LA BIBLIA ES UN LIBRO ACERCA DE COMER
Lectura bíblica: Gn. 2:8-9, 16; Ex. 12:6-8; Dt. 12:6-7; 15:19-20; 16:10-11, 15; Jn. 6:35, 57, 63; Ap. 22:2, 4
La Biblia es un libro maravilloso, pero ¿cuál es su tema principal? Es perfectamente válido decir que la Biblia habla de Cristo, la vida y la salvación. Además, es correcto decir que habla de que las esposas deben someterse a sus maridos, del amor que éstos deben tener para con aquéllas, del honor que los hijos deben dar a sus padres y del cuidado de éstos para con ellos. También se puede decir que la Biblia habla de la humildad, la paciencia, la paz y la bondad, que habla del amor de Dios, Su luz y Su santidad. También podemos decir que habla de adorar a Dios, amarle y servirle. Podemos enumerar centenares y millares de temas que la Biblia contiene. Sin embargo, es interesante que jamás hayamos oído un mensaje acerca de que la Biblia habla de comer.
Es cierto que la Biblia es un libro de vida, de salvación, de amor y de enseñanzas. No obstante, después de leer los versículos citados, debemos reconocer que la Biblia es un libro acerca de comer.
Cuando Dios creó al hombre, no le dijo que necesitaba vida o salvación, ni que debía obedecerle, ni que debía ser humilde o pacífico, sino que lo puso en un huerto frente al árbol de la vida, indicándole en efecto que debía comer, comer y comer. ¿De qué habla la Biblia? De comer. ¿Cuál es el tema de la Biblia? Comer.
La Biblia es un libro profundo y misterioso. No nos aburre aun después de leerla repetidas veces ni podemos agotar sus riquezas después de leerla cien, o mil, o diez mil veces. Cada vez que leemos la Biblia hallamos algo nuevo. Hace unos treinta años yo ya había gastado tres o cuatro Biblias de tanto leerlas, y pensaba que la entendía casi en su totalidad. Pero llegué a comprender que todavía hay muchas verdades en la Biblia que no he visto. Si ahora me preguntan: “¿Hermano Lee, ¿qué ha descubierto en la Biblia ahora?” Les respondería: “Descubrí una sola palabra: comer”.
PARA LEER LA BIBLIA DEBEMOS DESECHAR NUESTRAS IDEAS
Este tema se presenta claramente en la Biblia, pero no lo vemos ni siquiera después de leerla muchas veces. ¿Por qué no lo vemos? Porque las ideas obsoletas que tenemos son un velo que nos cubre los ojos. Es evidente que la palabra comer se encuentra en la Biblia, mas nosotros no la vemos. Esto se debe a que tenemos ideas preconcebidas y viejas.
Los versículos de Deuteronomio que citamos contienen un mandato que se repite muchas veces: “Y comeréis allí ... vosotros y vuestras familias” (12:7). Aunque hemos leído esta expresión muchas veces, es posible que no veamos que está ahí. Sin embargo, la expresión de Josué 24 que dice: “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (v. 15), que sólo consta una vez en los sesenta y seis libros de la Biblia, es conocida por todos los creyentes. ¿A qué se debe esto? A que en nuestros conceptos naturales, la idea de servir a Dios cabe muy bien, pero no tenemos noción alguna de lo que es comer al Señor. Por lo tanto, aun después de leer los versículos que mencionan este tema, quizá todavía no veamos la palabra comer. Este verbo está en la Biblia, pero no es parte de nuestros conceptos. Sin embargo, la noción de servir sí es parte de nuestra mentalidad. Siendo francos, inclusive sin leer el versículo de Josué 24, según nuestros conceptos, nosotros diríamos igualmente: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”. Este versículo bíblico concuerda con nuestros conceptos. Por consiguiente, esta idea se fija fácilmente en nuestra mente al leer el versículo. Esto es ajustar la Biblia a nuestros conceptos, no nuestros conceptos a la Biblia. Este es el problema que tenemos al leer la Biblia.
Dios dice que Sus pensamientos no son nuestros pensamientos; con todo, nosotros no estamos dispuestos a desechar los nuestros. Cada vez que acudimos a la Palabra de Dios, no leemos la Biblia, sino nuestros conceptos. Por ejemplo, tenemos el concepto común de que la esposa debe sujetarse al esposo y que el esposo debe amar a la esposa. Así que, al leer Efesios 5 donde se mencionan estas cosas, las vemos inmediatamente. Pero hay muchos pasajes importantes de la Biblia que pasamos por alto aunque los leamos muchas veces.
GENESIS: EL DESEO DE DIOS ES
QUE EL HOMBRE COMA DEL ARBOL DE LA VIDA
¿De qué habla la Biblia de principio a fin? Todos los estudiosos de la Biblia reconocen que hay un principio básico en la Biblia: cuando la Biblia menciona algo por primera vez, establece el significado inmutable de ese tema en su desarrollo posterior. Por consiguiente, si deseamos conocer la debida relación entre Dios y el hombre, debemos ver lo que Dios quería que él hiciera cuando lo creó. Cuando El creó a Adán, no le dijo: “Adán, te he creado para que me adores”. No notamos estas cosas en la Biblia, pues los pensamientos del hombre son religiosos. No digo con esto que tales conceptos sean malos, sino que son religiosos y provienen de la mentalidad del hombre caído; no son el pensamiento original. Cuando Adán fue creado, Dios lo puso frente al árbol de la vida y le dijo que podía comer gratuitamente del fruto de los árboles del huerto. Lo primero que Dios deseaba era que el hombre comiera, comiera y comiera. Por eso decimos que la Biblia es un libro que habla de comer. Pero ¿comer qué? Comer a Dios. Comer al Señor.
Sin embargo, podemos ver que de inmediato el hombre cometió el error de comer lo que no debía, y cayó. Es terrible comer lo que no debemos. Adán cayó porque comió. Comer físicamente es un símbolo de esto. Lo que comamos, sea de la vida animal o de la vida vegetal, es nuestra provisión vital. Si comemos lo que no debemos, podemos intoxicarnos. En algunos casos, nos podemos enfermar, y en casos más serios, hasta podemos morir. Lo mismo se aplica al ámbito espiritual. Solamente Dios es la verdadera comida; debemos comerlo únicamente a El. Si comemos otro alimento, comemos lo que no debemos. No nos debe sorprender que todos los seres humanos estén intoxicados. La última oración del libro de Génesis dice, refiriéndose a José: “Lo embalsamaron y lo pusieron en un ataúd en Egipto” (50:26). Tal fue el fin de José, y ése es precisamente el final del género humano. Este fue el resultado de que el hombre que Dios creó se hubiera intoxicado. Después de que el hombre se envenenó, murió, luego fue puesto en un ataúd, y permaneció en Egipto.
EXODO: EL DESEO DE DIOS ES QUE EL HOMBRE COMA EL CORDERO
Después de Génesis, tenemos el Exodo, libro en el que Dios salva al hombre, quien todavía estaba en Egipto. ¿Cómo llevó a cabo Dios la salvación? En esta ocasión Dios se presentó en otra forma. En Génesis Dios se presentó como árbol de la vida, mas en Exodo se presenta como el Cordero.
Primero, Dios se presenta como una planta; luego como un animal. Ambos son figuras muy significativas. Un cordero es pequeño, y creo que el árbol de la vida no era un árbol grande ni alto, ya que estaba al alcance de Adán. De hecho, pienso que no era un árbol que crecía muy alto, sino que se extendía horizontalmente como la vid. Por consiguiente, Dios no se nos presenta como algo enorme.
No digo con esto que Dios no sea grande, sino que cuando El se nos dio para que lo comiéramos, se hizo pequeño. Cuando Jesús vino, los judíos esperaban al Mesías. Para ellos, éste tenía que ser un hombre grandioso. No obstante, cuando vino el Señor Jesús, a ellos les pareció muy débil y sin atractivo ni majestad; para ellos, El era un nazareno, de Galilea. Era verdaderamente insignificante.
Un día este pequeño hombre Jesús hizo algo espectacular. Alimentó con cinco panes y dos peces a cinco mil personas, sin contar a las mujeres ni a los niños. Por eso los judíos dijeron: “Este verdaderamente es el Profeta”, y trataron de hacerle rey. El Señor se les escabulló cuando oyó tal cosa. Nosotros no lo necesitamos aplaudir, pues si lo hacemos, El no recibirá el homenaje, sino que se irá. Al día siguiente el Señor Jesús regresó, pero no haciendo un despliegue de grandeza, sino en secreto, y les dijo: “Yo soy el pan de vida. Vine como alimento. No me interesa ser vuestro rey. No me adoréis, ya que cuanto más lo hacéis, más me desagrada. Pero si me coméis, me alegraré. Yo soy el pan de vida; el que me come vivirá por causa de Mí”.
Este concepto no se basa en la moral ni en la religión; ya que es un concepto divino. Hasta el presente, nosotros tenemos conceptos religiosos y seguimos pensando que el Señor está lejos en los cielos y que es supremamente santo. No digo que esto sea errado ni que no sea bueno, sino que no concuerda con el concepto de Dios, el cual consiste en que no hagamos un sinnúmero de actividades sino que le comamos.
Tomado de “Comer al Señor”. Witness Lee
Aguas refrescantes 23 de junio
Todos los santos os saludan. 2 Corintios 13:13.
Es inútil tratar de producir santos individuales. Alabemos al Señor que individuos pecadores se salvan, pero esto es para que lleguen a ser miembros del cuerpo de Cristo. Dios nunca está satisfecho con creyentes: separados o individualistas. La meta divina es un Hombre y no una hueste de hombres pequeños. La cruz y la resurrección nos conducen hacia el Cuerpo. .
Esto debe ser puesto en la práctica. Así como leer una guía de una ciudad no puede ser un reemplazo de una visita a la misma, y así como tener un recetario de cocina lleno de deliciosas recetas no tiene valor hasta que entremos en la cocina y comencemos a cocinar, tampoco es suficiente creer en las enseñanzas acerca del cuerpo de Cristo. Es esencial aprender y practicar la santidad junto con otros creyentes. Debemos renunciar a metas puramente individuales y aprender a actuar junto con otros. Con frecuencia notaremos que esto significa no tan sólo agregar a nuestra vida aquello que es de Cristo por medio del Espíritu, sino también quitar a veces con dolor cualquier cosa que en nosotros debe ser llevado a la cruz. Sea con dolor o sin él, practiquemos la responsabilidad de nuestra membrecía en el Cuerpo.
Watchman Nee
Jesús es el Señor! - Jesus is Lord - Jesus ist der Herr - Yeshua adonai - Gesù è il Signore - Jésus est Seigneur - Ιησους ειναι ο Λορδος - Иисус – Господь - يسوع هو الرب - 耶稣是主 - 主イエスは - Jesus é o Senhor - Jesus är lorden
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22/06/10,23:37:18
"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee
La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins
Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
Ian Thomas
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23/06/10,18:22:48
EL MINISTERIO DEL APOSTOL JUAN EN SU MADUREZ (8ª semana)
David es ungido rey
Lunes --- Leer con oración: 1 S 1:11; Nm 6:2-4
“E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza” (1 S 1:11)
SERVIR CON UN CORAZÓN VOLUNTARIO
En las semanas anteriores vimos que, a lo largo de estas eras, el Señor ha distribuido ministerios a sus siervos. De sus experiencias, hemos recibido mucha ayuda. De la experiencia de Adán, por ejemplo, aprendimos que, a pesar de su fracaso en Edén, posteriormente él fue el primero en invocar el nombre del Señor. Mucho tiempo después de Adán, en la época de los jueces, cada vez que el pueblo pasaba por tribulaciones, clamaba al Señor y Él les enviaba jueces para librarlos.
El último de los jueces fue Samuel. Estrictamente hablando, él no tenía ninguna parte en el sacerdocio, porque no era de la casa de Aarón. Sin embargo, por medio del principio del nazareato, fue consagrado a Dios por su madre, incluso antes de ser concebido (1 S 1:11; cfr. Nm 6:2-4).
Lo que aprendimos con la vida de Samuel, es que todos podemos servir al Señor. Para ello sólo nos basta tener un corazón voluntario para servirle. Si tenemos ese corazón, podemos tener un ministerio.
Dios le dio un triple ministerio a Samuel. El primero de ellos fue el de juez; el segundo el de sacerdote, y el tercero, de profeta. No obstante, es importante resaltar que Samuel sólo pudo servir a Dios gracias a su madre, que oró insistentemente por él y lo consagró todos los días de su vida. Por causa de la oración de Ana, Dios obtuvo al hombre que necesitaba, para que después de algún tiempo, pueda ungir al rey David.
Samuel fue llevado para servir en el templo cuando aún era un niño. Durante su crecimiento, ni siquiera el pésimo ejemplo de los hijos de Elí, Ofni y Finees, influenció en su vivir.
Pero, aunque Samuel fue un buen ministro de Dios, él falló al constituir a sus hijos Joel y Abías como jueces sobre Israel, pues ellos no eran justos (1 S 8:1-3). El vivir justo es un requisito indispensable para cualquier juez.
Por causa del procedimiento de sus hijos, surgió mucho descontento entre el pueblo, que terminó pidiéndole a Samuel que les constituyera un rey, con el propósito de ser semejantes a las demás naciones (v. 5). Cuando Samuel le consultó al Señor al respecto de la petición del pueblo, Él le respondió: “Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos (...) Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos” (vs. 7, 9).
Una vez que Dios permitió que Israel tuviera un rey, la incumbencia de Samuel en aquel momento era encontrar al hombre que Dios deseaba hacer rey sobre Su pueblo.
Punto Clave: Consagrarse voluntariamente al Señor.
Pregunta: ¿En qué consistió el ministerio de Samuel?
Martes --- Leer con oración: 1 S 15:1-23
“Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación” (1 S 15:22b-23a)
OBEDECER ES MEJOR QUE SACRIFICAR
Saúl fue el primero en ser ungido como rey de Israel (1 S 10:1). Al principio, él era muy humilde y nisiquiera se sentía digno de ejercer aquella función, pues era de la tribu más pequeña de Israel y de la familia más pequeña de esa tribu (9:21). Sin embargo, durante su reinado, Saúl no obedeció los mandamientos del Señor (15:1-3). Por ejemplo, en cierta ocasión, el Señor, por medio de Samuel le había ordenado que matara a los amalecitas y todo lo que les pertenecía. Pero Saúl perdonó al rey de los amalecitas y a los mejores animales del rebaño de ellos (15:9).
Esa actitud de Saúl contradijo la voluntad de Dios, al punto de que el Señor afirmó que le pesaba haberlo puesto por rey (v. 11). Esto sucedió porque, de acuerdo con la historia del pueblo de Israel, los amalecitas eran sus principales enemigos. Por eso mismo, Saúl debió haber obedecido íntegramente a la palabra de Dios, y así, haber cumplido lo que le había sido determinado.
Después de desobedecer la orientación divina, Saúl recibió la visita de Samuel. Al ver llegar a Samuel, el rey lo saludó de la siguiente manera: “Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová” (v. 13). Samuel entonces dijo: “¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos?” (v. 14). A lo que Saúl respondió: “De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos” (v. 15).
Entonces dijo Samuel a Saúl: “Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche” y continuó: “Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel? Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes. ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?” (vs. 16-19).
Saúl inmediatamente se justificó diciendo: “Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas. Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal” (20-21).
El versículo 22 prosigue: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová?”. Necesitamos saber que Dios se complace cuando obedecemos a Su palabra. No importa cuán bueno sea nuestro argumento, lo que al Señor nuestro Dios le interesa, es que Le obedezcamos.
Samuel continuó: “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación” (vs. 22b-23a).
Debemos guardar estas palabras porque establecen un principio muy importante para todos los que desean ser ministros de Dios.
Punto Clave: Guardar las palabras del Señor en el corazón.
Pregunta: ¿A qué se refería Samuel en 1 S 15:22?
Miércoles --- Leer con oración: 1 S 16:1-13
“Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 S 16:7b)
EL SEÑOR MIRA EL CORAZÓN
Después de los fracasos de Saúl, Dios se arrepintió de haberlo puesto por rey y ordenó que Samuel ungiera a otra persona en su lugar. En 1 Samuel 16, el Señor le dijo a Samuel: “¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey” (v. 1).
Samuel, a diferencia de Saúl, salió a cumplir lo que Dios había determinado. Fue a Belén y al llegar allí, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle con miedo, y le dijeron si su venida era pacífica (v. 4). El respondió: “Sí, vengo a ofrecer sacrificio a Jehová; santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio” (v. 5).
Entonces Samuel le pidió a Isaí que trajera a todos sus hijos. Cuando apareció el primero, alto y de buena apariencia, le dijo: “De cierto delante de Jehová está su ungido” (v. 6). Pero el Señor le dijo: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (v. 7).
Los siete hijos mayores de Isaí pasaron delante de Samuel, sin embargo el Señor no escogió a ninguno de ellos para ser rey. Samuel entonces le preguntó a Isaí: “¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas” (v. 11a). Todo este relato deja claro que a los ojos humanos, David era un joven que no se destacaba entre sus hermanos.
Y dijo Samuel a Isaí: “Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí. Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque éste es” (v. 11b-12). Después que Samuel ungió al joven, el Espíritu del Señor vino sobre David (v. 13).
Punto Clave: El Señor no mira lo que mira el hombre.
Pregunta: Al ver al hijo mayor de Isaí, Samuel pensó que estaba frente al futuro rey. ¿Qué lección aprendió de esto?
Jueves --- Leer con oración: 1 S 17:1-40
“Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo” (1 S 17:37)
EL PEQUEÑO DAVID Y SU CONFIANZA EN EL SEÑOR PARA LUCHAR CONTRA EL GIGANTE GOLIAT
El Señor había ungido a Saúl por rey sobre Israel, pero, por el hecho de haber desobedecido a la palabra de Dios, el Espíritu del Señor se apartó de Saúl, y un espíritu malo comenzó a atormentarlo. A esa altura, Samuel ya había ungido a David como rey, pero, como eso no había sido hecho públicamente, muchos todavía no sabían que David había sido escogido para reinar.
Entonces, los criados de Saúl le sugirieron que buscara a un hombre que supiera tocar el arpa en la presencia del rey, para que él se sintiera mejor. Así que, David fue llevado a la presencia de Saúl y cuando el espíritu malo venía sobre él, David tomaba el arpa y tocaba con su mano.
Inmediatamente después, en el capítulo 17, es narrada una guerra entre los filisteos y el pueblo de Israel. Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín, gigante, el cual se llamaba Goliat, que desafiaba a los israelitas en el campo de batalla (vs. 1-11).
Goliat usaba un casco de bronce en su cabeza, y llevaba una cota de malla, que las armas comunes no lograban perforar. Además, él también usaba grebas de bronce sobre sus piernas, y jabalina de bronce entre sus hombros (v. 6). El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y el hierro de su lanza tenía un peso equivalente a siete kilos.
Todos los días, el gigante Goliat se ponía frente al ejército de Israel y se burlaba de ellos diciendo: “¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí” (v. 8). Pero ninguno de los combatientes entre los israelitas tenía el valor de enfrentarlo (v. 11).
No obstante, David, al oír las palabras de Goliat se presentó voluntariamente para luchar contra él. El hijo menor de Isaí fue llevado al rey Saúl y le dijo: “No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo” (v. 32).
Goliat era enorme, y David era sólo un joven. Cuando se presentó a Saúl, éste le dijo: “No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud” (v. 33). Entonces David respondió a Saúl: “Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente” (vs. 34-36).
Añadió además David: “Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo” (v. 37).
David era pastor de ovejas y nunca había usado armadura para la guerra. Pero Saúl, con la intención de protegerlo le ofreció su propia armadura. Sin embargo, después de vestirla, él ni siquiera lograba caminar, por eso la dejó, tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo (v. 40). Esas serían sus armas en la lucha contra el gigante Goliat.
Punto Clave: Ser sencillos para luchar.
Pregunta: ¿Qué lección podemos extraer para nuestra vida de la experiencia de David antes de luchar contra el gigante Goliat?
Viernes --- Leer con oración: 1 S 17:41-51; 18:7-9
“Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel” (1 S 17:45)
LUCHAR EN NOMBRE DEL SEÑOR DE LOS EJÉRCITOS
David no se acobardó frente al gigante filisteo. Antes bien, confió en el Señor y fue al campo de batalla: “Y el filisteo venía andando y acercándose a David, y su escudero delante de él. Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer. Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses” (1 S 17:41-43).
Goliat no tenía temor del Señor y le dijo al joven David: “Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo” (v. 44). Sin embargo, el joven David no se intimidó y respondió al gigante: “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos” (vs. 45-47).
Cuando los dos finalmente se acercaron, David metió la mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con la honda. La piedra quedó clavada en la frente de Goliat, y éste cayó sobre su rostro en tierra. Entonces David tomó la espada del gigante y le cortó la cabeza. Así David, a quien Dios había ungido para ser el rey de Israel, derrotó al gigante Goliat.
Cuando el ejército de Israel regresaba a casa, muchos salieron a darles la bienvenida al rey Saúl y al joven David. Continuando en el capítulo 18, leemos: “Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles” (v. 7). A partir de ese momento, Saúl comenzó a buscar la oportunidad de matar a David, quien huyó y se escondió del rey. Aun así, Saúl buscaba saber donde estaba David, y cuando lo descubría, enviaba a su ejército para matarlo.
El capítulo 23 de 1 Samuel relata que David estaba en una ciudad llamada Keila, y Saúl mandó a su ejército para allá, siguiéndolo. Después de consultar al Señor y saber Su orientación, David logró huir de las manos de Saúl. El versículo 14 de ese mismo capítulo dice: “y lo buscaba Saúl todos los días, pero Dios no lo entregó en sus manos”.
Saúl quería matar a David por causa de los celos que sentía. Las palabras dichas por el pueblo cuando regresaban de la batalla lo irritaron, llenando su corazón de envidia y celos. Este hecho nos remonta a la historia de Caín, que mató a su hermano por un motivo similar. Por el hecho de que Dios aceptó la ofrenda de Abel y no se agradó de la de Caín, esto hizo que tuviera envidia de su hermano.
La lección que aprendemos de estas experiencias es que necesitamos negarnos a nosotros mismos para no caer en la misma situación. La envidia viene de la carne y necesita ser tratada con la cruz (Gá 5:21, 24).
Punto Clave: Vencer la envidia con la cruz.
Pregunta: ¿Por qué Saúl sentía odio por David?
Sábado --- Leer con oración: 1 S 26:1-25
“Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová” (1 S 24:6)
NO EXTENDER LA MANO CONTRA EL UNGIDO DEL SEÑOR
Por el hecho de que el espíritu malo se apoderó de Saúl, él quería por todos los medios matar a David. Sin embargo, un día, cuando huía de Saúl, David tuvo la oportunidad de matar al rey.
Saúl acampó en un lugar llamado Haquila cuando perseguía a David. Se quedaron allí para pasar la noche, él, Abner, general de su ejército, y el pueblo. Entonces, David descubrió el campamento de Saúl y fue a él mientras todos dormían (1 S 26:1-5).
Entonces Abisai, uno de los generales de David, le dijo: “Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo golpe” (v. 8). Abisai era un gran militar que de un solo golpe era capaz de matar a Saúl. El versículo 9 describe la actitud de David: “No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?”.
Por tanto, vemos que David, en esa ocasión, tuvo la oportunidad de matar a Saúl, pero por temor al Señor no lo hizo, porque se trataba del ungido de Dios. ¡Gracias al Señor! Esta fue una prueba de Dios para David. El Señor quería comprobar lo que había en su corazón.
David continuó: “Vive Jehová, que si Jehová no lo hiriere, o su día llegue para que muera, o descendiendo en batalla perezca, guárdeme Jehová de extender mi mano contra el ungido de Jehová. Pero toma ahora la lanza que está a su cabecera, y la vasija de agua, y vámonos” (vs. 10-11).
Entonces David se alejó del campamento, subió a un monte cercano y dio voces al pueblo y a Abner, y éste respondió diciendo: “¿Quién eres tú que gritas al rey?”. David le dijo a Abner que debía tener más cuidado con la seguridad del rey. Asimismo le dijo que tenía las pertenencias del rey, la lanza y la vasija de agua, pero que no había extendido su mano contra Saúl.
Saúl reconoció la voz de David y le dijo: “¿No es esta tu voz, hijo mío David? Y David respondió: Mi voz es, rey señor mío. Y dijo: ¿Por qué persigue así mi señor a su siervo? ¿Qué he hecho? ¿Qué mal hay en mi mano? Ruego, pues, que el rey mi señor oiga ahora las palabras de su siervo. Si Jehová te incita contra mí, acepte él la ofrenda” (vs. 17-19a). En otras palabras, David le estaba diciendo a Saúl que lo matara si su muerte era la voluntad del Señor. David realmente amaba al Señor, y por eso, también amaba a aquel a quien el Señor había ungido.
En el versículo 21 vemos la reacción de Saúl: “He pecado; vuélvete, hijo mío David, que ningún mal te haré más, porque mi vida ha sido estimada preciosa hoy a tus ojos. He aquí yo he hecho neciamente, y he errado en gran manera”.
Finalmente, Saúl dijo a David: “Bendito eres tú, hijo mío David; sin duda emprenderás tú cosas grandes, y prevalecerás” (v. 25). Entonces David se fue por su camino, y Saúl se volvió a su lugar..
Punto Clave: Que el Señor nos guarde de extender la mano contra Su ungido.
Pregunta: ¿Por qué David no aprovechó la oportunidad para matar a Saúl?
Domingo --- Leer con oración: 1 S 24:3-18
“Porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?” (1 S 26:9)
RESPETAR Y HONRAR A LOS UNGIDOS DEL SEÑOR
El mensaje de esta semana cubrió una parte importante del libro de Samuel, el cual relata que David fue ungido como rey de Israel, éste fue un acontecimiento muy importante. Cuando Dios derramó sobre David la unción, no sólo le dio una comisión, sino también un ministerio.
Lo más importante es que el Espíritu del Señor fue derramado sobre él, y por ese motivo, se convirtió en el ungido del Señor, lleno del Espíritu. La historia de David nos muestra que, cuando Dios quiere comisionar a alguien, primeramente Él lo llena del Espíritu y enseguida lo unge con la unción, con el propósito de que aquella persona ejecute Su voluntad. Si alguien va en contra del ungido del Señor, está yendo contra el Señor mismo.
Saúl estuvo en las manos de David por lo menos en dos oportunidades. En una de ellas, cuando perseguía a David, Saúl entró en una cueva para hacer sus necesidades, sin saber que David y su general estaban escondidos allí (1 S 24:3-7).
En aquella situación, él estaba vulnerable frente a un ataque de David, y fácilmente podría haberlo matado. David tomó su lanza, se acercó al rey, pero no lo mató. Él sólo cortó un pedazo de la túnica de Saúl y se alejó.
Después que Saúl salió de la cueva, David le habló de lejos y le preguntó porqué quería matarlo. Le contó a Saúl que el Señor lo había entregado en sus manos, pero que él le había perdonado la vida, porque Saúl era el ungido del Señor (vs. 8-9). Le dijo también que mire la orilla de su manto y viera que había sido cortada (v. 11). Entonces Saúl le respondió: “Más justo eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal” (v. 17).
En todo esto vemos que, a pesar de que ya había sido ungido por el Señor, David sabía que no podía hacerle mal al ungido de Dios. Sus actitudes demostraban que él respetaba y honraba a los que también habían sido ungidos por el Señor.
Esta es una lección que todo aquel que quiere ser un ministro de Dios necesita aprender. Si Dios tiene un ministerio para nosotros, Él también nos ungirá y nos dará el Espíritu. Así como David, hoy nosotros reconocemos que aquel que tiene la unción del Señor tiene el Espíritu sobre sí, y no podemos hacerle ningún mal.
Nosotros, por ejemplo, respetamos mucho a nuestros hermanos Watchman Nee y Witness Lee, porque ellos fueron ungidos por Dios y tuvieron sus ministerios.
Necesitamos aprender los unos de los otros, y respetar la porción que el Señor le dio a cada uno. No abramos la boca para criticar a los hermanos. Usted puede pensar que, si habla de alguien, eso no tendrá ninguna consecuencia, pero un día todos compareceremos ante el tribunal de Cristo y todas las cosas serán juzgadas. Por eso necesitamos aprender la lección de respetar y honrar a los ungidos del Señor. ¡Aleluya!
Punto Clave: Ser un ungido del Señor es tener a Dios sobre sí.
Pregunta: ¿Qué lección importante aprendió usted hoy?
Dong Yu Lan
Aguas refrescantes 24 de junio
Los tres valientes irrumpieron por el campamento de los filisteos, y sacaron agua del pozo de Belén. 2 Samuel 23:16. .
Hay un aspecto del sufrimiento en la Palabra de Dios que se observa como la elección deliberada de sus hijos, para quienes el servicio al Señor es como un deseo consu¬midor. Esto no es algo que se les impone y que aceptan hacer con renuencia, sino algo que eligen hacer alegremen¬te. Los hombres valientes de David no tenían necesidad de exponerse a este peligro, pero cuando le oyeron expresar, su deseo arriesgaron sus vidas para brindárselo.
El creyente debiera manifestar una actitud de disposi¬ción a sufrir adversidades. Dios pondrá un límite a nuestros sufrimientos, pero no debería haber limitaciones de nuestra parte a sufrir por el testimonio y por la salvación de 1os hombres. Esta actitud mental hacia el sufrimiento no es una idea sentimental sino el espíritu viril de aquellos que descartan los cálculos cuidadosos y el temor paralizante de llegar a lo extremo por amor de Cristo.
Watchman Nee
Jesús es el Señor! - Jesus is Lord - Jesus ist der Herr - Yeshua adonai - Gesù è il Signore - Jésus est Seigneur - Ιησους ειναι ο Λορδος - Иисус – Господь - يسوع هو الرب - 耶稣是主 - 主イエスは - Jesus é o Senhor - Jesus är lorden
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Watchman Nee
La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins
Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
Ian Thomas
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::: Tan viejo como Matusalen hijo de Enoc (Gen 5:21) ::: (+ de 1200 posts)
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24/06/10,14:17:33
CRISTO VINO PARA QUE LE COMAMOS
Los versículos que leímos en Deuteronomio 15 dicen que el primogénito del ganado no debe ser puesto a trabajar, ni se debe esquilar al primogénito de las ovejas, sino que deben comerse (vs. 19-20). ¿Qué significa esto en la tipología? Cuando muchos creyentes, y también incrédulos, hablan de Cristo, esperan que El labore para ellos o desean esquilarlo. Nadie piensa en comer a Cristo. Pedirle a Cristo que labre la tierra significa pedirle que haga algo para nosotros. ¿Ha notado que todos queremos que Cristo labre la tierra para nuestro beneficio todos los días? Si uno no puede resolver algún desacuerdo con su esposa, ora así: “Señor, Tú sabes qué esposa me diste; ya no sé qué hacer. Por favor cámbiala”. Esto es pedirle al Señor que labre la tierra en favor nuestro. Algunas hermanas oran así: “Señor, Tú sabes cuán terco es mi esposo. Por favor cámbialo; si no, no podré soportar más esta situación”. Cuando le pedimos al Señor que haga estas cosas para nosotros, le estamos pidiendo que labre la tierra.
¿Qué significa esquilar a las ovejas? Es quitarles la lana, la cual se usa para hacer ropa. Tal vez queramos que Cristo sea nuestro ornamento externo y tratemos de imitarlo. Son pocos los creyentes que escapan a esto. Los creyentes que no aman al Señor lo hacen a un lado sin siquiera notarlo. Pero los que le aman desean que El les labre la tierra o quieren esquilarlo.
La Biblia no nos dice que debemos labrar la tierra sino que debemos comer. No le pida a Cristo que haga algo en favor suyo; más bien coma a Cristo. No le pida que cambie a su cónyuge; más bien, coma a Cristo y vívalo a El. Tal vez su cónyuge no cambie nada, pero para usted, el vivir será Cristo. No le pida al Señor que discipline a su cónyuge, pues El nunca responde esa clase de oración. El Señor le dirá: “Mejor usaré mi vara para disciplinarte a ti”. Necesitamos comer al Señor. Cuando comemos al Señor, cualquier maltrato por parte de nuestro cónyuge nos será placentero. ¡Aleluya! No necesitamos que el Señor labre la tierra por nosotros ni necesitamos esquilarlo; sencillamente debemos comerlo.
Es como si el Señor nos dijera: “Yo soy el pan de vida. El que me come vivirá por causa de Mí. No esperéis que haga obras en vuestro favor, ni esperéis que yo sea vuestro ornato. Debéis comprender que yo vine para daros vida, y vida en abundancia. Yo deseo entrar en vosotros y ser vuestra vida y vuestro todo. Si yo vivo en vosotros, no os preocuparéis por las circunstancias. Es bueno que vuestro cónyuge cambie, pero es aún mejor si no cambia. Es bueno que vuestra esposa sea sumisa, pero es mejor si no lo es. Es hermoso tener un esposo tierno y comprensivo; sin embargo, es más hermoso si es tosco y áspero”.
Por consiguiente, lo que importa es tener vida en nosotros; no implorarle a Cristo que nos haga favores. Si Cristo entra en nosotros para ser nuestra vida y nuestro suministro vital, podemos hacer lo que otros no pueden, soportar lo que otros no pueden y llevar las cargas que otros no pueden. No labremos la tierra ni esquilemos las ovejas; más bien ¡comamos al Señor! No esperemos que El sea nuestro Profeta ni nuestro Rey. El vino para ser nuestro pan de vida. Así que, comámosle.
¿De qué trata la Biblia? ¡De comer! ¿Para qué vino Jesús? Para que le comamos. Cuando un creyente tradicional habla de la Pascua, le da importancia suprema a la sangre, lo cual es válido; no lo niego. El hombre pecó y necesita la sangre. Sin embargo, en el huerto de Edén sólo estaba el árbol de la vida, y no se menciona la sangre, ya que ésta sólo se hizo necesaria cuando el hombre pecó, pero el cordero no sólo tiene sangre, sino también carne. La sangre nos limpia de los pecados que cometimos por causa de la caída, y la carne nos suministra la vida del árbol de la vida. Por lo tanto, no sólo tenemos la sangre, sino también la carne.
Al leer Exodo 12 vemos dos cosas, la sangre y la carne. Aquélla fue rociada en los postes de la casa, por fuera, para que la casa estuviese cubierta por la sangre. ¿Qué hicieron los hijos de Israel que estaban cubiertos por la sangre? Comieron. Muchos creyentes hablan claramente de la sangre, pero el centro de la Pascua no es la sangre, sino la carne. La sangre es necesaria para participar de la carne; la aspersión de la sangre conduce al hombre a comer la carne. La sangre trae redención, y ésta, a su vez, conduce el hombre a disfrutar a Cristo como vida.
DEUTERONOMIO: EL DESEO DE DIOS ES QUE EL HOMBRE COMA EL PRODUCTO DE LA TIERRA
En el libro de Deuteronomio, vemos todo tipo de productos como diversas ofrendas que el pueblo de Israel traía a Dios. Estos productos tipifican a Cristo. Aunque las ofrendas se ofrecen a Dios, se convierten en nuestra comida. Ofrecemos a Dios estos productos, pero también llegan a ser nuestro alimento. Así que comemos lo que traemos como ofrenda.
En esta etapa, lo que disfrutamos no es sólo el cordero sino también la fiesta, en la cual tenemos bueyes, ovejas, tórtolas, grano, vino fresco y una gran variedad de primicias. Tenemos un rico banquete que incluye plantas y animales. Además, comemos este banquete siete días, no uno solo. Comemos durante los siete días de la fiesta.
Hoy comemos a Cristo no sólo como el árbol de la vida y como el Cordero, sino también como la fiesta. Guardamos la fiesta de Cristo. En cada reunión de la iglesia guardamos la fiesta y comemos a Cristo. ¡Venid y celebrad la fiesta! ¡Venid y comed a Cristo!
APOCALIPSIS: EL DESEO DE DIOS SIGUE SIENDO QUE EL HOMBRE COMA DEL ARBOL DE LA VIDA
Por último, al final de Apocalipsis vemos la Nueva Jerusalén, la cual tiene un río y el árbol de vida que crece a ambos lados del río. Hay un versículo en el último capítulo de Apocalipsis que dice: “Bienaventurados los que lavan sus vestiduras, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por la puertas en la ciudad” (v. 14). Vemos, entonces, que nuestro destino es comer y beber al Señor, ya que Dios así lo dispuso. El ordenó nuestro destino. No debemos elegir lo que a nosotros nos parece.
Aun antes de la fundación del mundo, Dios determinó que nuestro destino y nuestro futuro sería comer al Señor diariamente. ¿Qué deben hacer los creyentes? ¡Comer al Señor! ¿Qué clase de creyentes debemos ser? Debemos ser creyentes que comen al Señor. ¿Qué clase de iglesia hemos de ser? Una iglesia que come al Señor. Los creyentes son personas que comen al Señor. En esto consiste el recobro del Señor. ¿Qué está recobrando el Señor? El está recobrando la práctica de comerle. La cristiandad, en general, perdió esto, y dejó de ver el hecho de que los creyentes tienen derecho a comer al Señor. Esto es lo que el Señor está recobrando en la actualidad.
Bienaventurados los que lavan sus ropas, porque ellos tienen derecho al árbol de la vida. No dice que tienen derecho a adorar ni a servir, sino a comer. Ultimamente cuando se reúne la iglesia en Los Angeles, los asientos no están ordenados en hileras, sino en numerosos círculos pequeños. Oí que planeaban tener muchas mesas, a fin de sentarse juntos y disfrutar el banquete. Esto tiene mucho significado. Miren cómo están organizadas las bancas en este salón. Cuando los hermanos y las hermanas se reúnen ocupan las bancas, fila por fila, da la impresión de que estuvieran en “el culto dominical de adoración”. Cuando ustedes se sientan de esta forma, reina la atmósfera de un “culto dominical de adoración”. No piensen que la distribución de los asientos no merece nuestra atención. Cuando todos se sientan tan ordenadamente, predomina el sabor de la religión, y se pierde la atmósfera de banquete. Pero si distribuimos los asientos en pequeños círculos de cinco o seis, tendremos un ambiente de banquete.
LA MANERA DE COMER
Si el Señor a quien comemos es el Espíritu, ¿qué órgano debemos utilizar para comerle? Debemos usar nuestro espíritu. El Señor es el Espíritu; así que debemos usar nuestro espíritu para comerle. ¿Cómo le comemos? Lo hacemos invocándole: “¡Oh, Señor! ¡Oh, Señor!” Invocar al Señor equivale a comerle. La Biblia dice explícitamente que el Señor es nuestro alimento y que debemos comerle. El, como Espíritu, es nuestra comida, y el órgano con el cual le ingerimos es nuestro espíritu. Además, la manera de comerle es invocar Su nombre. Invocar al Señor es comerle.
Algunos tal vez digan que nosotros no celebramos el culto dominical de adoración con aclamación e invocación. Tienen toda la razón. A nosotros no nos interesa ningún tipo de culto dominical; nos reunimos para comer al Señor. ¿Cómo lo hacemos? Invocando Su nombre. Uno puede ser refinado en muchas reuniones, pero no cuando se trata de comer. Tal vez piensen que invocar al Señor no es algo muy refinado, pero yo sé que es agradable y dulce, pues lo he saboreado. Agradecemos y alabamos al Señor porque El está recobrando esto hoy. ¿Qué está recobrando el Señor en la actualidad? ¡Que debemos comerle a El! ¡Aleluya!
Tomado de: “Comer al Señor” Witness Lee
Aguas refrescantes 25 de junio
Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pám¬pano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Juan 15:4.
Permanecer significa quedar donde estoy. No significa entrar en algo o salir de algo. No se me puede pedir que me quede en un lugar si yo no estoy allí; Cristo nunca me or-denó a que me introduzca dentro de El. Esa no es mi tarea sino la de Dios. Yo no puedo hacerla por más que lo inten¬te. El me ha colocado allí. Lo que El me ordena hacer es de cuidar de que no me salga de allí.
La dificultad radica en que siempre estamos proclives a permitir que Satanás nos desarraigue, y él está trabajando incesantemente para movernos de nuestra posición en Cristo. Si cedemos ante un sentir de fracaso, imaginamos que estamos fuera de Cristo, y somos propensos a conside¬rar que de alguna manera hemos sido desplazados de nues¬tro lugar en Cristo. Sin embargo, aunque sintamos de una manera aguda que esto ha acontecido, nunca debemos caer en la desconfianza de Dios. El nos asegura que estamos en Cristo. Todo lo que pide es que tanto en actitud como en acción y en fe, permanezcamos allí.
Watchman Nee
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25/06/10,16:07:59
LEEMOS LA BIBLIA PARA TOCAR LA VIDA QUE CONTIENE
EL SEÑOR VINO PARA QUE EL HOMBRE LE COMIERA
Lectura bíblica: Mt. 15:21-28; Lc. 14:15-16; 15:22-24; 1 Co. 3:2; 1 P. 2:2
La Biblia es un libro extraordinario. Las ideas y los temas que recalca están, por lo general, fuera de nuestro alcance y además son contrarios a nuestros conceptos. Por lo tanto, cuando leemos la Biblia, debemos hacerlo despojándonos de nuestros conceptos. Debemos decirle al Señor desde lo profundo de nuestro ser: “Señor, líbrame de mis conceptos; quita mis velos para poder ver la luz pura contenida en Tu Palabra y para tocar el sentir puro que Tú tienes”.
Muchos hemos leído el Nuevo Testamento varias veces. Creo que al hacerlo nos hemos percatado de muchas enseñanzas bíblicas, pero si las examinamos detenidamente, descubriremos que la mayoría son conceptos que nosotros ya teníamos y eran parte de nuestra mentalidad. Podríamos decir que al leer la Biblia no adquirimos conceptos nuevos, salvo los que ya se encontraban en nuestra mente.
¿Por qué leemos la Biblia como si fuera un libro de ética o de moral? Porque nuestros conceptos giran en torno a lo ético y lo moral. ¿Por qué cuando leemos la Biblia, lo único que vemos es que debemos servir al Señor, laborar para El y tener celo por Sus asuntos o hacer obras para El? Esto se debe a que dichas nociones residen en nuestra mente.
Quisiera decir que si bien todos estos conceptos éticos y morales son válidos y constan en la Biblia, como por ejemplo, servir al Señor y trabajar para El, son en realidad el resultado de la vida que la Biblia contiene. Lo podemos comparar con un ramo de flores, el cual tiene cierta apariencia, forma y color; sin embargo, estas características externas son la manifestación de la vida que contienen las flores. Cada especie de vida tiene su propia esencia, fuerza y forma. Si uno permite que cierta vida se desarrolle, ésta manifestará su forma externa y su apariencia. Por consiguiente, la apariencia que se ve por fuera es la expresión de la vida que lleva por dentro.
Hoy en día cuando leemos la Biblia, es muy fácil ver la apariencia y la forma externa, pero no es fácil tocar la vida que está en lo interior. Esta es la dificultad fundamental que tenemos al leer las Escrituras. ¿Cómo podemos ver la vida que la Biblia contiene? En palabras sencillas: podemos hacerlo comiendo.
EL SEÑOR ES EL PAN DE LOS HIJOS Y,
POR ENDE, EL HOMBRE LE PUEDE COMER
Usemos el ejemplo de Mateo 15, donde se narra que el Señor se retiró de la tierra de Judea a la región gentil de Tiro y Sidón. Una mujer cananea se le acercó y clamó: “¡Ten misericordia de mí, Señor, Hijo de David! Mi hija sufre mucho estando endemoniada” (v. 22). Aunque ella era gentil, llamó al Señor Jesús Hijo de David, según la tradición judía, pero el Señor le respondió: “No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos” (v. 26). La mujer usó el título religioso “Hijo de David”; la respuesta de Jesús se refería a pedazos de pan. ¡Qué enorme diferencia entre las palabras dichas por estas dos personas!
El Hijo de David, un descendiente de la nobleza y heredero al trono era un hombre muy importante. En el concepto religioso del hombre, Cristo era un hombre increíblemente grandioso y era el Heredero de la familia real. Pero la respuesta de Jesús indica que El era el pan para los hijos. ¿Quién es mayor, el Hijo de David o los hijos? Todos concordaríamos en que el Hijo de David es mayor. Ahora bien, ¿quién es mayor, los hijos o el pan de éstos? Sobra decir que los hijos son mayores que el pan que comen. Examinemos lo siguiente: ¿quién es mayor, nosotros o el Señor Jesús? Deberíamos decir confiadamente que nosotros somos mayores, porque nosotros somos los hijos y El es el pan; sin embargo, no nos atrevemos a decirlo por la influencia de los conceptos religiosos y de las tradiciones. Decir que uno es mayor que el Señor no es una blasfemia para el Señor, sino una expresión genuina que es fruto de conocer al Señor. Con un corazón sincero, podemos decir: “Señor, te agradezco y te alabo porque llegaste a ser mi alimento. El que come es mayor que la comida. Señor, Tú te hiciste suficientemente pequeño para llegar a ser el alimento que yo puedo comer”.
Cuando el Señor se retiró a las regiones de Tiro y de Sidón, se le acercó una mujer cananea que estaba en una condición lamentable, pobre y vil. Para ella el Señor era el Hijo de David, un noble descendiente de la familia real. Pero el Señor fue sabio y le dio una formidable respuesta, la cual fue sencilla y profunda a la vez: “No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos”. El quería que la mujer cananea comprendiera que si El adoptaba la posición de Hijo de David no podría venir a ella, pues estaría en el trono, no en Tiro ni en Sidón, y ella no tendría derecho a clamar a El. Ella debía saber que El era el pan de los hijos, y que ella tenía su propio lugar. Aun como pan de los hijos, ella no tenía derecho a comerle. Ella era un perro gentil. Es decir, no conocía bien al Señor, ni se conocía bien a sí misma.
El Señor fue verdaderamente sabio, y el significado de Su respuesta fue profundo. Además, en ese momento, el Espíritu Santo operó en aquella mujer e hizo que su entendimiento se abriera al oír las palabras del Señor. Ella no discutió ni se molestó. Fue como si ella hubiera dicho: “Señor, tienes razón. Tú eres el pan de los hijos, y yo sólo soy un perro pagano. No obstante, los perros tienen su porción, que es las migajas que caen de la mesa. Los perros no pueden comer el pan que se sirve sobre la mesa, pero ¿no podrán comer las migajas que caen de la mesa?” La respuesta de la mujer cananea también estaba llena de significado. Es asombroso decir: “Señor, aunque Tú eres el pan de los hijos, éste ya no está en la mesa, pues los hijos lo arrojaron de la mesa. Como un perro pagano, yo estoy bajo la mesa, mas Tú también estás debajo de la mesa. Yo estoy en la región de Tiro y Sidón, y Tú no estás en Jerusalén; por lo tanto, Tú eres mi porción”.
Tomado de: “Comer al Señor” Witness Lee
Aguas refrescantes 26 de junio
Vosotros sois labranza de Dios. 1 Corintios 3:9.
La tendencia natural en este mundo caído es siempre la de alejarse de Dios. Consideremos un tema tan aparente¬mente inocente como el de la agricultura. Nadie sugeriría que en el Edén, donde estaba el árbol de la vida, la agricul¬tura o la jardinería tenía atisbo alguno de maldad. Fue algo diseñado por Dios, pero tan pronto salió de debajo del control de la mano de Dios comenzaron a crecer cardos y espinas. El hombre quedó condenado a una interminable carga y desilusión, y un elemento de perversidad marcó el fruto de su labor. "Maldita será la tierra por tu causa".
La liberación de Noé fue la gran acción de Dios para la recuperación en la cual la tierra tuvo una nueva función. Pero, cuán rápido y trágico fue el regreso del hombre a su anterior condición! "Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña; y bebió del vino, y se embria¬gó..." (Gn. 9:20,21). ¡Qué distinta es la Iglesia, la labranza de Dios! Por medio del poder de Dios posee un poder de vida inherente que la capacita, siempre que res¬ponda a ese poder, para moverse continuamente hacia Dios, o de volver hacia Dios si por algún motivo se descarría.
Watchman Nee
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26/06/10,14:48:04
EL SEÑOR SE HIZO TAN PEQUEÑO
QUE PUEDE ENTRAR EN NOSOTROS
Juan 6:54,56,58: Hermanos y hermanas, debemos ver lo significativo de este caso. Las personas se dirigen al Señor según sus propios conceptos religiosos y lo consideran un hombre grandioso, pero El nos revela claramente que eso no es acertado. No debemos conocerle según nuestros conceptos religiosos, sino según lo que nos revela Su Palabra. En la actualidad, la mayoría de las personas ven a Cristo como lo vio la mujer cananea. Por eso, algunos afirman que El era un maestro religioso, otros, que El fue el fundador de una religión o que fue un hombre muy destacado. Eso es lo que dicen los incrédulos. Para los creyentes, Cristo es mayor y más elevado. No niego que el Señor sea grandioso y altísimo, pero sí debemos comprender que tales conceptos concuerdan con las ideas religiosas del hombre. Desde que Dios creó al hombre, se le ha revelado y se le presentó como árbol de vida. Sabemos que los árboles frutales no son muy altos. Por ejemplo, el manzano y la vid no son árboles altos. Pero árboles como el abeto o el ciprés, cuya madera se usa para hacer postes, son bastante altos. Si los árboles frutales tuvieran una altura de cien metros, sería muy difícil comer su fruto. Por eso, estoy convencido de que el árbol de la vida presentado en la Biblia era pequeño y de baja altura. Algunos eruditos piensan que el árbol de la vida era una vid, porque el Señor declaró: “Yo soy la vid verdadera”. Aparte de este argumento, el árbol de la vida con seguridad no podía ser muy alto.
¡Aleluya! Cuando Dios apareció al hombre por primera vez, no se le presentó como un árbol enorme, sino como un árbol que estaba a su altura. Más tarde, cuando vino Jesús, el hombre lo consideró un gran líder religioso, pero El dijo: “Yo soy el pan de vida”. El pan es aún más pequeño que un árbol. Dios siempre se presenta al hombre como un ser accesible, y no como un ser enorme. Ello se debe a que solamente siendo pequeño puede entrar en el hombre. Cuando le ingerimos, El se deleita.
Muchos conocemos las epístolas de Pablo. Permítanme preguntar: en dichas epístolas ¿cuántas veces se nos exhorta a inclinar la cabeza y postrarnos ante Dios? Sólo en unos cuantos casos, pero con frecuencia Pablo usa las expresiones “Cristo en mí” y “Cristo en vosotros”. Por ejemplo, dijo: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”; “agradó a Dios ... revelar a Su Hijo en mí”; “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros”; “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”; “para que Cristo haga Su hogar en vuestros corazones” (Gá. 2:20; 1:15-16; 4:19; Col. 1:27; Ef. 3:17). Cuando algo entra en uno, ¿qué es mayor: la persona o lo que ingirió? ¡Aleluya! La persona es mayor. Cuando alabe al Señor puede decirle confiadamente: “Señor, te alabo porque soy más grande que Tú. Señor, Tú eres más pequeño que yo”. Si uno no se atreve a alabar al Señor así, demuestra que lo detienen sus conceptos religiosos. En la madrugada, trate de decirle al Señor con osadía: “Aleluya. Yo soy grande, y Tú eres pequeño”. Si lo hace, le garantizo que su espíritu brincará de gozo. El Señor le dirá: “He aquí un hombre que me conoce bien”.
No me entiendan mal. No digo que la persona del Señor Jesús sea menor que nosotros. El en Sí mismo es muy superior a nosotros. Sin embargo, El se hizo pequeño, el hombre Jesús, a fin de que le podamos comer y disfrutar. Además, cuando El salió de Jerusalén y se retiró a la región de Tiro y Sidón, se convirtió en las migajas que caen de la mesa. El pan que está sobre la mesa es relativamente grande, comparado con las migajas que caen, las cuales son muy pequeñas. “Jesús. Te alabo por ser las migajas que caen bajo la mesa. Ahora Tú no eres el Jesús entero, sino Jesús en migajas”.
Hace unos quince años en un adiestramiento que tuvimos aquí, me dediqué a escudriñar toda la Biblia buscando todos los títulos adjudicados al Señor que pudiera encontrar. El es Cristo, Emmanuel, el Hijo de Dios, y así sucesivamente. Encontramos unos doscientos setenta títulos, pero no incluí el título “migajas”. Esta mañana quisiera añadirlo. El Señor Jesús también es llamado migajas. El no sólo es el pan de vida, sino también las migajas.
Repito que Jesús mismo es grandioso, pero a fin de que nosotros le pudiéramos comer, El estuvo dispuesto a humillarse y a tomar la forma de esclavo. El hombre, en sus ideas religiosas, le llama Hijo de David, lo cual concuerda con la forma en que la tradición se dirige a El, pero el Señor Jesús dijo: “Yo soy el pan de los hijos; más aún, soy las migajas. No soy ni siquiera las migajas que quedan sobre la mesa, sino las que caen bajo la mesa”. El Señor Jesús vino al mismo lugar donde nosotros estamos, a la condición caída de Tiro y Sidón. Estas dos ciudades no eran lugares de prestigio, pero el Señor Jesús descendió allí. Aunque el es santo, se humilló y se solidarizó con nosotros, para acercarse a los pecadores y los injustos. Aunque es el gran Dios, se acerca a los hombres viles.
NO LE PEDIMOS AL SEÑOR QUE HAGA ALGO
POR NOSOTROS, SINO QUE LE COMEMOS
La mujer cananea se le acercó al Señor y le pidió que le hiciera un favor; le pidió que sanara a su hija enferma. Pero la respuesta del Señor no le dio la menor esperanza de que fuera a hacerle favor alguno. Le dijo que El era el pan que la podía alimentar. Esto nos muestra que lo que necesitamos no es que el Señor Jesús haga obras en beneficio nuestro, sino comerle. Hermana, ¿está enfermo su esposo? No le pida al Señor que lo sane. La razón por la cual su marido está enfermo es que usted pueda comer al Señor Jesús, y entonces su esposo sanará. ¿Está abatida por la desobediencia de sus hijos? Usted ora con frecuencia pidiéndole al Señor que haga el milagro de hacer que sus hijos sean obedientes. Pero cuanto más ora, menos eficaz parece la oración y peores se vuelven sus hijos. Ahora usted sabe lo que debe hacer: comer más al Señor. Coma bien al Señor, y su hijo sanará.
Cualquier necesidad que tengamos es una evidencia de que necesitamos comer al Señor Jesús. ¿Está desempleado? No le pida al Señor que le dé un trabajo; lo único que debe hacer es comer al Señor Jesús, y el trabajo aparecerá. Cuando los incrédulos oyen estas palabras, piensan que esto es una necedad, pero los que tienen experiencia saben que el trabajo viene como resultado de comer al Señor. No le pidamos al Señor que haga algo fuera de nosotros. Más bien, coma al Señor e ingiéralo.
Hermanos y hermanas, ya vimos que el Señor Jesús verdaderamente se hizo alimento para nosotros. Nuestra mentalidad necesita un cambio. Los ancianos de todas las localidades administran fielmente las iglesias, las llevan en sus corazones y desean ardientemente que avancen. Pero estar ansiosos por el progreso de las iglesias, aunque sea una preocupación genuina, no ayuda. No le pidamos al Señor que nos ayude a cuidar bien a las iglesias; lo que debemos hacer es comer algunas migajas del Señor Jesús. Cuando comemos más de El, las iglesias son avivadas.
Esta es la perspectiva primordial del Nuevo Testamento. El Señor no vino a hacer obras en favor nuestro, sino a alimentarnos. Es una equivocación pedirle al Señor que, como primogénito del ganado, labre la tierra para nosotros, y también es un error despojarlo de su lana para embellecernos nosotros. Cuando la mujer cananea mencionada en Mateo 15 le pidió al Señor Jesús que sanara a su hija enferma, El le contestó algo así: “No me pidas que sea como los bueyes para labrar tu tierra; soy las migajas que puedes comer. No te preocupes si tu hija está enferma o sana, sólo ¡cómeme! Cómeme, y tu hija sanará”.
Tenemos problemas en nuestra vida familiar porque no comemos a Jesús. Cuando la esposa come a Jesús, el esposo cambia para bien, y cuando el esposo come a Jesús, es ella la que cambia. Cuando los hijos comen a Jesús, los padres dejan de ser un problema. Cuando los padres comen al Señor Jesús, los hijos se vuelven a Dios. Necesitamos ingerir al Señor y dejar que sea nuestra vida, nuestro alimento y nuestro todo; sólo entonces las circunstancias cambiarán.
De hecho, ni siquiera nos preocupa si las circunstancias cambian; sólo nos interesa comer y disfrutar al Señor. El es comestible. Primero comemos las migajas que caen de la mesa; después de cierto tiempo, comemos lo que está sobre la mesa. Cuando los perros gentiles comen a Cristo, llegan a ser hijos de Dios. Después de que los hijos comen más de Cristo, llegan a ser piedras preciosas. En Apocalipsis 2, el Señor le dice al mensajero de la iglesia en Pérgamo: “Al que venza, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca” (v. 17). La piedrecita blanca es el que vence. El que come el maná escondido llega a ser una piedra blanca en el edificio de Dios.
EL CONCEPTO BIBLICO ES COMER
Cuando el hijo pródigo regresó a casa, fue cubierto por fuera con el mejor vestido, el cual su padre tenía preparado, pero interiormente todavía tenía hambre. Por lo tanto, el Padre dijo: “Traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y regocijémonos” (Lc. 15:23). Este es el concepto neotestamentario, el cual se ve en toda la Biblia.
El Señor Jesús dijo que la predicación del evangelio es semejante a un hombre que preparó un gran banquete. Cuando nosotros predicamos el evangelio, por lo general instamos a las personas a arrepentirse y les hablamos del pecado. Pero en esta parábola el Señor Jesús dijo: “Id y traed a los convidados a la cena, pues todo está preparado”. ¿Traedlos para qué? ¡Traedlos para que coman! No nos preocupemos si los incrédulos no confiesan sus pecados ni se arrepienten. Cuando coman al Señor, se regocijarán. Luego, cuando comprendan que son pecadores, llorarán. Este llanto y la confesión de pecados que conlleva son mejores que lo que hubieran hecho si los hubiésemos convencido de que eran pecadores. Por lo tanto, cuando prediquemos el evangelio, debemos instarles a comer. El hombre necesita comer al Señor, ingerirlo.
Pablo dice en sus epístolas que él alimentaba a los creyentes con leche. Pablo también afirma que los recién nacidos anhelan la leche pura y no adulterada. La leche no sólo se puede beber sino también comer. La leche es un alimento nutritivo. Por lo tanto, el concepto bíblico radica en comer. La Biblia es un libro que habla de comer. ¡Comer, comer y comer! ¡Necesitamos comer al Señor Jesús!
Tomado de: “Comer al Señor” Witness Lee
Aguas refrescantes 27 de junio
Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen conforme a nuestra semejanza; y señoree… en to¬da la tierra. Génesis 1:26.
Ya en el mismo acto de la creación, Dios hace conocer su deseo de que el hombre señoree. Además, establece es¬pecíficamente cuál será el área de su señorío: "Toda la tierra". La atención de Dios está enfocada sobre la tierra que está destinada a ser el centro de todos los problemas.
La oración que el Señor Jesús nos enseñó también está relacionada con la tierra. "Cuando oréis, decid: Padre nues¬tro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra" (Lc.11:2,3). En el griego la última frase es común a las tres cláusulas y no sólo a la última, de manera que la santificación de su nombre, la venida de su reino, y el cumplimiento de su voluntad, están involucra¬dos por la frase: "Como en el cielo, así también en la tierra". En otras palabras, en el cielo no existen problemas; e1 problema está en la tierra y es por ella que Dios está contendiendo. ¿No deberíamos ejercitar el señorío del hombre, orando y reclamando esta tierra para Dios?
Watchman Nee
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Watchman Nee
La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins
Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
Ian Thomas
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27/06/10,20:09:35
VAMOS AL BANQUETE Y CELEBRAMOS LA FIESTA
Lectura bíblica: Mt. 22:2-4; 1 Co. 10:17-21; 11:23; 5:7-8; Ap. 3:20-21; 19:7-9
RECIBIR EL EVANGELIO ES COMO IR A UN BANQUETE
En el Nuevo Testamento vemos que cuando el Señor salva al hombre, dirige la atención al asunto de comer. Los versículos citados nos muestran que el evangelio es un gran banquete. Ser convidado a este banquete es ser invitado a disfrutar. De veras quisiera que leyésemos y orásemos con estos versículos reiteradas veces. Entonces veremos que si comer no fuera importante, no se repetiría tanto en el Nuevo Testamento. Se menciona en Mateo, luego en 1 Corintios y por último en Apocalipsis. Desde el punto de vista de Dios, Su evangelio no se centra en pedirle al hombre que se arrepienta y crea, y mucho menos en pedirle que se una a cierta religión. El evangelio consiste en invitar a las personas a un banquete. Asistir al banquete significa estar ahí para disfrutar al Señor Jesús.
No obstante, nuestros conceptos naturales están demasiado lejos de este hecho. Si no fuera por el hecho de que este asunto consta en la Biblia, jamás lo aceptaríamos como parte de nuestra mentalidad. Pensaríamos que recibir el evangelio equivale a creer y recibir la verdad. En realidad, estas cosas, no son recibir el evangelio. Recibir el evangelio es recibir al Señor para poder comerle, beberle y disfrutarle.
LA VIDA CRISTIANA
En el Nuevo Testamento la palabra fiesta usada en 1 Corintios 5:8, que dice: “Celebremos la fiesta”, tiene la misma connotación que en el Antiguo Testamento, en el cual Dios deseaba que Su pueblo le celebrara ciertas fiestas. Ese era solamente el tipo, y su cumplimiento se halla en el Nuevo Testamento. El cumplimiento consiste en que disfrutamos al Señor Jesús. Toda la vida cristiana consiste en celebrar la fiesta. Cada día celebramos la fiesta. Cuando nos reunimos, celebramos la fiesta. Cada vez que nos juntamos para cantar, para orar-leer, para compartir del Señor en mutualidad, seguimos el principio básico de celebrar fiesta.
En el evangelio de Mateo el Señor dice que el reino de los cielos es semejante a un rey que preparó una fiesta de bodas para su hijo y envió a los siervos a traer los invitados a la fiesta (22:2-4). Más adelante, al final de Apocalipsis, dice: “Han llegado las bodas del Cordero ... Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero” (19:7, 9). Vemos que el Nuevo Testamento comienza con una fiesta y también termina con una fiesta. ¿Qué hacemos hoy en la vida cristiana? Si decimos que asistimos a conferencias o a servicios religiosos, eso no es una buena respuesta. Estamos aquí para celebrar una fiesta. ¿Qué fiesta? La fiesta de bodas del Cordero. No estamos solamente en una fiesta sino en una fiesta de bodas. Esta fiesta de gran gozo es la fiesta de las bodas de Cristo. ¿Cuándo empezó esta fiesta? En el día de Pentecostés, poco después de que el Señor Jesús ascendió a los cielos. La fiesta de bodas no dura dos horas ni dos días. Empezó en Pentecostés y continúa en la actualidad.
El mensaje que escuchábamos cuando estábamos en la cristiandad era producto de los conceptos naturales. Piensen en lo primero que les vino a la mente cuando fueron salvos. Inmediatamente, algunos tuvimos la idea de que debíamos ir a más reuniones, aprender más verdades, prestar más atención a la Biblia y otras exigencias de esta índole. ¿Alguno de nosotros, cuando fue salvo, declaró gozoso que estaba invitado a una fiesta y que asistiría a la fiesta de bodas del Cordero? Yo creo que nadie tiene tal reacción. Pero el Señor nos dice claramente que ser salvos equivale a ser invitados a una fiesta. Dios preparó una gran fiesta de bodas universal, una fiesta para Su Hijo. Dios dijo: “Venid, porque todo está preparado”.
No somos librados del mundo por hacer un gran esfuerzo ni por oír sermones ni por ser exhortados ni por ser corregidos; sino por alimentarnos de Cristo. Cuando le hemos gustado y le hemos comido, perdemos el interés por el mundo y sus cosas, y no lo tomamos ni aunque nos lo ofrezcan. Si otros se enredan en el mundo, no es problema nuestro. Nuestro único interés es celebrar la fiesta cada día, comer a Cristo y disfrutarle continuamente. Por eso Pablo dice que debemos celebrar la fiesta.
¿Cómo celebramos la fiesta? Lo hacemos comiendo el pan sin levadura de sinceridad y verdad. En dicho pan, hay muchos ingredientes, como por ejemplo, amor, verdad, iluminación, santidad, poder y paciencia. El pan sin levadura, un pan de sinceridad y verdad, es Cristo. Nosotros celebramos la fiesta no estudiando las verdades ni oyendo mensajes, sino comiendo a Cristo. Cuanto más comemos a Cristo, más tenemos Sus elementos.
Dios no desea que nosotros laboremos ni luchemos ni nos esforcemos. Es cierto que la Biblia dice: “El reino de los cielos es tomado con violencia, y los violentos lo arrebatan” (Mt. 11:12), pero estas palabras indican la necesidad de disfrutar a Cristo en nuestro espíritu. La era neotestamentaria no es una era de labor sino de fiesta. Tengamos presente que en el tipo del Antiguo Testamento no estaba permitido trabajar durante las fiestas. En los demás días del año se debía trabajar, pero durante la fiesta no era permitido trabajar; más bien, se instaba a todo el pueblo a comer, beber y disfrutar. Además, durante las fiestas no comían poco, sino que comían manjares y celebraban.
Tomado de: “Comer al Señor” Witness Lee
Aguas refrescantes 28 de junio
Si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Filipenses 4:8.
La causa de tanta pobreza de pensamiento se debe a pen¬sar en forma extravagante. Aprendamos a conservar nuestro pensamiento y no a derrocharlo. Ejercitemos la mente, pero no agotemos su energía en cosas insignificantes. ¿Es¬tás estudiando la Biblia? No disipes tus poderes mentales en pequeñas dificultades del texto. Cuando conocemos al mismo Autor poco importa si podemos explicar o no los problemas menores. ¿Estás ejercitado en tu vida espiritual? No. desperdicies esfuerzo intelectual en problemas espiritua¬les. Estos no se resuelven por pensar, sino por la entrada de la luz divina en la mente.
Diariamente debemos disciplinamos en cuanto a nues¬tros pensamientos. No imaginemos que Dios quiere elimi¬nar nuestro razonamiento, pero tengamos presente que El quiere llevar "cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo" (2 Co.10:5).
Watchman Nee
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28/06/10,15:50:36
LA REUNION DEL PARTIMIENTO DEL PAN
ES LA FIESTA DEL SEÑOR
¿Por qué celebramos con frecuencia la reunión en la que partimos el pan? ¿Y qué significa partir el pan? Nótese la expresión de 1 Corintios 10:21, la mesa del Señor. La reunión de la fracción del pan es lo que llamamos la mesa del Señor, la fiesta del Señor. En la mesa, en esta fiesta, comemos el cuerpo del Señor y bebemos Su sangre. Es decir, comemos y bebemos al Señor. Al mismo tiempo, cuando partimos el pan, declaramos y atestiguamos ante el universo que somos un grupo de creyentes que viven festejando a Cristo, comiéndole y disfrutándole diariamente. Cuando partimos el pan, exhibimos nuestra vida diaria. En nuestra vida normal comemos al Señor, le bebemos y le disfrutamos. En consecuencia, el domingo nos reunimos para exhibirle ante todos y ante toda la creación, declarando que nuestra vida es sustentada por disfrutar al Señor.
En la mesa del Señor que celebrábamos anteriormente, retuvimos algunos conceptos de la tradición de adorar, ya que prestábamos atención a la manera de alabar al Hijo y de adorar al Padre, lo cual aprendimos de la Asamblea de los Hermanos. Aunque dichas prácticas no son incorrectas, no pasan de ser una tradición. En realidad, lo importante en la mesa del Señor no es si alabamos o no, sino si abrimos nuestro espíritu y exhibimos una vez más para que los ángeles y Satanás vean que nosotros ingerimos a Cristo. Ante tal exhibición, tal vez alabemos al Señor, o tal vez no.
Creo que los Hermanos tuvieron mucha luz, pero ésta fue limitada debido a sus conceptos humanos y naturales. Por consiguiente, no podemos seguir en ese viejo camino. Si lo hiciéramos, nuestro espíritu quedaría paralizado. Así que, el énfasis de la mesa del Señor es que nos abramos al Señor para recibirle y disfrutarle.
Por ejemplo, dos hermanos vienen a la mesa del Señor. Uno de ellos tiene una conducta excelente y lo consideramos un buen hermano. Antes de entrar en la reunión, se examina a sí mismo para ver si ha ofendido a alguien o si ha cometido algún pecado. Después de sentarse en la reunión se comporta con rectitud y rigidez. Cuando otro canta, él canta a la par; si otros oran, él dice amén; cuando pasan el pan, él toma un pedacito, y cuando pasan la copa, bebe un poco. El alaba al Señor y adora al Padre. Aún así, no hay cambio alguno en él. Al salir de la reunión está en la misma condición que cuando entró. Tal vez no suceda lo mismo con el segundo hermano. Este tal vez sea bastante inquieto y travieso; quizá haya discutido con alguien el día anterior. Con todo, cuando asiste a la reunión del partimiento del pan, tal vez toque al Espíritu y se abra al Señor de par en par. No está consciente de si alaba o no, pero en la reunión de la mesa recibe al Señor en su interior. Al recibir al Señor, su ser cambia, y exclama ¡Aleluya!. En ese momento se remonta a las nubes. No es necesario que le hablemos de los pecados ni de las cosas de la tierra. No hay nada nublado en él. Si le decimos que no se enoje contra otros, de inmediato lo derribamos y lo bajamos de la experiencia que está teniendo. Cuando él se abre desde lo profundo de su ser y recibe al Señor, se eleva por los cielos. Por otro lado, el hermano que es recto es como un insecto que se arrastra por la tierra y no escala las montañas. Esta es la diferencia entre uno que disfruta a Cristo y uno que no lo hace.
Perdónenme si soy muy franco. Algunos posiblemente hayamos venido a la mesa del Señor todos los domingos por dieciocho años y seamos un “insecto que se arrastra sobre la tierra” y que se porta muy bien. Tal vez hayamos sido creyentes durante dieciocho años y siempre nos hayamos conducido rectamente. Nuestra esposa nos dice que somos buenos y nuestros amigos nos elogian. Nadie nos critica, y seguimos siendo insectos que se arrastran sobre la tierra. Todos caen, pero nosotros nunca. Sencillamente seguimos arrastrándonos lentamente y con paso seguro.
Tal vez un hermano ha dado problema antes, pero en la reunión toca al Señor. Después de esto, regresa cada domingo a tocar al Señor. Dicho hermano no viene a recibir la “Sagrada Comunión” ni a conducirse rectamente ni a adorar al Padre. El viene sólo a tocar al Señor y es como un enorme avión que desciende a llenar el tanque de combustible. La mesa del Señor es el aeropuerto donde llena el tanque para toda la semana, y así regresa la semana siguiente.
Por lo tanto, asistir a la mesa del Señor es asistir a un banquete, y también es volver a cargar combustible. No se trata de recibir enseñanzas, ni corrección, ni exhortaciones, sino de reunirnos con el Señor interiormente. Es por eso que nuestra reunión no necesita ningún precepto. ¿Para qué sirven los preceptos? ¿Qué mérito tienen? Basta con que toquemos al Señor interiormente. En tanto que llenemos nuestro interior de combustible, si nos conducimos rectamente, si gritamos o si rodamos por el piso o si saltamos; todo ello estará bien.
Sin embargo, no animo a nadie a inventar algún tipo de ardid, ya que eso carecería de sentido. Ser astuto es una cosa, pero tocar al Señor es completamente otra. No deseamos establecer preceptos porque no queremos limitar a los santos ni impedirles que toquen al Señor.
Puesto que la mesa del Señor es una declaración, ésta debe estar respaldada por la vida. Si nuestra vida privada no es la misma que declaramos, entonces la reunión deja de ser una declaración y se convierte en una actuación, un espectáculo. Si en nuestra vida privada no disfrutamos a Cristo y asistimos a la reunión sólo para dar la impresión de que lo hacemos, eso será una falsedad. La reunión de la mesa del Señor que celebramos no es un simulacro ni una actuación, sino un testimonio y una declaración, que anuncia a todo el universo que vivimos por comer al Señor, por beberle y por disfrutarle; por lo tanto, nos reunimos para dar testimonio ante todo el universo de que somos personas que comemos, bebemos y disfrutamos al Señor.
Creo que cuando volvamos a la mesa del Señor, nuestro concepto será otro. No estaremos allí con ningún precepto. De hecho, no es necesario guardar ninguna norma. Abriremos nuestro espíritu y tocaremos al Señor en nuestro espíritu. No tenemos normas ni restricciones. Es así como debemos vivir cada día, sin ritos ni preceptos, sino abiertos al Señor en nuestro espíritu comiéndole y bebiéndole continuamente. Entonces, al llegar el domingo, nos reunimos y declaramos una vez más que ésta es la manera en que vivimos. Celebramos la fiesta todos los días. ¿Hasta cuándo celebraremos la fiesta? El Señor Jesús nos dijo que lo hiciéramos “hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros” (Mt. 26:29). Un día celebraremos la fiesta con El cara a cara. En la actualidad, empezamos el banquete y continuamos hasta el día cuando celebremos la cena en la fiesta nueva.
LA IGLESIA SE DEGRADO POR NO DISFRUTAR AL SEÑOR
Examinen la degradación de las iglesias de Efeso y Laodicea. Estas decayeron porque dejaron de disfrutar al Señor y se dedicaron a laborar y dedicaron mucha atención a las doctrinas y a las enseñanzas. Se degradaron a tal extremo que llegaron a pensar que entendían todas las doctrinas. Es como si el Señor les dijera: “Puesto que no eres ni frío ni caliente, te voy a expulsar de mi fiesta. Yo estoy afuera llamando a la puerta. Debes abrirte a Mí, para que yo pueda entrar y cenar contigo, y tú conmigo. Estuviste en esta fiesta cuando fuiste salvo, pero te saliste de la fiesta y caíste en el cristianismo degradado. Te llamo a que seas un vencedor y a que no te pierdas la fiesta. Abrete a Mí, y déjame entrar en ti para que celebremos juntos”. Esta fiesta continuará hasta la fiesta de las bodas del Cordero, descrita en Apocalipsis 19. En ese entonces, seremos los convidados a la fiesta. ¡Aleluya!
Tomado de: “Comer al Señor” Witness Lee
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Aguas refrescantes 29 de junio
De espíritu prudente es el hombre entendido. Proverbios 17:2 7.
Nuestro espíritu debe ser ferviente a la vez que pruden¬te. El fervor está relacionado con la diligencia en nuestro servicio al Señor, mientras que la prudencia se asocia con el conocimiento. Si el creyente tan sólo recordara que Dios no puede dirigirle cuando se encuentra en un estado de alboroto, se guardaría de muchos errores.
Nunca decidas comenzar una nueva actividad o hacer algo cuando las emociones se agitan dentro de ti como un mar turbulento. En momentos de desorden emocional se cometen errores con suma facilidad. La mente es afectada con facilidad por los pensamientos, y con una mente in¬quieta, ¿cómo podremos distinguir entre el bien y el mal? Cuando las emociones laten con intensidad el entendimien¬to nos engaña fácilmente y aun la conciencia se torna poco confiable. Las decisiones que se toman en estas circunstan¬cias con toda probabilidad nos harán lamentar. Cultivemos un espíritu prudente y de esta manera abriremos el camino para que Dios nos dé el entendimiento requerido.
Watchman Nee
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29/06/10,20:46:08
COMEMOS DE DOS MANERAS:
EN LA SIEMBRA Y EN LA COSECHA
Lectura bíblica: Dt. 12:5-9, 17-18; 14:22-23; 15:19-21; 16:9-10, 13-17
Agradecemos al Señor porque ahora estamos aprendiendo a comerle. Sin embargo, según lo revelado en Deuteronomio, hay muchos aspectos específicos relacionados con comer, beber y disfrutar al Señor. Por un lado, el Señor es el pan de vida, y nosotros sencillamente debemos comerle; por otro, según Deuteronomio 12, 14 y 15, el Señor Jesús, a quien comemos, es el producto de nuestra labor; El es producido de lo que sembramos en la tierra y del ganado y las ovejas que criamos. Por lo tanto, según Deuteronomio, el deleite que tenemos de las riquezas del Señor es el resultado de lo que laboramos en El.
Puedo describir con más detalles el tipo de comer. Por ejemplo, si uno lee la Biblia, invoca el nombre del Señor y ora-lee la Palabra, puede disfrutar al Señor ahora mismo. No obstante, ésta es sólo la etapa inicial; no es el deleite que se tiene al recoger toda la cosecha, porque carece de nuestra labor. Podemos disfrutar al Señor simplemente abriéndonos a El, utilizando nuestro espíritu al invocar Su nombre y orando-leyendo Su Palabra. El deleite que tenemos al sembrar no es el mismo que tenemos al cosechar.
Muchos podemos dar testimonio de cuánto disfrutamos al Señor, pero casi todo gira en torno a aquel comer que experimentamos al sembrar. Necesitamos llegar al nivel de comer al recoger la cosecha. La siembra inicial es relativamente fácil, pero recoger la cosecha al final, no es tan fácil. Después de sembrar las semillas, no sabemos con certeza si obtendremos una cosecha. Hasta ese momento, lo que comemos del Señor se halla en la etapa inicial, la etapa de la siembra.
Debo dejar bien en claro que nosotros no debemos detenernos en el deleite que experimentamos al sembrar, sino que debemos avanzar al deleite que tenemos al cosechar. Cuando sembramos, lo único que hacemos es depositar la semilla en la tierra. En lo sucesivo, debemos velar por que brote, crezca y lleve fruto. Solamente entonces tenemos el deleite de la cosecha. Al disfrutar en sembrar, recibimos algo del Señor en nuestro interior. Cuando invocamos al Señor y oramos-leemos Su Palabra, recibimos una porción del Señor como una semilla en nosotros. Esto puede producir una cosecha si estamos dispuestos a permitir que la semilla crezca. Si lo hacemos, habrá una cosecha, si no, no habrá cosecha alguna.
DEBEMOS LABORAR PARA OBTENER UNA BUENA COSECHA
Según lo que he observado, el deleite que los hermanos y las hermanas tienen es mayormente el deleite de sembrar. Muchas de las semillas sembradas en nosotros no producen mucho resultado. ¿A qué se debe esto? A que después de comer, beber y disfrutar al Señor, no le permitimos crecer ni madurar ni llevar fruto en nosotros.
Supongamos que digo: “Oh, Señor Jesús”. Creo que invocar al Señor tiene efectos evidentes en nosotros, ya que no podemos invocar al Señor sin que esto traiga repercusiones. Cuando le invocamos, El viene a nosotros. Por un lado, El viene a reconfortarnos y, por otro, tal vez venga a incomodarnos. Si un esposo invoca al Señor, es posible que el Señor le toque el corazón y le diga: “¿Te diste cuenta de que ofendiste a tu esposa?” El esposo dice: “Señor, límpiame con Tu sangre preciosa”. Pero el Señor añade: “En verdad la sangre te puede limpiar, pero no puede confesar tus pecados por ti. Ve y confiésale esto a tu esposa”. ¿Qué debe hacer este esposo? Algunos hermanos pueden endurecer su corazón y no obedecer. Si se rehúsan a cambiar de actitud, es posible que el Señor los abandone. Si nos hallamos en esa situación y tratamos de invocar al Señor, no obtendremos el mismo resultado que antes. El Señor Jesús conoce nuestra situación. Así que, cuando le invoquemos de nuevo, El no actuará. Todos hemos tenido experiencias de esta índole. Anteriormente el Señor venía cuando le invocábamos diciendo: “Oh, Señor”, pero ya no viene. Cuanto más le invocamos, menos resultados obtenemos y más desanimados nos hallamos. Es posible que empecemos a preguntarnos si la práctica de invocar al Señor en verdad trae resultados y lleguemos a dejar de invocar. ¿No es esto lamentable? Solamente sembramos la semilla en la tierra, pero no la dejamos crecer hasta culminar en una cosecha. Con el tiempo, el deleite que teníamos de la semilla también se esfumará.
Leemos en Isaías 55:10: “Da semilla al que siembra, y pan al que come”. Yo siembro la semilla en la tierra, y produce treinta granos; entonces consumo quince, y me quedan quince para sembrar el año siguiente. ¿Cuál es nuestra situación? La semilla que sembramos se nos acabó porque no se reprodujo. Así que, nos quedamos sin semilla. ¿Por qué se nos acaba la semilla? Porque no la dejamos crecer.
Cuando invocamos al Señor y El nos indica que ofendimos a nuestra esposa, si confesamos de inmediato nuestro agravio ante el Señor y ante nuestra esposa, reconocemos que cometimos una falta y pedimos perdón, entonces la semilla crece con rapidez. Cuando volvemos a invocar al Señor, el sabor será completamente nuevo. Aún así, el Señor sigue incomodándonos. Cuando le invocamos de nuevo, El viene y nos muestra que nuestro cabello no tiene un corte decoroso y que debemos cortarlo como es debido. Si le obedecemos al instante y vamos a cortarnos el cabello, tendremos mucho gozo. Cuando esto sucede, el resultado es sorprendente. Nuestro ser viene a ser un campo, un huerto enorme del cual se obtendrá una abundante cosecha todos los días. Esto cumple en verdad lo dicho por Isaías, de dar semilla al que siembra y pan al que come. Quisiera que nos examinemos y nos preguntemos si como sembradores tenemos semilla y si como comensales tenemos pan. Es posible que sólo tengamos medio plato de arroz, que no alcanza ni para una persona. Si uno no puede alimentarse a sí mismo debidamente, ¿cómo espera alimentar a otros? ¿A qué se debe esta escasez? A que sembramos las semillas, pero no laboramos para que crezcan.
Cuando un agricultor labra la tierra, tiene que quitar las piedras, arrancar la maleza, regar el plantío, añadir abono al suelo y, en ocasiones, aplicar pesticidas. ¿Qué hacemos nosotros? Comer al Señor orando-leyendo Su palabra, lo cual está bien, pero si no quitamos las piedras ni arrancamos la maleza ni regamos la tierra ni la abonamos ni aplicamos pesticidas, al final será como si no hubiésemos sembrado nada. Si no sembramos la semilla, la podemos retener, pero si la sembramos, la perdemos. Algunas personas se reservan una pequeña porción del Señor, pero después de ganar de El al orar-leer la Palabra, no obedecen puesto que no laboran; de este modo, pierden la presencia del Señor, y El se aleja de ellos.
Tomado de: “Comer al Señor” Witness Lee
Aguas refrescantes 30 de junio
Si hay alguna consolación en Cristo, si algún con¬suelo de amor... si algún afecto entrañable, si alguna misericordia. Filipenses 2: 1.
¡Qué apropiadas aparecen en este contexto las palabras "en Cristo"! Supongamos que Pablo hubiera exhortado a sus hermanos en Filipo a ser unidos en amor, en afecto entrañable y en misericordia. Ellos hubieran respondido que todo esto sería muy deseable pero que ellos jamás lo podrían lograr. Cada uno de ellos tenía sus metas, ideales
e intereses. ¿Cómo se podría esperar que renunciaran a los mismos y que fueran así unidos?
Sin embargo, Pablo comenzó subrayando el poder que hay en Cristo. Fuera de El, por supuesto serían derrotados, pero como estaban en Cristo podían extraer con libertad de sus recursos. Si no hubiera en El consuelo de amor, afecto entrañable y misericordia, estas virtudes serían imposibles de hallar en los suyos. No obstante, en Cristo sí se encuentran y El es para todos los suyos la fuente de nutrición espiritual para la vida que se derrama en su servicio. .
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COMPARACION ENTRE EL MANA Y EL PRODUCTO DE LA TIERRA
En Deuteronomio vemos que laborar para cultivar y extraer el producto de la tierra es muy diferente a recoger el maná en el desierto. En verdad, la tierra de Canaán fue dada por Dios, lo mismo que la semilla y todo lo necesario para su crecimiento, como por ejemplo, el aire, el sol y la lluvia. No obstante, además de estos elementos gratuitos, el pueblo tenía que laborar. Si no labraban los campos, el Señor no haría nada más. En la tipología, el Señor mismo era la semilla, la luz del sol, la lluvia y aun la fuerza física para que el pueblo sembrara y labrara la tierra. Aún así, se requería que el pueblo cooperara con El. Ellos no podían recoger el producto de la tierra, a menos que cooperaran con el Señor. El producto de la tierra era diferente al maná, ya que éste les caía del cielo. El hombre no tenía que sembrar ni recoger el producto de la tierra en cooperación con Dios, aunque se sobreentiende que para comer el maná había que madrugar y recogerlo. Si alguno era perezoso y se levantaba tarde, ya no hallaba qué recoger. Podría decirse que salir de la tienda en la madrugada era cooperar, pero esta cooperación era mínima en comparación con la labor necesaria para obtener el producto de la tierra, ya que para esto se requería la cooperación del hombre de principio a fin. Dios daba el agua, la luz del sol, el aire y la semilla, pero no laboraba por ellos, ya que esto era lo que le correspondía al pueblo.
Permítanme preguntar: ¿qué es mejor y más elevado: el maná o el producto de la buena tierra de Canaán? Obviamente, el producto de la tierra es superior. ¿En qué aspecto es superior? En primer lugar, el producto de la tierra se puede presentar como ofrenda. El maná descendía del cielo y era bueno a los ojos del hombre, pero Dios no deseaba que se hiciera ninguna ofrenda de maná. El no dijo que se le debía ofrecer maná en el holocausto, ni en la ofrenda mecida, ni en la ofrenda elevada, sino que instó al pueblo a comerlo. El maná sólo sirve para comerse, no está al nivel de presentarse como ofrenda. Por medio de las ofrendas se adora a Dios. El maná es alimento, pero no sirve para adorar. Si deseamos adorar a Dios, debemos traer el producto de la buena tierra de Canaán, pues sólo éste puede usarse para adorar a Dios. No importa cuánto maná comamos, al igual que el pueblo de Israel que comió el maná durante cuarenta años, éste no basta para adorar a Dios. Tenemos que comer del producto de la tierra de Canaán, ya que sólo este producto puede convertirse en adoración para Dios. Por eso decimos que el maná es inferior al producto de la tierra de Canaán.
Pregunto ¿qué comemos hoy: el maná o el producto de la buena tierra? Algunos podrían decir que comen maná, y otros afirmarían que comen ambos. Ambas respuestas son válidas, pero espero que los que comen el maná dejen de hacerlo gradualmente, ya que el maná se comía exclusivamente en el desierto. De modo que comer maná es una clara evidencia de que uno todavía está vagando. ¿En dónde se comía el producto de la buena tierra? En Canaán. Además, la décima porción de la cosecha de la tierra, la mejor porción —que era el primogénito del ganado y de las ovejas, y las primicias del grano—, no se comía en casa, sino que se llevaba al templo y se comía delante de Dios. Esto muestra que el peregrinaje había cesado.
¿Deseamos ser creyentes que comen maná o que comen el producto de la buena tierra? Todos quisiéramos estar en el segundo grupo. Es cierto que el maná es bueno, pero no es suficiente, porque es la dieta de los que vagan por el desierto. Josué 5 nos muestra claramente que el maná dejó de caer del cielo tan pronto como los hijos de Israel entraron en Canaán y comenzaron a comer el producto de la tierra (v. 12). Una vez que uno gusta el producto de la buena tierra, no necesita volver a comer maná, porque ha experimentado algo más profundo y mejor. Desde ese momento uno deja de comer maná. Es cierto que Cristo es el maná, pero es la provisión que Dios nos da mientras estamos en nuestro peregrinaje. Debemos entrar en la buena tierra, cuyos productos son mucho mejores que el maná.
ACEPTAMOS EL QUEBRANTAMIENTO PARA OBTENER UNA RICA COSECHA
Para recoger el maná no tenemos que trabajar, pero para obtener el producto de la tierra de Canaán, sí. Mientras disfrutamos al Señor y le recibimos en nuestro ser, El muchas veces ocasiona circunstancias difíciles y permite dificultades que a la postre redundan en nuestro bien, a fin de que la semilla crezca en nosotros y se reproduzca. Por ejemplo, una hermana cuyo esposo la mortifica continuamente, ora diariamente pidiéndole al Señor que haga que su esposo lo ame a El como ella lo ama. No obstante, cuanto más ora, él menos ama al Señor; cuanto más ella invoca al Señor y ora-lee la Palabra, menos interés muestra el esposo por las cosas de Dios. Antes el esposo iba a dos reuniones por semana, pero ahora no va ni a media. ¿Qué hace uno en ese caso? Todo ello acontece como resultado de que el Señor incita al viento del norte a soplar en nuestra dirección (Cnt. 4:16). En vez de pedirle al Señor que cambie al esposo, pídale más bien que crezca en usted. Dígale: “Señor, quiero estar dispuesta a aceptar lo que Tú estás haciendo. Señor, subyúgame desde mi interior. Haz que me someta a Tu mano y acepte el quebrantamiento”. Más tarde, usted agradecerá y alabará al Señor, ya que por estar dispuesta a ser quebrantada, la vida divina creció en usted.
Usted empieza a aceptar el quebrantamiento que le sobreviene cuando la vida que está en su interior crece un poco hoy, y un poco más al día siguiente. Sin embargo, el tercer día sus hijos tal vez estén del lado de su esposo y la quebranten a usted aún más. ¿Qué debe hacer en tal caso? Una vez más es el viento del norte que sopla para quebrantarla. Aprenda a aceptarlo. ¿Sabía que cuando aceptamos el quebrantamiento e invocamos de nuevo al Señor, el sabor es maravilloso? Cuando invocamos al Señor, El viene, y entonces, tenemos la cosecha. De este modo tenemos un suministro abundante de semilla para sembrar y de pan para comer. Al mismo tiempo, podemos traer a la reunión esa décima parte que es nuestra mejor porción, las primicias de nuestros productos, a fin de comer y disfrutar con los santos. Nuestra adoración consiste en comer así. Esto es lo que falta en el cristianismo y también en nuestro medio, y es esto lo que el Señor desea recobrar. Sin este elemento, es muy difícil que la iglesia madure, que la novia se prepare y que el Señor regrese; por eso es tan decisivo.
Tomado de: “Comer al Señor” Witness Lee
Aguas refrescantes 1º de julio
Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró. Job 1:20.
A pesar de que Dios mismo acababa de declarar que "no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto" (v.8), en el misterio de sus designios Dios permitió que Job fuera privado de todo lo que poseía. En forma casi simultánea habían llegado cuatro mensajeros con la noticia que en el lapso de ese mismo día había perdido todo lo que tenía. ¿Cómo reaccionó? Cayó postrado delante de Dios y le adoró.
Donde hay verdadera adoración no hay lugar para quejas. Había allí un hombre tan enteramente sujeto al Señor que podía inclinarse ante todos sus designios sin vacilación. Dejemos de cuestionar la sabiduría de Dios en sus .tratos para con nosotros y para con nuestros her¬manos, no importa cuán desconcertantes parezcan ser.
Pongamos fin a nuestras solicitudes de explicación y acep¬temos con sencillez el hecho que los pensamientos de El son más altos que los nuestros, y que sus caminos son perfectos.
Watchman Nee
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Watchman Nee
La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins
Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
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01/07/10,17:18:07
LABORAMOS EN CRISTO Y EN LA VIDA DE IGLESIA
Hermanos y hermanas, tengo la certeza de que el Señor está recuperando estas cosas en la actualidad. El no está recobrando nuestras virtudes ni nuestra victoria ni nuestra santidad. Lo que El desea es un grupo de personas que entren en Su Palabra y en Su plan eterno. No es asunto de controlar nuestro mal genio ni de ser victoriosos ni de tratar de ser santos, sino de tocar al Señor verdaderamente y de permitirle que crezca y madure en nosotros. Cuando tenemos una cosecha abundante, tenemos suficiente para comer nosotros y para invitar a los hermanos y hermanas a comer con nosotros. Además, tendremos la mejor porción, la cual podremos traer a las reuniones para ofrecerla a Dios. Esta es la vida auténtica de iglesia. En la reunión todos damos testimonio de Cristo. Ofrecemos este Cristo a Dios, y le disfrutamos junto con los hermanos y las hermanas después de satisfacer a Dios. Esta es la reunión normal de la iglesia; es su adoración, su vida práctica y su testimonio.
Tengo el claro sentir de que en lo que habíamos visto acerca del testimonio de la iglesia y acerca de que ésta es la expresión de Cristo, había elementos naturales, y no veíamos claramente los aspectos de comer y crecer. Hace veinte años, cuando yo observaba hermanos que tenían un buen carácter, una conducta recta y que daban la impresión de estar bien, los valoraba mucho. Pero ahora, al mirar atrás, aunque estos hermanos tenían todas estas virtudes, no llevaban fruto. Por el contrario, eran algunos hermanos que eran descuidados y desaliñados los que traían personas a la salvación. La vida de iglesia y el testimonio de la iglesia no depende de la conducta ni de ser personas impecables, sino de comer al Señor como la semilla y de permitirle crecer en nosotros. Igual que el agricultor, debemos quitar las piedras, arrancar la maleza, regar el plantío, abonarlo y echarle pesticidas para que el Cristo que está en nosotros crezca gradualmente hasta producir una cosecha. Eso no está determinado por el comportamiento, el cual está en el ámbito del bien y el mal, sino que se halla en una esfera completamente diferente. Nos referimos a la esfera de Cristo. Estamos llenos de Cristo y traemos nuestra mejor porción ante Dios para disfrutarla con los santos en la reunión. Esta es la manera en que nos reunimos. El énfasis de la reunión no es cantar, orar, alabar, hablar en lenguas ni funcionar, sino traer nuestra mejor porción del Cristo que hemos producido. Yo traigo mi porción, y usted la suya, y presentamos a Cristo sin ninguna formalidad.
TENGAMOS CUIDADO DE LA MANERA EN QUE LABORAMOS
Tengo el sentir de que la gran necesidad que tenemos hoy de traer a Cristo a las reuniones obedece a que nuestra cosecha es demasiado pequeña. Es por eso que cuando tratamos de dar un testimonio, utilizamos los recursos que tenemos a mano. No sugiero con esto que debemos dejar de usar todo tipo de método, sino que temo que éstos carezcan de contenido. Los recursos se utilizan para adornar, pero no son el contenido. Prefiero no tener recursos ni usar métodos, siempre y cuando lo que diga tenga contenido. No podemos obtener algo de peso para nuestros testimonios en unos cuantos días; es necesario que laboremos por un tiempo considerable.
Hermanos y hermanas, necesitamos volvernos al Señor para obtener una cosecha. Debemos laborar y cultivar para producir algo. Algunas veces el Señor es como un grano sembrado en nosotros, y otras es como un arbusto, el cual puede ser un olivo, una vid, una higuera o un granado. Debemos cultivarlo para que crezca y lleve fruto. Después, al ir a las reuniones, tenemos frutos para ofrecer a Dios.
El problema más común hoy es que cuando vamos a las reuniones, sólo sabemos liberar el espíritu e invocar el nombre del Señor, pero no podemos presentar nada de peso para traer deleite a los demás. Esto se puede comparar con ir a un banquete sin traer nada, o ir sólo con una tórtola, que sólo alcanza para una pequeña comida. Ya que carecemos de productos para presentar, tenemos que recurrir a alguna actividad que entretenga a los asistentes. Lamentablemente, todos los oyentes quedan vacíos.
Si tenemos una cosecha rica, grano en abundancia, vino fresco, toros, ovejas y tórtolas, podemos traer nuestros productos en grandes cantidades. Podemos presentar nuestros toros, nuestras ovejas, nuestras tórtolas y nuestras frutas. Esto será muy rico. Todos recibirán su provisión y desearán volver.
Espero no invertir energía en ardides, y más bien esforzarme por producir algo que tenga contenido. Debemos sembrar nuestra parcela, cultivar los árboles frutales, apacentar el ganado y cuidar las tórtolas. Con el tiempo, la tierra rendirá su cosecha, los árboles darán fruto, y el ganado, las ovejas y las tórtolas crecerán. De este modo, seremos ricos porque todo esto crecerá continuamente. Así, el sembrador tiene semilla para sembrar y pan para comer, y el oferente tiene algo que presentar. Cuando cada uno trae sus riquezas a las reuniones, las reuniones estarán libres de los viejos caminos.
Sólo quisiera añadir que ya aprendimos a comer; aprendimos que hay dos niveles de comer. Uno es comer sembrando, y el otro es comer en la cosecha. Comer al sembrar no produce material para adorar a Dios; para esto necesitamos comer al recoger la cosecha. Cuando traemos a la reunión lo que comemos en la cosecha, ello constituirá la verdadera adoración y la vida genuina de iglesia. La iglesia necesita esto en la actualidad. Tenemos que acudir al Señor y abrirnos a El para aprender a ejercitarnos en comer.
Tomado de: “Comer al Señor” Witness Lee
Aguas refrescantes 2 de julio
Si en verdad le habeis oído. Efesios 4:21.
Después de mi conversión me sentía insatisfecho con el sermón de Pedro en el día de Pentecostés. A mi parecer no aclaraba para nada las cosas, pues nada decía acerca del plan de salvación. ¡Qué extraño que Pedro ni siquiera empleara el título de "Salvador"! Sin embargo, ¿cuál fue el resultado? Se nos dice que los presentes "se compun¬gieron de corazón" y exclamaron: "¿Qué haremos?" (Hch.2:37). Similarmente en la casa de Cornelio (Hch. 10), Pedro sólo habló acerca de quién era Cristo, pero no dio explicación del significado de su muerte. Sin embargo, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que estaban con¬gregados.
La gran debilidad en la presentación del evangelio hoy radica en que procuramos hacer entender el plan de salvación, o nos esforzamos para conducir a las per¬sonas al Señor por medio del temor del pecado y sus consecuencias. ¿Dónde hemos fracasado? Estoy seguro que el problema, es que nuestros oidores no le ven a El. Sólo ven el "pecado",- o la "salvación", mientras que su necesidad es la de ver al Señor Jesús - y tocarle por fe.
Watchman Nee
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02/07/10,19:15:25
"EDIFICANDO AL HOMBRE A TRAVÉS DE LA ORACIÓN".
UN DESAFIO PARA EL CREYENTE
Hermano Nee, nosotros somos muy pocos, y nuestro país (China continental) es tan vasto. Nos has encomendado una tarea imposible”, dijo uno de los colaboradores.
“Yo no les he dado nada…" respondió Watchman Nee. “Es el Señor quien da esta comisión y está es la tarea de Él para hacerla a través del creyente”.
Todos los ojos del auditorio estaban fijos en Watchman Nee, estaban muy atentos.
“Amados”, dijo: “hay dos grandes días en la vida de todo creyente:
El día en el que cree en el Señor, y todos los días después de éste, Cuando lleva a alguien a la fe en Cristo.
Este es mi desafío para ustedes. Testifiquen a una persona cada día, testifiquen a quien sea que ustedes encuentren…" “Les pido que me permitan aún decirles esta verdad. Solamente aquellos que saben como tratar con las almas y llevarlas a Cristo, son útiles a la iglesia. Concluyó citando Efesios 6:15 ,16; diciendo ya es tiempo de que pongamos pies a nuestra fe”. “Y calzados los pies con el firme cimiento del evangelio de la paz... habiendo tomado el escudo de la fe..."
El hermano Watchman Nee tuvo siempre un fuerte encargo por la predicación del evangelio. El hermano Lee, su fiel colaborador, continuó con ese encargo. Por muchos años de su vida se dio, habló y recalcó lo mismo. Muchos de sus colaboradores, y santos fieles en toda la tierra siguen llevando a cabo el mover actual del Señor: EL AUMENTO Y LA EXPANSIÓN DE LA IGLESIA, a través de la predicación del evangelio del reino.
¡ES NECESARIO QUE NOSOTROS TAMBIÉN TOMEMOS
EL ENCARGO DEL SEÑOR Y ASUMAMOS ESTE DESAFIO
DE PREDICAR EL EVANGELIO DEL REINO PARA GANAR,
POR LO MENOS, NUESTRA TIERRA PARA EL SEÑOR!
¡Ay de mí si no anuncio la Palabra de Dios! " Te encarezco en presencia de Dios y de Cristo Jesús, que con urgencia prediques la Palabra de Dios; que lo hagas a tiempo y fuera de tiempo, cuando convenga y cuando no convenga. Convence, aconseja, reprende si es necesario, insta a hacer el bien; y en todo tiempo, con paciencia, proporciona a tu pueblo el alimento espiritual de la Palabra de Dios. Cumple tu ministerio.” 2 Timoteo 4:1,2
Watchman Nee y la predicación del Evangelio
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Aguas refrescantes 3 de julio
Le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo. Mateo 27:34.
Condenar a un hombre para que fuese crucificado equivalía a condenarle a una muerte de agonía. No obs¬tante, estaba permitido ofrecerle una bebida de hiel mezclada con vino o vinagre, y sin duda, cualquier alivio de dolor era bien recibido por el condenado. Sin embargo, el caso de nuestro Señor fue una excepción. Cuando probó la bebida que le fue elevada hasta sus labios rehusó beberla. El no buscaba algo que le aliviara su dolor.
Nosotros profesamos llevar la cruz pero, ¡con qué faci¬lidad bebemos el vino mezclado con hiel! Tomemos conciencia que si estamos anhelando "calmantes" no estamos llevando verdaderamente la cruz de Cristo. Sólo aquellos que consideran sus pruebas como algo urticante necesitan alguna bebida calmante. ¡Cómo amamos ser compadecidos! Tenemos una sed insaciable de recibir consuelo, buscándolo en todas partes y sintiéndonos defraudados si no lo obtenemos. Sin damos cuenta, estamos revelando cuán poco sabemos acerca de su cruz, que involucra una aceptación gozosa de la voluntad de Dios.
Watchman Nee
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03/07/10,21:28:37
Dos oraciones
En la epístola a los Efesios hay dos oraciones de Pablo. Cada una de ellas, y las dos en su conjunto, nos sugieren algunas cosas muy interesantes.
---Las cartas de Pablo están llenas de realidades espirituales que ya son herencia del cristiano en Cristo. Pablo gusta mucho de hablar de lo que ya tenemos en Cristo, por medio del Espíritu Santo. Pero el hecho de que aquí haya dos oraciones, significa que también hay cosas que no son todavía una posesión del creyente. La oración es una expresión tácita o explícita de una necesidad que planteamos delante de Dios. Es una demostración de nuestra pequeñez, por la cual nos acercamos al trono de la gracia.
La primera oración está en el capítulo 1, y en ella, Pablo solicita al Padre dé a los efesios "espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él" (Cristo), para que ellos conozcan tres cosas: "la esperanza a que han sido llamados", "las riquezas de la gloria de su herencia en los santos", y "la supereminente grandeza del poder de Dios" para con ellos. Evidentemente, si Pablo, mediante los dones que él poseía, pudiese suplir esas carencias, no tendría necesidad de orar al Padre.
Esto nos habla de que había cosas que los efesios no tenían, pero que deberían poseer. En la vida de cada cristiano –y de cada iglesia– sucede esto. Nadie ha llegado a la meta, como para decir que lo alcanzó todo. Entonces, surge la oración del apóstol a favor de los hermanos para que Dios intervenga desde los cielos.
Pablo, el apóstol por excelencia, el receptor de los más grandes misterios de Dios, es absolutamente impotente –y todo siervo de Dios lo es– para comunicar a los hermanos que están bajo su cuidado, los más profundos misterios de Dios. Sólo el Padre lo puede hacer, mediante el espíritu de sabiduría y de revelación, que es una expresión del Espíritu Santo (Ver Isaías 11:2; Ap. 5:6).
La segunda oración está en el capítulo 3. Esta parece ser una oración aún más sentida, pues la realiza de rodillas. El motivo de ella es que el Padre conceda a los hermanos de Éfeso "el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que..." (vv. 16-17). Este "ser fortalecidos en el hombre interior" es el primer peldaño de una escalera; es el requisito previo para que ellos pudieran alcanzar ciertos grados superiores en su vida como iglesia.
¿Quién y cómo podría conceder a los hermanos este fortalecimiento del hombre interior? Pablo no podía; nadie podía; sólo Dios puede, por medio de su Espíritu. La impotencia de Pablo es la impotencia de todo hombre, aun de los más cercanos e íntimos en la obra de Dios. Hay un aspecto -y probablemente muchos- en los cuales Dios es soberano y todo-suficiente, pero en los cuales le es negado al hombre el alcanzarlo. Esto nos debe hacer más humildes delante de Dios, pues ni lo mucho ni lo mejor que hagamos basta para hacer la obra más fina de Dios. Esa obra primorosa, esos retoques de la mano experta, esa revelación más profunda acerca de Cristo, es obra del Padre, por medio del Espíritu, para aquellos que él quiere. Porque no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.
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Aguas refrescantes 4 de julio
Para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra. Efesios 5:26.
En esta tarta tenemos la revelación más "elevada acerca de la Iglesia. Su característica sobresaliente es que no comienza con la salvación de los pecadores, sino con el hecho que han sido escogidos en Cristo. De esta manera, la carta a los Efesios descorre el velo sobre algo trascen¬dente. Observamos a la Iglesia elegida en Cristo desde antes de la fundación del mundo, formada de El mismo, y destinada a manifestar su gloria para siempre.
Efesios también nos recuerda que el pecado y la caída del hombre son hechos. Todo aquel que pertenece a Cristo posee un espíritu que es verdaderamente de El, pero al mismo tiempo hay muchas cosas que no per¬tenecen a Cristo y que permanecen en nosotros. Es por ello que este versículo nos habla acerca de la actividad purificadora de Cristo en nosotros. El quiere restauramos hasta que lleguemos a. igualar perfectamente el eterno diseño de Dios. Sin duda alguna, Dios quiere llevarnos a la condición en la cual ya no será necesaria la limpieza, pero hoy todavía tenemos necesidad de ser limpiados.
Watchman Nee
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04/07/10,14:16:08
El ministerio del apóstol Juan en su madurez (semana 9)
LUNES
Lectura bíblica:
Is 14:13-14; Ez 28:12-15
Leer con oración:
“Antes del quebrantamiento se eleva el corazón del hombre, y antes de la honra es el abatimiento" (Pr 18:12) .
EL ORGULLO PRECEDE A LA CAÍDA
En el primer tomo de esta serie del Alimento Diario fueron presentados varios ministerios del pasado, y percibimos que éstos tienen una estrecha relación con el actual ministerio neo-testamentario.
Las palabras y acontecimientos narrados en el Antiguo Testamento nos sirven como un espejo para que veamos nuestra actual condición, por eso, durante esta semana, haremos una revisión de los principales ministerios de este periodo, a fin de extraer lecciones provechosas para nuestro vivir y servicio a Dios.
El primer ministerio fue el que Dios le concedió a Lucero o Lucifer (en latín). Esto sucedió antes de llegar a ser Satanás, el enemigo de Dios. Cuando Dios escoge a una persona para darle una responsabilidad o incumbencia, desea que ésta Le sea útil, por eso la equipa y habilita como lo hizo con Lucero. Todos los adornos que estaban sobre Lucero indican cuán útil debió haber sido para Dios. Éstos representaban las habilidades que Dios le había dado para que desempeñara el ministerio que le fuera encomendado (Ez 28:12b-14).
Al principio, no fue el adversario de Dios, Lucero era llamado el hijo de la mañana. Fue creado por Dios
con el propósito de gobernar toda la primera creación. Al recibir tal responsabilidad o incumbencia, Lucero, que era muy hábil y capaz, comenzó a demostrar todo su poder y sabiduría, y poco a poco, comenzó a destacarse entre los ángeles (v.15). Él fue perfecto en todos sus caminos y subió de posición, hasta que se halló maldad en él, pues llegó a decir: "Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo" (ls 14:13-14).
Por un lado, Dios quería que tuviera una posición elevada. En principio, no hay nada de malo en eso, pero el ascender de posición despertó el orgullo en Lucero, y ese fue su gran problema.
Cuando nuestra utilidad aumenta en función de nuestra capacidad y habilidad que recibimos del Señor, es normal que subamos de posición. Por ejemplo, entre los hermanos que sirven a Dios, existen algunos que reciben habilidades especiales, llegando a ser aptos para ser comisionados para una determinada responsabilidad en la iglesia. Sin embargo, cuando eso sucede, se corre el riesgo de que surja el orgullo y la ambición de querer subir cada vez más.
Por tanto, debemos siempre vaciarnos y rechazar cualquier tipo de manifestación de orgullo, porque el orgullo precede a la caída.
Punto clave: Vaciarse y rechazar cualquier tipo de manifestación de orgullo.
Pregunta: ¿Qué lección importante aprendimos hoy?
MARTES
Lectura bíblica:
Gn 2:15,17; 3:6, 22-23; 4:26; 1 Co 11:3
Leer con oración:
“En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. Él oyó desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos (Sal 18:6). Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas" (Lm 3:57).
RESTAURADOS POR INVOCAR
Después de la caída de Lucero, que ocurrió debido a su orgullo, Dios estableció a otro ministro para que Le sirviera: Adán. La finalidad principal de su ministerio era que fuera fructífero, se multiplicara, llenara la tierra y la señoreara. Adán representaría a Dios, y Dios gobernaría la tierra a través del hombre.
Dios puso a Adán en el huerto de Edén para que aprendiera a ejercer su ministerio. Su primera función era labrar la vida vegetal que existía en el huerto, es decir, hacer que las diferentes especies de vida vegetal crecieran.
La otra función del ministerio de Adán era guardar los límites del huerto, no permitiendo que nada injusto, impuro o sin la gloria de Dios entraran allí. Así que, Adán debía velar por el crecimiento de la vida y guardar el huerto de Edén, y a medida que fuera cumpliendo lo que Dios había establecido, Él. Aumentaría responsabilidad o la incumbencia de su ministerio.
No obstante, Adán fracasó, porque prefirió dar atención a las palabras de su esposa, y por comer del fruto del conocimiento del bien y del mal que Dios le había prohibido, desobedeciendo así a la orden de Dios (Gn 3:6; cfr. 2:16-17). De acuerdo con 1 Corintios, Dios estableció un orden en el universo, según el cual Cristo es "la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo" (11:3). Este orden fue establecido por Dios desde la creación; esto muestra que la mujer no debe encabezar las decisiones ni tomar el liderazgo, antes bien, debe aprender a estar en sumisión, como ayuda idónea del marido.
Adán dio más importancia a las palabras de su esposa, probablemente porque la amaba mucho. Cuando el amor natural por la esposa está por encima de Dios, el marido puede confundirse y olvidar las palabras de Dios. Todo marido debe amar a su esposa con sobriedad en el espíritu y en la mente, pero debe, en primer lugar, obedecer a la palabra de Dios, sometiéndose al Señor, poniendo Sus palabras por encima de las de su esposa.
Adán no desobedeció a Dios a propósito, pues, en el momento en que aceptó las palabras de Eva, es probable que por la emoción, haya olvidado la orden de Dios. Esta fue su debilidad: por dar oídos a las palabras de su esposa, no prestó atención a la orden dada por Dios de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, incluso, sabía que el día que comiera de él, ciertamente moriría.
Cuando Adán fracasó, desobedeciendo a Dios; fue expulsado del huerto. El deseo de Dios era que el hombre comiera del fruto del árbol de la vida y comenzara a alimentarse de él continuamente. Si hubiera hecho eso, el hombre habría recibido la vida de Dios y hubiera obtenido el crecimiento de la vida divina, para llenar la tierra y gobernarla. Sin embargo, al oír las palabras de su esposa y comer del fruto del árbol del conocimiento, Adán no pudo cumplir más el plan original de Dios (Gn 3:22-23).
Adán fue echado por haber fracasado en el ministerio que Dios le había comisionado, pero eso resultó en el principio de su caída. Cuando vivía en el huerto de Edén, Adán no se esforzaba por el sustento, pues Dios había preparado los frutos de los árboles para que se alimentara de ellos. Asimismo, puesto que siempre estaba en la presencia de Dios, Adán tenía satisfacción y gozo, se sentía seguro, pues Dios era su protección contra Satanás, contra las bestias del campo o contra cualquier otro enemigo. En el huerto de Edén, Adán estaba protegido de todas esas cosas, por eso tenía paz y seguridad, gozo y sustento.
Al ser echado del huerto perdió la presencia de Dios, perdió el sustento, el gozo y la paz que antes disfrutaba. Él tuvo que comenzar a trabajar, labrando la tierra, entonces se dio cuenta de cuán frágil y mortal era sin la presencia de Dios. Cuando nació su nieto Enós, Adán debió haber pensado: "¡Mi vida es tan frágil! Sin Dios no tengo nada. ¿Qué voy a hacer? ¡Oh Jehová!".
Adán empezó a invocar el nombre de Jehová para recuperar la paz y el gozo que tuvo en Su presencia. ¡Gracias al Señor! Esta práctica muy saludable no quedó limitada a Adán, porque la Biblia dice que desde entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová (Gn 4:26).
La práctica de clamar o invocar el nombre del Señor significa la dependencia vital que todos los hombres tienen de Dios, así como necesitamos del aire que respiramos para vivir. Un ser humano, en una condición normal, es alguien que invoca el nombre del Señor porque depende siempre de Él.
Hoy también tenemos esta gran carga de llevar a nuestros parientes y amigos a reconocer que necesitan a Dios, y en consecuencia, tenemos que enseñarles a invocar el nombre del Señor Jesús. Por tanto, invocar el nombre del Señor ha llegado a ser parte de nuestro vivir. Al invocar el nombre del Señor, tenemos 'Su presencia. Por esa razón, como el pueblo neo-testamentario de Dios, tenemos a Dios como nuestro sustento, paz y gozo. ¡Alabado sea el Señor!
Punto clave: Labrar y guardar el huerto de Dios.
Pregunta: ¿Cuál fue la victoria alcanzada por Adán después de haber fracasado en su ministerio?
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MIERCOLES
Lectura bíblica:
Gn 10:8-10; 11:4; 12:1-2,7-8; 13:1-4; Ro4:11, 16
Leer con oración:
"Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba" (He 11:8).
UN MINISTERIO DE FE
Ayer vimos la reacción positiva de Adán al reconocer su dependencia de Dios, era alguien que invocaba el nombre del Señor. Sin embargo, poco a poco, sus descendientes olvidaron esta práctica y comenzaron a exaltar el nombre del hombre (Gn 10:8-10; 11:4).
Dios no permitió que esa situación persistiera, confundió la lengua del pueblo y los esparció por toda la faz de la tierra. Así, cada nación llegó a buscar a sus propios dioses, se convirtieron en idólatras.
En medio de esas circunstancias, Dios llamó a Abraham que vivía en Ur de los caldeos, una tierra llena de idolatría, para recobrar Su propósito. Inicialmente, Abraham no tenía fe, fue su padre Taré quien lo llevó a Harán, que pertenecía a Asiria, cuya ciudad principal era Nínive, un lugar lleno de pecado. Dios no quería que Abraham se quedara en Harán, por eso no sólo lo sacó de la tierra de idolatría, sino que también lo llamó hacia fuera del pecado, prometiéndole la buena tierra de Canaán: "Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré; y haré de ti una nación grande y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición" (12:1b-2).
Abraham no sabía en qué dirección quedaba Canaán, sin embargo, simplemente por la fe, obedeció la orden que Dios le había dado y partió. Al llegar a Canaán, edificó un altar, junto al cual plantó su tienda e invocó el nombre de Jehová. La lección que aprendemos de Abraham es que necesitamos invocar el nombre del Señor, pues donde está el altar y el nombre del Señor, allí estará nuestra "tienda", es decir, nuestro vivir.
Puesto que el ministerio de Abraham era un ministerio de fe, Dios todavía necesitaba enseñarle muchas lecciones, por eso permitió que sobreviniera el hambre a la tierra de Canaán, durante un gran periodo de sequía. Ante esa situación, Abraham no tuvo la fe suficiente para permanecer allí y descendió a Egipto en busca de alimento.
En una situación normal de fe, Abraham debió haber recordado: "Yo fui llamado por Dios para estar en Canaán. Aunque no hay lluvias, fue Dios quien me trajo aquí y ciertamente Él es soberano en esta situación. Aunque falten alimentos, yo esperaré; Dios me va a cuidar". Si él hubiera hecho eso, habría ejercitado su fe, pues Dios quería fortalecerla.
Cuando Abraham descendió a Egipto, debido a la gran hambre que existía en Canaán, pasó por una vergonzosa situación delante de Faraón, juntamente con Sara, su esposa. Después, Abraham obtuvo riquezas, pero volvió al mismo lugar donde había estado. Entonces se acordó de Dios, edificó nuevamente un altar y, una vez más, invocó el nombre de Jehová. Así que, su fe fue fortalecida porque él continuamente invocaba el nombre del Señor (13:1,4).
Cuando perdemos la fe, sólo nos queda un camino: invocar el nombre del Señor. Al invocar el nombre del Señor, estamos en el espíritu y así, nuestra fe es fortalecida. Cuando Dios le pidió a Abraham su hijo Isaac como sacrificio, él simplemente obedeció, porque ya tenía la seguridad de que Dios le proveería todo. Por eso Abraham pasó a llamarse el "padre de la fe" (Ro 4:11, 16).
Abraham llegó a ser un ejemplo para nosotros que también fuimos llamados para ser ministros de Dios. No debemos temer en cuanto a lo que hemos de comer o beber; antes bien, debemos ejercitar nuestra fe y esperar en el Señor. Incluso frente a las circunstancias más difíciles, necesitamos confiar en el Señor. Debemos tener fe y no tratar de solucionar los problemas que se nos presentan por nuestra cuenta. Todo lo que necesitamos hacer es permanecer junto al altar de Dios, invocando el nombre del Señor ¡Aleluya!
Punto clave: Fortalecer la fe invocando el nombre del Señor.
Pregunta: ¿Percibe usted, en su vivir diario, que Dios ha usado cada situación para fortalecer su fe?
JUEVES
Lectura bíblica:
Gn 15:12-14; 45:26-28; 46:1-4
Leer con oración:
"Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor" (Ef 5:1 7).
DISCERNIR LA VOLUNTAD DE DIOS
Como vimos ayer, Dios probó la fe de Abraham, dejó que pasara hambre en la tierra prometida de Canaán. Por esa misma prueba también pasaron Isaac y Jacob, cada uno en su época.
En cuanto a Isaac, Dios no permitió que completara el camino hasta Egipto. Jacob, por su parte, no descendió a Egipto primeramente, sino que envió a sus hijos para que comprar víveres de allá. Conforme a las circunstancias preparadas por Dios, uno de ellos, José, se convirtió en un gobernador de Egipto. Al recibir a sus hermanos, José invitó a toda su familia a vivir en la tierra de Gosén. Fue en esa ocasión que Jacob se debilitó en la fe, dejó la tierra de Canaán con su familia y todo lo que poseía y partió a Egipto (Gn 45:26-28; 46:1).
La importante lección que extraemos de este relato es que no debemos olvidarnos de la comisión que recibimos de Dios en el lugar que vivimos. Algunos cristianos van a otros países buscando mejores oportunidades de empleo y dinero, sin preocuparse del cumplimiento del propósito del Señor en su vida. Es como si descendieran a la tierra de Egipto y abandonaran la comisión que recibieron del Señor. Necesitamos ser fieles a la porción que el Señor nos dio, creyendo que en todo, Él mismo nos suplirá.
Permanecer bajo la bendición y el suplir de Dios implica valorar siempre el derecho de la primogenitura. Para Jacob, este derecho incluía toda la bendición de Dios prometida a Abraham y la buena tierra de Canaán. Únicamente el primogénito tenía derecho a heredar la bendición, y desde el vientre materno Jacob luchó por ese derecho de la primogenitura, por la herencia de la buena tierra.
Aunque Esaú había nacido primero, Jacob no se conformó, sino que luchó para obtener la primogenitura. Cuando tenía cuarenta años de edad, compró la primogenitura de su hermano Esaú, que la cambió por un plato de guisado de lentejas. Jacob también usó una artimaña para usurpar la bendición de Dios se hizo pasar por Esaú delante de su padre Isaac. Esto muestra cuánto Jacob valoraba la primogenitura y la bendición de Dios. No obstante, después de haber heredado la tierra de Canaán, en su vejez, Jacob abandonó su herencia y se fue a vivir a Egipto con su hijo José, llevándose todo lo que tenía.
Cuando Jacob descendió a Egipto, olvidó que Dios le había entregado la buena tierra de Canaán a Abraham y a su descendencia. Abraham e Isaac ya habían muerto, de manera que, a partir de entonces, la herencia, es decir, la tierra de Canaán y la bendición, le pertenecían a Jacob. Cuando descendió a Egipto en busca del sustento y la comodidad, la tierra de Canaán quedó abandonada.
No era la voluntad de Dios que Jacob descendiera a Egipto, aunque ya le había profetizado a Abraham que eso sucedería: "Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él. Entones Jehová dijo a Abram: ten por cierto que tu descendencia morará en tierra lejana, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años. Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza" (15:12-14).
En esta porción bíblica, Dios dijo que trataría con los otros pueblos en favor de la descendencia de Abraham y le reveló eso con el objetivo de consolarlo. Aunque Dios permitió que Jacob descendiera a Egipto, eso no formaba parte de Su intención original. Dios nunca quiso que Su pueblo fuera peregrino en tierra ajena ni fuera afligido con la esclavitud, pero, como Jacob descendió a Egipto, Dios permitió que eso sucediera. Dios no desea ni determina que descendamos al mundo para luchar por nuestra sobrevivencia. Por el contrario, Él desea que permanezcamos bajo Su bendición, que es nuestra herencia.
Cuando el Señor le dijo: "Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación. Yo descenderé contigo, y yo también te haré volver; y la mano de José cerrará tus ojos" (46:3A). Vemos el gran amor que Dios tenía por Jacob. A pesar de que Dios no le había ordenado a Jacob que descendiera a Egipto, aun así iría con él e incluso lo traería de vuelta a la buena tierra.
Ante esta experiencia de Jacob, aprendamos a discernir si nuestras decisiones forman parte de la voluntad de Dios. Algunas veces queremos ir a cierto lugar, y pese a que eso no fue determinado por Dios, Él nos acompaña, sólo porque somos Sus hijos. Si el Señor nos está ayudando, Él puede estar haciendo eso por causa de Su voluntad permisiva, es decir, tan sólo por cuidamos, como lo hizo con Jacob.
Hoy, el ministerio del Nuevo Testamento es el ministerio del Espíritu. Por eso necesitamos discernir si lo que hacemos es por la voluntad soberana de Dios o sólo por Su permisión (Ef 5:17). ¡Alabado sea el Señor! porque la luz de la Palabra ha sido más intensa en nuestra experiencia actual. Que seamos sensibles al Espíritu de Dios, para someternos a Su voluntad en todas las circunstancias. ¡Amén!
Punto clave: Valorar el derecho de primogenitura.
Pregunta: ¿Qué lección desea usted aplicar en su vida al ver la experiencia de Jacob al descender a Egipto?
VIERNES
Lectura bíblica:
Ex 3:7-8; Nm 13:32-33; Jos 1:9; He 3:16-19
Leer con oración:
"Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?" (Jos I8:3).
LUCHAR POR LA HERENCIA QUE EL SEÑOR NOS DIO
Cuando dependemos del Señor, espontáneamente invocamos Su nombre. En cambio, cuando nos olvidamos de Él, dejamos de llamarlo para tener comunión. Entonces Dios, por amor a nosotros, prepara una situación para que nuevamente nos acordemos de Él y clamemos Su nombre.
Esto fue lo que sucedió con el pueblo de Israel. Después de vivir muchos años en Egipto, donde había abundancia de víveres y una vida cómoda, poco a poco, los israelitas se olvidaron de Dios, y durante cuatrocientos años, el Señor ya no formaba parte de la memoria de Israel.
Aunque la descendencia de Jacob se había olvidado de Dios, Él jamás se olvidó de Su promesa. La buena tierra de Canaán ya había sido dada como herencia a Abraham; Isaac también ya la había recibido; Jacob luchó mucho y obtuvo la herencia de la primogenitura. Sin embargo, cuando toda la tierra de Canaán le pertenecía, Jacob la abandonó y fue para disfrutar de la comodidad que existía en la casa de su hijo José, en Egipto.
Alrededor de cuatrocientos años después, Dios levantó circunstancias para que el pueblo volviera a la tierra de Canaán. Los hijos de Israel fueron fructíferos, se multiplicaron y se fortalecieron en aquella tierra hasta que surgió un Faraón que no conocía a José. Éste comenzó a subyugar al pueblo de Israel con trabajos forzados. Por causa del sufrimiento, el pueblo que le encargó a Moisés clamó al Señor, para que los liberara y condujera de regreso a la buena tierra de Canaán (Ex 3:7,8).
Moisés condujo al pueblo por el desierto durante cuarenta años. Dios no permitió que aquella generación, que había nacido en Egipto, entrara a la buena tierra por causa de su incredulidad (He 3: 16, 19). Ellos se habían olvidado del Señor y buscaron únicamente sus intereses personales, excepto Josué y Caleb, a quienes Dios les permitió tomar posesión de Canaán. Sin embargo, la nueva generación, nacida en el desierto, entró en Canaán, conducida por Josué en su ministerio conquistador.
Cuando entraron a Canaán, después de los cuatrocientos años de abandono, la tierra fue habitada por otros pueblos más numerosos y más poderosos que el pueblo de Israel, por eso la nueva generación necesitaría luchar para conquistarla nuevamente. Para esa conquista, Dios le incumbió a Josué que eliminara a esos pueblos, principalmente a los gigantes que habitaban en ella (cfr. Nm 13:32,33); eran razas anormales: los hijos de Anac, mencionados en Génesis 6.
El ministerio de Josué fue un ministerio de coraje y valentía. Logró conquistar la tierra y eliminar a la mayoría de los pueblos que habitaban como intrusos en ella. Actualmente el Señor nos comisionó a predicar el evangelio en toda la tierra habitada. En esta obra, Dios desea que seamos fuertes y valientes. Así como lo fue Josué, necesitamos luchar para conquistar la herencia que el Señor nos dio, recobrando en cada ciudad el gobierno del reino de los cielos.
Para ejercer este ministerio conquistador, necesitamos tener el mismo coraje y valentía que el Señor le comisionó a Josué: "Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas" (Jos 1:9). ¡Esforcémonos y seamos valientes! La misma palabra que Josué recibió en aquella época es la que estamos recibiendo hoy. ¡Aleluya!
Punto clave: Luchar para conquistar la herencia.
Pregunta: ¿Cuál es la comisión de Dios para nosotros hoy?
SABADO
Lectura bíblica:
Jos 24:15,31; Jue 21:25
Leer con oración:
"Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros" (2 Ti 2:1-2).
CONDUCIR A OTROS A AMAR Y SEGUIR AL SEÑOR
Después de la muerte de Josué, no hubo gobierno en Israel, cada israelita hacia lo que bien le parecía. En otras palabras, Josué sabía guerrear, pero no supo enseñar a la siguiente generación cómo servir a Dios. Este fue su fracaso: no haber preparado a un sucesor que condujera al pueblo de Israel a amar y seguir al Señor.
El pueblo no fue enseñado a ser una nación de sacerdotes, como Dios anhelaba. El resultado de eso fue que hubo desorden en medio del pueblo, porque después que murieron todos los ancianos que conocían al Señor y Sus obras hechas a Israel, por no tener un líder, cada uno hacia lo que bien le parecía Que 21:25).
Adoptemos en nuestro Vivir los puntos positivos del ministerio conquistador de Josué, saliendo a predicar el evangelio del reino por todo el mundo, para testimonio a todas las naciones. Las ciudades donde aún no tienen el testimonio del Señor necesitan ser conquistadas, recibiendo el evangelio del reino de los cielos. ¡Aleluya! Debemos ser conquistadores esforzados y valientes, tal como lo fue Josué, hasta que los reinos de este mundo lleguen a ser de nuestro Señor Jesucristo, para que Él reine por los siglos de los siglos. ¡Amen!
Punto clave: Conquistadores valientes y de coraje.
Pregunta: ¿Cómo podemos aplicar los puntos positivos del ministerio de Josué en nuestro vivir práctico como Cuerpo de Cristo?
DOMINGO
Lectura bíblica:
1 S 2:18; 3:21; 15:9-11,22-23; 24:4-6; 26:7-9
Leer con oración:
"¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros" (1 S 15:22).
OBEDECER LA PALABRA DEL SEÑOR Y NO LEVANTARSE CONTRA SU UNGIDO
Por causa de la situación negativa en la que se encontraba Israel, Dios levantó jueces para que gobernaran al pueblo. Como eso no fue suficiente, Dios preparó a Samuel como sacerdote y de manera especial lo introdujo en el templo, donde sirvió al Señor desde su infancia. Él era fiel a Dios, y durante el tiempo en que vivió en el templo, no adquirió ningún mal hábito de los que los hijos de Elí tenían.
Dios también le había incumbido gobernar al pueblo de Israel. Por un lado, Samuel era un sacerdote, que llevaba a los israelitas a la presencia de Dios; por otro, él también tenía el ministerio de juez, para solucionar las causas del pueblo. Además, Samuel hablaba por Dios, desempeñando el ministerio de profeta en Israel.
El fracaso de Samuel no sucedió en el ejercicio de su ministerio, sino en su vejez y en la crianza de sus dos hijos. Cuando los ancianos del pueblo de Israel clamaron para tener un rey, estaban rechazando a los hijos de Samuel como jueces, pues ellos eran corruptos, aceptaban sobornos y pervertían el derecho. Este problema reveló la debilidad de Samuel, y por eso, el pueblo pidió un rey.
Puesto que Dios permitió que el pueblo de Israel tuviera rey, Samuel fue a buscarlo para ungirlo. El primer rey de Israel fue Saúl, que era alto y distinguido, pero también humilde y capaz. Dios lo escogió y fue ungido rey.
No obstante, Saúl fracasó: Dios le había ordenado que eliminara a todos los amalecitas, incluso al rey y a los animales, aunque Saúl exterminó a todos los hombres, le perdonó la vida al rey Agag y también a muchos rebaños. Él no obedeció la orden de Dios. Como resultado, Dios lo destituyó de la posición de rey y le dijo: "Obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros" (1 S 15:22).
Después, el Señor ungió a David como rey. Antes de asumir la posición de rey, David fue escudero de Saúl y también le tocaba el arpa. El Espíritu de Dios ya no operaba en Saúl, sino que estaba en David. Dios permitió que un espíritu maligno atormentara a Saúl, que por causa de los celos que sentía de David, intentó matarlo varias veces.
David, por su parte, tenía una gran virtud. Aunque había sido ungido como rey por Samuel, no osó hacerle mal a Saúl, el primer ungido por Dios. Si bien Saúl había desobedecido a Dios, haciendo las cosas por su cuenta, David no usurpó su reino, por temor a Dios y reverencia al ungido ¡del Señor.
Durante la persecución que sufrió por parte de Saúl, David tuvo dos oportunidades para matarlo, pero no lo hizo. Es como si David hubiera pensado: "Saúl es el ungido de Dios. No puedo tocar su vida, a no ser que Dios mismo levante circunstancias para que él caiga. Yo jamás le haré ningún mal al ungido de Dios".
Debemos percibir la importancia de aquellos que son ungidos por Dios para ser Sus siervos. Los siervos de Dios son aquellos que transmiten a otros lo que Dios les reveló. Dios quiere revelar a Sus muchos siervos las cosas que deben suceder pronto (Ap 1:1). Todos los que reciben el llamamiento de Dios para ser Sus siervos deben atenderlo. Dios también utiliza a un siervo más maduro, así como usó al apóstol Juan, para transmitir Su revelación a los otros siervos.
Aquellos cuyos ministerios vimos esta semana fueron siervos de Dios. Algunos fueron ungidos de manera especial y cada uno tuvo su ministerio. Los éxitos y los fracasos de todos ellos deben servimos de ejemplo a cada uno de nosotros, que también somos siervos de Dios en el Nuevo Testamento, en el ministerio del Espíritu. No sigamos el camino del fracaso, sino recibamos la advertencia y adoptemos los modelos positivos en nuestro vivir cristiano. ¡Amén! ¡Alabado sea el Señor!
Punto clave: Fuimos ungidos por Dios.
Pregunta: ¿Cuáles fueron las principales lecciones que aprendió con los ministerios presentados esta semana?
Lectura de apoyo:
Alimento Diario - Serie: "El ministerio del apóstol Juan en su madurez" - Tomo 1 - Lecciones extraídas de los primeros ministros del pasado, Dong Yu Lan
Aguas refrescantes 5 de julio
¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?
Gálatas 3: 3.
En su carta a los Romanos Pablo establece con claridad que el pecador depende de la gracia de Dios para su sal¬vación. En la carta a los Gálatas nos demuestra que el creyente igualmente depende de la gracia para su conti¬nuidad en la vida cristiana. Nunca hicimos algo, ni le dimos algo a Dios a cambio de nuestra salvación, y ésta debe ser la base de nuestro andar con El.
Dios comienza dándonos una nueva posición para que tengamos un nuevo comienzo. Si estoy en el fondo de un pozo, permaneceré allí hasta que Dios me levante y me coloque sobre una roca. El lo hace colocándome en Cristo. Al hacerlo resuelve todo mi pasado. Además, ha colocado la vida de Cristo dentro dl'i mí, dándome así todo lo que requiero para el presente y para el futuro. De manera que el progreso espiritual no se logra por medio de una agónica lucha, sino por mirar confiadamente. a la gracia de Dios y continuar recibiendo la plenitud de Cristo.
Watchman Nee
Jesús es el Señor! - Jesus is Lord - Jesus ist der Herr - Yeshua adonai - Gesù è il Signore - Jésus est Seigneur - Ιησους ειναι ο Λορδος - Иисус – Господь - يسوع هو الرب - 耶稣是主 - 主イエスは - Jesus é o Senhor - Jesus är lorden
Literatura disponible en:
corpocri@yahoo.com
laiglesiaenarmenia@yahoo.com"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee
La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins
Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
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05/07/10,20:55:54
¿QUE ES LA ORACIÓN? (Parte 1 de 2)
La oración es el acto más maravilloso del plano espiritual y también algo que encierra un gran misterio.
La oración: un misterio
La oración es un misterio, y después que hayamos considerado unas cuantas preguntas referentes a este asunto, creo que apreciaremos todavía más el carácter misterioso que rodea a la oración, pues son preguntas muy difíciles de contestar. Con todo, esta observación no se hace para sugerir que el misterio de la oración es incomprensible, o que los varios problemas envueltos en la oración son inexplicables. Es sólo para indicar el hecho de que son muy pocos los que realmente saben mucho acerca de estos problemas. Como consecuencia, son muy pocos los que en la oración pueden realizar mucho para Dios. El poder de la oración está, no en lo mucho que oremos, sino en el grado que nuestras oraciones sean conformes con el principio fundamental de la oración. Solamente las oraciones de esta clase son de verdadero valor.
Las preguntas principales que se hacen son: ¿Por qué orar? ¿Cuál es la utilidad de orar? ¿No es Dios omnisciente y omnipotente? ¿Por qué tiene Dios que esperar hasta que nosotros oremos antes de comenzar a obrar? Puesto que Dios ya lo sabe, ¿por qué .tenemos que decírselo todo? (Filipenses 4:6). Puesto que Dios es todopoderoso, ¿por qué no obra directamente? ¿Qué necesidad tiene Dios de nuestras oraciones? ¿Por qué solamente los que piden, reciben; solamente los que buscan, hallan; y solamente a los que llaman, se les abre? (Mateo 7:7). ¿Por qué dice Dios: "No tenéis… porque no pedís"? (Santiago 4:2)
Después de haber hecho las preguntas que preceden, debemos continuar la reflexión del modo siguiente: ¿Es la oración contraria a la voluntad de Dios? ¿Cuál es la relación entre la oración y la justicia?
Sabemos que Dios nunca hace nada contra su propia voluntad. Si la voluntad de Dios es abrir puertas, ¿por qué tiene que esperar a que nosotros llamemos para abrirlas? ¿Por qué no nos las abre sencillamente, tal como es su voluntad, sin exigirnos que llamemos? Puesto que Dios es omnisciente, sabe que necesitamos tener las puertas abiertas; entonces, ¿por qué tiene que esperar a que llamemos para abrírnoslas? Si es necesario que la puerta se abra, y si el abrir puertas está de conformidad con la voluntad de Dios y, además, El sabe que necesitamos que esa puerta se abra, ¿por qué espera a que llamemos? ¿Por qué no la abre directamente? ¿Qué ventaja obtiene Dios de que nosotros tengamos que llamar?
Además, tenemos que hacer todavía estas preguntas: Ya que la voluntad de Dios es abrir la puerta, y ya que el abrir la puerta está dentro de lo justo, con todo, ¿abrirá Dios la puerta si nosotros no llamamos? ¿Preferirá Dios que su voluntad y la justicia se retrasen y no se cumplan, a fin de esperar nuestras oraciones? En realidad, ¿permitirá Dios que su voluntad de abrir puertas quede restringida porque nosotros no llamamos?
De ser así, ¿no estaríamos nosotros limitando la voluntad de Dios? ¿Es Dios realmente todopoderoso? Si es todopoderoso, ¿por qué no puede abrir la puerta por sí mismo? ¿Por qué, en vez de ser así, tiene Dios que esperar a que llamemos? ¿Puede Dios realmente cumplir su propia voluntad? Pero si en realidad puede, entonces ¿por qué el hecho de que Dios abra las puertas (tal como es su voluntad) depende de que nosotros llamemos (las oraciones del hombre)?
Al hacer todas estas preguntas nos damos cuenta de que la oración es un gran misterio. Pues aquí vemos un principio del modo en que Dios obra, y es el siguiente: que el pueblo de Dios tiene que orar antes de que el mismo Dios se mueva y obre. Su voluntad se realizará solamente a través de las oraciones de los que le pertenecen. Las oraciones de los creyentes hacen que se cumpla la voluntad de Dios. Dios no cumplirá su voluntad solo; la cumplirá solamente cuando sus fieles le demuestren su apoyo por medio de las oraciones.
Siendo la realidad así, puede decirse que la oración no es sino un acto del creyente que trabaja junto con Dios. La oración es la unión del pensamiento del creyente con la voluntad de Dios. La oración que un creyente dice en la tierra, es la proclamación de la voluntad del Señor en el cielo. La oración no es expresar nuestra súplica para que Dios nos conceda lo que pedimos y satisfaga nuestro deseo egoísta. No es forzar al Señor a cambiar su voluntad y que haga lo que no quería hacer. No, la oración es simplemente expresar la voluntad de Dios por medio de la boca del creyente. Ante Dios, el creyente pide en la oración que se cumpla la voluntad del Señor.
La oración no cambia lo que Dios ha determinado. La oración nunca cambia nada; simplemente logra lo que Dios ya ha determinado de antemano. Sin embargo, la falta de oración sí que produce un cambio, porque Dios permitirá que muchas de sus resoluciones se suspendan, debido a la falta de cooperación de parte de su pueblo en cuanto a la oración.
Tomado de “OREMOS” W. Nee
Aguas refrescantes 6 de julio
Los que amáis a Jehová, aborreced el mal. Salmo 97:10.
Antes de comenzar a discutir el tema de la liberación del pecado, debemos señalar una condición que deben reunir aquellos que quieren ser librados. Si bien la libe¬ración de Dios está preparada para todos, no todos son liberados. El apóstol Pablo menciona esto en forma casi inconsciente en el capítulo 7 de Romanos. En la expe¬riencia que El describe allí finalmente llega a la eman¬cipación porque ha cumplido la condición de saber qué debe odiar el hombre y qué debe anhelar.
En ese pasaje leemos cómo obtiene su libertad pero también cómo se siente en su corazón antes. de ser libe¬rado. "No hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago" (Ro. 7:15). En consecuencia, el factor vital es: ¿Amas lo que estás haciendo ahora, o lo odias? El apóstol estaba tan descontento con vivir su vida en el pecado que determinó salir de ella. Fue debido al odio que sentía hacia el pecado y su determinación de encontrar un escape, que encontró liberación en Cristo?
Watchman Nee
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La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
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Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
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¿QUE ES LA ORACIÓN? (Parte 2 de 2)
La oración es el acto más maravilloso del plano espiritual y también algo que encierra un gran misterio.
"De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo" (Mateo 18:18). Conocemos muy bien estas palabras del Señor. Sin embargo, debemos darnos cuenta de que estas palabras se refieren a la oración. Y van seguidas inmediatamente por esta afirmación de Cristo: "Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos" (v. 19). El cielo gobernado por la tierra
Aquí se muestra claramente la relación entre la oración y la obra de Dios. Dios en el cielo atará y desatará solamente lo que sus hijos en la tierra hayan atado y desatado. Muchas cosas hay que necesitan atarse, pero Dios no las atará por sí solo. El quiere que su pueblo las ate en la tierra primero, y entonces El las atará en el cielo. Muchas cosas hay también que deben desatarse; pero de nuevo, Dios no quiere desatarlas por sí solo: El espera hasta que su pueblo las desate en la tierra y entonces El las desatará en el cielo. ¡Pensemos en esto! ¡Todas las acciones del cielo están gobernadas por las acciones de la tierra! Y de la misma forma, ¡todos los movimientos del cielo están limitados por los movimientos en la tierra! Dios se recrea grandemente poniendo todas sus obras bajo el control de su pueblo. (Sin embargo, hay que señalar que estas palabras en Mateo no están dirigidas a hombres carnales, pues éstos no están capacitados para entenderlas. Aquí debemos llevar mucho cuidado para que no intervenga la carne, pues de suceder así, ofenderíamos a Dios en muchos aspectos.)
Hay un pasaje en Isaías en el que hallamos el mismo pensamiento que encontramos en el de Mateo: "Así dice Jehová, el Santo de Israel y su Formador: Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos" (45:11). Al considerar estas palabras debemos ser verdaderamente piadosos, no permitiendo que la carne intervenga furtivamente. ¡Dios desea que hombres humildes como nosotros le den órdenes a El! ¡A nuestro mandato, El comienza a hacer su obra! Cualquier acción que Dios tome en el cielo, sea para atar o desatar, todo lo hace siguiendo las órdenes que nosotros damos en la tierra.
Antes de que el cielo ate, la tierra debe atar primero; antes de que el cielo desate, primero tiene que desatar la tierra. Dios nunca hace, nada contra su voluntad. No es que porque la tierra haya atado algo, entonces el Señor esté forzado a atar lo que no quería atar. Tal cosa nunca sucede. El ata en el cielo lo que ha sido atado en la tierra, simplemente porque la voluntad de Dios siempre ha sido atar lo que la tierra por fin ha atado. El espera hasta que su pueblo en la tierra ate lo que el cielo ha aspirado a atar, y entonces El escucha la orden de sus hijos y ata para ellos lo que le han pedido. El mismo hecho de que Dios quiera escuchar el mandato de su pueblo y atar lo que ellos han atado, es evidencia de que El ya quería atar (pues todos los deseos de Dios son eternos). ¿Por qué no ata Dios antes? Puesto que su voluntad es atar, y su voluntad es eterna, ¿por qué no ata antes lo que debe atarse de acuerdo a su propia voluntad? ¿Por qué tiene Dios que esperar a que la tierra ate antes de que El ate en el cielo? ¿Es verdad que lo que no se ata en la tierra no puede atarse en el cielo? Si hay retraso en atar en la tierra, ¿habrá también retraso en el cielo? ¿Por qué tiene Dios que esperar a que la tierra ate, antes de atar El lo que desde hace tiempo ha querido atar?
Deseo decir que al contestar estas preguntas, el creyente puede hacerse más útil en las manos de Dios. Ya sabemos la razón por la que el hombre fue creado. Dios crea al hombre para que éste se una a El para derrotar a Satanás y sus obras. Como el hombre es creado con libre voluntad, se espera que use su voluntad para unirse a la voluntad de Dios y oponerse a la voluntad de Satanás. Este es el propósito de la creación y también el propósito de la redención. La vida entera del Señor Jesús demuestra este principio. Aunque no sabemos la razón de por qué, sin embargo, sí sabemos que Dios no obrará independientemente. Si el pueblo de Dios falla en «mostrarse concorde con El sometiendo su voluntad a Dios y expresando con sus oraciones que desean lo mismo que El, Dios preferirá esperar y retrasará su obra. Dios no quiere obrar solo. El Señor exalta a su pueblo pidiéndole que obre con El. Aunque El es todopoderoso, se recrea en tener su omnipotencia limitada por sus hijos. Por muy celoso que Dios sea de su propia voluntad, permitirá por un tiempo que Satanás esté a la ofensiva, si el pueblo de Dios se olvida de la voluntad divina y falla en mostrar su acuerdo cooperando con el Señor.
Oh, si los hijos de Dios no fueran hoy tan fríos como evidentemente son, si estuvieran más dispuestos a negarse a sí mismos y a someterse a la voluntad de Dios, teniendo más interés en la gloria divina y guardando la palabra del Señor. Entonces se realizaría rápidamente lo que Dios ha deseado eternamente con referencia a está época, la iglesia no estaría en la confusión en que está, los pecadores no se endurecerían tanto, la venida del Señor Jesús y de su reino se apresuraría, Satanás y sus fuerzas serían arrojados mucho antes al abismo sin fondo, y el conocimiento del Señor se extendería más rápidamente sobre toda la tierra. Debido a que los creyentes se ocupan demasiado de sus propios asuntos y fallan en trabajar unidos a Dios, muchos enemigos y mucho crimen continúan sin ser vencidos, muchos pecadores permanecen en su esclavitud y muchas gracias dejan de concederse. ¡En qué medida tan grande la tierra impone restricciones al cielo! Ya que Dios nos respeta tanto, ¿no podemos nosotros confiar en El en la misma forma?
¿Cómo atamos nosotros lo que Dios intenta atar? Y ¿cómo desatamos lo que Dios intenta desatar? La contestación que el Señor Jesús da es ésta: "Pónganse de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan." Esto es oración; la oración del cuerpo de Cristo. El punto culminante de nuestro trabajo en unión con Dios está en pedir, todos de común acuerdo, que Dios haga lo que El desea hacer. Para el que ora, el verdadero significado de la oración es orar por el cumplimiento de la voluntad de Aquel a quien él ora. La oración es la ocasión en que expresamos nuestro deseo por la voluntad de Dios. La oración significa que nuestra voluntad está de acuerdo con la de Dios. De no suceder así, no hay verdadera oración.
Tomado de: “ORACION” W. Nee
Aguas refrescantes 7 de julio
Bajo la sombra del deseado me senté, y su fruto fue dulce a mi paladar. Cantares 2:3.
Para el verdadero creyente el amor de Cristo es todo¬ suficiente. En él, el creyente halla descanso, protección y satisfacción. La que entona esta canción había hablado anteriormente acerca de correr hacia su amado, pero ahora exclama con gozo que ha llegado al reposo. Al igual que un árbol su sombra está sobre ella y su fruto le proporcio-na profunda satisfacción.
Ni el calor del mediodía puede afectar, ni la fiebre puede agotar, a aquel que recurre a Cristo buscando re¬fugio. Al descansar bajo la siempre verde frescura del amor del Salvador encuentra deleite y una maravillosa elevación de su espíritu. Además, no sólo es protegido del, fragor de las circunstancias" sino que también es refrescado interiormente. Algunos árboles, aunque siempre verdes, no producen fruto, pero Cristo es el singular árbol de la vida. Simultáneamente ofrece sombra del calor abrasador, y fruto que satisface para nuestra nutrición interior.
Watchman Nee
Jesús es el Señor! - Jesus is Lord - Jesus ist der Herr - Yeshua adonai - Gesù è il Signore - Jésus est Seigneur - Ιησους ειναι ο Λορδος - Иисус – Господь - يسوع هو الرب - 耶稣是主 - 主イエスは - Jesus é o Senhor - Jesus är lorden
Literatura disponible en:
corpocri@yahoo.com
laiglesiaenarmenia@yahoo.com"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee
La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins
Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
Ian Thomas
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Gran Miembro Yeshua
::: Tan viejo como Matusalen hijo de Enoc (Gen 5:21) ::: (+ de 1200 posts)
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- ene 2005
- Mensajes
- 1.626
25/10/10,18:29:48
APARTADO ESPECIALMENTE PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA
Semana 1--- Introducción
Lunes --- Leer con oración: Jn 1:12; 3:3-5; 20:31
“Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios” (Ro 1:1)
EL SUMINISTRO ABUNDANTE
En cada serie del Alimento Diario recibimos una dirección de la palabra del Señor, con un suministro abundante, para continuar durante los próximos seis meses. Asimismo, en cada semestre, el hablar del Señor para nosotros puede ser comparado con un curso de actualización, por medio del cual nos preparamos para obtener “buenas calificaciones, o una mejor posición en una empresa”. Si nos disponemos a rumiar bien estas palabras y las practicamos en nuestro diario vivir, ciertamente progresaremos espiritualmente, y de este modo, nuestro vivir y obra serán aprobados por Dios.
El tema de esta serie es: “Apartado especialmente para el evangelio de la vida”. Al hablar del evangelio de la vida nos estamos refiriendo a la importancia de nacer de la vida de Dios y crecer en ella, para reinar con el Señor Jesús en la era venidera. Muchos cristianos aún no conocen la profundidad de este asunto.
Recientemente visité un país para tener comunión con un grupo de cristianos y les hablé acerca de la carga actual que el Señor nos ha dado, de predicar el evangelio del reino, es decir, el evangelio de la vida. Les mostré que predicamos tal evangelio porque el deseo de Dios es que Sus hijos crezcan espiritualmente y entren en el reino venidero para gobernar con Él. No obstante, el líder del grupo no comprendió el significado de la expresión “predicar el evangelio del reino”, pues, al igual que muchos cristianos, él entiende que la predicación del evangelio tiene como fin sólo el salvar a las personas, conduciéndolas para recibir a Jesús. Aunque esto es verdad, los hijos de Dios de modo general aún no han oído que el evangelio de Dios, según lo que Pablo nos mostró en su epístola a los romanos, incluye mucho más que la salvación de la condenación eterna.
Al leer el Nuevo Testamento, normalmente comenzamos por los cuatro evangelios, que en realidad, son un registro del vivir del Señor Jesús en la tierra. Con excepción del evangelio de Juan, los demás evangelios no muestran de una manera clara que la salvación de Dios tiene el propósito de que obtengamos la vida divina para entrar en el reino (Jn 1:12; 3:3-5; 20:31). Así que, si sólo le damos atención a los tres primeros evangelios, nos inclinaremos por imitar la manera de actuar del Señor Jesús con nuestro esfuerzo natural.
Por eso, inmediatamente después de los cuatro evangelios, el Espíritu Santo estableció la epístola a los Romanos para mostrarnos la carga especial que Pablo recibió de predicar el evangelio de Dios, que es completo, pues comprende el evangelio de la gracia y el evangelio del reino o de la vida. Esta epístola comienza así: “Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios” (Ro 1:1).
En esta semana continuaremos viendo sobre el evangelio completo presentado por Pablo.
Punto Clave: El evangelio es completo.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Por qué no debemos dar atención sólo a los tres primeros evangelios?
APARTADO ESPECIALMENTE PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA
Semana 1 --- Introducción
Martes --- Leer con oración: Ro 3:24-25; 8:3; Col 1:21-22; 1 P 3:18
“De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hch 10:43)
EL EVANGELIO DE LA GRACIA
Pablo empieza la epístola a los Romanos mostrando los dos aspectos del evangelio de Dios: el evangelio de la gracia, por medio del cual nos es anunciado que somos salvos de nuestros pecados al creer en Jesús, y el evangelio del reino o de la vida, por el cual nos es anunciado que obtuvimos la vida divina, pues recibimos a Jesús, el “Hijo de Dios” (1:4).
El primer aspecto, el evangelio de la gracia, nos presenta la solución del problema de nuestros pecados. Dios envió al Señor Jesús, “que era del linaje de David según la carne” (v. 3), a fin de redimir al hombre, puesto que, así como David, “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (3:23).
Aunque el Señor Jesús también era descendiente de David, al ser concebido por el Espíritu Santo por medio de María, sólo tenía la semejanza de carne de pecado, para condenar al pecado en la carne (8:3), pero no tenía la naturaleza pecaminosa.
Entonces, “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (He 2:14-15).
Aunque el Señor Jesús no cometió ningún pecado, fue crucificado en nuestro lugar y derramó Su sangre, a fin de que todo aquel que cree en Él reciba la remisión de sus pecados (cfr. Hch 10:43).
Esta es la gracia que recibimos: nosotros pecamos, pero Él derramó Su sangre por nosotros en la cruz. Nosotros éramos los injustos, pero Él, el Justo, murió en nuestro lugar para conducirnos a Dios (1 P 3:18). Éramos extraños y enemigos en nuestra mente y aunque hacíamos malas obras, nos reconciió con Dios por medio de Su muerte (Col 1:21-22). Por causa de la muerte de Su Hijo, Dios nos justificó y pasó por alto los pecados pasados (Ro 3:24-25). ¡Gracias al Señor!
Cuando confesamos nuestros pecados y creemos en el Señor Jesús, recibimos Su gracia salvadora. Muchos ya han sido alcanzados por este aspecto del evangelio, sin embargo, para muchos de ellos, el evangelio de la gracia significa elfin del propósito de Dios en sus vidas. Pocos saben que la redención para Dios es sólo el medio para recobrar al hombre para Sí y darle Su vida, pues Su deseo es que Sus hijos crezcan y maduren para que puedan reinar con Él. Mañana hablaremos sobre el otro aspecto que se refiere a Jesús como el Hijo de Dios.
Punto Clave: Nosotros cometimos pecados, pero Él murió para salvarnos.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Por qué fue necesario que Jesús muriera por nuestros pecados?
APARTADO ESPECIALMENTE PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA
Semana 1 --- Introducción
Miércoles --- Leer con oración: Mt 16:18-19, 24-27; Jn 1:12; 3:15; 1 Jn 5:11-12
“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mt 16:24)
EL EVANGELIO DEL REINO
El evangelio del reino o de la vida se refiere a Jesús como el Hijo de Dios. Según este aspecto del evangelio completo de Dios, el Señor no sólo nos libra de nuestros pecados, sino que también nos da la vida divina para que entremos en el reino de Dios. El reino y la vida están íntimamente relacionados: para formar parte del reino de Dios, es necesario que tengamos la vida de Dios, conforme a lo que el Señor Jesús le dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios (...) el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn 3:3, 5).
Primeramente, necesitamos recibir el evangelio de la gracia para ser recobrados y regenerados, reconciiarnos con Dios, recibir la vida divina y eterna para llegar a ser Sus hijos (Jn 1:12; 3:15; 1 Jn 5:11-12). Sin embargo, aún necesitamos del evangelio del reino, que se refiere al crecimiento de la vida de Dios en nosotros a fin de poder reinar con Él. Para que la vida divina crezca en nosotros que creímos en el Señor, Él reveló la iglesia en Mateo 16:18. La vida de la iglesia es el camino que nos lleva al reino, pues ella tiene las llaves del reino de los cielos. Cuando la vivimos de manera normal, el reino nos es abierto (v. 19).
Además, el evangelio del reino, según la revelación de Mateo 16, también es para tratar con el problema del alma del hombre. En este capítulo, el Señor no habló nada sobre el problema de los pecados, que fue solucionado por medio de Su muerte, sino que dejó muy claro que, si alguien desea seguirlo, el punto más importante es negar la vida del alma, es decir, negarse a sí mismo (v. 24). La vida de la iglesia es el ambiente ideal para que eso suceda, porque en ella tenemos muchas oportunidades para negar nuestra vida del alma y así, salvarla.
Por vivir en el alma, el hombre termina fortaleciendo su vida natural y se habitúa a vivir de manera independiente de Dios. Por eso muchos cristianos encuentran dificultades para negarse a sí mismos. Pero, si hoy no negamos nuestra vida del alma, renunciando a nosotros mismos, no podremos salvarla después, “porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (v. 25). Debemos saber que nuestra vida natural no tiene ninguna relación con el reino de Dios. Si queremos seguir insistiendo en que nuestra vida del alma sobreviva, no creceremos y en consecuencia, perderemos nuestra alma, es decir, se nos impedirá entrar en la manifestación del reino de los cielos (vs. 25-27).
Con el propósito de que neguemos la vida del alma, el Señor, después de nuestra salvación, nos puso en la vida de la iglesia. Esta también es la razón por la cual predicamos el evangelio del reino, para que aquellos que ya tienen la vida de Dios aprendan a vivir en el espíritu y vean que Dios desea que Sus hijos crezcan hasta la madurez, a fin de que reinen con Cristo.
Punto Clave: El reino es un asunto de vida.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Cuál es el punto principal para vivir la vida de la iglesia?
APARTADO ESPECIALMENTE PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA
Semana 1 --- Introducción
Jueves --- Leer con oración: Mt 16:22-23
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Ro 8:14)
VIDA PARA TODOS
A lo largo de los años, el hombre se acostumbró a vivir no sólo en el pecado, sino también en la vida del alma. Por medio del evangelio de la gracia, recibimos la remisión de los pecados y nacimos de nuevo, solucionando así el primer problema. No obstante, para nuestro crecimiento espiritual encontramos el obstáculo de la vida del alma. A fin de eliminar este impedimento necesitamos del evangelio del reino.
El hecho de vivir por medio de la vida del alma es algo que desagrada mucho a Dios, ya sea en su lado bueno o malo. Dios no aceptará ningún tipo de servicio hecho en el lado bueno del alma y mucho menos, en el lado malo. En realidad, Él no desea que el hombre viva por su vida del alma, pues ésta impide que Su voluntad se realice (Mt 16:22-23). Si vivimos por la vida del alma, corremos varios riesgos.
Dios desea que vivamos por Su Espíritu, que mora en nuestro espíritu. Cuando invocamos el nombre del Señor, leemos y oramos Su Palabra, nos volvemos al espíritu y somos fortalecidos interiormente para negarnos a nosotros mismos, y así permitimos que la vida divina crezca en nosotros.
Ahora estamos practicando el proyecto “Vida para todos”, que tiene el propósito de dispensar la vida divina por medio de la predicación del evangelio del reino. Sin embargo, si la vida de Dios no ha crecido en usted, ¿Cómo podrá llevarla a los que están sedientos de ella? Debemos renunciar a nuestra vida natural para que la vida de Dios ocupe el espacio dejado por ella. Dios nos apartó especialmente para que prediquemos el evangelio de la vida. Él tiene una comisión especial para cada uno: Su vida necesita crecer día tras día en nosotros a fin de que la propaguemos. ¡Aleluya!
Punto Clave: Renunciar a nosotros mismos para crecer en vida
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Cuál es la condición ideal para llevar vida para todos?
APARTADO ESPECIALMENTE PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA
Semana 1 --- Introducción
Viernes --- Leer con oración: Gn 1:2; Job 38:6-7; Is 14:12; Ez 28:13-17
“Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro” (Is 45:18)
EL FRACASO DEL PRIMER MINISTRO
Cuando Dios creó la tierra, no la hizo desordenada y vacía, como se relata en Génesis 1:2. Al crear los cielos y la tierra los hizo hermosos y llenos de luz (Job 38:4-7; Is 45:18). Dios necesitaba tener un ministro para que le sirviera y cooperara con Él en este universo tan perfecto.
En Isaías 14 vemos que fue Lucero el primer ministro a quien Dios le incumbió la tarea de cuidar el universo que había creado. Al principio fue un buen ministro, llamado también, hijo de la mañana (v. 12). El libro del profeta Ezequiel muestra que éste era llamado querubín protector; en la versión en portugués dice que fue ungido, y estaba en el santo monte de Dios. Ser ungido significa que Dios le había dado una comisión para que ejecutara algo; mientras que estar en el santo monte significa que tenía una posición destacada. Él servía en Edén, el huerto de Dios, y había sido equipado con todo tipo de ministerios (representados por las piedras preciosas que lo cubrían). Él era alguien que poseía cualidades y capacidades muy especiales (28:13-14).
En el versículo 15 leemos: “Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad”. Dios le dio una comisión porque era perfecto en todos sus caminos, pues no le habría entregado el gobierno del primer mundo sin antes haberlo calificado para servirle. Debido a sus capacidades, Lucero recibió más dones y por ello llegó a sobresalir de entre los demás.
Pero en el versículo 16 leemos: “A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector”. Esto muestra que su caída fue gradual. En la multitud de sus contrataciones, poco a poco, se fue manifestando su iniquidad; su interior se llenó de iniquidad y pecó.
El motivo que llevó a Lucero a pecar está descrito en el versículo 17: “Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti”. Lucero era el querubín grande, protector de Edén, pero fue arrojado por tierra por haberse enorgullecido por su hermosura y capacidad. Su error fue dejar que su orgullo lo dominara. Por causa de su esplendor, su sabiduría se corrompió. Dios le había entregado el mundo para que lo gobernara, pero su corazón se enalteció, por eso Dios no lo pudo tolerar más y lo arrojó por tierra.
El orgullo es un problema del alma. Todos nosotros tenemos una naturaleza caída, en la cual existe esta característica que nos hace sentir siempre mejores que los demás. Así que, ese fue el motivo de la caída de Lucero, el primer ministro comisionado por Dios. Que el Señor nos libre de ser dominados por el sentimiento de la autoexaltación.
Punto Clave: Dios necesita de ministros que cooperen con Él.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Cómo debemos tratar con el orgullo?
APARTADO ESPECIALMENTE PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA
Semana 1 --- Introducción
Sábado --- Leer con oración: Gn 3:5, 7, 9, 21; Is 14:13-14; Jn 1:29; Ro 5:9
“Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Ro 5:9)
LA JUSTIFICACIÓN QUE VIENE DE DIOS
Isaías 14 describe que Lucero sobresalió de entre los demás ángeles (vs. 13-14), pues se le dieron muchos dones y mucha capacidad. Puesto que era muy dotado, fue cumpliendo sus tareas y recibió de Dios posiciones cada vez más elevadas. Este es un proceso normal, pero hubo un momento en que se exaltó. Dios lo había puesto por encima de los demás ángeles, y lo había constituido como el principal de entre los tres arcángeles. Él debía estar satisfecho, pero no fue así.
En el versículo 14 su orgullo se manifestó: “sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo”. Él se convirtió en el principal de los arcángeles, pero por causa de su soberbia se sintió muy capaz y quiso subir aun más.
Cuando ya no podía subir más, Lucero quiso ser igual a Dios. Sin embargo, no recordó que era tan sólo una criatura, y Dios era su Creador. ¿Cómo puede una criatura querer compararse con el Creador? Por causa de su orgullo, Dios lo lanzó por tierra. Esto debe servirnos como advertencia, a fin de que nunca nos enorgullezcamos.
Cuando Adán comió del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal que Eva le ofreció, sus ojos fueron abiertos (Gn 3:7). Por haber adquirido la capacidad de discernir entre el bien y el mal, ambos vieron que estaban desnudos y así no podían agradar a Dios. Al darse cuenta de que la desnudez era algo vergonzoso, relacionado con el pecado, cosieron hojas de higuera e hicieron delantales para sí. Esa fue la manera que encontraron para justificarse, pero, el hombre por sí mismo, no logra cubrir su desnudez.
Cuando oyeron la voz de Dios que se paseaba en el huerto, se escondieron de Su presencia. Entonces Dios llamó al hombre, y le dijo: “¿Dónde estás tú?” (v. 9). Adán necesitaba de la presencia de Dios, y Dios también necesitaba de la presencia de Adán. Él sabía que Adán se escondió porque estaba desnudo, por vergüenza de su pecado. Así que, usó unas vestiduras de pieles, probablemente de un cordero, para vestirlos (v. 21). Esto prefigura al Señor Jesús como el Cordero de Dios, que murió por nosotros, derramó Su sangre y nos justificó (Jn 1:29; Ro 5:9)..
Punto Clave: Cristo, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Por qué Dios sustituyó las vestiduras de Adán?
APARTADO ESPECIALMENTE PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA
Semana 1 --- Introducción
Domingo --- Leer con oración: Gn 4:2-5, 8; 8:21; Sal 23:2; 1 Co 5:6; He 9:22; 11:4
“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella” (He 11:4)
SERVIR SEGÚN LA DETERMINACIÓN DE DIOS
Después de haber sido expulsados del huerto, Adán y Eva tuvieron dos hijos. El menor, Abel, comenzó a criar ovejas, y el mayor, Caín, fue labrador (Gn 4:2).
Sucedió que al cabo de algún tiempo, ambos llevaron ofrendas al Señor. Abel probablemente se dio cuenta, por el testimonio de sus padres, que sin derramamiento de sangre no se hace remisión (He 9:22), por eso ofreció de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Caín, por su parte, trajo del fruto de la tierra una ofrenda al Señor.
Sabemos que Dios se agradó de Abel y de su ofrenda, mientras que de Caín y de su ofrenda no se agradó (Gn 4:4-5). Veamos por qué fue aceptada la ofrenda de Abel.
Para ofrecer una oveja, primero tenía que haber derramamiento de sangre; después existía la necesidad de quitar su piel; finalmente sacar la grosura y quemarla. La sangre derramada es para solucionar el problema de nuestros pecados. La piel representa a Cristo como nuestra cobertura para la justificación. Y la grosura, al ser quemada, produce humo que sube a Dios como un olor grato (8:21a), esto simboliza que Dios nos reconcilió Consigo mismo. Fue por eso que Dios se agradó de la ofrenda de Abel (4:4).
A diferencia de Abel, Caín era un labrador de la tierra (v. 3). Un labrador trabaja la tierra incluso antes de que el sol salga, y continúa trabajando a pleno sol. Caín escogió ese camino y ofreció del fruto de su trabajo a Dios, por pensar que Él seguramente lo aceptaría. Esa es la manera de pensar del hombre natural. Todos los hombres quieren servir a Dios y hacerlo de la mejor manera, sin embargo, si no viven en el espíritu, Dios no aceptará su ofrenda, como tampoco aceptó la de Caín (v. 5).
El servicio de Abel, que pastoreaba ovejas, era más tranquilo. Él no necesitaba despertarse muy temprano, porque las ovejas no pueden comer el pasto húmedo por el rocío, puesto que eso les provocaría una indigestión. Abel debía esperar que el sol saliera y secara el pasto. Este no es un trabajo arduo, pues un pastor de ovejas no necesita cortar el forraje ni llevar agua a las ovejas. El salmo 23 dice que el pastor lleva a las ovejas a lugares de delicados pastos y después las deja descansar junto a las aguas (v. 2). El pastor de ovejas no necesita hacer nada, sino que se queda sentado esperando y disfrutando a Dios.
Al ver a su hermano, Caín debió haber imaginado: “Yo estoy sudando al sol y tú descansas”, y posiblemente debió haber concluido: “Mi hermano vive muy tranquilo, mientras que yo trabajo arduamente. Seguramente Dios se va a agradar de mí y del sudor de mi trabajo”. Caín no entendía que Dios desea que el hombre Le sirva según Su determinación.
Abel fue aceptado porque ofreció según la determinación de Dios. Él criaba ovejas sólo para ofrecer la grosura, la parte más rica de la oveja a Dios. Su ofrenda tenía la sangre, la piel y la grosura, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas (He 11:4).
Entonces, Caín se quedó insatisfecho porque Dios aceptó la ofrenda de Abel y no aceptó la suya (Gn 4:5). Él no entendía por qué no podía agradar a Dios con su labor, y su hermano, que tenía una vida más tranquila, podía hacerlo. Esto produjo una insatisfacción en contra de Dios. Como resultado de servirle en la vida del alma, Caín se ensañó en gran manera, y su semblante decayó, pues no comprendía cómo el fruto de su esfuerzo no había sido aceptado por Dios. Además de la insatisfacción, tuvo celos de su hermano y por eso lo mató (v. 8). Esta es la historia de todos aquellos que viven en la vida del alma.
Cuando el hombre tiene alguna insatisfacción, la cual, si no es controlada, ciertamente crecerá. En la iglesia, muchas veces usted es ayudado por los hermanos y a veces un hermano lo corrige y le muestra lo que no es adecuado en usted. Si es una persona que está acostumbrada a vivir por la vida del alma, en vez de aceptar esa ayuda como beneficio, comenzará a argumentar, a justificarse y a quedarse insatisfecho. Este es el resultado de vivir en la vida del alma. Si no trata con esa insatisfacción, ésta se desarrollará y, como la levadura puesta en la harina, leudará todo (1 Co 5:6).
Que el Señor nos guarde del orgullo, de la insatisfacción y de servirle según nuestra propia manera y opinión. Seamos sencilos como Abel y sirvamos a Dios según lo que Él determinó. ¡Amén!
Punto Clave: Servir a Dios según Su determinación.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Qué lección aprendemos del servicio de Caín y de Abel?"Si la Cruz no ha obrado en mí, seré yo el que obraré constantemente"
Watchman Nee
La verdadera vida del creyente – esto es, la vida de Cristo en él – es una vida que está siempre germinando de la muerte.
Evan H. Hopkins
Dios está esperando para llenar nuestras vidas de increíble plenitud, si solamente admitimos nuestra bancarrota.
Ian Thomas



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