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Posted: 2005/08/04 by: Gustavo Mata. crecimiento_cristiano.
Una de las causas más frecuentes de suicido en el mundo es la “depresión”, estado de ánimo en el cual las personas se hallan sumidas en una completa tristeza en la que muchas veces pierden la noción de la causa que la provoca.

La depresión es el paso intermedio entre la causa y el efecto, así, una persona que sufre algo que altera sus sentidos como por ejemplo la pérdida de un ser querido, pérdida de su trabajo, decepción amorosa, de alguna enfermedad crónica o incurable, o cualquier otra causa (pues son innumerables), pasa a un estado intermedio de tristeza absoluta, en la que pierden el ánimo de hacer cualquier cosa, dejan de preocuparse no solo del mundo exterior, sino de ellos mismos, y nada más les importa salvo el sumirse más y más en su tristeza, muchas veces poco a poco su mente les va cerrando todas las salidas hasta que el fatalismo triunfa en ellos al hacerles pensar que lo mejor es morir, así que muchos de ellos recurren al suicidio.

La “depresión” es pan de todos los días entre las personas del mundo, pero ¿es posible que un hijo de Dios sufra de depresión?.

Debemos entender como parte de un proceso, que antes de existir la depresión que podemos definir como el abatimiento del ánimo, se presenta la tristeza y la angustia, la suma exacerbada de ambas da lugar a la depresión. Bajo este orden de ideas, los Cristianos no deberían llevar sus tristezas y angustias a nivel depresivo. En 2 de Corintios 7:10 leemos lo siguiente: Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.” En este pasaje hay una clara diferencia entre lo que la tristeza en los escogidos por Dios debe producir, ¡arrepentimiento!, cambio de vida, cambio de estrategia, cambio para mejorar, fuerzas renovadas; mientras que en el mundo la tristeza puede llevar a la muerte provocando que el individuo se hunda más y más convirtiendo la tristeza en depresión hasta morir para siempre.

Si bien es cierto que los hijos de Dios somos seres humanos expuestos a sufrir los diferentes embates de la sociedad y la vida misma, sujetos a problemas cotidianos de índole diversa, la Palabra de Dios nos muestra en todo su contexto que no hay razón para caer en depresión. Jesucristo es nuestro modelo a seguir, y para quien piense que Jesús en su condición humana fue superior a nosotros debe leer Hebreos 4:15 que dice: “Porque no tenemos un sumo sacerdote (Jesús) que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”. Este Jesús quien nos compró a precio de sangre, estuvo muy triste y angustiado, como el mismo lo confesara en Mateo 26:38-41 “Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. 39Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. 40Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? 41Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. 42Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.”, es muy claro que Jesús estaba triste y en su angustia nos enseñó lo que debemos hacer para no caer en depresión, esto es orar, clamar al Padre, acercarse más a Dios. Si lees los pasajes y capítulos siguientes, vas a notar que Jesús fue severamente humillado y maltratado, pero él se mantuvo siempre firme, no negó su fe en Dios ni su naturaleza de hijo de Dios (humanamente hablando como tu y yo) pese a que reiteradamente sus captores intentaron que lo hiciera, aun en sus últimos momentos uno de los ladrones crucificado a su lado hacía sorna de Él esperando que negara su condición; que insisto, hasta ese momento el Señor no había sido glorificado, era un hombre emocionalmente y fisiológicamente igual a cualquiera de nosotros, pero con una fe inquebrantable, y una comunión perfecta con Dios su padre.

En el Salmo 31:9 leemos

          9Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; Se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo.

Y en el  Salmo 102 dice:

          2No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia; Inclina a mí tu oído; Apresúrate a responderme el día que te invocare. 3Porque mis días se han consumido como humo, Y mis huesos cual tizón están quemados. 4Mi corazón está herido, y seco como la hierba, Por lo cual me olvido de comer mi pan. 5Por la voz de mi gemido mis huesos se han pegado a mi carne. 6Soy semejante al pelícano del desierto; Soy como el búho de las soledades; 7Velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado.

Ambos pasajes, muestran estados críticos de tristeza y angustia de quienes lo escribieron, y en ambos Salmos es claro que en su angustia recurrieron a Dios en oración y fueron reconfortados sin llegar a la depresión como se aprecia a continuación:

El Salmo 31: 21Bendito sea Jehová, Porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fortificada. 22Decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos; Pero tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba.

Y el Salmo 102: 19Porque miró desde lo alto de su santuario; Jehová miró desde los cielos a la tierra, 20Para oír el gemido de los presos, Para soltar a los sentenciados a muerte; 21Para que publique en Sion el nombre de Jehová, Y su alabanza en Jerusalén, 22Cuando los pueblos y los reinos se congreguen En uno para servir a Jehová.

Todo aquel, que ha recibido a Jesucristo como Señor y Salvador de su vida, ha sido sellado con el Espíritu Santo y dotado de un espíritu de amor, de poder y dominio propio (2 Timoteo 1:7), por lo tanto cuando personas que han conocido a Dios caen en depresión, es síntoma inequívoco de una deficiente comunión con Dios y de falta de madurez espiritual, puesto que no saben que hacer ante el embate de la tristeza y se pierden en si mismos.

¿Cómo salir de la depresión?, acudiendo a Dios en oración, valorando todo lo que Dios ha hecho por mi vida y evocando la vida futura que nos espera a Su lado por la eternidad.

¿Cómo evitar caer en la depresión?, alimentando el espíritu cada día a través de la oración constante, la meditación diaria y sistemática de la Palabra de Dios, congregándose con otros hermanos para alabar a Dios y meditar conjuntamente en su palabra, ejerciendo la fe con la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, confiando en Dios de todo corazón día a día y que sea cual fuere nuestra circunstancia reconocer que la Escritura nos dice en Romanos 8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”.

Dios te bendiga

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