
Quiero decirles, que el amor es un instrumento muy grande para un cristiano, pues en mi experiencia reciente, conocí a un muchacho que pertenecía a un mundo oscuro, de música metal, y su vida era una total tristeza, se encerraba en el mundo de la FILOSOFÍA Y ateísmo , yo siempre confié en Dios, y sabía que Dios , sólo Él lo podía cambiar, él decía estar bien, pero lo que yo aprendí de Jesús es que, debemos tener compasión y misericordia, y además hablar con amor, esa fue mi herramienta, con la cual trabajé , y junto con la gran arma poderosa " La Biblia", saben hoy, es un gran cristiano, gracias a Dios, y he aquí una reflexión sobre esto,
todo el mundo lo odiaba y lo condenaban, pero aprendí que con
palabras de amor que Jesús nos habla en la Biblia, una persona puede cambiar, y quien se encarga de ese cambio es Dios, hoy todos en la Facultad lo saludan y ya no lo condenan y ahora su testimonio es gran edificación para otros, lo oyen y creen por su testimonio, y él aprendió una cosa :
Dios nos ama ,Y POR LO TANTO NOSOTROS LOS CRISTIANOS DEBEMOS AMAR A NUESTRO PRÓJIMO SI QUEREMOS QUE VAYAN VERDADERAMENTE A DIOS, y pues es la misericordia la gran virtud que ayuda a un cristiano.
La misericordia es el aspecto compasivo del amor hacia el ser que está en desgracia o que por su condición espiritual no merece ningún favor. ¿Quiénes son esos seres en desgracia? De hecho todos estuvimos en dicha condición alguna vez y aún existen muchas personas que no han encontrado a Dios. ¿Existe mayor desgracia?
La buena noticia es que la Biblia destaca la misericordia de Dios como una disposición suya que beneficia al hombre pecador y claramente dice que tenemos salvación por su misericordia.
Veamos lo que dice Efesios 2:1-5:
1 "Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos
en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos
, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. 4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).
No mereceríamos la más mínima compasión por todo lo que hicimos en nuestra vida antes de conocer a Jesús, pero no por nada se le llama a Dios “Padre de misericordia” (2 Cor 1:3). ¿Quién más sería capaz de acercarse a un mentiroso, borracho, ratero, tramposo, estafador, adúltero, fornicario, violador o asesino (la lista podría ser más larga, pero creo que el punto queda establecido con estos ejemplos) y con amor sincero perdonarlo y limpiar su corazón? Es algo que tiende a quedar fuera de la fuerza humana.
Seamos sinceros, cuando escuchamos historias de terror alrededor de secuestros, violaciones o asesinatos, nuestra primera reacción (carnal e influenciada por películas o series de televisión) tiende a ser de maldecir a los delincuentes, de clamar por una justicia que los encierre y castigue. Los sentimientos de venganza tienden a ser más frecuentes que los de la misericordia. Tendemos a orar por la víctima, no por el victimario. Sin embargo a los ojos de Dios, ambos son destinatarios de su misericordia. Él es el “Dios de toda consolación.”
3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, 4 el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. (2 Cor 1:3-4)
Notemos, de acuerdo al versículo 4, que la misericordia no es exclusiva de Dios. Nosotros también podemos mostrarla a aquellos que están en problemas. En su ministerio público Jesús mostró misericordia para con los enfermos, los necesitados y los desprovistos de atención espiritual:
Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. (Mat 9:35)
Como seguidores de Jesús, no sólo podemos, sino debemos mostrar misericordia. Aunque la anterior es una aseveración a la que pocos se atreverían a refutar, debemos meditar con cuidado todas sus implicaciones y evitar que se quede en lo abstracto. Igual que el discurso de Jesús acerca de que no existe mérito en amar a quienes nos aman, consideremos algunos casos difíciles: ¿Cómo mostrar misericordia al yerno borracho que no sólo anda con prostitutas, sino que además golpea a nuestra hija? ¿Cómo acercarse al vagabundo afectado de su capacidad mental que tiene claramente meses sin usar un jabón? ¿Cómo hallar tiempo para ir a visitar a la anciana enferma encerrada no sólo en su casa, sino en su propia amargura? ¿Cómo encontrar valor para dirigirse al joven pandillero que vende droga a los jóvenes del rumbo?
¿Cómo hacerlo cuando escatimamos el número de visitas a nuestros padres y abuelos? ¿Cómo hacerlo cuando, como padres, ni siquiera atendemos los eventos deportivos o culturales en las escuelas de nuestros hijos, cuando hemos dejado de jugar con ellos y en compensación les entregamos un control remoto? ¿Cómo hacerlo cuando nuestros hermanos o parientes políticos se hunden en problemas económicos y sólo les expresamos que debieran haber puesto más cuidado en su economía? (De nuevo, la lista se queda corta, añada por favor su caso particular).
La misericordia es sólo un bello concepto si no somos capaces de hacer algo práctico y real por alguien.