El acusador ha sido vencido
Lectura: Salmo 15
“Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero”
(Apocalipsis 12:10-11)
Tenemos una conciencia y esta representa un papel crucial en nuestra vida cristiana. Nuestra vida cristiana puede ser comparada con una travesía en un mar agitado. Si no le hacemos caso a nuestra conciencia corremos el riesgo de naufragar con respecto a la fe. Tenemos que ver que la principal función de nuestra conciencia es ayudarnos, no de acusarnos.
Ella es como un dispositivo de alarma que nos avisa del mal funcionamiento de nuestra conducta en lo que se relaciona con los asuntos de la fe. Tenemos que agradecerle al Señor que nos advierta por medio de ella y recordemos, una vez más, que cuando pecamos y confesamos nuestros pecados, tenemos la preciosa sangre de Jesús que nos limpia de ellos, y también aquieta nuestra conciencia.
Satanás nos impulsa a actuar mal, luego viene y nos acusa y nos condena. Si admitimos sus acusaciones, seguirá haciéndolo día y noche. Si hacemos algo indebido, él nos lo reprocha. Y también lo hace si dejamos de hacerlo. Pero no necesitamos hacerle caso a sus acusaciones. Recordemos que el Señor no nos acusa. Mientras que todavía éramos Sus enemigos, Él se entregó por nosotros para salvarnos del pecado y liberarnos de Satanás. ¡Cuánto más actuará en nuestro favor ahora que somos Sus hijos!
“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Rom. 8:33-34.)
Si nuestra vestidura se mancha, Él nos reviste con vestiduras de gala: “Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala” (Zac. 3:4.)
No demos oído a las acusaciones de Satanás. Recordemos que ya ha sido derrotado en la cruz, y que la sangre de Jesús nos limpia de todo pecado.
Un abrazo en Cristo.