

¿Cómo debemos invocar al Señor? Debemos invocarle de corazón puro (2 Ti. 2:22). Nuestro corazón, desde el cual invocamos al Señor, debe ser puro y debe buscar únicamente al Señor mismo. También debemos invocar con pureza de labios (Sof. 3:9). Debemos tener cuidado con lo que hablamos, porque nada contamina más nuestros labios que las palabras ociosas. Si nuestros labios son impuros debido a que hablamos muy a la ligera, nos será difícil invocar al Señor ... Además, debemos invocar al Señor de manera corporativa. En 2 Timoteo 2:22 se nos dice: “Huye de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón puro invocan al Señor”. Necesitamos reunirnos con el objetivo de invocar al Señor. Salmos 88:9 dice: “Te he llamado, oh Jehová, cada día”. Así que, debemos invocar diariamente Su nombre. Además, Salmos 116:2 dice: “Por tanto, le invocaré en todos mis días”. Mientras vivamos, debemos invocar el nombre del Señor.
Disfrutar, respirar y beber al Señor

Invocar al Señor es disfrutar al Señor, inhalar al Señor. Invocar es simplemente respirar. A Jeremías se le designó como el “profeta llorón”. Habiendo concluido el libro de Jeremías, él sintió que aún no había terminado, así que escribió el libro de Lamentaciones como un libro de llanto. En este libro de llanto hay dos versículos maravillosos y gozosos: “Invoqué Tu nombre, oh Jehová, desde el hoyo más profundo; Oíste mi voz; no escondas Tu oído a mis suspiros, a mi clamor (3:55-56)”. Al invocar al Señor, le respiramos ... Algunas veces nuestro querido esposo o esposa o nuestros hijos nos ponen en “el hoyo más profundo”. Siempre que usted se encuentre en “el hoyo más profundo” no murmure ni se queje. Sencillamente invoque “Oh Señor Jesús”, y será llevado al tercer cielo. Invocar al Señor es simplemente inhalarle. El versículo 56 dice: “No escondas tu oído a mis suspiros, a mi clamor”. El Señor inclina Su oído a nuestro suspiros. Esta respiración espiritual es lo que ocurre cuando invocamos: “Oh Señor Jesús, oh Señor Jesús”.
La clave del disfrute del Espíritu se encuentra en 1 Corintios 12:13. Todos debemos creer sinceramente que hemos experimentado la primera mitad de 1 Corintios 12:13. En un Espíritu, esto es, en el Espíritu, fuimos todos bautizados en un solo Cuerpo, sean judíos o griegos. El Espíritu y el Cuerpo están conectados. Nosotros, los creyentes del Señor, debemos creer que en ese Espíritu fuimos todos bautizados en un solo Cuerpo ... Debido a que usted cree que está en el Cuerpo, entonces también tiene que creer que está en el Espíritu ... Todos fuimos bautizados en el Espíritu y ahora necesitamos beber de este Espíritu.
La manera de beber se encuentra en el versículo 3 del mismo capítulo: “Nadie puede decir: ¡Jesús es Señor!, sino en el Espíritu Santo”. Esto es semejante a decir: “Nadie puede respirar sin que entre en él el aire”. ¿Podemos decir que estamos respirando, sin que el aire entre en nosotros? Si respiramos, el aire, de seguro, entra en nosotros ... Si decimos: “¡Oh Señor Jesús!”, estamos en el Espíritu, lo cual equivale a beber del Espíritu. La manera en que bebemos al Espíritu es decir: “Oh Señor Jesús”.
El himno #41 en Himnos fue escrito por la señorita M. E. Barber, una hermana de avanzada edad quien ayudó mucho al hermano Watchman Nee. La segunda estrofa dice: “Salvador, tan poderoso, colmas mi necesidad; respirar, Jesús, Tu Nombre me da vida en verdad” ... Invocar el nombre del Señor es respirarle, y respirarle es beberle. La manera de beber del Espíritu es invocar: “¡Oh Señor Jesús!” ... Si tiene sed, invoque al Señor. En cualquier momento o en cualquier lugar, incluso cuando estemos conduciendo, podemos tener sed. Entonces podemos invocar al Señor y recibir el agua viva. Inténtelo y verá que da resultados ... Esto es muy simple, y ésta es nuestra vida cristiana. Nuestra vida cristiana debe ser una vida en la cual siempre invocamos al Señor
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Himnos, #290
1 Dios en sustancia Espíritu es,
Su esencia santa y divinal;
Para tocar Su Espíritu
El mío debo ejercitar.

2 En el hombre su espíritu
Es lo más hondo y lo más real;
Para tocar en vida a Dios
Debe su espíritu usar.

3 Sólo por el Espíritu
Se debe al Padre adorar;
Su Espíritu viene a morar
En el nuestro en unidad.

4 Su Espíritu a mi espíritu
Llama y hace la unidad;
Su Espíritu es vida en mí,
Y el mío llega a ser Su hogar.

5 Sólo con mi espíritu
Puedo al Padre adorar;
Si en Sus riquezas quiero entrar
Su Espíritu debo tocar.

6 La comunión debe llevar
El hombre al espíritu;
Allí él debe orar y hallar
Respuesta de Tu Espíritu.

7 Debemos en espíritu
Orar a Dios y a El servir,
Crecer en vida, edificar,
Para a Cristo exhibir.
8 Señor, yo quiero hoy volver
Al espíritu y aprender
Cómo tocar Tu Espíritu,
Hasta que fluyas en mi ser.

Himnos, #41

1 En Tu Nombre tan glorioso,
Oh Jesús, me albergué;
Trascendido en Tu Nombre,
La victoria en Ti hallé.

2 Salvador, tan poderoso,
Colmas mi necesidad;
Respirar, Jesús, Tu Nombre
Me da vida en verdad.

3 Todo el universo muestra
De Tu Nombre el gran poder;
Pero a los perdonados,
Oh Jesús, ¡que dulce es!

4 ¡Jesucristo! Nombre amado,
Eres bálsamo al dolor;
En Tu Nombre conquistamos,
Ven, glorioso Salvador.
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Mensaje 13
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Jn. 1:1 En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.
1 Jn. 1:1 Lo que era desde el principio … tocante al Verbo de vida.

El Verbo [la Palabra] de vida
La Biblia es superior a todos los otros libros del mundo; es un libro excepcional. Abraham Lincoln, el décimo sexto presidente de Estados Unidos, dijo una vez: “La Biblia es el mejor
regalo que Dios le ha dado al hombre. Por medio de este libro se nos comunica todo el bien del Salvador del mundo”. La Biblia es el libro más leído, y se ha traducido a más de mil idiomas, más que cualquier otro libro … La palabra “Biblia” proviene de la palabra griega bíblos, que significa “el libro”. Esto significa que la Biblia es superior a todos los otros libros del mundo.
La Biblia es inspirativa porque es el Verbo de vida, el Verbo vivo; es viviente porque es la expresión del Dios vivo. En la Deidad, Cristo es el Verbo de vida … En el griego, la expresión traducida “el Verbo de vida” indica que el Verbo es vida. En Su persona, Cristo es la vida divina, la vida eterna, la cual podemos tocar.65 [Por consiguiente], el Verbo [la Palabra] es un Ser viviente, es una Persona divina, es Cristo el Hijo del Dios viviente (Ap. 19:13). Nuestro Señor Jesucristo es el Verbo eterno [Jn. 1:1], y El es también el Verbo viviente [1 Jn. 1:1]. Además, Cristo es el Verbo escrito, las santas escrituras, la Biblia (He. 10:7; Lc. 24:27, 44). El es también la Palabra hablada, el réma, la palabra dada para el momento, la cual es espíritu y vida para el hombre (Jn. 6:63). Por lo tanto, Cristo es la Palabra eterna, la Palabra viva, la Palabra escrita y la Palabra hablada. La intención de Dios conforme a Su economía [plan] es impartir a Cristo en nosotros, lo cual requiere un medio. La Biblia es el medio que Dios usa para impartir a Cristo en nosotros.

Dos maneras de tomar la Biblia

Hay dos maneras de tomar la Biblia: la manera externa y la manera interna. La manera externa de tomar la Biblia consiste en ejercitar nuestra mente para simplemente entenderla,
mientras que la manera interna consiste en emplear nuestro espíritu, no con el objetivo principal de entender la Palabra, sino de tocar el espíritu y obtener el suministro de vida que ella provee. Juan 1:1 es un versículo maravilloso. Supongamos que dos hermanos leen juntos este versículo, y después de leerlo, uno de ellos pregunta: “¿Qué significa en el principio?” El otro hermano responde: “Dios mismo es el principio”. El primer hermano argumenta: “No creo. ¿Cómo puede decir que Dios es el principio? No entiendo. Y ¿qué entonces es el Verbo? Este versículo dice que el Verbo estaba con Dios y que el Verbo era Dios…” Este es un ejemplo de lo que es tomar la Biblia de manera externa. Tomar la Biblia de esta manera, aunque sea por unos pocos minutos, nos trae muerte.
Hay otra manera de tomar la Biblia, la manera interna, la cual consiste en ejercitar nuestro espíritu. Supongamos que los mismos hermanos leen la Palabra diciendo: “Oh Señor, en el
principio. En el principio era el Verbo. ¡Amén! ¡Aleluya por el principio! Oh Señor, el Verbo. ¡Aleluya por el Verbo! Y el Verbo estaba con Dios. ¡Oh Dios! Y el Verbo era Dios!” Cuando ejercitamos nuestro espíritu para tocar la Palabra de una manera tan viviente, posiblemente no entendamos mucho, pero somos llenos del Espíritu y obtenemos la provisión de vida … Lo mismo sucede con cada versículo o capítulo, desde el primer versículo de Génesis hasta el último versículo de Apocalipsis. Algunas veces no entendemos lo que leemos, y otras veces entendemos pero no podemos expresar lo que vemos. Incluso podríamos decir tal vez: “¡Alabado sea el Señor, recibí algo esta mañana, pero no tengo las palabras para explicarlo!” Esta es la manera correcta. La manera correcta de tocar la Biblia consiste en tocar al Señor mismo. Nunca debemos separar la Biblia y al Señor. Siempre que abramos la Biblia, tenemos que abrir nuestra boca y nuestro espíritu para decirle algo al Señor. Podemos decirle: “¡Oh Señor! ¡Oh Señor Jesús!
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Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
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1 P. 2:2-3 Desead, como niños recién nacidos, la leche de la palabra dada sin engaño, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado lo bueno que es el Señor.
Mt. 4:4 Mas El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Acercarnos a la Palabra para “probar” al Señor

En 1 Pedro 2:2-3 tenemos un pasaje muy importante … Estos versículos son importantes para nosotros porque ellos nos dicen claramente cómo probar al Señor: Bebed “la leche de la palabra dada sin engaño [la palabra pura]”. Si queremos probar a Cristo, debemos beber la leche de la Palabra. Así seremos alimentados para crecer espiritualmente. ¡Alabado sea el Señor que la Biblia dice gustado! Ella no dice que debemos conocer este aspecto o aquel otro acerca del Señor, sino que debemos gustar al Señor. Cuando bebemos la leche de la Palabra, de hecho gustamos al Señor. Por tanto, la manera de gustar al Señor es simplemente beber la leche de la Palabra. La Palabra no se nos da sólo para que la estudiemos o la aprendamos, sino también para que la gustemos. El Señor nutre Su Cuerpo valiéndose de Su Palabra. Si deseamos disfrutar al Señor y ser nutridos por El, debemos acercarnos a la Palabra para probar al Señor. Sin embargo, el concepto que la mayoría de nosotros tenemos acerca de la Biblia es que ella contiene enseñanzas, que es un libro de doctrinas. Por tanto, cuando la leemos lo hacemos con la intención de entenderla o de aprender algo … Pero no debemos acercarnos a la Biblia sólo con este fin. La Biblia no es el árbol del conocimiento; ¡ella es el árbol de la vida! Si tomamos la Palabra de Dios como el árbol del conocimiento, la empleamos mal, porque 2 Corintios 3:6 dice que la letra mata. Nunca debemos tomar la Biblia como un libro de letras, sino como un libro de vida.

La principal función de la Biblia: impartir a Dios como vida dentro de nosotros

La función principal de la Biblia es impartir a Dios dentro de nosotros como vida y como alimento de vida. Su función no es sólo darnos conocimiento acerca de Dios y de Su amor, sino impartirnos al propio Dios. Siempre que leamos la Biblia, no sólo debemos intentar conocerla y entenderla, sino también ingerir la esencia de Dios, de la misma manera que ingerimos los alimentos. Entonces, como sucede con la comida, asimilaremos esta sustancia en nuestro ser. Las Escrituras contienen por lo menos tres ejemplos de personas que comieron la Palabra de Dios. El primero es Jeremías, quien dijo: “Fueron halladas Tus palabras, y yo las comí” (Jer. 15:16a). Comer algo no es simplemente recibirlo, sino también asimilarlo. Asimilar es recibir algo dentro de uno, digerirlo y hacerlo parte de uno mismo. El segundo ejemplo de alguien que comió la Palabra de Dios se halla en el libro de Ezequiel, donde leemos que el profeta Ezequiel comió la Palabra de Dios (3:1-3). Jeremías dijo: “Y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jer. 15:16b). Esto habla de una especie de deleite. La Palabra, después que se come, se convierte en nuestro gozo y alegría. La Palabra de Dios es deleitable; después de que la tomamos y la asimilamos, llega a ser nuestro regocijo interno y nuestra alegría externa. [En el tercer ejemplo], David dijo: “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más dulces que la miel a mi boca” (Sal. 119:103). La Palabra es verdaderamente un deleite; es más dulce y deleitosa que la miel a nuestro paladar. Mediante estos versículos nos damos cuenta de que la Palabra de Dios no se nos da sólo para que la aprendamos, sino más bien, para que la gustemos, comamos, deleitemos y digiramos. Incluso el Señor Jesús se refiere a la Palabra de Dios como comida espiritual: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4). Toda palabra que sale de la boca de Dios es comida espiritual, la cual nos nutre. Esta es la comida por la cual debemos vivir.
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Ef. 6:17-18 Y recibid…la palabra de Dios; con toda oración y petición orando en todo tiempo en el espíritu…
Jn. 6:63 El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida.

Orar-leer la Palabra

Cuando leemos la Biblia, debemos prepararnos para tener comunión con Dios

Antes de leer la Biblia, primero debemos prepararnos, pues no estamos leyendo el periódico o un libro secular, sino la Palabra de Dios. Primero, [debemos orar: “Oh Señor, límpiame con Tu preciosa sangre; Señor], soy pecador, perdóname; estoy equivocado, perdóname; perdóname por no amarte lo suficiente; perdóname porque no temo como debería” … Debemos confesar todos nuestros pecados para purificarnos y limpiarnos, de manera que no hayan barreras entre nosotros y Dios. Si hacemos esto, estaremos en comunión con Dios. En aquel momento, estaremos en el Espíritu de Dios, y cuando leamos la Biblia, todo será diferente.

Recibir la Palabra con toda oración

Luego, debemos orar-leer la Palabra; no sólo leerla … A través de los siglos, todos los que amaron al Señor y se entregaron al estudio de la Biblia practicaron el orar-leer, aunque no lo llamaron así. Algunos se refirieron a ello diciendo que debíamos leer la Biblia en oración. Leer la Biblia en oración equivale a orar-leer. Nosotros enseñamos la práctica de orar-leer basándonos en Efesios 6:17-18.69 [El apóstol] Pablo tomaba, recibía, la Palabra de Dios con toda oración y petición. El no solamente oraba de una manera general, sino que también hacía peticiones de manera específica. La oración es general, mientras que la petición es específica. Además, Pablo oraba “con toda oración y petición”. Toda implica muchas maneras. Uno puede orar en voz alta, o muy bajito; uno puede orar rápido, o puede orar despacio; uno puede orar-leer de muchas maneras; puede orar con su cónyuge, con un grupo de hermanos, y en las reuniones. Pablo dijo que debemos recibir la espada del Espíritu, la Palabra de Dios, con toda oración y petición. Esto nos dice que oramos con toda oración y petición para tomar, para recibir, la Palabra de Dios. [¿Cuál es la mejor manera de tomar la Palabra de Dios y de relacionarnos con ella?] En primer lugar, cuando oremos-leamos no es necesario cerrar nuestros ojos; Mantengámoslos fijos en la Palabra mientras oramos. En los sesenta y seis libros de la Biblia no he encontrado un solo versículo que diga que debemos cerrar nuestros ojos para orar; pero sí hay uno que dice que Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre…” (Jn. 17:1). El elevó su mirada al cielo mientras oraba … [Segundo], no es necesario componer o inventar nuestras oraciones. Sencillamente oren-lean la Palabra. Oren las palabras de la Biblia tal y como están escritas. Con el tiempo, usted verá que ¡toda la Biblia es un libro de oración! … Abran cualquier página de la Biblia, y empiecen a orar usando cualquier pasaje de la Palabra. En Juan 6:63 el Señor dijo: “El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida”. Las palabras, el Espíritu y la vida son tres cosas, pero el Señor se refiere a ellas como si fueran una sola. Cuando las palabras son sólo palabras, ellas
son letras impresas; no son el Espíritu. Pero cuando las palabras entran en nuestra mente a través de nuestros ojos y nosotros comenzamos a orar usando nuestro espíritu, ellas llegan a ser el Espíritu. Y cuando las palabras llegan a ser el Espíritu, ellas son vida.
Cuando oramos lo que leemos en la Palabra, convertimos en oración los versículos que leemos. Al orar, debemos olvidarnos de todo lo que no sea el Señor y Su Palabra. El canto 177 de Himnos dice: “Del alba al ocaso mi mundo eres Tú”. Esto significa que cuando buscamos al Señor, sólo tenemos un mundo: “Oh Señor, Tú eres mi mundo; Tú eres lo único que deseo” … Una vez que la Palabra entra a nuestro espíritu, ella llega a ser Espíritu y vida. Pero si no oramos, la Palabra que leamos no llegará a ser el Espíritu, ni tampoco vida.
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2 Ti. 3:16 Toda la Escritura es dada por el aliento de Dios…
Jn. 5:39-40 Escudriñáis las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de Mí. Pero no queréis venir a Mí para que tengáis vida.

La Biblia es el aliento de Dios

En 2 Timoteo 3:16 dice: “Toda la Escritura es dada por el aliento de Dios”. Dios, por Su parte, exhala la Escritura; y por nuestra parte, nosotros debemos inhalarla. Dios ya exhaló; la Biblia es Su exhalación, y hasta el día de hoy lo sigue siendo. Por tanto, cuando leamos la Biblia, si sólo leemos las letras impresas y no inhalamos lo que Dios ha exhalado, para nosotros la Biblia será simplemente letras sin vida. La Escritura es la exhalación de Dios, y por medio de la oración, la inhalamos. Mediante esta exhalación y esta inhalación, inhalamos a Dios. Este es el significado de las Escrituras. No obstante, no importa cuánto Dios exhale, si nosotros no lo inhalamos, no podemos recibir a Dios como nuestro deleite y provisión. Esta es la razón por la cual muchas personas vienen a la Biblia pero no reciben la vida que ella contiene. Las palabras de la Biblia son la exhalación de Dios, y cuando nosotros las convertimos en oración, ellas llegan a ser nuestra inhalación … Lo que inhalamos es espíritu y es vida. Por ello, el Señor dijo que las palabras que El nos ha hablado son espíritu y son vida [Jn. 6:63].

La Palabra de Dios es nuestra comida

La Santa Biblia es la Palabra de Dios, y nosotros vivimos de toda palabra que sale de la boca de Dios [Mt. 4:4]. Por eso, la Biblia también nos dice que la Palabra de Dios es nuestra comida … En [Juan 6:35] el Señor Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a Mí viene nunca tendrá hambre”. El también dijo: “El que me come, él también vivirá por causa de Mí” (v. 57). Temiendo que los discípulos que lo escuchaban no entendieran el significado de Sus palabras, el Señor añadió las palabras del versículo 63: “El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida”. Así vemos que las palabras del Señor son el alimento de vida para nosotros. Sin embargo, además de que la comida sea preparada en la cocina y servida en la mesa, es necesario que la comamos. Si no la comemos, no seremos alimentados. Por consiguiente, todos debemos aprender a hacer una cosa. Todo cristiano que desee ser normal, viviente y fuerte debe hacerlo, a saber, comer la Palabra de vida.

La Biblia es la corporificación del Señor

La palabra contenida en la Biblia no sólo es [el aliento de Dios, el pan de vida, y] la Palabra de Dios; también es la corporificación de Dios. Cuando tocamos la Palabra, debemos tocar al propio Dios. No es suficiente y, de hecho, es erróneo tocar las palabras de la Biblia sin tocar a Dios mismo. El Señor Jesús les dijo a los líderes judíos: “Escudriñáis las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de Mí. Pero no queréis venir a Mí para que tengáis vida” (5:39-40). La palabra escudriñar en griego significa investigar, buscar una y otra vez. El Señor Jesús parecía decir: “Yo soy uno con las Escrituras, y las Escrituras son una conmigo; si venís a las Escrituras, también debéis venir a Mí … Debéis unir las Escrituras conmigo; pero en lugar de ello, las habéis separado de Mí. Al hacer esto, erráis. Tal vez obtengáis conocimiento en cuanto a la letra de las Escrituras, pero no recibís vida, porque Yo mismo soy la vida”.
Estos dos versículos nos sirven de advertencia , pues es posible venir a la Biblia y con todo, no venir al Señor, es posible separar la Biblia del Señor mismo … Siempre debemos tomar la Biblia y al Señor juntos, sin separarlos. Siempre que vengamos a la Biblia debemos venir también al Señor. Siempre que leamos la Biblia, debemos tocar al Señor. La Biblia no es un simple libro de conocimiento, la Biblia es la corporificación del propio Señor.
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Jn. 15:4, 7 Permaneced en Mí, y Yo en vosotros … Si permanecéis en Mí, y Mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis, y os será hecho.
Col. 3:16 La palabra de Cristo more ricamente en vosotros en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos unos a otros con salmos e himnos y cánticos espirituales, cantando con gracia en vuestros corazones a Dios.

Al ingerir la palabra del Señor, El permanece
en nosotros y somos llenos en nuestro espíritu

Al comparar [los versículos 4 y 7 de Juan 15], podemos ver que cuando las palabras del Señor permanecen en nosotros, El mismo permanece en nosotros. Si deseamos que el Señor
permanezca en nosotros de manera práctica, debemos recibir Su Palabra. Siempre que tocamos la Palabra y permitimos que ella more en nosotros, tocamos al Señor y permitimos que El permanezca en nosotros.
En las Escrituras vemos claramente que la Palabra de Cristo no es sino el propio Cristo. Esto lo comprueban los versículos que leímos en Juan 15. Lo único que hace posible que Cristo permanezca en nosotros es que ingiramos Su Palabra. Cuando yo era joven, leí Juan 15 muchas veces y me pregunté cómo podía el Señor permanecer en mí. Más tarde, mediante la Palabra del Señor, encontré la manera. Si deseamos que el Señor permanezca en nosotros simplemente debemos ingerir Su Palabra, porque el Señor está en Su Palabra y El es la Palabra. Cuando ingerimos Su Palabra, el Señor permanece en nosotros. Ser llenos de la Palabra en nuestro espíritu equivale a ser llenos del Señor mismo, quien es el Espíritu.
Además, Colosenses 3:16 nos dice que cuando la palabra de Cristo more en nosotros, estaremos llenos de cánticos. Y Efesios 5:18 y 19 nos dice que cuando seamos llenos del Espíritu, seremos también llenos de cánticos. Dicho de otra manera, que la palabra de Cristo more en nosotros equivale a ser llenos del Espíritu … La manera concreta de ser llenos del Espíritu es ingerir la Palabra. Permítanme dar un ejemplo valiéndome de los cerillos. Todos sabemos que los cerillos son la corporificación del fósforo … El fósforo sólo se enciende si se raspa sobre la superficie correcta. Si intentáramos encenderlo sobre una superficie lisa, no encendería, porque estaríamos empleando una superficie equivocada. Pero si usamos la parte que está hecha para eso, se encenderá inmediatamente. Primero, existe el fósforo; segundo, el fósforo se corporifica en el cerillo; y tercero, se enciende. De igual manera, la Biblia es la corporificación del Espíritu de Cristo. Y dentro del Espíritu está el fuego, el cual es la vida. Por una parte, tenemos el cerillo, el fósforo y el fuego; por otra, tenemos la Biblia, el Espíritu y la vida. Cuando leemos la Biblia, ¿realmente se enciende el fuego? … El problema radica en que no sólo raspamos el fósforo de manera incorrecta, sino que lo hacemos en el lugar equivocado. En lugar de “raspar” la Biblia en nuestro espíritu, la “raspamos” contra nuestra complicada mentalidad … Si examinamos el cerillo, veremos que tiene una parte blanca y otra, roja. Pero, ¿obtenemos fuego sólo por saber esto? No; debemos raspar el cerillo, y hacerlo en el lugar indicado. No es correcto estudiar el cerillo, así como tampoco lo es rasparlo en el lugar equivocado.

Debemos aprender a orar-leer usando nuestro espíritu

¡Cuando raspamos en el lugar correcto obtenemos el fuego! Olvidémonos de nuestra mente y aprendamos a orar-leer empleando nuestro espíritu: “Señor, te alabo, ‘En el principio…’
” (Jn. 1:1). Simplemente ore esto tres veces, y su espíritu se encenderá. “Aleluya, en el principio”. Créanme; es todo lo que se necesita. “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. ¡Aleluya, no entiendo mucho lo que esto significa, pero cuánto me nutre!” Cuando somos verdaderamente llenos de la Palabra, no podemos evitar cantar con gracia en nuestros corazones al Señor. Siempre que oremos-leamos la Palabra, ésta nos guiará a cantar en el Espíritu … Simplemente aprenda a “raspar” la Palabra correctamente y en el lugar correcto. Si lo hace, se encenderá un verdadero fuego.
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Ef.5:18 …sed llenos en el espíritu.
25-26 Cristo…amó a la iglesia, y se entregó a Sí mismo por ella, para santificarla, purificándola por el lavamiento del agua en la palabra.

El lavamiento interno del agua en la Palabra efectúa una obra de transformación

En [Efesios] 5:18 Pablo nos encarga que seamos “llenos en el espíritu”; indudablemente, llenos del Espíritu de Dios. ¿Pero cómo entra el Espíritu de Dios en nuestro espíritu? La respuesta es que el Espíritu entra a nuestro espíritu por medio de la Palabra. Cuando nuestro espíritu está lleno de la Palabra, la Palabra, al entrar en nosotros, se convierte en el Espíritu. Esto se comprueba en 5:26, que habla del “lavamiento del agua en la palabra”. Si la Palabra no entra en nosotros, ¿cómo puede lavarnos por dentro? El lavamiento de 5:26 no es un lavamiento externo, sino un lavamiento interno, un lavamiento que quita las manchas y las arrugas, y que efectúa una obra de transformación … El hecho de que somos lavados por el agua que está en la Palabra muestra que la Palabra puede entrar en nosotros.
Según el concepto divino, el agua en este contexto se refiere a la vida de Dios, tipificada por el agua fluyente (Ex. 17:6; 1 Co. 10:4; Jn. 7:38-39; Ap. 21:6; 22:1, 17). Aquí el lavamiento de dicha agua es diferente del lavamiento que efectúa la sangre redentora de Cristo. La sangre redentora nos lava de nuestros pecados (1 Jn. 1:7; Ap. 7:14), mientras que el agua de vida nos lava de las imperfecciones de la vida natural de nuestro viejo hombre, tales como manchas, arrugas y cosas semejantes (v. 27). Al santificar la iglesia, el Señor primero nos lava de nuestros pecados con Su sangre (He. 13:12) y luego nos lava de las imperfecciones naturales con Su vida. Ahora estamos en este proceso de lavamiento a fin de que la iglesia sea santa y sin mancha. Si leemos y oramos-leemos la Biblia de una manera adecuada, incluso meditando en la Palabra, cantándola y morando en ella, nuestro ser interior se llenará. Podemos decir que somos llenos de la Palabra, del Espíritu y de fe.
También podemos decir que somos llenos de la unción, de Dios o de Cristo. Ser llenos interiormente de esta manera nos capacita para vencer a las potestades que se hallan en el aire. Esto también permite que el agua viva fluya dentro de nosotros para lavarnos de los viejos elementos, las arrugas y las manchas y renovarnos. Cuando somos llenos de esta manera, tenemos la sensación de que Cristo está haciendo Su hogar en nuestro ser, convirtiendo nuestras cámaras internas en habitaciones donde El puede morar. Cuando somos llenos, amamos a todos los creyentes, sin importar su nacionalidad. Además, nuestros ojos internos son iluminados y nuestra visión se aclara. ¡Oh, nada es más refrescante y purificante que ser lavado internamente por el agua de la Palabra! Cuando somos llenos de la Palabra y lavados por ella, todo nuestro ser se renueva y es hecho transparente, y experimentamos un anticipo de la Nueva Jerusalén. Si oramos-leemos capítulo por capítulo y libro por libro, semana tras semana, mes tras mes, y año tras año, gradualmente seremos iluminados, y todas las cosas de Cristo brotarán desde nuestro interior. Todas las riquezas de Cristo llegarán a ser nuestro disfrute … De esta manera, todas las riquezas de Cristo nos serán ministradas y distribuidas … Estos elementos celestiales e ingredientes espirituales no sólo producirán un cambio externo en nosotros, sino también un cambio metabólico, un cambio vital. Los nuevos elementos reemplazarán y eliminarán todas las cosas viejas. Este es un cambio metabólico, que nos transforma en algo nuevo. Orar-leer es maravilloso, pero también debemos orar: “Señor, ábrete camino en mi ser. Oh Señor, te doy toda la libertad para que operes en mí”. La práctica de orar-leer no nos ayuda a obtener solamente conocimiento; más bien, introduce en nosotros muchas riquezas del Señor. Por consiguiente, es necesario que permitamos que las cosas del Señor fluyan libremente en nosotros. Esto hará posible una buena digestión espiritual, en la cual asimilemos lo que hayamos orado-leído. Nunca le diga: “No” al Señor; aprenda a decir siempre: “Amén”.
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2 Co.5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva creación es; las cosas viejas pasaron...
Ro. 6:4 ...andemos en novedad de vida.
Terminar con el pasado
Después de ser salvo, uno debe poner fin a su vieja manera de vivir y a sus viejas costumbres. Antes de ser salva, una persona es pecadora por naturaleza y vive en pecado; es también una persona de la vieja creación y se comporta como tal. Mas ahora, después de haber sido salva, ha llegado a ser una persona de la nueva creación, cuya vida es la vida de la nueva creación; como tal, deberá tener un nuevo comienzo y, espontáneamente, llevar una nueva vida.
En el Antiguo Testamento, una vez que los hijos de Israel fueron salvos mediante la Pascua, dejaron inmediatamente Egipto, abandonando la manera de vivir egipcia y poniendo fin a todo lo relacionado con ella. Desde aquel día, la vida que llevaron era nueva, la manera en que se condujeron era nueva, y todo lo que hicieron era nuevo. Así pues, ellos le pusieron fin a sus viejas costumbres y a su vieja manera de vivir. Esto tipifica claramente lo que significa terminar con el pasado.
Aunque en la Biblia no encontramos enseñanzas que directa y específicamente se ocupen de este tema, sí es posible encontrar algunos pasajes que se relacionan con este asunto. Basándonos en estos pasajes, podemos distinguir los siguientes cuatro aspectos: [1) la relación que existe entre terminar con el pasado y la salvación; 2) el fundamento que sirve de base para terminar con el pasado, 3) ejemplos pertinentes y 4) el grado al cual uno le pone fin a su pasado].
[En primer lugar,] terminar con nuestro pasado no es un requisito que debamos cumplir para ser salvos, por cuanto la salvación provista por Dios es perfecta y completa. No importa cuan graves o devastadores hayan sido nuestros pecados, todos ellos han sido cubiertos por la sangre preciosa del Señor. Esta salvación no requiere que nosotros le añadamos algo o hagamos algo al respecto… para obtener el perdón de Dios. El perdón que Dios nos da, está basado en la preciosa sangre del Señor Jesús y es el resultado de nuestro arrepentimiento y fe.
Si disfrutamos la salvación divina, la vida de Dios hará que nuestras inclinaciones y preferencias e incluso nuestros sentimientos con respecto al mundo, sean cambiados. Incluso nuestras preferencias con respecto a la manera de satisfacer nuestras necesidades diarias, tales como comer y vestir, cambian. Por lo tanto, espontáneamente le damos fin a nuestra vieja manera de vivir, o sea, damos fin a aquellas costumbres que veníamos arrastrando hasta el presente y no permitimos que éstas persistan. Esto viene a ser fruto del disfrute de nuestra salvación. [Por consiguiente], si nosotros, los que hemos sido salvos, deseamos tener una vida cristiana mejor, andar apropiadamente en el camino del Señor y dar testimonio de El, es necesario que pongamos fin a nuestro pasado.
[En segundo lugar,] darle fin al pasado no responde a las exigencias de normas externas, sino al mover interno del Espíritu.80 Las religiones del mundo se basan en sus numerosos códigos religiosos, y sus seguidores viven y se conducen en conformidad con esas normas. Pero, la salvación que el Señor nos brinda no es así. La salvación del Señor, por medio de la regeneración del Espíritu Santo, nos da una vida nueva. Debido a que tenemos una vida nueva, la vida divina, ahora podemos vivir y conducirnos en la presencia de Dios al basarnos en el sentir de la vida divina y en la operación del Espíritu en nosotros. Por consiguiente, terminamos con nuestro pasado teniendo como base el mover del Espíritu. Así, el Espíritu opera en una persona regenerada y le comunica el sentir de que tiene que poner fin a ciertos asuntos de su pasado, ya que éstos son incompatibles con la vida nueva de uno que ha creído en Cristo. Todavía más, terminar con el pasado no constituye un precepto de la iglesia. En la iglesia, no existe semejante precepto o demanda. Sin embargo, la vida que hemos obtenido es santa, y el Espíritu se mueve y opera en nuestro ser. Por lo tanto, el Espíritu, sin duda alguna, exigirá que nosotros, poseedores de la vida santa, eliminemos todo [ídolo y todo lo relacionado con ídolos], que nos deshagamos de todo lo demoníaco e inmundo, que [devolvamos lo que debemos,] y que demos fin a nuestra vieja manera de vivir. Así pues, nuestra responsabilidad consiste en dejarnos conducir por el Espíritu y permitir que El se mueva libremente en nuestro ser.
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1 Ts. 1:9 ...os volvisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero.
Hch. 19:19 Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata.
[En tercer lugar,] el Nuevo Testamento contiene ejemplos específicos que demuestran que después de que un hombre es salvo, el Espíritu comienza a moverse y operar en él, haciendo que termine con su pasado y resuelva las cosas indebidas del pasado.
Renunciar a los ídolos
El caso de los tesalonicenses es un ejemplo de terminar con el pasado [1 Ts. 1:9]. Volverse de los ídolos a Dios, es volverse no sólo de los dioses falsos que incluyen al diablo y los demonios que se esconden tras ellos, sino también de todas las cosas que reemplazan a Dios.84 Después de que un hombre es salvo, ya sea cuando está por bautizarse o habiéndose bautizado, deberá eliminar toda relación que, en su vida diaria, haya tenido con los ídolos o con cualquier cosa vinculada a ellos … Si le resulta difícil hacer esto, él podría buscar a unos cuantos hermanos para que oren con él a fin de obtener las fuerzas y valentía necesarias, y de esta manera, ser ayudado a realizar lo que se ha propuesto. No obstante, esto debe ser hecho por él mismo y del modo más exhaustivo posible; de hecho, cuanto más exhaustivamente se haga, mejor.
Hay ciertos objetos vinculados al estudio de rasgos faciales, a la adivinanza, al horóscopo y la adivinación. Puesto que dichos objetos tienen que ver con ídolos, todos ellos deberán ser desechados. Es indebido que un creyente … conserve ídolos u otros objetos supersticiosos en su casa. Tenemos que deshacernos de todo lo relacionado con los ídolos… No sólo debemos deshacernos de los íconos paganos, sino que también debemos despojarnos de los
cuadros y estatuas de Jesús… La Biblia dice que cuando el Señor Jesús estaba en la tierra, no había parecer en El, ni hermosura (Is. 53:2). Sin embargo, las imágenes de Jesús que hoy
vemos por doquier, lo representan como una persona de gran belleza… en realidad, estos cuadros representan supersticiones, y a los ojos de Dios son blasfemos; y por consiguiente, deben ser eliminados.
Debemos valernos de nuestro espíritu para adorar a Dios, quien es Espíritu (Jn. 4:24) y nunca inclinarnos delante de ninguna imagen, lo cual es rendir culto a una imagen visible. La Iglesia Católica enseña [heréticamente] que físicamente el hombre debe adorar imágenes visibles para ser ayudado a adorar, con su espíritu, al Dios invisible… No debemos seguir tal enseñanza. Debemos adorar a Dios en espíritu y deshacernos de las imágenes.
Destruir las cosas demoníacas e inmundas
Lo que sucedió con los creyentes de Efeso constituye otro ejemplo de terminar con el pasado. Hechos 19:19 nos dice que los creyentes efesios que solían practicar la magia trajeron sus libros y los quemaron. Basados en esto, nosotros hemos adoptado la práctica de incinerar todo objeto inmundo y demoníaco, todo aquello que sea impropio; como por ejemplo: las velas e inciensos que se usan para adorar ídolos, los adornos y vestimentas con imágenes de dragones, libros que las religiones paganas consideren como sagrados, libros y amuletos que tengan que ver con la adivinación y las tablas que se usan para practicar la adoración de los antepasados; además, todo aquello que sirva para juegos de azar, todo lo que se usa para embriagarse con bebidas alcohólicas, pipas para fumar, libros obscenos y fotografías pornográficas. [Las ropas indecentes también pertenecen a esta categoría.] Todas estas cosas son demoníacas e indecentes. Todos nosotros debemos ser conducidos por el Espíritu Santo a arrancar tales objetos de nuestras vidas y de nuestros hogares.
En breve, todo lo que tenga que ver con ídolos y cualquier objeto demoníaco e inmundo, independientemente del valor monetario que tenga, deberá ser incinerado. Según el principio bíblico, tales cosas deben ser quemadas con fuego. La Biblia dice específicamente que los objetos quemados por los efesios equivalían a cincuenta mil piezas de plata. Esto nos demuestra que cuando los efesios destruyeron las cosas demoníacas e inmundas, ellos quemaron numerosos objetos de valor. Por lo tanto, al destruir objetos demoníacos e inmundos, no debemos tener en cuenta el costo o pérdida que ello signifique en términos monetarios.
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La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
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Desarrollo, crecimiento y madurez
Lectura bíblica
Lc. 19:8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.
Ro. 8:6 ...la mente puesta en el espíritu es vida y paz.
Restituir lo que debemos.
Lo que sucedió con Zaqueo nos da un tercer ejemplo con respecto a dar fin al pasado. Zaqueo restituyó lo que él debía a los demás. En cuanto Zaqueo fue salvo, él le dijo al Señor que si en algo había defraudado a alguno, lo devolvería cuadruplicado (Lc. 19:8). Restituir el cuádruple de lo que se debía no constituye una ley o un principio establecido, sino que es el resultado de la salvación dinámica del Señor, del mover del Espíritu Santo en uno, y del hecho de que la conciencia nos insta internamente a hacerlo. Debido a este acto de restitución, Zaqueo tenía un testimonio delante de los hombres. Este acto constituyó la base de su testimonio. Este acto de restitución constituye un buen ejemplo para nosotros y nos revela la manera de restituir deudas monetarias.
Supongamos que antes de convertirse en un creyente, usted extorsionó o defraudó a otros, robó a otros o se apropió de algo usando métodos impropios. Ahora que el Señor opera en su ser, usted tiene que tratar con estos asuntos de la manera apropiada. Esto nada tiene que ver con el perdón que ha recibido del Señor, más bien, está estrechamente vinculado a su testimonio.
Una vez salvos, no es necesario desenterrar todo lo que hicimos en el pasado con el fin de indagar por aquellos a quienes debemos algo para efectuar restitución. Pero, si el Espíritu Santo nos recuerda que tenemos una deuda pendiente, entonces debemos obedecer al Espíritu y efectuar la debida restitución.
Dar fin a la vieja manera de vivir
Después de que hemos sido salvos, debemos darle fin a nuestra vieja manera de vivir. Aunque no encontramos en la Biblia un ejemplo específico con respecto a este tema, podemos descubrir cierta indicación a este respecto en la revelación contenida en el Nuevo Testamento. Esta es, que después de ser salvos, es el deseo de Dios que traigamos delante de El toda persona, cosa o asunto vinculado a nuestra vida, con el fin de determinar si debemos seguir vinculándonos con ellos de la misma manera en que lo hacíamos antes.
Si estamos dispuestos a acudir al Señor de esta manera, comprobaremos que después de ser salvos mediante la regeneración, no sólo debemos renunciar a los ídolos, destruir las cosas demoníacas e inmundas y restituir lo que debemos, sino que también debemos ponerle fin a nuestra vieja manera de vivir y tener un nuevo comienzo… Esto no quiere decir que debemos renunciar a ser esposos, padres o estudiantes; más bien quiere decir, que no podemos seguir desempeñando estas funciones del mismo modo en que lo hacíamos en el pasado. Tampoco quiere decir que de ahora en adelante no habremos de decorar nuestros hogares, sino que los decoraremos de distinta manera, pues ahora nuestras preferencias e inclinaciones personales y nuestros sentimientos con respecto a todo este tipo de cosas, habrá cambiado.
No es cuestión de examinarnos a nosotros mismos con respecto a nuestros [pecados] anteriores, sino de preguntarnos si, como hijos de Dios, debemos seguir siendo los mismos de antes… Esto no responde a ninguna enseñanza, sino a la operación del Espíritu Santo. Es un asunto íntimamente ligado al nuevo hombre y a su nueva vida, que da fin a todas las cosas del pasado. En esto consiste terminar con el pasado.
[En cuarto lugar,] el grado en el que debemos terminar con el pasado debe estar determinado por la “vida y paz” que se mencionan en Romanos 8:6. Hemos visto que damos fin a nuestro pasado basados en el mover del Espíritu, que es el sentir comunicado a nosotros mediante la unción interna del Espíritu Santo. Si andamos conforme al Espíritu, con certeza esto resultará en vida y paz (Ro. 8:6). Por consiguiente, la vida y la paz determinarán el grado al cual se requiere que terminemos con el pasado. Si obedecemos lo que nuestro sentir interior nos exige, esto es…confesar nuestros pecados, [abandonar la idolatría, destruir las cosas demoníacas e inmundas, restituir lo que debemos,] y poner fin a nuestra vieja manera de vivir; sin duda nos sentiremos fortalecidos, iluminados y vivificados; también nos sentiremos sosegados, seguros y llenos de la presencia del Señor.
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Mensaje 22
Vida interior
Desarrollo, crecimiento y madurez
Lectura bíblica
1 Co. 6:19-20 ...No sois vuestros ... porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.
2 Co. 5:14-15 Porque el amor de Cristo nos constriñe... y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió por ellos y fue resucitado.
La consagración
La base de la consagración
Después de que hemos nacido de nuevo, Dios todavía tiene mucho que hacer en nuestras vidas, y el servicio que podemos rendirle a El, es también abundante; sin embargo, esto requiere que le entreguemos completamente nuestras vidas.
Si es verdad que Dios requiere que le entreguemos nuestras vidas, ¿en qué se basa para exigir tal cosa? … La Biblia nos muestra que la consagración se basa en el hecho de que fuimos comprados. En 1 Corintios 6:20 se dice: “Porque habéis sido comprados por precio”. Nuestra consagración se basa en la compra que Dios hizo … Dios nos compró nada menos que con la sangre que Su amado Hijo derramó en la cruz (1 P. 1:19). Esta sangre preciosa, ¡qué alto “precio” (1 Co. 6:20) representa! La sangre preciosa fue el precio que Dios pagó para comprarnos y hacernos Su propiedad.
En virtud de tal transacción, no es el mundo ni nosotros los que tenemos la autoridad sobre nuestras vidas, sino Dios…Ante Sus ojos, nuestra consagración no es algo opcional, sino que tiene una base legal…Usted no tiene derecho sobre su vida, es El quien lo tiene, pues es El quien lo adquirió al pagar el precio estipulado.
Debemos conocer este fundamento de manera que afecte nuestra vida diaria. Cada vez que ocurra algo que nos lleve a argüir con Dios, debemos arrodillarnos ante El y decir: “Señor, soy el esclavo que Tú compraste. Mi derecho de propiedad Tú lo has comprado. En este momento, yo proclamo que tal derecho te pertenece. Incluso en este asunto, permito que Tú seas el Señor y que decidas por mí” … Cada vez que tengamos la oportunidad de decidir, debemos tomar en cuenta el fundamento de nuestra consagración, este acto de compra, que es el cimiento en el que nuestra vida se basa. Por consiguiente, debemos permanecer sobre tal fundamento y nunca atrevernos a apartarnos de él. Si experimentamos sinceramente tal consagración, entonces verdaderamente habremos comprendido qué es la base de la consagración.
El motivo de la consagración
El motivo de la consagración es el amor de Dios. Siempre que el Espíritu Santo imparte el amor de Dios en nuestro corazón, espontáneamente estaremos dispuestos a ser prisioneros de tal amor y a consagrarnos a Dios. Recordará usted que Exodo 21 hace referencia a un esclavo que a pesar de haber culminado sus seis años de servicio y haber obtenido así el derecho a ser liberado, declaró: “Yo amo a mi amo…no saldré libre” (v. 5). Debido a ello, su amo lo llevó junto a la puerta y le horadó la oreja con lesna. El esclavo, al someterse a ese acto, dijo en efecto: “Por amor a mi amo, quiero ser su esclavo para siempre”. El pudo haber sido libre, pero por amor repudió su libertad. En esto consiste una consagración verdadera.
Hay un versículo que dice: “El amor de Cristo nos constriñe” (2 Co. 5:14a), pero ¿por qué deberíamos ceder al amor que nos constriñe? Porque “uno murió por todos, por consiguiente todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió por ellos y fue resucitado” (2 Co. 5:14b-15). Todo aquel que ha tenido una experiencia de verdadera consagración ha sido conmovido por lo menos una vez, o posiblemente muchas veces, por el amor de Dios. Si El no nos conmueve con Su amor, la consagración es una experiencia amarga; de hecho, es casi imposible. La seguridad de nuestra consagración depende del fundamento en el que ella está basada; pero la vitalidad y la dulzura de nuestra consagración dependen del poder que la motiva, es decir, del amor de Dios. La consagración se produce cuando el Señor toca la vida de uno. Alguien que conoce el amor del Señor no requiere de súplicas para rendirse a El, esto ocurre espontáneamente… Si verdaderamente experimentamos el amor de Dios, sentiremos que debemos ofrecerle todo lo nuestro; sin embargo, al mismo tiempo sentiremos que nuestras ofrendas más valiosas son como basura a la luz de Su amor. Si nos dejamos conmover por el amor de Dios, nuestra consagración será espontánea.
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Mensaje 23
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Desarrollo, crecimiento y madurez
Lectura bíblica
Ro. 12:1 Así que, hermanos, os exhorto por las compasiones de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo...
Lv. 3:11 Y el sacerdote hará arder [el sacrificio] sobre el altar; vianda es de ofrenda encendida para Jehová.
El significado de la consagración
Romanos 12:1 … nos muestra que el significado de la consagración es ser un “sacrificio” ¿Qué significa la frase “ser un sacrificio”? ¿Qué es un sacrificio? La Escritura nos muestra que siempre que algo es apartado de su posición y uso originales, y es puesto en el altar de Dios, específicamente para El, ese objeto entonces se convierte en un sacrificio. En el Antiguo Testamento, los hombres ofrecían bueyes y carneros como sacrificios. El principio es éste: El buey vivía originalmente en el corral y era usado para arar la tierra y tirar carros. Ahora, es sacado del corral y llevado al altar. Ha habido un cambio en su posición. Entonces, se le da muerte, es puesto en el altar y consumido por el fuego para ser sacrificio a Dios en olor fragante. Esto implica un cambio en su uso. Por consiguiente, este buey se convierte en un sacrificio. Entonces, un sacrificio no es otra cosa que algo que ha sido apartado para Dios y puesto en el altar, lo cual implica un cambio de posición y de uso. Sea un buey o un carnero, sea flor de harina o aceite, una vez que es ofrecido como sacrificio, ya no se halla en las manos de quien hace la ofrenda y éste ya no puede usarlo para su propio beneficio y disfrute.
Cuando nos presentamos a Dios como sacrificio, nos convertimos en alimento para Dios; somos para Su satisfacción. Entre las ofrendas de los israelitas, algunas eran para el uso de Dios, tales como oro, plata, piedras preciosas, hilos de todos los colores, lana y pieles de carneros (Ex. 25:2-7); otras eran ofrecidas a Dios como alimento, tales como el buey, el carnero, las palomas y las tórtolas, las cuales servían de holocausto. Cuando estos animales eran ofrecidos como holocausto, eran quemados en el altar y llegaban a ser olor grato, alimento para Dios (Lv. 3:11). El hecho de que Dios aceptara tal sacrificio como olor grato, significaba que esto le satisfacía.
El propósito de la consagración
Puesto que el significado de la consagración es llegar a ser un sacrificio, lo que se ofrece es completamente para Dios. El propósito de la consagración, por consiguiente, es que seamos
utilizados por Dios, que laboremos para El. Pero, para poder laborar para Dios, primero debemos permitir que Dios opere en nosotros … Por consiguiente, cuando nos consagramos a Dios, aunque lo hagamos con el fin de laborar para El; desde nuestra perspectiva lo importante es dejar que El opere en nosotros. Por lo tanto, el propósito de la consagración es dejar que Dios obre a fin de que lleguemos a la etapa de obrar para El.
La ofrenda de los sacrificios mencionada en el Antiguo Testamento también arroja luz sobre este asunto. Cuando los bueyes y carneros eran inmolados y ofrecidos a Dios en holocausto, primero era necesario que Dios realizara una obra completa en ellos; es decir, debían ser completamente consumidos por el fuego para hacerlos agradables y aceptables para Dios. Si los sacrificios no eran consumidos por el fuego, estarían crudos y malolientes y jamás podrían llegar a ser aceptables ni agradables para Dios. Hoy ocurre lo mismo con nuestra consagración. Ya nos hemos ofrecido a Dios; sin embargo, si primero no permitimos que Dios haga Su obra en nosotros, sino que salimos directamente a laborar para El y servirle, tal labor y servicio estarán “crudos”, sin preparación y malolientes; jamás
serán aceptados por Dios y, mucho menos, podrán satisfacerle.
Si queremos tocar las cosas espirituales… debemos primero permitir que Dios obre en nosotros a fin de que seamos quebrantados, subyugados y disciplinados por El… Debemos… ser severos con nosotros mismos y preguntarnos si nuestra consagración tiene como fin obrar para Dios directamente o permitir que El obre en nosotros primero… En consecuencia, después de nuestra consagración no debemos estar ansiosos por realizar algo para el Señor, sino que debemos permanecer en el altar y dejar que Dios obre en nosotros y nos consuma. Como resultado de Su acción consumidora, llegaremos a ser capaces de laborar para el Señor. Esta consagración, este servicio, habrá madurado y estará en resurrección; será aceptable para Dios y le satisfará. En conclusión, el objetivo de la consagración es permitir que Dios obre en nosotros con el fin de que obremos para El.
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Mensaje 24
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Desarrollo, crecimiento y madurez
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Ro. 6:13 ...Presentaos vosotros mismos a Dios...
Lv. 1:9 Y el sacerdote hará arder todo [el sacrificio] sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová.
El resultado de la consagración
Debemos considerar este asunto … a la luz de las ofrendas del Antiguo Testamento. Cuando un buey era sacrificado y ofrecido en el altar, inmediatamente era separado de todo aquello con lo cual estuvo antes vinculado. Los lazos que lo unían a su amo, a sus compañeros y a su corral, eran cortados e incluso, una vez consumido por el fuego, él mismo perdía su forma y estatura originales. Lo mejor de él llegaba a convertirse en olor grato para Dios, y sólo quedaba un montón de cenizas. El resultado final de que el buey fuese ofrecido a Dios era que éste era despojado de todo y aniquilado completamente. Puesto que nuestra consagración es también una ofrenda a Dios, el resultado debe ser el mismo. Se debe renunciar a todo para que sea quemado por Dios hasta convertirse en cenizas, al grado en que absolutamente todo ha sido aniquilado.
Algunos hermanos y hermanas todavía abrigan la esperanza de que, una vez que se consagren, habrán de llegar a ser personas notables. Esto demuestra que no han renunciado a su futuro… El futuro al cual nos referimos no solamente es el futuro que tenemos en el mundo, sino también nuestro futuro en el mundo cristiano. Todos sabemos que es natural que el mundo nos atraiga y nos ofrezca la posibilidad de un futuro, pero incluso el llamado mundo cristiano tiene cierta atracción y ofrece la esperanza de un futuro… Sin embargo, en una persona consagrada, todas estas expectativas han fenecido. Una persona verdaderamente consagrada ha renunciado a su futuro, no sólo a su futuro en el mundo, sino también a su llamado “futuro espiritual”. El ya no abriga ninguna esperanza para sí mismo, toda su esperanza está en Dios. Su vida está, de manera pura y sencilla, en las manos de Dios; esta persona es lo que Dios quiere que él sea y hace lo que Dios quiere que él haga. Esta persona no sabe cuál vaya a ser el resultado de su entrega, y tampoco le importa. Lo único que sabe es que él es un sacrificio que pertenece completamente a Dios, y esto es lo único importante para él. Así, el altar es, para siempre, el lugar donde él está y el resultado es, para siempre, un montón de cenizas. El ha renunciado completamente a su futuro.
Este acto de renunciar a nuestro futuro no lo hacemos a regañadientes después de que por alguna razón las esperanzas que teníamos para el futuro fueron demolidas; es una entrega voluntaria, anterior a cualquier evento semejante… Si nuestra consagración no está bien fundada, tarde o temprano surgirán problemas en nuestro servicio y en nuestra condición espiritual.
Hermanos y hermanas, la frescura de esta consagración producida al renunciar a cualquier futuro prometedor, debe ser resguardada en lo íntimo de nuestro ser. Nunca deje que su consagración envejezca. Si ella envejece, es como si usted nunca se hubiese consagrado. Debemos ser siempre como las cenizas en el altar, siempre ser enteramente para la satisfacción de Dios, y por siempre carecer de futuro alguno.
Conclusión
Debemos darnos cuenta de que no es posible alcanzar el clímax de cualquier experiencia de vida de una sola vez. Debemos perseverar en ello continuamente de tal manera que esta experiencia, gradualmente, se haga más frecuente e intensa y llegue a su plenitud, o sea alcance el nivel de madurez.
Cuando nos consagramos por primera vez, nuestra experiencia es similar al de un embrión en el vientre de una mujer, en el sentido de que no se distinguen las orejas, los ojos, la boca ni la nariz. A medida que crecemos en la vida divina, los cinco aspectos ya mencionados, los cuales se relacionan con la experiencia de consagración, poco a poco se irán formando en nosotros. Entonces, ciertamente sentiremos que Dios nos compró y que todos nuestros derechos están en Sus manos. Seremos prisioneros de Su amor, porque Su amor penetró nuestros corazones. De hecho, así llegamos a convertirnos en un verdadero sacrificio puesto sobre el altar para el disfrute y la satisfacción de Dios. Dios habrá culminado Su obra en nosotros, y entonces seremos capaces de laborar para El. Nuestro futuro, entonces, será un puñado de cenizas. No nos quedará ningún modo de rehuir la voluntad de Dios y sólo Dios será nuestro futuro y nuestro camino. En esta etapa, la experiencia de nuestra consagración sin duda habrá alcanzado su madurez. Que todos nosotros, por la gracia del Señor, prosigamos y, juntos, sigamos adelante.
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Mensaje 25
Vida interior
Desarrollo, crecimiento y madurez
Lectura bíblica
1 Jn.1:9 Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda injusticia.
2 Co. 7:1 Amados ... limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu...
Pr. 28:13 El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que lo confiesa y se aparta alcanzará misericordia.
Las medidas a tomar con respecto a nuestros pecados
Al hablar de “tomar medidas” con respecto a nuestros pecados, nos referimos a seguir la dirección del Espíritu Santo para eliminar todo lo que impida el crecimiento de la vida divina.
Una vez que nos hemos entregado a Dios para ser usados por El, Dios tiene que lavarnos, disciplinarnos y purgarnos de todo lo problemático en nuestro ser de tal manera que lleguemos a serle útiles. Es semejante a cuando queremos usar un vaso, primero lo lavamos y cuando está completamente limpio, entonces lo podemos usar. Antes de consagrarnos o si abandonamos nuestra posición de personas que se han consagrado al Señor, no nos daremos cuenta de cuánto necesitamos ser lavados… Por lo tanto, si anhelamos cumplir el propósito por el cual nos hemos consagrado, debemos enfrentar todo impedimento que surge en nuestro ser… De entre todos los obstáculos que tienen que ser superados, los pecados son los más grotescos, los más contaminadores y los más evidentes. Así pues, después de habernos consagrado, lo primero que tenemos que hacer es confesar nuestros pecados.
El fundamento bíblico
Los siguientes pasajes nos proporcionan el fundamento bíblico en el que nos basamos al tomar medidas con respecto a nuestros pecados: en Mateo 5:23-26… “reconcíliate” y “ponte a buenas… con” se refieren a la relación que tenemos con otros…[Y luego, en] 2 Corintios 7:1…“Limpiémonos” también se refiere a las medidas que debemos tomar con respecto a nuestros pecados. [De manera similar, en] 1 Juan 1:9…“confesamos” alude a las medidas que debemos tomar con respecto a nuestros pecados. [Por último, en] Proverbios 28:13…la frase “confiesa y se aparta” también nos habla de ciertas medidas necesarias para lidiar con nuestros pecados.
Vemos, en las escrituras citadas, qué medidas debemos tomar con respecto a nuestros pecados: con relación a los hombres, debemos reconciliarnos y estar en buenos términos con ellos; con relación a Dios, debemos confesar nuestros pecados; y con relación al pecado mismo, debemos apartarnos de éste. Así pues, cuando hablamos de “medidas a tomar” con respecto a nuestros pecados, nos referimos a estas maneras de dar resolución definitiva a los pecados cometidos.
Aquello con respecto de lo cual debemos tomar medidas tocante a nuestros pecados
Aquello respecto de lo cual debemos tomar medidas son los pecados que hemos cometido. Hay dos aspectos con respecto al pecado: la naturaleza del pecado interior y el acto de pecar exteriormente…Cuando hablamos de tomar medidas con respecto a los pecados, nos referimos a los pecados manifiestos en nuestra conducta externa, a los pecados cometidos…En nuestra conducta externa ¿qué constituye pecado? En 1 Juan 5:17 leemos: “Toda injusticia es pecado”. En 1 Juan 3:4 dice: “El pecado es infracción de la ley”. Ambas referencias muestran que en nuestras acciones todo acto de injusticia y de infracción de la ley constituye pecado.
Romanos 2:14-15 dice que los gentiles, los cuales no tienen ley, son ley para sí mismos; muestran la obra de la ley escrita en sus corazones. Su conciencia es la ley que está presente en ellos, la cual les da testimonio, y sus pensamientos o bien los acusan o bien los excusan. Toda acción que sea correcta o conforme a la ley, es justificada por nuestra conciencia; y todo acto que no sea correcto o no esté en conformidad con la ley, es condenado por ella. Todas las acciones, por lo tanto, que sean contrarias a nuestra conciencia constituyen pecado y deben ser confesadas.
Con respecto a los pecados que cometemos… existen dos aspectos: la cuenta de los pecados y el acto de pecar. La cuenta de los pecados se refiere a los hechos injustos e ilegales, los cuales ofenden la justa ley de Dios y resultan en el historial de pecados que tenemos con respecto a la ley de Dios. En el futuro, Dios nos juzgará según esta cuenta. El acto de pecar es la acción misma que resulta en dicha cuenta. Estos actos pecaminosos están siempre carentes de la gloria de Dios y, de una manera perceptible o imperceptible, hieren a otros. Por ejemplo, robar es un acto pecaminoso, y al hacerlo, no sólo traemos vergüenza al nombre de Dios, sino que también dañamos a otros. Esto constituye el acto de pecar. Al mismo tiempo, hemos transgredido la ley de Dios. Así, con respecto de Su ley, tenemos un historial de pecados... Por un lado, con respecto a nuestro historial de pecados, debemos arreglar cuentas con Dios, y por otro, tenemos que traer a cuenta los pecados que cometemos.
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Desarrollo, crecimiento y madurez
Lectura bíblica
Mt. 5:23 Si estás presentado tu ofrenda ante el altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24… ve, reconcíliate primero con tu hermano.
1 Jn.1:7 Pero si andamos en luz, como El está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesús Su Hijo nos limpia de todo pecado.
El fundamento en el que las medidas con respecto a los pecados se basan
Tomamos estas medidas con respecto a todos los pecados cometidos. Sin embargo, al realizar esto, Dios no exige que confesemos en un solo acto todos los pecados que hayamos cometido, sino solamente aquellos de los cuales somos hechos conscientes al estar en comunión con El. No tenemos que confesar todos los pecados que hemos cometido, sino sólo los que recordamos al tener comunión con Dios. Por lo tanto, el fundamento en base al cual tomamos medidas con respecto a nuestros pecados, es la conciencia que adquirimos respecto de los mismos al tener comunión con Dios.
Al respecto, leemos en las Escrituras en Mateo 5:23 y en 1 Juan 1:7 que…ofrecer la ofrenda [Mt. 5:23] tiene como fin estar en comunión con Dios. Esto quiere decir que cuando estamos en comunión con Dios y estamos conscientes de algún desacuerdo con otra persona, debemos inmediatamente hacer todo lo posible por rectificar esta situación, no sea que afecte u obstaculice nuestra comunión con Dios. En 1 Juan 1:7 se indica que si tenemos comunión con Dios, podemos ver nuestros pecados bajo Su luz; entonces, conforme a lo que hemos visto bajo Su luz, lo confesamos y lo resolvemos ante El para que nos perdone y nos limpie. Mateo 5 menciona los problemas que tenemos con los demás, y 1 Juan 1 habla de los problemas que tenemos con Dios…Ambos pasajes se refieren al hecho de adquirir conciencia de nuestros pecados al estar en comunión con Dios.
La resolución de nuestros pecados debe estar basada únicamente en aquello de lo cual hemos sido hecho conscientes y no en todo cuanto hicimos al realizar todos los pecados cometidos. Así pues, la base para las medidas que debemos tomar con respecto a los pecados implica un ámbito de acción mucho más reducido que el determinado por lo que constituye el objeto de dichas medidas…Si estamos conscientes sólo del diez por ciento de la totalidad de nuestras acciones pecaminosas, confesamos este diez por ciento; y si estamos conscientes del veinte por ciento, confesamos el veinte por ciento. En otras palabras, nos ocupamos de aquellos pecados que recordamos… En la práctica, tomar medidas con respecto a los pecados no es una ordenanza dictada por la ley, sino un requisito para tener comunión.
No es necesario que tomemos medidas con respecto a aquellos pecados de los cuales no estamos conscientes. Pero si estamos conscientes de algún pecado, debemos confesarlo inmediatamente, de otra forma, nuestra conciencia nos acusará, nuestra fe naufragará y todo lo espiritual se desvanecerá (1 Ti. 1:19).
La conciencia nacida de la comunión, sobre la cual basamos nuestra confesión de los pecados, no es absoluta, sino que difiere de acuerdo con la profundidad de la comunión que uno tenga con el Señor… Si nuestra comunión es profunda, la conciencia que tengamos con respecto a nuestros pecados será aguda y definida. Si por otro lado, nuestra comunión es superficial, estaremos conscientes de nuestros pecados de manera borrosa y débil… Por lo
tanto, nunca debemos medir a otros con la vara de nuestra propia conciencia, ni debemos aceptar la conciencia de otro como la vara por la cual nos medimos a nosotros mismos. Todos debemos aprender a confesar nuestros pecados únicamente conforme a la conciencia
que tengamos de ellos en el momento en que estamos en comunión con el Señor.
El límite fijado para las medidas que tomemos con respecto a nuestros pecados
El límite fijado para las medidas que tomemos con respecto a nuestros pecados es similar al usado para poner fin al pasado. Es la vida y la paz. Cuando enfrentamos nuestros pecados, debemos hacerlo hasta que tengamos vida y paz interiormente. Si obedecemos nuestra conciencia al hacer frente a nuestros pecados, nos sentiremos satisfechos, fortalecidos, refrescados y avivados, también nos sentiremos gozosos, tranquilos, cómodos y seguros. Nuestro espíritu estará vigoroso y lleno de vida, y nuestra comunión con el Señor estará libre de impedimentos. Nuestras oraciones liberarán la carga del Señor y tendrán autoridad, y lo que digamos tendrá fuerza y poder. Todas estas sensaciones y experiencias conforman una condición de vida y paz. Esto determina el límite al que debemos llegar cuando enfrentamos nuestros pecados y también es el resultado de las medidas que tomamos.
Witness Lee. Living Stream Ministry
Henry
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"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee

La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins

Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
Ian Thomas
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Predeterminado Mensaje 27 para nuevos creyentes

Mensaje 27
Vida interior
Desarrollo, crecimiento y madurez
Lectura bíblica
Hch.10:43 ...todos los que en El creen recibirán perdón de pecados.
1 Jn. 1:9 Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda injusticia.
Las medidas a poner en práctica con respecto a los pecados
El objeto de las medidas a tomar tiene dos facetas: por un lado se trata de nuestro historial de pecados delante de Dios, y por el otro se trata de la acción misma de pecar.
Nuestro Señor sufrió el justo juicio de Dios en nuestro lugar. Su sangre satisfizo los requisitos de la ley de Dios, en nuestro beneficio; por lo tanto, la cuenta de todos nuestros pecados que obraba delante de Dios, ha sido anulada. Sin embargo, si esta realidad objetiva ha de convertirse en nuestra experiencia subjetiva, debemos aplicarla a nosotros. Hablaremos de esta aplicación dividiéndola en dos etapas: antes de ser salvos y después de ser salvos.
[Según Hechos 10:43] la anulación de la cuenta de nuestros pecados antes de ser salvos depende de nuestra fe.
En 1 Juan 1:9… leemos [las palabras] que el apóstol escribe a los que son salvos, donde hace referencia a todos los pecados que cometemos después de que hemos sido salvos… La anulación de la cuenta de nuestros pecados después de que somos salvos… depende de nuestra confesión. Aquí la aplicación tiene lugar por medio de nuestra confesión.
¿Qué medidas debemos tomar con respecto a la acción misma de pecar? Si hemos ofendido a Dios, debemos resolver este asunto delante de El y pedirle perdón. Si hemos pecado contra el hombre, también debemos confesarlo ante él pidiéndole perdón…Al tomar medidas con respecto a los pecados cometidos contra los hombres, hay cuatro principios básicos que debemos recordar y que debemos observar … Independientemente del pecado respecto del cual tomamos las medidas correspondientes y sin importar cómo tomamos estas medidas, siempre debemos atender a estos cuatro principios y preguntarnos: [1] Las medidas a tomar respecto de este pecado ¿disiparán la discordia existente en nuestras relaciones con la otra parte afectada? [2] ¿Harán que nuestra conciencia esté limpia y libre de ofensa? [3] ¿Harán que podamos testificar en cuanto a la salvación de Dios y así darle a El la gloria? [4] ¿Beneficiarán a otros? Si nuestras respuestas se conforman a estos cuatros principios, entonces podemos proseguir a confesar nuestros pecados con confianza. No obstante, si una de las respuestas no concuerda con uno de estos principios, debemos ser cautelosos; de otro modo, el enemigo tomará ventaja de nuestra resolución y la usará para producir un resultado opuesto. A fin de que nuestra resolución sea llevada a cabo apropiada
y cabalmente para que Dios sea glorificado, para que obtengamos gracia y para que otros se beneficien, daremos ahora algunos detalles específicos que están en conformidad con los cuatros principios que hemos mencionado.
Primero, aquello con respecto de lo cual debemos tomar medidas: Debemos tratar directamente con la persona a quien hemos ofendido y tomar medidas con respecto a esa ofensa específica. Si hemos pecado solamente contra Dios, confesamos dicha ofensa ante Dios solamente. Si hemos pecado contra Dios y contra determinadas personas, debemos confesar ante Dios y ante esas personas… No es necesario confesar ante quienes no hemos ofendido… Las medidas que tomemos no deben exceder la esfera del pecado cometido. Esto asegura que no perjudiquemos a otros y que obtengamos nuestra paz interna… Segundo, las circunstancias en las que debemos tomar medidas respecto de los pecados… Si los pecados fueron cometidos delante de los demás, las medidas a tomar deberán ser ejecutadas en público; si hemos pecado en secreto, las medidas a tomar deberán ejecutarse en secreto. El pecado que hemos cometido en privado no requiere resolución pública. Tercero, la atribución de responsabilidades con respecto a nuestros pecados. Cuando nos enfrentemos a nuestros pecados, debemos ocuparnos sólo de aquello por lo cual nosotros somos responsables, nunca deberíamos involucrar a otros… No debo poner en evidencia lo que otros han hecho y causarles problemas. Cuarto, rembolsar a otros. Si el pecado que hemos cometido involucra bienes materiales o ganancias de otros, debemos hacer restitución. Al devolver lo que habíamos tomado, debemos restituir el valor original y añadir un poco más para compensar la pérdida. En el Antiguo Testamento, en Levítico 5, se nos dice que un quinto debe ser añadido. En el Nuevo Testamento tenemos el ejemplo de Zaqueo (Lc. 19), quien restituyó cuadruplicado a aquellos a los cuales había engañado. Estas no son leyes ni normas establecidas, sino principios y ejemplos que nos muestran que siempre que hagamos restitución, debemos hacerlo añadiendo algo al valor original.
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