De la manera en que él consideraba era la más humillante, el ex dictador iraquí fue ejecutado en su país por la muerte de 148 chiítas de Dujail.
Diciembre 29, 2006 - 12:46
Bagdad (Iraq) – A las 6 de la mañana del sábado, 10 de la noche en Colombia, fue ejecutado en la horca uno de los hombres más controvertidos del siglo XX.
Los momentos previos a la ejecución del ex presidente iraquí Sadam Husein se habían convertido durante la tarde del viernes en una cascada interminable de versiones contradictorias, en las que lo único claro era su inminente muerte.
El secreto y la confusión rodearon todos los detalles sobre el procedimiento a aplicar y el lugar de la ejecución.
Se dijo que ya estaba listo un patíbulo en la Zona Verde de Bagdad, que es sede de gran parte de las instituciones del Gobierno y de las embajadas de Estados Unidos y Reino Unido.
Pero también se creía que podía ser ahorcado en una base militar ubicada en lo que fue el aeropuerto internacional de la capital iraquí o en una prisión conocida como Oficina de máxima seguridad.
En la mañana de este viernes se aseguró que el derrocado líder había sido entregado a las autoridades iraquíes por parte de las tropas de Estados Unidos que, aunque no tenían legalmente su custodia, lo vigilaron hasta el último momento para garantizar que no existieran fisuras en el esquema de seguridad.
El portavoz del Departamento de Estado desmintió horas después la información, mientras que desde Jordania los abogados de Husein daban a conocer su propia versión, con la información de la que disponían.
“Estados Unidos está diciendo que él no está bajo custodia iraquí, pero yo recibí un e-mail del encargado de coordinar las visitas, en el que me informaron que no podré ir a Iraq mañana (sábado) porque no hay condiciones de seguridad y que si llego a Bagdad no podré ver a Husein porque él no está bajo su custodia física”, dijo Issam Ghazzawi, miembro del equipo de abogados.
En medio del limbo jurídico por el tema de la custodia, Estados Unidos intentó mantenerse al margen y aseguró que este era un asunto interno de los iraquíes.
A través de un abogado, se supo también que Husein se reunió el jueves con dos de sus medio hermanos y les entregó varios mensajes para su familia. Dijeron que lo vieron de buen ánimo, que se prepara para morir como un mártir, aunque al parecer desconocí que la hora estaba cercana.
Tratando de impedir la ejecución, otro grupo de abogados presentó ante una Corte de Estados Unidos un recurso para que ordenara la detención temporal de la ejecución, pues el líder es acusado en un caso civil ante ese despacho. En la madrugada del sábado, aún viernes en Colombia, la petición fue denegada.
En ese momento se conocía que la documentación legal estaba lista y que la decisión era irreversible, pero se habló de un posible aplazamiento por el inicio de una fiesta islámica que prohíbe este tipo de ejecuciones.
Sin embargo, la festividad no logró dilatar la muerte del ex dictador, pero sí acrecentó los temores a una violenta reacción de los musulmanes sunitas, seguidores de Husein y de su régimen.
Así, en medio de mil preguntas sobre cómo se adelantaría la ejecución, tan sólo quedaba esperar la confirmación de la noticia, que finalmente se dio hacia las 6 de la mañana del sábado, hora de Iraq, 10 de la noche del viernes en Colombia.
El fin de un líder controvertido
La aplicación de la pena de muerte a Husein puso fin a la historia de uno de los personajes más controvertidos del siglo XX. El hombre que Gobernó Iraq durante 24 años terminó su vida ejecutado, y de la forma en que él consideraba más humillante: en la horca.
Tras de sí deja un historial marcado por su temperamento implacable. Husein, que nació hace 69 años en la región de Tikrit, estuvo convencido siempre de ser descendiente del profeta Mahoma y de estar predestinado para salvar a su pueblo.
Por eso, tras asumir el poder en 1979, gobernó con mano de hierro. No dudó en ejecutar a sus opositores ni en bombardear a su propio pueblo con armas químicas.
Su prolongado régimen puso a Iraq tres veces bajo guerra. Primero, contra los iraníes, con el respaldo de Washington, y dos veces más contra Estados Unidos, que se convirtió en su principal enemigo.
Aunque la mayoría chiíta iraquí, que padeció la represión del gobernante sunita, y gran parte del mundo occidental lo consideran un criminal, también hay muchos árabes y musulmanes convencidos de que el mundo vio morir un mártir.

La ejecución fue sentenciada por el Tribunal Especial Iraquí en noviembre y ratificada por el tribunal de apelaciones el pasado martes.
Canal Caracol