Cita:
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Empezado por Crisól
Comenzar a narrar mi vida me cuesta un poco y deseo expresarme de una manera fácil de entender y que cuando lo lean no queden preguntas en el aire.
Naci en Viña del Mar, en Chile y por motivos de trabajo de mi padre, nos trasladamos a Santiago cuando yo tenía un año de edad. Me crié en una comuna llamada.... Siempre fui una niña alegre y un poco independiente, aunque temerosa. Era la que buscaba los lios en la escuela y me escapaba de la casa a comer ciruelas verdes en una cancha rodeada de árboles frutales.
Eramos una familia numerosa. Cinco hermanos y una hermana, la cual era como una segunda madre para los menores. Yo soy la tercera de los menores y no me daba mucho cuenta de los problemas en casa. Pero si recuerdo que mi padre era muy celoso y andaba viéndoles amantes a mi madre en todas partes. Ella no se podía ni siquiera peinar porque mi padre le reprochaba cuando ella lo hacía. Mi pobre madre se sentía culpable hasta de sonreir y era como un pecado arreglarse y verse bonita.
Crecí en medio de juegos de almacenes y flores cortadas en los jardines vecinos. Me encantaba crear cercos de flores en frente de mi casa y sentarme a vender dulces y frutas. Claro, los dulces eran piedras y las frutas eran pedazos de lodo seco.
A la edad de nueve años un chico del barrio me invitó a comer ciruelas verdes a una cancha rodeada de estos árboles. Yo invité a mi hermano menor por seis años. Recuerdo que nos fuimos los tres porque este chico que tenía como 16 años, me ofreció que el mismo me sacaría la fruta y que la comeríamos juntos. Yo, inocente, me fui con el. En un momento de descuido, me lanzó al suelo y comenzó a manosearme. Luego trató de quitarme la ropa y quiso abusar de mi. Mi hermanito, gritaba con todas sus fuerzas y yo sentía que el mundo se me venía encima. Odié a mi madre por dejarme sola salir a la calle. Odié a mi hermanito por ser pequeño y no poder ayudarme. Gracias a Dios apareció un caballo y el hermano mayor de este chico, lo venía montando. Me dio alegría verlo, pero poco me duró ya que ese hombre en vez de defenderme, comenzó a decirle a su hermano: "hazte hombre, hazte hombre" y se reía a carcajadas. El caballo levantó las patas delanteras y se nos vino encima. No sé en que momento me safé de esos brazos horribles y corrí con mi hermanito con todas mis fuerzas.
Llegamos a casa y mi madre no estaba, asi que no pude contarle a nadie lo que me había pasado. Mi padre quizo abrazarme como siempre lo hacía, pero no le dejé. Un terror muy grande se había apoderado de mi, era como que me habían arrancado la inocencia de golpe, a pesar que no alcanzó a consumar la violación, eso quedó grabado en mi mente hasta el día de hoy.
Yo era muy consentida de mis hermanos y siempre jugaba con ellos. Pero desde ese día nunca mas les permití abrazarme y ni siquiera acercarse a mi. Los odiaba por el solo hecho de ser hombres y porque me imaginaba muchas cosas que no eran ciertas. Aparte de eso, me enfadé mucho con mi madre por no estar en casa ese día, por no haberse preocupado de mi y salir con mi hermana. Yo le había pedido que me llevara pero no quizo y la verdad -a pesar que me dijo que no saliera a la calle- no estaba allí para impedírmelo. Perdí el respeto por ella y a mi padre lo comencé a mirar con desconfianza. Creo con todo mi corazón ahora que miro hacia atras, que la mano poderosa de Dios me estaba ayudando y yo no me dí cuenta hasta muchos años mas tarde.
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Bendiciones Crisol , gracias por este espacio, y por todo lo que nos estás enseñando . De verdad que es importante aprender algunas reglas para escribir mejor.
Yo estoy preparandote algo de lo mío, pero no me fluye naturalmente como cuando empiezo a contar mi historia, así, como hablando con alguien, pero claro me sale medio desordenado . Ahora estoy releyendo lo escrito, para no repetir.
Gracias por lo que has compartido, a veces creemos que esas cosas no le pasan a otras niñas .
Dios te bendice.