El Ulpán, una mirada extranjera hacia la sociedad israelí
El director de la película documental "El Ulpán" dialogó con Povesham, en el programa radial de hoy, sobre las vivencias de los extranjeros, judíos y no judíos, que deciden venir a Israel. Desde el ulpán, la escuela de hebreo para inmigrantes, todos aprenden muy rápido cómo se dice "terrorista suicida".
Por Roxana Levinson y Marcelo Kisilevski
"La película El Ulpán cuenta las vivencias de adaptación de alumnos de un ulpán en Tel Aviv", cuenta David Ofek, director del nuevo documental, en diálogo radial con Povesham (escúchelo haciendo click en Povesham Radio toda esta semana). "Seguimos las vidas de inmigrantes de primer grado del ulpán, desde que no saben decir en hebreo ni siquiera quién soy, hasta la última clase, donde discuten sobre el legado de Ben Gurión. Es una película sobre el crecimiento de Israel a través de la mirada de extranjeros que eligieron vivir acá, con muchos momentos difíciles pero también con momentos muy lindos.
¿Qué es lo que ven de Israel?
-En el ulpán se estudia también de las noticias en los medios. Uno de los momentos más "graciosos", pero también más significativos, es que de repente ocurre un atentado en Tel Aviv, donde está el ulpán, y al día siguiente estudian el vocabulario relacionado con atentados. "Atentado", "terrorista", "suicida", "bomba" y otras. Hay en ello mucha ironía: ¿en qué otro ulpán en el mundo se estudian las palabras relacionadas con un atentado suicida?
¿Qué descubriste, que no supieras antes, sobre la sociedad israelí?
Algo que sabía pero no sentía del todo era el sufrimiento de los trabajadores extranjeros. Uno de los personajes es una directora cinematográfica de China que se enamoró de un israelí y decidió venir aquí. Decidió hacer un documental sobre los chinos que trabajan acá. Nosotros la acompañamos en la filmación de la película. Y como le hablan a ella, se abren ante ella de otra manera. No es ya el monólogo sufriente que se escucha siempre en las notas televisivas, al contrario, tienen otra fuerza. Ella acompaña a un trabajador chino desde el momento en que es expulsado de Israel y un coche lo lleva hasta el avión que lo llevará de regreso. También está Sasha, un inmigrante ruso, con sus problemas, sus vaivenes y sus descubrimientos. Luego está Marisol, una chica de Lima, Perú, de familia rica, su madre es una actriz de telenovelas muy conocida en Perú. Y allí, no sé, parece que viven en una especie de gueto, en barrios a los que solamente ellos pueden entrar, y se cansó, quiso escaparse de todo eso y desarrollarse, y viene a Israel como olá jadashá, como nueva inmigrante.
¿Cómo le podrías describir al público en Sudamérica la conciencia que tienen los israelíes acerca de los inmigrantes?
La sociedad israelí es una sociedad muy interesante, porque por un lado es una sociedad de inmigrantes. Toda la fuerza de esta sociedad fue construida a partir de las olas inmigratorias que llegaron y siguen llegando a estas costas. Y por eso hay aquí una especie de apertura muy grande hacia el extranjero. Pero por otro lado, en algún sentido es una sociedad cerrada. De repente, cuando llega el extranjero cada uno quiere defender lo suyo, que el extranjero no venga de pronto y se lo saque. Entonces hay una combinación entre una calidez muy grande, y el hecho de que a veces se abusan de ellos y les dan los trabajos negros. A veces, detrás de la calidez inmediata, se esconde una dureza que dice: "Este lugar es nuestro y ojo con intentar pisarlo".
¿De dónde nace la idea de hacer una película sobre inmigrantes y cómo aprenden el idioma?
Suena gracioso, pero la idea, paradójicamente, no nace en Israel, sino de mi amigo, socio y camarógrafo, Ron Rotem, que se enamoró de una dinamarquesa y emigró a Dinamarca, donde estudió en un ulpán el idioma dinamarqués. Allí compartió el aula con un refugiado de Gaza, una prostituta de Moldavia, inmigrantes laborales de Polonia...
Había un guión de película ahí...
Sí, se podía hacer la película. Incluso intentó proponérselo a la televisión dinamarquesa, que por supuesto no mostró ningún interés. Una vez que lo visité allí, me contó la idea y le dije: disculpame, pero nosotros en Israel también tenemos ulpán, inmigrantes, así que voy a proponer la idea en Israel. Aquí sí se entusiasmaron y empezamos.
Y la película ya ganó un premio.
Sí, ganó un premio en el Festival Jerusalem y le van a dar otro en otro festival importante en el extranjero, el Festival de Roterdam, y se proyecta aquí desde hoy en el Cine Lev en Dizengoff Center.
El público potencial, entonces, son los israelíes mismos. ¿Qué les querés decir a ellos en la película?
El mensaje sería la capacidad de contemplarnos a nosotros mismos desde afuera, es una oportunidad que se da rara vez. Es lo que el espectador israelí vivencia. La identificación, no precisamente con el que es parte de nosotros, sino con el que nos es extraño y nos mira, genera una sensasión diferente y una vivencia diferente de nuestra propia realidad. No hay, para mí, un público potencial definido. Creo que aquellos que inmigraron a Israel, y pasaron por todo eso, también la pueden ver. Para ellos, la película puede ser una vivencia fuerte que los devuelva a aquellos momentos en que fueron extranjeros y nos miraron a los israelíes desde ese lugar.
Shalom!
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