En esta semana se cumplen ya 14 años desde el atentado terrorista perpetrado contra la mutual judía argentina de la AMIA, el segundo atentado que ocurre en ese país, y el silencio sigue reinando en cuanto a encontrar una solución y descanso para las decenas de víctimas del terror y darles paz a sus familiares.
El dolor reina en los familiares de las víctimas de AMIA quienes ven como con el pasar de los años la justicia se aleja más y más. La impunidad gana en Buenos Aires, mientras que en Beirut la algarabía del triunfo del terrorismo sobre la libertad es evidente hoy.
El grupo terrorista Hezbollah; uno de los principales sospechosos en los atentados en la Argentina, celebran como si se tratara de héroes de guerra a miembros de su grupo encarcelados en Israel por terrorismo, estos serán canjeados por los cuerpos de dos soldados israelíes secuestrados y asesinados durante la guerra del 2006 en el Sur del Líbano. El canje demuestra el valor que tiene cada israelí para su población, como para hacer este tipo de cambios dolorosos. Dolorosos porque lo ideal sería obtener de vuelta a los secuestrados VIVOS, pero del terrorismo no podríamos esperar menos.
En este sentido Israel debería esperar que este tipo de canjes (de vivos por muertos) no se convierta en algo consuetudinario, porque pone en peligro la vida de soldados y de civiles que viven cerca de las fronteras israelíes.
Notas negras el día de hoy porque mientras los países con estado de derecho y libertad deben llorar a sus víctimas y vivir con el temor de un nuevo ataque, los grupos terroristas marcan victorias de cualquier modo, si logran asesinar personas con un ataque suicida es una victoria, si logran asesinar civiles con misiles es una victoria, si logran que sus escudos humanos (la población civil tras la que cobardemente se cubren) mueran en las respuestas de su “enemigo” es una victoria.
El terrorismo solamente pierde cuando se le aísla, cuando se le cortan los suministros de armamento, cuando no se negocia con estos, cuando se logra convencer de restarle poder político local e internacional.
El ejemplo de Argentina debe marcarnos a todos porque el flagelo del terrorismo puede presentarse en cualquier lugar del mundo, ya que su único objetivo es decirle al mundo civilizado que ellos pueden lograr sus objetivos así tengan que poner el mundo de cabeza.
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"Bendito el que viene en nombre del SEÑOR"
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