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Posted: 2005/08/02 by: Adda Velez. Estudios_Doctrinales.
“¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño?¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de Su Hijo, si sabes? Proverbios 30:4-5

En este pasaje de la Escritura, el profeta Agur, quien se describe a sí mismo como un hombre rudo, sin entendimiento de hombre, sin sabiduría, y sin ciencia de lo Alto, se adelanta a los acontecimientos y describe al Hijo de Dios, quien vendría a traer la Salvación no solo al pueblo de Israel, sino al mundo entero. Yo puedo imaginarme a Agur impactado al recibir esta profecía, pues para una persona como el mismo se describe, deben haber sonado incluso ilógicas. El Antiguo Testamento nos dice en Deuteronomio 6:4 : “Oye Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.” Además, el primero de los diez Mandamientos nos dice: “No tendrás Dioses ajenos delante de mí.” Éxodo 20:3. ¿Cómo podía Agur saber que Dios tenía un Hijo que encerraría los vientos en Sus manos? “Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento y se hizo grande bonanza” Marcos 4:39. Muchas profecías del antiguo testamento son Reveladas en el nuevo testamento acerca del Hijo de Dios. JESUCRISTO ES SU NOMBRE. No es sorpresa que el profeta Agur se preguntara a sí mismo ¿cuál es el nombre de Su Hijo? El además preguntó el Nombre de Dios, aún que en el antiguo testamento a Dios se le ha nombrado de muchas maneras distintas, como Dios (Elohim), Señor (Jehová) y Señor (Adonai), ¿Porqué entonces Agur pregunta el nombre de Dios y el de Su Hijo?

Es maravilloso como Nuestro Padre Celestial, conociendo la incredulidad de los hombres producto de su naturaleza caída, se adelantó a la época y profetizó que Su Nombre, y el Nombre de Su hijo, serían un tema de discrepancia entre los hijos de Dios. Cuando vino el Hijo de Dios al mundo, toda esta situación fue aclarada por el mismo Jesucristo en su increíblemente hermosa oración por sus discípulos en el monte de Getsemaní, a la víspera de su muerte en la cruz, su sacrificio, y su resurrección, orando a Dios así: “PADRE, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a Ti;” Juan 17: 1b. Además, en el verso 6 del mismo capítulo Jesús nos muestra la salida: “He manifestado tu nombre, a los hombres del mundo que me diste; tuyos eran, y me los distes, y han guardado tu palabra” Mas adelante (verso 11), Jesús nos encomienda a Su Padre, nuestro Padre diciendo así; “Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti,. Padre Santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros”. Jesucristo en su oración nos deja en manos de Dios, no solo a sus apóstoles, sino a todos nosotros que creemos en El. En el verso 20 expresa lleno de amor por nosotros: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tu me enviaste.” La importancia del nombre de Dios es tanta, que su propio Hijo en la oración en el monte lo repite, y aún cierra su oración así (verso 26): “Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.” Jesús siendo su naturaleza Fiel y Verdadera, cumplió su promesa y volvió a decirnos el nombre de Dios con el que lo habríamos de llamar desde entonces y en adelante. Juan 18: 11 “Jesús entonces dijo a Pedro, mete tu espada en la vaina; la copa que el PADRE me ha dado, ¿no la he de beber?

Uno de los actos de amor supremos de Jesús, fue cuando estaba en la cruz, y perdonó a los que lo crucificaron, diciendo una vez mas el nombre de Dios: “PADRE, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Por todo esto, hermano, hermana, yo te exhorto a no contender con la Palabra por el nombre de Dios. Que si Jehová, que si Yahvé, que si Adonai. La soberanía de Dios es indiscutible, y cuando discutimos Su nombre, estamos poniendo en tela de juicio Su soberanía absoluta sobre su creación. Dios no es un Dios de confusiones, y Jesucristo, su Hijo, nos reveló Su nombre, la manera en la cual nosotros, los que veníamos después de los apóstoles, habríamos de llamarlo. PADRE. Así, simplemente Padre. Esto tiene sentido, pues estamos hablando del Dios de Israel. Todas las culturas del mundo, que no conocen la cultura de los Judíos, pueden no sentirse identificados con los nombres del antiguo testamento del mismo Dios padre. Inclusive, uno de los nombres no podemos pronunciarlo pues le falta las vocales. Dios siempre supo que esto iba a pasar. Dios reveló, a través de Su Hijo, como quiere que lo llamemos: PADRE. Esto tiene un propósito divino, y no escapa a la voluntad de Dios. LA UNIDAD DE LA IGLESIA EN EL ESPIRITU DE DIOS.

“Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tu me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”. Juan 17: 23

La unidad de los Hijos de Dios comienza en la forma en que llamamos a Dios, y una de las razones por las que cientos de iglesias y denominaciones, tienen divisiones, pleitos, contiendas. Dios tiene muchos nombres en el antiguo testamento. Jesucristo, el Hijo de Dios Altísimo nos reveló la manera en que habríamos de dirigirnos a Dios para evitar todas estas cosas: lo llamaríamos PADRE.

“Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a LA VERDAD. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” Juan 18:37b



Al que vive ¡Sea la Gloria!

En Su nombr

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